“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública sobre su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Este ha sido un año lluvioso en Cuba, y como para hacer justicia al vigor de esta temporada, en la tarde del pasado sábado en Artemisa llovió a cántaros incluido un concierto de truenos que daba espanto. Una hora después de haber escampado, sobre las 5:00 PM, llegó el invitado que faltaba y se veía venir: el apagón. Lo raro es que la presunta rotura demorara toda una hora, después del último rayo, para entrar en escena. Pasadas las horas, con la medianoche llegaba la terrible certeza: aquella sería una larga jornada, dormiríamos sin corriente eléctrica en medio de este pasmoso verano. No es que fuera la primera vez, ni el fin del mundo ni mucho menos, pero en este país de tímidos avances y graves retrocesos, no pude menos que estremecerme ante la sola idea de que estos apagones nocturnos volvieran a ser paisaje cotidiano.

Aunque si vamos a hablar con justicia se debe reconocer que hace años los apagones, al menos en el mío y los municipios colindantes, dejaron de ser habituales para convertirse prácticamente en noticia, pues la estrategia de lograr mayor autonomía en los territorios mediante la instalación de grupos electrógenos dio, al parecer, los resultados esperados. Hoy el apagón prácticamente llega sólo en caso de rotura y es generalmente breve, pero cuando llega lo hace con la agravante de encontrar a la mayoría de los hogares cubanos esclavizados al servicio eléctrico, pues junto a la sensatez de vendernos equipos eléctricos –debe tratarse de un problema idiosincrático– llegó también la insensatez de retirarnos el servicio de gas licuado, por lo que más de un artemiseño se las vio negras en la tarde-noche de este sábado.

Sin poder evitarlo, mi humor avinagrado por el intenso calor hizo volar los pensamiento atrás en el tiempo y recordé –¡¿cómo olvidarlo?!– aquellas noches de verano de 1993 y 1994, aquellas torturantes noches de vecinos durmiendo en los portales y a la intemperie de las azoteas, a merced de los mosquitos, para huir del sofocante calor. En aquellos días los ¨alumbrones¨ –pues los ¨apagones¨ diarios duraban entre 16 y 20 horas y hasta días enteros– eran, junto a la escases de alimentos y la virtual ausencia de transporte, la evidencia más palpable de que habíamos tocado fondo.

Aunque llegó la mañana, no fue hasta casi el mediodía del domingo, después de 17 horas que parecen demasiadas para reparar una rotura, que se restableció el servicio y suspiré aliviado. Sobre la cocina, como testigos de la involuntaria vigilia, quedaron el resto derretido de las velas y el recuerdo de esta pesadilla de una noche de verano.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Releo la versión en la prensa y queda prendido el diario de notas al pie, cual meditaciones desperdigadas al margen de esta realidad que habito y que tan poco tiene que ver con los discursos. En sus breves palabras durante el pasado acto central conmemorativo al 26 de julio, en Guantánamo, nuestro Presidente Raúl Castro hablaba como de soslayo sobre temas medulares mientras omitía otros por completo, lo cual resulta inexplicable dada la importancia que tienen hoy por hoy y la alta expectativa que generaron desde el momento mismo en que fueran anunciados públicamente por el mismo Raúl que en este momento parece eludirlos.

Habló someramente sobre los salarios, pero lo hizo sólo para dejar claro que a pesar de que son bajos y espurios, por ahora ni en sueños se aumentará un centavo a nadie. El Presidente sabe bien que los maestros y los médicos –en Cuba los eslabones últimos de la cadena alimenticia– ganamos ¨… muy poco…¨, pero un punto y seguido después yerra escandalosamente cuando afirma que ¨… así estamos todos…¨ Habría que indagar en los altos círculos gerenciales, en las firmas y empresas mixtas, en los hoteles y circuitos privilegiados con el manejo en vivo de las divisas convertibles, preguntar a los ladrones legalizados en la Aduana de los aeropuertos cubanos, a las mafias político-financieras que ya acomodaron su botín, a buen resguardo en seguros y discretos bancos extranjeros, a los dirigentes corruptos, a los generales que nunca han carecido absolutamente de nada, indolentes que durante los años más oscuros del período especial alimentaban con buena carne a sus perros mientras mis padres hacían una única y frugal comida al día con sopa de arroz y pan. Habría que pedirle a mi Presidente que indague a ver cuál de estos tipos intenta alimentar, vestir, calzar y educar a su familia e hijos con un salario como el mío, equivalente a $25.oo USD mensuales. Definitivamente, así no estamos todos y sería muy bueno que mi Presidente, si no lo sabe, por fin se entere.

El Presidente Raúl esta vez eludió completamente mencionar temas trascendentales para nuestro pueblo, como la anunciada ¨actualización¨ de la política migratoria del país, o el muy necesario acceso libre a Internet ¿cuándo se nos concederá?, ¿en qué consistirán las también anunciadas reformas constitucionales a realizarse próximamente o en qué momento están?, ¿en qué derivaron por fin las investigaciones que develaron –según palabras usadas por él mismo al referirse a la malversación en las altas finanzas– varios escandalosos casos de ¨delitos de cuello blanco¨?

Son preguntas que de momento mi Presidente dejó sin respuesta. Esto no hace otra cosa que estimular la imaginación de la gente en la calle, que en ausencia de seriedad en la prensa oficial cubana para informar claramente o para denunciar algo aunque sea un secreto a voces, no puede hacer otra cosa que especular y formar rumores, lo cual termina siendo más nocivo para todos. Mientras tanto, hoy quedan estas notas al pie, esperando con paciencia a ver si en el próximo discurso se devela alguno de estos misterios; después de todo terminé acostumbrándome a que en este país los cambios se produzcan ¨… sin prisa… poco a poco, poco a poco¨.

Ver: Carta a Raúl Castro.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

No por emprenderla contra Granma pero sucede que es la única publicación a que estoy suscrito y yo, como millones de cubanos, tampoco dispongo de Internet de modo que aquí va mi desquite. No pude evitar leer en la sección de internacionales de su edición del pasado 6 de julio el lamentable modo en que la Agencia Prensa Latina se anota otra pifia, esta vez mediante declaraciones de su presidente Luis Enrique González, quien en medio de una cumbre mundial sobre medios de difusión acaba de afirmar que en Cuba ¨… más del 30% de la población tiene acceso a Internet, y otro 30 a las nuevas tecnologías, a través de servicios sociales que existen ahora en la red de redes

No salgo de mi asombro con tipos como Luis Enrique, que al decir esto mienten públicamente del modo más burdo. Al escuchar esto cualquiera supondría que Cuba tiene una tasa de conectividad comparable a cualquier otro país del área, cuando la realidad es bien diferente. Este señor sabe que las autoridades políticas y de gobierno cubanas han hecho hasta ahora todo cuanto humanamente les ha sido posible por mantener a su pueblo en el más absoluto oscurantismo cibernético; que en mi país sólo acceden a Internet unos cuantos privilegiados, y esto, con la amenazante daga de la censura amenazando con defenestrar al temerario que se atreva a colocar cualquier comentario ¨inapropiado¨, pues un partido que todo lo fiscaliza, no iba a hacer la excepción precisamente con algo tan estratégico como la información.

Si los selectos periodistas, rancios panelistas de mesas redondas, directores gerenciales y de firmas extranjeras, personal diplomático, altos funcionarios o excepcionales figuras públicas afines ideológicamente con el Gobierno cubano a los que este les permite conectarse desde su casa, o bien los estudiantes que conforman las patéticas brigadas de respuesta cibernéticas desde la UCI llegan a contabilizar ese 30%, eso sería una estadística que este cubano duda muchísimo, pero siempre habrá que tomar en cuenta, no obstante, que para mantenerse on line la condición sino cuo non siempre será la sumisión absoluta a lo normado por los inquisidores.

Espero que el Señor Director de Prensa Latina, cuando habla del otro 30% que tiene ¨acceso¨ a las nuevas tecnologías, no se esté refiriendo a la declinante red de ¨Joven Clubs¨ o a las mal llamadas ¨salas de navegación¨ existentes en algunas oficinas municipales de correo, lugares desde lo que, con mucha suerte, se puede apenas revisar un Email y a donde inexorablemente llega también el ojo revisor del partido, y llegado el caso, de la policía política, lo cual no es secreto para nadie. Igual espero que tampoco se refiera a ese más selecto aún sector que tiene la holgura económica necesaria para pagar en un hotel la extorsiva tarifa de entre 6.00 y 12.00 CUC por hora de conexión (entre $6.60 y $13.20 USD, o sea, de $150.00 a $300.00 pesos de un salario de $400.00 pesos mensuales) fijada por la Resolución No. 146/2012 del pasado 27 de abril, que establece el Ministerio de Finanzas y Precios para nuestro trabajador, todo lo cual movería a la risa si no se tratara de un asunto tan serio.

Independientemente de lo que afirme este obnubilado director sí sé algo muy concreto: será por pura fatalidad ¿? pero no conozco a un solo médico cubano de todo mi círculo de relaciones que se conecte a Internet, ni a uno sólo de mis vecinos en muchas calles a la redonda, ni uno sólo de mis familiares, ningún amigo, que lo haga libremente desde su casa e igual me pasa a mí y a cada blogger que conozco.

Este asunto no admite más vuelta de hoja: el Gobierno cubano mantiene a su pueblo privado deliberadamente del acceso a Internet porque le teme al libre flujo de información y necesita imperiosamente mantener el más absoluto monopolio sobre ésta para conservar su poder sin sobresaltos. Más de una vez lo he dicho: mantengo la más absoluta certeza de que si el poder en La Habana lo considerara conveniente para conservar su status, nuestro pueblo accediera a la red por encima de cualquier obstáculo económico o político, incluyendo el embargo estadounidense. Por todo esto le sugeriría al Señor Luis Enrique, todo un profesional de la prensa, que al menos aprenda a mentir con más sutileza por el bien de la flamante agencia que representa.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Después de la huelga de hambre que protagonizara el pasado mes de marzo, que derivó en nuestra habilitación para el ejercicio de la Medicina, nuevamente ejerzo mi profesión en Guanajay desde el 7 de mayo. Ahora bien, a más de 2 meses de haber comenzado a trabajar aún persisten un par de cabos sueltos: si bien es cierto que se nos restituyó todo el salario dejado de percibir durante aquellos 66 meses y se me permitirá reanudar desde tercer año mi especialidad en Medicina Interna a partir de septiembre, también es muy cierto que todavía no existe constancia alguna en nuestro expediente laboral de que se nos pagó aquella suma y de lo cual se deriva que estos 5 años y medio se contemplan como trabajados, que fue lo que se nos comunicó se haría y lo legalmente estipulado en el Decreto Ley 268-2009 (Modificativo del régimen laboral) en su Capítulo V.

