“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Foto: Orlando Luis Pardo.                                                                         Por: Jeovany Jimenez Vega.

Un chiste del repertorio popular coloca a Pepito, el niño travieso, saboreando unos caramelos sin ofrecer ante la mirada ansiosa de un amigo. Cuando los terminó, su amigo recrimina: ¡ehh… no me diste!, a lo que replica él impasible: ¡ahh… no me pediste!

Esta escena refleja en buena medida la dinámica ciudadano-gobierno preestablecida en Cuba. Aquí las instituciones políticas y de gobierno han seguido siempre una política de distanciamiento hacia cualquier opinión o iniciativa que pretenda ascender a través de “canales” diferentes a los oficialmente dispuestos; entiéndase Comités de Defensa de la Revolución, Federación de Mujeres Cubanas, los “sindicatos” nacionales subordinados a la Central de Trabajadores de Cuba y las organizaciones políticas, que siguen siendo solamente el Partido Comunista y la Unión de Jóvenes Comunistas sin olvidar, por supuesto, las asambleas de rendición de cuentas de los Órganos Locales del Poder Popular.

Pero sucede que toda opinión ahí vertida es automáticamente apartada si es demasiado incómoda, siendo tramitada hasta el nivel municipal sólo si está “permitida”. Una vez ahí se repite la gestión de censura, y pasa – aunque ya “prudentemente” edulcorada – al nivel provincial, y así se repite el ciclo hasta el nivel central. En resumen, que de las palabras salidas del trabajador, militante, ama de casa, estudiante o elector a las que llegan al final del camino, suele mediar la distancia que hay entre quien las pronuncia y los anillos de Saturno. Estos “criterios” suelen llegar adornados y condimentados con todas las especias de la paleta culinaria-imaginativa de una larga cadena de burócratas sólo interesados en conservar su status, y por lo mismo, temerosos a la reprimenda del poder en caso de un desliz.

Con este método de decantación, el Estado cubano evade su responsabilidad de darnos cuenta directa sobre las consecuencias de su mala – con frecuencia, pésima – gestión económica o social. Esta indisposición crónica para escuchar sinceramente al pueblo ha generado finalmente en el ciudadano común una mezcla letal de impotencia y apatía, de indolencia social e irresponsabilidad cívica, productos del convencimiento de que no vale la pena pedirle peras al olmo. Como desastrosa consecuencia todo se estanca, el dirigente engaña y el elector espera, el trabajador calla y el redactor censura; simulan todos cual si no pasara nada.

Todo esto implica una ausencia de mecanismos alternativos de los cuales pudiera valerse el ciudadano para defender sus aspiraciones y propuestas. Sin prensa que cuestione y denuncie una atrocidad; sin un poder judicial que juzgue y condene al intocable corrupto; sin un sindicato que evite el atropello de sus “afiliados”, muy poco espacio puede quedarle para aspirar a una sociedad civil mediante la cual ejercer algún tipo de presión cívica ante la irresponsabilidad de sus gobernantes. El individuo promedio de hoy – portador del más rudimentario sentido del civismo – ha llegado a un grado tal de indigencia moral que generalmente ni siquiera se cuestiona la realidad que lo circunda pues, como todo esquema totalitario que se precie de serlo, este terminó por aniquilar el sentido crítico de la mayoría inerte.

Pero por algún misterio de la naturaleza humana, en ningún pueblo, incluyéndonos, pueden habitar sólo sombras. Siempre habrá un pequeño sector depositario de la dignidad que le falta a aquellos, que no se encogerá de hombros ante la ignominia, que no se resignará simplemente a ver pisoteados sus derechos. Por supuesto que entre los cubanos de todas las tendencias políticas e ideológicas hay personas éticas, dispuestas a asumir riesgos, y el poder bien lo sabe. Por eso se cuida de extirpar cada germen de iniciativa digna, de truncar desde el momento de su eclosión cualquier semilla que sospeche portadora de un cambio potencial. Cuentan para ello con todo el tiempo y los recursos del país que pueden dilapidar a su antojo. Si mientras tanto los derechos civiles son masacrados, si la economía se arruina, si es un estercolero la moralidad de aquella parte del pueblo, eso no representa un problema para el poder, pues el asunto se reduce para él a mantenerlo todo bajo control, y para esto recurre a una represión omnímoda y enfermiza.

Por todo esto el diseño del sistema está concebido para no escuchar. La misión y fin último de todas y cada una de las estructuras oficiales – lejos de canalizar auténticamente ninguna aspiración del pueblo – es actuar como muro de contención para evitar que toda esa marea, con su enorme carga de indignación, anhelos truncados y frustraciones, se abalance y en su furia devaste los privilegios del poder.

Ya Pepito y su amigo se habrán convertido en hombres y de seguro habrán compartido más de un caramelo juntos. ¿Cómo saber si hoy están entre los dignos o los simuladores? ¿Estarán entre los que a pesar de todo creen que se puede tocar el sol y luchan por su ideal a contrapelo de la tormenta, o entre los que creen que los sueños sueños son y medran a la sombra de la mentira pues… para qué lanzarle piedras al sol? Para estos la estrella brilla demasiado alta, y después de todo es muy cierto que te puedes calcinar las manos en el intento.

