“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para febrero, 2015

¿Internet en Cuba? Cuando lo vea lo creo

picture33

“Si quieres liberar a un país, dale Internet”. Wael Ghonim.

Por Jeovany Jimenez Vega.

Un vicepresidente que asegura que el país “…está comprometido con la informatización de la sociedad” pero que automáticamente la concibe bajo el liderazgo del Partido Comunista, y la ve como “…un arma fundamental para los revolucionarios para lograr la participación en el proyecto de sociedad que queremos”; que a la vez enfatiza que “…el derecho de todos a internet supone deberes con su uso adecuado y conforme a la ley, y supone también la responsabilidad de velar por la defensa del país y su integralidad”, y un viceministro de comunicaciones asegurando que junto al desarrollo económico de este sector debe correr paralelo el “…fortalecimiento político e ideológico de la sociedad”, son señales que no vaticinan nada diferente para nuestro futuro inmediato una vez clausurado el reciente Taller de Informática y Bioseguridad.

La advertencia solapada que implica la presencia en primera fila del coronel Alejandro Castro –tácito aspirante a heredero del trono familiar– y el silencio en todo cuanto al tema se refiere de su padre el Presidente Raúl Castro; la permanencia al frente del Ministerio de Comunicaciones del Comandante Ramiro Valdés –exministro del Interior por dos veces, toda una reliquia de lo más rancio del histórico stablishment cubano e implementador en máxima medida de sus actuales métodos represivos– unido todo a la recitación del mismo discurso refrito y a la reiterada desatención del Gobierno cubano a los últimos ofrecimientos de Compañías de Telecomunicaciones estadounidenses una vez relajados los controles del embargo, son elementos que nos inducen a pensar que de momento nada cambiará en Cuba con relación a la Internet, y que sólo estamos ante un capítulo más de este culebrón de demagogia y cinismo.

No puede percibirlo de otro modo el cubano de a pie, que vive bajo un gobierno que le ha cobrado hasta ahora una cuarta parte de su salario mensual básico por cada hora de Internet; para él todas las sentencias escuchadas en la clausura del citado taller continúan teniendo el aroma de los malos augurios, suenan a más de lo mismo, sobre todo si tenemos en cuenta que esta impúdica tarifa no se ofrece por un servicio de exquisita calidad, rápido y desde la comodidad de nuestros hogares, como podría presumirse, sino que se ha caracterizado por ser pésimo, sólo disponible desde las salas de navegación de las oficinas del dueto-monopolio ETECSA-SEGURIDAD DEL ESTADO y por lo tanto limitado a sus propios horarios, a 2 MB/seg. de velocidad, y usando máquinas cuya función de copiar-pegar fue restringida y que tienen muchas veces sus puertos USB deshabilitados, siendo espiados a cada tecla que se pulse, rastreados en cada sitio que se visite y con más de una página “molesta” bloqueada. En fin, nada que no se espere de un gobierno que creó recientemente todo un flamante Centro de Seguridad del Ciberespacio, presuntamente destinado a convertirse en el análogo virtual de la célebre Sección 21 de su policía política.

Mientras tanto, desde Guayaquil reprimo palabras obscenas cada vez que me detengo ante el cartel de un cyber que me invita a ¡tres horas de conexión a Internet por un dólar!, en un país cuyo salario promedio mensual ronda los $500.00 USD, un país también tercermundista, pero que ofrece señal Wi-Fi gratis en muchísimos lugares públicos incluidas estaciones de buses, ómnibus y centros gastronómicos y comerciales, donde las antenas parabólicas de recepción de Internet y TV satelital son elementos habituales del paisaje urbano hasta en los barrios más humildes. No podría ser más acusado el contraste entre esta realidad y la que vivimos los cubanos en Cuba.

Todo lo dicho hasta aquí me confirma cada día más en mi certeza de siempre: el control de la información será la última carta de la baraja que cederá la dictadura cubana. Nada habrá cambiado en Cuba mientras todos los cubanos no tengamos acceso pleno, incondicional y sin censura a Internet desde nuestros hogares. Esta es una verdad tan absoluta, y representaría un avance tan decisivo para la apertura real de la sociedad cubana, que únicamente para ese día creeré que habrá comenzado el cambio. Así de simple.

