“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para abril, 2014

Es “gratuito”… pero nos cuesta la salud.

Es gratis pero cuesta. Cartel Salud Pública cubanoPor Jeovany Jimenez Vega.

Se les puede ver hace alrededor de dos años casi en cada unidad asistencial del Sistema de Salud Pública cubano, desde cualquier consultorio o policlínico del área de atención primaria, pasando por cada hospital del nivel secundario, hasta los centros de atención terciaria, en cada Instituto. Nos dan la bienvenida desde la puerta de la consulta o desde el mural del sindicato y nos aseguran que nuestro omnímodo gobierno se ha desvelado desde siempre por garantizar la gratuidad absoluta de la atención médica de nuestro pueblo.
Visto así, sin más, parecería simple el asunto. En este mundo donde, para vergüenza de la especie, aún mueren cada día decenas de miles de niños debido a enfermedades curables por no tener acceso a unas pocas tabletas y una miserable infusión endovenosa, sería lo más natural que los cubanos nos postráramos de gratitud ante semejante derroche de filantropía. Pero si hay algo que hemos aprendido hace mucho tiempo es que aquí, cuando vas al fondo del asunto, todo se nos ha cobrado.
Cierto es que no se nos cobra directamente en el hospital o en la escuela de nuestros hijos, pero sin dudas sí se nos cobra, y bien recontracaro, en la caja de la tienda recaudadora de divisas, en una moneda sobrevaluada arbitrariamente 25 veces con relación a aquella con que se nos paga un salario irreal que de bien poco nos sirve.
Estas palabras no pretenden ser una embestida inquisitorial contra el sistema asistencial a que pertenezco, cuya función esencial se ve entorpecida por limitaciones a las que no escapa ningún sector en Cuba. Cualquier acometida gratuita dejaría en esta página el olor de la puñalada por la espalda, un aroma que este cubano detesta, pero 40 años de martilleo no terminaron por convencerme de que garantizar un derecho, o pretender hacerlo, le otorgue de ningún modo potestad a mi gobierno para privarnos de otros tan esenciales como aquel, y es aquí –más que en la puerta de las TRD y de los hoteles, o en las tarifas inmorales de la Aduana General, o en los precios extorsivos de cada gestión consular en el extranjero, entre otros cientos de oprobiosos ejemplos– donde se nos ha cobrado la verdadera moneda de cambio a millones de cubanos: ha sido mediante la humillación de aquellas célebres diplotiendas, o en la puerta de los hoteles prohibidos, o mediante el despotismo de la autoridades migratorias o del maltrato de cualquier otro tipo de funcionario, o mediante la sistemática deprivación de nuestros derechos civiles y políticos; todo tomando como invariable trasfondo justificativo el socorridísimo argumento de las gratuidades que nos machacan a cada paso carteles como este. Por otro lado estos esquemas de gestión pública no son privativos de Cuba ni del socialismo, como históricamente se nos ha insinuado. Existen decenas de ejemplos de países –y no necesariamente del primer mundo– que sostienen sistemas de salud y educación tan públicos y gratuitos como los nuestros, y todo sin exigir a cambio dosis tan altas de libertad individual.
Muy cierto es que sostener el presupuesto de la salud pública cuesta muy caro a cualquier estado a nivel mundial y Cuba no iba a ser precisamente la excepción, pero también recuerdo aquí que a cada trabajador cubano se le rebaja de su salario mensual alrededor del 30% precisamente para cubrir estos gastos públicos. Igual recuerdo que cuando nuestro estado se empeña en garantizar los servicios de salud pública y de educación –los dos ejemplos más paradigmáticos– no cumple sólo con un deber, sino con su más conspicua obligación, quizás su única auténtica obligación. En lo particular me pregunto de qué mágico modo el gobierno cubano invirtió $ 4386.00 pesos, en mí solamente, por las alrededor de 120 consultas que hiciera en mi última guardia médica de 24 horas, en las que utilicé sólo –si exceptuamos los $24.00 pesos que se me pagaron por nocturnidad– mi estetoscopio, mi esfigmomanómetro y algunos depresores desechables. Pero como no soy economista, mejor dejo a otros con las cuentas y me dedico, como buen zapatero, a mis zapatos. Después de todo, es verdad que nos cuesta… y bien caro, por cierto.

Ver: Cuesta. Por Regina Coyula.

Incremento salarial a la Salud Pública cubana: sabores y sinsabores.

medicos_cuba3Por Jeovany Jimenez Vega.

