“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Tratamientos paliativos.

Médico cubano

Por Jeovany Jimenez Vega.

Hace varias semanas se rumora que el Ministerio de Salud Pública de Cuba (MINSAP) ha dispuesto una serie de medidas en beneficio de sus profesionales. Vistas en su conjunto estas propuestas podrían considerarse como una contraorden a aquella otra política de represalias difundida unos meses antes dentro de la isla y a través de la red, que representaba un ataque frontal, irrealista y estúpido contra quienes decidimos salir del país por contratación individual y no mediante alguna misión médica oficial.

De ser cierta, la anterior “circular” del ministro apostaba sin reparos por la línea dura para desestimular por todos los medios posibles la contratación médica individual en el extranjero: se comenzaba ordenando la inhabilitación de todo aquel trabajador del sector que saliera sin la autorización del MINSAP a trabajar por su cuenta al extranjero; disponía impúdicamente presionar a otros gobiernos, incluso mediante canales diplomáticos, para evitar la contratación individual; ordenaba castigar incluso a aquellos que decidiéramos regresar a trabajar en Cuba después de hacerlo de ese modo en el extranjero y llegaba incluso a disponer el retiro inmediato de su pasaporte en la aduana a cuanto colaborador oficial regresara a Cuba, entre otra felonías ya analizadas previamente en Ciudadano Cero.

Pero esta vez otros rumores –nuevamente nada publicado oficialmente– traen aires más conciliadores desde la isla. Al parecer alguien más lúcido y realista, o simplemente más pragmático, debió advertir que estas medidas tendrían escaso valor práctico, elevado costo político y al final sólo lograrían desestimular el potencial regreso de más de un profesional entre aquellos que nunca hemos optado por vivir definitivamente fuera de Cuba.

En cuanto a la inhabilitación para ejercer en la isla: ¿cuánto podría importarle a quien regrese a Cuba con varias decenas de miles de dólares que se le prive de un salario de $ 60.00 USD mensuales? Prohibirle a este profesional ejercer en Cuba sería un desatino total, sobre todo en momentos en que el Gobierno cubano presume de aperturas porque, después de todo en términos prácticos: ¿dónde gastaría su dinero quien regrese sino en Cuba? ¿Quién saldría más perjudicado en esta lidia: el Ministerio reticente, bastante urgido de profesionales, o el trabajador que pudiera esperar durante años con toda la paciencia del mundo, sin ninguna premura, por la rehabilitación del Ministro?

Casi siempre que los dictadores verde ocres se han decidido por alguna de las muchas medidas dirigidas contra el bienestar y la prosperidad de mi pueblo han obrado mediante un reconocible modus operandi: le ordenan a su ejército de chivatos de barrio lanzar la bola de turno para regresar luego a donde sus amos con las opiniones escuchadas acerca de cómo sería percibida la futura felonía por la opinión pública, para de este modo prever la reacción que suscitaría una vez implementado en la práctica el dictado en cuestión.

Por eso ahora, a pesar de lo indudablemente positivo de las presuntas medidas “anunciadas” –al margen de que estas obedezcan a una estrategia de contención ante el éxodo masivo de los profesionales del sector debido a su falta de expectativas– pareciera que éstas medidas ya fueron tomadas a destiempo; o mejor dicho en buen cubano… ya se les fue el tren.

Ahora será mucho más difícil disuadir a un profesional que en su primer mes de trabajo haya percibido una retribución bastante mayor a la recibida por diez años íntegros de trabajo en Cuba. Ojalá sea cierta la buena nueva, pero debido a la vocación largamente demostrada por el Gobierno cubano de esparcir rumores –devenido ya en uno de sus hobbies favoritos– francamente me reservo una vez más el recurso de la duda.

te-quiero-pobre

Por Jeovany Jimenez Vega.

Hace varias semanas nos deleitábamos con los reportes del tour vacacional del príncipe Tony Castro. Al parecer, hastiado de jugar golf en un país donde el 99.99 % de sus nativos nunca ha pisado uno de esos terrenos, el único cubano participante en el último Torneo de Pesca Ernst Hemingway –y “casualmente” su ganador– decidió darse esta vez un brinquito por los opulentos hoteles de Turquía. Nada tuviera de particular si Toni fuera un heredero del Sultán de Brunei, pero es nada más y nada menos que hijo del personaje más verticalmente anticapitalista de la segunda mitad del siglo xx: el señor feudal Fidel Castro.

Pero ya nada debería sorprendernos, porque la demagogia fue, desde sus primeros momentos, el signo más cardinal del fidelismo. El mismo dictador se encargó de practicarla siempre que pudo hasta elevarla a rango olímpico. Es historia constituida su ambivalente postura de los primeros momentos asegurando que no era comunista, para después mudar de piel en cuanto las circunstancias le fueron propicias. Pero además de esta faceta inherente a su alta política, en lo personal también mantuvo siempre oculta una segunda vida, hasta que el tiempo y las confesiones públicas de varios oficiales de alto rango, desencantados por la impudicia del barbudo, develaron la verdad.

Así nos enteramos de que este señor siempre tuvo múltiples amantes. Entonces recordaba yo cómo un tío mío, militante comunista consecuente y honesto –que recuerdo en los 80, pidiendo más de una vez algún menudo a mi madre para comprar cigarros en el Coppelia de Artemisa que él mismo administraba– fuera expulsado del partido por el imperdonable pecado de tener una amante. Un poco más acá, a raíz de la muerte de Antonio Gades, nos enterábamos que el artista ibérico fue el padrino de bautismo de los hijos del mismísimo Raúl Castro, y recordábamos entonces cómo durante décadas se mantuvo vedada la militancia en el partido para miles de simpatizantes del régimen precisamente por sus creencias religiosas –precisamente por eso millones de mi generación no fuimos bautizados– y lo que fue mucho peor aún, cómo se hostigó así a miles de trabajadores y se truncó el futuro de decenas de miles de jóvenes, expulsados de sus carreras universitarias por no haber renegado de su fe.

Ahora sabemos que el señor feudal era todo un experto en vinos y quesos caros, y nos enteramos también de todos esos palacetes, yates, vacaciones en el extranjero, hijos becados en Europa y cotos privados de caza propiedad exclusiva de los oligarcas verdeolivos, o sea, de toda una extensa saga de privilegios burgueses que durante décadas los señorones gozaron a espaldas de mi pueblo.

Para nada debería extrañarnos ahora que el dandi Toni Castro se de una escapadita alquilando un “humilde” yate émulo del de Bill Gates, y se pague a miles de dólares todas esas noches en hoteles de lujo junto a su comitiva: es que el nene apenas hace lo que siempre vio hacer a sus mayores.

Alguien pudiera suponer legítimo que cualquier presidente o hijo de presidente pueda tomarse estas “pequeñas” libertades, pero no es así, no al menos en el caso cubano. Demasiados discursos durante 50 años se gastó Fidel Castro pidiéndole austeridad al pueblo cubano, dándose golpes de pecho y gritando a los cuatro vientos, ya no sólo que eran honrados y buenos, sino que eran absolutamente lo mejor y lo más honrado del universo, y siempre demarcaron una nítida línea divisoria entre este paradigmático paraíso de inmaculada honradez, rayana con la santidad, y esa “pérfida podredumbre” capitalista que ahora no parece espantarle demasiado al dandi antillano.

Por supuesto, también están las escapaditas a Cancún de los dirigentones durante esas décadas en que viajar al extranjero estuvo prohibido, las cuentas secretas en Suiza, las cisternas de otros generales, también repletas de millones, que nunca fueron develadas, el nauseabundo tráfico de corrupciones que genera los millones de los impíos de la aduana,  la kilométrica lista de sobornos a altos funcionarios del Comercio Exterior a cambio de contratos y compras miserables, entre otros momentos kodak para las memorias de la dictadura, como la Causa Número 1 del General Ochoa, que todavía apesta a cocaína en la memoria del cubano.

Quedarían por mencionar los negocios y las propiedades de los demás herederos del trono castrocomunista en otros países donde se huelen el culo con la crema y nata del empresariado capitalista mundial, entre otras “nimiedades” familiares que siempre corren, eso sí, por la cuenta de Liborio, elementos todos que nos permitirán calcular, sólo intuitivamente, las siete octavas partes sumergidas del inmenso iceberg de la robolución cubana.

ciudadano-cero-logoAMIGOS DE CIUDADANO CERO: DEBIDO A UN LAMENTABLE ERROR ME VI IMPOSIBILITADO DE PUBLICAR EN MI SITIO DURANTE MÁS DE 2 MESES. GRACIAS A LA AYUDA DE ESTIMADAS MANOS AMIGAS A PARTIR DE HOY REANUDO MIS PUBLICACIONES; ESPERO QUE MIS LEALES LECTORES ME DISCULPEN POR ESTA INVOLUNTARIA DEMORA. ESTE BLOG SIEMPRE ESTARÁ AL SERVICIO DE LA VERDAD Y DE LA PATRIA.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Desde el pasado viernes 29 de mayo Cuba quedó excluida de la lista de países patrocinadores del terrorismo en la cual le incluía Washington desde 1982, pues consideraba como tal que el gobierno antillano hubiera cobijado durante décadas a militantes del grupo extremista vasco ETA, a guerrilleros de las FARC colombianas y a más de un prófugo de la justicia estadounidense. Su inclusión en esa lista implicó para la dictadura cubana una negativa sistemática de la banca internacional a operar en Cuba y a realizar sus transacciones financieras, y engrana con la más amplia política de embargo estadounidense que no permitió hasta ahora que Cuba utilizara dólares en sus transacciones comerciales bajo riesgo de confiscación de cobros y pagos.

En lo particular, la inclusión de Cuba en esta lista nunca me dio ni frío ni calor. Ello siempre me pareció intrascendente contrastado frente a una realidad que nos circunda de forma más inmediata a los vecinos de Liborio, con múltiples y elocuentes ejemplos de lo que sin temor a excesos podríamos definir como una política de Terrorismo Doméstico de Estado: esa hostilidad absoluta, abierta y nunca disimulada, perpetrada inmisericordemente por la gerontocracia de La Habana contra todo lo que implique bienestar personal y prosperidad para la familia cubana.

Pienso en una larga cadena de medidas antipopulares, tomadas por el gobierno de los Castro para mantener al pueblo en una insolvencia económica perpetua, limítrofe con la indigencia, de modo que la constante premura de procurarse un plato de comida no le deje ánimo ni tiempo para “peligrosos” gestos de civismo. Esta absurda política estatal, impuesta frente a nuestros insultantes salarios, nos somete al precio exorbitante del combustible en las gasolineras a pesar del desplome del petróleo en el mercado mundial, a la aplicación de una tarifa eléctrica que al menor descuido nos defalca y al soez aumento del precio del gas licuado. Continúan vigentes las tasas de cambio fijadas arbitrariamente por CADECA, la execrable extorsión a mano armada en las aduanas, las constantes zancadillas contra el sector trabajador por cuenta propia y el impúdico rol de proxeneta de quienes explotan al colaborador médico en el extranjero. Todas estas medidas fueron dictadas desde La Habana, y hacen palidecer ante nuestros ojos cualquier otra lista de villanías.

Precisamente sobre esta inmemorial política de avasallamiento se engranó desde 1994 el arbitrario gravamen que por sus reverberantes testículos Fidel Castro impuso al dólar estadounidense frente a su sacrosanto CUC criollo, medida que de la noche a la mañana disminuyó oficialmente en un 20% el poder adquisitivo de todo aquel que recibió durante las últimas dos décadas dinero enviado por su familia emigrada desde las más variadas latitudes –esto devenido hace años, por cierto, en un jugoso mecanismo de ingresos para la isla.

Desde el 8 de noviembre de 1994 la Resolución 80, emitida por el Banco Central de Cuba, estableció que el dólar estadounidense tendría un gravamen del 10 % en el cambio con respecto al peso convertible cubano (CUC). Más tarde, en abril de 2005 el Acuerdo No.15 del Comité de Política Monetaria reevalúo en otro 8% la tasa de cambio del CUC frente al dólar y demás monedas extranjeras, por lo cual, desde entonces, para cambiar un dólar en Cuba usted deberá tener en cuenta tres factores: el gravamen implementado por la Resolución 80, del 10%, la apreciación anunciada en el Acuerdo No.15 del Comité de Política Monetaria, del 8%, y el margen comercial que aplica CADECA a este tipo de transacciones, mantenido alrededor del 3,5%. Con estos elementos puede calcular que por cada $100.00 USD usted recibirá en CADECA aproximadamente $80.42 CUC.

