“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Cuando hoy domingo, 19 de abril de 2015, cierre la última mesa electoral en Cuba nada trascendente sucederá. A pesar de las estadísticas manipuladas por Granma y sus libelos sobre un electorado que presuntamente habría acudido a votar libre y masivamente para dar su “apoyo absoluto” a la revolución, ya a estas alturas ese cuento de nunca acabar engañará a muy pocos. Irregularidades en la gestión de las mesas electorales, boletas de votación que sólo podrán ser marcadas ¡con lápiz! para luego ser adulteradas y evitar así las estadísticas incómodas; comisiones de candidatura controladas por el único partido legal en Cuba, el comunista, que eligen a dedo a cada presidente de asamblea desde el nivel municipal hasta el Consejo de Estado, asambleas todas que desde San Antonio a Maisí nada decidirán al margen de las políticas aprobadas por el partido dictatorial único y nada le cuestionarán, sino que durante toda su legislatura se limitarán a aprobar por unanimidad cada “orientación” emanada del Olimpo.

El pueblo de Cuba sabe sobradamente que de esta farsa nada nuevo podrá esperar, que este esquema está agotado y nunca deparará caminos nuevos, que sólo será más de lo mismo, por eso no haré llover sobre mojado, sino que hoy reflexiono sobre un detalle que trascendió hace semanas en varios sitios digitales: en un hecho prácticamente sin precedentes dos opositores habaneros lograron ser nominados como candidatos para delegados del Poder Popular por sus respectivas circunscripciones, algo casi insólito en la Cuba de hoy. Sin embargo Hildelbrando Chaviano, del municipio Plaza de la Revolución, y Yuniel López O´Farrill, del municipio Arroyo Naranjo, hubieron de resignarse a que en sus biografías publicadas al efecto se les tildara de “contrarrevolucionarios”, de formar parte de lo que la nomenclatura oficial llama “grupúsculos”, entre otras frases despectivas, evidentes calumnias y acusaciones tendenciosas.

Pero más allá de ser cierto que estos candidatos en efecto se opongan abiertamente a ese concepto de “revolución” sostenido por los demagogos en jefe del Partido Comunista de Cuba, me pregunto: ¿y sobre el resto de los candidatos qué? ¿Acaso no deberían ser publicadas en el resto de las biografías, por ejemplo, que tal candidato, a pesar de ser un “honorable” militante comunista, se ocupa también de malversar cada día más los recursos de la empresa que dirige? ¿O que aquel otro, ferviente miembro de una Brigada de Respuesta Rápida y participante en múltiples actos de repudio en “defensa de la revolución”, ha sido expulsado de varios trabajos por robo continuado? ¿O que este, siempre entusiasta en cuanto desfile del primero de mayo se haya organizado, sin embargo también se las apaña para defalcar cuanto almacén estatal le cae bajo las garras? ¿O que aquella consagrada federada no vive de su salario, sino gracias al natural talento que su hija prostituta ha desplegado en un chupa chupa, algo que ella conoce perfectamente y aprueba? ¿O que este viejo cederista, tan combativo al delatar a cuanto paisano entre en su universo visual, sin embargo tolere que se venda tabaco de contrabando en su propia casa? ¿O acaso que tal veterano de la gloriosa Asociación de Combatientes no vive de la absurda jubilación que le “garantiza” su “revolución” sino de remesas llegadas desde el norte revuelto y brutal que le desprecia? ¿O que esta otra funcionaria del partido provincial vive a ritmo de millonaria gracias a la desvergüenza de su esposo, uno de los miles de ladrones legalizados por la Aduana General en el aeropuerto de La Habana?

La lista de dobleces morales y podredumbres a enumerar haría interminable la biografía de buena parte de los actuales candidatos, y más putrefactas aún serían en la medida que ascendiéramos desde el municipio hasta el nivel de país. La publicación de estas biografías plagadas de informaciones sesgadas y mórbidamente parcializadas –específicamente en este contexto en el cual persiguen disuadir a potenciales votantes– bien merecería una acción legal por parte de una autoridad electoral que se respete, e incluso de la Fiscalía, pero eso sólo sería posible en caso de vivir bajo un Estado de Derecho y nunca en la Cuba totalitaria de hoy.

De cualquier modo, si de competir bajo igualdad de condiciones por el voto del electorado se tratara, según lo establecido por la ley, sería muy sano revolver los trapos sucios y la mierda de todos por igual –y no digo con esto que la militancia o el civismo de Hildelbrando y de Yuniel lo sean. Si esto sucediera, aseguro que el hedor llegaría muy alto y muy lejos en un país donde medio siglo de leyes absurdas y limbos legales no han dejado apenas lugar para la honestidad y la prosperidad del individuo al amparo de la legalidad. Tengamos la absoluta certeza: hoy en Cuba “votarán” millones de hipócritas y delincuentes.

cats23

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Comentarios en: "Elecciones en Cuba: la farsa de nunca acabar." (1)

  1. Menos mal que ya hace más de 30 años me fuí de esa farsa, de esa gran mentira, de esa gran falacia y cuanto sinónimos pueda tener esa farsa.

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