“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Palabras

Obra: “Jardín del Edén”, de Yordanis Garmendía.                                   Por: Jeovany Jimenez Vega.

Nada distinto, nada que no se haya dicho, en esencia, en las 52 ocasiones anteriores. El discurso pronunciado el 26 de julio de 2011 por José R. Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido y Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, se suma a la larga saga de los que he escuchado durante toda mi vida. Desde siempre han sido básicamente las mismas metas, el mismo guión que puedo repetir de memoria: lograr la eficiencia económica, elevar la exigencia y la organización, luchar contra la indisciplina laboral y social, eliminar las trabas burocráticas y el uso indebido de los recursos, luchar sin cuartel contra la corrupción… y pudieran seguir una larga lista de etcéteras. En la consecución de estos propósitos… siempre se trabajó sistemáticamente, siguiendo las líneas trazadas de manera integral, sin parches ni improvisaciones, buscando soluciones definitivas, con los pies y los oídos puestos sobre la tierra, atentos a la opinión de la gente, prontos a rectificar errores… y pudiera seguir otra larga lista de etcéteras. Nunca se dijo lo contrario.

Incluido el célebre Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas lanzado por Fidel Castro a mediados de la década del 80 – adelantado incluso a la Perestroika soviética y cuyo slogan recuerdo fue ¡Ahora sí vamos a construir el Socialismo! – hemos visto desfilar decenas de estrategias paliativas luego condenadas al fracaso durante estos 25 años, en que el estatismo político y la ineficiencia económica han sido la norma. No fue gratuita la observación hecha por el Presidente Raúl Castro, en la inauguración del último Congreso, de que las líneas trazadas por el Partido durante cada uno de sus cinco Congresos anteriores habían caído en el olvido. Aunque reconocerlo públicamente es un gesto valiente que respeto, también es una realidad demostrada que la vida de un país no se construye desde las tribunas.

Quedo estupefacto cuando escucho al actual Vicepresidente asegurar que nuestros dirigentes, entre otras cosas, deben luchar “… contra procedimientos absurdos que nada tienen que ver con el socialismo.” Porque hasta donde conozco, en ningún tratado de economía política marxista se lee entre los principios para construir el socialismo, por ejemplo, privar al pueblo de la libertad de viajar o del acceso a la información. La sociedad cubana enfrenta graves privaciones de derechos civiles que no guardan ninguna relación con el cuerpo teórico del socialismo, sino que persisten como piezas engranadas en un diseño de control con ribetes de stalinismo que parte de un precepto: quien sostenga la sartén por el mango tendrá poder ilimitado sobre el resto de los cubanos. Por esto vuelvo a caer en el estupor cuando escucho a Machado Ventura, más adelante en su discurso, decir que “… se debe escuchar con atención y sobre todo tener en cuenta lo que dicen los demás… sin que nadie se crea dueño de la verdad absoluta.” Estas palabras quedan muy mal paradas ante casos como el del reconocido catedrático Esteban Morales, recientemente expulsado del Partido por emplazar a los corruptos, y el del ilustre pintor pinareño Pedro Pablo Oliva, expulsado de la Asamblea Provincial del Poder Popular de Pinar del Río por hablar desenfadadamente desde sus propios conceptos y principios.

Si nuestro Vicepresidente desea predicar con el ejemplo, según manifiesta al final de su discurso, pudiera empezar por responderme las dos cartas a él dirigidas el 28 de diciembre de 2007 y el 14 de septiembre de 2009, respectivamente entregadas en las sedes del Comité Central del Partido y del Consejo de Estado y que siguen ambas sin respuesta, lo cual es inconstitucional, pues según el Artículo 63 de la Constitución Socialista vigente está obligado a responder dado que detenta un cargo público. Que me explique de qué modo cree justo que continúe yo inhabilitado para ejercer la Medicina cinco años después de aquella vulgar mentira.

La vida me ha curtido, el tiempo ha barrido de mí algunas creencias y me ha afianzado en otras, pero algo sí me ha quedado claro: las palabras, palabras son y se las lleva el viento. El único lenguaje auténtico es el de los hechos, lo demás… pura retórica.

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