“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública sobre su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Por razones ajenas a mi voluntad no pude acceder hasta hoy a Internet y envío estas palabras a Ciudadano Cero a través de mi esposa. Durante la primera semana de mi huelga de hambre permanecí la mayor parte del tiempo en el parque Martí de Guanajay, ubicado delante del policlínico comunitario de este municipio y que fuera el último lugar donde trabajé hasta octubre de 2006. Durante esos días oscilé entre este parque y el parque central, frente a la Iglesia Católica – separados por unos 100 metros entre sí – según necesitara resguardarme del sol o beber agua.

Durante los tres primeros días recibí las visitas de rigor, que nunca faltan, de varios oficiales de la Seguridad del Estado para disuadirme de mi propósito, asegurarme que por esta vía no lograré nada y que no permitirían usar lugares públicos para este tipo de posturas. Después de un par de educadas conversaciones creo haber dejado claro que sólo me retiraría de estos lugares detenido por ellos y que estoy dispuesto a llegar hasta el final. Parece haber sido vehemente mi respuesta, porque después de esto sólo he sabido de su presencia a través de los viejitos cagalitrosos y chivatos de poca monta que ponen a coger sol en sus clásicos puntos de observación.

El jueves 8 de marzo me trasladé a La Habana, a casa de Antonio Rodiles, en el municipio Playa, donde grabamos una entrevista para Estado de SATS que ya teníamos previamente concertada y al regresar ya no he vuelto a abandonar el municipio de Guanajay

El lunes 12 de marzo, ya sintiéndome el rigor de mi primera semana de huelga y no pudiéndome dar el lujo de mantener este deambular de un parque al otro, decidí instalarme en el jardín de la Iglesia Católica de Guanajay, con el previo consentimiento del párroco, el muy estimado Padre Carreró, que no puso objeción alguna, y así durante toda la tarde de ese día quedaba plantado el campamento en ese sitio, delante de cuya verja pasaron cientos de guanajayenses, la mayoría de ellos mostrándome su ferviente apoyo. Esa noche, después de una llamada que recibiera desde el Comité Central el Obispo Serpa, de la Diócesis de Pinar del Río, y que transmitiera al Padre Carreró, decidí trasladarme al portal de las religiosas Escolapias, ubicado en el propio parque central de Guanajay, a 50 metros de la Iglesia Católica y ahí he permanecido hasta hoy.

En la tarde del viernes 16, a mis 11 días de huelga, recibí por segunda vez la visita de la tropa de Voces Cubanas: Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, Agustín y Orlando Luis Pardo; ya habían estado aquí el miércoles 7 y regresaban entonces preocupados por la marcha de este asunto. También Joysi García me entrevistó durante la primera semana y publicó una reseña muy objetiva en su sitio.

Y así completo hoy mi segunda semana de huelga de hambre. Me sostengo tomando sólo agua y algunas sales rehidratantes pediátricas. Me mantengo hasta hoy firme en mis demandas y el Ministerio de Salud Pública finge no darse por enterado, manteniendo hasta este momento un silencio absoluto con relación al caso y a mi huelga. Estoy aún bien de salud, aunque ya comienzo a sentir un decaimiento más o menos marcado pero constante y ya ha bajado unos 10 kg de peso (el lunes 5 de marzo oscilaba entre los 69 y 70 kg). Desde que aquellos oficiales de la Seguridad del Estado me insinuaran que me pudiera estar alimentando en casa de las monjas Escolapias no entré más a ese lugar y me he limitado a permanecer en el portal todo el tiempo a la vista de todos.

Desde aquí exijo al Gobierno cubano y al Ministerio de Salud Pública que se pronuncien sobre este caso y que nos habiliten en nuestro trabajo. Ahora sólo pueden elegir entre esto o dejarme morir.

Cualquier información a través de mi móvil +5358200251, teléfono fijo 362086 (Artemisa) o a través de Alfredo Felipe Valdés, portador del caso, exiliado en Málaga, España, (móvil 627222638). Informaré por Twitter (DrJVega).

Artemisa, 20 de febrero de 2012.

A Su Santidad Benedicto XVI:

Como a la mayoría de los cubanos, mucho me regocija su anunciada visita a nuestra patria, a la que sin dudas será bienvenido. Llegará Usted a un país que vive el momento más complejo de su historia. Para entonces, con toda certeza, nuestras autoridades le mostrarán, entre otros, los logros de nuestra Salud Pública y le asegurarán que esta es una prueba inexcusable de los desvelos del Gobierno cubano por su pueblo. Por eso debe saber, Su Santidad, que hay una parte de la historia que le será ocultada a Usted y al mundo: la desesperante situación económica, rayana con la pobreza, en que estamos obligados a vivir los artífices del milagro. Pero la arista más degradante del asunto – más grave aún, si se quiere, que el hecho en sí – es que nuestro gobierno no admita cuestionamientos y castigue, inexorablemente, a quien se atreva a criticar la indigencia en que nos obliga a vivir.
Le escribe un médico cubano graduado desde 1994, inhabilitado para el ejercicio de la Medicina en mi país por tiempo indefinido, desde octubre de 2006, junto a mi colega el Dr. Rodolfo Martínez Vigoa. Por más inverosímil que parezca, nunca pusimos en peligro la salud o la vida de ningún paciente, no vulneramos la disciplina laboral ni faltamos nunca a nuestro Código de Ética Médica; para ser privados del ejercicio de nuestra profesión bastó que canalizáramos, ante el entonces Ministro de Salud Pública, el criterio de 300 profesionales del sector sobre un aumento salarial irrespetuoso realizado, a mediados de 2005, bajo el gobierno de Fidel Castro.
Su Santidad: Aunque nuestro gobierno asegure que las diferencias con su Iglesia son asunto del pasado, que corren otros tiempos y que ellos mismos han cambiado, sin embargo, la intolerancia que creara durante los años 60 los célebres campos de trabajo forzado de las UMAP – donde también padecieron decenas de miles de creyentes – fue exactamente la misma que 40 años después nos inhabilitaba por dirigirle la palabra a aquel ministro, lo cual denuncia que esa sonrisa que hoy le muestran no es más que pura simulación.
Cuando nuestras autoridades le expongan, Su Santidad, los loables indicadores de salud; cuando le comenten sobre exitosos trasplantes de órganos; cuando le sean mostrados los avances en la Ingeniería Genética y la Biotecnología aplicadas a la Medicina y le hablen sobre las misiones médicas sostenidas por el Gobierno cubano en más de 70 países no le dirán, sin embargo, que este prodigio fue logrado gracias a un ejército de profesionales que recibimos mensualmente un salario básico miserable equivalente a $ 25.00 USD, aún cuando los servicios médicos en aquellos países – convertidos en el primer renglón exportable de este país – generan al menos 8000 millones de dólares cada año; tampoco le dirán que los trabajadores del sector somos retenidos obligatoriamente durante cinco años por nuestro ministro si deseamos viajar al extranjero y que estamos indefensos ante los más escandalosos abusos, pues no contamos con un gremio ni con una representación sindical efectiva, recibiendo del poder, a cambio de nuestro admirable trabajo, la más absoluta inatención.
La proverbial injusticia que motiva esta carta – denunciada en mi blog “Ciudadano Cero”, que se encuentra en el portal “Voces Cubanas” – fue cometida con el beneplácito de todas las instituciones centrales de nuestro país; esto incluye a la Fiscalía General de la República, al Comité Central del Partido, al Presidente del Parlamento, al Consejo de Estado – incluidas cuatro cartas dirigidas al Presidente Raúl Castro y dos al Vicepresidente José Ramón Machado Ventura – y por supuesto, al Ministerio de Salud Pública, al cual nos dirigimos en 20 ocasiones sin recibir respuesta. Alrededor de 80 documentos enviados durante más de cinco años – incluyendo dos serias tentativas de huelga de hambre – ilustran la insensibilidad de las autoridades cubanas hacia los problemas de su pueblo. Además, Santidad, como parte de nuestro esfuerzo, desde octubre de 2010 nos dirigimos al Arzobispado de La Habana, mediante documentos enviados a Su Eminencia el Cardenal Jaime Ortega Alamino, donde le solicitamos que, en virtud del papel jugado por la Iglesia Católica como mediadora en eventos políticos recientes, interceda por nuestro caso ante el Gobierno cubano para que sea enmendada esta injusticia.
Su Santidad: El gobierno que hoy lo recibe, que se autoproclama respetuoso de los Derechos Humanos y no duda en ostentar a los médicos como trofeo, es el mismo que nos mantiene en la pobreza deliberadamente, a la vez que perpetra villanías como esta. El caso que aquí le esbozo, trasciende el mero interés personal y es altamente ilustrativo del modo en que un gobierno intolerante se proyecta hacia su pueblo. Este ultraje a la dignidad humana, que se ha mantenido impune durante más de cinco años, desmiente definitivamente las ínfulas de apertura que hoy pregona el Gobierno cubano. Por todo esto, Santo Padre, con toda humildad, le solicito y agradezco de antemano que interceda ante nuestras autoridades para que nos restituyan al trabajo que nos fue usurpado. Hoy me dirijo a Usted como cumbre de la Iglesia Católica y como al hombre en Jesús, el Cristo que nos compulsa a sentir en nuestra mejilla el ultraje hecho a cualquier mejilla de hombre.