Igualmente este Decreto Ley establece que en caso de ser revocada una sanción administrativa injusta, el trabajador que sufrió dicho prejuicio debe ser públicamente vindicado ante la asamblea de asociados de su centro de trabajo y esto es, en nuestro caso, una reunión igualmente convocada por la administración, el partido y el sindicato, tan pública como aquellas que se realizaron en 2006 para vilipendiarnos gratuitamente, donde se exponga por qué fue un error habernos sancionado y por qué se decidió ahora revocar aquel fallo. Esta reunión, aún no convocada –que no tiene que derivar en el Harakiri de nadie pues, en lo particular, no lo necesito– me encontraría más maduro que entonces y también creo, espero, un poco más sabio, por lo que nadie debe esperar que de esta boca salte una sola palabra manchada de odio o resentimiento, pero creo que esto sería un ejercicio muy saludable para todos y hablaría más a las claras sobre la verdadera posición de las entidades políticas ante este caso.

Una reunión de este tipo, realizada con mis compañeros en un clima de sosegado respeto, diría mucho sobre la tolerancia que hoy propugna públicamente nuestro gobierno, pero un gesto en cualquier otro sentido no haría más que denunciar exactamente lo contrario, pues la falta de humildad para reconocer los errores ha sido uno de sus grandes lastres y esto dejaría abierta la puerta para que historias como la nuestra se repitan una y otra vez en cualquier momento y lugar de esta islita nuestra. Este sería un acto que nos vindicaría a todos. Mientras este momento llega Ciudadano Cero, con paciencia, espera.

Este mundo alucinante.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

El diario Granma, en su edición del 22 de junio y bajo el título “ONU destaca desempeño de Cuba en materia de libertad de reunión”, publica un reporte de Prensa Latina que refleja que Cuba expresó “… su satisfacción por haber sido mencionada como ejemplo de buenas prácticas en materia de libertad de reunión y asociación pacíficas en el informe del Relator de Derechos Humanos de la ONU en esa materia, Maina Kivi.” Según Granma, el delegado cubano Juan Antonio Quintanilla añadió que “… en nuestro país existen amplias libertades para el ejercicio de este derecho, lo cual se ejemplifica en la existencia de más de 2200 organizaciones no gubernamentales en las más diversas esferas.”

Que lo afirme aquel relator, que puede haber escrito su informe en una confortable oficina de Ginebra o bajo alguna fresca arboleda de Central Park, se comprende. Después de todo la ONU ya nos tiene acostumbrados a estos deslices, y así más de un informe o alguna que otra resolución dictada en sus asépticos estrados no merecieron mejor suerte que convertirse en papel higiénico. Después de todo, no es la primera vez que se le ve hacer la vista gorda ante situaciones similares. Por esto no sorprende que el relator ahora divague cuanto desee sobre el tema Cuba-libertad de asociación, pero escuchar lo mismo de boca de un cubano siempre causa una dosis variable de estupor.

Aunque para no pecar de injustos, se debe tomar en cuenta que la vida de un funcionario de nuestro emblemático MINREX, en medio de viajes y misiones diplomáticas, puede llegar a ser tan agitada que es posible que el Señor Quintanilla no esté informado sobre la suerte corrida por más de un opositor cubano cuando ha deseado hacer patente su derecho a asociarse libremente, o tal vez no habrá escuchado nada sobre esas turbas que golpean a damas que se defienden con frágiles gladiolos, o sobre los escandalosos mítines de repudio organizados por el partido y la seguridad del estado ante –y hasta dentro– del hogar de muchos disidentes cubanos.

Es cierto que aquí no existe un movimiento visible de indignados como los que menciona el delegado cubano cuando se refiere a los apostados en Wall Street o a través de Europa y que han sido presa de aquellas oleadas represivas, de las cuales sabemos, dicho sea de paso, gracias a los reportes de la prensa de sus mismos países. Pero lo que bien sabe y oculta este delegado cubano es que aquí se resuelve el asunto de un modo mucho más pragmático y simple: si Usted pretende armar un lío semejante sencillamente será detenido en la puerta misma de su casa, no se le permitirá salir a la calle y encima tendrá que soportar que le digan que esto es para protegerlo a Usted de la ira del “pueblo enardecido”.

En cuanto a las miles de ONGs mencionadas en el comentario de Quintanilla, bastará una rápida ojeada para advertir que todas tienen un elemento en común: ninguna tendrá un perfil político, ninguna, ni por asomo, tiene entre sus propósitos cuestionar de ningún modo al sistema de gobierno regente en Cuba. A estas alturas muy pocos enajenados se atreverían a negar que la verdadera sociedad civil cubana existe en forma semiclandestina y no es reconocida oficialmente por nuestro gobierno que continúa negado a establecer cualquier tipo de diálogo. El perfil de todas y cada una de esas “ONG” ha sido diseñado a priori y finalmente aprobado con el visto bueno del Partido Comunista, que desestimará cada propuesta incómoda. Como se comprenderá, hablar así de libertad de asociación y de una auténtica sociedad civil que goza de “… amplias libertades para el ejercicio de este derecho…” en este país de un solo partido, es alucinante.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Conversando hace unos meses con un amigo la polémica giró alrededor de las antológicas prohibiciones mantenidas por nuestro gobierno contra toda sensatez y que perjudican directamente al pueblo cubano. Entonces mi amigo sostenía que la última que sería levantada, a su juicio, sería la prohibición de viajar, pero yo sostuve entonces, y aún lo creo, que la última carta de la baraja que cederán será el libre acceso a Internet.

El estricto control mantenido durante la etapa revolucionaria sobre toda suerte de información, la férrea censura sobre todo tipo de prensa y el monopolio absoluto propugnado contra todas las banderas sobre cuanta emisora, editorial, poligráfico, concurso, revista, diario o folletín vieran la luz bajo este cielo, y finalmente la más reciente odisea sufrida por el fantasmal cable de fibra óptica lanzado desde Venezuela, sobre el que se ha cernido un denso manto de misterio –tema oficialmente excluido de nuestra prensa– son elementos que me convencen de esto.

El derecho a acceder libremente a información sin censura se encuentra entre los más inherentes a la libertad del hombre moderno y oponerse a ello es algo así como una confesión de culpabilidad de que un poder retrógrado se opone a las normas más elementales de la democracia. En el caso de Internet, eso de pulsar una tecla en la mañana y aún en pijamas tener ante tus ojos cuanta publicación haya sido lanzada en el mundo –un lujo impensable dentro de Cuba para el cubano promedio– es un asunto muy serio.

No caeré en la ingenuidad de afirmar que en el ciberespacio todo es color rosa y que reina la transparencia absoluta, libre de las impurezas de la prensa tendenciosa, pero sí es innegable que éste, como nunca antes, ofrece oportunidades a la sociedad civil para difundir verdades a contrapelo de los intereses de los poderes constituidos. Ahí quedan ejemplos como Twitter y Wikileaks para confirmarlo.

La censura sobre Internet se ha instituido en una de las joyas de la corona en lo que a limitación de nuestras libertades respecta. Oponerse ya en la segunda década del siglo XXI a lo que ha sido una de las creaciones más ingeniosas del hombre, la que ha devenido como ninguna otra en depositaria de su conocimiento y espiritualidad, es simple y llanamente un crimen. Es un deber del pueblo cubano exigir incansablemente este derecho porque desde el minuto exacto en que sea conquistado seremos mucho más libres.

Aunque al final la labor de censura sigue rindiendo sus frutos. Durante las últimas semanas he tenido, y tendré en las venideras, serias dificultades para actualizar mi página. Ciudadano Cero, como otros blogs, entrará en un breve silencio involuntario, todo por no contar con un sitio donde conectarnos. Esto me hace repetirme una vez más la gran pregunta: si el gobierno cubano dice estar en posesión de la verdad absoluta, entonces… ¿a qué le teme? Si la gran prensa mundial publica en la red sus versiones, que la nuestra, tan “ética y objetiva”, publique las suyas. Sucede que soy adulto, universitario y sé leer, quiero acceder a ambas con mis propios ojos y no le encuentro sentido, ya me satura, que un locutor del Noticiero Nacional se tome por mí la molestia de hacerlo.

Ver: La ciberguerra y la censura.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

En mi pasado post hablaba sobre el tema migratorio, pero no mencionaba entonces lo que considero su peor secuela, que es la falta de identidad de algunos que parten. Sin pretender, como en todo asunto humano, que todos transitan los mismos derroteros pues cada persona es un mundo, sí he visto con dolor como una parte nada desdeñable de los que emigran lo hacen renegando de todo cuanto aquí dejaron; confunden la cáscara con el boniato y lo mezclan todo en un entuerto de maldiciones y blasfemias que confina al mismo fardo La bayamesa, el chivato del barrio, el son de Matamoros, la cola del pan, el Himno Nacional y Los zapaticos de rosa.

Aunque dependiendo de su personalidad y cultura, con demasiada frecuencia quien parte y regresa en cuestión de pocos meses, ya trae en la valija un acento extranjero más auténtico que el de los nativos que allá dejó, en un patético intento de dejar constancia de su nuevo swing, y muchas veces junto al mal gusto de las gruesas cadenas doradas –no pocas veces alquiladas para la ocasión– muestran con ridícula jactancia todo un despliegue de artificios que clama a gritos esa vergüenza por su pasado.

Todo aquí parece consecuencia de lo que en uno de mis recurrentes talleres mentales he terminado llamando “psicología de la prisión”, y así veo las cosas, que quien se halla así confinado, o sea en prisión, saca rápidamente dos ineludibles conclusiones: la primera, que está ante un poder inmutable que establece rígidas y amenazantes normas que lo sobrepasan hasta límites insuperables, normas que tendrá que acatar sin remedio y que de nada valdría cuestionar; la segunda conclusión, que ante una realidad así sólo resta, como único recurso, huir. Y es siguiendo esta lógica de pensamiento que el ciudadano promedio en Cuba, para evadirse de esta crudísima realidad que mal vive casi siempre posa su mirada sobre el horizonte.

Hasta aquí todo pareciera razonable, pues pretender ampliar nuestros horizontes o mejorar nuestro nivel de vida es algo más que natural. Precisamente esto convirtió al hombre en lo que es hoy. Fue este ir y venir de vivencias y mercaderías, y nunca el enclaustramiento dentro de límites geográficos locales, lo que impulsó a la prosperidad a las grandes culturas. Pero de esto a tomarse la Coca Cola del olvido y hacer un batido desechable con todo lo que huela a cubano, va una abismal diferencia.

