“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Un amigo y colega, el Dr. Jeovany Jimenez Vega, y yo, tuvimos la idea de elaborar una carta donde se cuestionaba los salarios del sector de la Salud Pública cubana, luego de un aumento anunciado a mediados de 2005, que al final agregó $48.00 pesos (apenas $2.00 CUC) a nuestro salario. Nótese que si hago el comentario inicial refiriéndome al CUC, hay que tomar en cuenta que esta no es la moneda en que nos pagan el salario, pero sí es con la que al final todos, el que tiene o no tiene, el que recibe remesas o no, el altruista o el ladrón, en fin todos, tienen que ir a pagar a la tienda los altos precios impuestos por el Estado. Esta carta fue apoyada por las firmas de 300 trabajadores del sector en 6 municipios de la antigua Provincia La Habana y entregada en el Ministerio de Salud Pública a finales de 2005.

Pues bien, quien esto escribe nunca fue sancionado en su centro de trabajo, jamás aceptó prebendas por certificados ni por ninguna otra gestión médica, tampoco cometió errores médicos que condujeran a la muerte o complicaciones graves de ningún paciente o a problemas de índole alguna con familiares acompañantes o colegas de trabajo. Estuve junto al pueblo brindándole mi humilde servicio en los años más difíciles del Período Especial, sin siquiera pensar en la idea de abandonar mi puesto de trabajo. Yo asistía a mi consulta con los zapatos rotos y las batas médicas casi para desechar, pero no me interesaba, aun así iba y brindaba mis servicios. Entendía además que el país, en tal situación, no podía aumentar salarios a nadie, pero pasaron los años y las tiendas recaudadoras de divisas se hicieron eternas, perennes, pero yo ya no era el mismo pues tenía hijos que alimentar. Mientras tanto el país había mejorado en algo su economía, pero de aumentar salarios o bajar precios, nada. ¿Cómo explicarle a mis hijos por qué su padre médico y su madre estomatóloga nunca tenían dinero para comprarles juguetes, pasear o garantizarles una comida decente? Durante todos aquellos años en que mi salario no me alcanzaba para alimentar a mi familia, me vi obligado a ganarme la vida como ayudante de carpintero.

Por haber entregado aquellos documentos, permanezco inhabilitado para el ejercicio de la Medicina, junto al Dr. Jeovany, desde octubre de 2006. Si hoy me preguntan por qué tuve aquella iniciativa y firmé dicha carta, pues es sencillo: fue por moral, porque era éticamente correcto, por eso firmé, ¿firmaría otra vez? Sí, y un millón de veces más si fuera necesario. Cuando se trabaja sin recibir nada a cambio, eso es esclavitud, pero yo decidí no seguir siendo un esclavo de alguien que, pregunto, ¿tendrá las mismas necesidades que el pueblo de a pie? Creo que no. Pues este esclavo se sublevó, pero no se fue al monte, sino decidió protestar aquí, con los de adentro ¿y qué recibió? sólo palos de un gobierno que dice ser democrático. Sin más comentarios.

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