“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para abril, 2017

1 de mayo en Cuba: crónica de una farsa anunciada.

Por Jeovany Jimenez Vega.

Mañana será un día sin sorpresas en Cuba. Este 1 de mayo –el primero sin Fidel Castro en casi seis décadas– nuevamente se llenarán las plazas públicas del país, lo cual nadie sensato debería interpretar como una verdadera muestra de apoyo al Gobierno de Raúl Castro, sino más bien como una advertencia de que los resortes represivos de la dictadura profunda se mantienen intactos.

En una sociedad donde la a-moralidad cobra matices surrealistas, la abrumadora mayoría de los que desfilarán el Día Internacional del Trabajo en esta isla oprimida lo harán conscientes de que asisten a una gran farsa, de que todo no pasará de ser un ejercicio más de automutilación, pero en ausencia del espíritu crítico y el civismo necesarios para negarse –extirpados hace décadas por la dictadura– la mayoría terminará cediendo y preferirá pagar su tributo de miedo a los tiranos. Total, si nunca un palo ha hecho monte, ni habrá golondrina que haga el invierno, se dirán a modo de piadosa consolación.

Sin duda entre los más “combativos” bloques se contarán los de la Salud Pública. Será una excelente oportunidad para, en medio de pintorescos carteles y altisonantes consignas, tal vez ascender en el listado de la sacrosanta bolsa de colaboradores, lo cual podrá enviar al interesado a cualquier oscuro rincón del mundo como parte de las Misiones Médicas oficiales donde el Gobierno cubano puntual y “desinteresadamente” le sustraerá el 70% de su salario, a pesar de lo cual ganará allá 20 veces más que la miseria que en Cuba le pagan esos mismos autócratas vitoreados por ellos en la Plaza.

Ante este despliegue de hipocresías mutuas no puedo menos que recordar con tristeza cómo en 2006 fue precisamente el Jefe Nacional del Sindicato de la Salud Pública, entonces un tal Raimundo Navarro, quien dirigió personalmente los mítines de repudio en todos los centros de trabajo donde dos médicos habaneros, unos meses antes, habían hecho circular un documento finalmente respaldado por 300 profesionales, que con respeto hacía llegar el criterio mayoritario de los trabajadores del sector al Ministro de Salud, Dr. José Ramón Balaguer, con relación a un irrespetuoso aumento salarial hecho efectivo en 2005.

Todos sabemos sobradamente que fue el dueto Partido Comunista/Seguridad del Estado el responsable de todo aquel penoso proceso, pero que fuera precisamente el máximo responsable del Sindicato de la Salud Pública quien se ofreciera a hacer el trabajo sucio, y “organizara” aquella cacería de brujas para proponer que ¡dos de sus propios afiliados! fueran expulsados del Sistema Nacional de Salud, lo dice todo sobre la verdadera misión de los sindicatos bajo una dictadura como la castrista.

Y a pesar de todo mañana presenciaremos un acto más de la gran puesta en escena. Tal vez usted no comprenderá cómo puede repetirse año tras año esta paradoja, incluso en medio de semejante ineptitud gubernamental, de un caos económico tan profundo, en medio de una sistémica corrupción y un desabastecimiento escandaloso, generadores todos de una galopante represión política, pero sin duda la respuesta podrá encontrarla el 2 de mayo, porque los mismos que mañana agitarán las banderitas saldrán al día siguiente a su rutina de siempre: le robarán a Castro en su almacén o defalcarán su empresa estatal con relativa tranquilidad, cumpliéndose así el tácito acuerdo que lo sostiene todo: te dejaremos tranquilo siempre que te portes bien; si cooperas y simulas en la Plaza te permitiremos robar en paz.

Una vez más el régimen organizará estos alardes a lo largo y ancho de la isla para autolegitimarse, porque el absolutismo necesita imperiosamente de estos recurrentes despliegues de onanismo mental; después de todo, una dictadura sin simulaciones sería como un jardín sin flores.