Todos los grandes hombres han tenido como norma –habiendo pocas excepciones al estilo de nuestro Lezama– el saludable hábito de viajar. Es cierto que cada cual tiene derecho a constituir su propio concepto de patria y a cargar con ella a su modo donde quiera que esté, pero no es más que esa nostalgia por todo lo bello y loable que aquí dejó, ese sano orgullo por lo más genuino de esta Cuba, atesorado en pudoroso silencio en lo más tibio del pecho, lo que distingue sustancialmente a este cubano de aquel; hablo de esa Cuba que nos pertenece a todos, que será siempre nuestra donde pongamos el pie, una Cuba que no gusta de consignas ni de colores políticos salvo los de su bandera, por la que vive y muere, donde quiera que esté, un buen cubano. Se trata, en esencia, de discernir entre la caricatura y la patria.

Aunque vivo orgulloso de esto, igual agonizo cuando veo una considerable parte de nuestra juventud –¿algunos, la media, la mayoría?– que fija sus ojos en otras latitudes por sentir que no tendrá aquí la más mínima oportunidad de labrarse un futuro. Esto lastima por ser sintomático de graves males acumulados por décadas y que no parecen, al menos hasta el sol de hoy, con solución a corto o mediano plazo. La suerte corrida por decenas de miles de jóvenes que hace unos años formaron parte del ejército de trabajadores sociales y que terminaron embaucados en todo el país cuando terminó la sustitución de ollas y bombillos –luego derivados hacia las filas de la PNR o del DTI– o la suspensión masiva de sus carreras, hace un par de cursos y sin mediar muchas explicaciones, de la mayoría de los estudiantes que habían vencido hasta tercer año tecnologías de la salud pública, son elocuentes ejemplos de cómo la mala planificación y el mal cálculo de las necesidades del país han frustrado a generaciones de jóvenes.

A consecuencia de esto vemos a no pocos cubanos hurgando su árbol genealógico para resucitar algún ancestro canario, pero que de no lograr la ciudadanía española, de repente les da igual italiana, irlandesa, panameña o marciana, “… les da lo mismo Tokio, Barcelona que Moscú…”, cualquier cosa para cambiar su status “maldito” de ciudadanos cubanos –el asunto es huir a como dé lugar– pues terminaron considerándolo una desgracia y una vergüenza gracias a políticas seguidas por nuestro gobierno que privan a sus ciudadanos de derechos.

Reconozco que esta falta de identidad puede no ser privativa de quien parte, sino igual de quien se queda, aunque viva en la Rampa habanera, si en su corazón ya renegó de todo lo nuestro. Aquí no pretendo juzgar, pues cada cual cargará con sus razones. También me cuento entre los que piensan que patria es humanidad y después de todo, ya lo cantó el poeta, se hace camino al andar, pero sí me lamento y me duelo de que aquellos, cuando parten, lo hagan sin desearse cubanos porque creo que este terruño bello y sufrido tiene en sus días pasados y presentes suficiente gloria para ser honrada por todos sus hijos. En todo esto deben pensar nuestros gobernantes a la hora de instrumentar las anunciadas reformas migratorias. Ojalá que lo que ha sido hasta hoy un doloroso estigma sea mañana fuente de prosperidad para la patria de todos.

Ábrete sésamo…

Por: Jeovany Jimenez Vega.

El viernes 20 de abril Ricardo Alarcón, Presidente del Parlamento cubano, en una entrevista con el diario digital World, del Huffingtonpost.com, reafirmó lo anunciado el año pasado por Raúl Castro: que Cuba pondrá en marcha “… una reforma migratoria radical y profunda en los próximos meses…” que eliminará restricciones que hemos tenido durante décadas los cubanos para viajar al exterior. Recordemos que hasta ahora para viajar al extranjero, los cubanos requieren un permiso de salida –al extorsivo costo de 150 dólares en el caso de EE.UU., por ejemplo– que se otorga por 30 días, prorrogable por 10 veces, luego de lo cual deben regresar o pierden el derecho a residir en su país.

Vigentes desde los albores del proceso revolucionario, las restricciones impuestas sobre los viajes de los cubanos hacia y desde el extranjero, han devenido en uno de los más graves estigmas arrastrados por este gobierno. Esta abusiva política ha sido la responsable de una incalculable dosis de sufrimiento para nuestro pueblo, pues ha separado durante décadas, y hasta definitivamente, a miles de familias.

Alarcón además asegura que “… existe también otra explicación a esas restricciones: la necesidad de proteger nuestro capital humano. La formación de médicos, técnicos, profesores, etc., cuesta muy caro al Estado cubano y Estados Unidos lo hace todo para privarnos de estas riquezas humanas”. Sustentada en la necesidad de evitar la fuga de cerebros, entre otros argumentos, esta política nos ha privado sistemáticamente de uno de los derechos más elementales del hombre: el derecho a su libre movimiento y a elegir dónde desea vivir. Pero a la hora de resolver este asunto, a nuestro gobierno le pareció mucho más simple retener por la fuerza a los profesionales que garantizarles un modo de sustento digno y esto, en términos médicos, sería el equivalente a amputarle el miembro a un paciente aquejado de linfangitis con lo cual es cierto, independientemente de las consecuencias, se “resolvería” su problema.

Alarcón dijo que la reforma favorecerá también a los cubanos emigrados que necesitan hasta hoy un permiso de ingreso, quienes no tienen ahora el mismo “perfil” que los que se marcharon en los primeros años. “Las cosas han cambiado mucho (…). Cerca de medio millón de cubanos instalados fuera de nuestras fronteras nos visitan cada año. La inmensa mayoría de la emigración cubana tiene una relación normal con su patria de origen…”, cuando nunca ha sido ni remotamente normal, sin embargo, la relación del Estado cubano con respecto a esa emigración. En cuanto al “perfil” de esos emigrados, el señor Alarcón sabe que eso cambió definitivamente después de aquella oleada del primer lustro revolucionario, constituida mayoritariamente por exbatistianos y oligarcas. Ya en tiempos de Camarioca, de los marielitos y del maleconazo de 1994, hacía mucho que la emigración cubana había sido suplantada por una maza como norma más joven, desesperada por haber perdido todas las expectativas en su país.

Alarcón también afirmó que “… la cuestión migratoria (…) siempre se ha usado como un arma de desestabilización contra Cuba desde 1959 y como un elemento de distorsión de la realidad cubana…”, y lo dice como si todo se tratara de un montaje más orquestado por los tanques pensantes yanquis, como si no fuera esta una auténtica aberración perpetrada sistemática y masivamente durante medio siglo por el Gobierno cubano contra la voluntad y el interés de su pueblo.

En este punto algunas preguntas se imponen: ¿por qué precisamente ahora y hasta dónde se atreverán a llegar? En círculos habaneros de pensamiento cuya opinión he podido sondear, se comenta que estas medidas pudieran estar orientadas previsoramente a abrir las puertas a una emigración cubana que hasta ahora se ha visto antinaturalmente excluida de invertir en su propio país de origen debido a la absurda política seguida por nuestro gobierno, que durante décadas ha preferido negociar con inversores extranjeros antes que ofrecer alguna oportunidad a sus propios emigrados ni a sus descendientes. Esta postura presumiblemente refleja un profundo temor a la influencia que pudieran ir ganando éstos dentro del entorno político interno. Si esto es o no consecuencia de la incertidumbre que hoy se cierne ante un Hugo Chávez cuya salud se percibe quebrantada a apenas unos meses de las inminentes elecciones venezolanas –pues perder este apoyo ahora sería letal– ya eso estará por ver, pero lo que sí no ofrecería demasiadas dudas es que esa emigración, aunque ávida de invertir en Cuba, pero con el traumático recuerdo de las expropiaciones del pasado, pudiera estar exigiendo una serie de garantías jurídicas que hagan segura esta vez sus inversiones, ante lo cual se impondría, primero que todo, cambiar radicalmente un status migratorio que hasta hoy les ha excluido por completo como ciudadanos cubanos.

Otra cara de la moneda convierte este momento en el más “oportuno” –para el Gobierno cubano– a la hora de tomar esta decisión, pues en caso de que al fin se decida a abrir las puertas de par en par, entonces serían las embajadas en La Habana las que posiblemente cierren las suyas y se muestren más reacias a expedir sus visados, amén de que acto seguido el Gobierno estadounidense derogaría la controvertida Ley de Ajuste Cubano. Aún así, quienes logren viajar finalmente, encontrarían en la mayoría de sus destinos un mundo sumido en la peor crisis económica desde el crack del 29 y que no ofrece en este momento demasiadas oportunidades a ningún recién llegado. Si a esto se le suma que a quien parte ya no le es confiscada su casa y puede dejar aquí hogar, familia e intereses concretos a los que regresar cando desee, entonces me atrevería a vaticinar que una vez producida una primera oleada de emigrados todo se estabilizaría en pocos años; en cambio las remesas aumentarían y la economía se oxigenaría considerablemente –en este sentido las inversiones de los emigrados, en caso de autorizarse, serían determinantes– y comenzaría este país a fluir de un modo mucho más natural.

Ahora bien, ¿hasta dónde se atreverán a llegar? ¿Se estará pensando ciertamente en grande o todo quedará entre medias tintas y cortapisas? Para que una reforma migratoria esté en hoy a la altura de lo que necesita el pueblo cubano, tienen que quedar atrás todos los rezagos de la política actual. Se impone entonces garantizar de modo inequívoco, mediante un oportuno cuerpo de leyes vinculantes, que todo ciudadano cubano pueda gozar de su derecho irrestricto a salir libremente de su país, e igual a entrar sin condicionamientos de ninguna índole incluidos, por supuesto, los de tipo político, por diferencias de opinión, con lo cual quedarían excluidos únicamente aquellos implicados en actos terroristas o que tengan pendiente cualquier deuda con la justicia, fuera de lo cual absolutamente ningún funcionario se atreva a vulnerar este derecho a un ciudadano cubano, pues sería emplazado jurídicamente ante un Tribunal Popular. Se precisa también, imperiosamente, eliminar para siempre la ominosa figura de “salida definitiva”, un engendro que ha desarraigado a generaciones enteras de cubanos, así como las polémicas “cartas de invitación” y por supuesto, se desprende por su propio peso, el odiadísimo permiso de salida o “carta blanca” que ya no pintaría nada en este entierro.

