“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

En días recientes se “oficializó” la postura del gobierno cubano con relación al uso de las redes sociales y sitios digitales en nuestro país. A partir de este momento las autoridades de La Habana decidieron regular aún más la actividad en estos espacios mediante una legislación que sanciona a todo aquel que, según criterios oficiales, desde redes sociales o sitios digitales pretenda “…difundir, a través de las redes públicas de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas…“, y de igual modo prohíbe la administración de todo sitio cuyo servidor primario opere fuera de Cuba bajo pena de multa de hasta 1000 CUP.

Ya antes habían trascendido las polémicas medidas anunciadas por el Ministerio de Comunicaciones para “autorizar” –léase en realidad limitar y controlar– SNet, la extensa red offline que durante años ha operado clandestinamente en Cuba, limitando la potencia de sus equipos a un máximo autorizado de 100 milivatios, lo cual en la práctica implicaría su eventual colapso. Si a aquella le sumamos ahora esta nueva prohibición de emitir libremente contenidos “…contrarios al interés social…” –uno de esos sacos donde cualquiera y cualquier cosa caben– desde redes públicas, entonces ya vislumbramos mejor la mano peluda detrás de la cuna.

Estas medidas denuncian el evidente terror que despierta en el régimen cubano el poder de movilización y denuncia de estas redes, y evidencia a las claras por qué hasta hoy ha hecho, y continuará haciendo todo cuanto esté a su alcance para retrasar cuanto le sea posible la penetración de Internet en nuestro país, y esto únicamente a cuentagotas, dando por descontada la más estricta censura, manteniendo un sistemático espionaje doméstico y de cuanto dato entre o salga de Cuba; y todo a expensas de precios prohibitivos para el común de los cubanos.

Aunque los oligarcas de La Habana le temen a una potencial versión tropical de la primavera árabe, sin duda advierten que un modelo de control cibernético a la norcoreana sería algo demasiado burdo en nuestro contexto, pues resultaría perturbador en exceso para un turismo en evidente desaceleración y perpetuaría incómodas algaradas en muchos foros físicos y virtuales. Por eso los chicos de la Plaza han optado por una estrategia de contención alternativa, menos escandalosa, pero sobre el terreno casi tan eficaz como aquellas.

Con esta variante elegida la dictadura castrista se decanta por la mixtura que conjuga, en dosis variables según la necesidad táctica, un totalitarismo al estilo de Beijing y una praxis estalinista, para nada extinta, con el inequívoco sello de la KGB: entiéndase la censura sistemática de contestatarios y la movilización perpetua de legiones de trolls, hábilmente combinadas con la represión física contra activistas disidentes y la prensa independiente, así como la aplicación de leyes que castiguen con severidad “delitos” que lo son sólo por cuanto hacen valer derechos vetados por un Estado policial.

Y aunque hasta ahora las potencialidades de las redes sociales en Cuba no hicieron más que insinuarse, ya con esto bastó para que algún cagalitroso accionara el botón de pánico en el retrógrado Buró Político del Comité Central y las frías oficinas de su despreciable policía política, sin duda donde mejor calibran la situación, porque es donde mejor informados están sobre la frustración generalizada que en la calle se respira y la magnitud real del odio que en el pueblo cubano inspiran quienes lo avasallan y desgobiernan.

Sin embargo hasta el momento apenas asistimos a las habituales denuncias de allanamientos arbitrarios y constantes arrestos de corta duración, al aluvión inmisericorde de burlas contra el General Jutía Fría chochando con el avestruz, o a la indiscutible tendencia impuesta bajo la etiqueta #BajenLosPreciosDeInternet que ha denunciado reiteradamente las abusivas políticas del monopolio ETECSA, entre otras nimiedades.

Aunque las consecuencias no han sido siempre virtuales: también fuimos testigos de cómo el pasado 12 de mayo las redes sociales fueron determinantes en la irreverente movilización de la comunidad LGBTI habanera que desembocó en una escandalosa, y bien física, operación represiva organizada por la Seguridad del Estado en el Paseo del Prado, y esto… ya huele a quema´o. Al parecer se le colmó la copa a un poder para nada dispuesto a tolerar discrepancias, ni físicas ni virtuales.

Varias señales evidencian que la dictadura cubana sigue atrincherada en los 60: la reciente imposición del Decreto Ley 349 que, aún atemperado, coarta seriamente la libertad creativa, o la enmienda impuesta en la recién aprobada Ley de Cine de que será la mano peluda quien a fin de cuentas otorgará dichas licencias. Aunque toda esa intransigencia podría encontrarse mejor sintetizada en la penosa arenga del administrador Díaz-Canel en vísperas del Congreso de la UNEAC –copia casi al carbón de las célebres “Palabras a los intelectuales” de Fidel Castro– percibida por muchos como una velada amenaza.

Aunque en realidad lo que se avecina ya ha sido practicado antes por el régimen y ampliamente conocido y sufrido por la disidencia. Aquí lo único nuevo es el anuncio oficial, y como este sitio opera desde WordPress, plataforma cuyos servidores por supuesto no están en Cuba, no pude evitar darme también por aludido, después de lo cual queda poco por agregar.

Por eso serán breves mis palabras finales, que espero comprenda bien cada ciberclaria y cada represor: este humilde blog es territorio de pensamiento libre, donde ejerzo mi humano derecho de opinar según sinceras convicciones, y ningún tirano tiene sobre él potestad alguna. Este sitio permanecerá abierto y activo mientras en mi patria continúe rigiendo un poder de facto que violente los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de mi pueblo.

Hoy vivo temporalmente fuera de Cuba, pero si a mi definitivo regreso todavía rigiera esta leonina regulación no me supeditaría a ella, y cada palabra aquí dicha sería mantenida contra todas las banderas. Quien administra Ciudadano Cero está dispuesto a defender su derecho a la libre opinión, desde cualquier lugar y hasta las últimas consecuencias.

Ah!… dicho sea de paso: yo, como José Daniel Ferrer, tampoco pagaré multas.

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