Pero definitivamente estos dictados, a modo de bumerang, cobraron su factura: además de coadyuvar a la compleja distorsión de su sistema financiero interno, no pudo menos que tener un negativísimo impacto en la afluencia de turismo en medio de este exótico Caribe, espléndido en bellas playas y ofertas más competitivas, hacia las que derivaron durante este período millones de vacacionistas no dispuestos a pagar este tributo de estafa.

Muchas consecuencias inmediatas podrá tener ahora la retirada del Gobierno cubano de esa lista negra, pero especialmente una es la que me ocupa hoy porque es la que más inmediatamente dirigida está al bolsillo de nuestra familia en Cuba, y me pregunto: ante la inminencia de que Cuba podrá hacer libres transacciones internacionales con el dólar estadounidense –y dado que este fue el principal argumento utilizado– ¿derogará ahora el Gobierno cubano ese oneroso gravamen de la moneda del norte en favor del CUC? ¿Se atrevería la desvergonzada cúpula verdeocre a mantener ese impúdico modo de extorsión masiva, contra viento y marea, a pesar del nuevo cambio de clave?

Revocar este gravamen está indisolublemente ligado hoy a la más de una vez anunciada, y muchas veces postergada, unificación monetaria. Ahora los dictadores tendrán que poner en una balanza de un lado su indiscutida vocación retrógrada de explotar al pueblo cubano por todos los medios posibles y de propiciar todo lo que conduzca a su ruina e insolvencia, y por otro la necesidad ya advertida por los “estudiosos” del tema de sincronizar con un realismo al menos creíble a primera vista su sistema financiero de cara a los organismos internacionales, la banca y los futuros inversores, condición sin la cual aumentaría la ya muy recelosa percepción de riesgo de más de un empresario, cuyo intuitivo olfato no termina por confiarse del todo de las “buenas intenciones” de Raúl Castro. Demasiadas historias de escamoteos y estafas se escuchan para que así no sea.

Pero en fin, si el Gobierno cubano conservara todavía una partícula de vergüenza derogaría hoy mismo este impopular y abominable gravamen que de manera tan negativa ha incidido sobre el bienestar del denostado pueblo cubano, y dejaría de considerar nuestra pobreza como su principal recurso, como el indigno pedestal sobre el que se ha sostenido durante más de medio siglo la más larga y refinada dictadura que América haya conocido.

Marti - Carlos Enríquez Muerte de Martí en Dos Ríos

Por Jeovany Jimenez Vega.

En el loable intento de desmitificar a José Martí se han empeñado plumas de los más disímiles calibres, y todos los esfuerzos parecen pocos dada la trascendencia de su legado. Pero no todos han partido en la dirección correcta en sus tentativas. Me sumo a la polémica propuesta por un reciente artículo que cuestiona la impronta de José Martí en el pueblo cubano durante la fase que precedió inmediatamente al alzamiento del 24 de febrero.

Calibrar la influencia de Martí hacia el interior de la sociedad cubana hasta 1895 a partir del improbable y rudimentario conocimiento que de su avanzado pensamiento doctrinal pudiera alcanzar una población cubana semianalfabeta relegada a la insularidad cubana de las postrimerías del siglo XIX, sería tan absurdo como presuponer que su impronta debió quedar limitada exclusivamente a aquel humilde sector poblacional, aislándolo sin razón del resto de una sociedad que ya resonaba impaciente ante la inminencia de la guerra.

Este siempre sería un enfoque sesgado porque olvidaría la diana principal a que apuntaba la verba encendida del Maestro desde las páginas de Patria y desde las tribunas de Tampa y Cayo Hueso: a la intelectualidad criolla –llamada a amplificar el mensaje propiciador de la inminente gesta hacia el interior de la isla– y a los líderes militares –llamados a arrastrar a la manigua, tras su natural liderazgo, a la gran masa de cubanos que serían el cuerpo de choque del futuro Ejército Libertador.

La influencia que sobre las clases mayoritarias más bajas –y por lo mismo más decisivas en la futura contienda– pudo tener Martí, no puede ser deducida de forma lineal sino que necesariamente pasa a través de aquella extensa red de intermediarios del mensaje. Si bien es cierto que el hombre de campo en Cuba tenía poca oportunidad de permearse de la doctrina martiana, también lo es que esa marea de rencor contenido contra España estaba impaciente, llegado 1895, sólo a la espera de un guiño de ojos, de la orden de los jefes de antaño para desatarse en nuevas cargas contra la inmisericorde metrópoli, y si esa tensión llegó al grado crítico de no retorno fue precisamente por la descomunal e infatigable labor organizativa y de proselitismo político desplegada por Martí; gigantesca odisea que nunca podrá desestimar, ni minimizar, quien analice con objetividad la dinámica regente del período final de la tregua fecunda.

Cierto que Cuba en aquel momento pasaba por una situación económica precaria y coyunturalmente compleja, pero se debe tener en cuenta amargos precedentes: la intentona fallida de la guerra chiquita y más tarde la gran frustración que generó el fracaso del Plan Gómez-Maceo, por lo que no sería nada desatinado afirmar que sin el milagro catalizador del Apóstol bien hubiera podido pasar de largo aquella hora sin penas ni glorias.

Martí no era un militar. Su genialidad estratégica se desarrolló netamente en el plano político y estuvo sustentada sobre sus excepcionales dotes diplomáticas, virtud indiscutida que cincelara el Maestro con el pulso y la tenacidad de un orfebre, a lo largo de su vida, mediante un exponencial proceso de autopurificación que convirtió finalmente a un hombre de temperamento irascible y reaccional en este ser amable, magnético, subyugante y regenerador que nos legó la Historia, tan avasallador que conquistó para la causa común a hombres hechos como de piedra desencontrados por años. Regresar al cauce de la Revolución a aquellos caracteres de bronce fue su mayor logro y también su modo de tocar a la puerta de cada bohío cubano con la empuñadura del machete redentor.

Demasiados obstáculos se interponían entonces entre el ideario martiano y la pobreza del guajiro en Cuba, pero de traducir al lenguaje montuno la línea estratégica del mártir de Dos Ríos se encargaron las principales figuras de la guerra grande: un Máximo Gómez que había lanzado una señal inequívoca a la emigración sobre su incondicionalidad hacia Martí cuando mandó a su hijo Panchito junto a éste en gira proselitista a través de los clubs revolucionarios de Estados Unidos; un José Maceo recién casado, que apenas tuvo que ser instado por el Maestro para unirse a la empresa pasando por encima de su orgullo herido por el racismo en la pasada contienda –“sólo Martí pudo sacarme de mi nido de amor”, decía– y un Antonio Maceo, el hombre definitivo, que a pesar de los malos entendidos, sumó también su machete incondicional a la gesta y apenas desembarcara en Oriente incorporara masivamente a la manigua a miles de mambises.

A aquellos hombres ásperos e incultos le bastaba con la presencia en los campos de Cuba de sus legendarios jefes para estar dispuestos a morir por la guerra previamente gestada por el genio de Martí. Muchos se sumaron, pero la presencia decisiva de cada uno de estos generales en la manigua cubana fue un triunfo personal del apóstol; si el soldado mambí tenía mayor o menor conciencia de ello bien poco le preocuparía a este hombre tan poco urgido de honores personales, pero la Historia es concluyente al respecto: si el milagro del levantamiento se produjo fue porque antes Martí, mediante su herramienta más formidable, el Partido Revolucionario Cubano, organizó paciente y sistemáticamente, con regia inteligencia, la colosal conspiración.

Frisa la insolencia rebajar a condición de mito los excelsos méritos del cubano que reunió en sí tan sublime confluencia de virtudes. Sí, necesitamos ingentemente desmitificar a Martí, despojarlo de las sotanas de santo que nunca vistió y bajarlo de altares que nunca solicitó para sí. Pero desmitificarlo no implica despojarle de méritos probados: cuidemos que nuestra repugnancia por el argumento meloso y la lisonja oportunista de los déspotas que intentan legitimarse no empañe ante nuestra mirada el brillo y la nobleza auténtica del héroe visionario.

Definitivamente no era un militar el que cayó a la luz del sol en la primera escaramuza, y si murió ascendido a Mayor General por el invicto Máximo Gómez –profundo conocedor de hombres y bien parco en tributar honores– fue porque también el alma grande del viejo de Bani, templada en todos los dolores de la guerra, terminó conquistada sin reservas por el influjo misterioso del Maestro. Y no lo olvidemos: si un gesto de Gómez bastaba para movilizar a todo el ejército mambí, junto a ese gesto iba también, como su victoria suprema, la orden de aquel que murió en Dos Ríos por los pobres de la Tierra.

Ver: Martí y la idea del partido único.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

¿Qué le diría yo al Papa Francisco si pudiera hablarle minutos antes de su reunión con Raúl Castro? Si Jesús vino al mundo para salvar a los impuros, para sentarse también a la mesa de los fariseos –precisamente de aquellos con el alma más contaminada por la esquirla de la maldad– ¿qué podría yo decir a Su Santidad que le resumiera todo el duelo de mi pueblo y le advirtiera sobre la real dimensión del desastre que mi patria vive?

Estará mañana el Papa frente al representante de un engendro maquillado para engañar al mundo sobre su naturaleza mezquina, que oculta su verdadero rostro entre telones salpicados con sangre y sufrimiento de mi pueblo. Representa a la dictadura más larga, pérfida y sutil conocida en América, cuyo lado siniestro sólo conocen el hombre humilde de salario miserable que no se atreve a hablar por temor a seguras represalias, o el periodista censurado frente a los temas intocables, o el ético escritor marginado por una pseudointelectualidad apóstata que canjeó su dignidad por status como una prostituta; ese rostro a la sombra lo conocen de memoria el trabajador honesto expulsado por disentir, o el activista cívico atropellado por defender sus verdades.

Ese Raúl Castro –a la vez Presidente, Primer Ministro y Secretario General del único partido legal en mi país– es el mismo que ordena o permite cada amenaza, allanamiento, mitin de repudio o golpiza impune contra opositores pacíficos, cada detención arbitraria y condena a prisión sin levantamiento de cargos, así como el acoso constante a una oposición no reconocida oficialmente pero a la cual le teme hasta el tuétano de sus huesos, en fin, es el responsable máximo, junto a Fidel Castro, de cada uno de los miles de abusos que ratifican la naturaleza totalitaria-despótica del régimen que representa. Ese hombre no representa al pueblo de Cuba porque no fue elegido según normas democráticas, porque su miedo al pueblo cubano le impide convocar a plebiscito –por lo mismo su séquito de secuaces jamás se expone al debate público en igualdad de condiciones, y acaba de brindar al mundo en Panamá la más vergonzosa y cavernícola lección de incivilidad.

Este señor asegurará que su gobierno se desvela por los pobres del mundo cuando en realidad, en decenas de misiones médicas oficiales, mantiene sometido a un ejército de semiesclavos a la más infame privación de derechos. Decir que la principal fuente de ingresos de la dictadura proviene de una pretendida vocación filantrópica tipifica nítidamente su signo más raigal: su monumental demagogia. En los foros mundiales pide al mundo el respeto de las diferencias pero en Cuba apalea a los disidentes y opositores; mientras ovaciona afuera el derecho igualitario de los pueblos a las tecnologías, dentro nos niega el acceso libre a Internet; mientras critica las políticas de espionaje doméstico de otros gobiernos, mantiene a mi pueblo indefenso contra la férrea vigilancia perpetua de la policía política; mientras en los foros vocifera contra las injusticias del “capitalismo salvaje”, explota brutalmente a sus propios trabajadores, y critica las medidas de choque neoliberal a la vez que en casa especula con precios astronómicos y encarece insosteniblemente la vida del ciudadano común.

Su Santidad debe saber que ese hombre sin carisma sustenta su gobierno sobre el miedo del pueblo, sobre la mentira sistemática, sobre el fomento del odio más abyecto a la discrepancia, sobre la satisfacción insolente de la codicia y los más bajos instintos de sus cómplices en el poder, sobre el soborno y el chantaje que perpetran todas sus huestes y sobre la fuerza bruta lanzada inmisericorde contra todo el que se aparte de sus dictados.

Debe saber Su Santidad que ese señor representa la aristocracia neoburguesa afianzada al poder en la isla y no al pueblo de Cuba. Todas sus gestiones para reconciliar a esta dictadura con el mundo no favorecerán el bienestar del pueblo cubano mientras no sea libre la patria, y toda la riqueza generada por estos cambios irá a parar inexorablemente a manos de esa élite indolente que nos desprecia. Todo esto le dijera a Jorge Mario Bergoglio previo a su cita con este hombre pequeño, o tal vez, abrumado por un dolor que me confieso incapaz de transmitir en pocos minutos, sólo alcanzara a pedirle su más humilde plegaria por la vindicación en la tierra del alma sombría de todos los tiranos.