Pero un punto no puedo dejar de obviarse en este asunto por ser uno de los matices más controvertidos del tema, y es la solución que se le dará al problema de la liberación que están obligados a solicitar los trabajadores de mi sector en caso de desear salir definitiva o temporalmente del país. ¿Cómo olvidar a esos miles de excooperantes del sector de la Salud Pública cubana, que agobiados por un salario espurio y las penosas condiciones de vida, y no encontrando en absoluto otro medio de emigrar, decidieron abandonar alguna misión de trabajo y por eso reciben el sumario status de desertores y son condenados al destierro, no permitiéndoseles entrar a su propio país al menos durante 10 años? ¿Alguien se atrevería a catalogar de normal la relación con estos emigrados ante un tratamiento tan atroz? Sin ninguna duda, se puede asegurar los trabajadores del sector de la Salud Pública cubana hemos recibido el trato más denigrante en esta historia y hoy nuestro gobierno tiene la oportunidad de redimir su postura; esperemos que se obre con sabiduría.

Cualquier salida que en este momento se pretenda dar al asunto migratorio y no contemple de una vez todas las garantías a nuestro derecho de viajar, atentaría contra la libertad del pueblo cubano, y por lo tanto, contra la prosperidad de la patria.

Evolucionamos.

Foto: Orlando L. Pardo.                   Por: Jeovany Jimenez Vega.

Hace unos días un amigo me preguntaba si, en caso de haber realizado la huelga de hambre cinco años antes, nuestro caso habría tenido el mismo desenlace. Sin dudar le respondí que no y acto seguido me detuve a meditar sobre las diferencias, en cuanto a circunstancias políticas internas, entre aquel momento y el actual.

La Cuba de 2007 todavía se enfrentaba a la incertidumbre del traspaso de poder de Fidel a Raúl Castro, lo cual hizo conjeturar dentro y fuera del país sobre la posibilidad de que se produjera un vacío de poder y no dudo que esto hiciera entonces a la Dirección del país más propensa a tomar decisiones extremas; las calles de La Habana aún eran escenario de las marchas de las Damas de Blanco en pos de la libertad de los presos de la Primavera Negra; la blogosfera alternativa cubana no tenía aún la madurez que hoy exhibe; aún no existían iniciativas cívicas como las que emergieron después – la creación de la Asociación Jurídica de Cuba o proyectos como Estado de SATS, por ejemplo – y que imprimieron, con el decursar de estos años, una dinámica diferente al modo en que esta embrionaria sociedad civil se proyecta hacia sus autoridades, y viceversa. En la Cuba de 2007 aún no habían muerto Zapata, Wilfredo Soto, ni Wilmar Villar, no había llegado a su desenlace la huelga de hambre de Coco Fariñas, ni se había lanzado aun al exilio a los reos de aquella causa de 2003.

En el transcurso de estos cinco años, la sociedad cubana ha sufrido transformaciones, unas más evidentes, otras más subterráneas. Igual se han acumulado tensiones producto de la confrontación entre los sectores opositores y un poder que, aunque ha dado algunos pasos en el sentido de “legalizar” algunos trámites de propiedad y ha “flexibilizado” el acceso a la pequeña empresa familiar, sin embargo se resiste a abrir de modo definitivo e incondicional las puertas a los derechos civiles más trascendentales, como la libertad de viajes, el derecho a la libre asociación y el acceso a una prensa objetiva y sin censura, además de que continúa prohibiéndonos acérrimamente el acceso a Internet.

Pero a pesar de los pesares, la sociedad cubana hace mucho dejó de ser aquella campana de cristal aislada del mundo de los 70 y los 80. Sin dudas, ya no es lo mismo. La blogosfera alternativa, apoyada en redes sociales como Twitter, se labró sus propios caminos y hoy es una ventana abierta por donde el mundo mira a esa parte de Cuba que no se asoma a los telediarios; las Damas de Blanco no se detuvieron ante las escandalosas turbas organizadas por el Partido y la Seguridad del Estado; la muerte de Zapata marcó un punto de inflexión, evitó la muerte de Fariñas y fueron finalmente liberados los presos políticos del 2003 y posteriormente de otras causas; las ulteriores muertes de Soto y Villar terminaron atrayendo la atención sobre el tema de la represión en el centro y oriente del país, sin dudas más dramática que hacia el occidente y la capital. A todo esto ha estado atenta una sociedad civil que aún no encuentra sus derroteros definitivos, y que por momentos parece desarticulada por la reiteración de oleadas represivas y la sistemática labor de la contrainteligencia, pero que ha venido representando una tensión latente, una sorda resistencia ante el omnímodo gobierno de Raúl Castro, que por otra parte se ha mostrado algo más pragmático que su predecesor en la conducción económica del país.

En medio de esta agitada dinámica ambas partes van reacomodando sus fuerzas, aprenden sus propias lecciones y van evolucionando cada cual a su modo. La sociedad civil posee hoy mecanismos que rompieron definitivamente con el monopolio informativo que detentaba el Estado décadas atrás y que ahora tienen que ser tenidos en cuenta por éste a la hora de tomar sus decisiones. A esta Cuba compleja llegó recientemente el Papa Benedicto XVI y fue en ese contexto que se produjo el desenlace de nuestro caso después de 5 años de reclamaciones infructuosas. Definitivamente, hechos como este no habrían sucedido nunca en la Cuba de 2007; entonces serían impensables, y esto demuestra que, de algún modo, evolucionamos. En esta espiral dialéctica de contradicciones se está gestando el futuro de Cuba; quizás no al ritmo que necesitamos o deseamos pero, estoy seguro, ya no somos exactamente los mismos, ni de un lado ni del otro.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Han pasado dos semanas de terminada mi huelga de hambre gracias a la sensata decisión del Ministro de Salud Pública Dr. Roberto Morales Ojeda de rehabilitarnos al Dr. Rodolfo Martínez y a quien escribe en el ejercicio de nuestra profesión. Ya con la mente más despejada llegan en tropel los recuerdos, aún frescos, de personas que desde las posiciones más disímiles, con las intenciones más variadas y casi siempre desde la buena fe, intentaron disuadirme de mi propósito de continuar en aquella postura. Lo hacían, estoy convencido, porque me aprecian y consideraban que era algo que no conduciría a nada. Pero algo sí me llamó la atención y me alarmó al punto de compartir esta reflexión con quienes aquí me siguen y es el argumento que mayoritariamente esgrimían: “… deja eso que te van a dejar morir, porque a esta gente no les importa nada, son unos… a los que no les importa que tú mueras…”, entre otras barbaridades irrepetibles aquí, me decían.

Resumida, en esencia, esa era la idea que me transmitía la mayoría de esas personas: que viven profundamente convencidas de estar ante un poder absoluto e inamovible, indolente ante el dolor humano, inmisericorde y capaz de dejarme morir aun enfrentado a la evidencia más absoluta de que era justo lo reclamado por mí. Esos consejos no me a dibujaban a alguien puesto en el gobierno para servir a su pueblo, sino que me perfilaban a monstruos capaces de pasar incluso sobre la vida humana cuando de detentar su poder se trata y que no se detendrían ante nada, sino que llegarían a mentir o matar de ser necesario para lograrlo.

Sin embargo ahora llega una certeza diferente, al menos en nuestro caso: cuando se decidió solucionar el asunto no se dejaba nada en medias tintas, sino que fue reparado todo de golpe incluida la habilitación de ambos, la reincorporación a nuestros originales puestos de trabajo, la remuneración íntegra de los salarios dejados de percibir durante 66 meses, el reconocimiento de ese tiempo como trabajado en los expedientes laborales y la autorización para que yo concluya mi Especialidad en Medicina Interna a partir de su tercer año. O sea, que pareciera que nos regresaron a abril de 2006, y aunque la dosis de sufrimiento personal es irrecuperable y más de un culpable permanece aún impune, es mi deber reconocer que por esta vez, finalmente, se consumó una parte sustancial de la justicia para bien de todos.

Ahora bien, si todo no fue más que una salida inevitable ante la presión que suponía el caso en este contexto concreto – que por supuesto no me es en absoluto ajeno – y todo se resumió a una llana salida táctica, o si se trató de una solución realmente ética debida al convencimiento final de estar ante una auténtica injusticia; si se trató de una cuestión de mero pragmatismo político o si se determinó hacer lo humanamente correcto, esto es algo que sólo saben las personas que colegiaron la solución del asunto, y aunque en lo personal me gustaría mucho pensar que se trata de esta última posibilidad, ya esto es algo que queda por ahora en terreno especulativo.

Eso sí, cierro estas líneas con una invitación a nuestros gobernantes a que mediten profundamente sobre aquellas palabras que no son mías, sino que arriba las transcribo de boca de personas comunes, que reflejan todo un miedo secular a sus autoridades y que deben llamar a una profunda introspección para explicar por qué una parte considerable del pueblo tiene ese concepto tan siniestro de su gestión o de lo que potencialmente son capaces de llegar a hacer para mantenerse en el poder. Ojalá que de ese ejercicio interior brote lo mejor y más humano de cada cual. Será mejor así para continuar siendo consecuentes, de momento, con la fe que debemos tener en el mejoramiento humano.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Debido a la archiconocida imposibilidad de los cubanos para conectarnos a Internet a voluntad – y por no haberme sentido en condiciones durante la primera semana de abril para viajar a La Habana – no es hasta hoy que puedo actualizar mi página. Resulta que al final la censura rinde sus frutos y no me fue posible llevar cada noticia sobre la marcha como la situación demandaba. Pero más vale tarde que nunca y aquí describo los últimos días de mi huelga de hambre, que durara desde el 5 hasta el 31 de marzo, aunque su fin se anunciara oficialmente el 1 de abril, una vez en mis manos la Resolución Ministerial 185.

La última semana de huelga comenzaba con un signo distintivo: el silencio absoluto guardado, después de 21 días, por las autoridades gubernamentales cubanas y del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) con relación al caso y a mi situación de salud – ya en ese momento de conocimiento ampliamente público – y que no haría otra cosa que agravarse durante los siguientes días. Esto provocó que desde el lunes 26 de marzo yo tomara la decisión de presentarme personalmente en la sede del MINSAP al día siguiente a solicitar una entrevista con el Ministro, lo cual anuncié por Twitter y mediante llamadas telefónicas a varios medios de prensa internacionales acreditados en La Habana y al diario Granma, Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba, así como a varios periodistas independientes y bloggers habaneros. Tenía la intención en ese momento, además, de asistir a la misa que oficiaría el Papa Benedicto XVI en La Habana el miércoles 28 de marzo, lo cual también fue debidamente anunciado por Twitter.

