“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para enero, 2014

Recuerdos de un 10 de diciembre.

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Primer acto: La barricada.

Huelo jodedera desde que doblo por la esquina y veo el depósito de basura que bloquea la calle. Hay un par de patrullas apostadas, amenazantes, media cuadra más allá. Sigo caminando como si conmigo no fuera pero el agente de la Seguridad del Estado se me interpone –vestido de civil y sin identificación, según la norma– y me hace percatarme de que es también conmigo la cosa. Buenas tardes ¿a dónde se dirige? –me interpela. A casa de un amigo –le respondo por permitirme un pequeño divertimento. Pero… ¿a casa de quién? –pregunta un segundo agente que se acerca con seño inquisitivo, también de civil por supuesto. Para abreviar le miro a los ojos: sí, es a casa de Rodiles. Deme su carnet de identidad –me exige ya en tono de ordenanza. La radio transmite mis datos y enseguida regresa el agente, esta vez con la inequívoca orden: ¡no puedes pasar! Sí, necesito pasar –le replico. No, no puedes –contraataca. Entonces mire a ver qué hace porque necesito pasar –digo sentencioso. Ante la “insolencia” se me hace la requisa de rigor buscado un celular, que no traigo ¡Cachéenlo y condúzcanlo! –ordena al fin. Son las 4:20 pm.

Segundo acto: El retenido.

Intento decir a los agentes de la PNR que sobran las esposas, pero me las ajustan hasta el hueso y en unos minutos estoy en la Unidad Territorial de Investigación Criminal y Operaciones (DIVICO 3) situada en Calle 62 e/ 7ma A y 9na, Playa. Soy recibido por el costado del parqueo, me retiran las esposas pero sus huellas –las de la piel, quiero decir– quedarán dibujadas durante horas. El oficial de la CI responsable de la receptación me pregunta mi nombre y a qué grupo pertenezco, me identifico y respondo que a ninguno. De nada vale que les diga que soy médico, que sólo pasaría por casa de Rodiles 20 minutos pues al día siguiente estoy de guardia 24 horas en el hospital y que hoy no debo llegar tarde a mi casa. Instantes después regresa otro agente de la CI y pregunta: ¿tú has tenido algún problema con tu trabajo… o algo así?
Sí, ese mismo soy –casi le interrumpo para ahorrarle cavilaciones. Él, ya ubicadas mis coordenadas, se retira y es cuando el presunto jefe distiende un poco el tono de la voz. Les digo que con todo esto cometen un grave error que no conduce a nada y que no tienen ningún derecho a hacerlo, que prueben otros métodos. A ver dime –replica el oficial– ¿cómo lo solucionarías tú? y le respondo que no soy yo quien tiene que solucionar este problema. Usan la siguiente hora para persuadirme de que regrese a mi casa, pero insisto en que antes debo pasar por casa de Rodiles. Puedes pasar otro día, pero hoy no podrá ser –me dicen en tono conclusivo– de todos modos si lo vuelves a intentar te detendrán otra vez. Estaremos en esto todo el día, así que evitémonos el trabajo –les digo antes de que se aparten a deliberar. En un impasse logro hablar unos minutos con Gorki Águila, bastante adolorido después de su “tierno” arresto. Regresan los agentes convencidos de que el dominó se trancó, me retienen mi cámara fotográfica y me envían a un calabozo.

Tercer acto: Convicto.

Es la celda una habitación casi hermética de unos 50 metros cuadrados por unos 6 metros de alto, que además de la puerta tiene una única ventana también enrejada de uno por medio metro de alto, elevada a unos cinco metros del suelo. Tres bancos de granito, son el único elemento ajeno a unas paredes pintadas con varias capas de cal viva que intentan sepultar los grafitis malditos, las consignas y maldiciones nuevas que son memorias de historias viejas. Dentro esperan detenidos 13 hombres que hoy corrieron suertes similares a la mía; me cuentan que antes que ellos pasaron otros y que estiman hayan totalizado –sólo en esta unidad– medio centenar, incluidas varias mujeres.

Cuarto acto: La espera.

