“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Por Jeovany Jimenez Vega.

Mañana será un día sin sorpresas en Cuba. Este 1 de mayo –el primero sin Fidel Castro en casi seis décadas– nuevamente se llenarán las plazas públicas del país, lo cual nadie sensato debería interpretar como una verdadera muestra de apoyo al Gobierno de Raúl Castro, sino más bien como una advertencia de que los resortes represivos de la dictadura profunda se mantienen intactos.

En una sociedad donde la a-moralidad cobra matices surrealistas, la abrumadora mayoría de los que desfilarán el Día Internacional del Trabajo en esta isla oprimida lo harán conscientes de que asisten a una gran farsa, de que todo no pasará de ser un ejercicio más de automutilación, pero en ausencia del espíritu crítico y el civismo necesarios para negarse –extirpados hace décadas por la dictadura– la mayoría terminará cediendo y preferirá pagar su tributo de miedo a los tiranos. Total, si nunca un palo ha hecho monte, ni habrá golondrina que haga el invierno, se dirán a modo de piadosa consolación.

Sin duda entre los más “combativos” bloques se contarán los de la Salud Pública. Será una excelente oportunidad para, en medio de pintorescos carteles y altisonantes consignas, tal vez ascender en el listado de la sacrosanta bolsa de colaboradores, lo cual podrá enviar al interesado a cualquier oscuro rincón del mundo como parte de las Misiones Médicas oficiales donde el Gobierno cubano puntual y “desinteresadamente” le sustraerá el 70% de su salario, a pesar de lo cual ganará allá 20 veces más que la miseria que en Cuba le pagan esos mismos autócratas vitoreados por ellos en la Plaza.

Ante este despliegue de hipocresías mutuas no puedo menos que recordar con tristeza cómo en 2006 fue precisamente el Jefe Nacional del Sindicato de la Salud Pública, entonces un tal Raimundo Navarro, quien dirigió personalmente los mítines de repudio en todos los centros de trabajo donde dos médicos habaneros, unos meses antes, habían hecho circular un documento finalmente respaldado por 300 profesionales, que con respeto hacía llegar el criterio mayoritario de los trabajadores del sector al Ministro de Salud, Dr. José Ramón Balaguer, con relación a un irrespetuoso aumento salarial hecho efectivo en 2005.

Todos sabemos sobradamente que fue el dueto Partido Comunista/Seguridad del Estado el responsable de todo aquel penoso proceso, pero que fuera precisamente el máximo responsable del Sindicato de la Salud Pública quien se ofreciera a hacer el trabajo sucio, y “organizara” aquella cacería de brujas para proponer que ¡dos de sus propios afiliados! fueran expulsados del Sistema Nacional de Salud, lo dice todo sobre la verdadera misión de los sindicatos bajo una dictadura como la castrista.

Y a pesar de todo mañana presenciaremos un acto más de la gran puesta en escena. Tal vez usted no comprenderá cómo puede repetirse año tras año esta paradoja, incluso en medio de semejante ineptitud gubernamental, de un caos económico tan profundo, en medio de una sistémica corrupción y un desabastecimiento escandaloso, generadores todos de una galopante represión política, pero sin duda la respuesta podrá encontrarla el 2 de mayo, porque los mismos que mañana agitarán las banderitas saldrán al día siguiente a su rutina de siempre: le robarán a Castro en su almacén o defalcarán su empresa estatal con relativa tranquilidad, cumpliéndose así el tácito acuerdo que lo sostiene todo: te dejaremos tranquilo siempre que te portes bien; si cooperas y simulas en la Plaza te permitiremos robar en paz.

Una vez más el régimen organizará estos alardes a lo largo y ancho de la isla para autolegitimarse, porque el absolutismo necesita imperiosamente de estos recurrentes despliegues de onanismo mental; después de todo, una dictadura sin simulaciones sería como un jardín sin flores.

Por esto nunca estará de más recordar que tanto en el bloque de Europa del Este como en el cuartel general del “comunismo” mundial, la mismísima URSS, cada régimen supo organizar estas payasadas hasta el último minuto y justo antes de sucumbir ante la Historia se llenaron igualmente las plazas de estériles consignas y banderitas tardías.

Esta lección nos confirma que en Cuba también estamos ante un gigante con pies de barro, no lo olvidemos: un gigante soberbio, pero cobarde, sostenido únicamente por sus mentiras y nuestro miedo, un engendro que sólo parecerá grande mientras lo contemplemos de rodillas… y él muy bien que lo sabe.

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Comentarios en: "1 de mayo en Cuba: crónica de una farsa anunciada." (1)

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