“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

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Por Jeovany Jimenez Vega

Esta vez la alarma llega desde Cibercuba Noticias: “Médicos cubanos en Brasil reclaman ayuda de la prensa internacional para evitar separación de sus familias”. El documento en cuestión es una especie de proclama que se inicia esbozando la génesis del Programa “Mais Médicos”, continúa presentando a Cuba como un país “…defensor de los derechos humanos…” –así de limpio, sin entrecomillado– que dice “…luchar por igualdad social, e iguales derechos de los ciudadanos…”, para punto seguido reconocer que nuestros “…dirigentes y ministro en particular… sólo nos ven como un medio de producción…”. Continúa este documento comparando el status de los funcionarios de las misiones diplomáticas con el de los colaboradores de la salud y termina suplicando a los “buenos periodistas” que denuncien el hecho “…para que el mundo se entere de las atrocidades de nuestro gobierno”. A pesar de haber sido publicado bajo pseudónimo, Cibercuba Noticias asegura, paradójicamente, que al momento de ser recibido en su redacción el “…mensaje de emergencia…” estaba “firmado por cientos de profesionales”.

“Nos tratan como a una propiedad, no como trabajadores dignos que le hemos entregado más de nuestro tiempo al trabajo y a servirle al gobierno que a nuestros hijos y esposa o esposo”. Esta sola frase bastaría para resumir la psicología de algunos profesionales en estas misiones oficiales, y contiene a la vez una evidente e inconciliable contradicción: se insinúa de este modo que alguien puede ser “digno” al mismo tiempo que acepta con resignación absoluta la condición de “propiedad” y está dispuesto a regalar, servil, más tiempo a quien lo apuñala por la espalda que a sus propios hijos.

Por no proferir palabras hirientes capaces de ofender susceptibilidades entre mis colegas –pues semejante confesión me despierta criterios altamente ofensivos– a partir del siguiente punto y seguido abordo el tema desde una perspectiva absolutamente personal. Si algo me han enseñado mis primeras canas, es que de vez en cuando llegan a la vida de todos, inexorablemente, las horas de las definiciones. De vez en vez la vida se abre en dos caminos divergentes y usted podrá elegir uno de ellos para continuar, sólo uno, y una vez tomada la decisión usted habrá asumido una postura definitiva ante la vida, ya no habrá marcha atrás –no al menos hasta la próxima encrucijada. A veces no será cuestión de elegir, y el camino habrá que tomarlo a cara o cruz, pero esto sólo sucede muy pocas veces; en la mayoría de los casos contaremos con ese regalo de Dios: el libre albedrío, que nos permitirá elegir a conciencia nuestros derroteros. Pero eso sí, cada camino se asumirá con todos sus riesgos y consecuencias –la vida no gusta de andarse con gratuidades y siempre exigirá un precio personal, más o menos alto, a pagar: no habrá dignos caminos fáciles, ni auténticas victorias, sin correr los respectivos riesgos y haber asumido la responsabilidad ante cada consecuencia.

Desde el preciso instante en que a un médico en Cuba se le propone una misión de trabajo en el extranjero, éste conoce ya el carácter leonino de su “contrato”, también conoce de antemano la naturaleza despótica de la autoridad y sabe además que bajo tales circunstancias estará privado de todos sus derechos, y sometido a la constante amenaza de deportación a Cuba ante la menor seña de “insubordinación”. Sabe que se le explotará arteramente pues sólo se le pagará, con mucha suerte, una cuarta parte de lo pactado entre gobiernos a cambio de su talento personal y de una separación de su familia que durará varios años –esto último ha sido la invariable norma en prácticamente todas las misiones. Sabe que la mitad de este dinero quedará congelado en un banco de La Habana, en manos del gobierno cubano, y lo perderá en caso de dar por terminada, de forma unilateral, su relación de trabajo con la misión oficial –en este último caso nuestro gobierno le etiquetará como un desertor y le impedirá entrar a Cuba durante ocho largos años.

Este trabajador es consciente a priori de que lo asumido por él con este “contrato” implica una postura de sumisión absoluta, y a pesar de todo, haciendo uso de su libre albedrío, la elige, y cuando lo hace también acepta tácitamente ser aquella “propiedad”, aquel “medio de producción” barato, y en consecuencia será manejado como el objeto en que aceptó quedar convertido. Eligió entre el camino plagado de espinos que conduce a todo tipo de estrecheces –pero con el gran aliciente espiritual de sentirse libre y no servir a quien le avasalla– y aquel otro camino de disipación y algodonado de comodidades inmediatas –aun a sabiendas de que éste conduce a una subordinación absoluta a quien le explota y a una acusada renuncia a su libertad personal.

