“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para mayo, 2017

¿En peligro real los colaboradores cubanos en Venezuela?

Por Jeovany Jimenez Vega.

Los estratégicos vínculos entre La Habana y Caracas han propiciado que desde el momento de iniciada la Misión Médica oficial de Cuba en Venezuela, esta haya tenido particularidades propias en su metódica si se le compara con las misiones análogas en el resto del mundo.

El degradante trato dado por el Gobierno “revolucionario” y “socialista” de la isla a estos profesionales en cada latitud del globo contempla toda una gama de vejaciones, tan extensa como denigrante, que despertaría la envidia de los teóricos fundamentalistas más radicales del capitalismo neoliberal. Pero en el caso venezolano siempre ha destacado una constante –de la cual sin embargo no están exentos los colaboradores de otros países: la prohibición, tácita o explícita, de trabar cualquier relación con la población local, ya sea en forma de relación de pareja o de cualquier otro nexo demasiado “cercano”.

Bastaría recordar cómo hace poco asistimos a un sisma en la Misión Máis Medicos, de Brasil, debido a la negativa del Gobierno cubano –nunca de la parte brasilera– de permitir a la familia de los colaboradores permanecer en ese país ante el temor a deserciones masivas. No obstante, ha sido en tierra bolivariana donde con mayor rigor se ha aplicado esta metodología de sometimiento, porque sin duda fue allí donde logró consolidarse el más descarado y arquetípico de los variadísimos esquemas de explotación diseñados por el régimen de La Habana.

Motivos de seguridad frente al vandalismo vulgar fue el pretexto esgrimido por los explotadores castristas para justificar esa obtusa postura. Por eso ahora, a la luz de la gravísima convulsión política desencadenada en Venezuela ante el desastroso gobierno de Nicolás Maduro, este socorridísimo argumento entra en franca contradicción con el sentido común: si tanto preocupa a La Habana la seguridad de sus colaboradores ¿acaso no va siendo ya el momento de que Cuba los retire definitivamente de ese país? Si fueran auténticos los motivos enarbolados para justificar esas metódicas prohibiciones ¿por qué se les exige todavía que continúen trabajando, como si nada pasara, en medio de esta escalada galopante de violencia? ¿Acaso no se percatan en La Habana de que en medio del caos de esta Venezuela ingobernable la situación de miles de cooperantes se ha vuelto extremadamente vulnerable?

En etapas pasadas, durante las casi dos décadas que ha durado el experimento Castro-Chavo-Madurista, ya se produjeron múltiples muertes violentas entre los colaboradores cubanos, en todos los casos tratados inexorablemente bajo estrictos métodos de secretismo y censura: ataúdes que llegan sellados a Cuba, prohibición terminante a examinar los cuerpos incluso para familiares cercanos, desinformación sistemática de las autoridades respecto al espinoso asunto y mutis total de la prensa oficial sobre el tema.

Duele decirlo, pero es sólo cuestión de tiempo que estas desgracias se repitan, pues hoy son más altas que nunca las posibilidades de que pronto lamentemos algún caso grave de agresión o muerte a colaboradores cubanos. ¿Podría llegar como arremetida de violencia física focalizada en una región? ¿O como linchamientos a cuentagotas? ¿Acaso en forma de masacre en un CDI? No se sabe, pero algo es indudable: el venezolano promedio guarda un odio visceral contra la presencia cubana, porque sabe que sobre La Habana pesa una considerable cuota de responsabilidad sobre la insidiosa instalación, directa asesoría y sostén de esa dictadura que les arruina su país.

Ese ciudadano que en Venezuela se ve privado de derechos civiles, y sometido a inauditas privaciones materiales, no desea discernir entre un médico y un agente de la SE cubana, para él ambos representan indistintamente frentes de una ofensiva castrista común, lo cual es comprensible si tenemos en cuenta que jamás un colaborador cubano en activo se ha pronunciado públicamente contra las atrocidades de la dictadura de Maduro. Todo esto ha llegado a condicionar tan negativamente la opinión pública venezolana, que es imposible prever hasta dónde sería capaz de llegar una multitud ciega de ira.