Ver: Carta al Papa Benedicto XVI

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen/ Lucas 23:34

Escribo sin saber si llegará a leer estas palabras, o si las entendería, porque en la vida hay asuntos que nos toman un minuto o quizás una hora comprender, pero otros nos tomarán un año, y habrá sin duda algunos tan profundos que nos tomarán toda la vida. Cada vez que reviso el video en el cual le grita a aquel periodista en Panamá, en medio de la chusma, que pagó un pasaje aéreo con su salario de miseria, no deja de asombrarme. ¿Cómo pudo mentir así cuando hasta un niño sabe que eso es imposible, que todo ese gasto corrió por parte del Gobierno cubano? ¿Podría explicar cómo dejar de vestirse y calzarse, cómo dejar de comer durante varios años sin morir, y ahorrar íntegramente el salario que le paga su “revolución” para viajar por ese par de días a la cumbre, sólo para dar cuatro gritos junto a otros cien activistas de la “sociedad civil” oficial que se supone hicieron similar “sacrificio”?

Su mirada perdida en Panamá produce más que pena, tristeza; no hay convicción detrás de aquellos gritos, sólo enajenación y fanatismo. Sin embargo, sí fue honesta cuando aseguró que el pueblo cubano pagó sus gastos en la cumbre. Quizás debió ser más cauta, pues hablaba sobre algo muy lacerante: esa Brigada de Respuesta Rápida que envió Raúl Castro a gritar a Panamá –pues nada más hicieron– financió su viaje con el dinero dejado de pagar a mis colegas médicos y enfermeras, a los maestros de mis hijos y a los cientos de miles de jubilados cubanos que sobreviven con ocho dólares mensuales. Ese dinero pudo utilizarse para restaurar una Habana a punto de derrumbe, para reparar miles de baches, mejorar el lamentable estado de la red de abasto de agua o nuestro pésimo transporte público, males que persisten después de décadas de un des-gobierno que derrocha el tesoro de la nación en asqueantes lobbys politiqueros como el que boicoteó con su fanfarronada egocéntrica el foro en Panamá.

Pero en el fondo la comprendo. Como ella hoy, yo también aposté un día por la Revolución –desde una fe pura aposté por la mía, la interior, la que nunca entrecomillo– cuando todas las trompetas parecían anunciar nuestro apocalipsis bajo los nubarrones del 94; entonces se llenó de incertidumbres el futuro, igual que se llenaron las extensas aguas del estrecho de balseros vivos y recuerdos muertos. A mis 23 años, vividos bajo la égida del absolutismo y el culto megalomaniaco al “gran hermano” iconoclasta, yo también fui un ferviente militante de su UJC, y no quise, no supe o no pude –tal vez nunca lo sabré con certeza– asumir otra postura, y mientras esto sucedía Sucelys aun peinaba sus últimas muñecas, pero no había nacido aun en el 80, cuando unos cubanos tan enajenados como ella dejaron de ver a otros cubanos como hermanos y lanzaron exactamente las mismas ofensas que ella recicló hoy en Panamá, iniciando esta era de vergüenza que todavía nos persigue.

Pero un buen día mi razón regraduó sus anteojos, comprendí de a poco mi terrible error de desenfoque y aquel tirano, antes irreprochable, se me hizo cada día más pequeño y regresó ante mi vista a su natural condición de cucaracha. Amanecí un buen día cuestionándomelo todo y cuando encontré las respuestas ya no hubo marcha atrás: me desconecté definitivamente de esa matrix y cuestioné todos mis conceptos, pulverizando unos y reafirmando otros, pero renaciendo del proceso, desde una posición de libertad personal, definitivamente más tolerante y más en paz conmigo mismo.

Como la Historia suele repetirse en forma de farsa, doy gracias a Dios por no haberme colocado entonces en el papel más triste de la escena, por haberme resguardado sabiamente de ejecutar este triste bocadillo de sicario. No sé si ella algún día será también capaz de renacer, pero no dejan de darme tristeza sus ojos de muchacha transidos por el odio, sus manos hechas para ser madre o amiga dibujando en el aire los signos de la guerra y gritando las mentiras que otros más oscuros y siniestros pusieron en su boca de hija, de hermana o de amante.

Decía un buen cubano que en una dictadura todos somos víctimas –incluido el tirano, principal torturado por su propio miedo– y casi siempre son los más sometidos quienes menos se percatan de su vasallaje. Sucelys, toda una flamante psicóloga, debe saber que tras esta verdad se oculta la clave de la enajenación del hombre, de su disolución en la masa hasta quedar reducido a esa materia amorfa y maleable afín a los caprichos del tirano. El Foro Social convocado a la VII Cumbre de la OEA debió servir al menos para que las sociedades civiles de América extrajeran una clara lección: esto es lo que sucede cuando una dictadura asume los designios de toda una nación y enajena a generaciones enteras.

En Panamá todos fueron testigos de la transformación del hombre en bestia, en ser irracional, repetitivo autómata de gritos y consignas vacías pero incapaz de intercambiar en voz baja argumentos coherentes. Valga esta prueba más de que el sueño de la razón engendra monstruos. Por eso hoy busco dejar el ungüento del perdón y la concordia sobre la llaga que dejara en Panamá esta vergüenza ajena, porque la patria siempre necesita más de puentes que de muros, y el día llegará en que sane del rencor la mirada de Sucelys. Sueño con que ese día sea tan bello y purificador que los sicarios de hoy también formen, gracias al milagro de la redención, parte de la auténtica sociedad cívica de mañana; este mensaje esperará, como botella lanzada al mar, para ser leído cuando el renacimiento suceda.

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Ver: Cubanos y punto.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Cuando hoy domingo, 19 de abril de 2015, cierre la última mesa electoral en Cuba nada trascendente sucederá. A pesar de las estadísticas manipuladas por Granma y sus libelos sobre un electorado que presuntamente habría acudido a votar libre y masivamente para dar su “apoyo absoluto” a la revolución, ya a estas alturas ese cuento de nunca acabar engañará a muy pocos. Irregularidades en la gestión de las mesas electorales, boletas de votación que sólo podrán ser marcadas ¡con lápiz! para luego ser adulteradas y evitar así las estadísticas incómodas; comisiones de candidatura controladas por el único partido legal en Cuba, el comunista, que eligen a dedo a cada presidente de asamblea desde el nivel municipal hasta el Consejo de Estado, asambleas todas que desde San Antonio a Maisí nada decidirán al margen de las políticas aprobadas por el partido dictatorial único y nada le cuestionarán, sino que durante toda su legislatura se limitarán a aprobar por unanimidad cada “orientación” emanada del Olimpo.

El pueblo de Cuba sabe sobradamente que de esta farsa nada nuevo podrá esperar, que este esquema está agotado y nunca deparará caminos nuevos, que sólo será más de lo mismo, por eso no haré llover sobre mojado, sino que hoy reflexiono sobre un detalle que trascendió hace semanas en varios sitios digitales: en un hecho prácticamente sin precedentes dos opositores habaneros lograron ser nominados como candidatos para delegados del Poder Popular por sus respectivas circunscripciones, algo casi insólito en la Cuba de hoy. Sin embargo Hildelbrando Chaviano, del municipio Plaza de la Revolución, y Yuniel López O´Farrill, del municipio Arroyo Naranjo, hubieron de resignarse a que en sus biografías publicadas al efecto se les tildara de “contrarrevolucionarios”, de formar parte de lo que la nomenclatura oficial llama “grupúsculos”, entre otras frases despectivas, evidentes calumnias y acusaciones tendenciosas.

Pero más allá de ser cierto que estos candidatos en efecto se opongan abiertamente a ese concepto de “revolución” sostenido por los demagogos en jefe del Partido Comunista de Cuba, me pregunto: ¿y sobre el resto de los candidatos qué? ¿Acaso no deberían ser publicadas en el resto de las biografías, por ejemplo, que tal candidato, a pesar de ser un “honorable” militante comunista, se ocupa también de malversar cada día más los recursos de la empresa que dirige? ¿O que aquel otro, ferviente miembro de una Brigada de Respuesta Rápida y participante en múltiples actos de repudio en “defensa de la revolución”, ha sido expulsado de varios trabajos por robo continuado? ¿O que este, siempre entusiasta en cuanto desfile del primero de mayo se haya organizado, sin embargo también se las apaña para defalcar cuanto almacén estatal le cae bajo las garras? ¿O que aquella consagrada federada no vive de su salario, sino gracias al natural talento que su hija prostituta ha desplegado en un chupa chupa, algo que ella conoce perfectamente y aprueba? ¿O que este viejo cederista, tan combativo al delatar a cuanto paisano entre en su universo visual, sin embargo tolere que se venda tabaco de contrabando en su propia casa? ¿O acaso que tal veterano de la gloriosa Asociación de Combatientes no vive de la absurda jubilación que le “garantiza” su “revolución” sino de remesas llegadas desde el norte revuelto y brutal que le desprecia? ¿O que esta otra funcionaria del partido provincial vive a ritmo de millonaria gracias a la desvergüenza de su esposo, uno de los miles de ladrones legalizados por la Aduana General en el aeropuerto de La Habana?

La lista de dobleces morales y podredumbres a enumerar haría interminable la biografía de buena parte de los actuales candidatos, y más putrefactas aún serían en la medida que ascendiéramos desde el municipio hasta el nivel de país. La publicación de estas biografías plagadas de informaciones sesgadas y mórbidamente parcializadas –específicamente en este contexto en el cual persiguen disuadir a potenciales votantes– bien merecería una acción legal por parte de una autoridad electoral que se respete, e incluso de la Fiscalía, pero eso sólo sería posible en caso de vivir bajo un Estado de Derecho y nunca en la Cuba totalitaria de hoy.

De cualquier modo, si de competir bajo igualdad de condiciones por el voto del electorado se tratara, según lo establecido por la ley, sería muy sano revolver los trapos sucios y la mierda de todos por igual –y no digo con esto que la militancia o el civismo de Hildelbrando y de Yuniel lo sean. Si esto sucediera, aseguro que el hedor llegaría muy alto y muy lejos en un país donde medio siglo de leyes absurdas y limbos legales no han dejado apenas lugar para la honestidad y la prosperidad del individuo al amparo de la legalidad. Tengamos la absoluta certeza: hoy en Cuba “votarán” millones de hipócritas y delincuentes.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Los títeres que en Panamá acaban de amenazar públicamente a la representación de la única sociedad civil cubana auténtica que visita la VII Cumbre de la OEA –no la que propone la delegación oficial y cuyos programas y salarios en la isla, así como sus gastos y pasajes a la cumbre corren por la cuenta del Gobierno cubano– o sea aquella que partió desde Cuba y su exilio contra todos los obstáculos y presiones del gobierno dictatorial, deberían saber de antemano que pierden miserablemente su tiempo si con esto persiguen disuadirle de asistir a los foros alternativos convocados paralelamente al evento de los jefes de estado.

Aprendices advenedizos panameños organizados, orientados, financiados y convocados sin dudas para la ocasión por el gobierno y la Seguridad del Estado cubanos, parecieran desconocer que están frente a la parte del pueblo cubano que optó a cuenta y riesgo por ejercer sus derechos sin medir las consecuencias, la que ya está curada de espanto y a golpe de represión dejó de temer en absoluto a la violencia política porque ha convivido con ella, bajo la siniestra sombra de sicarios expertos en el tema e invariablemente sin el amparo de la cobertura mediática que seguramente tendrá este evento por motivos obvios.

Es muy fácil para las organizaciones panameñas que rubrican el ofensivo documento vociferar esta postura de esbirros desde una sociedad pluripartidista –aún con todas las imperfecciones que esto implica– desde la que utilizan los resortes propios de la democracia para publicitar legalmente sus posiciones, algo que en Cuba sigue siendo una lejana utopía. Me refiero a esa libertad de prensa que pueden utilizar si lo desean para injuriar a una sociedad civil cuyas interioridades desconocen; me refiero a esa sabrosona libertad de asociación que les garantiza sus respectivos status legales, y a esa división de poderes que evita que jaurías como esas que ahora les azuzan a ellos mismos desde la Plaza de la Revolución habanera se les lancen encima por ejercer derechos que en Cuba no se respetan ni en sueños.