Por esto nunca estará de más recordar que tanto en el bloque de Europa del Este como en el cuartel general del “comunismo” mundial, la mismísima URSS, cada régimen supo organizar estas payasadas hasta el último minuto y justo antes de sucumbir ante la Historia se llenaron igualmente las plazas de estériles consignas y banderitas tardías.

Esta lección nos confirma que en Cuba también estamos ante un gigante con pies de barro, no lo olvidemos: un gigante soberbio, pero cobarde, sostenido únicamente por sus mentiras y nuestro miedo, un engendro que sólo parecerá grande mientras lo contemplemos de rodillas… y él muy bien que lo sabe.

La singularidad de la dictadura cubana.

Por Jeovany Jimenez Vega

Hace algunos días, durante un conversatorio en Chile, cierto militante de izquierda interrumpió a Rosa María Payá con una gritería ofensiva haciendo loas por la pureza de la “revolución” cubana. Este incidente me ha hecho reflexionar sobre las causas del ancestral desenfoque mantenido aun al respecto por muchísima de la autoproclamada izquierda latinoamericana.

Hablo de una especie en extinción; suelen ser trasnochados en un cuento de hadas haciendo gala de un insulso y desfasado romanticismo fundamentado en la tesis de que aún se mantiene inmaculada la Revolución del 59. Debido a su antológico anacronismo, ningún argumento logra convencerles de que defienden una causa perdida, y cuando intentas ilustrarles con ejemplos concretos la incompasiva represión sufrida en la isla suelen llamarte embustero, estallar en gritos y apartarse con su típica arrogancia.

Para entender una postura tan obtusa debemos develar sus causas. Después de todo no es fortuito que la dictadura castrista se haya mantenido en firme casi 60 años a pesar de tanta repulsa y de la notoria hostilidad de una decena de gobiernos de Estados Unidos.

Esta capacidad de sobrevida evidencia la magnitud de su férreo control sobre la sociedad cubana, pero además su clara singularidad comparada con otros casos continentales. Aunque evidentemente hay algo que aquí parece escapar a la comprensión de esta pseudoizquierda latinoamericana: la diferencia cardinal que existe entre delinquir con los derechos de un pueblo, incluso al completo margen de la institucionalidad –como lo hicieron el resto de las dictaduras americanas del Siglo XX incluida la chilena– y aniquilar por completo un Estado de Derecho.

Del primer caso serían dos excelentes ejemplos en la Historia de Cuba el machadato y la dictadura instaurada más tarde por Fulgencio Batista, golpe de Estado mediante. Pero dictaduras de este tipo sólo ascienden al segundo escalón evolutivo cuando logran pulverizar todo atisbo de institucionalidad, suplantar el concepto de Estado por un absolutismo condensado en la suprema figura del autócrata y cagarse literalmente en la división efectiva de poderes, algo sólo consumado con total éxito por Fidel Castro durante la década de los 60, y luego largamente intentado bajo su asesoría directa –más no logrado gracias a la resistencia del pueblo de Bolívar– por el chavomadurismo venezolano.

Existen signos distintivos entre una dictadura simple y un Estado totalitario, pues por más que ambos se parezcan no son exactamente lo mismo. Si bien todo Estado totalitario comienza siendo una dictadura, no toda dictadura evoluciona, cuaja y madura plenamente en su estrategia de adoctrinamiento social y en el refinamiento y alcance de sus métodos de terror, sin embargo, como para llegar a constituirse en un Estado totalitario auténtico como ha sucedido en Cuba.

En el primer caso se conservan, aun rudimentariamente, instituciones que a pesar de sufrir bajo la presión del Estado represivo, logran cumplir a contrapelo con mayor o menor éxito su rol, mantener cierto grado de trascendencia social y conservar una relativa autonomía con relación al poder centralizado que se les opone. Pero esto es precisamente lo que ya ha logrado suprimir por completo un Estado totalitario, donde los autócratas lograron coaptar todas las instituciones del país, aniquilar completamente la división de poderes, y logrado secuestrar de modo más absoluto los derechos civiles y políticos.

