“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

¡Viva la Revolución!

Foto: Orlando Luis Pardo.                                                                          Por: Jeovany Jimenez Vega.

Llega el 2012 y para los cubanos, más intrincada que las premoniciones mayas, se presenta la disyuntiva de su futuro. Nuestro pueblo recibe el nuevo año sumido en una especie de sopor del que quiere, pero no logra despertar; vive una alucinante irrealidad en que no se distinguen claramente los límites entre lo cierto y lo incierto. Creo no errar si afirmo que Cuba hoy atraviesa la etapa más compleja de su Historia, y a grandes rasgos me explico.

Durante la primera mitad del siglo XIX los criollos terminamos por descubrirnos diferentes del peninsular, lo cual definió finalmente nuestro concepto de nación de la mano de pensadores como Varela y de la Luz y Caballero. Una vez llegado a este punto –en que las contradicciones colonia-metrópolis no harían más que agravarse– quedaba dialécticamente planteada la cuestión de la independencia definitiva de España. El período de las gestas libertarias que cubrieron de gloria al sufrido pueblo de Cuba durante 30 años, dejó para la Historia un estremecedor ejemplo de grandeza. La intervención norteamericana y la mezquindad del Tratado de París –firmado a espaldas de Cuba y que cedió la fruta madura a EE.UU.– sellaron nuestra suerte durante los siguientes 60 años. Le siguieron décadas de avances y retrocesos, de luchas políticas que finalmente condujeron a la acumulación de contradicciones antagónicas que nos hicieron plantearnos, una vez más, la lucha armada para sacudirnos esta vez el yugo neocolonial yanqui. La Revolución liderada por Fidel Castro terminó en 1959 con aquella relación de sometimiento que mantenía Cuba con su “buen vecino”.

En este punto es donde entra a relucir un elemento que diferencia lo por venir de lo pasado: si hasta ese momento se trató siempre de expulsar a un poder extranjero, a partir de entonces –pasado el fervor de los primeros años de auténtico apoyo popular– se derivó en una relación estado-individuo cada vez más despótica, ejercida esta vez por cubanos sobre cubanos. Los barbudos habían desmontado el campamento de la Sierra Maestra y lo habían trasplantado a La Habana conservando la misma mecánica de funcionamiento. De este modo, en nombre de la libertad, con el pretexto de la justicia social como trasfondo, paso a paso fueron coartados los derechos civiles del pueblo, estrategia política que intentó legitimarse desde un discurso nacionalista a ultranza que presenta la alternativa oficialista como la única válida para garantizar la independencia de la patria. Con el tiempo, los recursos del Estado se redireccionaron cada vez más hacia una férrea estrategia de control que martilla sin cesar la arenga de la plaza sitiada. Entre el embargo yanqui y los huracanes, oscilaron los argumentos de Fidel Castro para justificar la ruina provocada por 50 años de mal gobierno y la necesidad de un inmovilismo que paralizó a este país en la década del 60. Entonces, ante el descontento creciente de la población, sólo quedaba el recurso de la represión y la censura.

Aunque hay que admitir que un análisis objetivo de esta realidad no puede desconocer la otra faceta del asunto. Una vez convencidos los centros de poder de EE.UU. de que mediante los atentados terroristas, los sabotajes económicos y los planes de magnicidio, organizados desde Langley, sólo lograron consolidar la posición política de los gobernantes cubanos, decidieron reorientar su estrategia hacia el fomento de la oposición interna. Entonces todo el aparato de espionaje y contrainteligencia cubano, estructurado y afinado durante 50 años de vérselas ante la formidable contraparte norteamericana –la mayor y la de más recursos del mundo– no teniendo ya cordilleras que limpiar de alzados, ni comandos que detener en la costa, ha venido volcándose con más intensidad que nunca sobre el escenario interno, y es en este contexto que llegamos a 2012.

Ahora, so pretexto de genuina defensa, toda iniciativa cívica de cualquier individuo o grupo de individuos, aún sin la más remota conexión con el norte y por más espontánea y lícita que sea, puede ser acusada –de hecho casi siempre lo es– de estar al servicio de los EE.UU. De este modo se mantiene disgregada, en la práctica inexistente, la sociedad civil cubana; ya ni hablar de la oposición política confesa, que no es reconocida oficialmente y que permanece infiltrada hasta los tuétanos por la Seguridad del Estado, manteniéndose la disidencia exactamente como quiere y necesita el poder que esté: dividida en mil pedazos dispersos. Pero a pesar de todo, el Gobierno cubano se las ha ingeniado para, mediante una sutil política de chantaje emocional, comprometer a muchos gobiernos que baten palmas por él en la arena internacional hasta el punto de nombrarle Vicepresidente del Consejo de los Derechos Humanos de la O.N.U. a la vez que priva a su pueblo masivamente, ante la vista del mundo, de derechos civiles esenciales. Es en esta incongruencia entre lo que dice y lo que hace nuestro gobierno y entre lo que hacen y lo que deben hacer los organismos internacionales, donde se origina buena parte de esa complejidad –sin precedentes en nuestra Historia– a que me refería antes: un pueblo atrapado entre la demagogia de ambas partes.

Así, recibió el año nuevo una sociedad que no cuenta con mecanismos para canalizar las reales aspiraciones de su gente de abajo; cuyos sindicatos son una grotesca caricatura que sólo coquetea con el poder; que no tiene una prensa con autonomía para denunciar a los grandes corruptos, o que se atreva a cuestionar sin cortapisas las políticas trazadas por un único partido oficial, que traza todas las coordenadas de la política y la economía según entienda, y sin oposición de ningún tipo en un Parlamento estéril. En este escenario, el ciudadano cero permanece indefenso ante un poder absoluto capaz de relegarlo todo por hacer valer su doctrina de sometimiento, no escatimando para ello en todos los recursos que estime necesarios, aún en medio de su crisis económica perpetua.

Sin embargo, hoy no me puedo sustraer de mi orgullo por toda esa gloria que me precedió. Por eso creo en la Revolución que se consagró en La Demajagua, la que ofrendó la sangre de Jimaguayú, la que se estremeció en Dos Ríos y en los llanos de San Pedro; la del Generalísimo que vio en el suelo de la patria hundirse el cuerpo de sus hijos muertos sin que le temblara en el puño la espada redentora. Creo en la Revolución cívica de los veteranos en la República castrada por la Enmienda Platt, la del pueblo que se lanzó a las calles en el 30 y derrocó al tirano; creo en la Revolución del Julio Antonio asesinado por la espalda, la del arrojo de Guiteras y en la del aldabonazo de Chivás. Creo en la Revolución que reinició su gesta en la mañana de la Santa Ana, creo en la verdad que arde tras los ojos sin miedo de Tassende y en los ojos de Abel, inertes y a la vez tan vivos y tan puros como las lágrimas de Haydé; creo en la mirada diáfana de Frank, en la temeridad de Echavarría, en la sonrisa limpia de un Camilo que se evaporó en la gloria y de Guevara abandonado por Manila, pero consecuente consigo mismo hasta la muerte.

Una fue aquella Revolución auténtica y necesaria y otra la “revolución” que la traiciona, la “revolución” de panfleto que en nombre de la “libertad” conquistada coartó la libertad real del hombre; la de los “revolucionarios” sin convicciones ciertas, enajenados en su mentira, en su fantasía o en su conato de poder, pero enajenados al fin, de espaldas a la vida que siguió su curso; “revolucionarios” retóricos de encartonada verborrea, que dejaron de ser motor, vuelo y sueño posible para convertirse con los años en obstáculo, puñal, o pedestal vacío. Esa “revolución” de vidriera, que podrán adornarla de oropeles y aderezar con tribunas, mesillas redondas y discursos, cubrirla de platós para puestas en escena donde “revolucionarios” neoburgueses simulan su libreto, pero que por más convincente que pretenda ser nunca dejará de ser un simulacro y nunca llegará a ser genuina pues siempre se distinguirá, bajo el artificio del montaje, el viso fatuo de la lentejuela.

