“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para septiembre, 2014

Díaz Canel ¿guionista del Aquelarre?

CUBA-VICE PRESIDENTE CUBANO COMPARTE CON PERIODISTAS DE HOLGUIN

Por Jeovany Jimenez Vega.

Sería para desternillarse de la risa, de no tratarse de un asunto tan serio. “Instó Díaz-Canel a aprovechar las redes sociales para defender el proceso revolucionario” El titular llegó a través de Cubadebate el pasado 28 de agosto. Estas palabras las pronunció nuestro flamante vicepresidente ante el plenario de Consejo Nacional de la FEU, celebrado recientemente en la Universidad de las Ciencias Informáticas de La Habana.

Buen tema para guión del festival humorístico Aquelarre, porque este señor sabe que la única vía legal que tenemos los cubanos de a pie para conectarnos a las redes sociales que menciona es a través de los sitios  Nauta, con horario limitado hasta las 7:00 pm, a precios leoninos –un 25% del salario mensual por cada hora de conexión a 2 MB de velocidad– y siendo espiados tecla por tecla. Fuera de esa variante sólo están las oportunidades ofrecidas por unas pocas embajadas en La Habana –con mucha suerte, dos o tres turnos de un par de horas al mes– o las cuentas alquiladas a extranjeros –a muy altos precios, y que seguramente usan también servidores cubanos.

Pero bien, una vez conectados señor vicepresidente, pregunto: cuando nos pide defender aquello que “…busca garantizar el bienestar del pueblo cubano…” ¿se refiere usted a la política represiva que sigue atizando el Partido Comunista, que ordena aun mítines de repudio a la usanza del 80 mientras su gobierno se vitorea paladín universal de los Derechos Humanos? ¿Se refiere acaso a los precio extorsivos del comercio interior, a los 10 kg. de gas licuado por medio salario, o a los juguetes por tres salarios mensuales? ¿O acaso al desabastecimiento constante de los mercados, o quizás al inalcanzable precio de una canasta básica que existe sólo en los telediarios? ¿Tal vez se refiera usted a la recién entrada en vigor de las regulaciones aduanales mediante las cuales el gobierno que usted desde su cargo también ejerce oprime a mi pueblo sin misericordia, y nos extorsiona, nos roba y nos humilla en la aduana de los aeropuertos? Y aquí me detengo porque esta barbarie que el gobierno que usted representa dicta, fomenta y permite realmente degrada mi karma.

Como vicepresidente debe saber que el cable submarino que nos tendió Caracas está plenamente activo hace años, y que la empresa cubano-venezolana encargada de operarlo puede brindar a Cuba hasta 32 lambda de ancho de banda –1 lambda equivale a 10 gigabyte– de los cuales el gobierno cubano sólo tiene contratados 4 miserables lambda, o lo que es lo mismo, sólo 40 de los 320 gigabyte potencialmente contratables para conectarse todo un país, y que esto obedece únicamente a la expresa voluntad política de nuestros gobernantes de mantener al pueblo cubano bajo el más oscuro hermetismo.

“Instar” a la juventud cubana que vive dentro de la isla a conectarse a las redes sociales en semejante contexto se cuenta entre lo más hipócrita y demagogo que un dirigente cubano puede hacer. Claro está, no olvidemos que este señor hablaba desde la UCI, el cuartel general de las ya célebres Brigadas de Respuesta Cibernéticas –denunciadas por Eliécer Ávila, testigo de primer orden, en entrevista a Yoani Sánchez– devenidas en las equivalentes virtuales de las físicamente represivas Brigadas de Respuesta Rápida (turbas callejeras organizadas por el dueto letal Partido-Seguridad del Estado para dirimir a patadas y porrazos las diferencias) a la vez que nuestros sempiternos líderes citan sin pudor las palabras de aquel cubano sagrado: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”. Nunca conoció esta tierra tan desfachatado cinismo.

Carta abierta a Raúl Castro sobre la actual política aduanera.

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Obra de Yordanis Garmendía, pintor artemiseño

A: Raúl Castro Ruz

     Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba.

     Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba.

    Señor Presidente:

Lamentablemente acaban de entrar en vigor las Resoluciones Aduaneras 206 y 207 de 2014, mediante las cuales el Gobierno cubano limita aún más la importación de mercancías con carácter no comercial por parte de personas naturales. Con toda seguridad, estas medidas se cuentan ya entre las más improcedentes y desatinadas de las dictadas bajo su gestión de gobierno. Con el pretexto de enfrentar el mercado negro –cuyo origen algunos adjudican por error a esta importación, sin discernir entre justos y pecadores– las referidas regulaciones, en lugar de eso, sólo fomentarán las condiciones ideales para que prospere, como nunca antes, la ya escandalosa corrupción en las aduanas cubanas.