Ejemplos de estos sistemas, igual de despóticos pero mucho más inamovibles y herméticos, son los que tristemente soportan hoy los pueblos de Cuba y Corea del Norte. En ellos resulta extremadamente complejo hallar fisuras de poder a través de los cuales el pueblo logre ejercer algún derecho auténtico.

Si bien el Chile de Pinochet fue una virulenta dictadura, la Cuba de los Castro evolucionó hace décadas, en cambio, a un brutal y bien afianzado Estado policial totalitario, mal muchísimo más difícil de desarraigar porque ha llevado a un nivel estratégico muy avanzado el adoctrinamiento generacional, la sistematicidad de su paranoica censura y desarrollado hasta la exquisitez, pero también con sutileza, sus tenebrosos métodos represivos.

Ya en este estado superior del absolutismo no suelen ser necesarios los tanques en las calles porque el terror, ahora incorporado al ADN social, garantiza el silencio de la gente, la autocensura de la prensa, la servidumbre de jueces, tribunales y “sindicatos”, la complicidad de la Iglesia, y hasta el mutis encubridor en más de un foro internacional.

El régimen de La Habana, pródigo en todos estos menesteres, se ha empleado a fondo para, además, crear, extender y mantener a punto uno de los más vastos y eficientes aparatos de inteligencia del mundo. No olvidemos la observación de James Clapper, Director Nacional de Inteligencia bajo la Administración Obama, quien asegura que Estados Unidos hoy considera a Cuba como una de sus mayores amenazas de inteligencia, sólo superable por Rusia y China, y en similar medida que Irán. Aquí tenemos a la superpotencia planetaria situando a esta islita prácticamente al mismo nivel de tres potencias nucleares en cuanto a poder de penetración. ¡Asombroso! Este es un detalle imposible de desestimar.

Pero si a esto le añadimos el gigantesco engranaje diplomático fomentado por la dictadura, dedicado incansablemente por más de medio siglo al lobby proselitista, a comprar conciencias, sobornar funcionarios de todo tipo y chantajear gobiernos con el dinero de Liborio, entonces ya estaremos más en condiciones de comprender cómo puede existir aun alguien tan idiotizado como para ladrar esa pendejada de que Cuba es un paraíso de libertades.

Ante semejante enajenación uno con estupor se pregunta si realmente hablará en serio. ¿O sea que sólo porque en Chile hubo una dictadura estamos obligados a soportar otra peor en Cuba indefinidamente? Sólo porque en Chile Pinochet desapareció y asesinó opositores ¿tendremos que tolerar eternamente en Cuba mítines de repudio, palizas impunes, allanamientos y detenciones arbitrarias? ¿Acaso no sabe que si nuestros niños no se desnutren es sólo gracias al inconmensurable desvelo de sus padres, y no por el litro de leche subsidiado por Raúl Castro hasta sus siete años? ¿En serio creerá posible este tarúpido que no haya hambre en Cuba cuando nuestros jubilados apenas sobreviven con ocho dólares mensuales?

Sin embargo esos obnubilados prefieren no asomarse a la prensa independiente “pagada por el imperio”, porque allí sólo se leen “mentiras” donde una policía política vestida cobardemente de civil golpea a diestra y siniestra a opositores pacíficos en nombre del pueblo, les roba con toda impunidad su dinero, pertenencias y medios de trabajo, amenaza y detiene arbitrariamente a disidentes indefensos, allana vilmente sus viviendas y les confisca ilegalmente sus bienes personales. Por supuesto también descartan a priori la posibilidad de que el santificado por ellos régimen de los Castro fuera capaz de asesinar al padre de esa misma Rosa María que ahora soportó en educado silencio su estúpida diatriba. Para estos espantajos morales esas no son más que mercenarias mentiras.