Con todo respeto, agradece su atención:

Jeovany Gimenez Vega.
Calle 54 # 2914. Artemisa.
Provincia Artemisa. Cuba.

En la tarde de hoy, siendo la 1:30 PM, entregué en la sede del Ministerio de Salud Pública un documento dirigido al Ministro Dr. Roberto Morales Ojeda, mediante el cual me declaro en HUELGA DE HAMBRE, que mantendré hasta mi muerte si no se cumplen las siguientes condiciones:

1.- Sean derogadas las Resoluciones Ministeriales 248 y 249, del 27 de septiembre de 2006, que nos inhabilitaron para el ejercicio de la Medicina en Cuba por tiempo indefinido a quien escribe y a mi colega el Dr. Rodolfo Martínez Vigoa respectivamente.

2.- Sea derogada la Resolución Decanal 14-06, del 25 de abril de 2006, que suspendió arbitrariamente mi Residencia en Medicina Interna mientras cursaba su último año.

3.- Le sea entregado al Dr. Alfredo Felipe Valdés, ciudadano cubano exiliado en Málaga, España, su título universitario debidamente homologado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, según lo pactado entre los gobiernos de Cuba y España a finales de 2010 al acoger a los refugiados políticos de la causa de 2003, compromiso incumplido hasta este momento.

Me declaro en huelga de hambre en pleno uso de mis facultades mentales, en buen estado de salud y sin tener asociada ninguna condición orgánica que pueda causar mi muerte durante los siguientes tres o cuatro meses, por lo que responsabilizo al Ministerio de Salud Pública, al Partido Comunista de Cuba y al Gobierno cubano de mi muerte y de cuantas consecuencias se deriven de esta actitud que asumo luego de agotar absolutamente todos los recursos civilizados que como ciudadano común tuve a mi alcance. Esta es una decisión que asumo ejerciendo la soberanía que en lo individual tengo sobre mi vida, como persona adulta y conciente del paso que doy, por lo que no se podrá acusar a terceras personas de instarme de ningún modo a asumir esta conducta.

La huelga de hambre la realizaré físicamente en el Parque Martí del municipio artemiseño de Guanajay, frente al Policlínico Comunitario, que fue mi último centro de trabajo. Sólo me retiraré de ese lugar en caso de ser detenido por la Policía o los Órganos de la Seguridad del Estado. Informaré a travéz de Ciudadano Cero, de Twitter y a través de +5358200251.

Carta a Raúl Castro Ruz.

Artemisa, 28 de enero de 2012.

Año 54 de la Revolución”.

A: Raúl Castro Ruz.

Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba.

Señor Presidente:

A los 35 años, quien le escribe ya había dedicado su juventud y la parte más elevada de sí mismo a la Revolución. Había escuchado de Fidel y de Usted que debíamos sellar un compromiso irrestricto con la verdad sin importar las consecuencias; era cuestión, se nos dijo, de poner la verdad por encima de todo. Le escribe aquel estudiante de las madrugadas en el puerto, el de los domingos en la micro al pie de los cimientos, el de las campañas en la agricultura, el de las juveniles marchas por La Habana; aquel joven que no dudó en entregarse cuando lo creyó necesario, aquel que ya graduado comenzó recibiendo menos de dos dólares de salario mensual y nunca claudicó.

Pero pasaron los años y llegó mayo de 2005; entonces Fidel anunció que se disponía un “aumento” de $ 48.00 pesos (menos de dos dólares) a nuestro salario mensual como médicos, lo cual fue percibido como algo irrespetuoso por la mayoría de nuestros trabajadores. Como tengo el precepto de que se debe hacer en cada momento lo que se crea justo y correcto, entonces creí ético hacerle llegar a nuestro ministro el criterio generado por aquella decisión entre mis colegas. La historia que siguió no la repito pues la debe conocer Usted desde la primera de las tres cartas que le hiciera llegar hasta hoy sin recibir respuesta.

Es aquí donde pregunto, con todo respeto, Presidente: ¿de qué modo engrana el gravísimo hecho de que permanezcan inhabilitados durante más de cinco años dos médicos por haberse dirigido a aquel ministro, con su discurso sobre nuestro derecho a expresarnos con libertad? ¿Vulneramos acaso la Ley cuando nos dirigimos, junto a un grupo de trabajadores, a la Dirección del ministerio a que pertenecíamos? ¿Qué relación tuvo esto con la docencia para merecer yo la separación arbitraria de mi Residencia en Medicina Interna? ¿Es una inmoralidad aspirar a vivir honradamente del salario emanado de mi esfuerzo? ¿Se establece acaso en nuestro Código Penal el ejercicio del criterio como un delito? ¿No es, sin embargo, ilegal que funcionarios políticos y administrativos amenazaran y coaccionaran a dos trabajadores, incluso en medio de su jornada laboral? ¿No es acaso ilegal e inmoral mentir y adulterar documentos para tratar de legitimar este atropello contra nosotros, aplicándose además una Resolución Ministerial que sanciona hechos lesivos al paciente cuando eso nunca sucedió? ¿No es una atrocidad colosal que el Jefe del Sindicato Nacional de la Salud haya dirigido personalmente aquellas reuniones escandalosas para expulsar del Sistema Nacional de Salud a dos de sus propios afiliados por haberse dirigido a su ministro?

