“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para abril, 2015

A Sucelys, para renacer mañana.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen/ Lucas 23:34

Escribo sin saber si llegará a leer estas palabras, o si las entendería, porque en la vida hay asuntos que nos toman un minuto o quizás una hora comprender, pero otros nos tomarán un año, y habrá sin duda algunos tan profundos que nos tomarán toda la vida. Cada vez que reviso el video en el cual le grita a aquel periodista en Panamá, en medio de la chusma, que pagó un pasaje aéreo con su salario de miseria, no deja de asombrarme. ¿Cómo pudo mentir así cuando hasta un niño sabe que eso es imposible, que todo ese gasto corrió por parte del Gobierno cubano? ¿Podría explicar cómo dejar de vestirse y calzarse, cómo dejar de comer durante varios años sin morir, y ahorrar íntegramente el salario que le paga su “revolución” para viajar por ese par de días a la cumbre, sólo para dar cuatro gritos junto a otros cien activistas de la “sociedad civil” oficial que se supone hicieron similar “sacrificio”?

Su mirada perdida en Panamá produce más que pena, tristeza; no hay convicción detrás de aquellos gritos, sólo enajenación y fanatismo. Sin embargo, sí fue honesta cuando aseguró que el pueblo cubano pagó sus gastos en la cumbre. Quizás debió ser más cauta, pues hablaba sobre algo muy lacerante: esa Brigada de Respuesta Rápida que envió Raúl Castro a gritar a Panamá –pues nada más hicieron– financió su viaje con el dinero dejado de pagar a mis colegas médicos y enfermeras, a los maestros de mis hijos y a los cientos de miles de jubilados cubanos que sobreviven con ocho dólares mensuales. Ese dinero pudo utilizarse para restaurar una Habana a punto de derrumbe, para reparar miles de baches, mejorar el lamentable estado de la red de abasto de agua o nuestro pésimo transporte público, males que persisten después de décadas de un des-gobierno que derrocha el tesoro de la nación en asqueantes lobbys politiqueros como el que boicoteó con su fanfarronada egocéntrica el foro en Panamá.

Pero en el fondo la comprendo. Como ella hoy, yo también aposté un día por la Revolución –desde una fe pura aposté por la mía, la interior, la que nunca entrecomillo– cuando todas las trompetas parecían anunciar nuestro apocalipsis bajo los nubarrones del 94; entonces se llenó de incertidumbres el futuro, igual que se llenaron las extensas aguas del estrecho de balseros vivos y recuerdos muertos. A mis 23 años, vividos bajo la égida del absolutismo y el culto megalomaniaco al “gran hermano” iconoclasta, yo también fui un ferviente militante de su UJC, y no quise, no supe o no pude –tal vez nunca lo sabré con certeza– asumir otra postura, y mientras esto sucedía Sucelys aun peinaba sus últimas muñecas, pero no había nacido aun en el 80, cuando unos cubanos tan enajenados como ella dejaron de ver a otros cubanos como hermanos y lanzaron exactamente las mismas ofensas que ella recicló hoy en Panamá, iniciando esta era de vergüenza que todavía nos persigue.

Pero un buen día mi razón regraduó sus anteojos, comprendí de a poco mi terrible error de desenfoque y aquel tirano, antes irreprochable, se me hizo cada día más pequeño y regresó ante mi vista a su natural condición de cucaracha. Amanecí un buen día cuestionándomelo todo y cuando encontré las respuestas ya no hubo marcha atrás: me desconecté definitivamente de esa matrix y cuestioné todos mis conceptos, pulverizando unos y reafirmando otros, pero renaciendo del proceso, desde una posición de libertad personal, definitivamente más tolerante y más en paz conmigo mismo.

