“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para diciembre, 2016

A dos años del deshielo: un recuento necesario.

HAB109 LA HABANA (CUBA), 20/07/2015.- Varias personas caminan bajo las banderas de Cuba y EEUU desplegadas en un edificio hoy, lunes 20 de julio del 2015, en La Habana (Cuba). Estados Unidos y Cuba escenificaron hoy el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas tras casi 55 años de ruptura con la apertura en Washington de la embajada cubana. EFE/Rolando Pujol

Por Jeovany Jimenez Vega

Han transcurrido exactamente dos años desde el deshielo diplomático entre Cuba y Estados Unidos, anunciado el 17 de diciembre de 2014. Dos años pueden no ser mucho en términos lineales para la historia de un país, pero ya sí comienzan a ser un período de tiempo suficientemente ilustrativo si nos referimos a un proceso llamado a generar transformaciones de largo alcance en la dinámica entre dos países, pero también –y esto es algo más importante aún– a potenciar cambios en el modo en que el gobierno de la isla se proyecta hacia su propio pueblo.

Propongo pasar revista e intentar calibrar en su justa medida los avances o retrocesos producidos desde el histórico anuncio. Comenzaría por llamar la atención sobre la frecuencia con que analistas políticos o publicaciones de prensa, sitios digitales, programas televisivos y radiales, e incluso más de un documental sobre el tema, parten del presupuesto de que el General Raúl Castro ha impulsado toda una serie de presuntas reformas durante su gobierno. Sin embargo, para quienes vivimos aún hoy en todo su rigor la profundísima y perpetua crisis económica a que nos condena la dinastía Castro ninguna afirmación podría estar más alejada de la realidad.

Si miramos en profundidad solo encontraremos dos de estas referidas medidas que ciertamente han tenido un impacto real y práctico en la población comparadas con la situación anterior, y son: la nueva política migratoria y la autorización a la compra y venta de viviendas.

Aunque si bien el Estado cubano insiste en tasar cada vivienda según su apreciación y continúa limitando el número de estas que un individuo puede tener en propiedad o heredar, lo cierto es que hoy quien emigra ya no pierde su casa como antes sucedía, y que en términos generales la nueva disposición sí podría ser considerada como un auténtico avance, pues ha cumplido su cometido en términos de libertad de decisión personal.

Pero ya en el caso de la Ley Migratoria hallaremos onerosas sombras en medio de las nuevas luces, porque incide aquí un grave detalle: como para no perder la costumbre el Gobierno cubano, al implementar la nueva política, se reservó nuevamente para sí la última palabra cuando decidimos viajar. Bajo las nuevas reglas las autoridades cubanas todavía conservan potestad absoluta para prohibir la salida o el posterior retorno a su país de cualquier cubano –y ya ahí se percibe nuevamente la mano peluda bajo el guante de seda: nunca será igual que usted viaje y regrese porque ejerza con ello un derecho inalienable, que nadie pueda coartar, a que usted entre y salga de su propio país simplemente porque la “gentileza” de alguien así se lo permita. Es obvio que existe una diferencia esencial entre una cosa y la otra.

Observemos sin embargo que estas dos medidas fueron implementadas varios años antes del deshielo diplomático, y por lo tanto no pueden ser adjudicadas a las nuevas relaciones internacionales, ni al fruto de actuales negociaciones. Así las cosas, hemos sido víctimas y testigos durante este reciente período más que de muy escasos, tímidos y puntuales avances, de muchísimos, dramáticos y sistémicos retrocesos. Hoy podemos afirmar que en Cuba, a dos años de aquel memorable 17/12 y fuera de los dos puntos arriba referidos, todo bajo Raúl Castro ha continuado siendo más de lo mismo, y prácticamente ningún fruto ha sido recogido de la mitad del árbol asomada a nuestra parte del patio.

Dos años habrían sido suficientes para que el General, en caso de haber tenido la buena voluntad para hacerlo, haya emprendido transformaciones reales que implicaran ya a estas alturas un cambio sustancial en la mecánica interna de la isla, para haber lanzado en la práctica inequívocas señales de restructuración económica profunda, que hayan destrabado el aparato productivo del país, y para haber permitido nuevos espacios participativos a actores sociopolíticos que la dictadura cubana aún insiste en vetar.

En su lugar, ya en vísperas de 2017, el General Raúl Castro y su camarilla continúan aferrados, como siempre, al cuento de la buena pipa: todo a su momento, sin prisa y con muchas pausas, manteniendo posiciones inamovibles en cualquier negociación que siquiera insinúe respeto a nuestros derechos civiles y políticos, parapetados todavía en su viejo pretexto del enemigo invisible, y enarbolando como en sus buenos tiempos un desfasado discurso donde aseguran que son los elegidos, predestinados por la providencia a salvaguardar SUS “conquistas” –ellos y sólo ellos– para SU patria. Continúa concurriendo la simulación como estrategia y como carta de triunfo. En fin, como diría Liborio, hasta ahora todo ha sido pura muela.