Notará Usted que entre las arbitrariedades no le menciono mi expulsión del Partido Comunista, pues considero que este aquí es el único punto que no admite discusión. Siendo el partido una entidad política nadie cuestiona su derecho de apartar a alguien de su membresía si considera que rompió con su línea; sólo considero discutible que se aplicara la expulsión en lugar de la separación – términos conceptualmente distintos – cuando no cometí ninguna inmoralidad ni incurrí en ningún hecho de traición a la patria, porque no hay nada de traición, sino todo lo contrario, en hablar con sinceridad. Pero de esta decisión, evidentemente partidista, a suspender mi Residencia en Medicina Interna y luego disponer una sanción administrativa – por cierto, la más extrema – va una enorme distancia. Sólo espero que nadie ofenda mi inteligencia asegurando que el Partido nada tuvo que ver, que todo fue colegiado a nivel sindical – igual sería la gran barbaridad – y decidido en la Dirección del MINSAP, cuando es una descontada realidad que en todo se cumplió lo que el Partido dispuso desde su más alto nivel, ocupado entonces por Fidel Castro.

Hoy no pretendo cuestionar la sinceridad de sus promesas de implementar los profundos cambios que necesitamos con urgencia los cubanos bajo su gobierno, pues esto es algo que quedará confirmado o desmentido inexorablemente por el tiempo y, por lo mismo, está más allá del propósito de la presente e incluso de mis posibilidades personales. No seré yo, sino la Historia, quien lo juzgue. Pero eso sí, queda muy claro que no se puede hablar de libertad consintiendo ultrajes como este; que no se le pide sinceridad a un pueblo a la vez que se le atenaza con el miedo a semejantes atropellos, como no puede haber democracia donde se castiga el libre ejercicio del criterio; que no se es coherente cuando se habla de eliminar la impunidad si se protege al intocable consintiendo sus abusos de poder; que no es posible un Estado de Derecho donde se castiga brutalmente a alguien por algo que no hizo con el apoyo pleno de la Fiscalía; en fin, que no puede presumir de justo quien conoce de un abuso y lo permite, y menos aún cuando tiene en sus manos la potestad de redimirlo.

Señor Presidente: Usted puede reparar en parte aquel ultraje a nuestra dignidad. Digo sólo en parte, porque siempre quedará una dosis de sufrimiento humano y familiar que nadie podrá borrar después de una vivencia tan perturbadora, porque aun volviendo a trabajar hoy mismo, ¿cómo devolvernos cinco años alejados de la profesión que amamos? ¿Cómo borrar de la memoria aquellos días aciagos en que se nos juzgaba públicamente por algo que no hicimos? ¿Quién pagará por tanta brutalidad, por la difamación, por tanto déspota impune? Usted tiene la potestad de terminar hoy mismo con esta injusticia y desde el momento en que la conoce y teniendo la potestad para ello, no hace nada, pasa también a asumir su parte de responsabilidad en esta barbarie.

Incapaz de vivir al margen de mi tiempo, lo que fui ayer, por Fidel y por Usted lo fui, igual lo que soy hoy, y lo que seré mañana. Como en el resto de mi generación, en no poca medida ustedes moldearon en mí – es algo que no oculto – conceptos que sin embargo hoy me replanteo seriamente gracias a ustedes mismos. Siempre fui consecuente con la fe que me movió en cada momento, pero cuando intenté serlo con relación a esta verdad, no se me permitió. En lo personal lamento cuanto de incisivo y áspero lleven estas palabras pues, a pesar de todo, deseo mantener mi corazón a salvo del odio, pero no sé simular y como lo pienso lo digo; créame, siempre la realidad fue más dolorosa que cualquier palabra. No fui yo quien mintió, no fui yo quien simuló, no fui yo quien adulteró la verdad y timó a los trabajadores para salir del apuro; entre aquellos infames que sí mintieron se tendrá que buscar a los traidores. Que teman los trásfugas de la verdad, yo sólo soy un hombre sincero y vivo en paz conmigo mismo.

Agradece su atención:

Dr. Jeovany Gimenez Vega.

Especialista de 1er. grado en Medicina General Integral.

Residente de 3er. año en Medicina Interna.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

La Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, recién celebrada entre el 28 y el 29 de enero, deja un gusto indefinido entre dulce y amargo, según el paladar que la deguste. Asegura el Primer Secretario Raúl Castro, que entre sus objetivos estuvo “… promover la mayor democracia en nuestra sociedad, empezando por dar el ejemplo dentro de las filas del Partido.” Visto así, cualquier persona ajena a la inclemente realidad que vivimos los cubanos – no la virtual que pregona el misticismo oficialista – pudiera suspirar esperanzado. Pero millones en la isla, endurecidos por la repetición de frases parecidas, nos acogemos al beneficio de la duda.

En mi condición de exmilitante de ese partido, del cual fui miembro por 10 años, hasta que fui expulsado en 2005 – sin haber incurrido jamás en ningún acto de corrupción, delito o traición a la patria, sino por esta historia que terminó colocando “Ciudadano Cero” en Voces cubanas – pido la palabra. Opino que si el Partido Comunista desea ser mínimamente tolerante con relación a la sociedad, deberá comenzar siéndolo con relación a sus propios militantes. Baste una anécdota para ilustrarlo: a mediados de 1999, tuve la peregrina idea de preguntar en mi núcleo por la manera en que sería instrumentada la entonces recién emitida Resolución 54 del Ministerio de Salud Pública, a la luz de los acuerdos migratorios Cuba-EE.UU. vigentes desde 1994 después de la crisis de los balseros, pues acaso, al retener durante años a un trabajador que recibiera un visado de EE.UU ¿no entraba en contradicción aquella Resolución con la letra de estos acuerdos? Pues bien, esa “travesura” le costó a este cubanito todo un año de tensas reuniones con funcionarios de los Comités Municipal y Provincial del Partido que intentaban sancionarme “… por cuestionar las decisiones tomadas a nivel central.” No di un paso atrás, pero tanta algarabía por una simple preguntita – hecha ni siquiera públicamente, sino en el seno del partido – terminó por abrirme los ojos a una realidad: quien tenga criterio propio que vaya con su música a otra parte, en el Partido Comunista de Cuba no se milita para pensar, sino para obedecer órdenes irrestrictas, dictados divinos incuestionables de la cúpula que sólo escucha cuando se le aplaude y jamás cuando se le cuestiona. Entonces se concluye: si persiste esta mecánica de funcionamiento del partido con relación a sus miembros ¿cómo esperar, ante semejante psicología, una actitud diferente hacia el resto del pueblo?

Al leer en Granma el discurso de clausura de Raúl, desde el leads que lo encabeza salta a la vista una contradicción antagónica: el partido dice admitir la necesidad de “… promover la mayor democracia…” pero a la vez se niega de modo rotundo a reconocer oficialmente posiciones políticas divergentes. “Renunciar al principio de un solo partido equivaldría… a legalizar al partido o los partidos del imperialismo en suelo patrio…”. Más claro, imposible: la cuestión sigue siendo ¡conmigo o contra mí! Semejante enfoque sigue sin admitir la posibilidad de que entre los cubanos con criterios políticos diferentes haya patriotas auténticos dispuestos a salvaguardar la independencia de su país. De ese modo se insiste en el silogismo fidelista clásico de líder-revolución-patria, según el cual existe un único modo de ser un patriota consecuente: siendo un ferviente admirador del líder de la revolución y acatando incluso sus más absurdas decisiones.