Más allá de la dudosa verosimilitud de un documento cuyo presunto autor se oculta en el anonimato –y que por lo mismo dudo mucho haya sido firmado por “cientos de trabajadores” con sus nombres íntegros y reconocibles– centro mi atención en la postura de resignación y sometimiento que asume la mayoría de estos profesionales, incapaces de responder con gestos viriles ante un gesto de evidente despotismo de un gobierno que no le respeta –pues aquí el ministro es sólo la marioneta visible y para nada cuenta. Toda iniciativa de estos trabajadores en Brasil o en cualquiera de las más de 60 misiones médicas oficiales cubanas, asumida bajo tales circunstancias, estará condenada a darse de bruces contra la indolencia de los déspotas: nunca serán tomados en cuenta pues, por un principio que se ha cumplido desde el inicio de los tiempos, no se pueden exigir derechos desde el sometimiento, no se puede exigir libertades desde posiciones de servidumbre. Es así de simple: nadie respetará a quien no sea capaz de respetarse a sí mismo.

Aquí esgrimirá el cobarde que no tuvo alternativas, y es en este punto donde diametralmente se equivoca: siempre tuvo alternativas más libres y dignas, sólo que esa libertad, como siempre, cuesta bien caro y hay que estar dispuesto a pagar por ella su merecido precio. Siempre pudo negarse a partir a esa misión –sobre todo sabiendo de antemano que le avasallan en Cuba con salarios onerosos precisamente para compulsarle a salir– pero prefirió hacerle el juego a quien lo explota y con esto cavar su propia tumba: prefirió una salida engañosa a corto plazo a su precariedad antes que asumir una actitud frontal y exigir en Cuba, en voz alta, sus derechos, pero esto le costaría dosis demasiado altas de sacrificios, carencias y frustraciones frente a un gobierno inmisericorde. Para su vergüenza, puesto ante el yugo y la estrella, el cobarde siempre elegirá la rica y ancha avena en lugar de abrazarse a la beldad que ilumina y mata.

Por supuesto, otro gallo cantaría si en lugar de ocultarse detrás de anonimatos se concertaran los criterios de los más valientes y se exigiera respeto por una vez mirando sin miedo a los ojos del opresor. Las libertades jamás nos caerán como maná del cielo si no estamos dispuestos a asumir todos los riesgos por su conquista. Más de una vez me he mordido la lengua por respeto, por no dirigir la artillería contra colegas que por otra parte aprecio y respeto, víctimas y no victimarios en esta lacerante dinámica de las misiones médicas oficiales cubanas; más de una vez me he abstenido de opinar ante alguien que parte apabullado por su pobreza –que por más parecida que sea a la mía, es su propia pobreza– y sobre todo porque cada cual tiene el soberano derecho de asumir su propia filosofía en la vida, pero defrauda e indigna escuchar sólo quejidos de resignación allí donde la dignidad humana sólo debió colocar en cada garganta, en lugar del lamento, un estridente grito de guerra.

Ver: Los móviles de los colaboradores cubanos: ¿idealismo o necesidad?

estetoscopio-curso-de-medicina

Comentarios en: "Médicos cubanos en Brasil: ¿exigir desde la servidumbre?" (5)

  1. roxanaaguilera dijo:

    Jeovany estas en Ecuador? ,Hasta cuando ?

    • En Guayaquil, junto a mi esposa. Trabajaremos un tiempito y nos regresamos a Cuba. Contáctame por gmail. Saludos.

      • roxanaaguilera dijo:

        ok !! Esta muy aguda tu posicion ,la gente tiene razon para tenerla igual pero se van por otra tangente ,algo asi como no “meterse en politica” !!! Me quedo contenta q salgan del circulo vicioso , todos necesitamos aire .aunque sea un tiempito . .Un abrazo a los dos . ,

  2. roxanaaguilera dijo:

    Donde se podra ver el escrito completo de los medicos cubanos en Brasil ? , Tu posicion sobre el caracter de las misiones la comparto ,pero me falta elementos sobre la carta o “proclama” . Podras explicar mas ?
    Yo pregunto pq no se van por via particular los medicos cubanos a Brasil ,este Programa
    esta abierto para cualquier medico desde q no provenga de paises q no apliquen en percapita de medicos x habitantes a menos .y desde q presenten 4 documentos q consultoria juridica ya da desde el nuevo decreto junio /2014 ,de esa manera estaran libres y seran dueños y señores del pago por lo q trabajen ,desde q les motive el proposito del Programa Mais Medicos para Brasil , como Medicos Sin Fronteras ,,pero si no hay esa motivacion espiritual ,pq no es obligacion la separacion faimiliar ,para ganar mejor salario, , entonces lo q hay es q plantarse como lo hicistes ,y reclamar CAMBIOS para la clase medica ,como pagar las guardias ,tener libre acceso a la net ,no la porqueria de intranet ,, mejorar los salarios para permitirnos ir bien comidos a trabajar etc
    .

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