“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

PolíticoPor Jeovany Jimenez Vega.

La reciente visita a La Habana del Presidente Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, Sr. Thomas J. Donohue, a la vez que lanza un guiño al éter, abre a la polémica por milésima vez el tema del embargo económico. Históricamente este asunto ha sido uno de los más encarnizados puntos de confrontación en cada predio donde se hayan tratado las relaciones Cuba-EE.UU, y a la vez que el más socorrido argumento de Fidel Castro para justificar cada descalabro económico cubano, devino con el tiempo en el más exquisito regalo que le hicieran los tanques pensantes estadounidenses al barbudo incorregible.
Aunque me atrevo a suponer que durante los primeros años que le siguieron al triunfo revolucionario la jerarquía política verdeolivo pudo tener genuinas intenciones de mejorar las condiciones de vida del pueblo cubano, sin embargo, una vez consolidada en el poder y aniquiladas las garantías civiles, una vez eliminados los naturales contrapesos sociales e instituido todo un entramado a espejo y semejanza del modelo soviético, más temprano que tarde la cúpula cedió a su caracteropatía y desató sus fantasías de poder. En algún momento de aquel proceso el alto mando tomó conciencia de su incapacidad para desarrollar el país, pero rápidamente se percató también de que la insolvencia económica del individuo, una consecuencia inherente al esquema impuesto, era a la vez altamente conveniente a sus afanes de predominio, pues sería mucho más fácil mantener sometido a un hombre si almorzaba preguntándose qué cenaría y luego cenaba preguntándose qué almorzaría al día siguiente. Pero se necesitaba un argumento justificativo para la catástrofe, y es en este punto donde Fidel Castro debe estar eternamente agradecido a los teóricos del embargo, pues le sirvieron en bandeja de plata el argumento perfecto del culebrón: los dirigentes revolucionarios, siempre altruistas en sus santos deseos de hacernos prosperar, pero atados de pies y manos por el despiadado “bloqueo” yanqui –dado que a Cuba entran mercancías desde los cuatro puntos cardinales aquí le llamaré embargo.
Aunque pocos dudan que esta política haya lastrado en alguna medida el avance económico de la Cuba revolucionaria, seguramente menos aun dudamos que la tremenda insolvencia arrastrada por la economía cubana durante las últimas décadas obedezca en mayor medida a las innegables y nefastas consecuencias de un bloqueo mental endógeno, total y sistemático. Aunque es imposible evaluar con límites precisos hasta dónde influyó el embargo y hasta dónde la ineptitud del gobierno cubano, soy de los que opinan que éste último factor es el que siempre jugó una parte más crucial. Una larga serie de evidencias señalan en esta dirección; simplemente preguntaría: ¿Quién maniató históricamente al productor agropecuario con regulaciones absurdas en este país de tradición eminentemente agrícola? ¿Por culpa de quién se mantuvieron improductivas durante décadas más de la mitad de las fértiles tierras cubanas? ¿Quién mantiene aún la política punitiva que amordaza el desarrollo de nuestra ganadería, clausuró la mitad de los centrales azucareros de este país y arruinó así toda una cultura de siglos? ¿Quién le ha puesto cuanto obstáculo ha sido posible a la gestión del sector trabajador por cuenta propia y le niega su derecho a importar sus insumos y materias primas, así como a exportar directamente sus producciones? ¿Quién se erige como única entidad empleadora ante el inversor extranjero, para después explotarnos cuando nos paga entre el 5 y el 10% de lo pactado, e igual le paga una mísera parte al colaborador nuestro en el extranjero, dispone de su cuenta bancaria congelada en un banco de La Habana, y decide qué puede y qué no puede traer cuando regresa a Cuba? ¿Quién ampara a la cadena de entidades intermediarias que terminan en la TRD y nos masacra con mercancías podridas o descontinuadas, a precios estratosféricos del 1000% o más de su costo, a la vez que nos paga uno de los salarios más miserables del mundo? ¿Quién sostiene las tarifas telefónicas más escandalosas del planeta y nos veta a los cubanos el acceso libre a Internet, y con ello nos priva de todas las oportunidades que así se nos esfuman? ¿Quién mantuvo durante 50 años la prohibición de viajar al extranjero? ¿Quién mantuvo durante décadas la política del apartheid turístico que nos humilló en la puerta de los hoteles, y continúa vetándolos hoy con tarifas inaccesibles para cualquier trabajador honesto? ¿Quién nos estafa cuando solicitamos un simple pasaporte? ¿Por qué si a un español con salario de 800.00 euros, por ejemplo, este documento le cuesta 10.00 euros, a un cubano con un salario mensual de 20.00 USD, nos tiene que costar 110.00 USD? ¿Quién consiente que se nos extorsione del modo más impune en la Aduana General de los aeropuertos cubanos y nos prohíbe entrar a Cuba un auto regalado o comprado en el extranjero, mientras establece tarifas insensatas para su venta aquí que dejarían estupefacto a un millonario? Pero en fin, como esta lista se haría interminable, para abreviar concluyo: ¿Quién nos necesita pobres, se nutre y regodea en nuestras carencias y especula con nuestras necesidades? ¿Quién nos deshumaniza más la vida? ¿Quién propicia realmente la calamidad del pueblo cubano teniendo la potestad de remediarla?
No menciono arriba un solo punto directamente alusivo –como no sea a través de sus lógicas consecuencias– a las graves violaciones de nuestros derechos políticos y civiles. Lo que arriba enumero son sólo algunos síntomas visibles de la enfermedad sistémica que nos corroe gracias a la tozudez política de los gobernantes cubanos, convencidos de que cualquier cambio de esquema iría en detrimento del carácter absoluto de su poder. Rectificar estas barbaridades no pondría en peligro el carácter socialista de la sociedad cubana, ni implicaría hacer concesiones doctrinales. Arriba se habla de esas “pequeñas cosas” que nos son arbitrariamente negadas por el bloqueo mental endógeno y que una vez sumadas convierten en agonía la vida de la mayoría de nosotros. Ahora bien, si rectificarlas nos convertiría en un pueblo más solvente, en una economía más sólida, en una sociedad más funcional –o dicho en menos palabras, nos haría un pueblo más próspero– también es cierto que forjaría un pueblo menos manipulable y servil, y es en este punto donde se traba el dominó para nuestros gobernantes, quienes en esencia no esperan, ni necesitan, la prosperidad del cubano, sino su sometimiento. Por eso, rendido ante la evidencia, quedo convencido: aquí las respuestas señalan acusadoras hacia los verdaderos artífices del bloqueo más dañino y los auténticos perpetuadores de esta ruina.

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Comentarios en: "La visita de Sr. Thomas J. Donohu: ¿un hito contra el embargo?" (3)

  1. […] La visita de Sr. Thomas J. Donohu: ¿un hito contra el embargo?. […]

  2. […] Publicado por Jeovany Jiménez en su Blog Ciudadano Cero […]

  3. roxanaaguilera dijo:

    Como siempre ,muy respetuoso de la verdad , concuerdo contigo ,te apoyo y te sigo.
    volvere a leer este con calma . UN ABRAZO

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