Si bien es cierto que los líderes de la oposición venezolana, cohesionados alrededor de la MUD, preconizan la protesta pacífica, nunca se tendrá garantía absoluta de que esto se respete sobre el terreno, sobre todo tomando en cuenta las violentas réplicas de las fuerzas represivas del madurismo y la impunidad con que operan sus hordas paramilitares, adoctrinadas y tácticamente asesoradas por una Seguridad del Estado cubana en cuyos inescrupulosos manuales puede estar contemplado el sacrificio profeso de algún que otro cubano en aras de “evidenciar” las constantes acusaciones de terrorismo a la oposición –lo cual, de paso, añadiría oportunamente algún rostro a su cínica lista de mártires desechables, siempre usada con fines discursivos puramente pragmáticos.

Tengamos en cuenta que en medio de esta caótica batalla flota a la vista de todos, enarbolado por ambos dictadores como un elocuentísimo chantaje emocional, el estandarte de la Misión Médica cubana. Esta es una realidad innegable, y es la causa primordial de esta aversión generalizada contra todo colaborador de la isla, algo que puede salirse fácilmente de control al fragor de estas enconadas protestas, lo cual perfectamente pudiera cobrarse un costo impredecible en vidas cubanas.

Pero la dictadura castrista no está dispuesta –cuesten los riesgos o los muertos que cuesten– a ceder su suculenta cereza. Todavía los 55000 barriles diarios garantizados por Maduro, aun representando la mitad de las regalías pasadas, son prácticamente el único grifo “seguro” de petróleo para Raúl Castro, la crítica vía de oxígeno que lo mantiene a flote. Mientras para Maduro este turbio intercambio representa una vía expedita para continuar inflando sus presupuestos, en lo que representa seguramente una impúdica operación internacional de lavado de dinero.

Raúl Castro sabe que en Caracas se juega el todo por el todo. Por eso la orden desde La Habana sigue siendo inequívoca y firme: su sicario en Caracas debe resistir hasta el último Bolívar, hasta el último represor y hasta la última bala. El pueblo venezolano también sabe que hoy en sus calles no sólo se juega su libertad, sino el balance continental estratégico del poder político en América Latina. Las profundísimas implicaciones regionales de una victoria sobre la dictadura de Maduro, a producirse tarde a temprano, cobrarán una importancia que trascenderá con mucho las fronteras venezolanas. La intensidad de esta confrontación queda así explicada.

Con tan grandes intereses en juego es predecible que la actual ola de protestas continúe indefinidamente hasta que el poder ceda o se agote la oposición. Ni una alternativa ni la otra parecen estar a la vista a corto plazo, pero algo sí es seguro: los profesionales cubanos que todavía permanecen en Venezuela corren un peligro real y constante, y están asumiendo un riesgo irracional debido a la tozudez y la codicia de crápulas políticas instaladas a ambas orillas del Caribe.

El altruismo esgrimido por la hipócrita diplomacia de Raúl Castro cuando asegura que estos profesionales, a pesar de los evidentes riesgos, se mantienen en Venezuela por pura abnegación personal y la ferviente “vocación filantrópica” del gobierno cubano se vendrá abajo en cuanto se derrumbe la dictadura de Nicolás Maduro. Entonces Venezuela precisará de médicos más que nunca, pero ante la segura negativa del gobierno entrante de seguir sosteniendo a la dictadura de la isla –pues con seguridad decidirá pagar a los galenos que decidan quedarse sin intermediación del gobierno cubano– automáticamente, a la vista de Raúl Castro, todos los venezolanos dejarán de ser seres humanos necesitados de atención médica, y ese será el predecible momento en que el dictador cubano ordenará el inmediato regreso de sus legiones de esclavos, porque jamás ha pretendido, ni de lejos, mantener allí una misión “humanitaria” sin ánimo de lucro.

Por estas y otras razones cualquier daño, mutilación o muerte cobradas por la violencia política sobre algún colaborador cubano en Venezuela será, ante la Historia, responsabilidad directa de Raúl Castro y la codicia de la dictadura que sostiene.

Conversando con el enemigo.

Por Jeovany Jimenez Vega.