Como la Historia suele repetirse en forma de farsa, doy gracias a Dios por no haberme colocado entonces en el papel más triste de la escena, por haberme resguardado sabiamente de ejecutar este triste bocadillo de sicario. No sé si ella algún día será también capaz de renacer, pero no dejan de darme tristeza sus ojos de muchacha transidos por el odio, sus manos hechas para ser madre o amiga dibujando en el aire los signos de la guerra y gritando las mentiras que otros más oscuros y siniestros pusieron en su boca de hija, de hermana o de amante.

Decía un buen cubano que en una dictadura todos somos víctimas –incluido el tirano, principal torturado por su propio miedo– y casi siempre son los más sometidos quienes menos se percatan de su vasallaje. Sucelys, toda una flamante psicóloga, debe saber que tras esta verdad se oculta la clave de la enajenación del hombre, de su disolución en la masa hasta quedar reducido a esa materia amorfa y maleable afín a los caprichos del tirano. El Foro Social convocado a la VII Cumbre de la OEA debió servir al menos para que las sociedades civiles de América extrajeran una clara lección: esto es lo que sucede cuando una dictadura asume los designios de toda una nación y enajena a generaciones enteras.

En Panamá todos fueron testigos de la transformación del hombre en bestia, en ser irracional, repetitivo autómata de gritos y consignas vacías pero incapaz de intercambiar en voz baja argumentos coherentes. Valga esta prueba más de que el sueño de la razón engendra monstruos. Por eso hoy busco dejar el ungüento del perdón y la concordia sobre la llaga que dejara en Panamá esta vergüenza ajena, porque la patria siempre necesita más de puentes que de muros, y el día llegará en que sane del rencor la mirada de Sucelys. Sueño con que ese día sea tan bello y purificador que los sicarios de hoy también formen, gracias al milagro de la redención, parte de la auténtica sociedad cívica de mañana; este mensaje esperará, como botella lanzada al mar, para ser leído cuando el renacimiento suceda.

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Ver: Cubanos y punto.

Elecciones en Cuba: la farsa de nunca acabar.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Cuando hoy domingo, 19 de abril de 2015, cierre la última mesa electoral en Cuba nada trascendente sucederá. A pesar de las estadísticas manipuladas por Granma y sus libelos sobre un electorado que presuntamente habría acudido a votar libre y masivamente para dar su “apoyo absoluto” a la revolución, ya a estas alturas ese cuento de nunca acabar engañará a muy pocos. Irregularidades en la gestión de las mesas electorales, boletas de votación que sólo podrán ser marcadas ¡con lápiz! para luego ser adulteradas y evitar así las estadísticas incómodas; comisiones de candidatura controladas por el único partido legal en Cuba, el comunista, que eligen a dedo a cada presidente de asamblea desde el nivel municipal hasta el Consejo de Estado, asambleas todas que desde San Antonio a Maisí nada decidirán al margen de las políticas aprobadas por el partido dictatorial único y nada le cuestionarán, sino que durante toda su legislatura se limitarán a aprobar por unanimidad cada “orientación” emanada del Olimpo.

El pueblo de Cuba sabe sobradamente que de esta farsa nada nuevo podrá esperar, que este esquema está agotado y nunca deparará caminos nuevos, que sólo será más de lo mismo, por eso no haré llover sobre mojado, sino que hoy reflexiono sobre un detalle que trascendió hace semanas en varios sitios digitales: en un hecho prácticamente sin precedentes dos opositores habaneros lograron ser nominados como candidatos para delegados del Poder Popular por sus respectivas circunscripciones, algo casi insólito en la Cuba de hoy. Sin embargo Hildelbrando Chaviano, del municipio Plaza de la Revolución, y Yuniel López O´Farrill, del municipio Arroyo Naranjo, hubieron de resignarse a que en sus biografías publicadas al efecto se les tildara de “contrarrevolucionarios”, de formar parte de lo que la nomenclatura oficial llama “grupúsculos”, entre otras frases despectivas, evidentes calumnias y acusaciones tendenciosas.