Porque, en concreto, ¿qué ha conseguido el pueblo cubano del tortuoso proceso de negociaciones iniciado por la Administración Obama, con el “visto bueno” de La Habana? ¿En qué modo práctico nos hemos beneficiado después de dos años? Desde diciembre de 2014 persisten, diríase incluso que con mayor saña, las regulaciones absurdas que hacen irrentable la mayoría de las actividades de perfil medieval autorizadas al sector cuentapropista, así como limitaciones de todo tipo a cualquier modalidad productiva de carácter privado –incluso sobre aquellas oficialmente “aceptadas” por la ONAT. Persisten las mismas desatinadas políticas en el sector agropecuario que perjudican directamente al productor y atentan seriamente contras sus ganancias –lo cual es la causa real de la carestía, así como del contrasentido de que hoy Cuba importe miles de millones de dólares con este fin, algo fácilmente evitable. Todavía el Gobierno cubano, a través de sus entidades empleadoras, insiste en intermediar en el pago de cada trabajador contratado por empresas extranjeras para robarle a aquel nunca menos del 70% del salario pactado –estafa también obrada en todas las Misiones Médicas oficiales en más de 60 países.

Todavía la nueva Ley de Inversión Extranjera es un entramado de lagunas y solapadas trampas que entorpecen el acercamiento de inversores y disuaden a miles de empresarios interesados en negociar directamente con el pueblo cubano, que exigirían contratar a sus directivos y empleados en medio de racionales garantías para su inversión. Todavía persiste la fobia enfermiza del gobierno disque comunista a cualquier acercamiento del exilio económico cubano, por lo que se continúa vetando firmemente cualquier mecanismo que permita la inversión de ese enorme capital naturalmente llamado a tener un peso vital y predominante en nuestra regeneración económica, privándosenos de este modo a millones de cubanos de evidentes ventajas: a los exiliados de su derecho a regresar e invertir en su propio país, y a los residentes en Cuba a acceder a decenas de miles de nuevos puestos de trabajo en condiciones superiores de remuneración, a la vez que todo va quedando en casa, entre cubanos –algo muchísimo más deseable y seguro en términos de estratégica soberanía que apostar por cerrar trato únicamente con capitales extranjeros.

De la situación imperante aún en el plano político no vale la pena ni siquiera hablar en un post que analiza presuntas transformaciones en Cuba. Las amenazas, asedios sistemáticos a sus sedes, las detenciones arbitrarias, y las palizas impunes a los opositores, además del casi centenar de presos políticos en cárceles comunes hablan por sí solos. Ninguna otra faceta de la pintoresca realidad cubana evidencia con tanta brutalidad y crudeza que estamos aún ante el mismo perro con diferente collar. Nadie lo dude.

Si algo han demostrado estos dos últimos años es que una caldosa se cocina en la alta política –donde cada parte habla lo que decide, piensa lo que quiere, y termina haciendo aquello que le conviene– y otra bien diferente es la que en realidad se come el pueblo en la calle. Con toda seguridad cada parte tiene guardados bajo su manga los ases decisivos para lanzarlos cuando lo crean más oportuno; y parece lógico que así sea después de más de medio siglo de tensiones. Pero suplico no se insista en la mentira de que Raúl es diferente a Fidel Castro, nadie pretenda, por favor, tapar el sol con un dedo; no se ofenda de un modo tan pueril nuestra inteligencia. Llamemos al pan pan, al vino vino y a la dictadura dictadura sin fútiles edulcoraciones. Al menos este es un lujo que como pueblo nos merecemos y nos debemos permitir.

Por eso es extremadamente importante que hagamos todo lo que esté a nuestro alcance por derribar el mito que vende a un Raúl Castro con genuinas intenciones de desmontar las miles de absurdas prohibiciones mantenidas por el inmovilismo de su hermano mayor y predecesor en el trono; un Raúl presuntamente pletórico de buenas intenciones pero atado de pies y manos, el pobrecito, por un despiadado bloqueo yanqui, o hasta hace poco por un Fidel Castro objetando desde la sombra.

Desmintamos el embuste de un Raúl Castro imbuido en presuntos intentos de transformar en serio nuestro país, como no haya sido para socavar con métodos cada vez más sofisticados y brutales nuestras libertades políticas –de las cuales cuelgan naturalmente todas las demás– y para mantener cada vez mayor control sobre nuestras vidas, perpetuando así el más bochornoso estado policial y la dictadura más larga y despreciable que haya padecido pueblo alguno en la historia del hemisferio occidental. Es en este punto exacto que Cuba permanece varada a dos años del deshielo y a las puertas de la era Trump.

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