Es precisamente esta, entre otras, la causa de nuestra ruina: por eso no se reparan nuestros célebres baches y continúan derrumbándose edificios en La Habana, por malgastar toda esa millonada en fomentar, crear y mantener ese gigantesco lobby propagandístico a lo largo y ancho de los cinco continentes, esos cientos de comités de solidaridad con Cuba en decenas de países, fundados hasta en los rincones más inauditos del planeta, en la mayoría de los cuales el 99% de los nativos no sabría si escribir el nombre de la antilla con C o con K, si con B o con V y no sabrían señalarla sobre un mapa con el dedo.

La presencia en Panamá de estos activistas cívicos provoca escozor en los calzones verdeolivos porque va contra preceptos absolutistas que siguen buscando el modo de amputarnos todos los derechos posibles. Pero después de todo es bueno que allá arremetan los perros contra los activistas pacíficos; eso confirmará ante el mundo el modo en que el Gobierno cubano insiste en dirimir las diferencias y será un testimonio palpable que dirá más que miles de palabras. Sirva la última golpiza al estilo del Mariel como elocuentísimo ejemplo de que bajo la égida de Raúl Castro sigue reinando la barbarie, hoy desde un parque aledaño al consulado cubano en Panamá, o haciendo papelazos interrumpiendo el comienzo de un foro cívico ante la presencia de un presidente, pero en esencia nada diferente a lo que sucede en la isla cada vez que alguien se arriesga a ejercer un derecho prohibido. Lo que en Cuba por cotidiano quizás deje de ser noticia quizás ahora, en el contexto de la cita panameña, sea más trascendente e ilustrativo del drama que vivimos en la isla tierra adentro.

CCFHCN3UEAAtwWpYa lo reza el proverbio: a tal palo tal astilla. Esa coincidencia perfecta entre los guiones de los mítines de repudio organizados en Cuba por el Partido Comunista y la Seguridad del Estado y las manifestaciones de intolerancia exhibidas por la dizque “sociedad civil” oficialista cubana, con todas sus histerias, consignas estúpidas y perretas egocéntricas, desmienten absolutamente su pretendida autonomía en cuanto a propósitos y proyecciones sociales: más bien esto puso en completa evidencia que estas organizaciones funcionan como tapaderas, como poleas de transmisión diseñadas para ejecutar en el terreno los trabajos sucios del Partido Comunista y la policía política. No lo dudemos: si no fuera por lo obvio el mismísimo Raúl Castro se hubiera personado en las griterías de sus payasos. Pero una aleccionadora advertencia del presidente panameño y para vergüenza de la delegación oficial cubana –si la tuviera, por supuesto– puso las cosas en su sitio y debe haberles quedado claro que Panamá no es el malecón ni 23 y 12, que la próxima comparsa que se monten la resolverá la policía por las malas y se pondrá a los agitadores de patitas en La Habana.

Es precisamente eso lo que ha ido a denunciar al foro la oposición y la sociedad civil cubana real: la violencia como medio y como fin en sí, la incurable intolerancia que todo lo demarca en blanco y negro sin matizar los grises, el despotismo que frena en seco cualquier intento de diálogo, la demagogia del discurso y la falsa “voluntad” de cambio de esos camaleones oportunistas. Los insultos y golpes que responderán a las propuestas de consenso serán la prueba más palpable del agotamiento de un régimen que hace mucho tiempo se quedó sin argumentos y que tiene ya bien pasada su fecha de caducidad. Sólo espero que esa sociedad civil auténtica encuentre la sabiduría necesaria para distanciarse de esa vulgaridad, se eleve sin distraerse en ella –porque ese es su evidente propósito– y no se detenga en la simple denuncia, sino que demuestre que en su seno hay planes de futuro para una nación sufrida, pero llena de potencialidades desestimadas por la indolencia y la soberbia de sus gobernantes.

Pero a pesar de todo en la cumbre de Panamá, como la atracción del momento, prácticamente a metros de las trifulcas tendremos a Raúl Castro sonriendo ante las cámaras mientras extiende la mano a Obama y le perjura a todos que su gobierno es una democracia cada vez más perfecta, a su modo de entenderla, claro está, y que Cuba avanza sin prisa, pero sin pausa, hacia su luminoso futuro socialista, aunque sea esto, por supuesto, también a su divino y exclusivo modo de entenderlo.

Ver: Reflexión sobre la autenticidad de la oposición cubana.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Han hablado los dioses del Olimpo. Nosotros, las despreciables criaturas, no podemos, ante sus ojos, más que obedecer y resignarnos a cumplir con lo dispuesto por su divinidad. Intentaré traducir al idioma de los mortales las ultrajantes medidas coercitivas dictadas por el Gobierno cubano, Ministro de Salud Pública mediante, para intentar frenar el actual éxodo de profesionales del sector. En el mismo orden en que fueron formuladas, se leerían más o menos así:

4. Detener el incremento de las contrataciones individuales en Angola: Como el país africano está en deuda eterna con la antilla desde la guerra de los 80, se desprende tácitamente que está obligado a cumplir con todo cuanto en La Habana se ordene. Dicho de otro modo: cubanos en Angola como carne de cañón, sí; cubanos en Angola a trabajar honradamente, sin ser explotados por el Gobierno cubano, jamás.

5. Retirar el pasaporte oficial a todos los colaboradores a su arribo al aeropuerto: Aquí tenemos al Ministerio de Salud Pública disponiendo medidas que, al margen de su ilegalidad evidente, en realidad no le competerían sino a la Dirección de Inmigración del Ministerio del Interior en las aduanas cubanas. Esto por si alguien dudaba aún que en este paisito todo converge en un poder único, centralizado y despótico, que no tiene el menor reparo en tratarnos a todos, sin distinción, como vulgares delincuentes.

6. Promover convenios con las clínicas privadas: Aquí tenemos a ese engendro promotor de la esclavitud, la Comercializadora de Servicios Médicos y de Salud, intentando llevar sus tentáculos de control hasta cada clínica privada en cuanto país haya un médico cubano que haya decidido emanciparse de sus redes. Esto denota hasta qué punto es delirante y enfermiza la obsesión por obstaculizar el triunfo personal de nuestros profesionales.

7. Revisar los convenios interministeriales para no permitir la libre contratación: Esta propuesta, que los jerarcas de La Habana aspiran a instituir en medio mundo, comprometiendo tanto a instituciones públicas como privadas, no es más que un reflejo subconsciente de lo que siempre han sido las misiones médicas cubanas: un lucrativo método de chantaje emocional. O sea que si te abastezco de médicos a precio de baratija, dispuestos a entrar a esas temidas favelas prohibidas incluso para la policía, y expuestos a peligros que jamás asumirían tus propios médicos, estás en la obligación de obedecer cuando “renegocie” contigo los términos del convenio.

8. Reflejar explícitamente el compromiso de no contratación individual en el convenio individual con el colaborador: Esto en realidad no es nada nuevo. Hasta ahora siempre ha sido un principio inflexible no permitir las contrataciones individuales, y no sólo eso, sino incluso algo tan simple como que en el extranjero el colaborador simplemente conversara con algún opositor al “régimen amigo”, o sospechoso de serlo. A este colaborador no se le permitió nunca tener libertad de movimiento, por eso se le prohibió toda salida, por más cercano y banal que fuera su destino, como ir de compras, por ejemplo, sin el consentimiento de sus jefes –entiéndase los sicarios políticos, omnipotentes y plenipotenciarios, colocados allí por la Seguridad del Estado cubana.

10. Inhabilitar en el ejercicio de la profesión a los que osaron desobedecer al César: Nada que los profesionales que trabajan hoy en el extranjero, por salarios bastante más decorosos que los que recibieran en Cuba –e incluso en las misiones médicas oficiales– no estén dispuestos a usar como papel higiénico. Ridículo plantear que son únicamente 211 los casos que a lo largo de todo el país decidieron trabajar fuera de Cuba “…sin estar autorizados”, cuando en realidad deben contarse por miles.

12. Considerar una indisciplina grave no cumplir con el término de aviso previo para dar por concluida la relación laboral: En esto sí llevan una parte de razón, pues el sentido común dicta que se debe avisar a tiempo sobre cualquier decisión de abandonar determinada plaza para que se busque oportunamente un sustituto. Pero entonces cabría la pregunta ¿por qué miles de profesionales se reusaron a cumplir con algo tan elemental? ¿Será que somos tan irresponsables los médicos cubanos? ¿O acaso será que terminamos por no confiar en absoluto en la “buena voluntad” de nuestros dirigentes, luego de estar sometidos durante tantas décadas a todo tipo de arbitrariedades, abusos y despotismos, y de no haber sido tenidas en cuenta nuestras necesidades más básicas? ¿O no son estas mismas autoridades ministeriales y de gobierno las que durante más de una década aplicaron aquella inaudita política que nos obligaba a esperar durante más de 5 años, si deseábamos viajar al extranjero, en espera de la “liberación” de nuestro ministro? En fin ¿no será que estas autoridades no tienen ya la más mínima credibilidad ante los ojos de sus trabajadores? Aquí evoco la vieja sentencia del abuelo Liborio: cuando hay desquite no hay agravios.

13. Promover expedientes de inhabilitación a los trabajadores que violen los procedimientos para la salida del país: Nada que los profesionales que tomen la decisión personal irrevocable de trabajar temporal o definitivamente en el extranjero, por salarios bastante más decorosos que los que reciben en Cuba –e incluso en las misiones médicas oficiales– no estén dispuestos a usar como papel higiénico.

14. Reubicar en plazas de menor categoría –nunca en su plaza originalmente ocupada– a aquellos que regresen a Cuba después de trabajar en el extranjero por contratación individual: El castigo, no como fin reivindicador, sino como un principio primordial, inviolable, como el signo cardinal que nunca falta en la mente de los déspotas. Este acápite denota que aquellos que hoy exportan como auténticas sus ínfulas de “cambio” y sus edulcoradas “reformas” continúan siendo los mismos miserables de siempre.

16 y 17. Organizar, en conjunto con el MINREX, reuniones con los embajadores pertinentes en La Habana, así como orientar a los jefes de brigada y embajadores cubanos en sus respectivos países para desestimular la contratación individual: Asoman otra vez los largos tentáculos de la mafia política de La Habana. Aquí tenemos el hecho inverosímil: el Gobierno cubano, a través de su Ministerio de Salud Pública, en posición abiertamente injerencista dictando medidas hacia el interior de esos países, intentando decidir sobre sus políticas sanitarias. ¡Menos mal que es el malvado imperialismo yanqui el que interfiere en la política interna de otros países, y que existe la inmaculada revolución cubana, por suerte, para impedirlo! ¿Qué fuera de esos pobres pueblos sin esta revolución más grande que nosotros mismos?

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Últimas medidas propuestas por el Ministerio de Salud Pública cubano para intentar detener éxodo de profesionales del sector:

4. Cumplir con el relevo de Angola y detener el incremento, hasta tanto no se adopten medidas concretas por la parte angolana que desestimulen la contratación individual en clínicas privadas e institucionales. Resp. Viceministra que atiende el área de las Relaciones Internacionales y la Colaboración. Participan: Directora de la UCCM, área de Asistencia Médica y Directores Provinciales de Salud FC. Inmediato.

5. Retirar, de inmediato, el pasaporte oficial a todos los colaboradores que lleguen de vacaciones o de fin de misión, a su arribo en el aeropuerto. Resp. Viceministra que atiende el área de las Relaciones Internacionales y la Colaboración. Participan: Directora de la UCCM, Director de Relaciones Internacionales. FC. Inmediato.

6. Promover convenios con clínicas privadas a través de la Comercializadora de Servicios Médicos y de Salud Cubanos, como una forma de contrarrestar la contratación individual. Resp. Viceministra que atiende el área de las Relaciones Internacionales y la Colaboración. Participan: Directora de la CSMC, Director Jurídico FC. Permanente con control mensual.

7. Revisar los convenios interministeriales y los de comercialización de servicios, para negociar con la contraparte y no permitir la contratación individual en instituciones públicas y privadas. Resp. Viceministra que atiende el área de las Relaciones Internacionales y la Colaboración.

8. Revisar los contratos individuales y pactar con el colaborador compromisos de no contratación individual y que su contratación sea a través de la Comercializadora de Servicios Médicos y de Salud Cubanos. Resp. Viceministra que atiende el área de las Relaciones Internacionales y la Colaboración.

10. Depurar y concluir el proceso de inhabilitación en el ejercicio de la profesión de los 211 profesionales que abandonaron los servicios sin estar autorizados. Resp. Director de recursos Humanos. Participan: Director Jurídico y Directores Provinciales de Salud FC. Inmediato.

12. Considerar una indisciplina de suma gravedad el no cumplir los términos de aviso previo, o no regresar en el tiempo establecido de las vacaciones programadas y/o licencia no retribuida, sin causas justificadas y comprobadas, aplicando la medida disciplinaria de separación definitiva de la entidad. Resp. Directores Provinciales y Directores de Unidades de Subordinación Nacional. Participan: Directores de Recursos Humanos, Jurídico, Rectores y Decanos.

13. Promover expedientes de inhabilitación en el ejercicio de la profesión en el territorio nacional, a los profesionales que violen los procedimientos establecidos para la salida del país. Resp. Directores Provinciales y Directores de unidades de Subordinación Nacional. Participan: Directores Jurídicos, Recursos Humanos, Rectores y Decanos. FC. Permanente con control mensual.

14. Al recibir la solicitud de ubicación laboral de un especialista que haya regresado luego de abandonar los servicios sin cumplir los procedimientos establecidos, no ubicarlo en el centro de donde proceda y siempre en uno de inferior categoría a la que poseía el que trabajaba. Resp. Directores Provinciales y Directores de Unidades de Subordinación Nacional. Participan: Director de Recursos Humanos, rectores y Decanos. FC. Permanente con control mensual.

15. Poner en vigor un instructivo complementario de la Resolución 282/16 de junio de 2014 ‘reglamento sobre la contratación, ubicación, reubicación, promoción, inhabilitación y suspensión temporal en el ejercicio de la profesión de los profesionales y técnicos’; relativo al procedimiento y términos para tramitar un expediente. Resp. Viceministro Primero. Participan: Director Jurídico. FC. Inmediato.

16. Organizar de conjunto con el MINREX, reunión con los embajadores de los países donde más viajan los médicos, con el objetivo de discutir y desestimular la contratación individual de los profesionales en sus países.

17. Enviar comunicación a los jefes de brigada y embajadores cubanos en los países que más reciban profesionales de la salud cubanos, con el objetivo de que por la vía diplomática se discuta primero con los Ministros de Salud y después con los ministerios de Relaciones exteriores, la situación de la contratación individual”.

Tomado de Cubadebate.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Raúl Castro recibió a Ri Su Yong, Canciller de Corea del Norte, durante la reciente visita de éste a La Habana, oportunidad que aprovecharon ambos para dejar bien clara su mutua incondicionalidad y la identificación recíproca de sus doctrinas totalitarias. La antológica gemelaridad de ambos regímenes dictatoriales queda demostrada una vez más, y a la mayoría de los cubanos, así como a la mayoría de los coreanos que tuvieron la desgracia de quedar varados al norte del paralelo 38, se nos ha hecho cada vez más patente, durante las últimas cinco o seis décadas, todas y cada una de las consecuencias que para una sociedad tuvo siempre quedar sometida al monopartidismo absolutista.

Cierto que estamos ante los dos ejemplos más emblemáticos de este tipo de engendro desde que en Europa se derrumbaran los muros, y tal vez por eso ahora no asombre que estos fósiles de línea dura evidencien una identificación tan plena, que se manifiesten semejante simpatía, y esta coincidencia perfecta de cóncavo a convexo en sus políticas de des-gobierno y su vocación represiva; en sus siniestras maneras de concebir tan retorcidos conceptos de “democracia” llevada a punta de bayoneta y calabozo; en sus ansias de convertir la libertad del alma humana en pasto de las más abyectas mezquindades, y en su consabida meta de convertir al hombre en un ser cada vez más degradado y avasallable.

Después de todo no fue gratuito que el Gobierno de Raúl Castro ordenara medidas de duelo nacional ante la muerte de Kim Jong-il, uno de los más arquetípicos e indiscutidos tiranos del último traspaso de siglos. Ya lo reza el viejo proverbio: dime con quién andas y te diré quién eres. A lo mejor Kim Jong-un quiera ultimar los detalles del próximo envío de misiles de azúcar para que no se produzcan nuevos escándalos, sobre todo ahora que el gobierno cubano será borrado de la lista de los que apuntalan terroristas, o tal vez sencillamente le envió asesoraría fresca a su alter ego tropical sobre el método familiar de perpetuar el modelo de socialismo dinástico, sobre su infalible modo de traspasar el poder de padre a hijo, y de hijo a nieto, y nieto a bisnieto, y de bisnieto a… bueno, ya sabe usted –y así sucesivamente por los siglos de los siglos. Todo pudiera ser cuando estamos entre viejos lobos del mismo cubil. Entre pillos anda el juego.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Entre todos los sectores de la oposición cubana se cruzan y polarizan las opiniones sobre lo oportuno, legítimo, e incluso ético que puede ser o no la decisión de la administración Obama de restablecer relaciones con Cuba, pero independientemente de su posición, prácticamente todos los opinantes tienen algo en común: se consideran injustamente excluidos de un diálogo en el cual se sienten con derecho a ser tenidos en cuenta. Por esto propongo que intentemos calibrar lo más objetivamente posible la autenticidad de la sociedad civil y de la oposición política cubanas.

Las preguntas que de modo explícito o implícito fluyen por el ciberespacio parecen ser: ¿merece la sociedad civil cubana ser autentificada como actor válido en el replanteamiento de poder que evidentemente se nos avecina? ¿Merece credibilidad y son sólidas sus propuestas frente a la inmensa falta de expectativas sociales acumuladas durante más de medio siglo de perfidia gubernamental? ¿Continúa ésta representando una alternativa realista, de cara a su pueblo, aún después de cinco décadas de descréditos mediáticos, tergiversaciones y sistemáticas mentiras de los medios de difusión masiva controlados por el régimen?

Partamos de una primera definición: aquello que el complejo de poder Estado/Partido/Seguridad del Estado (E/P/SE) –llamémosle así, pues en el caso cubano son una estructura indisoluble– insiste en presentar ante el mundo como SU propuesta de sociedad civil –como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) o la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), por ejemplo– no pasa de ser una burda caricatura. No pueden ser consideradas de otro modo organizaciones diseñadas por y para cumplir órdenes del (E/P/SE), cuyos miembros y directivos son elegidos a dedo o removidos sin cuestionamientos por éste; burócratas que reciben todos sus planes de trabajo y sus salarios a partir de programas dictados y de presupuestos anuales respectivamente asignados por el (E/P/SE),  quien además dispone qué organización será aceptada legalmente para ingresar en SU lista de “ONGs” y que desestima automáticamente toda propuesta “sospechosa”.

Bajo tales condiciones jamás podrán ser considerados estos engendros con autonomía cero como una verdadera sociedad civil; todas estas organizaciones son netas sucursales del Estado/Partido/SE por cuanto son ejecutoras directas de sus órdenes y directrices generales, no son más que vulgares tapaderas a través de las cuales el eje del poder mantiene su hipócrita fachada de “sociedad civil”, y en las cuales se apoya para ejecutar y encubrir mucho de su trabajo sucio a la hora organizar los clásicos mítines de repudio, o para expulsar de su centro de trabajo a cualquier trabajador irreverente que levante demasiado la voz.

Por otro lado tenemos las que catalogaría como “ONGs” de efecto vitrina: son organizaciones presuntamente desligadas de las redes de control del (E/P/SE) –como si esto fuera posible– cuyo perfil inofensivo y apolítico le permitieron pasar el tremebundo filtro. Aunque puede agrupar lo mismo sociedades ornitológicas, colombófilas, deportivas, etc. etc., no todas tienen la suerte de estar bajo el paraguas protector de Mariela Castro –en su condición de hija del Presidente de la República y devenida en nuestra versión tropicalizada de Lady D– que llega a la “temeridad” de realizar marchas callejeras por La Habana con la Comunidad LGTB bajo el auspicio del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), organización que sin embargo también ha practicado tratos discriminatorios con trasfondos políticos contra miembros que han tenido actitudes disidentes de la línea oficial. De este modo queda establecida la segunda definición imprescindible: debido a esta subordinación y a su nula proyección política-social fuera de sus respectivas parcelas de interés, tampoco este sector puede ser considerado como una genuina sociedad civil.

Deslindadas estas dos primeras “variantes” –únicas validadas por el Gobierno de Raúl Castro para ser incluidas en cualquier intercambio entre las respectivas sociedades civiles de Cuba y EE.UU. una vez iniciado el descongelamiento del bloque de hielo– se impone fijar la atención en la tercera variante. Si consideramos, por concepto, como sociedad civil aquella que propone sus postulados sin esperar nada a cambio de, y que existe por definición al margen de, la subvención del estado –en el caso cubano diríamos ¡a pesar del estado!– al cual está supeditada, no encontraremos bajo el cielo cubano nada más parecido a una auténtica sociedad civil, que a aquella conformada por todo el espectro de organizaciones de perfil disidente o frontalmente opositoras al régimen de La Habana. Por esto no es casual que sea esta tercera variante, y no las caricaturas reseñadas arriba, la verdadera diana de los ataques del Estado cubano con todo su poder de represión y propaganda. Esto es muy sencillo de entender: sucede así porque este sector social ha sido el único que ha demostrado valor para plantar bandera frente a los ojos incrédulos de los tiranos, y se ha desligado confesamente, denunciando y atacando el centro, la esencia misma del problema cubano y la falta absoluta de garantías civiles de su pueblo.

Sólo pongamos en perspectiva la magnitud del aparato represivo que se le enfrenta a esta oposición: toda la flamante técnica operativa del MININT/SE, con sus líneas de teléfonos gratuitas para toda su oficialidad –y en baratos CUP para su red de chivatos e informantes– además de su propia y sofisticada red interna de Internet de banda ancha y sus autos modernos con asignación puntual de combustible, más la silenciosa pero omnipresente amenaza que latente espera en las unidades especialmente destinadas a fines más serios y que no dudarán en ser utilizadas si llegara la necesidad: esos miles de muchachones enajenados que esperan en las Unidades de Operaciones Especiales del MININT –incluidas sus tropas antidisturbios ya debidamente equipadas– tan ávidos de acción y que no titubearían en apretar el gatillo a la hora cero, y a todo esto súmesele cinco décadas de control monopólico absoluto sobre todo medio de difusión masivo, que han fomentado entre la población niveles nunca antes vistos de miedo, apatía e indolencia social.

Y por su parte ¿con qué cuenta la oposición cubana para enfrentar a la hidra de las mil cabezas? Ese sector, que sufre la más grotesca falta de garantías civiles y procesales, que le permite a los represores gozar de una impunidad sin límites ante los allanamientos de viviendas y las palizas, tiene además que afrontar el reto de desempeñarse en medio de una enorme infiltración de la Seguridad del Estado, que ha sembrado durante décadas a sus agentes en los puntos clave para informarse de cada paso, pero también para fomentar toda la desunión posible y desacreditar desde dentro, proyectando una imagen de que esta se reduce a un montón de “mercenarios al servicio de una potencia enemiga” y que sólo va tras sus dólares.

Quien no calibre en su justa medida lo que representa vivir bajo un estado absolutista policial –que además ya ha tenido ocasión de nutrirse de experiencias históricas y ha estudiado inteligentemente las causas y circunstancias que llevaron a anteriores hundimientos de estados similares– nunca comprenderá en toda su magnitud semejante drama y correrá siempre el riesgo de simplificar sus razonamientos hasta concluir que la oposición cubana no tiene el deseado poder de convocatoria por una mera falta de carisma o de natural liderazgo. A quien así razone –casi siempre sucede que desde fuera de Cuba– sólo le invito a que haga un ejercicio mental  y se pregunte si ante el más elemental sentido común no cobra matices de temeridad el simple hecho de oponerse frontalmente a semejante monstruo.

Pero así es la naturaleza humana, y siempre que haya tiranos habrá hombres y mujeres dignas que no se plegarán a ellos. Si la oposición cubana, a pesar de su estado de constante vulnerabilidad, de esta precariedad extrema de derechos, ha logrado durante tanto tiempo mantener semejante presión sobre su formidable contraparte, vale imaginar cuan auténtica, madura y acertada pudieran llegar a ser su propuesta futura una vez legalizada y sin los constantes alfilerazos y zancadillas de su eterno enemigo confeso. Es bajo esas circunstancias futuras que se desplegaría el verdadero potencial regenerador de este sector social. Esto lo saben los represores y a esto le temen, de no ser así ¿qué justificaría su temor y el constante derroche de recursos destinados a tales mecanismos de contención?