Sí General, en este punto estoy plenamente de acuerdo con usted: “el enemigo usa armas informativas cada vez más sofisticadas. Entendido por enemigo, claro está, todo el que se oponga pertinazmente al progreso de mi pueblo; aquel que con desvergüenza lo priva de sus derechos; todo aquel que le obliga a vivir en la miseria; quien le miente, sin ruborizarse, con consignas huecas; quien le defalca sus riqueza y la dilapida en caprichos sectarios; quien suprime a la fuerza las voces disidentes o aquel que llega a la vileza de arrastrar y golpear mujeres indefensas sin respeto ni siquiera por sus propias leyes.

Gracias al terror impuesto a golpe de atropellos, fusilamientos y cárceles, estos consumados infames lograron controlar todos los resortes del poder desde principios de los 60 para al final arruinarnos un país predestinado naturalmente a la prosperidad, y hoy podemos ver como estos miserables se reparten los despojos de mi patria.

Esos temibles enemigos de mi pueblo, General –acostumbrados a su monopolio de mentiras– son los que hoy se crispan de miedo cuando les ilumina la verdad. Pero como las cosas van cambiando –no gracias a ellos, sino a pesar de ellos– y existe algo llamado progreso y algo inherente a la naturaleza humana llamado libre albedrío, han surgido neologismos que no codifican con su jerga absolutista –palabras ininteligibles para ellos, impronunciables en boca de un pueblo esclavo. ¿Internet accesible, pleno y sin censura? ¡horror! ¿Libertad de prensa, libertad de reunión y de asociación? ¡jamás! –entre otros muchos libertinajes que se permite ese cruel capitalismo mundial que nos cerca por todas partes.

Debido al egoísmo, la paranoia, la cobardía y la anquilosis mental de esos enemigos públicos que usted menciona, mi país acaba de ver pasar de largo un rosario de excelentes oportunidades, ofrecidas por un presidente norteamericano que rompió el esquema de todos sus predecesores. Entonces pudimos ver cómo los mismos inmorales que ayer se atrincheraron aludiendo inexistentes sirenas de guerra, hoy se repliegan otra vez tras las mismas trincheras, descolocados también ante la pipa de la paz. Cuando en su soberbia se negaron a reciprocar aquella mano tendida quedaron una vez más en evidencia ante mi pueblo como los oportunistas incorregibles que siempre han sido.

Es precisamente por la testarudez y la consumada mediocridad de estos enemigos jurados del pueblo cubano, General, que todavía se pudren la mitad de las cosechas antes de llegar a nuestras mesas, que una significativa parte de los campos continúa cubierta de marabú africano y otro injustificable por ciento permanece todavía incultivado mientras mi país importa innecesariamente más de 1700 millones de dólares anuales en alimentos –incluida una parte de su azúcar ¡algo increíble!– cuando, notoriamente, a la llegada de estos miserables hace casi sesenta años Cuba era exportadora neta de alimentos y la primera potencia mundial en exportación de azúcar.

Pero no puede suceder de otro modo en un país con dos terceras partes de sus empresas y corporaciones dirigidas por militares que de economía nada saben, pero que en cambio sí se han doctorado, con honores, en estafas y malversaciones. Digo yo, General, que si un periodista independiente puede caer preso en Cuba porque según la policía política “no tiene un título de graduado en esa carrera, ni está autorizado por el gobierno, ni inscrito en ninguna Agencia reconocida por el régimen cubano”, entonces se debería aplicar la misma lógica a estos casos y retirar a todos los militares cubanos de todo cargo y responsabilidad civil, confinando sus funciones a las Fuerzas Armadas, la única área de influencia que deberían detentar dada su formación exclusivamente militar.

En fin, General, raras veces sucede, pero esta vez sí le asiste a usted toda la razón: hoy por hoy la mejor tecnología del país está en manos de los enemigos consumados del pueblo cubano. Estos señores para concretar sus inescrúpulos disponen de Internet de banda ancha, de todas las conexiones satelitales posibles, de móviles de última generación y de recursos ilimitados que abastecen a legiones de trolls/agentes subnormales que intentan crear corrientes de opinión favorables a la dictadura que sostienen.

