“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

La vida en ello

Dos médicos deciden entregar en la sede del Ministerio de Salud Pública unos breves documentos dirigidos a su Ministro donde hacen constar el punto de vista de 300 trabajadores con respecto a su salario. Por toda respuesta reciben, meses después, la inhabilitación de ambos para el ejercicio de la Medicina en su país por tiempo indefinido.

Lo que arriba se describe no es la sinopsis de un trhiller de ficción. Si aclaro que ambos médicos son cubanos y que esto sucedió en La Habana hace 5 años, se entenderá todo de golpe. Sobrevienen, naturalmente, las preguntas. ¿Deshonraron el juramento hipocrático durante el ejercicio de su profesión? ¿Faltaron al código de Ética Médica? ¿Ofendieron el pudor o la dignidad de algún paciente? ¿Fueron pasto del soborno vendiendo un medicamento o un certificado médico? ¿Alguien murió debido a su irresponsabilidad o su impericia? La respuesta es sólo una y es rotunda: ¡No, nunca sucedió! Entonces ¿qué contenían esos pocos gramos de papel que hiciera merecer a ambos médicos la sanción administrativa más extrema? ¿Por qué esa reacción tan irracional y desproporcionada ante algo tan natural y simple, contemplado teóricamente como un derecho en su Constitución? Esta respuesta es más simple aún que la primera: el miedo a cualquier tipo de consenso. Funcionarios déspotas, cuya psicología aún funciona sobre esquemas mentales retrógrados, formados en esa intolerancia visceral que no admite el más mínimo cuestionamiento, fueron incapaces de entender las sanas intenciones de aquellos trabajadores. Simplemente se aterrorizaron ante aquellas 300 firmas y dando rienda suelta a su terror reaccionaron del modo más radical y violento.

Lógicamente, este caso no se puede aislar de su contexto. Esto sucede en un país que hoy ostenta la Vicepresidencia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que se ufana de ser el más respetuoso de estos derechos, incluidos la libre expresión y la libertad de pensamiento. Pero aquí están estos médicos, aún inhabilitados 5 años más tarde. Si los funcionarios del Ministerio de Salud Pública que dieron curso a aquel bochornoso proceso no se supieran al amparo de la impunidad, nunca consumarían semejante abuso de poder. Si la Fiscalía y el resto de las instituciones con potestad para ello procedieran éticamente y los castigaran por coaccionar y amenazar a dos trabajadores, por difamar y mentir, por adulterar documentos y levantar falsas acusaciones, hechos contemplados como delitos en el Código Penal, otro gallo cantaría. Pero la Fiscalía fue una pieza más en esta componenda – ver su respuesta – y con ella el resto de las instituciones centrales de este país a las que impugnaron estos médicos hasta el cansancio.

Hace exactamente 5 años, en abril de 2006, después de tocar estos médicos a las puertas del Consejo de Estado y del Comité Central, el Sindicato de la Salud Pública y el Partido organizaron una serie de vergonzosas reuniones en todos los centros donde hubo trabajadores firmantes del documento enviado al Ministro de Salud Pública. Se procedió metódicamente, según un protocolo bien establecido y fueron sistemáticos repitiendo su mentira (Médicos inhabilitados en La Habana). De ahí la certeza de que todas las condiciones continúan creadas para que cualquier iniciativa análoga en cualquier lugar de Cuba la bella, sea tratada exactamente igual por los represores de turno, para que cualquier atropello semejante quede igualmente impune. Deben saber, eso sí, que este cubano conoce sus derechos, que se sabe despojado de algo suyo y para reconquistarlo luchará con uñas y con dientes. Deben saber que no se callará, que no se detendrá ante nada. Es una cuestión de honor y le va la vida en ello. Espero que lo sepan.

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