“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

El convite del desengaño.

Obra de Yordanis Garmendía.                                         Por: Jeovany Jimenez Vega.

Hay dentro de la sociedad cubana un sector, por llamarlo de algún modo, del cual no me atrevería a emitir un cálculo estadístico. Me refiero a los miles o ¿millones? de cubanos que por las vivencias más variadas han migrado del bando de los ultraconservadores, de ser los partidarios más ortodoxos de la intransigencia revolucionaria, para situarse más al centro del dial donde sintonizan con frecuencias más moderadas y realistas, sin que esto siempre implique, vale aclarar, una ruptura frontal con los postulados estratégicos de “su” Revolución, concebida desde ese momento como un concepto más personal.

A este convite del desengaño se llega de las más diversas maneras y en él convergen las más vivas figuras. No hablo aquí de los defenestrados que, reptando para ascender en el stablishmen, tropezaron con el escollo que no pudieron sortear, ni de aquellos que malversaron a manos llenas pero no “salpicaron” suficiente; sino de aquellos que zozobraron desde experiencias diferentes: el que dijo la palabra sincera en la ocasión “inoportuna”, el que no mintió, incluso aquel cuyo carisma levantó el celo de algún poderoso, el que intentó ser consecuente frente a la incontrastable realidad que no se lo permite. Entre ambos tipos hay una abismal distancia moral: los primeros, puntas de lanza – material desechable apartado al final de su ciclo útil – en su último acto se levantan al fin la máscara y dejan ver el oportunista camuflado que siempre llevaron dentro; los últimos, los auténticos traicionados, llevan a cuestas un sincero dolor, una frustración que apenas soportan; pero entre todos conforman un pool que a estas alturas de la novela ya emitió su veredicto final.

Como se trata de una masa dispersa a través de estratos sociales y generaciones diversas, sin una ubicuidad precisa, se dificulta una definición, digamos, sociológica, sobre todo porque este proceso de re-sintonización con la realidad se produce, con frecuencia, de modo inconfeso, ya por temor a represalias del entorno o por rezagos del amor propio traicionado con el paso de los años, y esto lo convierte en un fenómeno insondable, porque se trata de descifrar – si es esto acaso posible – algo que se transforma, que convulsiona y madura, en el alma del hombre.

Rumiando su desencanto en silencio, se movió quien discurría por la izquierda de la izquierda, hacia una postura más objetiva, y al que antes defendía a pleno grito y golpes de pecho aquellas posiciones, hoy se le ve, apagado el brío de antaño, bajar la frente ante la evidencia y guardar un pudoroso silencio cuando ayer, ingurgitado el rostro, vociferaba. Pero esto sólo vale para el hombre de vergüenza, para el que aún bajo el concepto más errado, defendió sus principios desde una auténtica fe. Para aquellos que los gritos de entonces no fueron más que vulgar simulación, la nueva realidad no plantea ningún conflicto de conciencia, pues para ellos el asunto sigue siendo tan simple como antes: sólo tendrá que mudar su piel de camaleón y apostar exactamente a la misma hipocresía, al mimetismo de siempre.

Así vamos los cubanos, en esta rara simbiosis de antagonismos: junto a lo grotesco lo admirable, junto a lo sublime lo mezquino, junto al gesto más auténtico la simulación más refinada; labrando todo el espectro de pasiones y virtudes del espíritu, desde la ruindad miserable, que mendiga su migaja servil, hasta la dignidad que prefiere morir altiva antes que venderse a las huestes que la profanan. Mientras, continúa el reemplazo perpetuo de piezas en la base de la maquinaria, otros peones con nuevos bríos, nuevas puntas de lanzas que mañana, al llegar su ineludible turno en este ciclo, también tendrán un sitio seguro en este convite del recambio y del olvido.

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