“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

balseros

Por Jeovany Jimenez Vega.

El Presidente Obama acaba de derogar la política pies secos/pies mojados implementada por su predecesor Bill Clinton a raíz de la Crisis de los Balseros de 1994, así como el Programa Para Profesionales Médicos Cubanos instrumentado desde la era de Bush Jr. para acoger a quienes desertaban de misiones oficiales del gobierno de La Habana. Apenas una semana antes de su traspaso de poder, y en lo que millones de cubanos dentro y fuera de la isla han percibido como un doloroso golpe bajo, el mandatario norteamericano acaba de consumar una de las mayores concesiones hechas a Raúl Castro durante este retorcido proceso de regalías unilaterales iniciado en diciembre de 2014.

Y como si los desencantos fueran pocos, ahora esto. Cuando parecía que Obama había agotado su chistera decide hacer un último regalo a la dictadura cubana derogando una política que durante más de dos décadas amparó a cientos de miles de cubanos que arriesgaron su vida para huir del despotismo castrista.

Evidentemente al inquilino de la Casa Blanca no le dijeron nada los últimos dos años de mutismo del régimen de Raúl Castro ante las demandas internas y externas de respeto a nuestras libertades políticas y civiles, sus nulas licencias en relación a la economía interna y la reticente política externa frente a potenciales inversores, su hermético blindaje ante la penetración de Internet, ni la creciente saña con que el tirano reprime hoy más que nunca a la disidencia de la isla.

No, definitivamente Barack Obama no interpretó nada de esto como señales de retroceso, por lo que decidió cerrar con broche de oro su lista de concesiones, y para eso eligió una de las más suculentas cerezas del pastel. Sostiene su decisión el presidente en el falso supuesto de que esta política fue instrumentada en un momento donde todo era diferente, pero si con esto se refiere a que en Cuba las cosas han cambiado se equivoca diametralmente.

Igual cuando afirma con relación al fin del programa que acogió hasta hoy a más de 7000 profesionales desertores de misiones oficiales, que esta medida afecta los intereses de nuestro país, cuando en realidad fue una puerta humanitaria abierta a las víctimas que optaron por liberarse de uno de los más sucios y vergonzosos ejemplos de trata de esclavos de la era contemporánea, practicada por un gobierno inescrupuloso que le roba a estos trabajadores tres cuartas partes de su salario en el extranjero.

Cierto que estamos ante un presidente cuya única responsabilidad es velar por la seguridad y prosperidad del pueblo de Estados Unidos, no por las nuestras, y que ha reconocido públicamente que el futuro de Cuba tiene que ser labrado por los cubanos, lo cual es una verdad absoluta. Pero justificar esta decisión ejecutiva argumentando que las condiciones han cambiado dentro de Cuba, o en el modo en que la psiquis anquilosada del generalato de La Habana asume todavía su relación con el país norteño es ir demasiado lejos. Razonar así es desconocer, o simular desconocer, la quintaesencia de dictaduras como la cubana.

Esta decisión llega en medio de encendidos debates sobre la viabilidad de mantener programas de ayuda que emanan del contribuyente norteamericano, y de reiteradas denuncias de estafas a Medicare o de millonarios robos mediante tarjetas de crédito, pero tal vez lo que decidió todo fue el temor de los tanques pensantes estadounidenses a un vacío de poder, generador de caos, en el ya cercano período de transición cubano, por lo que detrás de esta medida estaría la lógica intensión de asegurar las fronteras de Estados Unidos ante potenciales éxodos futuros.

Además, hay una realidad estadística que no se puede desconocer: sólo durante los últimos tres años han entrado a ese país al amparo de la política hoy revocada, previendo precisamente este desenlace, más de 120000 cubanos, en su abrumadora mayoría después de anunciado el deshielo. A la vista de este hecho estaríamos ante una decisión soberana, justa y legítima de la administración Obama. Pero no es posible desligar este giro de 180 grados en una política que persistió durante más de 50 años de su contexto, que todavía nos rodea, ni de sus complejas consecuencias inmediatas.

Cuando dice Obama que desde ahora se tratará a los cubanos como se trata a los emigrantes ilegales del resto del mundo pareciera desconocer que en el caso único de mis coterráneos huyen de la peor dictadura que ha conocido el hemisferio desde el descubrimiento del Nuevo Mundo. No se ha tratado así a los cubanos hasta ahora porque seamos mejores ni peores que el resto, sino precisamente porque las circunstancias de las que provienen son indiscutiblemente diferentes del resto de América, algo a lo que pudiéramos llamar la singularidad de la dictadura castrista.

Los cubanos, como el resto, huyen de la pobreza, pero en nuestro caso además lo hacen del despotismo de una tiranía que ya amenaza con volverse dinástica y cuyo fin no se vislumbra en el horizonte. Cabría preguntarle al resto de los migrantes ilegales latinos si hubieran emprendido su peligrosísimo viaje de haber contado con un capital digamos de 50000 dólares en su país de origen para emprender un negocio propio. Por supuesto que no. Entonces ¿cómo explicar que nuestros migrantes para partir lo vendan todo y empleen decenas de miles de dólares en tan riesgosa empresa en lugar de invertir gustosamente ese capital en un negocio familiar en Cuba? ¿Qué exactamente es lo que tanto “disuade” a los cubanos?

