“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

La prensa cubana y extranjera ha reflejado, durante los últimos días, la visita del exPresidente norteamericano James Carter a Cuba. Al final de la breve conferencia de prensa ofrecida el 30 de marzo, el exPresidente hizo referencia a las libertades de reunión y de expresión, así como a la libertad de viajar de los cubanos. Esto me hizo meditar sobre las palabras pronunciadas hace algún tiempo por nuestro Presidente Raúl Castro, negado a que Cuba haga gestos unilaterales para beneplácito de ningún gobierno extranjero. Esto es comprensible. Cierto que hay algo muy claro en este asunto que no compete a nadie más que a los cubanos y que debemos resolver entre cubanos. Estos problemas deben ser resueltos por nuestro gobierno en este minuto, sin más dilación. Pero no es hacia el Presidente Obama a quien está éticamente obligado el Gobierno cubano a dirigir los gestos de vindicación, es hacia el pueblo cubano, que es en última instancia al único a que se debe, el que está privado masivamente de estas libertades y el que masivamente las reclama. La deuda histórica se ha contraído con el pueblo cubano, la víctima real en esta historia, atrapado en medio del litigio entre las dos orillas y que es el que ha soportado durante cinco décadas, encima de las más absurdas carencias económicas, estas, más dolorosas aún, privaciones de derechos civiles y políticos. Más dolorosas, porque las primeras están dirigidas a la mesa o a las perchas del ropero, pero las segundas están dirigidas al corazón y a la vergüenza del hombre, mancillan abiertamente su dignidad humana y son un latigazo en el rostro para todo cubano con decoro. A falta de pan se come casabe, pero la dignidad y el decoro son irremplazables.

Así pues ¡Adelante! ¡Que no le tiemble la mano al Gobierno cubano para la concesión de estas libertades en este año de Congreso! ¿Estaría nuestro gobierno dispuesto a levantar todas las restricciones a los viajes de los cubanos desde y hacia Cuba? Para esto se impone eliminar la potestad discrecional otorgada a ningún tipo de funcionario para negar este derecho, que le compete únicamente al individuo y no privar a ningún ciudadano cubano del mismo por consideraciones políticas – salvo las ligadas a delitos que atenten contra la vida de las personas – y la abolición definitiva de “cartas de invitación” y de “permisos de salida”, mecanismos abominables existentes hasta hoy. Esto además implicaría el respeto a las propiedades de quien parte, pues podría regresar cuando desee. Todo esto eliminaría para siempre el término “salida ilegal” y el doloroso drama de las vidas perdidas en el mar. ¡Adelante! ¡Garantícese los derechos de reunión y de expresión de todos los cubanos! ¿Permitiría el gobierno cubano a su pueblo el acceso pleno y sin censura a la Internet? ¿Estaría nuestro gobierno dispuesto a reconocer y legitimar una oposición política, no negándole la posibilidad de expresarse públicamente por los medios que considere convenientes? ¿Establecería nuestro gobierno el derecho a hacer manifestaciones públicas de protesta pacífica? Esto implicaría el acceso de esa oposición a la prensa escrita, radial y televisiva y a prohibir, por ley, los clásicos mítines de repudio y las golpizas, que quedarían contemplados claramente como cuerpos de delito en el Código Penal. ¿Estaría dispuesto nuestro gobierno?

Son preguntas que quedan sin respuesta para James Carter. Mucho se habla y hasta se especula sobre los propósitos, alcances y consecuencias de su visita. Muy pocos dudan de la buena voluntad del exPresidente para intermediar entre Cuba y EE.UU. Pero nada señala por ahora hacia una rápida conquista de estos derechos para el pueblo cubano. El tiempo será el encargado de develar estas cuestiones. Mientras tanto, aquí dije y aquí repito: la concesión de estos derechos no se puede ver como un gesto que se nos exija desde fuera, ni puede supeditarse al levantamiento del embargo por el gobierno estadounidense, ese gesto de vindicación es una deuda histórica contraída por el gobierno cubano con relación a su pueblo porque es a este a quien ha privado de estos derechos. Ya va siendo hora de que esta deuda, vergüenza de la patria, por fin quede saldada.


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