Quinientos años después ¿el fin justifica los medios?

elPrincipe

Releo el clásico de Nicolás Maquiavelo e invito a mis amigos lectores a reflexionar sobre cuánta vigencia tiene aún este código (a)moral para los políticos demagogos de hoy. A pesar de que nuestra realidad más inmediata está plagada de elocuentes ejemplos, no es mi deseo levantar suspicacias: cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

El Príncipe: Capítulo XVIII

De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas

Nadie deja de comprender cuán digno de alabanza es el príncipe que cumple la palabra dada, que obra con rectitud y no con doblez; pero la experiencia nos demuestra, por lo que sucede en nuestros tiempos, que son precisamente los príncipes que han hecho menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas.

Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe debe saber entonces comportarse como bestia y como hombre. Esto es lo que los antiguos escritores enseñaron a los príncipes de un modo velado cuando dijeron que Aquiles y muchos otros de los príncipes antiguos fueron confiados al centauro Quirón para que los criara y educase. Lo cual significa que, como el preceptor es mitad bestia y mitad hombre, un príncipe debe saber emplear las cualidades de ambas naturalezas, y que una no puede durar mucho tiempo sin la otra.

De manera que, ya que se ve obligado a comportarse como bestia, conviene que el príncipe se transforma en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos. Los que sólo se sirven de las cualidades del león demuestran poca experiencia. Por lo tanto, un príncipe prudente no debe observar la fe jurada cuando semejante observancia vaya en contra de sus intereses y cuando hayan desaparecido las razones que le hicieron prometer. Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos, y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos. Nunca faltaron a un príncipe razones legitimas para disfrazar la inobservancia. Se podrían citar innumerables ejemplos modernos de tratados de paz y promesas vueltos inútiles por la infidelidad de los príncipes. Que el que mejor ha sabido ser zorro, ése ha triunfado. Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar.

No quiero callar uno de los ejemplos contemporáneos. Alejandro VI nunca hizo ni pensó en otra cosa que en engañar a los hombres, y siempre halló oportunidad para hacerlo. Jamás hubo hombre que prometiese con mis desparpajo ni que hiciera tantos juramentos sin cumplir ninguno; y, sin embargo, los engaños siempre le salieron a pedir de boca, porque conocía bien esta parte del mundo.

No es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas. Y hasta me atreveré a decir esto: que el tenerlas y practicarlas siempre es perjudicial, y el aparentar tenerlas, útil. Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y religioso, y asimismo serlo efectivamente; pero se debe estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera necesario. Y ha de tenerse presente que un príncipe, y sobre todo un príncipe nuevo, no puede observar todas las cosas gracias a las cuales los hombres son considerados buenos, porque, a menudo, para conservarse en el poder, se ve arrastrado a obrar contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión. Es preciso, pues, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal.

Por todo esto un príncipe debe tener muchísimo cuidado de que no le brote nunca de los labios algo que no esté empapado de las cinco virtudes citadas, y de que, al verlo y oírlo, parezca la clemencia, la fe, la rectitud y la religión mismas, sobre todo esta última. Pues los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, porque todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, mas pocos saben lo que eres; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que se escuda detrás de la majestad del Estado. Y en las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no hay apelación posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse. Un príncipe de estos tiempos, a quien no es oportuno nombrar, jamás predica otra cosa que concordia y buena fe; y es enemigo acérrimo de ambas, ya que, si las hubiese observado, habría perdido más de una vez la fama y las tierras.

Misión médica en Venezuela: la evidencia sin hipérboles.

CDI Venezuela

Por Jeovany Jimenez Vega.