En un discurso donde insiste en analogías históricamente usadas por el gobierno cubano para satanizar esquemas políticos diferentes (pluralidad = demagogia = mercantilización de la política = entreguismo a EE.UU.), nuestro Presidente critica “… la vigencia y utilidad de la llamada democracia representativa…” porque “… ha devenido invariablemente en la concentración del poder político en la clase que detenta la hegemonía económica…” y lo dice como si en Cuba, aún con matices propios, no haya sucedido exactamente lo mismo. Con demasiada frecuencia nuestro pueblo es testigo de que los más connotados corruptos – Raúl lo reconoce – son militantes fervientes que durante décadas mantuvieron un status de vida estratosférico ante la mirada impasible de las autoridades partidistas y de gobierno. Si esto se conoce a pesar de una censura de prensa sólo comparable, quizás, con la que rige en la Corea del norte, es fácil imaginarse lo que sucedería si la nuestra, en un rapto ético difícil de concebir, destapara la caja de Pandora. Por todo eso nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella.

Quedo estupefacto ante Raúl Castro cuando solicita del partido “… fomentar un clima de máxima confianza y las condiciones… para el más amplio y sincero intercambio de opiniones, tanto en el seno de la organización, como en sus vínculos con los trabajadores y la población, favoreciendo que las discrepancias sean asumidas con naturalidad y respeto, incluyendo a los medios de comunicación masiva… que deberán involucrarse con responsabilidad y la más estricta veracidad en este empeñocon comprobada objetividad y sin el secretismo inútil.” Pues resulta que durante el último año y medio yo mismo le hice llegar a Raúl Castro cuatro cartas donde expongo con claridad nuestro caso, y el mismo Raúl que aquí habla las ignoró por completo; y así mismo se lo hice llegar a las principales publicaciones periódicas cubanas sin que tuvieran el valor de publicarlo.

Aunque mi asombro aumenta cuando escucho al Presidente asegurar: “Es preciso acostumbrarnos todos a decirnos las verdades de frente, mirándonos a los ojos, discrepar y discutir… cuando consideramos que nos asiste la razón…”, sin embargo, despierto por fin cuando se muestra en realidad al puntualizar que todo será “… como es lógico, en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta...” Este blog lo administra alguien que se atrevió discrepar y por ello fue expulsado del partido, perdió su especialidad en Medicina Interna y fue inhabilitado luego para el ejercicio de su profesión. ¡Curiosa manera de entender el derecho a disentir y de “asumir las discrepancias con naturalidad y respeto”! De hecho, le aconsejaría al Primer Secretario un poco de “prudencia” al hablar, por ejemplo, sobre el peligro que presuponen los corruptos, no sea que termine él mismo expulsado del partido por emplazarlos, como le sucediera hace poco al catedrático Esteban Morales.

Pero donde este discurso sí es meritorio de un premio “Aquelarre” por ese buen humor criollo que destila, es en el punto en que el Primer Secretario asegura “… que en el Partido debe acabarse definitivamente el “mandonismo” su fuerza es moral, no jurídica… ¡es la fuerza moral!” Escuchar esto en un país donde el Partido Comunista todo lo dispone y fiscaliza – incluso a la Fiscalía, valga la redundancia – es hilarante. No es un secreto para nadie que mientras el partido asegura en público que no gobierna, no administra, que su función es “orientar”, que “… exigirá a todos responsabilidades por el cumplimiento de sus obligaciones, sin intervenir en la administración…” – no veo el modo en que sea posible hacer una cosa sin hacer la otra – sin embargo, la realidad es que no se aprueba absolutamente ningún cargo político o administrativo importante sin la anuencia del Partido Comunista; que sus dirigentes cuentan con potestades ilimitadas; que el partido pone y quita, según su interés, a funcionarios de todos los niveles administrativos, políticos y de gobierno, nombra y sustituye a su antojo administradores, directores de empresas, directores provinciales, ministros, generales, dirigentes sindicales y de las organizaciones de masas, dispone cuáles “ONG” serán aprobadas y cuál será su perfil, pone y quita entre bastidores a diputados de todos los niveles, presidentes de asambleas municipales y provinciales del Poder Popular, en fin, que es el gerente que dispone de la totalidad de la vida de este país sin ningún tipo de límites, con el ojo atento sobre estos funcionarios para defenestrarlos al menor desliz. Así, el Gobierno cubano – cuya totalidad de altos cargos lo ocupan, casualmente, militantes comunistas – llega a la osadía de pregonar a los cuatro vientos, cuando quiere apologizar al sistema electoral cubano, que no es el Partido Comunista quien postula, lo cual sucede “en teoría” por una razón muy simple: no lo necesita, porque se sabe dueño y señor de este país: si el partido frunce el ceño palidecen los ministros, viceministros, coroneles y generales, pero si el partido alza la voz y da un manotazo sobre la mesa se defecan los pantalones. Entonces ¿para qué reconocer que el partido en realidad les postula a todos?

Al final, este discurso deja en suspenso algunas preguntas básicas: ¿Se atrevería el Gobierno cubano a reconocer oficialmente a la oposición política ahora que el partido dice estar dispuesto a “promover la democracia”? Para decidirse a limitar la permanencia en los puestos de gobierno a dos períodos de cinco años – después de permanecer ellos mismos durante más de 50 – ¿se habrán convencido al fin de que el poder embriaga cuando se ejerce por demasiado tiempo?

También en este discurso – como también acostumbra a hacer Fidel Castro – a partir de las barbaries perpetradas por los bloques imperialistas, se pretende legitimar las cometidas por nuestro gobierno contra su propio pueblo, como si una cosa justificara la otra. Sí, está jodido el mundo, pero en este peñoncito que sufre bajo el cielo del Caribe son definitivamente masacrados, con la venia del Partido Comunista, los derechos civiles de 11 millones de cubanos.


A Ricardo Alarcón de Quesada.
Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular:

Recientemente Usted se hizo eco de un informe de la CIA – ¡sacrilegio! – para asegurar que los cubanos percibimos un ingreso anual percápita equivalente a $ 9900.00 USD, según lo cual seríamos superados en el área sólo por Brasil, la sexta economía mundial. Para semejante chiste la Agencia, cuya faceta humorística francamente desconocía, se basaba en las presuntas “gratuidades” que nos garantiza nuestro humanitario gobierno. No sé de qué modo, al hablar así, Usted parecía olvidar o desconocer que durante toda la vida laboral de un trabajador cubano el Estado le rebaja el 30% de su “salario” cada mes, precisamente, para asegurar su jubilación y las demás garantías de la Seguridad Social.
Tal vez piense Usted que todos los cubanos tenemos las puertas abiertas que tiene Usted en sus funciones de Presidente del Parlamento por decir públicamente tontadas como esta, pero por suerte o por desgracia no es así. Sería tan simple la vida para los millones que no podemos darnos el lujo de dar una alimentación adecuada a nuestros hijos; que estamos obligados a contratar profesores particulares para nivelar sus conocimientos después que uno de los experimentos de Fidel Castro destruyera, durante la pasada década, la infraestructura funcional del Sistema de Educación; que cuando debemos trasladar a un anciano a un turno médico tenemos que pagar por el alquiler – pues el Sistema de Transporte es una ruina – más de lo que recibimos de su gobierno por un mes de trabajo; que no tenemos modo humano de construir una vivienda decente por medios lícitos; que cuando entramos a una tienda recaudadora de divisas ese Estado, que habla de gratuidades, se desquita con unos precios extorsivos que no admiten comparación con el resto del planeta .
Señor Presidente: si vamos a hablar de subsidios, saquemos las cuentas en claro: si lo que me subsidia mensualmente el Estado mediante su mermada libreta de des–abastecimiento sólo alcanza para mal comer a lo sumo 10 días cada mes, esto quiere decir que me subsidia una tercera parte sólo de mi necesidad más primaria. Ahora bien, si por un mes de trabajo este Estado me paga un “salario” que se esfuma, con mucha suerte, en una semana, eso quiere decir que yo entrego subsidiado al Estado tres cuartas partes del trabajo que genero y así quedamos a mano. Aunque sí quisiera estrechar algún día la mano generosa del Jeque de los Emiratos Árabes, o del magnate petrolero saudí que puntual nos dona esos millones que cada año engrosan gratuitamente los presupuestos estatales; espero que así sea, porque de no ser el caso significaría que ese tesoro público que el Estado destina a “subsidiarme” la vida, emana únicamente del sudor de mi pueblo y punto. Por lo tanto, es evidente que en este asunto no hay nada gratis; pero si encima el Estado se atribuye el derecho de exigirnos a cambio unas altísimas cuotas de libertad personal entonces sí, definitivamente, la cuenta no resulta.
Pero, según Usted, todo es cuestión de una mala administración doméstica, y sería por eso que nuestro salario no alcanza para comer, por eso nuestros niños no tienen garantizado un litro de leche, por eso comen con demasiada frecuencia arroz con huevo, por eso dependen de la caridad de amigos y familiares que envían zapatos y ropas, sin lo cual andarían semidescalzos y/o semidesnudos. Sería por dilapidar todo ese “ingreso anual percápita” que refiere la Agencia que nuestros profesionales, incluyendo médicos de todas las especialidades, estamos obligados a ejercer algún oficio o a criar cerdos al salir del policlínico o del hospital para sostener a nuestra familia, y todo nos sucede por irresponsables, pues $ 825.00 USD percápita mensuales deberían bastarnos para vivir holgadamente.
Entonces, señor mío, los cubanos nos damos la mala vida porque queremos y yo, por sólo citar un ejemplo, fui inhabilitado por estúpido, porque con semejante “salario” me bastaría para criar a mis hijos, pues en mi caso debí percibir, siendo de cinco miembros mi familia, casi $ 50000.00 USD anuales, según palabras suyas y de la CIA. Entonces reconozco que fui inhabilitado por estúpido, pues de haberme percatado a tiempo del detalle nunca me habría dirigido de aquel modo tan “irreverente” al Ministro Balaguer a finales de 2005 para hacerle reflexionar sobre aquel irrespetuoso “aumento” de menos de 2 dólares a nuestro salario mensual. ¡Vaya estupidez la mía, con más de $ 4000.00 USD aquel mes en el bolsillo y sin saberlo! ¡Mira que buscarme todos estos dolores gonadales por aquella banalidad! Pensando de este modo no podría menos que disculparme con el Dr. Balaguer. No en vano él, ofendido y más enterado que yo, nunca me respondió, y por eso no respondió tampoco Usted cuando le dirigimos nuestro caso desde marzo de 2007.
En resumen, Señor Alarcón, que todo se reduce a un problema de mala aritmética, o sea, que si los 10 millones de cubanos excluidos de los privilegios no encontramos la manera de convertir los miserables $20.00 USD promedio que nos paga el gobierno en los $ 825.00 USD mensuales que Usted “confirma” citando a la hasta ahora execrable CIA, no lo hacemos únicamente porque somos más brutos e ineptos que los brasileños. Esta masa de millones de estúpidos incapaces de solucionar una operación tan simple que hasta los energúmenos de la CIA pueden resolver, pasamos las de Caín porque preferimos guardarnos, todos los meses, los $ 800.00 USD de diferencia.
Señor Presidente del Parlamento, un último favor sí le pido: cuando no tenga nada inteligente que decir, al menos calle que será más útil; si no lo hace por amor propio – pues decidió no respetarse a sí mismo – al menos hágalo por los cubanos que como yo sufrimos una auténtica vergüenza de tener a alguien como Usted al frente de nuestro Parlamento. Por su culpa, el mundo que escucha pudiera pensar que todos los cubanos somos unos tarados mentales capaces de creer sus tonterías. De cualquier modo, piénselo mejor al citar palabras de la CIA, no sea que al Comité Central del Partido termine no gustándole la broma – pues, nadie lo dude, tiene la potestad para eso – y termine desplegando su evidente veta de jodedor criollo en algún programa humorístico de la televisión. Dirigentes como Usted son una vergüenza para el pueblo cubano. En lo personal hace años que lo considero un cadáver político, pues si alguna vez tuvo algún crédito ante mi pueblo, lo perdió definitivamente aquel día que el mundo presenció cómo el Presidente de nuestro Órgano Legislativo, en medio de la más ridícula jerigonza, no supo responderle tres preguntas a un humilde estudiante universitario.

Jeovany Jimenez Vega.
Médico cubano inhabilitado.

Palabras de un colega.

Por: Alfredo Felipe Fuentes.

El Sistema de la Salud Pública cubana.
A partir de 1964 el gobierno de Fidel Castro asumió el control exclusivo del Sistema de Salud cubano tal como ocurrió en el resto de las esferas de la vida social, económica y política en Cuba. Durante casi medio siglo asumiendo esta responsabilidad, el gobierno cubano ha presentado su Sistema de Salud como un modelo a seguir y no dudó en calificarlo de “potencia mundial”. Sin embargo, es posible que en esta rama sea donde se evidencie con mayor nitidez las violaciones y atropellos que durante todos estos años han regido la relación del Estado con relación al individuo. Las situaciones más graves de este sector se describen a continuación.
Situación del personal de la Salud Pública.
El profesional formado hace al menos una década, con un alto rigor docente, que una vez graduado logró un elevado nivel de conocimientos, sin embargo no es tratado por el Estado con la consideración que merecen los años que le tomó formarse a golpe de esfuerzo personal. Así contempla cómo otros sectores sociales son ampliamente mejor retribuidos jugando una función social ni remotamente comparable. Este trabajador, que económicamente pertenece al estrato social medio-bajo y lleva una vida de carencias injustificables, tiene que presenciar como su gobierno utiliza los resultados de su trabajo como bandera y carta de triunfo para exportar una imagen de preocupación y desvelo por el bien de su pueblo y de otros del tercer mundo. En este punto se utilizan los éxitos consolidados en décadas pasadas como la erradicación de la poliomielitis y otras enfermedades exantemáticas mediante campañas de vacunación masivas y los bajos niveles de mortalidad infantil y materna para, presentándolos como logros únicamente posibles en el socialismo, ser incorporados al discurso publicitario que persigue enmascarar la situación social real.
Especial mención merece el sometimiento extremo que, para todo trabajador subordinado al Ministerio de Salud Pública (MINSAP), implica la Resolución Ministerial 54 del 2 de julio de 1999, emitida por el entonces Ministro de Salud Pública Dr. Carlos Dotres Martínez y que es una de las más exquisitas aberraciones dictadas por el gobierno cubano. Según dispone esta Resolución todo trabajador subordinado al MINSAP, en caso que desee salir definitiva o temporalmente al extranjero, tendrá que solicitar obligatoriamente su “liberación” del sector a su Ministro, lo cual significa que será retenido durante 5 años por su Ministerio sin alternativa posible. Esta regulación es igualmente válida para un recién graduado que para quien acumule 20 años de trabajo, todos serán retenidos durante un mínimo de 5 años antes de ser autorizados a viajar. Existen muchísimos casos en que la espera se prolongó hasta casi 7 años. Incluso los médicos y estomatólogos ya jubilados son retenidos por 3 años contra su voluntad por su exministro, quien sin un término exacto de tiempo es en última instancia quien decide, según su voluntad, quién y cuándo será “liberado”.
Las guardias médicas, a las que viene estando virtualmente obligado este profesional, transcurren en la mayoría de las ocasiones bajo condiciones deplorables de alimentación y muchas veces también de higiene, no siendo raro que en el cuerpo de guardia de un policlínico u hospital no haya agua corriente para asearse las manos y la comida para el personal de guardia se limite a un poco de arroz, huevo y alguna vianda. Estas guardias médicas suelen hacerse cada 5 o 6 días y hace décadas que no son retribuidas. Tampoco son debidamente pagados la antigüedad, el riesgo biológico, ni la nocturnidad (por ejemplo, durante muchos años al personal de enfermería se le pagó la absurda cifra de 6.00 pesos mensuales por nocturnidad, o sea, unos 30 centavos de dólar USD), así mismo no son debidamente pagados los cargos docentes y administrativos que le suman aproximadamente de 2 a 4 dólares USD al salario mensual de quien asume esas responsabilidades.
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El Ministerio del Trabajo, mediante su Resolución No. 16 de 2005, fijó el salario básico mensual para este sector entre los 257.00 pesos (poco menos de 13.00 dólares USD) para los técnicos y los 627.00 pesos (algo más de 31.00 dólares USD) para los médicos especialistas de segundo grado. Con este magro salario este trabajador, dada la carestía de la vida, podrá apenas alimentar a su familia por 10 días motivo por el cual está obligado a aventurarse en las más variadas actividades de la economía informal o del mercado negro. En el caso de los médicos este aumento salarial representó alrededor de 48.00 pesos (menos de 2 dólares USD) con relación al salario mensual que tenían en ese momento. Esto fue recibido por los trabajadores con indignación y fue tomado como una profunda falta de respeto. Sin embargo el gobierno se ufanaba entonces y repetía a boca llena que con esto erogaba alrededor de 200 millones de pesos todos los años (unos 8 millones de dólares USD) de los cuales al maltratado médico le caían sólo 2 en el bolsillo cada mes.
En medio de estas condiciones, el referido “aumento” salarial de 2005, motivó que dos médicos, los Dres. Rodolfo Martínez Vigoa y Jeovany Jimenez Vega, entonces trabajadores de Guanajay, municipio al oeste de Provincia de La Habana, redactaran una carta al entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera donde le exponían el criterio mayoritario que generó semejante decisión. Para tratar de evitar que concretaran su iniciativa se les coaccionó y amenazó de todas las maneras, incluidos los clásicos actos de repudio organizados por el Partido y el Sindicato. Esta carta fue respaldada por la firma de 300 trabajadores que compartieron ese criterio y fue entregada el 11 de noviembre de 2005 en el Ministerio de Salud Pública. El Ministerio jamás respondió. Como única respuesta, los dos médicos que tuvieron la iniciativa fueron inhabilitados para el ejercicio de la Medicina en todo el territorio nacional por tiempo indefinido, mediante Resoluciones Ministeriales inapelables. Para intentar legitimar estas sanciones, quienes manejaron el caso recurrieron a la adulteración de documentos y a la manipulación y tergiversación de los hechos, acusando a ambos médicos de haber engañado a sus compañeros entregando un documento desconocido por ellos amparado con sus firmas, algo desmentido por las copias de los documentos acuñados en el momento de su recepción. Aquí no es posible precisar si en aquel momento hubo reacciones similares en otras provincias, pero se cita este caso por ser muy ilustrativo del modus operandi que continúa rigiendo la postura del Estado y de la manera que soluciona el Ministerio de Salud Pública las diferencias con sus trabajadores. Así mismo será tratada cualquier iniciativa semejante, de cualquier trabajador en cualquier lugar de Cuba. En el momento de redactar este documento ambos médicos continúan inhabilitados hace ya 4 años por algo que nunca hicieron. Este atropello hace años que está en pleno conocimiento de todas las instancias centrales de este país, incluida la Fiscalía General, pero continúa impune. Uno de estos médicos decidió salir del país después de 4 años de vejaciones y tuvo que pedir la referida “liberación”, pues para el Ministro nada cuentan estos 4 años de no formar parte del Sistema de Salud Pública del que fue separado contra su voluntad, por lo que tendrá que esperar 5 años a partir de este momento. Esto último evidencia, incluso aún más que el resto de los elementos aquí expuestos, que el Ministro y el resto de los altos dirigentes de los círculos del poder en Cuba no tienen límites en el maltrato y en la violación de los derechos de los trabajadores de este sector.
Situación asistencial.
La situación asistencial en la Atención Primaria de Salud se ha deteriorado considerablemente durante la última década como consecuencia directa de la prioridad establecida para el envío de médicos y tecnólogos hacia las Misiones Médicas en el extranjero, que en este momento representan alrededor de la mitad de los médicos en activo. Cuando un médico deja su lugar de trabajo no siempre se cuenta con un sustituto de forma inmediata y generalmente la población se ve afectada de varios modos, ya sea porque quien lo releva viene a tiempo parcial o
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porque este paciente tiene que trasladarse a un consultorio más lejano y por lo mismo más congestionado de trabajo, donde tendrá que esperar durante horas para ser atendido. En la mayoría de los casos las direcciones municipales de salud optaron por concentrar las poblaciones de pacientes en menos locales ante la escases de médicos en la atención primaria. El médico que aquí se queda tendrá que asumir el trabajo de los que parten. Incluso se han dado situaciones puntuales realmente dramáticas en que un Policlínico que cubre 22 consultorios ha quedado de momento siendo atendido por 2 médicos para el seguimiento de todos los programas. Es válido aclarar que cuando se produce alguna de estas situaciones el médico en cuestión continúa recibiendo exactamente el mismo salario por asumir el trabajo de sus colegas ausentes. Incluso es sumamente frecuente que todo un municipio o un territorio determinado quede privado del servicio de determinada especialidad porque el único especialista con que se contaba fue enviado al extranjero a una de las referidas misiones de trabajo.
En el caso de la atención secundaria, la situación asistencial también sufren esta afectación aunque bastante más atenuada, pues las Misiones Médicas solicitan sobre todo especialistas en M.G.I. de la atención primaria. En el caso de los hospitales e institutos las situaciones más agudas se producen por problemas del aseguramiento logístico y de infraestructura. El trabajo del médico se ve limitado por la frecuente carencia de recursos como material gastable para los tratamientos clínico-quirúrgicos, por la disponibilidad limitada de reactivos de laboratorio, placas para radiografías o de los medicamentos mismos que faltan con frecuencia. A esto se suma el deterioro estructural de muchas instalaciones que con frecuencia no cuentan con servicio de agua corriente, tienen mala ventilación o carecen de aire acondicionado. Se dan casos de Unidades Quirúrgicas cerradas durante meses por problemas estructurales.
Igualmente afecta la gestión del médico el pésimo estado del parque de ambulancias disponible, que se traduce en maltrato involuntario al paciente que tiene que esperar en ocasiones hasta 6 u 8 horas por un traslado, tratándose a veces de situaciones clínicas potencialmente letales en las que el tiempo es decisivo.
El problema de la infraextructura
Aunque hace algo más de 5 años el país inició un programa de reparación de muchas instalaciones de Salud – en la mayoría de los casos la única reparación en décadas – esto no las alcanzó a todas ni siempre se terminaron con la mejor calidad, como norma reconstruidas en un tiempo excesivamente prolongado a veces se terminó en años lo que pudo terminarse en pocos meses, lo cual causó molestias a la población y propició el robo de materiales de construcción y demás recursos encareciendo el costo final de la ejecución de la obra. Generalmente, una vez terminada la reparación no se sigue una tarea de mantenimiento sistemático, lo cual provoca que ya se aprecien nuevamente signos de deterioro en estas instalaciones.
En la atención primaria se observa una situación bastante heterogénea. Del propósito original, hace unas dos décadas, de garantizar un consultorio médico típico con su médico, su enfermera y todo el instrumental por cada 120 familias, se fue pasando a través de un progresivo deterioro al estado actual en que no queda preciso el número de pacientes a atender que puede llegar a contarse por miles, atendidos en ocasiones por un interno de sexto año. Del modelo de consultorio típico sólo se conservan contadísimas excepciones y por lo general a través de los años se tomaron por consultorio, en el mejor de los casos, viviendas confiscadas a personas que emigraron o cualquier local desocupado que se adaptó a ese fin. La regla en general es el ya típico local pequeño, mal iluminado y peor ventilado, la mayoría de las veces sin agua corriente para asearse las manos.
En la atención secundaria, salvo felices excepciones, la mayoría de los hospitales tiene un deterioro estructural más o menos marcado, con la carencia o escases de agua corriente en las salas, con servicios sanitarios en estado
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deplorable y malas condiciones de limpieza que frecuentemente se asocia a la presencia de plagas de insectos con el riesgo potencial de extender enfermedades nosocomiales.
Situación de la docencia.
La llamada “municipalización” de la enseñanza universitaria, o sea, el pretendido fin de crear una Universidad en cada municipio de este país, ha tenido un impacto nefasto en la calidad de la formación docente, al menos para el caso de la Medicina. Este experimento, llevado a cabo durante la última década, surge como consecuencia directa de la llegada de decenas de miles de estudiantes de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) a raíz del desastre del huracán Mitch. Y está muy bien ayudar a otros, pero todo debe ser bien estudiado y debieron crearse las condiciones de infraestructura necesarias para que esto no derivara en un problema, sobre todo si al final se decidió prolongar el programa de la ELAM más allá de las 10 graduaciones programadas cuando se lanzó la idea. Los estudiantes extranjeros desplazaron a los nacionales de las facultades históricamente reconocidas de Ciudad de La Habana y de las capitales provinciales a los municipios, donde ahora el estudiante cubano se ve confinado delante de una computadora y recibiendo clases de un docente que con frecuencia no está preparado con el rigor que este nivel de enseñanza requiere. La combinación de lo anteriormente dicho y el prurito de graduar a toda costa y a cualquier precio la cantera que garantice el constante relevo del personal que cubre las Misiones Médicas en el extranjero, ha venido a debilitar todos los eslabones de la cadena docente. Durante la última década y al menos hasta el curso pasado, se asistió a la degeneración de los requisitos exigidos antes en todos los niveles. Por solo citarlos: el egresado de preuniversitario que ya arrastraba la secuela del fracasado experimento homólogo en los anteriores niveles de enseñanza llegando con pésima base y al que se le exigió cada vez menos índice académico para ingresar a la carrera, el estudio de las asignaturas básicas preclínicas que ya no sería en los centros docentes de consagrado prestigio como el Instituto “Victoria de Girón”, frente a profesores con décadas de experiencia en su asignatura, sino frente a una computadora en un Policlínico municipal frente a profesores que se estrenaban como tal. Luego durante el resto de la etapa de formación clínica el estudiante apenas asistiría dos veces a la semana al hospital. Llegado a su sexto año pasaría su etapa de internado, decisiva en la consolidación de los conocimientos del futuro egresado, cubriendo el trabajo asistencial en un consultorio médico sustituyendo a algún médico que estaría de Misión Médica en el extranjero. Ya graduado, este joven podrá terminar la especialidad de Medicina General Integral (M.G.I.) en sólo 2 años, cuando con el método tradicional antes del año 2000 se hacía en un total de 4 años. Incluso, por ir más lejos, este Residente en M.G.I. podrá hacer junto a esta una segunda, así llamada, “especialidad paralela”, por ejemplo Oftalmología y se graduará de ambas especialidades a la vez en sólo dos años, aunque pueden encontrarse combinaciones “paralelas” tan pintorescas como hacer a la par Medicina Intensiva y Anestesiología. Los estudiantes de las diferentes tecnologías de la Salud, una vez superado su primer semestre y sin terminar el primer año de su formación, han sido enviados a alguna de estas decenas Misiones Médicas en países del tercer mundo que, por cierto, le han reportado al gobierno cubano durante los últimos años decenas de miles de millones de constantes y sonantes dólares.
Artemisa, Provincia La Habana. Octubre de 2010.