El rumor ya dio paso a la certeza: llega para nuestro sector un incremento salarial que para algunos duplica –y hasta cuadruplica en algunos casos– nuestro salario básico. Pero lo que debería ser sin reservas una excelente noticia, nos llega con una extraña mezcla de incertidumbres y pasmosas evidencias, con un desagradable lastre de dudas que deslustran un tanto lo que bajo otras circunstancias sería una alegría absoluta.
Como bien recordaremos, nuestro salario actual es resultado del anterior incremento hecho a nuestro sector en 2005 bajo la égida de Fidel Castro. Si bien aquel fue francamente irrespetuoso, esta vez no es tanto el incremento en sí lo que enturbia la noticia como aquellas obvias condiciones que le cuelgan, y es que en la Cuba de hoy, como en la de entonces, la solución del asunto continúa siendo no tanto cuestión de salarios como cuestión de precios: es evidente que mientras no se produzcan cambios a nivel macroeconómico que devuelvan al salario su básico sentido motivacional, ningún aumento salarial tendrá sentido.
Varias aristas del tema saltan al análisis más insulso e imponen una pléyade de obligadas preguntas: ¿de qué nos sirve este aumento salarial cuando se produce con una moneda francamente devaluada? ¿Vale la pena considerarlo como el estímulo que pretende ser mientras esté vigente la infame política de precios seguida por el Gobierno cubano, hace dos décadas, en toda la red de comercio minorista, y que nos grava la vida de forma bestial? ¿Cómo quedan otros sectores, tan imprescindibles como el nuestro, mientras el gobierno no tome medidas concretas al respecto? Se hace evidente que el único modo en que algo similar tendría consecuencias prácticas, que nos alcancen a todos, sería mediante la implementación impostergable de precios justos y adecuados al poder adquisitivo del salario promedio –algo que de momento no parece estar en el tintero de los decisores de este país.
Pero aquí todo análisis objetivo debe adecuarse a una regla de oro: situar cada cosa en su contexto. Si bien es cierto que esa mensualidad que se pagará al médico cubano a partir de mayo la gana su colega en Miami en menos de un par de horas –gana más de mil veces nuestro salario en Cuba– no creo nada más absurdo, sin embargo, que caer en semejantes comparaciones. Salta a la vista que Cuba difiere sustancialmente del primer mundo por miles de motivos obvios. De hecho era menos este cuestionamiento hacia afuera y más el que hacíamos hacia adentro, lo que motivaba aquella iniciativa nuestra en 2005: saber de otros sectores que, a pesar de no tener ni por asomo nuestro peso en la economía, eran holgadamente mejor atendidos.
En lo particular no me molesta que un productor agrario que trabaja de sol a sol gane millones, pero sí me revientan el dirigente corrupto que defalca el tesoro público de mi nación, el oficial de aduana que roba con la mayor impunidad del mundo, cada policía que extorsiona a alguien, y todos ellos tienen algo en común: ganarán un “salario” bastante mayor que el mío. Es en este contexto que llega el actual incremento salarial: nos llega a sabiendas de que vendiendo maní ganaríamos el doble de nuestro futuro salario, de que un maletero del aeropuerto o de un hotel ganará más en un solo día y que en todos esos lugares hay ladrones que igual ganan más de $1000.00 USD ¡en cada turno de trabajo! Todos tenemos pacientes que no se molestarían en salir de su casa por menos de $500.00 pesos diarios, mientras nosotros ganaremos entre $1000.00 y $2000.00 pesos mensuales.
Si bien hay que reconocer que el incremento actual difiere sustancialmente del pretendido en 2005, también resulta insoslayable que se produce en circunstancias bien diferentes a aquel: ahora están derogadas las leyes que prohibían masivamente a todos los cubanos viajar al extranjero; ya están derogadas también las resoluciones ministeriales del MINSAP que retenían a los profesionales de la salud durante al menos cinco años si querían viajar; ahora las misiones de trabajo en el extranjero están reportando ingresos records, pero a la vez se evidencian señales inequívocas de deserciones desde las mismas, de médicos y personal técnico que emigra temporal o definitivamente, así como de un número sin precedentes de trabajadores de estas categorías dentro de Cuba desvinculados debido a una profunda desmotivación. Es indudable que este incremento salarial forma parte de una estrategia de contención contra todas estas tendencias, aunque lo anunciado adolece de grandes vacíos: no toma en cuenta a los jubilados del sector, no se paga antigüedad, ni se mencionan para nada las guardias médicas que tan caras nos cuestan en cuestión de salud personal. No descarto que estas últimas cuestiones estén incluso decididas, y que se lleven a efecto más adelante.
De momento Ciudadano Cero saluda cuanto de sensato haya sido determinante en la toma de esta decisión, que favorece a un sector social que muchísimo se lo merece. Inevitables recuerdos me asaltaron ante la noticia, que llega en vísperas de cumplirse justo dos años de nuestra rehabilitación para el ejercicio de la Medicina, el 31 de marzo de 2012, después de una larga batalla que contó con el apoyo de cientos de personas de buena voluntad dentro y fuera de Cuba. Valió la pena cada post, cada tweets, cada mensaje de aliento, cada palmada en el hombro. Atesoro en la memoria aquellas conmovedoras muestras de solidaridad: el apoyo incondicional de las hermanas Escolapias, que arriesgaron su permanencia misma en Cuba, y en valietísimo gesto permitieron colgar aquel desafiante cartel, aquel grito de guerra, en el portal de su sede en Guanajay; los largos minutos de ovación que derivaron en catarsis colectiva cuando el padre Francesc Carreró Vidal, después de misa, anunció la nueva en la Iglesia Católica de esta comunidad; la vecina que recibió el mismo día dos buenas noticias –que habíamos sido vindicados, y el resultado de una biopsia que demostraba que no tenía cáncer– y me aseguró con total certeza que se alegraba más de lo primero; cada hombre que me estrechó las manos sin disimular las lágrimas. Para todos ellos guardará siempre este cubano su deuda perpetua de gratitud.

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