Recién vi un inquietante video que circuló hace meses en la web con el título Médico cubano torturando a un bebé en Venezuela. En el mismo vemos a un galeno que realizaba un violento examen físico a un lactante pequeño, pero después el hipotético médico cubano, cuestionado en la red por mala praxis, resultó ser en realidad el pediatra zuliano Marcos Tulio Torres. En aquel momento el hecho encontró resonancia en varios sitios digitales cubanos y en varias televisoras de Miami, en una noticia tergiversada presuntamente para desacreditar a la Misión Médica cubana en Venezuela. Tratar de implicar a los médicos cubanos en este hecho fue un acto carente de ética o de una injustificable irresponsabilidad, que deja en entredicho la credibilidad de estos medios, pero también fue, ante todo, una garrafal pérdida de tiempo… y me explico.

Un simple análisis de esa Misión Médica en sí y de la percepción que de ella se tiene, tanto entre la mayoría de los médicos cubanos que en ella se enrolaron, como entre la mayoría de la población venezolana a que está destinada bastaría para llegar a esta elemental conclusión. Me cuentan algunos colegas amigos que de Venezuela regresan, que allá viven prácticamente en la indigencia, en medio de la más insultante insalubridad que pueda imaginarse, en locales mal iluminados y peor ventilados, que frecuentemente carecen de servicio de agua corriente –pudiera tratarse, por ejemplo, de lo que fuera un antiguo prostíbulo– generalmente hacinados, pudiendo llegar a compartir una habitación común entre media decena de colaboradores, con una cocina improvisada y usando un baño común, sin las más mínimas normas de privacidad o higiene, permanecen en estas condiciones durante dos o tres años.

Pero si causan estupor las condiciones en que residen estos trabajadores, sin embargo es en la gestión en que derivaron hace años los Centros de Diagnóstico Integral (CDI) –equivalentes venezolanos de los Policlínicos Comunitarios de la Atención Primaria de Salud cubanos– donde se devela en su real magnitud la farsa de estaCDI-Puerto-La-Cruz flamante Misión Oficial en Venezuela. Aquí estamos ante la más insultante arista del asunto: durante años, desde tiempos de Chávez, colegas nuestros han regresado contando cómo reiteradamente se vieron obligados a botar al retrete costosos medicamentos una vez caducados –incluidos antibióticos que costaban hasta $100.00 USD cada bulbo– porque sus jefes les exigían reportar su uso para sobrenotificar el número de ingresos, medicamentos que en su casi totalidad llegaban desde Cuba en momentos en que los mismos escaseaban o eran inexistentes en las salas abiertas y terapias cubanas. Aún continúa esta bochornosa práctica, pero con el agravante de que ya estos CDI han degenerado tanto en su función que, hoy por hoy, sólo pueden ofrecer un pálido efecto vitrina, pues son mucho más disfuncionales que sus pares de la isla: hoy los colegas que regresan aseguran que estos CDI apenas cuentan con el más precario stock de medicamentos de urgencia –pueden faltar con frecuencia la prednisona, el salbutamol, o el oxígeno, por ejemplo– a la usanza de los peores momentos del período especial cubano, por lo que apenas son visitados por la población. Para contrarrestar esta incorregible decadencia, la dirección de esta “digna” Misión Médica persiste en su vieja solución: se le exige a los médicos que se inventen ingresos fantasmas, que reporten pacientes que no existen para mantener las camas “llenas” sin un sólo ingreso físico real, política que intenta infructuosamente mantener esta megafarsa como válida ante los ojos de la opinión pública.

Sin embargo, a pesar del onanismo mental de ciertos utópicos de izquierda, la naturaleza y esencia de esta gran operación de lavado de dinero no escapa a la intuición del pueblo y de la oposición política venezolana, con toda la natural repulsa que esto lógicamente genera. Si a esto se le suma la grotesca explotación salarial a que se somete a todos estos profesionales cubanos, todo el chantaje que sufren, las humillaciones que reciben por parte de la dirección de esta misión y también de una buena parte de la población venezolana que mantiene hacia ellos una hostilidad más o menos confesa –pues no deja de verles como una parte pasiva, pero parte al fin, de este juego– comprenderemos por qué los ataques como este que motiva mi comentario inicial son superfluos frente a la evidencia de los hechos: es tan cruda y lastimosa esta realidad que no merita ser hiperbolizada.

