“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Preguntas a Emilio.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Preguntas a Carlos Cerpa Maceira (Agente “Emilio” de la Seguridad del Estado.)

Durante los días tristes del éxodo de 1980, siendo un niño de 10 años, fui testigo de lo mezquino y brutal que llega a ser el hombre cuando olvida el respeto al derecho ajeno y libera la bestia que lleva dentro. Con los gritos del ¡pin pon fuera, abajo la gusanera! aquel niño consternado vio con grandes ojos aquel escándalo, aquel revuelco de papas, huevos y tomates, la trifulca, los golpes y los escupitajos del vulgo a aquellas personas indefensas cuyos rostros terminó difuminando el tiempo, pero que de algún modo quedaron estampados en aquellos ojos del espanto. Luego los años me harían testigo de la doblez hipócrita, de la falsa moral y la simulación que generaron aquellas reyertas de patadas y pedradas. Aquello fue un insulto de lesa humanidad a la dignidad de todos los cubanos, a la sagrada patria de todos los cubanos. Apenas 10 años más tarde, aquellos represores tendrían que tragarse el membrete, cuando los gusanos retornaban hechos mariposas, pero a pesar de todo, a más de 30 años de aquel horror aún no se ha escuchado una sola palabra pública de sincera disculpa.

Pero pasó el tiempo, y pasó un águila por el mar… y llegó la primavera negra de 2003. Todo fue vertiginoso y yo, como el resto de millones de cubanos, tuve como única referencia la versión oficial de los hechos transmitida por la televisión cubana. No se les permitió una palabra de réplica, no se transmitió un solo argumento de defensa de ninguno de los 75 sancionados. Luego, las severas condenas y la historia de las Damas de Blanco que no tengo que contarle a Usted por motivos obvios. Recuerdo, eso sí, los reportajes de televisoras extranjeras, que de vez en cuando circulaban “underground”, donde aquellas madres, hermanas, esposas, hijas se aferraban a sus razones desafiando a las turbas amenazantes. Otra vez el mismo puño crispado, ahora contra mujeres indefensas, avivó reminiscencias de aquel lejano 80. El desenlace de esta historia lo conoce Usted bastante mejor que yo. (Ver Cuando un amigo…)

Dada la privilegiada posición que ocupara Usted durante la última década en el centro de estos hechos, seguramente tiene un nivel de información muy superior al mío. Por eso le pido, por favor, que me precise algunas cuestiones que no aclara el tabloide publicado. En fin, sólo pregunto ¿era mentira que los esposos y padres de aquellas mujeres estuvieron confinados durante años en prisiones situadas a 600 kilómetros de su hogar, y más lejanas aún, con el presunto propósito de castigar también a su familia? Entonces ¿no eran auténticas las amenazas y golpizas a las Damas de Blanco que Usted “reportara” como “vocero” durante sus temerarias marchas por la Habana? ¿De veras aquellas oleadas de “pueblo enardecido” siempre pasaban, casualmente, justo por allí y respondían de modo espontáneo, siempre con las mismas consignas, las mismas amenazas, los mismos empellones, el mismo modus operandi y hasta con más de un rostro repetido? ¿Nunca comentó en sus “reportajes” las sospechosas filas de ómnibus parqueadas a unas cuadras del lugar? Cuando Emilio “reportaba” alguna noticia ¿Lo hacía cuidando su credibilidad como “reportero” o hacía exactamente lo contrario, dado que tenía la precisa misión de desacreditar? En caso de ser un auténtico reportero ¿habría asumido igual irresponsabilidad, hasta el punto de permitir que otra persona le administrara un blog en Internet usando su nombre? Entonces ¿no existe la oposición en Cuba, lo que significa que es unánime e irrestricto el apoyo de virtualmente todos los cubanos a su Gobierno? Si esto es así ¿por qué en medio de esta profunda crisis económica se destinan aún cuantiosos recursos a Órganos represivos como la Policía y la Seguridad del Estado? ¿A qué se le teme? De modo que entre los “presuntos” opositores ¿no hay absolutamente nadie con principios?, de modo que en esta ruta recorrida por Usted durante una década ¿absolutamente todos los nobles principios, las virtudes y la decencia quedaban en la senda izquierda y absolutamente todo lo denigrante en la senda derecha? ¿Así de simple? Cuando Usted asegura que la disidencia no tiene arraigo en el pueblo ¿no obvia unos detallitos como, por ejemplo, los miles de Emilios infiltrados entre esos “grupúsculos” con la única misión de neutralizarlos, técnicamente hablando o sea, desacreditar activamente, sembrar discordias, fomentar recelos y divisiones, frustrar toda tentativa de consenso, cercenar el germen de la confianza, minar los ánimos, truncar toda iniciativa cívica y por supuesto, informar meticulosamente de todo a la contraparte que, dicho sea de paso, monopoliza y dispone de todos los recursos, incluidos los medios masivos de comunicación, que son herméticamente censurados y jamás otorgan el derecho de réplica. Lo que resulta realmente milagroso es que alguien, ante esta monstruosa indefensión, tan sólo se plantee discrepar.