Nada de esto llegó a ser pues en la mañana del martes 27, al salir de la Iglesia Católica de Guanajay, donde dormía, fui compulsado a entrar en una ambulancia de los Servicios Médicos del MININT, bajo custodia de un oficial de la Seguridad del Estado y en presencia del Jefe de los Servicios Médicos del MININT en la Provincia de Artemisa, siendo trasladado a una casa de descanso en las afueras del vecino municipio de Caimito, donde se me retuvo contra mi voluntad durante todo ese día y hasta la tarde-noche del miércoles 28. Una vez levantado el vuelo de Benedicto XVI hacia Roma, se me “liberó” en el Cuerpo de Guardia del Hospital “Ciro Redondo”, de Artemisa. Durante todo el tiempo en que la Seguridad del Estado me tuvo bajo custodia, nunca – ni en esta ni en las tentativas anteriores – se ejerció contra mí ningún tipo de violencia física. Se me trató cortésmente, se me ofreció comida, que siempre rechacé, y se permitió la permanencia junto a mí, durante todo ese tiempo, de mi esposa y mi madre siempre que lo quisieron. Eso sí, quedaba retenido allí contra mi voluntad y se me ocupó mientras tanto mi móvil, lo cual me desconectó durante día y medio del mundo exterior.

En la noche del miércoles 28, una vez rehidratado por vía parenteral en el Hospital de Artemisa, regresé por mis medios a Guanajay, donde pasé la noche, pero al mediodía del jueves 29, sintiéndome ya el peso de 24 días de ayuno y a punto de que mi cuerpo claudicara, me convencí de que había llegado la hora de mi ingreso hospitalario por lo que, persuadido por el Dr. Rodolfo y mi esposa, me trasladé hasta el Hospital de Artemisa, donde fui ingresado en el Servicio de Emergencias y se me rehidrató nuevamente, realizándose exámenes complementarios y constatándose una severa cetosis de ayuno. Durante las primeras horas del viernes 30, una caída de la diuresis hizo temer por un compromiso agudo de la función renal, pero no pasó de ahí pues una vez mejorado mi estado de hidratación la diuresis se normalizó.

En la tarde del sábado 31, a los 26 días de ayuno, el MINSAP rompía finalmente el silencio: en horas de la tarde se presentaron en el Servicio de Emergencia del Hospital altos funcionarios del Ministerio que me informaron que ya el Ministro de Salud Pública tenía dispuesto que se nos rehabilitara a ambos y que se me permitiría terminar la Especialidad en Medicina Interna según lo reclamado por mí. Ante las serias garantías ofrecidas, decidí comenzar a ingerir jugos naturales a partir de ese momento, lo cual fue inmediatamente informado por Twitter. En la mañana del domingo 1 de abril, ya estabilizada mi situación metabólica y añorando la compañía de mis niños – sumamente tensos por mi ausencia – decido regresar a mi casa, donde fui visitado en la tarde por los mismos funcionarios del Ministerio de Salud Pública que me entregaron una copia de la Resolución Ministerial 185, emitida el 31 de marzo por el Ministro, Dr. Roberto T. Morales Ojeda, y que me rehabilita para el ejercicio de la Medicina en todo el territorio nacional, lo cual fue dado a conocer a través de Twitter. La noticia que fue amplificada inmediatamente por la blogosfera alternativa de La Habana y alegró a muchas personas que desde muchos lugares seguían los detalles de la historia. Otro twitts publicado unos minutos después daba por concluida oficialmente, desde ese momento, mi huelga de hambre.

El vienes 6 de abril era citado, junto al Dr. Rodolfo, a la Dirección Provincial de Salud de Artemisa, donde el Director del Departamento Jurídico del Ministerio de Salud Pública nos entregaba a ambos la Resolución Ministerial No. 185 y la Resolución Ministerial No. 251, ya oficialmente certificadas, que nos rehabilitan a ambos para el ejercicio de nuestra profesión en todo el territorio nacional. Además se nos pagó íntegramente el salario dejado de percibir durante todo el tiempo que estuvimos inhabilitados (66 meses) correspondiente al último trimestre de 2006, del 2007 a 2011, y al primer trimestre de 2012; incluso en mi caso, al inferirse que en 2006 concluiría sin contratiempos la Residencia, este saldo se me pagó según la escala salarial del Especialista en Medicina Interna y no como Especialista en Medicina General Integral, que aún era mi salario en el momento de ser inhabilitado. Así mismo se nos dio a elegir dónde deseábamos ser ubicados: en Guanajay, respondimos, y se nos comunicó entonces que podríamos comenzar a trabajar, luego de 2 o 3 semanas de rotar por un consultorio médico del área, en el Hospital “José R. Martínez” de ese municipio, donde trabajábamos en el momento de ser inhabilitados. Ese día también se ratificó la decisión de permitírseme reanudar el estudio de mi especialidad en Medicina Interna, desde su tercer año, en cuanto comience en septiembre el próximo curso docente.

Mientras tanto, el Dr. Alfredo Felipe Valdés, mi colega y amigo, exiliado en España, días antes ya me había actualizado sobre las gestiones pendientes con respecto a su título profesional – la tercera de mis demandas – y me informaba que el documento está en Madrid y que ya esto es algo que depende de las autoridades de aquel país. Según el procedimiento establecido para estos casos, esta gestión demorará unos meses más por lo que, de ser así, queda exenta de responsabilidad sobre esta situación la parte cubana.

Una vez pasada la tormenta y mientras me empeño en recuperar lo más rápidamente posible los 12 kg perdidos en la contienda, llega el tiempo de recapitular y meditar sobre lo ocurrido – porque ya esto es algo que bien merece su propio post – para lo cual desde hoy, estimados amigos, quedan invitados.

Entrevista concedida por el Dr. Jeovany Jimenez Vega aPraxis, informativo local de la Iglesia católica de Guanajay,publicada en su última edición.

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Un acontecimiento inédito por la responsabilidad social que ha asumido gran parte del pueblo guanajayense y en especial un sector importante de la Iglesia católica merece unas líneas de su protagonista.

Praxis.- ¿Por qué otra vez una huelga de hambre?

J.J.V.- No comparto la huelga de hambre como método de lucha o denuncia social; lo considero incivilizado pues atenta contra la vida, pero a su vez hay que reconocer que es usado solo cuando es igual de incivilizado el poder que se nos opone. Si en nuestro país imperara un Estado de derecho semejante conducta no fuera necesaria, pero a ella se acude cuando el ciudadano se ve aplastado por un poder que lo sobrepasa, sabiéndose víctima de una injusticia ante la cual agotó completamente cualquier recurso posible para su reparación.

Praxis.- No sabemos si eres cristiano, pero ¿que sientes por este acompañamiento especial de la Iglesia, sacerdote, Obispo, religiosas, laicos, prensa católica? ¿Están mediando en tu reclamación?

J.J.V.- La relación Estado-Iglesia Católica en Cuba hoy es muy compleja y polariza fuertemente las opiniones. Aquí solo me gustaría agradecer las profundas muestras de apoyo que me han mostrado la comunidad católica de Guanajay, el Padre Carreró, las hermanas Escolapias y el Obispo Serpa, preocupados y ocupados en ayudarme, comprometidos en acciones concretas. Igual agradezco al resto de las congregaciones religiosas, también atentos y orando con fe para que todo se resuelva.

Praxis.- ¿Por qué reclamar un trabajo cuyo salario no alcanza para vivir?

J.J.V.- No hay que confundir para nada el poco respeto mostrado por nuestros gobernantes o las autoridades del MINSAP hacia los profesionales del sector, con el amor que sentimos por la profesión a la cual le consagramos nuestra vida. Si este gobierno encuentra recursos para pagarle miles de pesos a otros sectores pero no los encuentra para retribuir a un médico que salva vidas será vergüenza para él. Yo vivo orgulloso de mi profesión.

Praxis.- ¿Has notado rechazo o quizás mucho más apoyo por parte del pueblo a tu reclamación? ¿Te persuade o te reafirma en tu opción?

J.J.V.- Algunas personas pueden opinar sin conocer las interioridades del caso, pero cuando se asoman y descubren la verdad quedan estupefactos. Por lo general, el pueblo de Guanajay sabe bien que está ante una gran injusticia y generalmente me ha mostrado un apoyo palpable y sincero. Me siento hijo de este pueblo. Todo este apoyo me ratifica en mi justo propósito.

Praxis.- Algún mensaje final.

J.J.V.- Sueño con el día en que ningún cubano acepte algo o haga concesión alguna si ésta le cuesta un grano de dignidad. Se trata de poner la dignidad humana por encima de todo.


Por: Jeovany Jimenez Vega.
Hoy se completaron tres semanas de iniciada mi huelga de hambre. El signo distintivo durante estos días ha sido el silencio absoluto guardado por las autoridades del Gobierno cubano y por los funcionarios del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Absolutamente nadie, de ninguna institución gubernamental ni del MINSAP, han hecho ningún pronunciamiento público ni se me ha acercado hasta hoy a preocuparse por mi caso, ni por la huelga de hambre en sí, ni a preguntar siquiera humanamente por mi estado de salud.
Nada de esto me sorprende para nada; de hecho no esperaba otra conducta de instituciones y funcionarios que nos ignoraron durante cinco años pues, de hecho, fueron precisamente ese silencio y esa indolencia institucional las que me trajeron hasta aquí. Más de 70 documentos entregados personalmente en las sedes de las entidades centrales políticas y de gobierno, dejadas sin responder unas tras otras durante cinco años, así lo prueban. Todo esto explica que finalmente optara por la huelga de hambre como último recurso para vindicar nuestros derechos usurpados.
Cada día, durante toda la semana, he recibido llamadas de emisoras radiales de varios países que se mantienen interesadas en el curso de la huelga y difunden la verdad sobre este caso. En la tarde del sábado 24 recibí la visita de Emiliano Bos, periodista italiano acreditado en La Habana con motivo de la visita del Papa Benedicto XVI, a quien le concedí una entrevista para la emisora suiza RSI, que se escucha en buena parte de Europa. Ya el viernes 23, a las 5:00 pm, me había quedado con las ganas frente a Noticias ArTV, del Canal Educativo, esperando en vano la transmisión de la entrevista que le concediera al canal provincial el lunes 19 y que me aseguraron sería transmitido. Esto es un botón de muestra de que la censura siempre se impone, que no tienen el valor de publicar una verdad como esta y que todo fue una jugarreta para ser usada en su momento descontextualizándolo todo, pues no saben obrar de otro modo.


