“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

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Por Jeovany Jimenez Vega.

Es llamativa la notable polarización de criterios asumida entre la oposición cubana alrededor de las recién iniciadas negociaciones entre Cuba y EE.UU para normalizar sus relaciones diplomáticas y el potencial levantamiento del embargo –me refiero a las posiciones más difundidas a través de la web, que aunque no serán las únicas, sí son las más visibles. Entiéndase concretamente la posición del Foro por los Derechos y Libertades, que en forma de Hoja de Ruta se formula en torno al Proyecto Estado de Sats, dirigido por Antonio G. Rodiles, y la asumida por los activistas de Espacio Abierto de la Sociedad Civil, que propone lo que han dado en llamar sus Cuatro Puntos de Consenso.

Si ambas, con diferencias de matices, reflejan las exigencias más inmediatas de la sociedad civil disidente y la oposición cubana, cabría preguntarse ¿por qué asumen éstos posiciones tan divergentes cuando de levantar el embargo se trata? Semejante polarización se explica, a mi modo de ver –y esto sumado a la incuestionable trascendencia del asunto en sí– por la lógica inexcusable que subyace detrás de ambas posturas.

Preguntémonos: ¿Cuál es la lógica detrás de la posición del Foro? Muy simple: un gobierno totalitario como el cubano, que no ha demostrado jamás vocación por la tolerancia y no ha lanzado absolutamente ninguna señal de distención, sino que continúa reprimiendo con saña a opositores pacíficos, no se merece ningún gesto de distención por parte de la comunidad internacional. El precio de hacer concesiones en este momento sería nefasto pues sólo conseguiría perpetuar en el poder, durante varias décadas más, a los herederos de los tiranos históricos y conduciría a la mutación del esquema actual hacia uno de capitalismo monopolista de estado –evolución muy similar a la del caso ruso. Esta tendencia, si la he interpretado bien, no se opone al levantamiento del embargo tanto como a su levantamiento incondicional: propone que este trascendental paso sólo debe darse después de haber logrado, al menos, la ratificación e implementación de los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos, y los de Derechos Sociales y Culturales pendientes desde 2008.

Entonces ¿no es todo esto cierto y sumamente probable? ¿No apunta la lógica más elemental hacia esta posibilidad? ¿Desde cuándo los tiranos han hecho concesiones gratuitas, sobre todo en momentos de distensión política? Ahí está la Historia para demostrarlo: no fue otra cosa que la presión internacional sostenida durante lustros o décadas –unida en todos los casos, eso sí, a un formidable empuje de masivos movimientos opositores internos– lo que obligó a los regímenes de Chile, Polonia y Sudáfrica, por ejemplo, a deponer su poder. Entonces parece más que justificada, a la luz de este razonamiento, exigir concesiones a los dictadores cubanos a cambio de un replanteamiento de política que indudablemente les oxigenará a corto plazo, pero que sin dudas también lubricará su máquina represiva.

Ahora bien: ¿Cuál sería la lógica detrás de la posición de Espacio Abierto? Muy simple: uno de los factores de éxito del esquema de dominación implantado durante medio siglo por Fidel Castro fue su estricto inmovilismo, de ahí que cualquier pieza que se retire de tal maquinaria iría en detrimento de su eficacia; esto quiere decir que una vez restituidas las relaciones diplomáticas –y más aún si se levanta el embargo– siempre se producirá un nuevo escenario con inevitables fisuras del poder que la sociedad civil disidente podría potencialmente aprovechar para organizarse más, ganar en capacidad de convocatoria, e intentar remover, pieza a pieza, un poder que por otro lado no cede en su hermetismo.

Me pregunto: ¿no es válido también este razonamiento? ¿No es también esta una posibilidad inmediata? ¿No le complicará exponencialmente la existencia a los represores de La Habana el intercambio inevitable de viajeros –turistas y no turistas– que nos visitarán, aun en el caso de que sólo les moviera la mera curiosidad sobre la verdad detrás del muro? Y cuando se regresen ¿con cuál Cuba cargarán en su equipaje?; ¿cuál Cuba se perpetuará en sus fotos y videos: la que les engaña desde Granma Internacional o la Cuba que se desangra por las calles?  ¿Cómo quedarán ante la opinión pública los teóricos del “bloqueo” ahora que se verán obligados a negarse a aceptar las propuestas de miles de compañías norteamericanas –incluidas, por supuesto, las del sector de la informática y las telecomunicaciones– cuyo servicio iría contra el interés de su monopolio y de su enfermiza vocación de control? ¿Acaso no le plantea un reto mucho mayor al poder este inédito escenario que se avecina, que amenaza con sobrepasar su capacidad de contención de cara a una sociedad civil que estará cada vez más ávida de espacios nuevos?