Condénese la manipulación política de la profesión médica, condénese la mentira de los gobiernos demagogos, condénese el atropello contra los profesionales cubanos dentro y fuera de su país, condénese el despotismo de los tiranos, pero sepárese con prudencia el trigo de la paja y no se ponga en entredicho la ética de la Pediatría cubana mediante estos groseros insultos a la inteligencia.

 

La lógica detrás de la polémica.

bandera-cuba-estados-unidos

Por Jeovany Jimenez Vega.

Es llamativa la notable polarización de criterios asumida entre la oposición cubana alrededor de las recién iniciadas negociaciones entre Cuba y EE.UU para normalizar sus relaciones diplomáticas y el potencial levantamiento del embargo –me refiero a las posiciones más difundidas a través de la web, que aunque no serán las únicas, sí son las más visibles. Entiéndase concretamente la posición del Foro por los Derechos y Libertades, que en forma de Hoja de Ruta se formula en torno al Proyecto Estado de Sats, dirigido por Antonio G. Rodiles, y la asumida por los activistas de Espacio Abierto de la Sociedad Civil, que propone lo que han dado en llamar sus Cuatro Puntos de Consenso.

Si ambas, con diferencias de matices, reflejan las exigencias más inmediatas de la sociedad civil disidente y la oposición cubana, cabría preguntarse ¿por qué asumen éstos posiciones tan divergentes cuando de levantar el embargo se trata? Semejante polarización se explica, a mi modo de ver –y esto sumado a la incuestionable trascendencia del asunto en sí– por la lógica inexcusable que subyace detrás de ambas posturas.

Preguntémonos: ¿Cuál es la lógica detrás de la posición del Foro? Muy simple: un gobierno totalitario como el cubano, que no ha demostrado jamás vocación por la tolerancia y no ha lanzado absolutamente ninguna señal de distención, sino que continúa reprimiendo con saña a opositores pacíficos, no se merece ningún gesto de distención por parte de la comunidad internacional. El precio de hacer concesiones en este momento sería nefasto pues sólo conseguiría perpetuar en el poder, durante varias décadas más, a los herederos de los tiranos históricos y conduciría a la mutación del esquema actual hacia uno de capitalismo monopolista de estado –evolución muy similar a la del caso ruso. Esta tendencia, si la he interpretado bien, no se opone al levantamiento del embargo tanto como a su levantamiento incondicional: propone que este trascendental paso sólo debe darse después de haber logrado, al menos, la ratificación e implementación de los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos, y los de Derechos Sociales y Culturales pendientes desde 2008.

Entonces ¿no es todo esto cierto y sumamente probable? ¿No apunta la lógica más elemental hacia esta posibilidad? ¿Desde cuándo los tiranos han hecho concesiones gratuitas, sobre todo en momentos de distensión política? Ahí está la Historia para demostrarlo: no fue otra cosa que la presión internacional sostenida durante lustros o décadas –unida en todos los casos, eso sí, a un formidable empuje de masivos movimientos opositores internos– lo que obligó a los regímenes de Chile, Polonia y Sudáfrica, por ejemplo, a deponer su poder. Entonces parece más que justificada, a la luz de este razonamiento, exigir concesiones a los dictadores cubanos a cambio de un replanteamiento de política que indudablemente les oxigenará a corto plazo, pero que sin dudas también lubricará su máquina represiva.

Ahora bien: ¿Cuál sería la lógica detrás de la posición de Espacio Abierto? Muy simple: uno de los factores de éxito del esquema de dominación implantado durante medio siglo por Fidel Castro fue su estricto inmovilismo, de ahí que cualquier pieza que se retire de tal maquinaria iría en detrimento de su eficacia; esto quiere decir que una vez restituidas las relaciones diplomáticas –y más aún si se levanta el embargo– siempre se producirá un nuevo escenario con inevitables fisuras del poder que la sociedad civil disidente podría potencialmente aprovechar para organizarse más, ganar en capacidad de convocatoria, e intentar remover, pieza a pieza, un poder que por otro lado no cede en su hermetismo.

