“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Gratitud.

Monumento FinlayFoto tomada de Internet.

Por Jeovany Jimenez Vega.

El pasado 23 de marzo, 10 años después de haberla comenzado, concluí por fin mi especialidad en Medicina Interna. Desde marzo de 2012 había sido rehabilitado para el ejercicio de la Medicina, junto al Dr. Rodolfo Martínez Vigoa, después de cinco años y medio de injusta inhabilitación. En aquel momento se nos pagó el salario íntegro dejado de percibir durante los 66 meses que permanecimos sancionados, y que fueron contemplados como tiempo trabajado en nuestros expedientes laborales; en aquel momento se me comunicó además que se me permitiría concluir mi especialidad.
Llegado septiembre de 2012 reanudaba yo el tercer año de mi residencia. A solicitud mía se me permitió cursar éste en la Facultad “Finlay-Albarrán”, de La Habana, donde el mayor rigor docente me garantizaría una formación más sólida después de más de cinco años apartado de mis estudios. Esta facultad, que tiene su sede en el Hospital Militar Central “Carlos J. Finlay”, asentado en el municipio Marianao, ha graduado durante las últimas décadas a miles de especialistas del oeste de la entonces Provincia La Habana, actual Artemisa. Ya entre 2005 y 2006 había hecho yo en este centro mis rotaciones de Medicina Intermedia e Intensiva, módulos exigidos en el programa que todos los residentes de aquel territorio hacíamos allí pues entonces no existía el actual servicio de Medicina Intensiva en el hospital artemiseño “Ciro Redondo”.
A mediados de septiembre de 2012, después de las presentaciones de rigor, fui ubicado en la sala B del servicio de Medicina Interna, bajo la tutela de la profesora Mercedes Bataille Ceriani, quien ya conocía los detalles de mi historia, pues durante las décadas de 1980-90, durante más de 20 años, trabajó en Artemisa y Guanajay, y fue precisamente en este último hospital donde la conocí en 1993, mientras cursaba mi año de internado.
No fue hasta pasado más de un mes de estar trabajando en el Hospital Finlay, que la Dirección de la CIM (Contrainteligencia Militar) me pidió que le hiciera llegar mi autobiografía, que entregué enseguida sin omitir ningún detalle, después de lo cual no fui solicitado por ellos nunca más. Desde el principio fui tratado como un residente más, y si se hizo alguna distinción fue sólo para ayudarme en alguna solicitud puntual. Allí recibí un apoyo pleno y un respeto absoluto por parte de la Dirección del hospital y del servicio, tanto de civiles como de militares. Entre los especialistas del Servicio de Medicina –la mayoría de ellos primeros oficiales– y muy lejos de la imagen estereotipada que se tiene de los militares, en lugar de órdenes rígidas e impositivas encontré, y como yo el resto de los residentes del servicio, no más que posturas comprensivas y un clima de franqueza y acuerdos consensuados. De hecho observé que las actitudes arbitrarias, y hasta despóticas, tan frecuentes en centros netamente civiles, en aquel servicio sin embargo, entre profesionales que se quieren y respetan, quedarían por completo fuera de lugar.
Como todo gran centro de este tipo, es el Hospital Finlay un lugar con sus historias pintorescas, con sus celebridades, con sus propias leyendas. Cada martes se realiza el staf meeting, una reunión donde se presentan casos de interés clínico-docente, donde llegué a escuchar verdaderas lecciones magistrales de Medicina. Esta actividad ha sido mantenida ininterrumpidamente durante más de 40 años por el ilustre profesor Miguel Angel Moreno, la referencia obligada de esa institución, ética y científicamente hablando.
Durante todo este año y medio nunca se me abordó para hablarme de algo ajeno a la Medicina; ni antes ni durante mi estancia allí se me condicionó de ninguna manera. Ciudadano Cero continuó su camino y mientras decenas de posts fueron colgados durante este tiempo, nadie allí pareció darse por enterado. Las personas encargadas de seguir mi caso tuvieron la discreción y la decencia de no exigirme nunca, ni por insinuación, alguna concesión de principios. Sólo espero que esta “experiencia piloto” demuestre que la convivencia en paz es posible siempre que el respeto mutuo sea la divisa de cambio.
Concluí por fin mi especialidad y junto al recuerdo del constante agotamiento de las guardias médicas y la extrema presión asistencial, llevaré conmigo el orgullo de haber conocido a seres humanos excepcionales, hermosos caracteres de recios principios, que arrastran con dignidad carencias del mismo color que las mías, también con sus hijos que esperan, también con sus sueños que tardan; profesionales que junto a sus elevados conocimientos llevan una inmutable y mesurada humildad que agradeceré para siempre. Ahora, cuando siento por fin llegado el momento de cerrar esta etapa, Ciudadano Cero se postra de gratitud ante cada profesor, ante cada compañero de guardia y ante la institución que me acogió con respeto. Muchísimas gracias a todos. Ahora el camino continúa; hay una patria que sanar todavía.

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Comentarios en: "Gratitud." (1)

  1. sanchez gui dijo:

    me hizo recordar tiempos pasados pues tambien participe de esas famosas y stresantes staff meeting.Suerte en su empeño.

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