Detrás de la fachada, entre candilejas se ensayan una y otra vez los decorados, mientras los revolucionarios auténticos agonizan de vergüenza. Mientras esto sucede, lo más honesto y lúcido de mi pueblo se mantiene marginado, pues en este clima de cálculos y simulaciones sólo pueden entronizarse los oportunistas y los dispuestos a comulgar con la mentira que necesita escuchar el poder, un poder que no admite cuestionamientos y que se cobra bien caro las irreverencias, que exige sometimiento absoluto a cambio de las prebendas con que premia a su casta de hipócritas, esa que le aplaude en el estrado para saquear luego en la despensa del pueblo. Mientras se mantenga esta dinámica de dobleces y genuflexiones, el poder estará dispuesto a hacer la vista gorda: soportará que lo roben, soportará que lo defalquen –con la debida “prudencia”, claro está– pero jamás consentirá la discrepancia.

Se cierra un año de la Revolución cubana y en lo que se desploman los axiomas hay quien aplaude, hay quien rechina los dientes y los que más se hacen preguntas, graves preguntas. Pero es preciso, de momento, ir poniendo los puntos bien nítidos sobre las íes, porque tengo la fervorosa convicción de que con las cuentas claras, además de las amistades y los amores, también se conservan las naciones. Por eso hoy, 53 años después, enero me sorprende clamando nuevamente: ¡Viva la Revolución auténtica! ¡Abajo la “revolución” de los farsantes!

Comentarios en: "¡Viva la Revolución!" (6)

  1. Aunque no estemos de acuerdo con muchos puntos de vista, el articulo en suma es muy positivo, si vamos a ser tolerantes y respetuosos con aquellos que no coinciden con nuestras ideas, esto es lo que nos diferencia de la crapula intolerante marxista. La dictadura castromarxista esta ya derrotada moralmente,su unico recurso es la fuerza bruta, no tiene futuro el fracasado sistema, en cuba hay grandes intereses creados por la dictadura castrista, ganar tiempo y hacer todo lo posible para que la criminal familia de los castros continue en el poder es su unico afan, falta ver si todo esto sera posible cuando desaparescan los castros,su fin esta muy cerca el proseso biologico pronto los mandara de cabeza al cementerio, ya para entonces se desataran dinamicas sociales las cuales conduciran a un maremoto social que sacudira la sociedad cubana, esta sera nuestra oportunidad para crear una cuba libertaria con pleno reconocimiento de la Declaracion Universal de Derechos Humanos y tolerancia total para los que piensen diferente a nosotros,si queremos justicia social esta debera estar basada en pactos absolutamente voluntarios sin la coaccion del estado entre ciudadanos completamente libres somos la antitesis del despreciable marxismo de porqueria.Hagamos realidad la libertad la igualdad y la fraternidad y haremos desaparecer de raiz al criminal marxismo que tanto mal ha hecho a nuestros pueblos