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Comentarios en: "Tun tun ¿quién es?… ¡cierra la muralla!" (3)

  1. Excelente comentario, coincido pleamente, una gran prisión socialista.

  2. me entere de este blog por un link que colgo yoanis en fb. excelentes articulos. cargados de toda la verdad acumulada durante mas de medio siglo de “experiencia socialista”.

  3. Manos amigas me pidieron subir este comentario:

    En 1959, con la toma del poder en 1959 del gobierno revolucionario encabezado por Fidel Castro, se impuso por este, con un aparente apoyo de la mayoría del pueblo, la promesa de que se construiría una sociedad más justa, con una nueva forma de organización del trabajo, eliminándose y prohibiéndose, excepto raras excepciones, todas las formas de trabajo individual y privado y creando en su lugar modelos colectivos de administración estatal. Todas la riqueza obtenida iría a parar a un arca común, sería administradas por la dirección central del gobierno y, teóricamente, empleada para el bien común de toda la sociedad. Este modelo de organización del trabajo fue impuesto para todo un pueblo, para quienes estuviesen o no de acuerdo, a esto se le llamó sociedad socialista.
    Un refrán popular dice que “el que parte y reparte coge la mayor parte”, y así fue y sigue siendo. De arriba a abajo, en la escala gubernamental, se disfruta de los bienes y riquezas que emana del trabajo de todo un pueblo, según el puesto que se ocupe. Los máximos administradores de esta arca común, los hermanos Fidel y Raúl Castro disfrutan de todo lo que cualquier ser humano quisiera, varias viviendas, con las mayores comodidades, medios de transporte de todo tipo, acceso y disfrute de todo lo que deseen en este país, viajes al extranjero, hacen imponer su voluntad sobre lo que desean, e incluso de esta arca común de todo un pueblo, cuando ellos determinan y sin contar con este pueblo que es el que abastece el arca, ellos regalan al extranjero millones de dólares, como por ejemplo cuando Fidel Castro decidió regalarle a Bolivia, 20 hospitales bien equipados, y miles de televisores mientras muchos de los hospitales de nuestro país se caen a pedazos muchos dueños del arca común (el pueblo) no tienen un televisor, y mientras tanto, el agraciado país al cual se le hacía el obsequio se empeñaba en colocar un satélite en el espacio. Así, en la escala gubernamental, cada cual tendrá su prebenda de esta “arca común”, según el puesto que ocupe, todo proveniente de las riquezas que emanan del trabajo de mi pueblo.
    Esta impuesta forma de organización del trabajo, con determinación central de un solo cerebro, aplicada en nuestro país, ha traído consigo el silenciamiento o la muerte transitoria de la inteligencia y la creatividad, no existiendo creación colectiva sin la suma de las creaciones individualidades. El señor Fidel Castro quiso diseñar una sociedad donde la única mente pensante fuera la suya, el resto marionetas e instrumentos de sus decisiones, así todas las determinaciones importantes para este país, fuese de cualquier tema, solo podrían ser las suyas para usar el poder emanado de las riquezas del arca común.
    En la década de los años 90, cuando el gobierno de Fidel perdió el apoyo de la URSS y el campo socialista, comienzan a cobrar cuenta toda aquella serie de errores, producto de esta impuesta política de trabajo y organización social, y nuestro pueblo cae en la mayor crisis económica de su historia. Este pueblo, por muchos años, ha padecido todo tipo de carencias que ellos sólo conocen teóricamente, no las sufren, porque se adueñaron del arca del pueblo. Gracias a esta impuesta política de trabajo nos detuvimos en el tiempo en cuanto al desarrollo económico y sin desarrollo económico no puede haber desarrollo social.
    Durante muchos años el salario promedio de los trabajadores en Cuba matemáticamente alcanza solo para la alimentación de 10 a 15 días. Salarios que son determinados por la máxima instancia del gobierno, así como los precios de los productos, pero para más colmo de los colmos, hasta hace poco tiempo no se permitía otra forma de trabajo que no fuese para el estado, considerándose ilegales y perseguidas casi todas las formas de trabajo individual o negocios independientes. Entonces ¿para qué se trabaja en este país si el trabajo, que debe garantizar las necesidades siempre crecientes del ser humano, no garantiza ni siquiera la alimentación?
    ¿Quién se explica cómo ha sobrevivido el pueblo cubano durante todos estos años, según las leyes impuestas por el gobierno? Pues las inteligencias y habilidades han tenido que derivarse hacia la supervivencia, burlando las absurdas leyes gubernamentales, y esto ha generado una corrupción desmedida tratando de obtener lo que es nuestro y se nos niega, generándose un sub-mercado de negocios que burlan las leyes, donde los que administran bienes del arca común se benefician más que los demás que subsisten comprando estos y así se teje compleja enramada que solo el cubano logra entender; todo gracias a una “grandiosa” idea impuesta en 1959 y mantenida para todo un pueblo.
    Comentario de: El Cadete DGR

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