“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Algo que no entiendo

Si siendo un adolescente traté de ser inexorablemente buen estudiante, si mi abnegación en el estudio me hizo superar bien cada etapa, si esto avaló entonces mi ingreso a la Unión de Jóvenes Comunistas donde milité hasta los 30 años; si fui considerado un buen compañero durante toda mi vida de estudiante hasta graduarme a golpe de grandes sacrificios en 1994, en el momento más doloroso del “período especial”; si luego trabajador tuve un buen desempeño en mis funciones asistenciales como médico, a la par que durante años asumí responsabilidades por el bien colectivo que me sustrajeron una buena dosis de salud; si desde mis 25 años todo esto avaló mi ingreso al Partido Comunista de Cuba, por lo cual fui durante 5 años doble militante; si mi afán de superación profesional me lanzó a comenzar la difícil y abarcadora especialidad de Medicina Interna en enero de 2004 queriendo ser más competente y útil; si todo esto viene a ser, a grandes rasgos, la historia de mi vida, entonces – y aquí es donde me pongo bruto y no entiendo – si fui consecuente con todo lo que se me pidió: ¿cómo es posible que hace 5 años fuera expulsado del Partido, suspendido de mi Residencia en Medicina Interna y terminara inhabilitado para el ejercicio de la Medicina en mi país por tiempo indefinido, por haber dirigido aquella solicitud de 300 trabajadores al Ministro de Salud Pública?

Si cuando lo creí necesario, no escatimé en sacrificios y me olvidé de mí mismo; si cuando creí que lo precisaba la patria, allí estuvo mi brazo junto a millones de brazos; si cuando creí que lo correcto era hablar, seguí el dictado de mi conciencia, rompí el silencio y dije cuanto pensaba, cuando otros decidieron simular o callar; si más allá de tener o no la razón – que espero me acompañe – he tratado de ser un hombre ético, un hombre regido por principios en cada uno de mis actos. Sin embargo, cuando toqué a las puertas de las altas instituciones de mi país, nunca se concretó aquel compañerismo romántico del discurso, jamás apareció la ayuda de aquel brazo generoso, nadie se molestó en responder a mi llamado, aquel poder sólo pretendió pisotearme y su orden, inequívoca, fue hundir mis palabras en el lodo, moler mis huesos para amedrentar a los cobardes, para sepultar aquel ejemplo bajo las cenizas del escarmiento. Ahora releo aquellas conmovedoras palabras del Comandante y definitivamente no entiendo…será que me he puesto bruto con los años.

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