  2. Respeto su punto de vista. Presiento que lo que acaba de escribir resulta de un autocuestionamiento precedente al hecho, encaminado a mirar hacia atrás para saber en qué estado de “revolución” se halla la patria. Ha dado en el clavo. Estimo que su conclusión sintetiza brevemente el panorama gigantesco del desastre gigantesco para el pueblo cubano, pero victoria total del dictador-revolucionario, salvando las distancias de determinados aspectos con los que no concuerdo referentes a determinados personajes de la historia contemporanea cubana y que no amerita destacar en mi opinión.
    Créame que si algo me dice la historia de Cuba desde el primer grito redentor hasta el 13 de enero de 2012, es que los cubanos somos víctimas y victimarios. Procaces a aplaudir a un caudillo, sea general o civil. Históricamente hemos adulado a todos los que han desfilado a lo largo de nuestra historia blandiendo determinado discurso de propuestas y le hemos brindado apoyo incondicional que han convertido en blasón para hacer y deshacer a su antojo. No creo en personajes que son famosos porque bajo unos mangos adoptaron una posición de firmeza o en otros que se armaron de una pistola o hicieron estallar una carga explosiva para tratar de cambiar el curso de la historia. No se vence al oportunismo con guerrillas en las montañas, ahí tiene el ejemplo de que el oportunismo se reproduce porque encuentra formidable clima de cultivo en los hogares y en las escuelas cubanas. Se necesita poseer un extraordinario concepto del civismo y de la dignidad, como usted aparenta, para no ceder ante los cantos de sirena de la corrupción y la doble moral.
    La historia de Cuba, amigo, demuestra que somos una estirpe de gente proclive a actuar y decidir ligeramente y a mantener posturas absolutistas e intransigentes que impiden cualquier desarrollo. Y créame que, a sabiendas o no, esta estirpe declara, manifiesta, defiende y proclama donde quiera que se encuentre, la increible afirmación de poseer mejores cualidades de aceptación que otros grupos étnicos o raciales.
    La lucha por el poder, que significa riquezas a ultranza, ha permeado en los últimos dos siglos vividos por los cubanos, toda esperanza de justicia _note que no escribo igualdad_ social y de acceso a oportunidades y lo más oprobioso es que esas supuestas oportunidades a hacerse de una profesión, unos de los baluartes de la revolución, encubre unos de los más atroces pilares de la corrupción político-ideológica y factor justificante por el incuplimiento de lo debido.

  3. Me ha gustado mucho tu articulo, muestras convicciones muy sinceras pero creo nucesitas estudiar la historia de cuba de otras fuentes no oficiales.

  4. Raúl, permítame decirle que usted ha tenido más tino que yo al sugerirle a Ciudadano Cero que se documente de fuentes de información históricas alternas a las que, sin dudas, les han servido al autor para ampliar el concepto escrito. Yo, simplemente, me limité a sugerirle mi perspectiva. Gracias porque él tendrá más opciones.