Pero lo cierto es que en Cuba pasó el tiempo y pasaron muchas águilas por el mar. Los antiguos linderos de las UMAP fueron removidos de raíz para eliminar evidencias, tal como los años han borrado de los muros las manchas de sangre de los fusilamientos, y ahora la puesta en escena se ha propuesto mantener el barrio marginal donde pulula nuestra pobreza meticulosamente apartado de la vista de esos izquierdosos de telenovela.

Pero al menos aprovechemos esta trascendente lección y jamás subestimemos la archidemostrada capacidad del castrismo para urdir artimañas y mentiras, pues si algo han demostrado consumadamente estos dictadores, si algún mérito indiscutible tuvieron siempre fue su refinada habilidad para engañar al mundo, empresa en la cual –injusto sería no reconocerlo– han sido extraordinariamente exitosos.

Ya han timado a tres Papas, a un Presidente estadounidense, y acaban de consumar grandes timos a la Unión Europea, al Club de París, a más de un gobierno latinoamericano y a muchísimos antiguos acreedores más –descontando los 35000 millones condonados sólo por Rusia, viejo aliado estratégico de La Habana. En fin, que fueron extremadamente buenos en el arte de la estafa, embaucaron a media humanidad, y al final el capitalismo mundial terminó perdonándoles esa friolera de decenas de miles de millones.

Entonces ¿por qué debe sorprendernos que mantengan engañados a este hato de ingenuos y tontos? Por eso repito aquí mi posición de siempre e invito gentilmente a nuestro entusiasta gritón rioplatense a radicarse definitivamente en Cuba, pero esta vez bien alejado de sus rutas de turismo, en la Cuba real revuelta en su miseria –muchísimo mejor si es al oriente del país– y bajo su suela el lodo de las barriadas pobres.

Una vez allí, libreta de racionamiento en mano, disfrutará de las “bondades” del castrocomunismo más pintoresco, y con un salario de 20 dólares mensuales intentará alimentar, vestir y calzar a su familia. Si al cabo de un año nuestro ya desconcertado joven chileno ha desatado naturales desavenencias con la dictadura –pues para entonces ya debe estar llamándole por su nombre– entonces tal vez cándidamente decida proponer a los jerarcas de la Plaza la realización de un plebiscito popular como el permitido por el mismo Pinochet que al final murió de viejo sin ser juzgado en la tranquilidad de su hogar, tal y como, sin remordimientos, acaba de hacerlo nuestro propio dictador –mire usted qué coincidencia– en su opulento Punto Cero.

La interesantísima respuesta que recibiría entonces acabaría por convencerle definitivamente de que nada entre cielo y tierra, bajo un Estado totalitario, termina siendo en realidad lo que parece.

La trata de profesionales en Cuba a la vista de una Relatora Especial.

Por Jeovany Jimenez Vega.

Acaba de producirse la visita a Cuba de Maria Grazia Giammarinaro, Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la Trata de Personas. Contrario a lo que opina la mayoría de los cubanos, incluidos decenas de miles de protagonistas enrolados en las propias misiones oficiales, y de los círculos opositores que hicieron pública su posición en los días previos a su llegada, esta señora acaba de desestimar las acusaciones de que el Gobierno cubano ejerza la esclavitud laboral en los convenios oficiales que mantiene con otros países.

O sea que si a usted, siendo médico, lo envían hoy mismo a un país lejano donde trabajará en medio de la nada y alejado de su familia, recibiendo el 20% del salario de un médico local a cambio del mismo trabajo, donde el gobierno cubano intermedia sin que usted se lo haya pedido para robarle tres cuartas partes de su salario –algo difícil de plantearse aún por el capitalista más inescrupuloso– al parecer todo esto no resultaría ser explotación laboral, según la señora relatora.

