“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para mayo, 2016

Martí, dile al tirano…

01-copiaComentario de Carmen Zampallo en el foro del artículo “Martí y su mito”, de José Gabriel Barrenechea, publicado en 14yMedio el 17 de mayo de 2015. Gracias Carmen, donde quiera que estés.

¿Dónde estás Martí? ¿En qué te han convertido? En tu nombre se creó la tiranía, campos de tortura y trabajo forzadamente impago. Sí Martí, vivimos una dictadura, celdas y golpizas que nunca imaginaste. Martí, el tirano de ropas verdes te erigió ídolo y hoy nos asesina Martí, y nadie escucha. ¿La crueldad por la crueldad de un discípulo? Nadie como él para odiar al pueblo cubano y, Martí, se dice que el tiranosaurio reposará a tu lado. No lo creo Martí pues nunca te ha dejado descansar en paz. Más, por fortuna estaría eternamente al alcance de tu puño y de tu pie. Aunque la temperatura de su tumba sea infernal treinta oficinas de derechos humanos se erigirán después de su quinta cremación consecutiva. Martí, dile allí al tiranosaurio que yo soy Hubert Matos, Eloy Gutiérrez, Reinaldo Arenas, Ricardo Bofill, Pedro Luis Boitel, Payá, y tantos prisioneros políticos, y fusilados y asesinados. Soy un médico esclavo, una familia dividida; somos comandantes, guerrilleros comunistas y otros no comunistas por él traicionados. Soy su hermana rebelde, soy un negocio y un derecho arrebatado. Soy bailarín, soy deportista y pintor censurado. Soy un gay, un religioso concentrado en la UMAP, soy un balsero bajo el mar. Soy exiliado atrapado en Ecuador o en México y soy un piloto derribado al norte de La Habana. Soy una madre que ha visto partir a todos los muertos. Ajustaremos cuentas y cuidaremos en el más allá de que nadie así regrese jamás a esta tierra bella. Se acabó su tiempo, se acabó y los vivos desharemos esa máxima creación, ese hemático subastado satélite improductivo caribeño. Martí, ojalá reescribas y publiques los textos ocultos con tu opinión sobre el socialismo naciente. Fueron borradas de tu obra. Ojalá lo consigas… ojalá no te golpeen.

Anuncios

VII Congreso del PCC: el olmo que no dio peras.

Cuba-dictadura_LPRIMA20160114_0081_31

Por Jeovany Jimenez Vega.

Con un mamotreto muy difícil de digerir inició Raúl Castro el recién concluido VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Su discurso, de miles de palabras, es una perorata que repite al carbón la misma retórica de siempre y vuelve, como si medio siglo no bastase, a machacar sobre los mismos clavos. Muy pocos ilusos esperaban sinceramente algo diferente, pero los nuevos aires que se anunciaban desde la reanudación de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos hacían lógicamente presagiar, si no espectaculares timonazos, sí al menos un nuevo planteamiento táctico que aflojara los pernos de la economía doméstica.

Aunque si algo han demostrado consumadamente los Castro es que no gustan de los cambios. Para decepción de unos y confirmación de otros la cabra tiró para el monte y no hubo sorpresas: la vieja crápula optó nuevamente por el más absurdo inmovilismo y la sempiterna fórmula del fracaso, pero lo cierto es que para la mayoría de los cubanos la paradigmática frase del General, “sin prisa, pero sin pausa”, ya perdió definitivamente la gracia después de un quinquenio de interminables postergaciones.

Ni siquiera se sonrojó el Primer Secretario al reconocer que después de cinco años de gestión su partido dejó sin instrumentar en la práctica más de tres cuartas partes de los lineamientos anteriores –sin contar que los restantes en su mayoría han sido instrumentados sólo parcialmente– lo cual quiere decir que aquellos solemnes acuerdos fueron prácticamente suscritos en papel higiénico y usados con el mismo fin que es usado el periódico Granma por casi todos los cubanos.

Un momento de oro se produce cuando el dictador insinúa que “…Es preciso asegurar más explicación al pueblo…”, y cabe preguntarse: ¿desde cuándo el partido comunista tiene en cuenta el criterio del pueblo? ¿Acaso aplaudió el pueblo aquel aumento masivo de precios del 30% a la mercancía de las Tiendas Recaudadoras de Divisas en 2004? ¿Fue consultado acaso para mantener los precios más altos del mundo si se les contrasta con sus salarios miserables? ¿Cuándo se le preguntó al pueblo para establecer el gravamen del dólar frente al CUC, en detrimento de las remesas familiares? ¿Fue consultado el pueblo para que en las aduanas cubanas se le imponga entre el 100 y el 300% de arancel a toda mercancía importada aún sin carácter comercial? ¿Fueron consultados nuestros obreros, técnicos y profesionales sobre esa leonina ley que les prohíbe firmar su contrato de trabajo y recibir su salario directamente del empleador extranjero, en lugar de hacerlo con la obligatoria intermediación de una agencia empleadora del Gobierno cubano que le roba entre el 70 y el 90% de su salario?

¿Acaso el General nos tomará por comemierdas? ¿De veras el Partido Comunista pretende hacernos creer que los colaboradores de mi sector aplauden que la Contratadora de Servicios Médicos les robe impúdicamente el 70% del salario pactado entre países? ¿Son consultados nuestros productores agropecuarios sobre la persistencia absurda de regulaciones burocráticas que se interponen en su gestión? ¿No será esta la causa real de que Cuba, un país históricamente exportador de productos agrícolas, tenga que importar hoy 2000 millones de dólares anuales en alimentos, incluida el azúcar? ¿Acaso fueron consultados los trabajadores que fundaron alguna cooperativa no agropecuaria a la hora de subordinar su proyecto a una empresa estatal ineficiente, o al venderles a precios estratosféricos insumos y repuestos? ¿Fueron consultados nuestros cuentapropistas para fijar las extorsivas tarifas de impuestos y absurdos condicionamientos que hacen matemáticamente imposible la rentabilidad de sus negocios?

Sería interminable la lista de leyes antipopulares dictadas durante los gobiernos de ambos Castro, por eso le ronca la moringa soportar que este señor nos diga en nuestra cara que en Cuba “…jamás puede permitirse la aplicación de las llamadas terapias de choque.” No deja de asombrarnos el general. ¿Qué son estas inmisericordes atrocidades sino abiertas terapias de choque contra el bolsillo del cubano humilde? Parece desconocer el Secretario del Partido Comunista que todo lo que agreda tan despiadadamente la economía familiar puede ser catalogado como tal. Nadie lo dude: este pueblo ha sido sometido durante más de cinco décadas, oleada tras oleada, a una perpetua estela de terapias de choque dirigidas contra su prosperidad.

Y ahora resulta que todos tenemos la culpa del desastre, todos menos los Castro y su partido. Tienen la culpa, primero que todo, el bloqueo yanqui, y de ahí hacia abajo hasta el último cubano –intermediarios inescrupulosos incluidos– que no estuvimos suficientemente atentos a la afanosa “…preparación y divulgación de la política aprobada y las normativas…” del ilustre Partido Comunista.

Pero si algo quedó diáfanamente claro en todo esto es que la cúpula todavía mantiene su ancestral ojeriza y no aprueba “la concentración de la propiedad… tampoco de la riqueza”. Por supuesto que cuando Raúl Castro sentencia esto se refiere únicamente a la nuestra, nunca a la de ellos: la riqueza de la oligarquía cubana está muy bien merecida, porque ¿no fue acaso para eso que hicieron, ellos solitos, esta revolución más grande que nosotros mismos? Es un hecho consumado: desde bien temprano el gobierno postrevolucionario orientó cada vez más sus pasos hacia el diseño de este surrealista paraíso fiscal para los corruptos históricos en que ha terminado convertida Cuba, donde todavía un séquito de oportunistas se enriquecen a nuestras espaldas sin tener que rendir cuentas a nadie; pero esa ya es tela para ser cortada en otro post de Ciudadano Cero.

