“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Mentir ha sido una vocación largamente ejercitada por la dictadura cubana, pero entre las muy eficaces herramientas usadas para dar rienda suelta a esta propensión natural siempre se ha destacado el control sobre todos los tipos de prensa. En esta denigrante tradición ha sido sin dudas Granma, el Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba, la joya de la corona: este libelo continúa siendo un antológico ejemplo de inescrúpulo, y ha sido extraordinariamente falaz en tergiversar la verdad durante las últimas cinco décadas.

Un análisis a la reciente bosta publicada por este diario basta para corroborarlo así: el editorial publicado en Granma el pasado 8 de marzo, ya en vísperas de la inminente visita de Obama a Cuba a producirse durante este mes, destila como de costumbre la hipocresía más mordaz y el más visceral cinismo, a todo lo cual ya deberíamos estar acostumbrados, pero la singularidad del momento y esta humana sangre que nos corre por las venas exigen al menos una impugnación mínima.

Como cubrir cada calumnia que adereza esta inmundicia tomaría un tiempo que Granma no se merece, hoy sólo llamaré la atención sobre un punto aquí implícito que ha sido altamente reiterativo en el discurso oficial de La Habana y hoy cobra, más que nunca, una trascendental connotación: según la dictadura absolutamente toda actitud militante, todo proyecto opositor cubano ha sido y continúa siendo todavía ordenado, fomentado y financiado por el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.

Se presume de esta lectura que para el Partido Comunista no puede ser de otro modo cuando nuestro pueblo es tan “infinitamente feliz”. Si es tan próspera la microempresa familiar “estimulada” por las “sinceras reformas” de Raúl Castro; si cada pequeño negocio emprendido “florece” al “amparo” de las más “justas” regulaciones legales; si nuestros “salarios” hoy son tan retributivos que nos permiten ya incluso alquilar una habitación de hotel por la baratija de casi $300.00 USD un par de noches, y ya podemos darnos hasta el lujo de comprar un auto usado en $35000.00 USD gracias a nuestro enjundioso salario de $20.00 USD mensuales. Si son tan extremadamente baratos los precios que pagamos en las TRD por mercadería de “primerísima calidad” –jamás podrida ni caducada– y la política agraria del General ha tenido un “éxito” tan rotundo que la canasta básica de alimentos ya tiene un precio de risa, entonces ¿qué justifica tanto alboroto opositor?

Si nuestros niños son educados por maestros felices, que reciben una retribución más que “justa” por su inestimable trabajo –de ahí la calidad actual de nuestra educación pública– y si todos nuestros médicos, enfermeras o estomatólogos viven holgadamente del digno salario que le garantiza su “revolución”. Si además cada paciente extranjero ha sido testigo de la calidad de “nuestras” instalaciones hospitalarias y la excelencia de “nuestras” clínicas al estilo de La Pradera, la Cira García o el CIMEQ, entonces, ¿qué otra explicación tendría tanto descontento sino la “obvia financiación” de la disidencia por oscuros enemigos?

Pero si nada de esto justifica la hostilidad de la oposición ante las políticas económicas oficiales –pues, según Granma, somos plenamente felices– menos aún lo justificaría todo lo concerniente a nuestros derechos civiles y políticos, tan “diáfanamente garantizados” por el régimen. Después de todo en la Cuba de los Castro jamás se ha apaleado a un marielito, y jamás se ultrajó la dignidad de nadie por sus criterios políticos o preferencias sexuales –esas son pamplinas, UMAP incluida, divulgadas por el mismo enemigo que “financia” a la oposición interna.

Quien lee el editorial de Granma pudiera concluir que aquí jamás se ha expulsado a un disidente de su trabajo o a un joven de la universidad debido a criterios políticos, y que el Partido Comunista autor de este editorial jamás sería capaz de lanzar a sus hordas delincuenciales contra el hogar o la persona de un opositor. Esas son barbaries, violaciones de los Derechos Humanos más bien propias del capitalismo, el capitalismo salvaje capaz de robarle a un trabajador el 70% de un salario que se gana alejado de su familia por las selvas del mundo y que por suerte, dice Granma, en Cuba fue sepultado para siempre en 1959.

Cualquier atropello pareciera en este artículo un bocadillo del pasado, de su lectura se infiere que ya hoy no se golpea a un solo disidente, que los gorilas del MININT –y mucho menos apoyados por yudocas de ambos sexos, como gusta de difamar a la prensa opositora– ya no propinan puntuales golpizas a los activistas de la UNPACU ni a las Damas de Blanco cada domingo de Dios –señoras que, dicho sea de paso, tampoco tenían que formar tanto alboroto por aquellas nimias condenas de 2003 que promediaban apenas 20 añitos de prisión a sus esposos, padres e hijos por disentir de la “sagrada causa” de la dictadura.

Granma no se explica tanta algarabía opositora, porque si algo se garantiza en este país, asegura el Partido Comunista, es el sagrado derecho a la libertad de expresión, eso sí, sólo cuando es debidamente canalizado a través de los mecanismos instituidos por el propio régimen: unas Asambleas de Rendición de Cuentas del Poder Popular que en cada barrio da “rápida solución” a cada problema de los electores; un parlamento tan democrático y plural que aprueba sumiso, con el 100% de consenso en el 100% de las votaciones, cada “propuesta de arriba”, todos y cada uno de esos fallos inapelables emitidos por infalibles dirigentes históricos mucho mejor informados que el común del pueblo –y bastante mejor alimentados– tal vez porque ellos, mucho más sabios que nosotros, sí disponen de Internet plena, y no tienen que invertir el 90% de su tiempo en pulirla detrás de los frijoles diarios.

Y para garantizar que los más “genuinos” exponentes del pueblo sean democráticamente elegidos, continúan fungiendo las pluripotenciales Comisiones de Candidatura del Partido Comunista, que confeccionan a punta de dedo las listas de candidatos a elegir, y luego, casi a punta de pistola, señalan a su preferido; sin dudas toda una panacea de la democracia socialista.

O sea, que si a pesar de esta felicidad total, de la existencia de tan “eficaces” y “legítimos” mecanismos para hacer escuchar la voz del pueblo, usted decide realizar cualquier denuncia a través de los mecanismos autónomos de la oposición, eso será según Granma, además de una tremenda ingratitud, una prueba inexcusable de que usted está siendo atizado y financiado por el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica. Veremos lo que opina al respecto nuestro ilustre invitado de la Casa Blanca durante su estancia en La Habana. Ya lo dirá el paso de los días.

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Comentarios en: "A propósito del editorial de Granma: no hay peor ciego…" (2)

  1. el granma solo sirve como sustituto del papel sanitario y para envolver desperdicios,sus articulos desinforman y son aburridisimos,posiblemente la peor prensa del mundo ,solo superada por la de corea del norte

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