Aunque mi estado de salud es estable, pues intento dormir bien y mantenerme hidratado tomando frecuentemente agua y sales de rehidratación, ya comienzo a sentir cada día más el rigor del ayuno y el cansancio acumulado después de tres semanas, sintiendo ya un decaimiento cada vez más marcado y constante y ya he perdido, hasta este momento, unos 11 kg de peso (comencé el 5 de marzo con 70 kg).
Anuncié desde ayer por Tweeter y ratifico aquí que, ante el silencio mantenido por el Ministro, mañana martes 27 sobre las 9:30 am me presentaré en la sede del Ministerio de Salud Pública para solicitar personalmente un despacho. Igualmente ratifico mi intención de asistir, junto a los feligreses católicos de Guanajay, a la misa que oficiará el Papa Benedicto XVI en la Plaza de la Revolución el miércoles 28 de marzo.
Cada día que las autoridades cubanas y del Ministerio de Salud Pública decidan continuar con este ficticio silencio, sólo conseguirá hundirlos cada vez más en el lodo. Cuando reúnan el valor necesario para romper el silencio se presentarán ante ellos sólo dos alternativas: o reconocen con humildad que todo fue un error desde el principio y proceden a habilitarnos en nuestro trabajo y a reinsertarme en mi Residencia en Medicina Interna – algo que reconozco remoto pero posible y que sería, incluso para ellos, lo único acertado e inteligente – o deciden persistir en aquella insostenible mentira sembrada desde 2006. En el segundo caso, sería muy prudente para ellos que vayan contando desde ya con un muerto más en su récord y que vayan preparando, con sumo cuidado, el discurso que explique al mundo de qué modo aquel joven militante comunista de 2006, que no hizo otra cosa que estudiar Medicina y ejercerla con amor, sin antecedentes penales – ni siquiera sanciones administrativas previas – que luego quiso superarse haciendo una de las especialidades más difíciles, por lo abarcadora, lo cual no se le permitió, terminó convertido en ese ser execrable que dibujarán en su desesperado intento por justificar un crimen. Aunque no les importe el dolor humano que así generen, porque después de todo… ¿qué importa una raya más en la piel del tigre?
(*) Cualquier información a través de mi móvil +5358200251, teléfono fijo 362086 (Artemisa) o a través de Alfredo Felipe Valdés, portador del caso, exiliado en Málaga, España, (móvil 627222638). Informaré por Twitter (DrJVega).

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Ya quedó claro que son más machos y viriles que el resto de los cubanos, incluyéndome por supuesto, que tienen los genitales más legendarios y robustos, la testosterona más poderosa y que con ellos no se juega, que son los machos alfa de esta historia. Nada de esto se discute, más de 50 años deberían bastar para dejar las cosas claras, pero entonces ¿qué más quieren demostrar? Si yo solo estoy pidiendo que me devuelvan mi trabajo ¿qué oscuro complejo se oculta detrás de la fachada del supermacho? ¿Qué les impide reconocer humildemente que todo fue un error?

Ahora tienen delante a alguien dispuesto a morir y pueden evitarlo todo con una firma que se estampa en dos segundos; entre mi trabajo y yo, estoy convencido, sólo se interponen la tozudez y la soberbia.

Nota: Este post fue programado desde el lunes 19 de marzo de 2012.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Ahora dirán que soy un desalmado, que nada de mérito hubo en mi pasado, que todo en mí fue pura mierda. Intentarán demeritar hasta mi sombra, dirán que no soy más que un tipejo que engañó a sus compañeros e insistirán en su mentira como aferrados a una tabla de náufragos. Con el dedo acusador, como de costumbre, señalarán al renegado que hoy se codea con disidentes y bloggers incendiarios, pero fueron precisamente ellos quienes me trajeron a conocer a Yoani y a Reinaldo, a Orlando Luis, a Agustín, a Joisy, a Laritza, a Mirian, a Vallín, a Dagoberto y a otros que ni siquiera conocía entonces que existieran, y fue por culpa de ellos que me asomé a este mundo de irreverentes y contestatarios que asumen todos los riesgos de vivir con sus verdades a cuestas en un país que solo premia la indolencia y la mentira; fueron los acusadores, y nadie más, quienes me trajeron a inaugurar Ciudadano Cero.

Reza la sentencia que la defensa está permitida, y ahora sólo me alcanza el ánimo para recordarles que fueron precisamente ellos quienes me obligaron a dar el primer paso. Ellos saben que aquel joven que en 2005 se dirigió a su ministro, ya se había desangrado por todo aquello que creía desde que aprendió a balbucear apenas el nombre de los barbudos. Ahora soy el anticristo pero, aunque lo oculten, saben que antes de aquel mayo fatídico en que Fidel anunciara públicamente que solo nos merecíamos un “aumento salarial” de menos de 2 dólares al mes, este cubanito había dejado ya mucha salud y los mejores años de su juventud – o lo que es lo mismo, de su vida – militando en la dirección de la FEU, la UJC y luego en su propio Partido; que no fue gratuito ser elegido en septiembre de 1995 para viajar a París como parte del Proyecto de Intercambio Juvenil “Pasaporte Mundo”, auspiciado por la municipalidad de Saint Denis; que solo por coyunturas muy puntuales, que no vienen al caso, no fui condecorado por aquellos años con la Orden Julio Antonio Mella, para la cual fui candidato por este mismo Guanajay que hoy presencia como me consumo lentamente, como se consume en silencio la parafina para mantener viva, hasta el último momento, la dignidad de la llama.

Así las cosas, cuando desaten la jauría sólo les depararán estas preguntas: ¿a quién inhabilitaron hace 5 años, al irreductible Ciudadano Cero que habla desde Voces Cubanas o al militante comunista que quiso ser consecuente y sincero? En esta historia ¿qué fue causa y qué consecuencia? ¿Quién lanzó la primera piedra? Buscando estas respuestas, no me caben dudas, todos los dedos señalarán hacia La Habana.

Nota: Este post fue programado desde el lunes 19 de marzo de 2012.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Por razones ajenas a mi voluntad no pude acceder hasta hoy a Internet y envío estas palabras a Ciudadano Cero a través de mi esposa. Durante la primera semana de mi huelga de hambre permanecí la mayor parte del tiempo en el parque Martí de Guanajay, ubicado delante del policlínico comunitario de este municipio y que fuera el último lugar donde trabajé hasta octubre de 2006. Durante esos días oscilé entre este parque y el parque central, frente a la Iglesia Católica – separados por unos 100 metros entre sí – según necesitara resguardarme del sol o beber agua.

Durante los tres primeros días recibí las visitas de rigor, que nunca faltan, de varios oficiales de la Seguridad del Estado para disuadirme de mi propósito, asegurarme que por esta vía no lograré nada y que no permitirían usar lugares públicos para este tipo de posturas. Después de un par de educadas conversaciones creo haber dejado claro que sólo me retiraría de estos lugares detenido por ellos y que estoy dispuesto a llegar hasta el final. Parece haber sido vehemente mi respuesta, porque después de esto sólo he sabido de su presencia a través de los viejitos cagalitrosos y chivatos de poca monta que ponen a coger sol en sus clásicos puntos de observación.

El jueves 8 de marzo me trasladé a La Habana, a casa de Antonio Rodiles, en el municipio Playa, donde grabamos una entrevista para Estado de SATS que ya teníamos previamente concertada y al regresar ya no he vuelto a abandonar el municipio de Guanajay

El lunes 12 de marzo, ya sintiéndome el rigor de mi primera semana de huelga y no pudiéndome dar el lujo de mantener este deambular de un parque al otro, decidí instalarme en el jardín de la Iglesia Católica de Guanajay, con el previo consentimiento del párroco, el muy estimado Padre Carreró, que no puso objeción alguna, y así durante toda la tarde de ese día quedaba plantado el campamento en ese sitio, delante de cuya verja pasaron cientos de guanajayenses, la mayoría de ellos mostrándome su ferviente apoyo. Esa noche, después de una llamada que recibiera desde el Comité Central el Obispo Serpa, de la Diócesis de Pinar del Río, y que transmitiera al Padre Carreró, decidí trasladarme al portal de las religiosas Escolapias, ubicado en el propio parque central de Guanajay, a 50 metros de la Iglesia Católica y ahí he permanecido hasta hoy.

En la tarde del viernes 16, a mis 11 días de huelga, recibí por segunda vez la visita de la tropa de Voces Cubanas: Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, Agustín y Orlando Luis Pardo; ya habían estado aquí el miércoles 7 y regresaban entonces preocupados por la marcha de este asunto. También Joysi García me entrevistó durante la primera semana y publicó una reseña muy objetiva en su sitio.

Y así completo hoy mi segunda semana de huelga de hambre. Me sostengo tomando sólo agua y algunas sales rehidratantes pediátricas. Me mantengo hasta hoy firme en mis demandas y el Ministerio de Salud Pública finge no darse por enterado, manteniendo hasta este momento un silencio absoluto con relación al caso y a mi huelga. Estoy aún bien de salud, aunque ya comienzo a sentir un decaimiento más o menos marcado pero constante y ya ha bajado unos 10 kg de peso (el lunes 5 de marzo oscilaba entre los 69 y 70 kg). Desde que aquellos oficiales de la Seguridad del Estado me insinuaran que me pudiera estar alimentando en casa de las monjas Escolapias no entré más a ese lugar y me he limitado a permanecer en el portal todo el tiempo a la vista de todos.

Desde aquí exijo al Gobierno cubano y al Ministerio de Salud Pública que se pronuncien sobre este caso y que nos habiliten en nuestro trabajo. Ahora sólo pueden elegir entre esto o dejarme morir.

Cualquier información a través de mi móvil +5358200251, teléfono fijo 362086 (Artemisa) o a través de Alfredo Felipe Valdés, portador del caso, exiliado en Málaga, España, (móvil 627222638). Informaré por Twitter (DrJVega).

Artemisa, 20 de febrero de 2012.