Cae en imperdonable error quien pretenda tratar el síntoma sin revertir la causa primaria, raíz y génesis de la enfermedad. Estas medidas nunca evitarán el florecimiento del mercado negro por una razón muy sencilla: porque no están dirigidas contra las causas que lo provocan. El verdadero origen del mercadeo ilegal habrá que buscarlo, entre otras causas, en el generalizado descontrol de la economía interna, fuente real del masivo desvío de productos y del constante desabastecimiento que esto genera y perpetúa; en la pobre variedad y pésima calidad de las mercancías ofertadas en el comercio minorista interior, en los precios desvergonzados a que se nos somete sin justificación, y en la falta de voluntad política que ha demostrado su gobierno para revertir esta situación; y habría que buscarlas también en la alta tasa de corrupción imperante en la policía y en el cuerpo de inspectores estatales, únicas entidades realmente facultadas, además de la ONAT, para fiscalizar la legalidad del comercio en la calle y la actividad de los trabajadores no estatales –algo que está obviamente fuera de la jurisdicción de la Aduana General de la República.

El gobierno cubano y el partido que lo dirige, sin dudas pagarán un elevadísimo costo político por la imposición de estas desafortunadas medidas, porque la prácticamente totalidad del pueblo las desaprueba como algo injusto y arbitrario: además de limitarnos en cuanto al peso a importar, obligarnos a pagar nuevamente en nuestros aeropuertos hasta el 200% de algo que ya pagamos en el extranjero y cobrarnos aquí 20.00 CUC por el kilogramo de bulto postal que nuestra familia nos envía con sacrificio, es de una inmoralidad indiscutible, no tiene parangón en el mundo y sólo puede ser percibido como un robo a mano armada y un auténtico acto de extorsión legalizada.

Como lógica consecuencia, la corrupción aduanal es hoy tan generalizada e impúdica, que hasta la inteligencia más insulsa infiere que semejante trasiego sería imposible sin la implicación y/o complicidad de múltiples cargos y mandos de la Aduana General y del Ministerio del Interior. No cabe suponerse de otro modo si allí basta con extender la mano para hallar a alguien presto a ser sobornado: he escuchado que desde la azafata en el avión hasta el último oficial aduanal “ayudarían” gustosos a evadir los controles por unas decenas o unos pocos cientos de dólares; que si no se logró antes, ya una vez en la mesa de inspección quienquiera que pague su cuota de extorsión ante cámaras de video que nunca detectan nada, tendrá garantizada una salida sin sobresaltos.

Sin embargo, es una apuesta segura que entre los trabajadores de las aduanas –incluida toda su flamante oficialidad– no menos de tres cuartas partes deben ser militantes del Partido y de la Juventud Comunista. Si a esto sumamos la enjundiosa red de informantes que con certeza tienen allí la Seguridad del Estado y el Departamento Técnico Investigativo del MININT entonces, teóricamente, no debería quedar un centímetro cuadrado fuera de sus perímetros, ni pavonearse por allí un solo corrupto impune; en cambio la realidad desmiente cualquier ínfula de honestidad: no transcurre allí un solo día sin nuevos sobornos y despojos arbitrarios. Hace demasiado tiempo, para que así no sea, que se escuchan pasmosas historias sobre desfalcos personales, sobre todo género de abusos y sobre funcionarios déspotas que avasallan a viajeros indefensos. Mientras esos siniestros intereses diseñen hasta la exquisitez e impongan a su gusto y medida sus propias herramientas de extorción –pues de nada más se tratan estas resoluciones según el más pueril sentido común– estos robos y ultrajes seguirán siendo allí la irremediable norma, y para cada viajero avasallado que traspase esa frontera ya todos los cubanos, por elemental extrapolación, no seremos más que miserables vándalos.

No se puede soslayar en este asunto la que, por predecible, no deja de ser su arista más trascendente y peligrosa: este corrupto sobornable por $200.00 USD, ¿qué no haría tentado por una oferta de $2000.00 USD o más? Nadie busque otra, he ahí la puerta de entrada potencialmente más segura para las drogas ilícitas y una expedita puerta de salida para lo más valioso del patrimonio de la nación cubana –desde objetos coloniales museables, hasta las inapreciables pinturas vanguardistas del pasado siglo, que ya se cuentan por cientos en colecciones privadas de Miami– y que inexorablemente encontrarán entre esos hampones alguna vía despejada. Demos por sentado que la podredumbre moral que ampara a estos canales que amenazan a toda la sociedad y saquean el tesoro patrio, tiene su fundamento inequívoco precisamente en engendros como los recién entrados en vigor con el beneplácito de los gobernantes cubanos.

