“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Una tarea difícil

Los espíritus sórdidos y mezquinos, cuando no son asistidos por la razón y detentan una posición de poder, suelen defender sus argumentos mediante la fuerza, ya usen la violencia física o la, peor aún, violencia psicológica, solapada y perpetua, aunque a la larga todas ellas suelen mezclarse y derivan en las más exóticas y variopintas formas de abusos de poder, sufridas por el ciudadano común desamparado ante los designios del Olimpo.

En una sociedad donde la división de poderes no es más que una utopía empolvada en los diccionarios, aquellos dioses tienen potestades ilimitadas sobre el común de los mortales, resultando de ahí que la impunidad sea uno de nuestros males endémicos. Aquí la autoridad recibe muchas veces la sacrosanta potestad discrecional para decidir el destino de un hombre según disposiciones susceptibles a lecturas subjetivas, donde nunca faltan artículos o incisos lo suficientemente ambiguos como para que en ellos quepa todo lo que estime el funcionario. Así fue como el exMinistro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer decidió procedente inhabilitar a dos médicos que le hicieran llegar el criterio de 300 trabajadores con respecto a su salario, aplicando el tercer POR CUANTO de la Resolución Ministerial 8 de 1977 que cito textualmente:

POR CUANTO: “Toda conducta de los profesionales o técnicos de la salud, que en el ejercicio de la medicina en sus diversas formas, sea contraria a los principios normas o valores, de carácter social, moral o humano que genera nuestra sociedad socialista en construcción, no solo puede resultar lesivaa la dignidad de los pacientes, a la sensibilidad de sus familiares y al crédito y prestación que este organismo por su función debe mantener ante el pueblo al cual está obligado a servir, sino quepuede poner en peligro la vida y en casos extremos provocar la muerte de los primeros con las consiguientes consecuencias que ello implica”

Incomprensiblemente aquel Ministro decidió que este documento, concebido claramente para sancionar hechos lesivos a la ética médica ocurridos durante el trabajo asistencial directo con el paciente o sus familiares, era aplicable a este caso. Como esto es una acusación sin fundamento posible, no es raro que las palabras “maltrato”, “paciente” o “familiar” estén ausentes por completo del documento que me inhabilita. Pero a pesar de todo, a aquel Ministro le bastó un plumazo para zanjar mi vida y privarme del derecho a ejercer la profesión que amo. Siempre será una tarea difícil defender un punto de vista cuando no se tiene la razón, pero él era un Dios elevado en su trono del Olimpo y yo sólo uno más del común de los mortales. Así funciona lo real maravilloso en esta islita del Caribe.

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Comentarios en: "Una tarea difícil" (1)

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