A Su Santidad Benedicto XVI:

Como a la mayoría de los cubanos, mucho me regocija su anunciada visita a nuestra patria, a la que sin dudas será bienvenido. Llegará Usted a un país que vive el momento más complejo de su historia. Para entonces, con toda certeza, nuestras autoridades le mostrarán, entre otros, los logros de nuestra Salud Pública y le asegurarán que esta es una prueba inexcusable de los desvelos del Gobierno cubano por su pueblo. Por eso debe saber, Su Santidad, que hay una parte de la historia que le será ocultada a Usted y al mundo: la desesperante situación económica, rayana con la pobreza, en que estamos obligados a vivir los artífices del milagro. Pero la arista más degradante del asunto – más grave aún, si se quiere, que el hecho en sí – es que nuestro gobierno no admita cuestionamientos y castigue, inexorablemente, a quien se atreva a criticar la indigencia en que nos obliga a vivir.
Le escribe un médico cubano graduado desde 1994, inhabilitado para el ejercicio de la Medicina en mi país por tiempo indefinido, desde octubre de 2006, junto a mi colega el Dr. Rodolfo Martínez Vigoa. Por más inverosímil que parezca, nunca pusimos en peligro la salud o la vida de ningún paciente, no vulneramos la disciplina laboral ni faltamos nunca a nuestro Código de Ética Médica; para ser privados del ejercicio de nuestra profesión bastó que canalizáramos, ante el entonces Ministro de Salud Pública, el criterio de 300 profesionales del sector sobre un aumento salarial irrespetuoso realizado, a mediados de 2005, bajo el gobierno de Fidel Castro.
Su Santidad: Aunque nuestro gobierno asegure que las diferencias con su Iglesia son asunto del pasado, que corren otros tiempos y que ellos mismos han cambiado, sin embargo, la intolerancia que creara durante los años 60 los célebres campos de trabajo forzado de las UMAP – donde también padecieron decenas de miles de creyentes – fue exactamente la misma que 40 años después nos inhabilitaba por dirigirle la palabra a aquel ministro, lo cual denuncia que esa sonrisa que hoy le muestran no es más que pura simulación.
Cuando nuestras autoridades le expongan, Su Santidad, los loables indicadores de salud; cuando le comenten sobre exitosos trasplantes de órganos; cuando le sean mostrados los avances en la Ingeniería Genética y la Biotecnología aplicadas a la Medicina y le hablen sobre las misiones médicas sostenidas por el Gobierno cubano en más de 70 países no le dirán, sin embargo, que este prodigio fue logrado gracias a un ejército de profesionales que recibimos mensualmente un salario básico miserable equivalente a $ 25.00 USD, aún cuando los servicios médicos en aquellos países – convertidos en el primer renglón exportable de este país – generan al menos 8000 millones de dólares cada año; tampoco le dirán que los trabajadores del sector somos retenidos obligatoriamente durante cinco años por nuestro ministro si deseamos viajar al extranjero y que estamos indefensos ante los más escandalosos abusos, pues no contamos con un gremio ni con una representación sindical efectiva, recibiendo del poder, a cambio de nuestro admirable trabajo, la más absoluta inatención.
La proverbial injusticia que motiva esta carta – denunciada en mi blog “Ciudadano Cero”, que se encuentra en el portal “Voces Cubanas” – fue cometida con el beneplácito de todas las instituciones centrales de nuestro país; esto incluye a la Fiscalía General de la República, al Comité Central del Partido, al Presidente del Parlamento, al Consejo de Estado – incluidas cuatro cartas dirigidas al Presidente Raúl Castro y dos al Vicepresidente José Ramón Machado Ventura – y por supuesto, al Ministerio de Salud Pública, al cual nos dirigimos en 20 ocasiones sin recibir respuesta. Alrededor de 80 documentos enviados durante más de cinco años – incluyendo dos serias tentativas de huelga de hambre – ilustran la insensibilidad de las autoridades cubanas hacia los problemas de su pueblo. Además, Santidad, como parte de nuestro esfuerzo, desde octubre de 2010 nos dirigimos al Arzobispado de La Habana, mediante documentos enviados a Su Eminencia el Cardenal Jaime Ortega Alamino, donde le solicitamos que, en virtud del papel jugado por la Iglesia Católica como mediadora en eventos políticos recientes, interceda por nuestro caso ante el Gobierno cubano para que sea enmendada esta injusticia.
Su Santidad: El gobierno que hoy lo recibe, que se autoproclama respetuoso de los Derechos Humanos y no duda en ostentar a los médicos como trofeo, es el mismo que nos mantiene en la pobreza deliberadamente, a la vez que perpetra villanías como esta. El caso que aquí le esbozo, trasciende el mero interés personal y es altamente ilustrativo del modo en que un gobierno intolerante se proyecta hacia su pueblo. Este ultraje a la dignidad humana, que se ha mantenido impune durante más de cinco años, desmiente definitivamente las ínfulas de apertura que hoy pregona el Gobierno cubano. Por todo esto, Santo Padre, con toda humildad, le solicito y agradezco de antemano que interceda ante nuestras autoridades para que nos restituyan al trabajo que nos fue usurpado. Hoy me dirijo a Usted como cumbre de la Iglesia Católica y como al hombre en Jesús, el Cristo que nos compulsa a sentir en nuestra mejilla el ultraje hecho a cualquier mejilla de hombre.

Con todo respeto, agradece su atención:

Jeovany Gimenez Vega.
Calle 54 # 2914. Artemisa.
Provincia Artemisa. Cuba.

En la tarde de hoy, siendo la 1:30 PM, entregué en la sede del Ministerio de Salud Pública un documento dirigido al Ministro Dr. Roberto Morales Ojeda, mediante el cual me declaro en HUELGA DE HAMBRE, que mantendré hasta mi muerte si no se cumplen las siguientes condiciones:

1.- Sean derogadas las Resoluciones Ministeriales 248 y 249, del 27 de septiembre de 2006, que nos inhabilitaron para el ejercicio de la Medicina en Cuba por tiempo indefinido a quien escribe y a mi colega el Dr. Rodolfo Martínez Vigoa respectivamente.

2.- Sea derogada la Resolución Decanal 14-06, del 25 de abril de 2006, que suspendió arbitrariamente mi Residencia en Medicina Interna mientras cursaba su último año.

3.- Le sea entregado al Dr. Alfredo Felipe Valdés, ciudadano cubano exiliado en Málaga, España, su título universitario debidamente homologado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, según lo pactado entre los gobiernos de Cuba y España a finales de 2010 al acoger a los refugiados políticos de la causa de 2003, compromiso incumplido hasta este momento.

Me declaro en huelga de hambre en pleno uso de mis facultades mentales, en buen estado de salud y sin tener asociada ninguna condición orgánica que pueda causar mi muerte durante los siguientes tres o cuatro meses, por lo que responsabilizo al Ministerio de Salud Pública, al Partido Comunista de Cuba y al Gobierno cubano de mi muerte y de cuantas consecuencias se deriven de esta actitud que asumo luego de agotar absolutamente todos los recursos civilizados que como ciudadano común tuve a mi alcance. Esta es una decisión que asumo ejerciendo la soberanía que en lo individual tengo sobre mi vida, como persona adulta y conciente del paso que doy, por lo que no se podrá acusar a terceras personas de instarme de ningún modo a asumir esta conducta.

La huelga de hambre la realizaré físicamente en el Parque Martí del municipio artemiseño de Guanajay, frente al Policlínico Comunitario, que fue mi último centro de trabajo. Sólo me retiraré de ese lugar en caso de ser detenido por la Policía o los Órganos de la Seguridad del Estado. Informaré a travéz de Ciudadano Cero, de Twitter y a través de +5358200251.

Carta a Raúl Castro Ruz.

Artemisa, 28 de enero de 2012.

Año 54 de la Revolución”.

A: Raúl Castro Ruz.

Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba.

Señor Presidente:

A los 35 años, quien le escribe ya había dedicado su juventud y la parte más elevada de sí mismo a la Revolución. Había escuchado de Fidel y de Usted que debíamos sellar un compromiso irrestricto con la verdad sin importar las consecuencias; era cuestión, se nos dijo, de poner la verdad por encima de todo. Le escribe aquel estudiante de las madrugadas en el puerto, el de los domingos en la micro al pie de los cimientos, el de las campañas en la agricultura, el de las juveniles marchas por La Habana; aquel joven que no dudó en entregarse cuando lo creyó necesario, aquel que ya graduado comenzó recibiendo menos de dos dólares de salario mensual y nunca claudicó.

Pero pasaron los años y llegó mayo de 2005; entonces Fidel anunció que se disponía un “aumento” de $ 48.00 pesos (menos de dos dólares) a nuestro salario mensual como médicos, lo cual fue percibido como algo irrespetuoso por la mayoría de nuestros trabajadores. Como tengo el precepto de que se debe hacer en cada momento lo que se crea justo y correcto, entonces creí ético hacerle llegar a nuestro ministro el criterio generado por aquella decisión entre mis colegas. La historia que siguió no la repito pues la debe conocer Usted desde la primera de las tres cartas que le hiciera llegar hasta hoy sin recibir respuesta.

Es aquí donde pregunto, con todo respeto, Presidente: ¿de qué modo engrana el gravísimo hecho de que permanezcan inhabilitados durante más de cinco años dos médicos por haberse dirigido a aquel ministro, con su discurso sobre nuestro derecho a expresarnos con libertad? ¿Vulneramos acaso la Ley cuando nos dirigimos, junto a un grupo de trabajadores, a la Dirección del ministerio a que pertenecíamos? ¿Qué relación tuvo esto con la docencia para merecer yo la separación arbitraria de mi Residencia en Medicina Interna? ¿Es una inmoralidad aspirar a vivir honradamente del salario emanado de mi esfuerzo? ¿Se establece acaso en nuestro Código Penal el ejercicio del criterio como un delito? ¿No es, sin embargo, ilegal que funcionarios políticos y administrativos amenazaran y coaccionaran a dos trabajadores, incluso en medio de su jornada laboral? ¿No es acaso ilegal e inmoral mentir y adulterar documentos para tratar de legitimar este atropello contra nosotros, aplicándose además una Resolución Ministerial que sanciona hechos lesivos al paciente cuando eso nunca sucedió? ¿No es una atrocidad colosal que el Jefe del Sindicato Nacional de la Salud haya dirigido personalmente aquellas reuniones escandalosas para expulsar del Sistema Nacional de Salud a dos de sus propios afiliados por haberse dirigido a su ministro?

Notará Usted que entre las arbitrariedades no le menciono mi expulsión del Partido Comunista, pues considero que este aquí es el único punto que no admite discusión. Siendo el partido una entidad política nadie cuestiona su derecho de apartar a alguien de su membresía si considera que rompió con su línea; sólo considero discutible que se aplicara la expulsión en lugar de la separación – términos conceptualmente distintos – cuando no cometí ninguna inmoralidad ni incurrí en ningún hecho de traición a la patria, porque no hay nada de traición, sino todo lo contrario, en hablar con sinceridad. Pero de esta decisión, evidentemente partidista, a suspender mi Residencia en Medicina Interna y luego disponer una sanción administrativa – por cierto, la más extrema – va una enorme distancia. Sólo espero que nadie ofenda mi inteligencia asegurando que el Partido nada tuvo que ver, que todo fue colegiado a nivel sindical – igual sería la gran barbaridad – y decidido en la Dirección del MINSAP, cuando es una descontada realidad que en todo se cumplió lo que el Partido dispuso desde su más alto nivel, ocupado entonces por Fidel Castro.