Le propongo a mi gobierno que en lugar de instrumentar políticas de moralidad tan cuestionable, emprenda otras más justas que potencien la prosperidad de mi pueblo –en cuya desesperanza y pobreza sí nutre su raíz el mercado negro; que sean derogadas hoy mismo estas alevosas resoluciones aduanales, por ser profundamente lesivas a la dignidad humana y a los derechos de cada cubano, y que asuma estrategias realistas dirigidas a enfrentar efectivamente a los corruptos, en lugar de dotarlos con armas cada vez más pérfidas y solapadas.

Presidente: Cuando se recuente la saga de medidas perpetradas por este gobierno contra el bienestar de su pueblo, la política que ahora se revitaliza y arrecia –que espero esta vez nadie se atreva a adjudicar al bloqueo yanqui– quedará inscrita con letras de oro. Con la excusa de disipar una cerilla, el Gobierno cubano en realidad atiza una amenazante hoguera y azuza los demonios más viles del hombre, y al frente de ese gobierno está Usted, que con facultades ilimitadas sin embargo no hace nada por impedir el desastre, de lo cual se infiere claramente su plena complacencia con cada perjuicio que esta política hostil ya nos provoca. Esto le convierte también a Usted en responsable de primera línea ante la Historia por esta nueva masacre moral, pues se cometerá bajo su total consentimiento. Debido al daño producido a la nación cubana por medidas como estas, también Usted será severamente juzgado por las generaciones futuras.

Gracias por su atención.

Jeovany Jimenez Vega. Médico cubano.

Entregada en la sede del Consejo de Estado el 9 de septiembre de 2014.

Con copia a la sección “Cartas a la Dirección” del diario Granma.

Publicado además en 14ymedio

Visita temporal a EE. UU.: ¿el visado imposible?

SECCION-DE-INTERESES

Por Jeovany Jimenez Vega.

El pasado lunes 25 de agosto, junto a mi esposa la Dra. Aliette Padrón, asistí a la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana para la entrevista que debíamos cumplir como solicitantes de visas de no inmigrantes. En una visita temporal breve cumpliríamos con una invitación emitida por dos doctores cubanos que ejercen en Miami y Hialeah, con la intención de tener un intercambio de experiencias profesionales mediante breves rotaciones no asistenciales a través de centros de atención médica, pero nada fue posible: esa tarde ambas visas nos fueron denegadas, y así se nos esfumó esta valiosa oportunidad.

Asombra la casi surrealista dinámica que allí le imprimen algunos funcionarios a entrevistas por las cuales no pocos cubanos esperan durante años. En nuestro caso concreto lastimó por encima de todo, incluso más que la denegación en sí y que los $320.00 USD pagados por estimadísimas manos amigas –y que para dos médicos cubanos representan una pequeña fortuna– la molesta sensación de que todo estaba decidido de antemano. A aquel funcionario gris de la ventanilla 5 le bastaron cinco breves minutos para hacernos sus dos únicas preguntas: ¿cuál es el motivo de su viaje?, y luego: ¿ustedes hablan Inglés? –a esto último respondimos que muy mal– y a partir de este punto cada nuevo intento de explicación fue interrumpido por un tajante “…no necesitamos saber nada más”.

Efectivamente, de nada valió que la invitación fuera avalada a través de una institución comprometida con la formación cívica, el Directorio Democrático Cubano –mediante su Director Nacional Orlando Gutiérrez– ni que la Oficina del Congresista Mario Díaz-Balart hiciera referencia a nuestras solicitudes ante el Cónsul en La Habana, enfatizándose en ambos casos que no tenemos intenciones de emigrar.

Pero haciendo luego un recuento, estábamos ante un imposible. ¿Cómo convencer a alguien en 5 minutos, a través de aquel frío cristal, de que no deseas vivir fuera de Cuba? ¿Cómo hacerlo ante alguien que no te pregunta absolutamente nada acerca de aquellos vínculos “…profesionales, de trabajo, escuela, familia, o los vínculos sociales…” que en efecto ambos tenemos aquí en Cuba y en ningún otro lugar del universo. ¿De cuál de las mil razones que tenemos para vivir en Cuba hablarle a alguien que tan poco interés mostró, que no quería escuchar y que en 60 segundos ya había concluido que no tenemos lazos suficientemente fuertes con nuestra familia y nuestra patria como para regresar a ellas? Es virtualmente imposible.