Me pregunto: ¿no es válido también este razonamiento? ¿No es también esta una posibilidad inmediata? ¿No le complicará exponencialmente la existencia a los represores de La Habana el intercambio inevitable de viajeros –turistas y no turistas– que nos visitarán, aun en el caso de que sólo les moviera la mera curiosidad sobre la verdad detrás del muro? Y cuando se regresen ¿con cuál Cuba cargarán en su equipaje?; ¿cuál Cuba se perpetuará en sus fotos y videos: la que les engaña desde Granma Internacional o la Cuba que se desangra por las calles?  ¿Cómo quedarán ante la opinión pública los teóricos del “bloqueo” ahora que se verán obligados a negarse a aceptar las propuestas de miles de compañías norteamericanas –incluidas, por supuesto, las del sector de la informática y las telecomunicaciones– cuyo servicio iría contra el interés de su monopolio y de su enfermiza vocación de control? ¿Acaso no le plantea un reto mucho mayor al poder este inédito escenario que se avecina, que amenaza con sobrepasar su capacidad de contención de cara a una sociedad civil que estará cada vez más ávida de espacios nuevos?

No obstante, apostar con seguridad por una posible distensión de mecanismos de represión y censura puestos a punto a lo largo de cinco décadas, me parece demasiado aventurado. Si se concreta el levantamiento prácticamente incondicional del embargo como pretende Obama –al menos esa es la impresión pública dejada hasta ahora– los represores y censores del régimen tendrán las manos libres para elegir, a la carta, sólo aquellas posibilidades que se ajusten a sus propósitos y que puedan convertirse en nuevas herramientas de represión. Esta realidad explica por qué una buena parte de la oposición sostiene tan efusivamente que su desconfianza “…está fundada en 56 años de dictadura“.

Cabe destacarse que ninguna de las dos posiciones mencionadas al principio desestiman el inmediato golpe político que ya implicaría en sí privar al gobierno de los Castro de su pretexto de la plaza sitiada, pero sí defieren en el modo de interpretar la posterior conducta de los sicarios y testaferros del poder actual una vez levantado el embargo.

Vale, sin embargo, detenerse en algo muy llevado y traído en boca de la parte negociadora norteamericana: el pretendido empoderamiento del pueblo cubano. En este punto hay algo que el mundo –incluida la contraparte del norte– debe comprender: los recursos que entrarán en caso de levantamiento del embargo jamás serán administrados por las manos del pueblo cubano, sino por la misma casta de neoburgueses que se ha desentendido de sus necesidades durante más de 50 años, los verdaderos culpables de nuestra desgracia, los que llevan décadas defalcando el tesoro público de la nación. Debe quedar claro de una vez por todas: es totalmente impracticable un empoderamiento económico del pueblo cubano sin que le acompañe un proporcional empoderamiento en el plano político –esto es algo inaceptable para nuestros represores– y hasta el momento nada señala hacia la buena voluntad del gobierno de Raúl Castro en tal sentido. Precisamente a esto se refiere Antonio Rodiles cuando asegura que “…jamás será el cubano el responsable de su futuro si el régimen puede seguir violando los derechos fundamentales con total impunidad. Jamás el cubano podrá empoderarse si el régimen goza de fuentes económicas que le garanticen sostener y desarrollar su aparato represivo”.

No obstante, nada tendría de sorprendente que lo que se concrete durante los próximos años en Cuba sea una combinación impredecible de ambas posibilidades, y así ambos bandos llevarían la razón. Es poco probable que evolucione alguna de estas variantes sin que se precipiten consecuencias que conduzcan a la otra. Pueden perfectamente, de hecho, evolucionar de modo paralelo a corto y mediano plazo hasta fusionarse al final en esa otra Cuba incierta que nos espera en el horizonte.

De ahí que no haya que subestimar por un solo minuto la trascendencia histórica del momento: del resultado de las actuales negociaciones internacionales dependerá el rumbo de Cuba durante los próximos 20 o 30 años, por lo tanto, este es el instante inaplazable de arrancar a los déspotas cuantas concesiones podamos en beneficio de nuestras libertades. Este no es momento de desgastarnos en discusiones infecundas o rivalidades personales, que deslucen más que meritan nuestra marcha y son música para los oídos del enemigo común; siempre lastima ver inútiles polvaredas levantadas entre activistas cívicos que han dado, por otra parte, elocuentes testimonios de su vocación patriótica. Recordemos esto cubanos: lo que no logremos ahora unidos quedará pendiente por demasiado tiempo y ese es un lujo que la patria no se puede dar.

