“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para enero, 2016

Cuba y el fantasma de la Internet.

Wi-fi GuayaquilImagen: Cortesía del fotógrafo Julio R. B.                                                                                                                                                   Por Jeovany Gimenez Vega.

Un fantasma recorre Cuba: el fantasma de la Internet. Todas las fuerzas de la vieja guardia se han unido en santa cruzada contra ese fantasma: los Castro y el censor Ramiro Valdés, antes el Furry Colomé Ibarra y ahora Fernández Gondín, los radicales comunistas y todos los polizontes del oportunismo… Así podría comenzar el Manifiesto de la Internet para el pueblo cubano, colocado frente a un horizonte tan lejano como huidizo en todo lo concerniente a su conexión con el mundo exterior.

Andando por cualquier parque de Guayaquil, en todas las paradas de la Metro, en muchas cafeterías y tiendas y en todos los mall, cuando encuentro a cada paso anuncios de señal Wi-fi gratis en cada esquina, vuela mi pensamiento hasta mi islita cercada. La censura de la Internet en Cuba es un tema tan llevado y traído que ya apesta. La archidemostrada reticencia del Gobierno cubano a ceder una pizca de terreno en su monopolio de la información ha terminado colocando a nuestro país al final de la lista de índice de conectividad en todo el continente americano y en el selecto grupo de rezagada a nivel mundial.

Traigo nuevamente la trillada cuestión a esta página ante la noticia de que representantes de los gobiernos de Cuba y Estados Unidos se han sentado a conversar sobre el tema en días recientes, como parte de la distención propiciada desde el penúltimo 17/12 por la administración Obama y aceptadas por Raúl Castro sólo porque el barco de Maduro hace rato sumergió su línea de flotación. Pero nada nuevo escuchó, con toda certeza, la parte norteamericana en la cita: que si el “bloqueo” impide la financiación de cualquier proyecto de ampliación de la infraestructura, que si sería preciso democratizar la administración de la red global, que si la ciberseguridad, que si las tormentas solares o los anillos de Saturno; cualquier excusa cuenta para los censores a la hora de postergar nuestro derecho a acceder incondicionalmente a la autopista mundial.

Seguramente nada mencionó la parte cubana en esa reunión acerca de las ¾ partes de la potencialidad del cable submarino venezolano dejadas sin explotar deliberadamente durante casi una década, y disimuló o evadió cuanto pudo cualquier alusión a las propuestas concretas hechas en más de una ocasión por empresas norteamericanas para hacer inversiones en la isla, que a corto plazo harían asequible el servicio de Internet para el cubano de a pie y mejorarían ostensiblemente el servicio de telefonía en la isla.

Ante cada salida propuesta por Estados Unidos o cualquier otro país en el asunto la parte cubana ha seguido hasta ahora su estrategia de siempre: encontrar un problema para cada solución. En este escabroso punto la dictadura tiene la mirada fija en su único propósito: mantener a toda costa, hasta su último aliento, el control más férreo y absolutamente posible de la información, por eso cualquier propuesta norteamericana chocará frontalmente contra este interés primordial, pues la dictadura sabe que la censura es para ella un asunto vital.

Cuando ando por las avenidas de Guayaquil y veo a cada paso los anuncios de señal Wi-fi gratis ofrecidas por la alcaldía de la ciudad, así como los carteles que desde cualquier cyber invitan al servicio de Internet, a una cómoda velocidad y sin restricciones, a ¡$1.00 USD por 3 horas de conexión! y veo en cada tejado una antena parabólica o la entrada de un coaxial, no puedo menos que contrastar esta realidad con la cínica política del Gobierno cubano y su monopolio ETECSA de “liberar” el servicio Wi-fi en puntos seleccionados a cuentagotas, y que tienen todos algo en común: allí usted pagará $2.00 CUC (más de $2.00 USD) por cada hora de lentísima conexión –en un país con salario promedio entre 15 y 20 USD mensuales. Usted escogerá si se conecta desde una sala de navegación, bajo la intemperie en un parque o “acomodado” bajo el sol en una acera, pero nunca lo hará desde su hogar –pues tal servicio sólo está disponible para los acólitos del régimen– y siempre será previa identificación e ingreso de sus datos personales. Además usted debe saber que cada click o tecla que pulse o cada sitio que visite serán espiados, y encontrará que todos los sitios incómodos al gobierno han sido celosamente censurados.

Por mi parte, más allá de que Ciudadano Cero esté o no reprobado en Cuba –no he tenido ocasión de probar el “flamante” servicio Wi-fi o las salas de navegación de ETECSA– sí nunca le perdonaré a los sátrapas de La Habana que por sus cojones me hayan vetado algo tan simple como una videoconferencia con mis hijos; esto es algo que duele y ofende, y convierte mi conflicto con la dictadura en algo personal. Para la alta política, sin embargo, queda una insoslayable evidencia a tener en cuenta, que es la causa esencial y última del problema: ese terror incontenible y absoluto de la dictadura cubana a las verdades insumisas vertidas en la red y que les oculta al pueblo cubano porque de ello depende la perpetuación en el poder de los déspotas que le desgobiernan. Así de simple es el dilema de la dictadura cubana ante esta “amenaza” que le quita el sueño.

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