“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para julio, 2018

Reforma constitucional en Cuba: pedirle peras al olmo.

Por Jeovany Jimenez Vega.

En estos días el “parlamento” cubano –si se le puede llamar así a esta bufonada– “discute” una propuesta de nueva Constitución. Mientras tanto hemos visto como, a la vez que le da los últimos retoques a su mamotreto, el flamante Buró Político del Partido Comunista ha lanzado a su marioneta Díaz-Canel por todo el país en un reality show para meterle por los ojos a Liborio un “presidente” gris elegido a dedo, alguien de quien hasta hace apenas semanas ni siquiera conocíamos la voz.

En esencia nada nuevo emergerá de las actuales sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), porque es un engendro castrista que ni es asamblea sino manada de corderos en deliberaciones estériles, ni es nacional, sino extensión sumisa de la Plaza. Poder acaso sí, pero ejercido por la dictadura inmisericorde contra la prosperidad de mi pueblo.

Sucede que 600 personas deliberando desconectados de las urgencias de su pueblo nunca podrán ser la auténtica voz de los millones de cubanos que abajo sí carecen y padecen. ¿Porque dónde si no mediante la ANPP han sido impuestas cada una de las políticas que han contravenido por medio siglo nuestros derechos humanos? Leoninas ordenanzas, emitidas ayer bajo la bota sangrienta de Fidel Castro, perpetuadas luego bajo Raúl, y todavía defendidas a capa y espada con ferviente continuismo por este sucesor de carambola.

¿Acaso la ANPP, siempre desconectada de la realidad, no se ha mostrado consumadamente incapaz de reajustar los bornes a esta sociedad disfuncional, dando siempre la espalda a las genuinas necesidades de cada momento, invariablemente sorda a la desesperanza de un pueblo sufrido que ha protagonizado reiterados éxodos masivos como auténticos plebiscitos de desaprobación?

Nadie espere sorpresas porque es este pseudoparlamento un instrumento más del régimen cubano –como lo son todas las organizaciones oficiales llamadas cínicamente “sociedad civil” por la dictadura– y como todas ellas se ha mantenido ininterrumpidamente engranada a los caprichos del poder real –entiéndase Raúl Castro, el verdadero ejecutor– mediante poleas muy bien engranadas.

Nada nuevo emanará de semejante simulacro. Convénzanos sino de lo contrario. Esta es su oportunidad de abrir al mundo un país destinado a la prosperidad, y de aprovechar todos los vientos nuevos que puedan soplar en su provecho. Podría, por ejemplo, tener la hidalguía de despenalizar la disidencia de ideas y la oposición política, así como legalizar y dar cauces al emprendimiento de la empresa privada una vez demostrado el absoluto fracaso de la empresa estatal.

Podría dar luz verde al aire renovado y necesario de nuestro periodismo independiente –último reducto ético del oficio en la Cuba de hoy– de modo que se deje de hostigar, amenazar, encarcelar y despojar suciamente de sus medios de trabajo a aquellos cubanos que valientemente se atreven a ejercer contra viento y marea su humano derecho de proveer a su pueblo de información verídica, mientras la prensa oficialista ya no puede caer más bajo, acomodada por cobardía en su zona de confort al fondo de la cloaca.

Podría garantizar la ANPP, mediante un orgánico cuerpo de leyes sabiamente concebidas, las condiciones para consolidar de una vez por todas, sin el sucio hostigamiento sufrido hasta ahora, a la microempresa familiar cubana. Podría emitir una ley más respetuosa y atractiva para el inversor extranjero, de modo que a la vez que se garantizan los intereses de la nación, sea recibido un flujo de oxígeno impostergable para esta economía en quiebra.

Pero cuando de inversores se hable esa nueva ley, si quisiera nacer bien encausada, debería dar prioridad absoluta a la emigración cubana que desde el extranjero siempre ha exigido su indiscutible derecho a invertir en su propia tierra. Este paso bastaría para destrabar el juego, pero sólo una vez creadas las garantías suficientes, al amparo de un serio contexto legal capaz de limar los justificadísimos recelos después de tanta estafa previa.

Muchas y variopintas son las leyes que podrían mejorar a muy corto plazo la calidad de vida del cubano, y es justo donde vemos más desesperación y carencias donde puede poner más sabiamente el ungüento salvador una ley oportuna: eliminando las cientos de prohibiciones absurdas cuya obsolencia ha evidenciado la vida. En este sentido tendría un parlamento cubano armado de buena fe muchísima tela donde cortar.

Sin embargo deben saber esos pseudoparlamentarios que para regenerar un país de 14 millones de almas nunca bastará con tejer giros semánticos pueriles. De nada servirá dejar de llamar Presidente del Poder Popular, para comenzar a llamar Gobernador, a alguien que en realidad nada hará para mejorar la vida de sus gobernados.

Poco importará garantizar el derecho de cada cubano a no ser discriminado por su identidad de género, y permitir marchas por el orgullo gay, mientras la policía política conserve la potestad incuestionable de encarcelar del modo más impune, sin cargos ni garantías procesales, a todo aquel que decida ejercer derechos civiles o políticos. Es evidente el cinismo.

Menester sería que si el legislativo cubano deseara cobrar una credibilidad mínima emitiera una constitución sinceramente reformada, pero aspirar a algo así sería pedirle peras al olmo, porque es para evitar precisamente eso que entre su prosperidad y mi pueblo se interpone la dictadura más virulenta que ha exhibido la Historia de este hemisferio, sumamente consiente de que cada derecho concedido iría en detrimento de su poder omnímodo.

Desátese las manos a mi pueblo y en menos de una década se transformaría éste, para bien de todos, en un país irreconocible, mucho más próspero, justo y habitable que el tugurio de miserias morales que habitamos hoy, para ruina de la nación cubana, gracias a la codicia insaciable de los tiranos Castro.

El pueblo cubano ya está hastiado de espejitos a cambio de tesoros, sabe exactamente dónde lo espera oculto su futuro, conoce bien a los verdugos que ante él se interponen, y ya no aceptará nada que no sea su plena e incondicional libertad. Aspirar a menos sería ponernos a comer una vez más de la misma mierda. Este pueblo generoso se merece mucho más que un aquelarre.

De nada servirá una constitución destinada a ser letra muerta mientras no sea el cubano un auténtico Estado de Derecho, con división real y efectiva de poderes y apartado de la demagogia de la cual el sempiterno clan de los Castro ha hecho largamente gala hasta el sol de hoy. De nada servirá cambiar de collar si al final el viejo perro terminará mordiendo con la misma rabia.

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