Eso sí, nuestro General dejó claro que su Partido queda abierto a las “discrepancias honestas” –entiéndanse aquellas que siguen dócilmente las líneas directrices del dictador– lo cual implica que todos aquellos portadores de discrepancias “deshonestas” que pretendan “hacerle el juego al enemigo” denunciando las políticas económicas erráticas, las violaciones sistemáticas de derechos humanos, los hechos consumados de corrupción política y administrativa y todos los abusos de poder que se repiten por miles de una punta a la otra de esta islita, seguirán siendo debidamente tratados por el “pueblo enardecido” –entiéndase impunemente amenazados, asediados, detenidos, pateados y encarcelados– y mientras tanto nuestro General sin ningún remordimiento dormirá con la tranquilidad de un niño.

Otra vez un Castro y su partido se invisten como providenciales elegidos, se atribuyen el derecho de elección sobre nuestros designios como si fueran la encarnación divina de la patria, su alternativa única y los exclusivísimo garantes de su independencia. Vuelve Castro sobre la idea de que alguien quiere destruir a SU “revolución”; ahora ese enemigo oscuro quiere empoderar al pueblo cubano, quiere hacerle más solvente, fomentar una economía familiar más floreciente, o dicho en otras palabras, lograr un pueblo más pujante, más pudiente, y como no hay nada que aterre más a un tirano que un pueblo próspero hoy vemos al General repetir las mismas pataletas de siempre para alertar sabiamente a esos “…sectores vulnerables…” de nuestra sociedad.

En el discurso del General durante la clausura tampoco faltó el tradicional despliegue de neologismos castristas. El general insiste en que un engendro como la dictadura de Maduro, o un gobierno tan controvertible como el de Dilma Rousseff no están siendo presionados, debido a abusos de poder o escándalos de corrupción durante sus mandatos, por mecanismos democráticos legalmente instituidos en sus respectivas constituciones para fiscalizar la gestión de sus gobernantes, sino que ambos sufren intentos de “golpes de estado parlamentarios”. Muy interesante. Por eso, para evitarse molestos dolores testiculares, nuestro General, al frente de su glorioso partido y siguiendo su más rancia línea dictatorial, continúa apostando por la más “patriótica” centralización de poderes.

En fin, entre el 16 y el 19 del pasado abril presenciamos una falsa celebrada a puertas cerradas, con la cual se pretendió hacernos creer que una fracción apenas, representando a 670000 individuos, puede decidir los destinos de 14 millones de cubanos. Fueron estertores de muerte aquellas bufonadas, que sólo consiguieron mostrarnos un desacreditado partido carente de un plan de gobierno realista y viable, que no cuenta con una línea clara para el desarrollo del país. Pero aun así Raúl Castro se atrevió a citar, en medio de este caos crepuscular, la máxima martiana que sentencia “Gobernar es prever”.

Sin embargo en algo sí coincido plenamente con Raúl Castro, y es cuando dictamina: “…Si lograran algún día fragmentarnos, sería el comienzo del fin”. Esta fue la única verdad lapidaria de su discurso: podemos asegurar que si se atrevieran a legalizar cualquier partido opositor y se convocaran elecciones libres, esto significaría, con toda certeza, el fin, pero no para “…nuestra patria…” ni para “…la independencia nacional…” como asegura este señor, sino para su caricatura de “socialismo” –que no es ni próspero, ni sostenible, ni mucho menos irrevocable o eterno, porque ninguna obra humana lo es– y para ese teatro que todavía se atreve a llamar “revolución”, así como para el lastre que ha significado siempre para el futuro de la auténtica patria su desprestigiado clan, causa primera, todavía hoy, de la infelicidad de millones de cubanos.

Podemos concluir que todos los desvaríos expuestos en los discursos del General son sintomáticos del terror que le infunde a su cúpula dictatorial esa Cuba democrática que ya asoma en el horizonte, pero que desde hoy amenaza su monopolio de poder, presagiada desde cualquier esquina donde un cubano libre ejerza su natural derecho de opinar sin miedo, desde cualquier calle donde un grupo de cubanos ejerza su genuino derecho a la manifestación pacífica y a la libertad de reunión, o donde quiera que haya un cubano cansado de humillaciones y no dispuesto a pagar ya, nunca más, su tributo de miedo a los tiranos.

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: