“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, administrador de este blog, autoriza y agradece la divulgación de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

El 11 de noviembre de 2010, exactamente 5 años después de entregados los documentos dirigidos al entonces Ministro de Salud Pública, el primero de los cuales fuera respaldado por 300 trabajadores, terminaba de escribir esta carta dirigida a un alto dirigente de mi país, cuya identidad me reservo, y que fuera entregada varios días más tarde. Aquí se expone un fragmento:


Artemisa, 11 de noviembre de 2010.

Año 52 de la Revolución”.

Desde niño aprendí que esta Revolución de los humildes y para los humildes triunfó para desterrar a la élite burguesa de encumbrados senadores y ministros que despreciaban y desatendían al pueblo. Se pagó una altísima cuota de sufrimiento humano para que todo fuera distinto, para sepultar aquel tiempo en que los trabajadores no tenían voz y se reprimía todo gesto discordante con la falacia que reinaba. Ahora los trabajadores aspiraban a un ministro ético y cercano, que nunca olvidaría que siendo hijo del pueblo debe ser digno de su origen y, siempre accesible, estaría presto a responder con transparencia y humildad al último de sus trabajadores. Sin todo esto la Revolución misma dejaría de tener sentido…

… Usted reconoce en un documento que aún conservo desde que fui Secretario de mi núcleo del PCC, y que aquí le anexo en mi condición de exmilitante, que toda represalia es una violación de los derechos del ciudadano y del militante mismo. Sin embargo hace 4 años se reprimió impunemente esta iniciativa del modo más radical y violento, del modo más carente de ética, mintiendo cínica y deliberadamente, coaccionando y amenazando abiertamente a los trabajadores, difamando a dos médicos inocentes e indefensos, y mancillando públicamente nuestra dignidad en actos a la usanza del 80 donde únicamente faltaron los huevazos y los tomatazos. Los organizadores de estas reprimendas se emplearon a fondo, no escatimaron en recursos, realizando un impresionante y excesivo despliegue de fuerza a modo de advertencia que persiguió amedrentar a los trabajadores y dejó tácitamente las cosas claras: no se permite colectar firmas con este fin, está tajantemente prohibido en Cuba este tipo de consenso. Los responsables de estos atropellos incurrieron en hechos claramente contemplados como cuerpos de delito en el Código penal vigente y lo hicieron con la impunidad más absoluta. Pero si fue grave ser castigados de este modo tan mezquino, mucho más grave resultó que esta injusticia se consumara ante la mirada inmutable de todas las instancias centrales de este país con potestad para investigar con rigor y/o derogar este caso. Todas, durante cuatro años, hicieron caso omiso a decenas de documentos enviados. Esto incluye al Consejo de Estado y al Consejo de Ministros, al Comité Central del Partido, a la Asamblea Nacional del Poder Popular, a la Fiscalía General de la República y por supuesto a la pasada y a la actual Dirección del Ministerio de Salud Pública…

Hace 5 años 300 trabajadores subordinados al Ministerio de Salud Pública se dirigieron respetuosamente a su ministro, dentro de la legalidad y amparados por el Artículo 63 de la Constitución Socialista vigente. Hasta el día de hoy jamás recibieron la respuesta igualmente respetuosa a que tienen derecho. Estos 300 trabajadores no son una facción, no son un partido ni una organización de ningún tipo, no son el enemigo ni constituyen ninguna forma de oposición política. Estos 300 trabajadores de opiniones y posturas heterogéneas, tienen sin embargo una cuestión en común: a ninguno de ellos le alcanza su salario para sostener a su familia. Así de simple y llano es el asunto y no admite otra vuelta de página. Sin embargo los intolerantes de turno reaccionaron como si hubiésemos lanzado un Molotov. La mano que coartó esta iniciativa estuvo guiada por la misma intolerancia que en décadas pasadas y convulsas desterró poetas, maniató creadores, insultó la dignidad del homosexual y la fe del devoto creyente, la misma ancestral intolerancia culpable de la UMAP y del ostracismo de Lezama y de Virgilio, la que durante el éxodo del 80 apaleó con saña y lanzó patadas y pedradas con ecos que todavía resuenan en la Cuba de hoy, esta vez con nuevos rostros, pero con el mismo puño que no vacila ante el pensamiento que discrepa, todo lo cual establece una dolorosa línea de continuidad, pues nuestra historia no transcurre durante la década gris de los 70 sino ya bien entrada la década del 2000. Que 30 años después se haya consumado un atropello semejante, deja en entredicho que el gobierno haya asumido sinceramente una postura más abierta y tolerante con relación al individuo. Una sociedad no será nunca participativa si cada propuesta, sólo puntualmente divergente, es recibida por los círculos del poder como un desafío o como una ofensa que tendrá que ser inexorablemente castigada, si en lugar del diálogo regenerador se estimula la brutalidad como filosofía, con lo cual sólo se fomenta la hipocresía y la doblez, se conduce al estatismo y se anquilosan las potencialidades del pueblo.

Mi concepto de Revolución pasa medularmente por el respeto sagrado del derecho ajeno, por esto para mí deja de ser Revolución todo lo que atente contra la libertad del hombre o coarte uno sólo de sus derechos. Cuando me dirigí honestamente a mi Ministro lo hice en consonancia con estos principios, desde la buena fe y movido por un sincero afán de mejoramiento humano. Hubiera bastado una humilde respuesta de pocos párrafos escrita en diez minutos, pero la soberbia pudo más y se optó por la bestialidad del zarpazo. Aquel Ministro tuvo el derecho de pensar que no nos asistía un átomo de verdad, de discrepar con nosotros hasta en la última letra, esto es algo sano mientras la confrontación se despliegue, aún en toda su ferocidad, en el campo del pensamiento; ya nacerán de esta polémica los caminos hacia el futuro más fértil. Pero absolutamente a nadie le asiste el más remoto derecho a privarme de mi palabra, a censurar mis ideas, ni a despojarme arbitrariamente de mi profesión. Quien necesite mentir, difamar o recurrir a la violencia, se denigra sobre todo a sí mismo y demuestra inequívocamente que no tiene la razón. No existe un solo fundamento legal, moral o ético que justifique estas sanciones y profana el verdadero espíritu de la Revolución que impunemente se me atropelle en su nombre porque, como sentenció el Maestro, el puñal que se hunde en nombre de la libertad se hunde en el pecho mismo de la libertad…

Dr. Jeovany Jimenez Vega.

Especialista de 1er. grado en Medicina General Integral. Inhabilitado.

Residente de 3er. año en Medicina Interna. Suspendido.

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Comentarios en: "Carta a Raúl Castro Ruz." (2)

  1. […] que respeto, ni de la auténtica Revolución, diametralmente opuesta a los entrecomillados (ver Carta a un alto dirigente). Con estos corruptos, Emilio, los que simulan en la senda izquierda… ¿qué hacemos con estos […]

  2. […] decisión entre mis colegas. La historia que siguió no la repito pues la debe conocer Usted desde la primera de las tres cartas que le hiciera llegar hasta hoy sin recibir […]

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