Tampoco le importaría si además la mitad de ese 20%, que allá le pagan, queda retenida en La Habana en una cuenta bancaria controlada por el gobierno, dinero que no le será entregado sino hasta el fin de su misión. En caso de que usted decida abandonar la misma ese dinero no podrá ser retirado en Cuba por su familia, sino que será automáticamente incautado por el Gobierno cubano y en ese caso a usted le será rigurosamente negada la entrada a su propio país por los siguientes ¡ocho años! durante los cuales no volverá a ver a sus hijos, pues en Cuba quedó su familia como rehén. Pero esos también parecieron ser detalles superfluos a la vista de la distinguida relatora.

Tampoco le dijo nada a esta señora que a cada colaborador le sea retirado inmediatamente su pasaporte cubano en cuanto pone un pie en el país de destino, ni tampoco que una vez allá sea constantemente amenazado con regresarlo a Cuba a la menor señal de “insubordinación” –que pudiera tratarse de algo tan simple como salir a una tienda cercana sin avisar al informante del grupo– y como si de un crío de cuatro años se tratara, tendrá prohibido salir sin pedir permiso con antelación. Tampoco estará autorizado a trabar “demasiada amistad” con los locales, y ni siquiera hablar de relacionarse de ningún modo con algo que siquiera huela a opositor político a algún régimen afín a La Habana. ¡Sacrilegio! Esto colocaría al “transgresor” en inminente riesgo de ver interrumpida su misión y de ser regresado inmediatamente a Cuba. Nada de esto debe ser entendido como coacción o amenaza según los parámetros de la señora relatora, sólo porque algún funcionario cubano le ha “…garantizado que los galenos solo participan de manera voluntaria y pueden regresar cuando quieran.”

En ese país usted podrá estar expuesto tanto a la malaria como al ébola o al VIH, y el azar o la mala suerte podrán situarlo ante un asalto o en medio de una vendetta y recibir algún disparo –peligros a los que estará constantemente expuesto a cambio de unos pocos cientos de dólares mensuales– pero esto tampoco pareció un detalle trascendente para la relatora.

En fin, estamos ante un espantoso engendro sostenido efectivamente mediante todo tipo de ruindades, donde el chantaje, la coacción y la amenaza son practicados sistemática e indiscriminadamente por un sistema que priva a esos trabajadores de sus más elementales derechos cívicos y laborales, una aberración que se nutre de la misma pobreza que genera, pues estos profesionales ostentan el salario gremial más bajo del mundo. A pesar de que ha generado entre 8000 y 10000 millones de dólares netos anuales durante las últimas décadas para la dictadura cubana, nada de esta riqueza ha sido destinada esencialmente a mejorar salarios ni condiciones de vida de los médicos, para de este modo perpetuar deliberadamente este ciclo de lacerante necesidad.

Pero una vez más parece salir airoso el régimen castrista de una inspección programada. Se marcha la relatora asegurando que “…la fortaleza del sistema es que las personas cuentan con un elevado nivel de educación y conocen sus derechos”. Queda demostrada una vez más la indiscutible capacidad de la dictadura cubana, zorruna en su astucia, para manipular bajo condiciones de laboratorio rutas prediseñadas a visitantes de organismos internacionales, previo meticuloso estudio, por supuesto, de la personalidad en cuestión.

El drama que viven los colaboradores en las Misiones Médicas oficiales mantenidas por el régimen de La Habana en más de 60 países se inscribe entre los pasajes de inmoralidad más atroz de la Historia de Cuba. Es inconcebible que en pleno siglo XXI, ante los ojos del mundo, se perpetre todavía un trasiego de esclavos de semejante envergadura. Pero más sorprendente, y hasta ofensivo aun, es que la relatora, en medio de su recién concluida visita oficial a Cuba, y por más absurdo que esto nos parezca, no haya tratado este vergonzoso asunto –cuando técnicamente cumple con cada criterio para ello– como lo que realmente es: un indignante ejemplo de trata moderna, que en la práctica somete a decenas de miles de profesionales a auténticas condiciones de esclavitud. Ni más ni menos.

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