“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

te-quiero-pobre

Por Jeovany Jimenez Vega.

Hace varias semanas nos deleitábamos con los reportes del tour vacacional del príncipe Tony Castro. Al parecer, hastiado de jugar golf en un país donde el 99.99 % de sus nativos nunca ha pisado uno de esos terrenos, el único cubano participante en el último Torneo de Pesca Ernst Hemingway –y “casualmente” su ganador– decidió darse esta vez un brinquito por los opulentos hoteles de Turquía. Nada tuviera de particular si Tony fuera un heredero del Sultán de Brunei, pero es nada más y nada menos que hijo del personaje más verticalmente anticapitalista de la segunda mitad del siglo xx: el señor feudal Fidel Castro.

Pero ya nada debería sorprendernos, porque la demagogia fue, desde sus primeros momentos, el signo más cardinal del fidelismo. El mismo dictador se encargó de practicarla siempre que pudo hasta elevarla a rango olímpico. Es historia constituida su ambivalente postura de los primeros momentos asegurando que no era comunista, para después mudar de piel en cuanto las circunstancias le fueron propicias. Pero además de esta faceta inherente a su alta política, en lo personal también mantuvo siempre oculta una segunda vida, hasta que el tiempo y las confesiones públicas de varios oficiales de alto rango, desencantados por la impudicia del barbudo, develaron la verdad.

Así nos enteramos de que este señor siempre tuvo múltiples amantes. Entonces recordaba yo cómo un tío mío, militante comunista consecuente y honesto –que recuerdo en los 80, pidiendo más de una vez algún menudo a mi madre para comprar cigarros en el Coppelia de Artemisa que él mismo administraba– fuera expulsado del partido por el imperdonable pecado de tener una amante. Un poco más acá, a raíz de la muerte de Antonio Gades, nos enterábamos que el artista ibérico fue el padrino de bautismo de los hijos del mismísimo Raúl Castro, y recordábamos entonces cómo durante décadas se mantuvo vedada la militancia en el partido para miles de simpatizantes del régimen precisamente por sus creencias religiosas –precisamente por eso millones de mi generación no fuimos bautizados– y lo que fue mucho peor aún, cómo se hostigó así a miles de trabajadores y se truncó el futuro de decenas de miles de jóvenes, expulsados de sus carreras universitarias por no haber renegado de su fe.

Ahora sabemos que el señor feudal era todo un experto en vinos y quesos caros, y nos enteramos también de todos esos palacetes, yates, vacaciones en el extranjero, hijos becados en Europa y cotos privados de caza propiedad exclusiva de los oligarcas verdeolivos, o sea, de toda una extensa saga de privilegios burgueses que durante décadas los señorones gozaron a espaldas de mi pueblo.

Para nada debería extrañarnos ahora que el dandi Toni Castro se de una escapadita alquilando un “humilde” yate émulo del de Bill Gates, y se pague a miles de dólares todas esas noches en hoteles de lujo junto a su comitiva: es que el nene apenas hace lo que siempre vio hacer a sus mayores.

Alguien pudiera suponer legítimo que cualquier presidente o hijo de presidente pueda tomarse estas “pequeñas” libertades, pero no es así, no al menos en el caso cubano. Demasiados discursos durante 50 años se gastó Fidel Castro pidiéndole austeridad al pueblo cubano, dándose golpes de pecho y gritando a los cuatro vientos, ya no sólo que eran honrados y buenos, sino que eran absolutamente lo mejor y lo más honrado del universo, y siempre demarcaron una nítida línea divisoria entre este paradigmático paraíso de inmaculada honradez, rayana con la santidad, y esa “pérfida podredumbre” capitalista que ahora no parece espantarle demasiado al dandi antillano.

Por supuesto, también están las escapaditas a Cancún de los dirigentones durante esas décadas en que viajar al extranjero estuvo prohibido, las cuentas secretas en Suiza, las cisternas de otros generales, también repletas de millones, que nunca fueron develadas, el nauseabundo tráfico de corrupciones que genera los millones de los impíos de la aduana,  la kilométrica lista de sobornos a altos funcionarios del Comercio Exterior a cambio de contratos y compras miserables, entre otros momentos kodak para las memorias de la dictadura, como la Causa Número 1 del General Ochoa, que todavía apesta a cocaína en la memoria del cubano.

Quedarían por mencionar los negocios y las propiedades de los demás herederos del trono castrocomunista en otros países donde se huelen el culo con la crema y nata del empresariado capitalista mundial, entre otras “nimiedades” familiares que siempre corren, eso sí, por la cuenta de Liborio, elementos todos que nos permitirán calcular, sólo intuitivamente, las siete octavas partes sumergidas del inmenso iceberg de la robolución cubana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: