“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Cuando el gobierno cubano se propuso mantener aquella rígida política cultural dictada por los encartonados ideólogos de la década gris de los 70, acudió a un socorrido recurso: juzgar como contrarrevolucionario a quien discrepara según criterios propios, censurar cualquier opinión discordante y estigmatizar a todo aquel que no se ajustara estrictamente a su línea de pensamiento; reprimir como principio, según la lectura que hicieran desde su punto de vista los represores de turno, instaurándose así una de las épocas más infecundas de nuestra historia. Entonces fueron las amenazas, la abierta represión, las juventudes frustradas, el triunfo de la mediocridad en el arte, la tristemente célebre UMAP. ¿Consecuencias?: la formación de un reflejo social condicionado que todavía hoy, casi medio siglo después, nos daña haciendo persistir la hipocresía y la doblez.

Cuando nuestro gobierno se propuso perpetuar su política migratoria, que ha privado por medio siglo a millones de cubanos de su derecho a viajar libremente al extranjero y que ha devenido en un efectivo mecanismo de control, lo cual viene a ser la genuina raíz de este asunto, decidió irse otra vez por las ramas: satanizó el hecho natural de viajar o emigrar y lo convirtió en sinónimo de grave traición a la patria. Entonces fueron las turbas apaleando a quien intentaba emigrar, en los antológicos mítines de repudio, durante los grandes éxodos. ¿Consecuencias?: la persistencia de términos tan denigrantes como el “permiso de salida” o la “salida ilegal”, tratada tácitamente como un delito, la muerte de balseros en el mar y todo una urdimbre de engañifas o sobornos a funcionarios cubanos y extranjeros por parte de quienes hoy persiguen viajar.

Ahora nuestro gobierno intenta perpetuar su monopolio sobre la información, un privilegio que ha controlado durante medio siglo y que se resiste a ceder a su pueblo en forma de auténtico derecho. Esta vez arremete contra la Internet, una amenaza contra su hermética censura informativa que ha terminado quitándole el sueño, por lo que una vez más toma el rábano por las hojas e intenta mostrar como esencial aquello que no lo es, sembrando y alimentando la idea de que la red global es un peligro inconmensurable, una trampa tendida por el capitalismo global, de la cual está predestinado a salvar a su pueblo, cuando lo esencial radica en su terror a la información. Hoy vuelve sobre sus recursos de siempre: fustigar, estigmatizar, desacreditar como principio, amenazar y llegado el momento ¿por qué no? desatar la jauría porque, después de todo, nada lo detiene. Pero esta vez, aunque inconclusa, debe ser otra la historia porque este mundo nuestro ya no es el mismo de antes.

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