Médicos cubanos en Brasil: ¿exigir desde la servidumbre?

proyecto-medicos-brasil1

Por Jeovany Jimenez Vega

Esta vez la alarma llega desde Cibercuba Noticias: “Médicos cubanos en Brasil reclaman ayuda de la prensa internacional para evitar separación de sus familias”. El documento en cuestión es una especie de proclama que se inicia esbozando la génesis del Programa “Mais Médicos”, continúa presentando a Cuba como un país “…defensor de los derechos humanos…” –así de limpio, sin entrecomillado– que dice “…luchar por igualdad social, e iguales derechos de los ciudadanos…”, para punto seguido reconocer que nuestros “…dirigentes y ministro en particular… sólo nos ven como un medio de producción…”. Continúa este documento comparando el status de los funcionarios de las misiones diplomáticas con el de los colaboradores de la salud y termina suplicando a los “buenos periodistas” que denuncien el hecho “…para que el mundo se entere de las atrocidades de nuestro gobierno”. A pesar de haber sido publicado bajo pseudónimo, Cibercuba Noticias asegura, paradójicamente, que al momento de ser recibido en su redacción el “…mensaje de emergencia…” estaba “firmado por cientos de profesionales”.

“Nos tratan como a una propiedad, no como trabajadores dignos que le hemos entregado más de nuestro tiempo al trabajo y a servirle al gobierno que a nuestros hijos y esposa o esposo”. Esta sola frase bastaría para resumir la psicología de algunos profesionales en estas misiones oficiales, y contiene a la vez una evidente e inconciliable contradicción: se insinúa de este modo que alguien puede ser “digno” al mismo tiempo que acepta con resignación absoluta la condición de “propiedad” y está dispuesto a regalar, servil, más tiempo a quien lo apuñala por la espalda que a sus propios hijos.

Por no proferir palabras hirientes capaces de ofender susceptibilidades entre mis colegas –pues semejante confesión me despierta criterios altamente ofensivos– a partir del siguiente punto y seguido abordo el tema desde una perspectiva absolutamente personal. Si algo me han enseñado mis primeras canas, es que de vez en cuando llegan a la vida de todos, inexorablemente, las horas de las definiciones. De vez en vez la vida se abre en dos caminos divergentes y usted podrá elegir uno de ellos para continuar, sólo uno, y una vez tomada la decisión usted habrá asumido una postura definitiva ante la vida, ya no habrá marcha atrás –no al menos hasta la próxima encrucijada. A veces no será cuestión de elegir, y el camino habrá que tomarlo a cara o cruz, pero esto sólo sucede muy pocas veces; en la mayoría de los casos contaremos con ese regalo de Dios: el libre albedrío, que nos permitirá elegir a conciencia nuestros derroteros. Pero eso sí, cada camino se asumirá con todos sus riesgos y consecuencias –la vida no gusta de andarse con gratuidades y siempre exigirá un precio personal, más o menos alto, a pagar: no habrá dignos caminos fáciles, ni auténticas victorias, sin correr los respectivos riesgos y haber asumido la responsabilidad ante cada consecuencia.

Desde el preciso instante en que a un médico en Cuba se le propone una misión de trabajo en el extranjero, éste conoce ya el carácter leonino de su “contrato”, también conoce de antemano la naturaleza despótica de la autoridad y sabe además que bajo tales circunstancias estará privado de todos sus derechos, y sometido a la constante amenaza de deportación a Cuba ante la menor seña de “insubordinación”. Sabe que se le explotará arteramente pues sólo se le pagará, con mucha suerte, una cuarta parte de lo pactado entre gobiernos a cambio de su talento personal y de una separación de su familia que durará varios años –esto último ha sido la invariable norma en prácticamente todas las misiones. Sabe que la mitad de este dinero quedará congelado en un banco de La Habana, en manos del gobierno cubano, y lo perderá en caso de dar por terminada, de forma unilateral, su relación de trabajo con la misión oficial –en este último caso nuestro gobierno le etiquetará como un desertor y le impedirá entrar a Cuba durante ocho largos años.