No obstante, apostar con seguridad por una posible distensión de mecanismos de represión y censura puestos a punto a lo largo de cinco décadas, me parece demasiado aventurado. Si se concreta el levantamiento prácticamente incondicional del embargo como pretende Obama –al menos esa es la impresión pública dejada hasta ahora– los represores y censores del régimen tendrán las manos libres para elegir, a la carta, sólo aquellas posibilidades que se ajusten a sus propósitos y que puedan convertirse en nuevas herramientas de represión. Esta realidad explica por qué una buena parte de la oposición sostiene tan efusivamente que su desconfianza “…está fundada en 56 años de dictadura“.

Cabe destacarse que ninguna de las dos posiciones mencionadas al principio desestiman el inmediato golpe político que ya implicaría en sí privar al gobierno de los Castro de su pretexto de la plaza sitiada, pero sí defieren en el modo de interpretar la posterior conducta de los sicarios y testaferros del poder actual una vez levantado el embargo.

Vale, sin embargo, detenerse en algo muy llevado y traído en boca de la parte negociadora norteamericana: el pretendido empoderamiento del pueblo cubano. En este punto hay algo que el mundo –incluida la contraparte del norte– debe comprender: los recursos que entrarán en caso de levantamiento del embargo jamás serán administrados por las manos del pueblo cubano, sino por la misma casta de neoburgueses que se ha desentendido de sus necesidades durante más de 50 años, los verdaderos culpables de nuestra desgracia, los que llevan décadas defalcando el tesoro público de la nación. Debe quedar claro de una vez por todas: es totalmente impracticable un empoderamiento económico del pueblo cubano sin que le acompañe un proporcional empoderamiento en el plano político –esto es algo inaceptable para nuestros represores– y hasta el momento nada señala hacia la buena voluntad del gobierno de Raúl Castro en tal sentido. Precisamente a esto se refiere Antonio Rodiles cuando asegura que “…jamás será el cubano el responsable de su futuro si el régimen puede seguir violando los derechos fundamentales con total impunidad. Jamás el cubano podrá empoderarse si el régimen goza de fuentes económicas que le garanticen sostener y desarrollar su aparato represivo”.

No obstante, nada tendría de sorprendente que lo que se concrete durante los próximos años en Cuba sea una combinación impredecible de ambas posibilidades, y así ambos bandos llevarían la razón. Es poco probable que evolucione alguna de estas variantes sin que se precipiten consecuencias que conduzcan a la otra. Pueden perfectamente, de hecho, evolucionar de modo paralelo a corto y mediano plazo hasta fusionarse al final en esa otra Cuba incierta que nos espera en el horizonte.

De ahí que no haya que subestimar por un solo minuto la trascendencia histórica del momento: del resultado de las actuales negociaciones internacionales dependerá el rumbo de Cuba durante los próximos 20 o 30 años, por lo tanto, este es el instante inaplazable de arrancar a los déspotas cuantas concesiones podamos en beneficio de nuestras libertades. Este no es momento de desgastarnos en discusiones infecundas o rivalidades personales, que deslucen más que meritan nuestra marcha y son música para los oídos del enemigo común; siempre lastima ver inútiles polvaredas levantadas entre activistas cívicos que han dado, por otra parte, elocuentes testimonios de su vocación patriótica. Recordemos esto cubanos: lo que no logremos ahora unidos quedará pendiente por demasiado tiempo y ese es un lujo que la patria no se puede dar.

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Comentarios en: "La lógica detrás de la polémica." (1)

  1. Pedro Benitez dijo:

    Sin duda la oposición ha demostrado valor e inteligencia, compromiso a defender nuestros derechos, capacidad para proyectar incitativas a nivel internacional y visión para entender la gran importancia de la implementación de la metodología para recoger los frutos deseados, además, yo me siento representado por estos actores. Sin dejar de mencionar que han fallado estrepitosamente en crear una estructura para recaudar fondos, tampoco han diseñado programas que intencionalmente sean configurados para romper el silencio de los intelectuales con respecto a la represión de la dictadura. El éxito al activar y concertar el activismo político de manera paralela en ambas orillas ha sido limitado. Sin embargo, me atrevo a decir que nosotros los cubanos libres tenemos plena confianza que estos actores pueden reinventarse, modificar y perfeccionar sus estrategias; y sobre todo, acelerar la interacción entre los cubanos de la Isla y el exilio para competir eficientemente con la gestión de la normalización de las relaciones.

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