Por todo esto, negarse ahora a escuchar y tener en cuenta la posición de aquellos que han expuesto su pecho y sus huesos al calabozo y a las golpizas durante años o décadas, y decidieron a cuenta y riesgo no deponer su dignidad a pesar de todas las nefastas consecuencias que sabían de antemano tendría esto no sólo sobre ellos, sino también sobre el bienestar, la seguridad o la integridad física de sus familias, sería como otorgar un premio grande al régimen por la obra de toda una vida: sería recompensar con creces el execrable trabajo de cuanto oportunista, déspota o represor ha desfilado por el andamiaje político-paramilitar del tan aborrecido complejo Estado/Partido/Seguridad del Estado, que nos ha avasallado de manera tan constante y sistemática durante nuestro último medio siglo.

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Por su trascendencia reproduzco aquí el artículo publicado por SINC: Una biopsia de la piel serviría para diagnosticar de forma precoz y hasta el momento, impensable, enfermedades neurodegenerativas como el Alzhéimer y el Párkinson, según propone un trabajo llevado a cabo por científicos mexicanos.

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La investigación podría revolucionar el diagnóstico del Alzhéimer.

SINC, 24/febrero/2015: Una investigación del Hospital Central de San Luis Potosí, en México, podría revolucionar el diagnóstico del Alzhéimer, el Párkinson y otras enfermedades neurodegenerativas. A través de una biopsia de la piel se pueden detectar niveles anormalmente elevados de proteínas que son característicos de estas patologías. El estudio, dado a conocer hoy, será presentado el próximo mes de abril en la reunión anual de la American Academy of Neurology.

“Las enfermedades neurodegenerativas se caracterizan por presentar alteraciones en la estructura y la función de varias proteínas”, explica a Sinc Ildefonso Rodríguez Leyva, especialista que lidera la investigación. Al tener un origen común ya desde la formación del embrión, “las células de la piel y las neuronas deben expresar proteínas comunes”.

“De ahí partió nuestra hipótesis de que la característica patológica de la enfermedad de Alzheimer, los depósitos anormales de la proteína tau en las neuronas, se pudiera encontrar también en la piel”, señala. En el caso de la enfermedad de Parkinson, la alfa sinucleína es la proteína que se expresa de forma anormal en el tejido nervioso, tanto central como periférico.

El trabajo de varios años en torno a esta idea se materializó en un estudio que ha contado con la participación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y en el que se tomaron muestras de la piel de 20 personas con Alzhéimer, 16 con Párkinson y 17 con demencias causadas por otras enfermedades, además de 12 personas sanas que sirvieron como grupo de control.

Los resultados indicaron que tanto los pacientes diagnosticados con Alzhéimer como los de Párkinson tenían niveles siete veces más elevados de la proteína tau que los individuos sin estas enfermedades. Además, las personas con párkinson también tenían ocho veces más altos los niveles de alfa sinucleína.

Aunque los resultados parecen contundentes, aún no están corroborados. “Esperamos publicar nuestros resultados para darlos a conocer a la comunidad científica y que otros puedan reproducirlos”, señala Ildefonso Rodríguez Leyva. No obstante, su estudio tiene reservado un papel destacado en la 67ª Reunión Anual de la Academia Estadounidense de Neurología, que se celebrará en Washington entre el 18 y el 25 de abril.

 “Si otros investigadores reproducen nuestros hallazgos, este avance podría ayudar a un diagnóstico más temprano y oportuno de estas patologías”, comenta el experto, consciente de que detectar estas enfermedades en fases tempranas contribuye a mantener la calidad de vida de los pacientes durante mucho más tiempo. De hecho, aunque los síntomas sirven de referencia, en la actualidad el diagnóstico del Alzhéimer y del Párkinson solo se puede confirmar al 100% a través de una biopsia del cerebro.

Desde el punto de vista de la investigación, el estudio de las causas y mecanismos que explican las enfermedades neurodegenerativas también puede verse muy beneficiado si los resultados de la investigación realizada con pacientes de San Luis Potosí pueden ser confirmados por otros especialistas.

Los científicos mexicanos creen que se puede aplicar la misma técnica a otras patologías y ya trabajan en algunas como la demencia frontotemporal y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Aunque tau es el biomarcador característico del Alzhéimer, y la alfa sinucleína, del Párkinson, no son específicos. Hay otras dolencias neurodegenerativas que expresan la primera de estas proteínas, como la parálisis supranuclear progresiva; o la segunda, como la atrofia multisistémica.

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“Si quieres liberar a un país, dale Internet”. Wael Ghonim.

Por Jeovany Jimenez Vega.

Un vicepresidente que asegura que el país “…está comprometido con la informatización de la sociedad” pero que automáticamente la concibe bajo el liderazgo del Partido Comunista, y la ve como “…un arma fundamental para los revolucionarios para lograr la participación en el proyecto de sociedad que queremos”; que a la vez enfatiza que “…el derecho de todos a internet supone deberes con su uso adecuado y conforme a la ley, y supone también la responsabilidad de velar por la defensa del país y su integralidad”, y un viceministro de comunicaciones asegurando que junto al desarrollo económico de este sector debe correr paralelo el “…fortalecimiento político e ideológico de la sociedad”, son señales que no vaticinan nada diferente para nuestro futuro inmediato una vez clausurado el reciente Taller de Informática y Bioseguridad.

La advertencia solapada que implica la presencia en primera fila del coronel Alejandro Castro –tácito aspirante a heredero del trono familiar– y el silencio en todo cuanto al tema se refiere de su padre el Presidente Raúl Castro; la permanencia al frente del Ministerio de Comunicaciones del Comandante Ramiro Valdés –exministro del Interior por dos veces, toda una reliquia de lo más rancio del histórico stablishment cubano e implementador en máxima medida de sus actuales métodos represivos– unido todo a la recitación del mismo discurso refrito y a la reiterada desatención del Gobierno cubano a los últimos ofrecimientos de Compañías de Telecomunicaciones estadounidenses una vez relajados los controles del embargo, son elementos que nos inducen a pensar que de momento nada cambiará en Cuba con relación a la Internet, y que sólo estamos ante un capítulo más de este culebrón de demagogia y cinismo.

No puede percibirlo de otro modo el cubano de a pie, que vive bajo un gobierno que le ha cobrado hasta ahora una cuarta parte de su salario mensual básico por cada hora de Internet; para él todas las sentencias escuchadas en la clausura del citado taller continúan teniendo el aroma de los malos augurios, suenan a más de lo mismo, sobre todo si tenemos en cuenta que esta impúdica tarifa no se ofrece por un servicio de exquisita calidad, rápido y desde la comodidad de nuestros hogares, como podría presumirse, sino que se ha caracterizado por ser pésimo, sólo disponible desde las salas de navegación de las oficinas del dueto-monopolio ETECSA-SEGURIDAD DEL ESTADO y por lo tanto limitado a sus propios horarios, a 2 MB/seg. de velocidad, y usando máquinas cuya función de copiar-pegar fue restringida y que tienen muchas veces sus puertos USB deshabilitados, siendo espiados a cada tecla que se pulse, rastreados en cada sitio que se visite y con más de una página “molesta” bloqueada. En fin, nada que no se espere de un gobierno que creó recientemente todo un flamante Centro de Seguridad del Ciberespacio, presuntamente destinado a convertirse en el análogo virtual de la célebre Sección 21 de su policía política.

Mientras tanto, desde Guayaquil reprimo palabras obscenas cada vez que me detengo ante el cartel de un cyber que me invita a ¡tres horas de conexión a Internet por un dólar!, en un país cuyo salario promedio mensual ronda los $500.00 USD, un país también tercermundista, pero que ofrece señal Wi-Fi gratis en muchísimos lugares públicos incluidas estaciones de buses, ómnibus y centros gastronómicos y comerciales, donde las antenas parabólicas de recepción de Internet y TV satelital son elementos habituales del paisaje urbano hasta en los barrios más humildes. No podría ser más acusado el contraste entre esta realidad y la que vivimos los cubanos en Cuba.

Todo lo dicho hasta aquí me confirma cada día más en mi certeza de siempre: el control de la información será la última carta de la baraja que cederá la dictadura cubana. Nada habrá cambiado en Cuba mientras todos los cubanos no tengamos acceso pleno, incondicional y sin censura a Internet desde nuestros hogares. Esta es una verdad tan absoluta, y representaría un avance tan decisivo para la apertura real de la sociedad cubana, que únicamente para ese día creeré que habrá comenzado el cambio. Así de simple.

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Releo el clásico de Nicolás Maquiavelo e invito a mis amigos lectores a reflexionar sobre cuánta vigencia tiene aún este código (a)moral para los políticos demagogos de hoy. A pesar de que nuestra realidad más inmediata está plagada de elocuentes ejemplos, no es mi deseo levantar suspicacias: cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

El Príncipe: Capítulo XVIII

De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas

Nadie deja de comprender cuán digno de alabanza es el príncipe que cumple la palabra dada, que obra con rectitud y no con doblez; pero la experiencia nos demuestra, por lo que sucede en nuestros tiempos, que son precisamente los príncipes que han hecho menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas.

Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe debe saber entonces comportarse como bestia y como hombre. Esto es lo que los antiguos escritores enseñaron a los príncipes de un modo velado cuando dijeron que Aquiles y muchos otros de los príncipes antiguos fueron confiados al centauro Quirón para que los criara y educase. Lo cual significa que, como el preceptor es mitad bestia y mitad hombre, un príncipe debe saber emplear las cualidades de ambas naturalezas, y que una no puede durar mucho tiempo sin la otra.

De manera que, ya que se ve obligado a comportarse como bestia, conviene que el príncipe se transforma en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos. Los que sólo se sirven de las cualidades del león demuestran poca experiencia. Por lo tanto, un príncipe prudente no debe observar la fe jurada cuando semejante observancia vaya en contra de sus intereses y cuando hayan desaparecido las razones que le hicieron prometer. Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos, y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos. Nunca faltaron a un príncipe razones legitimas para disfrazar la inobservancia. Se podrían citar innumerables ejemplos modernos de tratados de paz y promesas vueltos inútiles por la infidelidad de los príncipes. Que el que mejor ha sabido ser zorro, ése ha triunfado. Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar.

No quiero callar uno de los ejemplos contemporáneos. Alejandro VI nunca hizo ni pensó en otra cosa que en engañar a los hombres, y siempre halló oportunidad para hacerlo. Jamás hubo hombre que prometiese con mis desparpajo ni que hiciera tantos juramentos sin cumplir ninguno; y, sin embargo, los engaños siempre le salieron a pedir de boca, porque conocía bien esta parte del mundo.

No es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas. Y hasta me atreveré a decir esto: que el tenerlas y practicarlas siempre es perjudicial, y el aparentar tenerlas, útil. Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y religioso, y asimismo serlo efectivamente; pero se debe estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera necesario. Y ha de tenerse presente que un príncipe, y sobre todo un príncipe nuevo, no puede observar todas las cosas gracias a las cuales los hombres son considerados buenos, porque, a menudo, para conservarse en el poder, se ve arrastrado a obrar contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión. Es preciso, pues, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal.

Por todo esto un príncipe debe tener muchísimo cuidado de que no le brote nunca de los labios algo que no esté empapado de las cinco virtudes citadas, y de que, al verlo y oírlo, parezca la clemencia, la fe, la rectitud y la religión mismas, sobre todo esta última. Pues los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, porque todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, mas pocos saben lo que eres; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que se escuda detrás de la majestad del Estado. Y en las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no hay apelación posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse. Un príncipe de estos tiempos, a quien no es oportuno nombrar, jamás predica otra cosa que concordia y buena fe; y es enemigo acérrimo de ambas, ya que, si las hubiese observado, habría perdido más de una vez la fama y las tierras.

CDI Venezuela

Por Jeovany Jimenez Vega.

Recién vi un inquietante video que circuló hace meses en la web con el título Médico cubano torturando a un bebé en Venezuela. En el mismo vemos a un galeno que realizaba un violento examen físico a un lactante pequeño, pero después el hipotético médico cubano, cuestionado en la red por mala praxis, resultó ser en realidad el pediatra zuliano Marcos Tulio Torres. En aquel momento el hecho encontró resonancia en varios sitios digitales cubanos y en varias televisoras de Miami, en una noticia tergiversada presuntamente para desacreditar a la Misión Médica cubana en Venezuela. Tratar de implicar a los médicos cubanos en este hecho fue un acto carente de ética o de una injustificable irresponsabilidad, que deja en entredicho la credibilidad de estos medios, pero también fue, ante todo, una garrafal pérdida de tiempo… y me explico.

