“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

CUC CUP CUBA

Por Jeovany Jimenez Vega.

Sin dudas el reto más complejo que tiene el régimen de Raúl Castro a corto plazo es el de la unificación monetaria. El uso en el país de dos monedas nacionales durante las últimas dos décadas y media ha terminado generando una inestimable distorsión en su sistema de finanzas internas, que por sí solo bastaría para ilustrar el caos reinante en su economía, del cual es un nítido reflejo.

La reciente declaración del senador estadounidense Rodney Davis sobre la inminencia del cambio desperezó las expectativas sobre el tema, que ha sido el gran ausente en los discursos del General/Presidente y en los predios de la prensa oficial cubana, a pesar de que su persistencia le convirtiera hace tiempo en algo sui generis. Si bien varios países contemporáneos han permitido en algún momento la circulación indistinta de alguna moneda extranjera junto a la suya, sin embargo no recuerdo alguno que utilizara al unísono dos monedas nacionales como lo ha hecho Cuba desde la década de los 90: a saber, el peso cubano –así a secas, humilde, pobrecillo– o CUP, y el peso cubano “convertible”, el todopoderoso CUC.

Que durante más de dos décadas más del 90% de los cubanos hayamos percibido nuestro “salario” mensual en CUP para tener que comprar más tarde en las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) pagando en CUC, previa transacción 25/1 respectivamente, se inscribe como la mayor estafa sufrida por nuestro pueblo desde el arribo de Colón. Aunque en el período previo a la llegada del CUC a inicio de los 90 ya se habían generado situaciones pintorescas, pues durante la mayor parte de esa etapa Fidel Castro constituyó la simple tenencia de divisas extranjeras –sobre todo del dólar estadounidense– en un auténtico cuerpo de delito reflejado con todas sus letras en el código penal, y debido al cual cientos de cubanos llegaron a sufrir prisión.

Pero como en este jardín merece poco deshojar viejas margaritas, de momento lo que se impone es un paso de hoja, pues hoy Cuba demanda imperiosamente escribir capítulos nuevos, y como los neófitos distamos de entender a cabalidad los entresijos íntimos de la Economía, habitualmente plagados de matices oscuros, podemos no atinar a la primera. Pero sí valdría la pena sin embargo lanzar propuestas concretas sobre el modo de llevar a cabo esta unificación de la moneda cubana, un paso imprescindible que exigirá a partir de ahora cada oportunidad divisada en nuestro horizonte.

Hoy cada propuesta seria que reciba el país exigirá como condición previa la coherencia de su sistema financiero, pues de otro modo nunca merecería la imprescindible credibilidad ante los ojos de los organismos internacionales e inversores. Entonces, una vez todos conscientes de esto ¿para qué demorar un día más el parto inevitable? Pero aquí es donde habría que detenerse para evitar que este necesario paso termine mal logrado y se generen consecuencias sociales nefastas a corto plazo.

Por todo esto se impone que el Gobierno cubano –único responsable en definitiva de haber generado y mantenido tan insólita política– asuma con responsabilidad el complejo proceso, de modo que se mitigue en todo lo posible su efecto potencialmente nocivo y se produzca con la menor brusquedad posible, sin generar o minimizando en todo lo posible las consecuencias traumáticas para la ya depauperada familia cubana.

Ya hablando concretamente, me pregunto si en lugar de hacer un cambio brusco de moneda en este momento ¿no sería acaso posible reevaluar gradualmente la moneda más débil, mediante un proceso programado y de público conocimiento –digamos bajando la tasa de cambio del CUC en CADECA a un ritmo de 1.00 a 2.00 CUP mensualmente– de manera que en el momento del cambio la relación cambiaria sea menos pronunciada que ahora, digamos 10/1 por ejemplo? Este proceso podría instrumentarse poco a poco a lo largo de un semestre, quizás de un año, y mitigaría muchísimo un efecto que puede ser devastador para varios estratos sociales de la isla en caso de producirse abruptamente.

Otro elemento a tener en cuenta sería el tiempo de que dispondría la población para realizar el cambio, en tanto se garantiza la posibilidad de cambiar todo el efectivo circulante sin que el gobierno interponga obstáculos sin sentido. Los de la vieja guardia recuerdan el modo intempestivo en que este proceso fue llevado a cabo a principio de los 60 y todas las limitaciones absurdas impuestas en aquel momento, lo cual provocó que una considerable parte del dinero circulante sencillamente caducara.

En este momento no existe justificación alguna a ser esgrimida por el Gobierno cubano para justificar semejante arbitrariedad. En su lugar debería disponerse de un período de unos meses para completar el recambio, durante los cuales seguirían circulando ambas monedas a la tasa fijada hasta que de la destinada a desaparecer quede sólo el recuerdo numismático. Después de todo, como dice el abuelo, quien espera lo mucho espera lo poco y algo que nos ha dañado durante tantos años no tiene por qué ser revertido en pocos días.

En este punto parto del presupuesto de que la moneda a desaparecer sea el CUC. La presencia inoportuna de este engendro, “convertible” paradójicamente sólo dentro de Cuba, junto al peso cubano, sería algo sin sentido y contraproducente en una Cuba abierta al mundo. Supongo que a nadie en su sano juicio se le ocurra retirar de circulación al CUP en lugar del CUC. Hacer esto repentinamente después de fomentar rumores durante los últimos dos años sobre la presunta permanencia del CUP, que ha mantenido la tendencia cambiaria en la calle en favor de esta última moneda, sería un miserable golpe bajo.

Por supuesto, para que todo esto suceda así, o de otro modo análogo que no implique grandes traumas domésticos, sería necesaria la buena voluntad política de la élite gobernante cubana, algo de lo que hasta hoy no ha hecho precisamente gala. Para que esto sea económicamente coherente se deben liberar los resortes productivos y comerciales que propicien una entrada inmediata en circulación de bienes y servicios generadores de riqueza, todo lo cual es posible a corto plazo –esfuerzo que aunque al inicio no se logre a gran escala, o con toda la premura que demandan las circunstancias, sí estaría orientado sin dudas en la dirección correcta, y ya eso sería un reconfortante primer paso en apoyo de la estabilidad de la futura moneda única.

Ya a corto o mediano plazo se podrían palpar resultados positivos, pero sólo si el Gobierno accede a liberar inmediatamente la gestión del sector más emprendedor de la sociedad y deja de poner obstáculos irrazonables a toda iniciativa privada. Esta sería, a mi humilde y novicio modo de ver, una variante a tener en cuenta. Estudiar si sería algo práctico o atinado ya sería tarea de los entendidos; aquí sólo queda una propuesta más.

Comentarios en: "Unificación monetaria en Cuba, la asignatura pendiente." (1)

  1. HAY PERSONAS QUE AHORRAN EN MONEDAS FUERTES. ES LÓGICO, POR LO QUE UN CAMBIO BRUSCO LOS AFECTARÍA, Y MUCHO. AUNQUE A ELLOS NADA LES IMPORTA.

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