Estos enemigos son los que controlan el monopolio de ETECSA, que sentado como un gigante implacable a la puerta de todos los pobres nos impone tarifas prohibitivas por mala telefonía y una Internet censurada, lenta y cara únicamente accesible bajo el sol tropical de las aceras cubiertas por Wi-Fi. Son los mismos que intervienen y escuchan todas las conversaciones y mensajes enviados desde y hacia Cuba, y lo mismo limpian la bandeja de tu correo como que hackean sitios incómodos y censuran páginas contestatarias.

Pero ¿le digo algo General? No es menos cierto que ya a estos enemigos de mi pueblo se les acabó su tiempo, y como lo saben se les nota el miedo. La ola de depredación desatada contra la oposición pacífica en mi país durante el último año denuncia su desesperación. Saben que mi pueblo hace mucho tiempo dejó de amarles –si se le puede llamar así a algo engendrado bajo la mentira– pero que hoy, definitivamente, sólo les odia y les teme. Por eso esta canalla lanza, una tras otra, inmisericordes oleadas de represión, porque saben que el miedo es el único y último recurso que les queda.

Por suerte el miedo es un sentimiento tan engañoso como fugaz, y suele agotarse con el tiempo. Hoy una parte cada vez mayor de mi pueblo no le teme más a sus verdugos y decidió definitivamente ya no humillarse ante los tiranos. Pero esa liberación personal irradia un aura peligrosamente contagiosa y el enemigo muy bien lo sabe, y aunque insista en presentarse con apariencia imperturbable, sin embargo, su nerviosismo lo delata.

Infiero que usted puede conocer personalmente a tales enemigos. Si llega a topárselos por favor confírmeles en nombre del pueblo cubano que ya es hora de que se aparten de nuestro camino. Es muy necesario y saludable, además, que usted también lo sepa General.

Cuba entre fariseos y tiranos.

Por Jeovany Gimenez Vega.

Hace unos días el Cardenal Jaime Ortega Alamino en rueda de prensa, al referirse a una carta suya enviada al dictador Raúl Castro para “…lamentar el trato dado a las Damas de Blanco…” aseguró haber tenido con ello “…una intervención inicial en aquel proceso…” Con esta afirmación el Cardenal insinúa, o al menos deja implícito, que tuvo un papel crucial en la liberación de los prisioneros políticos cubanos de la Primavera Negra de 2003.

Sin duda asistimos aquí a un evidente error de perspectiva. Cuando el Cardenal se dirigió en estos términos al General en Jefe ya estas honorables mujeres llevaban alrededor de siete años sufriendo asedios y amenazadas a diario por parte de la repulsiva policía política, eran arrastradas con frecuencia por hordas paramilitares organizadas por el Partido Comunista y detenidas por la Seguridad del Estado en cada una de sus temerarias marchas por La Habana.

No se trata de una afirmación mía, estos son hechos documentados durante años por toda la prensa extranjera que decidió ajustar sus cámaras a 250/8 y estar allí. Recordemos como cientos de estas activistas y sus damas de compañía se habían cohesionado alrededor de Laura Pollán y otras líderes, y como a pesar de todos esos años de vejaciones –que forzaron al límite la potencia represiva de la Sección 21– no parecían mostrar ningún signo de fatiga, sino todo lo contrario, pues cada informe de inteligencia debió ratificar al mando superior la firmeza en sus propósitos. Para entonces ya la organización había recibido el Premio Sajarov, contaba cada vez con mayor apoyo internacional y absorbía una cobertura permanente de las Agencias extranjeras acreditadas en Cuba.

Es un hecho indiscutible que a la altura de 2009 ya el movimiento de las Damas de Blanco tenía contra las cuerdas a la dictadura cubana. También es un secreto a voces que fue entonces cuando la dictadura, acorralada en su error y demasiado arrogante como para reconocer su derrota –pero también demasiado cobarde para disculparse por los encarcelamientos perpetrados seis años antes– decidió parapetarse detrás de una presunta intermediación de la Iglesia Católica: ideó presentar la liberación de aquellos prisioneros políticos como un presunto rapto de compasión, como una epifanía del régimen castrista ante aquella piadosa solicitud.

