“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Posada del terror

Por: Jeovany Jimenez Vega.

El monstruo confiesa públicamente que derribó el avión de Cubana y que vive orgulloso de las 73 almas hundidas en el mar cuando en 1976, a sangre fría, consumó el crimen de Barbados, donde murió todo el equipo semiadolecente de esgrima que regresaba a Cuba con todas las medallas de oro centroamericanas. Confiesa también que organizó la cadena de atentados con bombas a hoteles y lugares públicos en La Habana donde murió Flavio, un joven italiano que estaba “en el lugar y en el momento equivocados” según palabras del asesino, pero igual pudieron ser mis hijos. Su desprecio por la vida también lo sitúa hace décadas enlutando a Venezuela, con las garras bañadas en sangre junto a los verdugos, bajo las siniestras alas del cóndor. Donde estuviera, engendró siempre la mayor dosis posible de sufrimiento humano.

A semejante asesino, consumado y confeso, recientemente un tribunal de El Paso, Texas, se negó a condenarlo ni siquiera por los cargos imputados inicialmente de mentir a las autoridades del país, con lo cual la bestia quedó absuelta de todos sus cargos y hoy camina satisfecho por las calles de Miami, limpio como una margarita, impune ante la ley norteamericana, como igualmente impune murió a finales de abril Orlando Bosch, su cómplice de Barbados. En el país que vio a John F. Kennedy, también en Texas, morir masacrado ante las cámaras de la televisión y que luego viera la investigación sepultada por el mismo poder que lo mató, nada debe sorprender; el mismo país que vio hundirse impunemente el World Trade Center, sepultando a miles de inocentes y que ahora trata de vender una píldora que no me trago: que Osama Bin Laden fue muerto por un comando de seals en un operativo digno de un guión Hollywoodense, para luego ser arrojado al mar o algo así, sin mostrar siquiera una foto del preciado trofeo. El poder a la sombra que perpetró semejantes afrentas al género humano es el mismo que hoy perdona al homicida de Barbados.

No dejo de preguntarme cuántos sombríos asuntos conoce Luis Posada Carriles, que le confieren semejante capacidad de chantaje ante la cúpula del poder norteamericano. De cualquier modo, no hay que olvidar que el ahora “respetable” señor, anduvo merodeando en Dallas justamente aquel trágico 22 de noviembre de 1963. Que permanezca impune este connotado terrorista es también un insulto a cuanto de digno pervive en el pueblo de Washington y Lincoln, de Martin Luther King y Malcolm X. No logro concebir estímulo mejor para el terrorismo mundial. A partir de ahora, cada nueva barbarie terrorista llevará también un poco del aroma de este criminal indultado en El Paso.

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