“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

dibujoPor Jeovany Jimenez Vega.

Viene sucediendo hace varios años y ya es uno de esos secretos a voces que hasta los niños conocen: el soborno a maestros y profesores a todos los niveles de la enseñanza ha terminado siendo, a golpe de habituación, algo casi folklórico, y aunque sería injusto pasar tabla rasa y juzgar por igual a justos y pecadores, bien merece la pena haber lanzado la bengala de alerta sobre un asunto que ha llegado a tomar escandalosas connotaciones, más que por haber sido sacado públicamente a la luz, por las nefastas consecuencias morales que implica para todos.
En este medio no siempre el soborno llega en la forma abierta de dinero al cash. Existe toda una gama de recursos a disposición de adulones y ostentosos para llegar a su objetivo y una vez localizado el profesor diana sólo se impone estudiar necesidades y gustos puntuales para acertar el disparo, que puede consistir en apetitosas meriendas, en ropas elegidas a la medida, en perfumes caros o exclusivas invitaciones, por ejemplo.
Sin dudas, en todo esto influye el lamentable estado de estrechez económica en que está sumido el profesorado en nuestro país, con un “salario” similar al que devengaron hasta ahora los médicos, y que nos ha mantenido a ambos sectores al borde de la indigencia durante décadas. Pero no es gratuito si escribo aquí la palabra “influye” en lugar de “determina”. Por misterios de la naturaleza humana, en el mismo tiempo y lugar donde algunos propenden a la doblez otros se elevan al estoicismo. Conozco honorables ejemplos de maestros que nunca se doblegaron a la desvergüenza y que han vivido en medio de su pobreza con un tremendo decoro, por eso me resisto a aceptar que le necesidad baste por sí sola para someter a todos por igual, por más abrumadora que esta sea.
Claro está que también en este caso los detenidos y procesados –ocho personas según lo publicado en Granma– pertenecen una vez más a los estratos bajos. Aunque siempre es plausible la transparencia, porque es el sentido de ser de toda prensa genuina, y vale por esta vez el toque ejemplarizante, me pregunto si este folletín oficial sería capaz de denunciar igual a alguna vaca sagrada, a algún comandante o dirigente histórico de la Revolución, en caso de comprobarse su implicación en semejantes trances.

Comentarios en: "A propósito del caso de fraude académico en La Habana" (1)

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