Para dar credibilidad a la farsa fue elegido el manto púrpura de Jaime Ortega. El resto de la solución pasó, entre otros actores, por el Gobierno español de Zapatero, ejecutor del resto del trabajo sucio, cuando aceptó a los desterrados –que otra cosa no fueron– pero negándoles, sin embargo, el status de refugiados políticos que auténticamente detentaban. Así todo quedaría como una conmovedora intermediación de la jerarquía de la Iglesia Católica cubana entre la preocupada comunidad internacional y el clemente Gobierno cubano, mientras se excluiría meticulosamente de la ecuación la heroica resistencia de aquellas madres, hijas y esposas que habían humillado a una dictadura.

Hoy Jaime Ortega insiste en lo contrario, y a la vez que reconoce cómo aquel desenlace fue determinante en la posterior política de normalización de relaciones propuesta a Raúl Castro por la Administración Obama y el fin de la Posición Común europea, omite imperdonablemente que la dictadura cubana todavía se niega, furibunda, a normalizar relaciones con su propio pueblo.

En España vimos a un anodino Ortega evadir, con una desfachatez total, la pregunta sobre la cifra de prisioneros políticos que mantiene actualmente el régimen castrista. Negarse a denunciar la permanencia de alrededor de un centenar de presos políticos en cárceles cubanas –sometidos invariablemente al régimen penitenciario de los reos comunes– denuncia su naturaleza ladina y una pasmosa cobardía personal en el líder religioso.

En España vimos a un simulador muy bien informado. Este señor conoce de primera mano la arrogancia de la dictadura porque la ha vivido en carne propia. La institución que representa sufrió la expulsión de decenas de sacerdotes y religiosas, la confiscación de sus colegios y de muchos conventos y lleva más de medio siglo sin poder construir nuevos templos. Su Iglesia fue una víctima más de la ola represiva del ¿quinquenio? gris, cuando miles de sus miembros también sufrieron confinación forzada en las UMAP y perdieron trabajos o carreras universitarias por no renegar de su fe.

Retaría a este señor a que solicite al Gobierno cubano libertad para que los padres que así lo decidan, en pleno uso de su natural derecho, puedan elegir una educación religiosa para sus hijos, o que se reabran las escuelas de Jesuitas –como aquella en que estudió el adolescente Fidel Castro, por cierto– y se autorice al clero a tener sus propios canales de televisión y radio, algo completamente legal en el resto del mundo libre.

Pero Jaime Ortega sabe que su silencio es la condición para evitar la ira de un tirano al que mucho teme. Sabe que la recientemente inaugurada nueva sede del Seminario de San Carlos es prácticamente la única concesión hecha por la dictadura en más de medio siglo –presuntamente como premio a su papel en aquella puesta en escena de 2010– y con toda seguridad está enterado sobre la constante represión mantenida por el régimen hasta hoy contra las congregaciones protestantes en Cuba –que ya ha conllevado el cierre forzoso de decenas de lugares de culto– víctimas de la paranoia y la recia intolerancia del Gobierno de Raúl Castro.

Entonces ¿cómo es posible que este señor se niegue a hablar sobre presos políticos y elecciones en Cuba, solo porque “…no entra en el ámbito de esta conversación…”? Ortega sabe que el castrismo hasta el sol de hoy vulnera masiva y sistemáticamente los derechos humanos de mi pueblo, pero ahora emplazado ante la Historia decide guardar prudente distancia, callar vilmente, y tomar partido por las huestes de Roma; sabe que mientras clava su cabeza en la tierra y se lava las manos como Pilato la dictadura crucifica impunemente al pueblo cubano, sin embargo, haciendo gala de un espantoso cinismo dice ante el mundo que en Cuba las cosas van cambiando.

Definitivamente este hombre no vive en la misma Cuba que yo habito, en la que padece el pueblo cubano y mi familia, la del desabastecimiento atroz e injustificable. Cita otra Cuba que no conozco, una donde presuntamente ha habido “…cambios de una economía que se abre a distintos aspectos… en la consideración a la propiedad privada…” La Cuba que conozco es la de los disidentes amenazados y apaleados, la de los opositores vejados y encarcelados impunemente, la de los jóvenes expulsados por motivos políticos de una Universidad que sigue siendo exclusivamentepara los revolucionarios”.