PD. Publicado en Internet por Alfredo Felipe Valdés, antes de partir al exilio en España junto a su familia, como parte de lo que llamó Informe Cuba.

Primum non nocere.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Primum non nosere”. Por esos caprichos de la memoria amanecí recordando, como dicha hoy, esta frase escuchada en septiembre de 1988 de mi primer profesor, en la primera conferencia de mi carrera de Medicina, en aquel espacioso teatro del Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas “Victoria de Girón”. “Lo primero es no hacer daño”, rezan aquellas palabras en latín. Sentado junto a desconocidos que terminarían siendo entrañables amigos, me fue develado este primogénito principio que compulsa al médico, llegado el caso de no poder remediar algún sufrimiento humano, al menos a no agravarlo.
Le agradezco a la Medicina los profundos cambios que ha obrado en mí. Porque algo cambia definitivamente dentro del hombre que pasa de conocerse a sí mismo de forma abstracta al conocimiento concreto de su cuerpo y de su psiquis; entonces este hombre toma conciencia al fin de su pequeñez y comienza a valorar en su verdadera dimensión ese milagro inexplicable que es la vida. De ahí que esta ciencia deba practicarse con toda la humildad posible, porque un médico no es más que eso: un hombre que camina algunas veces entre luces, otras entre sombras, a través de esa línea caprichosa y sutil que separa la vida de la muerte, cargando con sus humanas dudas y temores ante un paciente esperanzado que no debe percatarse de ello.
La Medicina termina humanizando profundamente a quien con devoción la ejerce, y cuando esto sucede ya nunca más se vuelve a ser el mismo. Una vez formado, un médico no será capaz de ver algún ingenio humano sin desear saber cómo funciona; en todo lo que observe buscará su mecanismo íntimo, la semilla de su germen y destino, sus causas y futuras consecuencias. Adicto al conocimiento, le incomodará no comprender algún fenómeno y le consumirá la curiosidad mientras no llegue, si le está dado, a descifrarlo. Terminará siendo este razonar un hábito que no logra evadir aquel que pone más fe en su razón que en sus sentidos pues, acostumbrado a descubrir un tumor por sus señales sin llegar a verlo, termina por intuir en todo hecho el fenómeno esencial detrás de la apariencia.
A ese estado de gracia se llega luego de mucho bregar a través de enormes sacrificios. Por eso vivo con orgullo de ser médico y no logro aceptar que en mi país se irrespete a quienes nos dedicamos a tan venerable profesión. Capaces de destinar, por ejemplo, $ 1500.00 pesos al salario de un policía patrullero – sector presupuestado, que genera sólo gastos – nuestros gobernantes, paradójicamente, no encuentran recursos para atender con respeto a un sector que ha generado un promedio de 8000 millones de dólares anuales durante la última década y así, en el momento de ser inhabilitado, me pagaban $ 573.00 pesos (unos $ 23.00 USD) por todo un mes de trabajo. Se infiere entonces que nuestro gobierno estima tres veces más importante el trabajo de quien reprime al hombre que el trabajo de quien lo sana y lo salva y ya esto lo dice todo. Pero si un día la vida me colocara frente al oficial de la patrulla, y en una trifulca resultáramos heridos los dos, exigiría a mis colegas que le atendieran antes que a mí, o lo curaría yo mismo, porque si su naturaleza le ordena reprimir y golpear, la mía, opuesta por esencia, me ordena aliviar tanto dolor humano como sea posible y de este modo ambos terminaríamos siendo consecuentes con nuestro destino sobre la tierra.
Si ya es bastante grave que a pesar de nuestra consagración se nos someta a la pobreza, más grave aún es que intentemos hablar sobre ella y el poder se ofenda hasta el punto de castigarnos, lo cual es más oneroso que el hecho en sí. En Cuba también deberían seguir los poderosos aquella máxima, primum non nosere, pero embebidos de soberbia como están, siempre eligen en lugar del remedio oportuno, la brutalidad.
Cada cual a su destino; sólo se denigran ellos mismos cuando intentan sojuzgarnos, pero yo sólo siento orgullo por la profesión que amo; mi bella profesión, que para definirla deberían bastar estas palabras del Dr. Félix Lorenzo, médico aún recordado con respeto en Guanajay, pueblo del que me siento hijo, cuando decía en sus apuntes: “Sólo nos anima sentirnos inspirados en el noble afán de que se conserven íntegras aquellas preciadas doctrinas e íntegros los respetos que siempre nos fueron dispensados, sin dudas, porque el médico es el que más se acerca al sentimiento y al dolor del que siente su salud quebrantada, y al amparo de su ciencia y su presencia las energías del enfermo se acrecientan y fortalecen hasta el momento mismo en que la vida se apaga, cuando toda su devoción se concentra en la musitación de una plegaria, sus esperanzas parecen desvanecerse y en la concepción de sus imágenes, confusas por la presencia de la muerte, le parece descubrir entre las sombras que ya le rodean, la figura de su ángel salvador encarnada en la presencia de un semejante, la del médico, que allí está para reanimarle y para ayudarle a calmar su angustia y desesperación mientras anime su organismo un átomo de vida…

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Hace unos días fui llamado a cubrir una fiesta de cumpleaños como fotógrafo. Divertido con las travesuras de la payasita y distraído entre el vestuario y su pintoresco maquillaje, sólo pasado un rato advertí los rasgos conocidos de su rostro. Resultó que la graciosa payasita era mi colega artemiseña, la Dra. Anisia Armas, madre de un niño pequeño y graduada hace más de siete años.

Ya el lector de este blog debe saber que estoy de “receso obligatorio” desde 2006 debido a esta larga historia que me lanzó a abrir “Ciudadano Cero”. Pudiera pensar: ¡que tipo para la mala suerte…! ¡Ahora tendrá que vivir sólo de sus fotos…! Pero hace unos días sucede esto, y me confirma que nunca estuve ni remotamente solo en esta carrera “paraprofesional”, por llamar de algún modo a ese casi obligatorio oficio de que nos valemos aquí los profesionales de la Salud Pública para sustentar a nuestras familias y que, según un jocoso chiste, siendo la fuente real de nuestro sustento pasa a ser la verdadera “profesión”, mientras la Medicina pasa a ser el “hobby”.

En mi caso personal es la Fotografía, pero he conocido además médicos, estomatólogos, enfermeros y técnicos de todas las especialidades y desde recién graduados hasta trabajadores con más de 30 años de servicio, trabajando en su tiempo libre en todos los oficios posibles: como zapateros, panaderos, dulceros, carpinteros, albañiles, planchadoras, costureras, vendedores ambulantes de leche en polvo, jamón, huevos o haciendo yogurt, pizzas, queso… en fin, inventándose la saga de las mil y una noches para sobrevivir en la jungla del mercado negro, porque su salario no les alcanza ni para mal comer.

Mi amiga – por cierto, firmante junto a su esposo del documento enviado al ministro en 2005 – para no convertir sus privaciones en resentimientos, para no lamentarse en vano ante su pequeño solícito de atención y comida, optó, como miles de nuestros profesionales de la salud, por una segunda opción. En su caso decidió vivir de la alegría de los niños – bella manera de vivir – y de sus fiestas, del júbilo de criaturas que como el suyo le regalan esa sonrisa limpia que le alivia el alma. La inocencia y el regocijo de los niños la devuelven a su casa después de la función – estoy seguro, doctora – cansada del cuerpo pero sosegada de espíritu, consolada por el pan de hoy ganado honradamente sin mendigar a nadie y sin tener que comerciar su orgullo y su dignidad a cambio de nada.

Epitafio.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Las abandonó la primavera. Ya no acuden a fecundar los pájaros que antaño anidaban en sus limpios capiteles, y aquellas palomas blancas que un día se posaron en sus hombros no regresaron nunca después que su esquina comenzó a oler a rancio, a mugre descompuesta, descargada por mareas grises que traían de lejanos horizontes barcos grabados con hoces y martillos rojos.

Saben que el decursar de los años derrumbó edificios que fueran un día tan sólidos como este y les aterra la idea de perecer hechos arena y polvareda disueltas, sin pena ni gloria, amalgamados en la inmundicia de la calzada. Aquí están los dos viejos pilares viviendo de pasadas glorias, contando los minutos sin saber qué hacer ya con un peso que les queda demasiado arduo, en medio de una avenida cuyo vértigo creció y que ahora los mira indiferente; una avenida áspera habitada por espectros que logran ver al fin, cuando el sol le da de plano, el impuro barro de los cimientos y todo el resquebrajo y el deslustre de hendiduras hasta hace poco inadvertidas. Ahora crece una pátina de hollín donde ostentaban la dorada pintura de los remotos días que no vuelven. Hoy crece a sus pies sólo la hierba marchita mojada por los perros y a su alrededor una alfombra de gorriones muertos.

Ahí están, humilladas por el tiempo, gimiendo contra el suelo calcinado su postrer lamento, el estertor de su ruina, la crepitación de su lento derrumbe. Un remanente de pintura oculta la soledad que destilan hoy sus humanas grietas. Están condenadas a sucumbir en pocos años porque, lo saben bien, no hubo antes ni habrá después de ellas columnata que no sucumba a la intemperie incompasiva algún día impredecible de este mundo. Que lo digan sino las golondrinas que saben de remotas comarcas, que huyeron del sol trepidante que arde y ciega en la calzada; las oscuras golondrinas de alto y doloroso vuelo, que huyeron con rumbo al invierno para olvidar en paz, para no volver a ribetear jamás el cielo rojizo de los atardeceres nuestros.

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