Un simple análisis de esa Misión Médica en sí y de la percepción que de ella se tiene, tanto entre la mayoría de los médicos cubanos que en ella se enrolaron, como entre la mayoría de la población venezolana a que está destinada bastaría para llegar a esta elemental conclusión. Me cuentan algunos colegas amigos que de Venezuela regresan, que allá viven prácticamente en la indigencia, en medio de la más insultante insalubridad que pueda imaginarse, en locales mal iluminados y peor ventilados, que frecuentemente carecen de servicio de agua corriente –pudiera tratarse, por ejemplo, de lo que fuera un antiguo prostíbulo– generalmente hacinados, pudiendo llegar a compartir una habitación común entre media decena de colaboradores, con una cocina improvisada y usando un baño común, sin las más mínimas normas de privacidad o higiene, permanecen en estas condiciones durante dos o tres años.

Pero si causan estupor las condiciones en que residen estos trabajadores, sin embargo es en la gestión en que derivaron hace años los Centros de Diagnóstico Integral (CDI) –equivalentes venezolanos de los Policlínicos Comunitarios de la Atención Primaria de Salud cubanos– donde se devela en su real magnitud la farsa de estaCDI-Puerto-La-Cruz flamante Misión Oficial en Venezuela. Aquí estamos ante la más insultante arista del asunto: durante años, desde tiempos de Chávez, colegas nuestros han regresado contando cómo reiteradamente se vieron obligados a botar al retrete costosos medicamentos una vez caducados –incluidos antibióticos que costaban hasta $100.00 USD cada bulbo– porque sus jefes les exigían reportar su uso para sobrenotificar el número de ingresos, medicamentos que en su casi totalidad llegaban desde Cuba en momentos en que los mismos escaseaban o eran inexistentes en las salas abiertas y terapias cubanas. Aún continúa esta bochornosa práctica, pero con el agravante de que ya estos CDI han degenerado tanto en su función que, hoy por hoy, sólo pueden ofrecer un pálido efecto vitrina, pues son mucho más disfuncionales que sus pares de la isla: hoy los colegas que regresan aseguran que estos CDI apenas cuentan con el más precario stock de medicamentos de urgencia –pueden faltar con frecuencia la prednisona, el salbutamol, o el oxígeno, por ejemplo– a la usanza de los peores momentos del período especial cubano, por lo que apenas son visitados por la población. Para contrarrestar esta incorregible decadencia, la dirección de esta “digna” Misión Médica persiste en su vieja solución: se le exige a los médicos que se inventen ingresos fantasmas, que reporten pacientes que no existen para mantener las camas “llenas” sin un sólo ingreso físico real, política que intenta infructuosamente mantener esta megafarsa como válida ante los ojos de la opinión pública.

Sin embargo, a pesar del onanismo mental de ciertos utópicos de izquierda, la naturaleza y esencia de esta gran operación de lavado de dinero no escapa a la intuición del pueblo y de la oposición política venezolana, con toda la natural repulsa que esto lógicamente genera. Si a esto se le suma la grotesca explotación salarial a que se somete a todos estos profesionales cubanos, todo el chantaje que sufren, las humillaciones que reciben por parte de la dirección de esta misión y también de una buena parte de la población venezolana que mantiene hacia ellos una hostilidad más o menos confesa –pues no deja de verles como una parte pasiva, pero parte al fin, de este juego– comprenderemos por qué los ataques como este que motiva mi comentario inicial son superfluos frente a la evidencia de los hechos: es tan cruda y lastimosa esta realidad que no merita ser hiperbolizada.

Condénese la manipulación política de la profesión médica, condénese la mentira de los gobiernos demagogos, condénese el atropello contra los profesionales cubanos dentro y fuera de su país, condénese el despotismo de los tiranos, pero sepárese con prudencia el trigo de la paja y no se ponga en entredicho la ética de la Pediatría cubana mediante estos groseros insultos a la inteligencia.

 

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Es llamativa la notable polarización de criterios asumida entre la oposición cubana alrededor de las recién iniciadas negociaciones entre Cuba y EE.UU para normalizar sus relaciones diplomáticas y el potencial levantamiento del embargo –me refiero a las posiciones más difundidas a través de la web, que aunque no serán las únicas, sí son las más visibles. Entiéndase concretamente la posición del Foro por los Derechos y Libertades, que en forma de Hoja de Ruta se formula en torno al Proyecto Estado de Sats, dirigido por Antonio G. Rodiles, y la asumida por los activistas de Espacio Abierto de la Sociedad Civil, que propone lo que han dado en llamar sus Cuatro Puntos de Consenso.

Si ambas, con diferencias de matices, reflejan las exigencias más inmediatas de la sociedad civil disidente y la oposición cubana, cabría preguntarse ¿por qué asumen éstos posiciones tan divergentes cuando de levantar el embargo se trata? Semejante polarización se explica, a mi modo de ver –y esto sumado a la incuestionable trascendencia del asunto en sí– por la lógica inexcusable que subyace detrás de ambas posturas.

Preguntémonos: ¿Cuál es la lógica detrás de la posición del Foro? Muy simple: un gobierno totalitario como el cubano, que no ha demostrado jamás vocación por la tolerancia y no ha lanzado absolutamente ninguna señal de distención, sino que continúa reprimiendo con saña a opositores pacíficos, no se merece ningún gesto de distención por parte de la comunidad internacional. El precio de hacer concesiones en este momento sería nefasto pues sólo conseguiría perpetuar en el poder, durante varias décadas más, a los herederos de los tiranos históricos y conduciría a la mutación del esquema actual hacia uno de capitalismo monopolista de estado –evolución muy similar a la del caso ruso. Esta tendencia, si la he interpretado bien, no se opone al levantamiento del embargo tanto como a su levantamiento incondicional: propone que este trascendental paso sólo debe darse después de haber logrado, al menos, la ratificación e implementación de los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos, y los de Derechos Sociales y Culturales pendientes desde 2008.

Entonces ¿no es todo esto cierto y sumamente probable? ¿No apunta la lógica más elemental hacia esta posibilidad? ¿Desde cuándo los tiranos han hecho concesiones gratuitas, sobre todo en momentos de distensión política? Ahí está la Historia para demostrarlo: no fue otra cosa que la presión internacional sostenida durante lustros o décadas –unida en todos los casos, eso sí, a un formidable empuje de masivos movimientos opositores internos– lo que obligó a los regímenes de Chile, Polonia y Sudáfrica, por ejemplo, a deponer su poder. Entonces parece más que justificada, a la luz de este razonamiento, exigir concesiones a los dictadores cubanos a cambio de un replanteamiento de política que indudablemente les oxigenará a corto plazo, pero que sin dudas también lubricará su máquina represiva.

Ahora bien: ¿Cuál sería la lógica detrás de la posición de Espacio Abierto? Muy simple: uno de los factores de éxito del esquema de dominación implantado durante medio siglo por Fidel Castro fue su estricto inmovilismo, de ahí que cualquier pieza que se retire de tal maquinaria iría en detrimento de su eficacia; esto quiere decir que una vez restituidas las relaciones diplomáticas –y más aún si se levanta el embargo– siempre se producirá un nuevo escenario con inevitables fisuras del poder que la sociedad civil disidente podría potencialmente aprovechar para organizarse más, ganar en capacidad de convocatoria, e intentar remover, pieza a pieza, un poder que por otro lado no cede en su hermetismo.

Me pregunto: ¿no es válido también este razonamiento? ¿No es también esta una posibilidad inmediata? ¿No le complicará exponencialmente la existencia a los represores de La Habana el intercambio inevitable de viajeros –turistas y no turistas– que nos visitarán, aun en el caso de que sólo les moviera la mera curiosidad sobre la verdad detrás del muro? Y cuando se regresen ¿con cuál Cuba cargarán en su equipaje?; ¿cuál Cuba se perpetuará en sus fotos y videos: la que les engaña desde Granma Internacional o la Cuba que se desangra por las calles?  ¿Cómo quedarán ante la opinión pública los teóricos del “bloqueo” ahora que se verán obligados a negarse a aceptar las propuestas de miles de compañías norteamericanas –incluidas, por supuesto, las del sector de la informática y las telecomunicaciones– cuyo servicio iría contra el interés de su monopolio y de su enfermiza vocación de control? ¿Acaso no le plantea un reto mucho mayor al poder este inédito escenario que se avecina, que amenaza con sobrepasar su capacidad de contención de cara a una sociedad civil que estará cada vez más ávida de espacios nuevos?

No obstante, apostar con seguridad por una posible distensión de mecanismos de represión y censura puestos a punto a lo largo de cinco décadas, me parece demasiado aventurado. Si se concreta el levantamiento prácticamente incondicional del embargo como pretende Obama –al menos esa es la impresión pública dejada hasta ahora– los represores y censores del régimen tendrán las manos libres para elegir, a la carta, sólo aquellas posibilidades que se ajusten a sus propósitos y que puedan convertirse en nuevas herramientas de represión. Esta realidad explica por qué una buena parte de la oposición sostiene tan efusivamente que su desconfianza “…está fundada en 56 años de dictadura“.

Cabe destacarse que ninguna de las dos posiciones mencionadas al principio desestiman el inmediato golpe político que ya implicaría en sí privar al gobierno de los Castro de su pretexto de la plaza sitiada, pero sí defieren en el modo de interpretar la posterior conducta de los sicarios y testaferros del poder actual una vez levantado el embargo.

Vale, sin embargo, detenerse en algo muy llevado y traído en boca de la parte negociadora norteamericana: el pretendido empoderamiento del pueblo cubano. En este punto hay algo que el mundo –incluida la contraparte del norte– debe comprender: los recursos que entrarán en caso de levantamiento del embargo jamás serán administrados por las manos del pueblo cubano, sino por la misma casta de neoburgueses que se ha desentendido de sus necesidades durante más de 50 años, los verdaderos culpables de nuestra desgracia, los que llevan décadas defalcando el tesoro público de la nación. Debe quedar claro de una vez por todas: es totalmente impracticable un empoderamiento económico del pueblo cubano sin que le acompañe un proporcional empoderamiento en el plano político –esto es algo inaceptable para nuestros represores– y hasta el momento nada señala hacia la buena voluntad del gobierno de Raúl Castro en tal sentido. Precisamente a esto se refiere Antonio Rodiles cuando asegura que “…jamás será el cubano el responsable de su futuro si el régimen puede seguir violando los derechos fundamentales con total impunidad. Jamás el cubano podrá empoderarse si el régimen goza de fuentes económicas que le garanticen sostener y desarrollar su aparato represivo”.

No obstante, nada tendría de sorprendente que lo que se concrete durante los próximos años en Cuba sea una combinación impredecible de ambas posibilidades, y así ambos bandos llevarían la razón. Es poco probable que evolucione alguna de estas variantes sin que se precipiten consecuencias que conduzcan a la otra. Pueden perfectamente, de hecho, evolucionar de modo paralelo a corto y mediano plazo hasta fusionarse al final en esa otra Cuba incierta que nos espera en el horizonte.

De ahí que no haya que subestimar por un solo minuto la trascendencia histórica del momento: del resultado de las actuales negociaciones internacionales dependerá el rumbo de Cuba durante los próximos 20 o 30 años, por lo tanto, este es el instante inaplazable de arrancar a los déspotas cuantas concesiones podamos en beneficio de nuestras libertades. Este no es momento de desgastarnos en discusiones infecundas o rivalidades personales, que deslucen más que meritan nuestra marcha y son música para los oídos del enemigo común; siempre lastima ver inútiles polvaredas levantadas entre activistas cívicos que han dado, por otra parte, elocuentes testimonios de su vocación patriótica. Recordemos esto cubanos: lo que no logremos ahora unidos quedará pendiente por demasiado tiempo y ese es un lujo que la patria no se puede dar.

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Por Jeovany Jimenez Vega

Esta vez la alarma llega desde Cibercuba Noticias: “Médicos cubanos en Brasil reclaman ayuda de la prensa internacional para evitar separación de sus familias”. El documento en cuestión es una especie de proclama que se inicia esbozando la génesis del Programa “Mais Médicos”, continúa presentando a Cuba como un país “…defensor de los derechos humanos…” –así de limpio, sin entrecomillado– que dice “…luchar por igualdad social, e iguales derechos de los ciudadanos…”, para punto seguido reconocer que nuestros “…dirigentes y ministro en particular… sólo nos ven como un medio de producción…”. Continúa este documento comparando el status de los funcionarios de las misiones diplomáticas con el de los colaboradores de la salud y termina suplicando a los “buenos periodistas” que denuncien el hecho “…para que el mundo se entere de las atrocidades de nuestro gobierno”. A pesar de haber sido publicado bajo pseudónimo, Cibercuba Noticias asegura, paradójicamente, que al momento de ser recibido en su redacción el “…mensaje de emergencia…” estaba “firmado por cientos de profesionales”.