Realmente no conozco esa Cuba alucinada que menciona Ortega. La Cuba que conozco es un país en caos, sin leyes ni autoridades que las respeten, con una falta absoluta de oportunidades para una juventud que recién protagonizara el éxodo más grande de su Historia, generando la crisis migratoria centroamericana, mientras huía de ese Gobierno que hoy Ortega, sin rubor, abiertamente defiende; una Cuba donde persisten cientos de prohibiciones absurdas que hacen inoperante la prosperidad dentro de la legalidad, pues un gobierno hostil a la empresa privada hace todo lo posible porque así sea.

Desconozco si este hombre de maneras afectadas y mirada evasiva –que mientras habla no se atreve a levantar los ojos pues sabe que miente– ha logrado dormir tranquilo desde ese día, cuando tajante evadió las dos preguntas más trascendentes de la jornada, actitud que remeda la de los dirigentes cubanos que en su terror a la verdad jamás –literalmente, jamás– se exponen a la prensa libre.

No habló el Cardenal desde la intimidad de un claustro, sino que lo hizo públicamente y debió elegir mejor sus palabras. Si el Señor Ortega no está dispuesto a decir la verdad sobre los crímenes perpetrados por la dictadura cubana contra mi pueblo, mejor debe abstenerse de hacer declaraciones públicas. Pocas veces se asiste a una actitud tan absolutamente pusilánime. Cierto que es una personalidad religiosa, no un político, pero cuando asegura que Raúl Castro se abre al mundo y habla de “…los nuevos aires que corren en Cuba…” –cuando en realidad estamos ante una dictadura cada día más enquistada y retrógrada– asume una postura política que avala el desempeño de los tiranos desde su posición de persona pública.

Cuando presencio estos vergonzosos despliegues de cobardía disfrazados de hipócrita mansedumbre no puedo menos que recordar a auténticos mártires de la Iglesia, pero sobre todo pienso en el inspirador ejemplo del beato Monseñor Romero tan cercano a todos sus pobres, el de las denuncias incendiarias contra los verdugos durante aquellas homilías que paralizaban a su Salvador amado, el cordero de Dios que defendió como león la libertad de un pueblo que hoy lo recuerda y venera como a un santo. Este hombre humilde se creció ante las circunstancias y cuanto más recrudecía la represión con mayor tenacidad defendía a sus pobres, e incluso superando su propia naturaleza, encontró gracias a su inspiración en Dios un valor personal del cual, según palabras propias, no nació dotado. Un tristísimo día de 1980 murió asesinado este santo por un certero disparo en el corazón, pero su vida todavía inspira a millones.

Ante semejante ejemplo de santidad moral este hombrecillo que hoy nos ocupa cobra dimensiones entomológicas. Pero aquí tenemos a Jaime Ortega Alamino, una vez más, en su rol de testaferro político de la dictadura cubana, convertido ya prácticamente en vocero oficial del Gobierno de Raúl Castro. Ojalá Dios, y por supuesto la Oficina de Atención a Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, se apiaden de su alma.

Ver Estado de Sats: Ortega en campaña por el neocastrismo.

A “Fidelistas por siempre”: ¿por qué bloquear un comentario?

Por Jeovany Jimenez Vega.

Acabo de subir un comentario a esta página que arriba se puede ver. Como su nombre claramente lo indica se trata de uno de esos engendros que defiende a brazo partido la santidad de Fidel Castro. Apenas unos minutos después de subido mi comentario fui bloqueado. Esto es una práctica común a casi todos los sitios oficialistas o simpatizantes con el castrismo: o bien cada comentario debe ser previamente modulado, o simplemente es bloqueado. Esta práctica sólo evidencia una medular cobardía, una falta total de argumentos y son consecuencia directa de los hábitos de la dictadura cubana, que ha extendido prácticas análogas de intolerancia a toda la sociedad cubana durante casi 60 años. Después de todo ya lo dice el refrán: a tal palo tal astilla.

Este es un post atípico y espontáneo, escrito directamente desde la pantalla de administrador de Ciudadano Cero. Por supuesto obedece a un impulso emocional ante la cobardía de un sitio que hace loas y suspira de admiración ante el recuerdo de un tirano. Ahora pueden llegar hasta aquí todas las divisiones de ciberclarias de la UCI a formar el coro. Pueden llegar todas juntas, aquí no se bloqueará la opinión de ninguna de estas divas de la policía política, porque aún despreciando profundamente sus mentiras, este fue, es y será un espacio democrático, abierto tanto a opiniones favorables como en contra. Después de todo, si la verdad está conmigo ¿quien contra mi?

