“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Balseros cubanos

Por Jeovany Jimenez Vega.

No hay que ser demasiado inquisitivo para advertir la devastación en que ha quedado sumida Cuba después de medio siglo de dictadura. Cualquier observador atento que dirija la mirada a los indicadores sociales o económicos advertirá rápidamente el desastre. Incluso detrás de los presuntos logros en Salud Pública y Educación de que hace ostentación el régimen se advierte, cuando se mira con detenimiento a la parte más íntima del drama, los dolorosos niveles de decepción y la altísima frustración personal que detentan maestros y pedagogos, médicos, estomatólogos o enfermeras cuando se sinceran sobre sus salarios miserables, y las interminables privaciones a que se han visto sometidos durante todo este tiempo junto a sus familias, algo que deslustra definitivamente aquellos méritos a medias.

Pero entre todos hay un indicador ilustrativo como pocos de la gravedad y el alcance real del megadesastre: el éxodo interminable de la juventud cubana, que lejos de mitigarse con las “reformas” instrumentadas por Raúl Castro, se ha incrementado durante los últimos años, pero sobre todo después del penúltimo 17/12 con el inicio del deshielo Cuba-Estados Unidos, un fenómeno que ha sobrepasado durante el último año todos los records históricos –incluidas las crisis migratorias de Mariel/1980 y la Crisis de los Balseros/1994– y ha alcanzado su clímax con la actual crisis migratoria centroamericana, aún en fase de resolución.

Cierto que la emigración es un fenómeno global, debido a causas tan múltiples y complejas como las sociedades que las generan, pero a diferencia de decenas de países con situaciones más o menos comparables al nuestro en términos estadísticos, Cuba sí cuenta con las condiciones y el potencial humano capaz de devolverle la vitalidad económica a corto o mediano plazo, sólo que entre su pueblo y su postergada prosperidad se interpone, a diferencia de otros países, únicamente la nefasta voluntad política de un grupo de octogenarios retrógrados opuestos a cualquier cambio en las reglas del juego.

En el caso cubano esta huida masiva es apenas sintomática de la profundísima y sistémica crisis atravesada por su sociedad –sin duda la más dramática de su Historia– y se constituye en sí misma como un escandaloso plebiscito revocatorio, como la evidencia definitiva y prueba sumaria de que esa parte imprescindible del pueblo cubano, su juventud, hace mucho tiempo dejó de creer en el cuento de hadas del hombre nuevo, y si aquí juventud es prácticamente sinónimo de futuro, entonces cabe concluirse que bajo esta dictadura el pueblo de Cuba hoy vislumbra su porvenir bien negro, ni más ni menos… y con pespuntes grises.

En medio de esta dinámica ha sido el deporte uno de los sectores en que más infaustos matices ha alcanzado el fenómeno. La reciente deserción de los hermanos Gourriel durante el último torneo de la Serie del Caribe ha sido el último y un muy sonado ejemplo, pero no es sino uno más de la larga estela de atletas que prefirieron no esperar por el resultado de los interminables caprichos erráticos gestados en los testículos del General-Presidente y han apostado por labrar su propio camino fuera de Cuba.

Pero si a la larguísima lista de deportistas y figuras de todas las manifestaciones del arte se suma la de los profesionales de todas las ramas técnicas, entendidas aquí cada ingeniería, los abogados, licenciados y técnicos medios de todo tipo, especialistas en ciencias pedagógicas, investigadores, y por supuesto los miles de profesionales de la Salud Pública que han emigrado de las más disímiles maneras a los largo de las últimas décadas, se podrá tener una idea aproximada de la magnitud de esta incalculable sangría de talento sufrida por la nación cubana debido a la obcecación de un grupo de tiranos que se arrogan el poder en detrimento del bienestar de su pueblo.

Si digo una idea aproximada es porque a estos que lograron huir habría que añadir otros tantos miles –muchísimos más posiblemente– que consideran esta evasión como su única salida, su destino en la vida, pero que por una u otra razón sencillamente no han podido lograrlo. De cierto modo este sector de la juventud cubana también partió, pues arrastra una carga tan pesada de indolencia social y escepticismo que habitualmente no se enrola ya, dada su absoluta carencia de expectativas, en ningún proyecto generador de prosperidad ni cambios para su comunidad: estamos ante una juventud sin alas, apagada por las circunstancias, que se considera atrapada en una prisión bajo las botas sucias del despotismo, incapaz de jugar el rol emprendedor a que debiera estar destinada, al menos de momento.

Si bien el fenómeno migratorio cubano se ha extendido a todos los grupos etarios y estratos sociales, es sin embargo el éxodo de esta juventud lo que más debe preocupar a todos, pues siempre será ella la base que lógicamente sustente el futuro de un país. En su conjunto, estos cientos de miles de emigrados constituyen una enorme potencialidad ahora prácticamente perdida para la patria, y así continuará sucediendo mientras los déspotas que enrarecen nuestro horizonte no se aparten del camino.

Comentarios en: "Los éxodos del hombre nuevo." (1)

  1. es muy lamentable esa situacion en la que la gran mayoria de la juventud esta tratando de emigrar , condenando de esa forma el futuro del pais, que al parecer esta destinado a convertirse en una nacion de viejos si tambien incluimos la baja tasa de natalidad existente,ese sera otro de los nefastos legados que dejaran los castro y su pandilla,el exodo incluye tambien a la gente mas capacitada y professional,un verdadero desastre

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