“Nos tratan como a una propiedad, no como trabajadores dignos que le hemos entregado más de nuestro tiempo al trabajo y a servirle al gobierno que a nuestros hijos y esposa o esposo”. Esta sola frase bastaría para resumir la psicología de algunos profesionales en estas misiones oficiales, y contiene a la vez una evidente e inconciliable contradicción: se insinúa de este modo que alguien puede ser “digno” al mismo tiempo que acepta con resignación absoluta la condición de “propiedad” y está dispuesto a regalar, servil, más tiempo a quien lo apuñala por la espalda que a sus propios hijos.

Por no proferir palabras hirientes capaces de ofender susceptibilidades entre mis colegas –pues semejante confesión me despierta criterios altamente ofensivos– a partir del siguiente punto y seguido abordo el tema desde una perspectiva absolutamente personal. Si algo me han enseñado mis primeras canas, es que de vez en cuando llegan a la vida de todos, inexorablemente, las horas de las definiciones. De vez en vez la vida se abre en dos caminos divergentes y usted podrá elegir uno de ellos para continuar, sólo uno, y una vez tomada la decisión usted habrá asumido una postura definitiva ante la vida, ya no habrá marcha atrás –no al menos hasta la próxima encrucijada. A veces no será cuestión de elegir, y el camino habrá que tomarlo a cara o cruz, pero esto sólo sucede muy pocas veces; en la mayoría de los casos contaremos con ese regalo de Dios: el libre albedrío, que nos permitirá elegir a conciencia nuestros derroteros. Pero eso sí, cada camino se asumirá con todos sus riesgos y consecuencias –la vida no gusta de andarse con gratuidades y siempre exigirá un precio personal, más o menos alto, a pagar: no habrá dignos caminos fáciles, ni auténticas victorias, sin correr los respectivos riesgos y haber asumido la responsabilidad ante cada consecuencia.

Desde el preciso instante en que a un médico en Cuba se le propone una misión de trabajo en el extranjero, éste conoce ya el carácter leonino de su “contrato”, también conoce de antemano la naturaleza despótica de la autoridad y sabe además que bajo tales circunstancias estará privado de todos sus derechos, y sometido a la constante amenaza de deportación a Cuba ante la menor seña de “insubordinación”. Sabe que se le explotará arteramente pues sólo se le pagará, con mucha suerte, una cuarta parte de lo pactado entre gobiernos a cambio de su talento personal y de una separación de su familia que durará varios años –esto último ha sido la invariable norma en prácticamente todas las misiones. Sabe que la mitad de este dinero quedará congelado en un banco de La Habana, en manos del gobierno cubano, y lo perderá en caso de dar por terminada, de forma unilateral, su relación de trabajo con la misión oficial –en este último caso nuestro gobierno le etiquetará como un desertor y le impedirá entrar a Cuba durante ocho largos años.

Este trabajador es consciente a priori de que lo asumido por él con este “contrato” implica una postura de sumisión absoluta, y a pesar de todo, haciendo uso de su libre albedrío, la elige, y cuando lo hace también acepta tácitamente ser aquella “propiedad”, aquel “medio de producción” barato, y en consecuencia será manejado como el objeto en que aceptó quedar convertido. Eligió entre el camino plagado de espinos que conduce a todo tipo de estrecheces –pero con el gran aliciente espiritual de sentirse libre y no servir a quien le avasalla– y aquel otro camino de disipación y algodonado de comodidades inmediatas –aun a sabiendas de que éste conduce a una subordinación absoluta a quien le explota y a una acusada renuncia a su libertad personal.

Más allá de la dudosa verosimilitud de un documento cuyo presunto autor se oculta en el anonimato –y que por lo mismo dudo mucho haya sido firmado por “cientos de trabajadores” con sus nombres íntegros y reconocibles– centro mi atención en la postura de resignación y sometimiento que asume la mayoría de estos profesionales, incapaces de responder con gestos viriles ante un gesto de evidente despotismo de un gobierno que no le respeta –pues aquí el ministro es sólo la marioneta visible y para nada cuenta. Toda iniciativa de estos trabajadores en Brasil o en cualquiera de las más de 60 misiones médicas oficiales cubanas, asumida bajo tales circunstancias, estará condenada a darse de bruces contra la indolencia de los déspotas: nunca serán tomados en cuenta pues, por un principio que se ha cumplido desde el inicio de los tiempos, no se pueden exigir derechos desde el sometimiento, no se puede exigir libertades desde posiciones de servidumbre. Es así de simple: nadie respetará a quien no sea capaz de respetarse a sí mismo.

Aquí esgrimirá el cobarde que no tuvo alternativas, y es en este punto donde diametralmente se equivoca: siempre tuvo alternativas más libres y dignas, sólo que esa libertad, como siempre, cuesta bien caro y hay que estar dispuesto a pagar por ella su merecido precio. Siempre pudo negarse a partir a esa misión –sobre todo sabiendo de antemano que le avasallan en Cuba con salarios onerosos precisamente para compulsarle a salir– pero prefirió hacerle el juego a quien lo explota y con esto cavar su propia tumba: prefirió una salida engañosa a corto plazo a su precariedad antes que asumir una actitud frontal y exigir en Cuba, en voz alta, sus derechos, pero esto le costaría dosis demasiado altas de sacrificios, carencias y frustraciones frente a un gobierno inmisericorde. Para su vergüenza, puesto ante el yugo y la estrella, el cobarde siempre elegirá la rica y ancha avena en lugar de abrazarse a la beldad que ilumina y mata.

Por supuesto, otro gallo cantaría si en lugar de ocultarse detrás de anonimatos se concertaran los criterios de los más valientes y se exigiera respeto por una vez mirando sin miedo a los ojos del opresor. Las libertades jamás nos caerán como maná del cielo si no estamos dispuestos a asumir todos los riesgos por su conquista. Más de una vez me he mordido la lengua por respeto, por no dirigir la artillería contra colegas que por otra parte aprecio y respeto, víctimas y no victimarios en esta lacerante dinámica de las misiones médicas oficiales cubanas; más de una vez me he abstenido de opinar ante alguien que parte apabullado por su pobreza –que por más parecida que sea a la mía, es su propia pobreza– y sobre todo porque cada cual tiene el soberano derecho de asumir su propia filosofía en la vida, pero defrauda e indigna escuchar sólo quejidos de resignación allí donde la dignidad humana sólo debió colocar en cada garganta, en lugar del lamento, un estridente grito de guerra.

Ver: Los móviles de los colaboradores cubanos: ¿idealismo o necesidad?

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Por Jeovany Jimenez Vega.

“Aquí yace un hombre que murió millones de veces”, debería grabarse a modo de epitafio sobre el mármol que lo cubra. Para entonces, algunos se sentirán abatidos, como si la tierra se les hundiera, mientras que otros, sin dudas, recibirán la noticia en medio de una telúrica alegría, pero absolutamente todos coincidirán en algo: ese día habrá dejado de existir el hombre más amado y más odiado durante los dos últimos siglos cubanos.

Pero Fidel Castro no habrá muerto ese día, porque ya antes, poco a poco, habría sufrido millones de muertes previas. Murió para algunos, por ejemplo, desde aquella primogénita mañana en que “no encontró” el camino del Moncada mientras otro grupo de hombres consecuentes se inmolaba en el asalto; y para otros murió cuando legalizó la pena de muerte a principios del 59, cada vez que los ecos de fusilería llegaban de La Cabaña, o tal vez unos meses después, cuando el mar se tragó en medio del misterio el sombrero de Camilo –dado oficialmente por muerto después de sólo tres días de dudosa “búsqueda”.

Pero más tarde miles de cubanos sepultaron a Fidel Castro cuando, después de haberlo negado muchas veces, anunció de repente, como de la nada, que era comunista –después incluso de haber acusado precisamente de eso, en juicio sumario, al “traidor” Hubert Matos– y declarara sin reparos el carácter socialista de una Revolución que no le pertenecía a él, sino a aquel pueblo que le escuchaba sorprendido.

Unos años más tarde moriría otra vez para otros miles cuando supieron de aquel día en que murió Guevara, abandonado por Manila, en la desolación del altiplano boliviano.

Seguramente para cientos de miles de cubanos Fidel Castro murió en definitiva aquel fatídico día de marzo del 68, cuando la “ofensiva revolucionaria” usurpara cada negocio familiar sin el más mínimo resarcimiento –acto de impune y vulgar despojo que cayó sobre aquellos traicionados a los que apenas tres lustros antes llamara “pueblo” en su autodefensa durante el juicio del Moncada.

También para millones de seres en el tercer mundo debió morir en el 79, cuando siendo Presidente del Movimiento de Países No Alineados, prefirió camaleónicamente callar mientras Afganistán, un estado miembro de aquella organización mundial, sufría la artera invasión de las tropas injerencistas del ejército soviético, el incondicional aliado del barbudo incorregible. O tal vez para esos millones ya habría muerto poco más de una década antes, cuando aplaudió la irrupción de esos mismos tanques soviéticos en Checoslovaquia para apagar los ardores de la Primavera de Praga.

Pero no todos sus decesos fueron tan grandilocuentes y trascendentales, porque Fidel Castro también sufrió muchísimas muertes cotidianas durante esas décadas oscuras: murió cada vez que un cubano fue humillado en la puerta de un hotel prohibido o de una de aquellas diplotiendas elitistas; cada vez que se separó una familia o que se perdió una vida en el mar por no existir modo legal para emigrar de su prisión; cada vez que se castigó la sinceridad y se preconizó, bajo su égida personal, la hipocresía y la doblez; cada vez que se apaleó a algún cubano indefenso que intentaba ejercer los derechos prohibidos, cada vez que se perpetraba un mitin de repudio; moría cada vez que se aprisionaba a un padre o se secuestraba el futuro a alguno de sus hijos; el gran dictador también murió ante cada sueño truncado y ante cada plato vacío.

No obstante, es seguro que cuando se anuncie finalmente la muerte de Fidel Castro –la de sus despojos físicos, quiero decir– la noticia ocupará titulares en los cuatro puntos cardinales. Entonces cada consejo editorial o columnista debería tomarse su tiempo de reflexión, porque más allá de todo el amor o el odio que generara el sempiterno barbudo, se impone que aprendamos de una vez por todas la lección para que ningún otro pueblo, jamás, bajo absolutamente ninguna circunstancia o latitud, vuelva a depositar un poder semejante en manos de un solo hombre, por más bella, justa o sublime que parezca ser la causa que propone.

Pero cuando sufrirá Fidel Castro su definitiva muerte será ese día inevitable en que Cuba amanezca bajo el sol de la verdad, y se destape con su luz la caja de Pandora: sólo para entonces podremos conocer la magnitud exacta de su megalomanía, repasar su verdadero rostro, la mascarada oculta bajo tantas décadas de retórica ficticia, de culto desmedido a una personalidad con hábitos enfermizos y generadora de una caracteropatía que se extrapoló al funcionamiento de toda una sociedad por más de medio siglo. Aquel que soñó con pasar por genio no dejó tras su paso infecundo más que un país en la más absurda ruina económica y –lo cual es muchísimo más grave aún– hundido en un abismo de ruinas morales, y si el evangelio asegura que “por sus frutos los conocerás”, entonces para ese día, en que ya sí morirá definitivamente, mi pueblo calibrará por fin en todo su alcance su traición y su proverbial demagogia.

Precisamente en estos días que se pacta a su alrededor un ridículo mutismo ante hechos de indiscutible trascendencia, cuando muchos bromean con la idea de su muerte o su tácitamente aceptada decrepitud, elevo yo al cielo mi plegaria: deseo que Dios le ofrezca muchos años más de vida, los suficientes para que cualquier día de nuestro futuro cercano también le conceda, de vez en cuando, en medio de su merecida niebla mental, alguna que otra laguna de absoluta lucidez; le suplicaría por esos días, o minutos, de lucidez total para el tirano, pero eso sí, que le basten al que tanto nos dañó para percibir diáfanamente cómo mi país y mi pueblo se levantaron de las ruinas apenas ellos se apartaron; cómo todo tiempo futuro fue ciertamente mejor una vez emancipada la patria de su despotismo. Esos pocos días de lucidez le pediría a Dios antes que devuelva al polvo lo que polvo fue, para que luego le hunda nuevamente en las tinieblas donde chochará sin gloria rumiando su definitiva derrota. Entonces sí partiría Fidel Castro a la eternidad de miserias que merece, como un tenue y penoso recuerdo… y no precisamente absuelto por la Historia.

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