  5. Manos amigas me pidieron subir este comentario:

    Nuestro país se encuentra sumergido en un hoyo económico, tenemos un desarrollo deficiente e insuficiente de nuestra economía, con un nivel de vida promedio bajo. Grandes problemas de alimentación, transporte, vestuario y calzado, distracción, salud pública, educación, servicios, etc. los confrontamos hace muchos años. No se necesita ser economista para reconocer que la principal responsabilidad de todo esto lo tiene el freno al desarrollo que deriva de la forma de gobierno imperante. Una economía estatal totalmente centralizada ha demostrado su incapacidad para resolver los problemas más apremiantes de los cubanos. Casi sin excepción, todo lo que el estado oferta en Moneda Nacional es deficiente: cafeterías, transporte, tiendas, comedores obreros, policlínicos, hospitales, etc.. No es raro llegar a un centro de salud y encontrarse que no hay suturas, o manómetro para el oxígeno, ambulancias para el traslado de enfermos e incluso médicos especialistas de alguna u otra especialidad. Hasta las ofertas en CUC, que equivale a 25 por uno del CUP con que recibimos nuestro salario, carecen en muchas ocasiones de calidad.
    Nuestro sistema centralizado de gobierno, además carente de democracia, constituye un freno sin igual a capacidad productiva y creativa de nuestro pueblo. Con leyes caducas, antirrevolucionarias y antipopulares, usando mecanismos corruptos, que padecen de estos mismos males. Solo hay que ver lo que es capaz de ofertar cualquier paladar (cafetería) en manos de un cuentapropista o lo que es capaz de hacer un chapista, tornero, albañil, carpintero u otro oficio cualquiera con medios propios y en difíciles condiciones. El transporte particular ha movido a pueblos enteros durante años, sin que el estatal pueda hacerlo o lo haga de forma insuficiente. Si a los productores de alimentos se les permitiera elaborar y vender estos sin ser objetados por leyes antipopulares y asediados por corruptos inspectores engendrados por el mismo sistema, nuestro pueblo casi de seguro no carecería de muchos productos que hoy le faltan.
    Para remediar algo la actual situación el Estado debería tomar un grupo de medidas inmediatas. Primero: deben entregarse permisos de trabajo independiente a todo quien lo desee, siempre que con su labor brinde un servicio al pueblo, algo que a veces ofrece trabas infranqueables. Segundo: el estado u otras personas que particularmente se dediquen a esto, deben facilitar los medios, materias primas, instrumentos, etc. a precios razonables, que no son los que hoy existen, para que estas personas realicen sus labores. Tercero: deben ser inspeccionados de forma justa y no corrupta, a quienes se requiera, como a los productores de alimentos, velando por la higiene y calidad de los mismos ó a los que transportan personal, el estado técnico de los vehículos, etc.
    Pero el Estado parece temer a que las personas con su trabajo, inteligencia, voluntariedad y tesón, mejoren sus niveles de vida de forma honrada, sin dañar a nadie. Sin embargo no se teme a que ministros, dirigentes, administradores, almaceneros, aduaneros, inspectores, empleados de vivienda, policías y otros, se enriquezcan con lo que es del pueblo o por ser los designados por el estado de aplicar y lo hacen de forma corrupta las absurdas y antidemocráticas medidas y leyes.
    Somos un país con un sistema legal repleto de prohibiciones de todo tipo, lo cual constituye una mutilación a la libertad de los cubanos, que somos los verdaderos dueños de la tierra que pisamos y en la que nacimos y no este grupo minoritario que se hace llamar Estado, que no tiene problemas de transporte, alimentación, vivienda, etc. y gozan de comodidades a costilla del trabajo de nuestros hombres y mujeres. Estos mismos son los que mantienen el sistema de leyes, electoral y forma de gobierno ajustado a sus conveniencias y lejos de pensar en el bienestar del pueblo. Tratando de confundir, se le hecha toda la culpa al bloqueo del gobierno de los EEUU, que sin dejar de ser un hecho real y dañino para el pueblo cubano – que es al que verdaderamente daña y no a la alta cúspide gobernante, que no padece de carencias – es solo una parte del problema y no todo, como quieren hacer creer.
    ¿Acaso sabe un representante del gobierno lo que es esperar una hora en una parada, o montarse en un camello atropellado, o en un camión que representa un peligro, o no tener un día con que cocinar, o no tener que darle de desayuno a un hijo, o que sus zapatos estén rotos y no tener dinero para comprar otros por el ridículo salario que paga el estado?
    Gobierno y pueblo hoy se encuentran separados, aunque los primeros quieran aparentar lo contrario, y existen las capas intermedias, como dirigentes provinciales y municipales, que apoyan al primero a cambio de algunos beneficios de los que el pueblo carece.
    Lo repito, este país tiene un dueño que somos nosotros, el pueblo, el cual debe elegir quien lo represente y este debe ser esclavo servidor del pueblo, representando y administrando sus intereses y cuando esto falle, este debe ser reemplazado de inmediato. Las leyes deben ser puestas por el pueblo, que es quien se va a beneficiar o perjudicar de ellas; somos un pueblo lo bastante inteligente como para saber lo que nos conviene o no. Es necesario cambiar todo lo que deba ser cambiado, y a todo el que deba ser cambiado, pero no con frases bonitas, sino con hechos.
    Comentario de: El Cadete DGR

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