Este trabajador es consciente a priori de que lo asumido por él con este “contrato” implica una postura de sumisión absoluta, y a pesar de todo, haciendo uso de su libre albedrío, la elige, y cuando lo hace también acepta tácitamente ser aquella “propiedad”, aquel “medio de producción” barato, y en consecuencia será manejado como el objeto en que aceptó quedar convertido. Eligió entre el camino plagado de espinos que conduce a todo tipo de estrecheces –pero con el gran aliciente espiritual de sentirse libre y no servir a quien le avasalla– y aquel otro camino de disipación y algodonado de comodidades inmediatas –aun a sabiendas de que éste conduce a una subordinación absoluta a quien le explota y a una acusada renuncia a su libertad personal.

Más allá de la dudosa verosimilitud de un documento cuyo presunto autor se oculta en el anonimato –y que por lo mismo dudo mucho haya sido firmado por “cientos de trabajadores” con sus nombres íntegros y reconocibles– centro mi atención en la postura de resignación y sometimiento que asume la mayoría de estos profesionales, incapaces de responder con gestos viriles ante un gesto de evidente despotismo de un gobierno que no le respeta –pues aquí el ministro es sólo la marioneta visible y para nada cuenta. Toda iniciativa de estos trabajadores en Brasil o en cualquiera de las más de 60 misiones médicas oficiales cubanas, asumida bajo tales circunstancias, estará condenada a darse de bruces contra la indolencia de los déspotas: nunca serán tomados en cuenta pues, por un principio que se ha cumplido desde el inicio de los tiempos, no se pueden exigir derechos desde el sometimiento, no se puede exigir libertades desde posiciones de servidumbre. Es así de simple: nadie respetará a quien no sea capaz de respetarse a sí mismo.

Aquí esgrimirá el cobarde que no tuvo alternativas, y es en este punto donde diametralmente se equivoca: siempre tuvo alternativas más libres y dignas, sólo que esa libertad, como siempre, cuesta bien caro y hay que estar dispuesto a pagar por ella su merecido precio. Siempre pudo negarse a partir a esa misión –sobre todo sabiendo de antemano que le avasallan en Cuba con salarios onerosos precisamente para compulsarle a salir– pero prefirió hacerle el juego a quien lo explota y con esto cavar su propia tumba: prefirió una salida engañosa a corto plazo a su precariedad antes que asumir una actitud frontal y exigir en Cuba, en voz alta, sus derechos, pero esto le costaría dosis demasiado altas de sacrificios, carencias y frustraciones frente a un gobierno inmisericorde. Para su vergüenza, puesto ante el yugo y la estrella, el cobarde siempre elegirá la rica y ancha avena en lugar de abrazarse a la beldad que ilumina y mata.

Por supuesto, otro gallo cantaría si en lugar de ocultarse detrás de anonimatos se concertaran los criterios de los más valientes y se exigiera respeto por una vez mirando sin miedo a los ojos del opresor. Las libertades jamás nos caerán como maná del cielo si no estamos dispuestos a asumir todos los riesgos por su conquista. Más de una vez me he mordido la lengua por respeto, por no dirigir la artillería contra colegas que por otra parte aprecio y respeto, víctimas y no victimarios en esta lacerante dinámica de las misiones médicas oficiales cubanas; más de una vez me he abstenido de opinar ante alguien que parte apabullado por su pobreza –que por más parecida que sea a la mía, es su propia pobreza– y sobre todo porque cada cual tiene el soberano derecho de asumir su propia filosofía en la vida, pero defrauda e indigna escuchar sólo quejidos de resignación allí donde la dignidad humana sólo debió colocar en cada garganta, en lugar del lamento, un estridente grito de guerra.

Ver: Los móviles de los colaboradores cubanos: ¿idealismo o necesidad?

estetoscopio-curso-de-medicina

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: