“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Ser o no ser.

Foto de Orlando Luis Pardo.

En el eterno dilema, ser o no ser, está la disyuntiva capital que se evidencia en la vida de todo cubano desde el 26 de julio de 1953. Esta fecha inició una etapa de lucha que puso en tensión a la sociedad cubana de aquel momento. La verticalidad que impuso aquella generación a la empresa condujo al triunfo de 1959, colofón de una gesta que contó con el concurso de la mayoría de los sectores sociales de la Cuba de entonces. La Revolución triunfó en medio de un júbilo popular absoluto, con el apoyo incondicional de más del 90 % de la población. A ello coadyuvó el descontento engendrado por la profunda crisis política y social en que hundió al país Fulgencio Batista y su horda de asesinos y corruptos, llegados al poder con el golpe militar de marzo de 1952. Esto, junto a una tradición de lucha que se extendió a lo largo de la primera mitad del pasado siglo, fue creando las condiciones para el derrocamiento de aquella dictadura. Luego del triunfo se iría perfilando gradualmente un discurso oficialista cada vez más radical que condujo, entre otras consecuencias, a lo que yo llamaría el gran error de la Revolución cubana: la “ofensiva revolucionaria” de 1968, mediante la cual el gobierno de Fidel Castro “intervino” – o sea, confiscó – todas las pequeñas empresas y negocios familiares, incluidos los cajones de limpiabotas. Esto privó definitivamente a la Dirección política del país del apoyo de aquel sector nada despreciable de la población; pero ya este asunto es un poco más complejo y merece su propio post.

Precisamente por lo traumático de la historia acontecida, siempre me asalta la incredulidad cuando escucho a un cubano de hoy asegurando que no opina en política, como si esto fuera posible en una sociedad tan polarizada como la nuestra, donde no existe prácticamente nadie que no tenga un familiar, un amigo o un conocido, que no haya perdido su negocito, se haya lanzado al mar buscando huir o haya sufrido de alguna forma la falta de garantías civiles. Opino que la propia naturaleza gregaria y pensante del hombre, le impone elaborarse un criterio sobre toda cuestión social, por supuesto que a partir de su intelecto, de su bagaje cultural y del grado de información de que disponga. Que luego este individuo no se atreva a asumir una militancia activa o de crítica frontal, eso es harina de otro costal, pero casi siempre conforma su propio juicio.

Aunque siempre estarán los enajenados, aquellos que oscilan al vaivén de las circunstancias como las algas en el fondo marino. En este fardo entran tanto el fanatismo del militante comunista, que se niega a aceptar la evidencia delante de su nariz, como la “altísima religiosidad” del creyente, que le impide inmiscuirse en cualquier asunto relacionado con las “cosas del mundo” pues contaminaría sus manos salvas. A estos habría que sumar aquellos oportunistas que saben que de abrir la boca perderían su tajada del pastel, o a los que simplemente miran con indiferencia cómo este país se viene abajo, sin inmutarse a mover un músculo como no sea para tantear su bolsillo o para revisar el lustre de sus acrílicas. Todos ellos, sin embargo, protestan en la intimidad de su cocina ante la caldera vacía, o ante los mil rostros que le muestra la miseria, pero son incapaces de manifestarse públicamente, ya sea por indolencia o por simple cobardía.

En este punto entramos en el tema de esa doble moral que hunde a más de un cubano hasta el cuello en el estiércol. De este modo, aquel que llega a cuestionar a un médico por hablar con sinceridad sobre su salario ganado honradamente, puede ser el mismo que defalca las finanzas de una empresa estatal, o malversa los recursos del pueblo desvalijando la mercancía de un almacén. De hecho, una parte considerable de los administrativos, a todos los niveles de dirección, son militantes comunistas en activo, y por lo mismo, en cada lugar donde estalla un escándalo de corrupción siempre existió un “combativo” núcleo del Partido y un Sindicato que nunca vieron venir a los corruptos, pero que – ¡vaya paradoja! – se escandalizan si 300 trabajadores firman un documento y lo entregan en su Ministerio. Pero a todos esos que defalcan, desvalijan o malversan, suele vérseles más tarde batiendo banderitas y voceando consignas en los desfiles de la Plaza.

Así, entre la utopía de los sueños y el desencanto de la realidad, entre el ser y el no ser, vemos cómo va disipándose la promesa del hombre nuevo. Tal vez porque ese hombre – no cubano, no anglosajón, no comunista ni cristiano, sino el hombre género – aún no está listo para emanciparse de su egoísmo, para tender la mano a cambio de nada, sólo por el puro regocijo de servir. Algún día llegará la eclosión espiritual y renacerá por fin la excelente criatura, hija del hombre y de Dios, pero mientras tanto habrá que recordar a cada paso aquella lapidaria sentencia de nuestro Martí, previsor y sublime, cuando decía que “… los pueblos están hechos de los hombres como son y no como deberían ser.”

Comentarios en: "Ser o no ser." (1)

  1. Esta es sólo una etapa más del tan cacareado sistema de Educación Cubano. En primaria no es diferente: al lado de mi casa hay un aula de la escuela primaria Lidia Doce, la escuela a la que fui, donde los pocos buenos profesores que quedaban se han ido a trabajar a otra cosa o, los más afortunados, del país. Ahora por esa aula rotan “maestras” que le gritan día a día mezuindades y mediocridades a los estudiantes, humillaciones, chantajes emocionales… a niños de tercero y cuarto grados.

    Luego vienen la secundaria y el pre, que no están mejor. Ese video sólo toca la superficie, ni siquiera se mete en las aulas para ver los atrasos metodológicos, los profesores que le pasan por arriba al contenido cuando más, profesores ignorantes y desinteresados que ni quieren dar clases. Luego, cuando esos muchachos lleguen a la Universidad, habrá relativamente mejores profesores que perderán su tiempo tratando de corregirlos y enseñarlos, al menos, a pensar e interpretar, antes de rendirse.

    La Educación cubana está en ruinas, y no vendría mal que muchos simpatizantes de izquierda, latinoamericanos y europeos, jóvenes y viejos, lo reconozcan. Mientras el sistema de Educación cubano sea visto como fenomenal por la opinión publica exterior, el gobierno no se verá forzador a mejorarlo. Y aún así, su primer instinto será ponerle más presión a los profesores que tienen, para que se vayan de la Educación todos, buenos y malos, y los muchachos estén más abandonados que antes. Sobre todo ahora que los empleos profesionales no son prioritarios para Raúl.

    Cada día es un día perdido en la vida de esos muchachos. Una vida más un poquito más frustrada en el prontuario de la Revolución.

    Ahora sólo hace falta que hagan un video en los hospitales.

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