Emilio, como Usted, también nací un 10 de octubre y también me enorgullece, porque evoca el largo camino andado por mi pueblo en su sueño de lograr que ningún cubano se enseñoree sobre la libertad de otro cubano, y esto, con dolor lo digo, continúa siendo un sueño inconcluso. Dentro de la disidencia hay de todo, es un sector social demasiado heterogéneo y complejo para que así no sea, pero de esto a reducir el asunto de un modo tan simplón asegurando que todo se resume únicamente a dinero y a ansias de protagonismo va un buen trecho. Por supuesto que hay corruptos y oportunistas, pero también hay cubanos movidos por principios, con conceptos diferentes a los suyos, errados o no, pero en fin, movidos por principios. Igualmente encontramos oportunistas y corruptos entre los “revolucionarios” de consignas vacías que sólo miran el provecho personal que pueden sustraer de su “revolución” – léase su egoísmo – y no hablo aquí de los revolucionarios auténticos, que respeto, ni de la auténtica Revolución, diametralmente opuesta a los entrecomillados (ver Carta a un alto dirigente). Con estos corruptos, Emilio, los que simulan en la senda izquierda… ¿qué hacemos con estos corruptos? Sólo pregunto.

Quien le escribe conoce muy bien el rostro de la intolerancia porque ha sufrido más de una vez bajo sus garras. Soy médico y hace 4 años y medio que no ejerzo mi profesión, pues estoy inhabilitado para el ejercicio de la Medicina por tiempo indefinido por enviar una carta al Ministro de Salud Pública a mediados de 2005 para hablarle de mi salario (ver Médicos inhabilitados en La Habana). Hasta el momento de aquella iniciativa había militado yo en el Partido Comunista de Cuba durante 10 años, pero fui inmediatamente expulsado y durante los últimos 5 años fui estigmatizado como contrarrevolucionario y acusado impunemente de cosas que no soy y de otras que nunca hice. Ahora, enfocados en mi caso personal, que por sólo canalizar la inquietud de un grupo de trabajadores a su Ministro terminé expulsado de mi trabajo después de un ultrajante proceso en el que se mintió a manos llenas con ese fin, por sólo plantearle a Usted el ejercicio mental me permito una última pregunta: en el hipotético caso de que esto hubiese provocado que yo me alineara con la disidencia Emilio ¿sería yo también un disidente “construido”? Pregunto porque oyéndole hablar parece que todos lo fueran. Humanamente hablando ¿no cree que atropellos tan brutales como este provoquen que más de un cubano haya asumido una actitud cívica frontalmente opositora? ¿Sabe Usted cuántos casos como el mío pudieran contarse en esta isla infinita durante estos 50 años?

Desconozco cuánto riesgo personal asumía Usted infiltrado entre aquellas damas pero, dada la intolerancia que se me contrapone, en mi caso el hecho simple de expresarme desde este blog pudiera acuñar mi sentencia de muerte ante los represores de turno. Si llega a leer esto, piense que mi caso también pertenece a esa Cuba que Emilio defendió. Espero que Usted haya cumplido con lo que consideró su deber por limpia convicción, sin esperar nada a cambio. Respeto todo lo que se haga desde la pulcritud y la pureza de principios. Pero quedan estas preguntas que me taladran la cabeza. Por favor ayúdeme a aclarar estos pequeños puntos y le estaré eternamente agradecido.

El Ciudadano Cero.

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