Aquí queda el comentario bloqueado por “Fidelistas Por Siempre”, antes para su consumo, ahora como muestra pública de su cobardía:

“Realmente no sé a lo que te refieres cuando aseguras que en Cuba el socialismo se mantiene de forma “voluntaria”. En ese caso quedaría por ver por qué la dictadura necesita mantener constantemente tanta fuerza de choque en la calle para acallar a los que se atreven a levantar la voz en medio del terror fomentado precisamente por tu Santo Patrón San Fidel de todos los Castro. Tampoco comprendo cómo adivinas que estos criminales que incendiaron un perrito (en Manzanillo) son balseros que quieren llegar a EE.UU. o algo por el estilo. ¿O acaso tienes una bola de cristal? Sin advertirlo estás copiando a tus jefes, que han convertido la ofensa y la difamación a priori en una norma, en su práctica habitual. Si supieras, a mi se me parecen más a los esbirros de la Seguridad del Estado que le caen a palo a los opositores en la calle y organizan o se ofrecen a los denigrantes mítines de repudio que organizan tus santos jefazos para mantener “voluntariamente” ese socialismo que en Cuba nos mantiene sumidos en la más absurda e innecesaria pobreza. Sin embargo sí estoy de acuerdo contigo: mi pueblo es un pueblo excelente y trabajador, llamado naturalmente a la prosperidad gracias al trabajo de sus manos, pero un obstáculo hasta ahora insalvable se lo ha impedido durante más de medio siglo: la dictadura instalada y sostenida a puros c@jones por tu clan de santos. Han sido precisamente las lamentables carencias materiales y la amoralidad fomentada gracias a sus delirios que tanta juventud creció sin valores y es capaz de retratarse sentada sobre el busto de Martí, del mismo Martí que traicionan todos los días los mismos que aquí aplaudes y se cagan en la doctrina martiana cuando atropellan los derechos del pueblo cubano y le pagan una miseria al maestro, al médico, al jubilado, y al pueblo en general para después darse golpes de pecho en los foros mundiales por los pobres del mundo. Pura demagogia. Es cierto que en Venezuela hay mucho “lumpen proletario”: están infiltrados en la PNB, asesorados por la Seguridad del Estado cubana y reprimiendo al valiente pueblo venezolano que lucha por sus derechos, y también mucho agente cubano que está infiltrado entre las protestas para entorpecer todo, o asesorado por ellos, tácticas todas ordenadas desde La Habana. Cierto también que el Cuba tenemos muchos burgueses: están llenos de estrellas y condecoraciones entregadas por tus santos patrones, sentados en la Plaza, y tienen sus mansiones en Kholi, Nuevo Vedado y Siboney, con casas de descanso en Varadero y tienen autos a tanque lleno para ellos y sus amantes. Este sitio es penoso, una vergüenza para todos los millones que hemos sido víctimas y sufrimos la arrogancia y el despotismo que fomentan todavía tus jefazos de la Plaza. Sitios como este son una auténtica vergüenza porque se proponen legitimar lo ilegitimable: UN CRIMEN COMETIDO CONTRA TODO UN PUEBLO. Pero a pesar de todo tú decidiste ser Fidelista por siempre, lo cual es tu derecho; después de todo hay un refrán que reza que hay gustos que merecen palos; pero para gustos se hicieron los colores y para escoger las flores. Pero nunca olvides que tu Santo Fidel Castro nunca dudó en fusilar seres humanos cuando lo creyó necesario a sus intereses -y no uno sino a muchos- lo cual fue bastante más grave que incendiar un perrito. ¿O no lo crees así? Ahora que ya te dije todo esto, cuando quieras me puedes bloquear, así serías consecuente con el espíritu de los Castro, estarías en su línea, censurando todo lo que les ponga la verdad de frente, ese sería tu tributo a los déspotas y mi triunfo.”

Comentario en Unión de Cubanos en Ecuador

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