Pero más allá de ser cierto que estos candidatos en efecto se opongan abiertamente a ese concepto de “revolución” sostenido por los demagogos en jefe del Partido Comunista de Cuba, me pregunto: ¿y sobre el resto de los candidatos qué? ¿Acaso no deberían ser publicadas en el resto de las biografías, por ejemplo, que tal candidato, a pesar de ser un “honorable” militante comunista, se ocupa también de malversar cada día más los recursos de la empresa que dirige? ¿O que aquel otro, ferviente miembro de una Brigada de Respuesta Rápida y participante en múltiples actos de repudio en “defensa de la revolución”, ha sido expulsado de varios trabajos por robo continuado? ¿O que este, siempre entusiasta en cuanto desfile del primero de mayo se haya organizado, sin embargo también se las apaña para defalcar cuanto almacén estatal le cae bajo las garras? ¿O que aquella consagrada federada no vive de su salario, sino gracias al natural talento que su hija prostituta ha desplegado en un chupa chupa, algo que ella conoce perfectamente y aprueba? ¿O que este viejo cederista, tan combativo al delatar a cuanto paisano entre en su universo visual, sin embargo tolere que se venda tabaco de contrabando en su propia casa? ¿O acaso que tal veterano de la gloriosa Asociación de Combatientes no vive de la absurda jubilación que le “garantiza” su “revolución” sino de remesas llegadas desde el norte revuelto y brutal que le desprecia? ¿O que esta otra funcionaria del partido provincial vive a ritmo de millonaria gracias a la desvergüenza de su esposo, uno de los miles de ladrones legalizados por la Aduana General en el aeropuerto de La Habana?

La lista de dobleces morales y podredumbres a enumerar haría interminable la biografía de buena parte de los actuales candidatos, y más putrefactas aún serían en la medida que ascendiéramos desde el municipio hasta el nivel de país. La publicación de estas biografías plagadas de informaciones sesgadas y mórbidamente parcializadas –específicamente en este contexto en el cual persiguen disuadir a potenciales votantes– bien merecería una acción legal por parte de una autoridad electoral que se respete, e incluso de la Fiscalía, pero eso sólo sería posible en caso de vivir bajo un Estado de Derecho y nunca en la Cuba totalitaria de hoy.

De cualquier modo, si de competir bajo igualdad de condiciones por el voto del electorado se tratara, según lo establecido por la ley, sería muy sano revolver los trapos sucios y la mierda de todos por igual –y no digo con esto que la militancia o el civismo de Hildelbrando y de Yuniel lo sean. Si esto sucediera, aseguro que el hedor llegaría muy alto y muy lejos en un país donde medio siglo de leyes absurdas y limbos legales no han dejado apenas lugar para la honestidad y la prosperidad del individuo al amparo de la legalidad. Tengamos la absoluta certeza: hoy en Cuba “votarán” millones de hipócritas y delincuentes.

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El guión de la comparsa en Panamá.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Los títeres que en Panamá acaban de amenazar públicamente a la representación de la única sociedad civil cubana auténtica que visita la VII Cumbre de la OEA –no la que propone la delegación oficial y cuyos programas y salarios en la isla, así como sus gastos y pasajes a la cumbre corren por la cuenta del Gobierno cubano– o sea aquella que partió desde Cuba y su exilio contra todos los obstáculos y presiones del gobierno dictatorial, deberían saber de antemano que pierden miserablemente su tiempo si con esto persiguen disuadirle de asistir a los foros alternativos convocados paralelamente al evento de los jefes de estado.

Aprendices advenedizos panameños organizados, orientados, financiados y convocados sin dudas para la ocasión por el gobierno y la Seguridad del Estado cubanos, parecieran desconocer que están frente a la parte del pueblo cubano que optó a cuenta y riesgo por ejercer sus derechos sin medir las consecuencias, la que ya está curada de espanto y a golpe de represión dejó de temer en absoluto a la violencia política porque ha convivido con ella, bajo la siniestra sombra de sicarios expertos en el tema e invariablemente sin el amparo de la cobertura mediática que seguramente tendrá este evento por motivos obvios.

Es muy fácil para las organizaciones panameñas que rubrican el ofensivo documento vociferar esta postura de esbirros desde una sociedad pluripartidista –aún con todas las imperfecciones que esto implica– desde la que utilizan los resortes propios de la democracia para publicitar legalmente sus posiciones, algo que en Cuba sigue siendo una lejana utopía. Me refiero a esa libertad de prensa que pueden utilizar si lo desean para injuriar a una sociedad civil cuyas interioridades desconocen; me refiero a esa sabrosona libertad de asociación que les garantiza sus respectivos status legales, y a esa división de poderes que evita que jaurías como esas que ahora les azuzan a ellos mismos desde la Plaza de la Revolución habanera se les lancen encima por ejercer derechos que en Cuba no se respetan ni en sueños.

Es precisamente esta, entre otras, la causa de nuestra ruina: por eso no se reparan nuestros célebres baches y continúan derrumbándose edificios en La Habana, por malgastar toda esa millonada en fomentar, crear y mantener ese gigantesco lobby propagandístico a lo largo y ancho de los cinco continentes, esos cientos de comités de solidaridad con Cuba en decenas de países, fundados hasta en los rincones más inauditos del planeta, en la mayoría de los cuales el 99% de los nativos no sabría si escribir el nombre de la antilla con C o con K, si con B o con V y no sabrían señalarla sobre un mapa con el dedo.

La presencia en Panamá de estos activistas cívicos provoca escozor en los calzones verdeolivos porque va contra preceptos absolutistas que siguen buscando el modo de amputarnos todos los derechos posibles. Pero después de todo es bueno que allá arremetan los perros contra los activistas pacíficos; eso confirmará ante el mundo el modo en que el Gobierno cubano insiste en dirimir las diferencias y será un testimonio palpable que dirá más que miles de palabras. Sirva la última golpiza al estilo del Mariel como elocuentísimo ejemplo de que bajo la égida de Raúl Castro sigue reinando la barbarie, hoy desde un parque aledaño al consulado cubano en Panamá, o haciendo papelazos interrumpiendo el comienzo de un foro cívico ante la presencia de un presidente, pero en esencia nada diferente a lo que sucede en la isla cada vez que alguien se arriesga a ejercer un derecho prohibido. Lo que en Cuba por cotidiano quizás deje de ser noticia quizás ahora, en el contexto de la cita panameña, sea más trascendente e ilustrativo del drama que vivimos en la isla tierra adentro.

CCFHCN3UEAAtwWpYa lo reza el proverbio: a tal palo tal astilla. Esa coincidencia perfecta entre los guiones de los mítines de repudio organizados en Cuba por el Partido Comunista y la Seguridad del Estado y las manifestaciones de intolerancia exhibidas por la dizque “sociedad civil” oficialista cubana, con todas sus histerias, consignas estúpidas y perretas egocéntricas, desmienten absolutamente su pretendida autonomía en cuanto a propósitos y proyecciones sociales: más bien esto puso en completa evidencia que estas organizaciones funcionan como tapaderas, como poleas de transmisión diseñadas para ejecutar en el terreno los trabajos sucios del Partido Comunista y la policía política. No lo dudemos: si no fuera por lo obvio el mismísimo Raúl Castro se hubiera personado en las griterías de sus payasos. Pero una aleccionadora advertencia del presidente panameño y para vergüenza de la delegación oficial cubana –si la tuviera, por supuesto– puso las cosas en su sitio y debe haberles quedado claro que Panamá no es el malecón ni 23 y 12, que la próxima comparsa que se monten la resolverá la policía por las malas y se pondrá a los agitadores de patitas en La Habana.

Es precisamente eso lo que ha ido a denunciar al foro la oposición y la sociedad civil cubana real: la violencia como medio y como fin en sí, la incurable intolerancia que todo lo demarca en blanco y negro sin matizar los grises, el despotismo que frena en seco cualquier intento de diálogo, la demagogia del discurso y la falsa “voluntad” de cambio de esos camaleones oportunistas. Los insultos y golpes que responderán a las propuestas de consenso serán la prueba más palpable del agotamiento de un régimen que hace mucho tiempo se quedó sin argumentos y que tiene ya bien pasada su fecha de caducidad. Sólo espero que esa sociedad civil auténtica encuentre la sabiduría necesaria para distanciarse de esa vulgaridad, se eleve sin distraerse en ella –porque ese es su evidente propósito– y no se detenga en la simple denuncia, sino que demuestre que en su seno hay planes de futuro para una nación sufrida, pero llena de potencialidades desestimadas por la indolencia y la soberbia de sus gobernantes.

Pero a pesar de todo en la cumbre de Panamá, como la atracción del momento, prácticamente a metros de las trifulcas tendremos a Raúl Castro sonriendo ante las cámaras mientras extiende la mano a Obama y le perjura a todos que su gobierno es una democracia cada vez más perfecta, a su modo de entenderla, claro está, y que Cuba avanza sin prisa, pero sin pausa, hacia su luminoso futuro socialista, aunque sea esto, por supuesto, también a su divino y exclusivo modo de entenderlo.

Ver: Reflexión sobre la autenticidad de la oposición cubana.

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Escrutinio de la última cruzada del MINSAP.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Han hablado los dioses del Olimpo. Nosotros, las despreciables criaturas, no podemos, ante sus ojos, más que obedecer y resignarnos a cumplir con lo dispuesto por su divinidad. Intentaré traducir al idioma de los mortales las ultrajantes medidas coercitivas dictadas por el Gobierno cubano, Ministro de Salud Pública mediante, para intentar frenar el actual éxodo de profesionales del sector. En el mismo orden en que fueron formuladas, se leerían más o menos así:

4. Detener el incremento de las contrataciones individuales en Angola: Como el país africano está en deuda eterna con la antilla desde la guerra de los 80, se desprende tácitamente que está obligado a cumplir con todo cuanto en La Habana se ordene. Dicho de otro modo: cubanos en Angola como carne de cañón, sí; cubanos en Angola a trabajar honradamente, sin ser explotados por el Gobierno cubano, jamás.

5. Retirar el pasaporte oficial a todos los colaboradores a su arribo al aeropuerto: Aquí tenemos al Ministerio de Salud Pública disponiendo medidas que, al margen de su ilegalidad evidente, en realidad no le competerían sino a la Dirección de Inmigración del Ministerio del Interior en las aduanas cubanas. Esto por si alguien dudaba aún que en este paisito todo converge en un poder único, centralizado y despótico, que no tiene el menor reparo en tratarnos a todos, sin distinción, como vulgares delincuentes.

6. Promover convenios con las clínicas privadas: Aquí tenemos a ese engendro promotor de la esclavitud, la Comercializadora de Servicios Médicos y de Salud, intentando llevar sus tentáculos de control hasta cada clínica privada en cuanto país haya un médico cubano que haya decidido emanciparse de sus redes. Esto denota hasta qué punto es delirante y enfermiza la obsesión por obstaculizar el triunfo personal de nuestros profesionales.

7. Revisar los convenios interministeriales para no permitir la libre contratación: Esta propuesta, que los jerarcas de La Habana aspiran a instituir en medio mundo, comprometiendo tanto a instituciones públicas como privadas, no es más que un reflejo subconsciente de lo que siempre han sido las misiones médicas cubanas: un lucrativo método de chantaje emocional. O sea que si te abastezco de médicos a precio de baratija, dispuestos a entrar a esas temidas favelas prohibidas incluso para la policía, y expuestos a peligros que jamás asumirían tus propios médicos, estás en la obligación de obedecer cuando “renegocie” contigo los términos del convenio.

8. Reflejar explícitamente el compromiso de no contratación individual en el convenio individual con el colaborador: Esto en realidad no es nada nuevo. Hasta ahora siempre ha sido un principio inflexible no permitir las contrataciones individuales, y no sólo eso, sino incluso algo tan simple como que en el extranjero el colaborador simplemente conversara con algún opositor al “régimen amigo”, o sospechoso de serlo. A este colaborador no se le permitió nunca tener libertad de movimiento, por eso se le prohibió toda salida, por más cercano y banal que fuera su destino, como ir de compras, por ejemplo, sin el consentimiento de sus jefes –entiéndase los sicarios políticos, omnipotentes y plenipotenciarios, colocados allí por la Seguridad del Estado cubana.

10. Inhabilitar en el ejercicio de la profesión a los que osaron desobedecer al César: Nada que los profesionales que trabajan hoy en el extranjero, por salarios bastante más decorosos que los que recibieran en Cuba –e incluso en las misiones médicas oficiales– no estén dispuestos a usar como papel higiénico. Ridículo plantear que son únicamente 211 los casos que a lo largo de todo el país decidieron trabajar fuera de Cuba “…sin estar autorizados”, cuando en realidad deben contarse por miles.

12. Considerar una indisciplina grave no cumplir con el término de aviso previo para dar por concluida la relación laboral: En esto sí llevan una parte de razón, pues el sentido común dicta que se debe avisar a tiempo sobre cualquier decisión de abandonar determinada plaza para que se busque oportunamente un sustituto. Pero entonces cabría la pregunta ¿por qué miles de profesionales se reusaron a cumplir con algo tan elemental? ¿Será que somos tan irresponsables los médicos cubanos? ¿O acaso será que terminamos por no confiar en absoluto en la “buena voluntad” de nuestros dirigentes, luego de estar sometidos durante tantas décadas a todo tipo de arbitrariedades, abusos y despotismos, y de no haber sido tenidas en cuenta nuestras necesidades más básicas? ¿O no son estas mismas autoridades ministeriales y de gobierno las que durante más de una década aplicaron aquella inaudita política que nos obligaba a esperar durante más de 5 años, si deseábamos viajar al extranjero, en espera de la “liberación” de nuestro ministro? En fin ¿no será que estas autoridades no tienen ya la más mínima credibilidad ante los ojos de sus trabajadores? Aquí evoco la vieja sentencia del abuelo Liborio: cuando hay desquite no hay agravios.

13. Promover expedientes de inhabilitación a los trabajadores que violen los procedimientos para la salida del país: Nada que los profesionales que tomen la decisión personal irrevocable de trabajar temporal o definitivamente en el extranjero, por salarios bastante más decorosos que los que reciben en Cuba –e incluso en las misiones médicas oficiales– no estén dispuestos a usar como papel higiénico.

14. Reubicar en plazas de menor categoría –nunca en su plaza originalmente ocupada– a aquellos que regresen a Cuba después de trabajar en el extranjero por contratación individual: El castigo, no como fin reivindicador, sino como un principio primordial, inviolable, como el signo cardinal que nunca falta en la mente de los déspotas. Este acápite denota que aquellos que hoy exportan como auténticas sus ínfulas de “cambio” y sus edulcoradas “reformas” continúan siendo los mismos miserables de siempre.

16 y 17. Organizar, en conjunto con el MINREX, reuniones con los embajadores pertinentes en La Habana, así como orientar a los jefes de brigada y embajadores cubanos en sus respectivos países para desestimular la contratación individual: Asoman otra vez los largos tentáculos de la mafia política de La Habana. Aquí tenemos el hecho inverosímil: el Gobierno cubano, a través de su Ministerio de Salud Pública, en posición abiertamente injerencista dictando medidas hacia el interior de esos países, intentando decidir sobre sus políticas sanitarias. ¡Menos mal que es el malvado imperialismo yanqui el que interfiere en la política interna de otros países, y que existe la inmaculada revolución cubana, por suerte, para impedirlo! ¿Qué fuera de esos pobres pueblos sin esta revolución más grande que nosotros mismos?

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