La respuesta a esta pregunta la conocen consumadamente Obama y su equipo de asesores, y es la causa esencial de esta huida perpetua que desde ahora se topará con las fronteras cerradas. La respuesta a esa pregunta es lo que define la sustancial diferencia entre los cubanos y el resto de los migrantes latinos. Durante los últimos tres años han huido a Estados Unidos 120000 emprendedores frustrados, potenciales generadores de medio millón de puestos de trabajo adicionales y potencialmente generadores de miles de millones de dólares de haber contado con condiciones favorables en su país; 120000 potenciales microempresarios que han huido, 120000 cubanos vencidos por la terquedad de un gobierno retrógrado que confesamente se opone a su prosperidad y ha reconocido públicamente que hará cuanto le sea posible por evitar que mi pueblo acumule riquezas por medios lícitos.

Si esta enorme energía creadora y generadora de potencial riqueza se ha perdido para la patria ha sido exclusivamente por la obcecación de la dictadura de Raúl Castro, que continúa opuesta hasta la médula al bienestar de mi pueblo. Esta es una evidencia indiscutible que debió sopesar muy bien el señor Obama antes de afirmar implícitamente que los cubanos no guardan diferencia alguna con relación a otros migrantes.

¿Dejarán de producirse ahora las salidas “ilegales” desde la isla en dirección norte? ¿Quedará definitivamente resuelto el dolorosísimo drama de los balseros muertos en el estrecho? Así desearíamos que fuera, pero sinceramente mucho lo dudo: la desesperación continuará empujando a miles cada año a desafiar la corriente del golfo, o a aventurarse por la misma ruta del coyote que han recorrido hasta ahora otros latinos, y dispuestos a asumir todos los rigores del indocumentado. Hablamos de juventudes que prefieren tomar cualquier riesgo antes que resignarse a vivir bajo el absolutismo castrista. Los cubanos no dejarán de intentarlo, sólo cambiarán su modus operandi.

¿Resuelve esta medida el grave asunto de los grandes y periódicos éxodos de cubanos? Quizás. Muy probablemente no se producirían nuevos éxodos masivos bajo las nuevas circunstancias, pero de esas escandalosas estampidas pasaremos a presenciar una interminable estela de muerte a cuentagotas que no se detendrá mientras no se establezca en Cuba una sociedad civilizada con oportunidades justas para todos. No se detendrá el éxodo porque es un fenómeno que no tiene su origen en la legislación extranjera, sino en la opresión inmisericorde de la dictadura cubana. He aquí la causa primordial del éxodo perpetuo de los cubanos: la desesperanza generalizada producto del absolutismo de un régimen de oprobio que secuestró el futuro de todo un país y condena a su pueblo –y por supuesto a su juventud– a apenas sobrevivir en la más patética pobreza, en medio de una escandalosa inequidad y privados de los más elementales derechos.

El joven presidente que encantó con su carisma a La Habana y dejó inspiradoras palabras en su conmovedor discurso, el que prefirió cenar en un restaurant familiar, el mismo que tendiera la mano a Pánfilo –el viejo desheredado de todos los hogares pobres de Cuba– nos dejará un recuerdo agridulce tras este traumático regalo de despedida. Vaya manera tan sutil y efectiva encontrada por Raúl Castro para contrarrestar definitivamente el efecto Obama en mi pueblo: apuntó a centro de la esperanza de cientos de miles, disparó y acertó, y cuando Obama mordió este anzuelo fue bajado definitivamente del pedestal en que lo habían colocado millones de cubanos.

Pero, como decía la abuela Panchita, la leche derramada no merece lamentaciones. Ahora llega un Donald Trump que nunca ha disimulado su ojeriza ante la inmigración –por supuesto, peor aún si es ilegal– por lo que nadie espera una revocación de la orden ejecutiva de Obama. Hacer esto iría en contra de su discurso, algo que no tendría ningún sentido para el presidente recién estrenado. Por eso desde el pasado 12 de enero cada cubano que desee acogerse a la Ley de Ajuste de 1966 estará obligado a entrar legalmente a Estados Unidos previa otorgamiento del debido visado, algo cuya remota probabilidad ha disuadido a cientos de miles que hasta hoy, no precisamente por vocación suicida, optaron por exponerse a tiburones y coyotes.

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Comentarios en: "El fin de una política no será el fin del éxodo cubano." (1)

  1. Se acabaron las balsas, ahora los cubanos atraviesan el estrecho en lanchas rápidas.

    http://www.martinoticias.com/a/cubanos-siguen-saliendo-por-mar-hacia–eeuu-la-mayoria-en-lanchas-rapidas/143711.html

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