Llega la hora del tedio y el calor me obliga a quitarme el pullover. Pasan las horas entre diálogos ocasionales y fugaces exabruptos de algunos que gritan a todo pulmón contra la madre de los tomates. Al final de la tarde traen a Gorki, que sigue adolorido, no deja de quejarse del dolor de cabeza y después de un rato logramos que lo mediquen en un policlínico cercano, regresa aliviado. Sobre las 8:00 pm el hambre alborota el panal y los que así lo desean son sacados a comer pero digo que no; supongo que el cautiverio me quita el apetito. Es precisamente la hora que escoge el oficial que me recibió en la tarde –Mandy, dice llamarse– para distender el ambiente jugando al policía bueno. Entra en la celda y en tono que bajo otras circunstancias pudiera llamarse conciliatorio, jaranea y hasta filosofamos un poco; aprovecho para reiterarle, por tercera vez, que necesito llamar a mi casa y por tercera vez pierdo mi tiempo. Cobro conciencia de que en este preciso instante estoy no sólo arbitrariamente detenido, sino que soy lo que daría en llamarse técnicamente un desaparecido, pues mi familia hace varias horas espera por mí sin conocer mi paradero. Durante un largo rato ha quedado abierta la reja de la celda y diera la impresión de que pudiéramos salir de nuestro encierro a tomarnos un cafecito en la esquina –si fuéramos tan comemierdas como para creernos el cuento. En la medida que han pasado las horas han ido sacando poco a poco a casi todos y a las 10:00 pm ya quedamos cinco detenidos. Sobre las 10:30 pm llaman a Edilio, abogado de la Asociación Jurídica de Cuba, junto a otro detenido y sólo quedamos Gorki, Aldo (administra la página castorjabao) y yo. Sobre las 11:00 pm asoman las tres colchonetas y es entonces cuando me resigno a la idea de que voy a dormir en cana.

Quinto acto: “Liberado”

En la mañana por fin se abre la reja y gritan mi nombre. Me despido de Gorki y Aldo, que allí permanecerían 12 horas más. A la salida una oficial de la PNR me muestra un documento que en el lugar donde debería yo firmar ya alguien, que tal vez me conozca bien, había escrito antes “no firmó”, y me lo ahorró porque precisamente eso pensaba hacer. Este papel decía algo sobre contrarrevolución y les digo que la contrarrevolución deberían buscarla entre los ladrones que están defalcando este país. Me devuelven la cámara fotográfica no sin antes tener la precaución de descargar completamente la batería. Después la terminal del Lido me lleva hasta Artemisa, estoy hecho un asco, apenas me baño, almuerzo algo y regreso a La Habana a mi guardia médica porque después de todo ni mis compañeros de equipo ni mis pacientes tuvieron la culpa de la velada.

Último acto: La píldora del día siguiente.

La guardia estuvo letal, llego a mi casa en la tarde, abro el Granma y así me entero que en la ceremonia mundial de despedida a Nelson Mandela, mi Presidente Raúl Castro pronunció conmovedoras palabras que abogaban por que nuestros pueblos de América Latina seamos “… respetuosos de la diversidad, con la convicción de que el diálogo y la cooperación son el camino para la solución de las diferencias y la convivencia civilizada de quienes piensan distinto…”, palabras de las cuales no me di por enterado hasta el día siguiente por razones obvias. Mientras el Presidente de este país, que hoy preside el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, pronunciaba su discurso, este cubano permaneció detenido durante 16 horas por intentar asistir a Estado de Sats, con lo cual se violó su derecho a la libertad de movimiento, a la libertad de reunión y a la libertad de pensamiento –pues es a eso, a pensar, a lo único que se va a ese sitio. Entonces la pregunta obligada sería ¿a qué le teme mi gobierno? ¿No será acaso porque no piensa terminar con estas agresiones a nuestras libertades que el Gobierno cubano se resiste a ratificar los pactos sobre las Derechos Civiles y Políticos y sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales que firmara a principios de 2008? –es presisamente por esto que logro subir esta denuncia sólo más de siete semanas después. Ante tales evidencia sobran los comentarios.

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