Sólo dedicando unos minutos más y un poco de atención, habría escuchado que además de dos hijos en común tenemos aquí al resto de nuestra familia, en la que nadie pretende emigrar. Nunca sabrá aquel funcionario que en 1995, recién graduado y sin hijos, visité París por unos días y que sobre todo recuerdo aquella inexplicable nostalgia por regresar a Cuba; que en 1997, aún joven y sin hijos, una novia me suplicó que emigrara legalmente junto a ella al mismo Miami cuyas puertas se me cierran hoy, y no lo hice; que jamás consideramos lanzarnos de balseros o solicitar una ciudadanía extranjera para vivir fuera de Cuba; que hemos rechazado ofertas de trabajo en varios países; que sobre nuestra familia cayó un día el garrotazo incompasivo de este régimen, y que durante seis años se mantuvo la coerción de aquel puño despótico sordo a nuestra voz sin que solicitáramos, ni en el momento más difícil, visas como refugiados políticos ni nada parecido. Sin embargo ahora de repente nos tropezamos con este desdén, sumamente parecido a la indiferencia despectiva del Consejo de Estado y del Comité Central, tras el blindaje mental del funcionario de la ventanilla 5.

Es cierto que la situación económica cubana sigue siendo caótica y que mucha juventud sigue pensando en huir, que continúa vigente una aquí ineludible Ley de Ajuste Cubano que genera suspicacias, y que las propias características de la gestión consular no le permiten al entrevistador extenderse con todos, pero también es cierto que en nuestro caso un análisis menos estereotipado y superficial tal vez habría derivado en otra decisión.

Mi familia no vive en Cuba por forzosa resignación, tenemos muchísimas razones para permanecer aquí, y créanlo o no funcionarios como aquel, con sólo esbozarlas se duplicaría fácilmente la extensión de este post. Por suerte nos contamos entre los que, en ambas orillas, creen en el libre y próspero futuro que esta tierra se merece, entre los convencidos de que se puede producir el milagro y de que llegado ese momento la patria común exigirá tanto del apoyo y la fortuna de los patriotas de afuera, como del esfuerzo y la perseverancia de los patriotas de adentro. Esta madre demanda hoy como nunca que millones de sus hijos por ella se desvelen. Nos sabemos habitantes de un país maravilloso –aun cuando hoy esté pésimamente administrado– y deseamos que cuando la libertad toque a nuestras puertas no se encuentre con dos bandos que se miren como desconocidos. Es ahí donde jugará su rol histórico nuestra generación: nos corresponde a nosotros sanar las heridas que dejaron abiertas los que nos precedieron; cercenar para siempre la saga del odio que engendraron otros para que la ponzoña no corroa más la sangre de las generaciones futuras; de ahí la importancia de acercamientos como este que ahora nos negara aquel sombrío funcionario.

Durante esta visita habríamos conocido la labor de nuestros colegas, pero también habríamos sorprendido y alegrado a viejos amigos, habríamos intercambiado criterios con otros cubanos, sobre todo jóvenes, y se habrían enriquecido y modulado recíprocamente los puntos de vista, se habrían retroalimentado las perspectivas. Nadie sabe cuándo ni dónde nacerán las ideas llamadas a fundar caminos nuevos. Tan vitales son estos contactos para la unidad del pueblo cubano que los déspotas de La Habana apostaron siempre por evitarlos; durante medio siglo convirtieron este aislamiento en su exitosa estrategia, y quien de cualquier modo fomente esta desunión, sólo a estos déspotas favorece. Hoy se nos impone destrozar los muros del gueto, pero ya dispuestos a la formidable empresa no son precisamente una ayuda este tipo de negativas a primer golpe de vista.

De momento se pospone nuestro viaje al país que acogió a José Martí y a su muchedumbre de dignos emigrados, a la nación ante cuya pujanza económica y social nunca reparó en halagos el Maestro de aquellas crónicas. Es sobre todo ese y no el de las lentejuelas el país que nos gustaría conocer, pero nuestro lugar definitivo siempre estará en Cuba. Cuando viajemos –porque esperamos que así sea– aquí quedarán todos nuestros seres queridos y nos esperarán también los santos huesos de nuestros muertos. A ellos regresaremos una y otra vez, y cuando Dios algún día lo disponga descansaremos en esta isla infinita, no por fatalismo, sino por elección personal, por este sincero y diáfano orgullo de haber nacido cubanos.

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