“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

49914Por Jeovany Jimenez Vega.

Hace varias semanas un artículo de El Nuevo Herald informaba que el pasado 11 de septiembre médicos venezolanos habían lanzado “… un llamado de alarma tras la aparición de una enfermedad que mata en 72 horas y que los hospitales del país no saben cómo tratar.” Asegura además el artículo que “… la advertencia fue minimizada por portavoces del régimen de Nicolás Maduro que calificaron el esfuerzo por notificar al público como una campaña de desinformación y terrorismo, aun cuando la enfermedad en diez días ha dejado un saldo de ocho muertos en el estado central de Aragua.”
La noticia no pudo menos que traerme infaustas reminiscencias. Durante el verano de 2006 –ya separado de modo arbitrario de mi residencia en Medicina Interna, y mientras esperaba el desenlace del abigarrado proceso que derivaría finalmente en mi inhabilitación meses más tarde– fui testigo de primera mano de la que bien pudo haber sido la mayor epidemia de dengue en la historia de mi país. Ese año la enfermedad pasó de ser un par de tímidos brotes notificados entre enero y febrero, a convertirse rápidamente en una epidemia explosiva que debió llegar a afectar a cientos de miles –cuando no ¿millones?– de cubanos durante no menos de 10 meses hasta que la naturaleza con la seca invernal, y gracias a Dios y a la virgencita, la diera por concluida.
Recuerdo con nitidez los cuerpos de guardia de los policlínicos municipales topados, los hospitales con camas extras ubicadas incluso en los pasillos y en los portales, el sistema prácticamente colapsado en su capacidad de receptación de casos, e incluso los edificios de las entonces aún existentes becas en el campo convertidos en auténticos hospitales de campaña a plena capacidad, y sin embargo, quien aquí escribe le reta a usted a que localice en cualquier periódico o revista “oficial” cubana de 2006, o logre recordar cualquier programa radial o televisivo donde se hayan siquiera mencionado las palabras “epidemia” y “dengue”. Le sugiero que no lo intente pues perdería su tiempo: a pesar de que atravesábamos una situación epidemiológica caótica, fuera de control, de que aquella gran epidemia asoló a casi, sino a todas, las provincias del país, nuestras autoridades políticas y de gobierno –incluida la sumisa postura mantenida por el Ministerio de Salud Pública, encarnada en el entonces ministro, y siempre genuflexo, José Ramón Balaguer Cabrera– optaron todos por la más sistemática censura, y mantuvieron durante todo ese período un completo mutis con relación a algo que llegó a tener una connotación escandalosa; mientras en la calle no se hablaba de otra cosa, para su mayor descrédito, ellos decidieron sencillamente hacerse los suecos (con el perdón de los escandinavos).
Aquella política de censura no fue fortuita ni de ningún modo puede verse como un hecho aislado. Si bien en aquella ocasión concreta este silencio oficial giró en torno a la XIV Cumbre de los Jefes de Estado y de Gobierno de los Países No Alineados, celebrada en septiembre de aquel año, no es un secreto el efecto disuasorio que sobre la afluencia de turistas puede tener la nueva de que en este edén de playas pintorescas y despampanantes mulatas hayan irrumpido, para quedarse ya asumiendo un patrón endémico, visitantes tan inoportunos como el dengue, el cólera o el advenedizo chikungunya. De hecho las autoridades políticas y sanitarias cubanas practican aun de modo sistemático un modus operandi semejante: todavía se lee y escucha en la prensa oficial cubana sobre “… la lucha contra el enemigo…” en referencia a los mosquitos del género aedes, en lugar de informar sin tapujos que se habla sobre el ya perenne dengue; igual se exhorta a la población a extremar las medidas higiénicas “… para prevenir las enfermedades gastrointestinales…” cuando todos sabemos que continúan incidiendo casos de cólera. En lugar de informar con objetividad, nuestras autoridades apuestan aun por el solapamiento, prefieren irse por las ramas en lugar de informar públicamente sobre la cantidad de casos y la situación epidemiológica concreta en las diferentes provincias; siempre será más útil hablar claramente y no a través de enfoques sesgados que alimentarán más tarde reiterativos rumores y fomentarán una nociva desconfianza en las autoridades.
Detrás de esta postura puede ocultarse el temor a la incongruencia que implicaría para La Habana reconocer que el mismo gobierno que exporta las legendarias misiones médicas a decenas de países, sea incapaz de controlar estas “nimiedades” domésticas. Con la OMS en alerta máxima ante una inusitada epidemia de ébola en África occidental en la que ya se reportaron miles de casos, más de la mitad mortales, y que ya amenaza con extenderse a otras latitudes –algunos entendidos sostienen que en caso de no ser rápidamente controlada puede llegar a reportarse un millón y medio de casos para 2015– e incluso recién confirmado el primer caso dentro de los Estados Unidos, se comprenderá fácilmente la irresponsabilidad que implica para cualquier gobierno, en semejante contexto, mantener políticas que censuren la información al respecto, sea en Cuba, en Venezuela o en la Conchinchina.
Ahora, ante el envío de un contingente de más de 160 colaboradores cubanos a los países africanos afectados por el ébola y más 460 listos para partir este mes, preocupa como nunca que nuestro gobierno persista en asumir estas posturas. Sería aberrante ocultar la verdad sobre la incidencia de enfermedades transmisibles de este tipo; siempre irá en detrimento del bien público, distorsionará la percepción de riesgo de la población y será un obstáculo injustificado, y hasta puede que insalvable, una vez llegado el momento de implementar las estrategias adecuadas para su contención.

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Comentarios en: "Cuando la “verdad” llega solapada." (2)

  1. […] Publicado por Jeovany Jiménez en su Blog Ciudadano Cero […]

  2. […] Ver: Cuando la “verdad” llega solapada. […]

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