“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Parábolas de la discordia

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Corría una mañana de abril de 2007, cuando sobre las 8:00 a.m. escuché la estridencia del pelotón de patrullas que arrollaban por las calles colindantes; sentí los frenazos y portazos, las órdenes secas, la alarma de los vecinos. En un minuto vi llover un enjambre de policías sobre los techos del vecindario y los vi desenterrar cables de los patios. Más tarde supimos el resultado del operativo: multados todos los clientes, más el consabido decomiso de todo lo utilizado por los responsables, multa de 20000 pesos incluida para estos últimos. Se desmantelaba así aquella red clandestina de televisión extranjera por cable que operaba entonces en mi barrio, mediante la cual muchos vecinos contrarrestaron durante varios meses el tedio de las mesas redondas de la televisión cubana.

Aunque han transcurrido varios años, este Fénix de vez en cuando resucita. El pasado 14 de noviembre la última página de Granma se refirió a grandes rasgos, en un artículo de Ricardo Alonso Venereo, al caso de alguien que fue “reducido” a la legalidad después de dedicarse durante varios años a la instalación ilegal de antenas parabólicas y equipos de recepción satelital. Por supuesto que quienes montan estas redes no lo hacen con fines filantrópicos, pero es innegable que en este caso el lucro se establece –como sucede casi siempre– a partir de necesidades insatisfechas, en este caso, la avidez de quienes se saben prisioneros en este peñoncito del Caribe, por saber qué pasa más allá de su horizonte, más allá de los discursos y diatribas que de tanto repetirse le hastían la vida; de saber cómo va cambiando el mundo a pesar de que aquí perseveran los mismos rostros.

Son recurrentes los casos que, de forma aislada o mediante redadas al estilo de aquella de mi barrio, evidencian la existencia de dos posiciones antagónicas: por un lado la barriada reincidiendo en el “pecado capital”, queriendo asomarse a la otra cara del mundo, y por el otro las autoridades gubernamentales, negadas a rajatabla, haciendo todo lo posible por evitarlo. A pesar de que estas redes ilegales por lo general se limitan a difundir programación recreativa, al margen de la política y casi siempre de pésimo gusto –culebrones lacrimógenos, shows televisivos, filmes ligeros, etc.– nada evitará que se repitan periódicamente estos “ejemplarizantes escarmientos”, pues de momento nada señala hacia las intenciones del Gobierno cubano de crear mecanismos legales que hagan estos servicios accesibles para el pueblo.

Este asunto, como otros, pone en evidencia el peor cinismo, ese capaz de asegurar que estos hoteles a 60 dólares la noche son para el pueblo cubano trabajador sólo porque ahora, teóricamente, una ley “se lo permite”; ese cinismo que pregona mi “libertad” saludando a la platea con la mano de seda, mientras con la mano de hierro atenaza mis derechos civiles. Pues bien, ahora aseguran estos cínicos que “Cuba no está en contra del uso de la tecnología, al contrario… pero se requiere orden, control...”, ¡entiéndase represión y censura! Según lo dicho por los cínicos, alguien al margen de la realidad cubana pudiera entender que cualquier trabajador cubano puede solicitar tranquilamente una licencia con este fin a la Agencia de Control y Supervisión del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones, cuando es bien sabido que se trata de un servicio brindado única y exclusivamente a extranjeros residentes en Cuba.

Ya los represores no saben qué hacer ante una sociedad que se ha creado sus propias fórmulas subterráneas para evadir el control inquisitorial; ante un mundo que ha cambiado, los observa y los cuestiona; ante los mecanismos alternativos que han emanado de una sociedad civil en ciernes pero, al fin y al cabo, sociedad civil; ante una oposición no reconocida oficialmente, pero negada a callar a pesar de las reprimendas más refinadas y sistemáticas. O sí… definitivamente sí saben qué hacer, sólo que no encuentran cómo reprimir y a la vez seguir pasando por santos.

Otra batida, esta vez contra las antenas parabólicas, mañana serán nuevamente los blogueros, los reporteros independientes, en fin, cualquier voz alternativa, cualquier fuente de discrepancia capaz de desmentir o poner en entredicho las posiciones oficialistas. No se detiene la cruzada en mi país contra las hendijas en el muro del cuartel. Es una batida permanente y literal contra todo lo que vulnere el monopolio absoluto que sobre la información necesita conservar el Estado cubano para controlar su feudo. Están muy claros en este punto: únicamente fiscalizando de la manera más burda el nivel de información del individuo, pueden mantenerlo al margen de la verdad; únicamente sobre la base de privar al pueblo cubano de su derecho a acceder a fuentes alternativas pueden imponer, mediante la fuerza, sus propios puntos de vista.

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