Hoy no pretendo cuestionar la sinceridad de sus promesas de implementar los profundos cambios que necesitamos con urgencia los cubanos bajo su gobierno, pues esto es algo que quedará confirmado o desmentido inexorablemente por el tiempo y, por lo mismo, está más allá del propósito de la presente e incluso de mis posibilidades personales. No seré yo, sino la Historia, quien lo juzgue. Pero eso sí, queda muy claro que no se puede hablar de libertad consintiendo ultrajes como este; que no se le pide sinceridad a un pueblo a la vez que se le atenaza con el miedo a semejantes atropellos, como no puede haber democracia donde se castiga el libre ejercicio del criterio; que no se es coherente cuando se habla de eliminar la impunidad si se protege al intocable consintiendo sus abusos de poder; que no es posible un Estado de Derecho donde se castiga brutalmente a alguien por algo que no hizo con el apoyo pleno de la Fiscalía; en fin, que no puede presumir de justo quien conoce de un abuso y lo permite, y menos aún cuando tiene en sus manos la potestad de redimirlo.

Señor Presidente: Usted puede reparar en parte aquel ultraje a nuestra dignidad. Digo sólo en parte, porque siempre quedará una dosis de sufrimiento humano y familiar que nadie podrá borrar después de una vivencia tan perturbadora, porque aun volviendo a trabajar hoy mismo, ¿cómo devolvernos cinco años alejados de la profesión que amamos? ¿Cómo borrar de la memoria aquellos días aciagos en que se nos juzgaba públicamente por algo que no hicimos? ¿Quién pagará por tanta brutalidad, por la difamación, por tanto déspota impune? Usted tiene la potestad de terminar hoy mismo con esta injusticia y desde el momento en que la conoce y teniendo la potestad para ello, no hace nada, pasa también a asumir su parte de responsabilidad en esta barbarie.

Incapaz de vivir al margen de mi tiempo, lo que fui ayer, por Fidel y por Usted lo fui, igual lo que soy hoy, y lo que seré mañana. Como en el resto de mi generación, en no poca medida ustedes moldearon en mí – es algo que no oculto – conceptos que sin embargo hoy me replanteo seriamente gracias a ustedes mismos. Siempre fui consecuente con la fe que me movió en cada momento, pero cuando intenté serlo con relación a esta verdad, no se me permitió. En lo personal lamento cuanto de incisivo y áspero lleven estas palabras pues, a pesar de todo, deseo mantener mi corazón a salvo del odio, pero no sé simular y como lo pienso lo digo; créame, siempre la realidad fue más dolorosa que cualquier palabra. No fui yo quien mintió, no fui yo quien simuló, no fui yo quien adulteró la verdad y timó a los trabajadores para salir del apuro; entre aquellos infames que sí mintieron se tendrá que buscar a los traidores. Que teman los trásfugas de la verdad, yo sólo soy un hombre sincero y vivo en paz conmigo mismo.

Agradece su atención:

Dr. Jeovany Gimenez Vega.

Especialista de 1er. grado en Medicina General Integral.

Residente de 3er. año en Medicina Interna.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

La Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, recién celebrada entre el 28 y el 29 de enero, deja un gusto indefinido entre dulce y amargo, según el paladar que la deguste. Asegura el Primer Secretario Raúl Castro, que entre sus objetivos estuvo “… promover la mayor democracia en nuestra sociedad, empezando por dar el ejemplo dentro de las filas del Partido.” Visto así, cualquier persona ajena a la inclemente realidad que vivimos los cubanos – no la virtual que pregona el misticismo oficialista – pudiera suspirar esperanzado. Pero millones en la isla, endurecidos por la repetición de frases parecidas, nos acogemos al beneficio de la duda.

En mi condición de exmilitante de ese partido, del cual fui miembro por 10 años, hasta que fui expulsado en 2005 – sin haber incurrido jamás en ningún acto de corrupción, delito o traición a la patria, sino por esta historia que terminó colocando “Ciudadano Cero” en Voces cubanas – pido la palabra. Opino que si el Partido Comunista desea ser mínimamente tolerante con relación a la sociedad, deberá comenzar siéndolo con relación a sus propios militantes. Baste una anécdota para ilustrarlo: a mediados de 1999, tuve la peregrina idea de preguntar en mi núcleo por la manera en que sería instrumentada la entonces recién emitida Resolución 54 del Ministerio de Salud Pública, a la luz de los acuerdos migratorios Cuba-EE.UU. vigentes desde 1994 después de la crisis de los balseros, pues acaso, al retener durante años a un trabajador que recibiera un visado de EE.UU ¿no entraba en contradicción aquella Resolución con la letra de estos acuerdos? Pues bien, esa “travesura” le costó a este cubanito todo un año de tensas reuniones con funcionarios de los Comités Municipal y Provincial del Partido que intentaban sancionarme “… por cuestionar las decisiones tomadas a nivel central.” No di un paso atrás, pero tanta algarabía por una simple preguntita – hecha ni siquiera públicamente, sino en el seno del partido – terminó por abrirme los ojos a una realidad: quien tenga criterio propio que vaya con su música a otra parte, en el Partido Comunista de Cuba no se milita para pensar, sino para obedecer órdenes irrestrictas, dictados divinos incuestionables de la cúpula que sólo escucha cuando se le aplaude y jamás cuando se le cuestiona. Entonces se concluye: si persiste esta mecánica de funcionamiento del partido con relación a sus miembros ¿cómo esperar, ante semejante psicología, una actitud diferente hacia el resto del pueblo?

Al leer en Granma el discurso de clausura de Raúl, desde el leads que lo encabeza salta a la vista una contradicción antagónica: el partido dice admitir la necesidad de “… promover la mayor democracia…” pero a la vez se niega de modo rotundo a reconocer oficialmente posiciones políticas divergentes. “Renunciar al principio de un solo partido equivaldría… a legalizar al partido o los partidos del imperialismo en suelo patrio…”. Más claro, imposible: la cuestión sigue siendo ¡conmigo o contra mí! Semejante enfoque sigue sin admitir la posibilidad de que entre los cubanos con criterios políticos diferentes haya patriotas auténticos dispuestos a salvaguardar la independencia de su país. De ese modo se insiste en el silogismo fidelista clásico de líder-revolución-patria, según el cual existe un único modo de ser un patriota consecuente: siendo un ferviente admirador del líder de la revolución y acatando incluso sus más absurdas decisiones.

En un discurso donde insiste en analogías históricamente usadas por el gobierno cubano para satanizar esquemas políticos diferentes (pluralidad = demagogia = mercantilización de la política = entreguismo a EE.UU.), nuestro Presidente critica “… la vigencia y utilidad de la llamada democracia representativa…” porque “… ha devenido invariablemente en la concentración del poder político en la clase que detenta la hegemonía económica…” y lo dice como si en Cuba, aún con matices propios, no haya sucedido exactamente lo mismo. Con demasiada frecuencia nuestro pueblo es testigo de que los más connotados corruptos – Raúl lo reconoce – son militantes fervientes que durante décadas mantuvieron un status de vida estratosférico ante la mirada impasible de las autoridades partidistas y de gobierno. Si esto se conoce a pesar de una censura de prensa sólo comparable, quizás, con la que rige en la Corea del norte, es fácil imaginarse lo que sucedería si la nuestra, en un rapto ético difícil de concebir, destapara la caja de Pandora. Por todo eso nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella.

Quedo estupefacto ante Raúl Castro cuando solicita del partido “… fomentar un clima de máxima confianza y las condiciones… para el más amplio y sincero intercambio de opiniones, tanto en el seno de la organización, como en sus vínculos con los trabajadores y la población, favoreciendo que las discrepancias sean asumidas con naturalidad y respeto, incluyendo a los medios de comunicación masiva… que deberán involucrarse con responsabilidad y la más estricta veracidad en este empeñocon comprobada objetividad y sin el secretismo inútil.” Pues resulta que durante el último año y medio yo mismo le hice llegar a Raúl Castro cuatro cartas donde expongo con claridad nuestro caso, y el mismo Raúl que aquí habla las ignoró por completo; y así mismo se lo hice llegar a las principales publicaciones periódicas cubanas sin que tuvieran el valor de publicarlo.

Aunque mi asombro aumenta cuando escucho al Presidente asegurar: “Es preciso acostumbrarnos todos a decirnos las verdades de frente, mirándonos a los ojos, discrepar y discutir… cuando consideramos que nos asiste la razón…”, sin embargo, despierto por fin cuando se muestra en realidad al puntualizar que todo será “… como es lógico, en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta...” Este blog lo administra alguien que se atrevió discrepar y por ello fue expulsado del partido, perdió su especialidad en Medicina Interna y fue inhabilitado luego para el ejercicio de su profesión. ¡Curiosa manera de entender el derecho a disentir y de “asumir las discrepancias con naturalidad y respeto”! De hecho, le aconsejaría al Primer Secretario un poco de “prudencia” al hablar, por ejemplo, sobre el peligro que presuponen los corruptos, no sea que termine él mismo expulsado del partido por emplazarlos, como le sucediera hace poco al catedrático Esteban Morales.

Pero donde este discurso sí es meritorio de un premio “Aquelarre” por ese buen humor criollo que destila, es en el punto en que el Primer Secretario asegura “… que en el Partido debe acabarse definitivamente el “mandonismo” su fuerza es moral, no jurídica… ¡es la fuerza moral!” Escuchar esto en un país donde el Partido Comunista todo lo dispone y fiscaliza – incluso a la Fiscalía, valga la redundancia – es hilarante. No es un secreto para nadie que mientras el partido asegura en público que no gobierna, no administra, que su función es “orientar”, que “… exigirá a todos responsabilidades por el cumplimiento de sus obligaciones, sin intervenir en la administración…” – no veo el modo en que sea posible hacer una cosa sin hacer la otra – sin embargo, la realidad es que no se aprueba absolutamente ningún cargo político o administrativo importante sin la anuencia del Partido Comunista; que sus dirigentes cuentan con potestades ilimitadas; que el partido pone y quita, según su interés, a funcionarios de todos los niveles administrativos, políticos y de gobierno, nombra y sustituye a su antojo administradores, directores de empresas, directores provinciales, ministros, generales, dirigentes sindicales y de las organizaciones de masas, dispone cuáles “ONG” serán aprobadas y cuál será su perfil, pone y quita entre bastidores a diputados de todos los niveles, presidentes de asambleas municipales y provinciales del Poder Popular, en fin, que es el gerente que dispone de la totalidad de la vida de este país sin ningún tipo de límites, con el ojo atento sobre estos funcionarios para defenestrarlos al menor desliz. Así, el Gobierno cubano – cuya totalidad de altos cargos lo ocupan, casualmente, militantes comunistas – llega a la osadía de pregonar a los cuatro vientos, cuando quiere apologizar al sistema electoral cubano, que no es el Partido Comunista quien postula, lo cual sucede “en teoría” por una razón muy simple: no lo necesita, porque se sabe dueño y señor de este país: si el partido frunce el ceño palidecen los ministros, viceministros, coroneles y generales, pero si el partido alza la voz y da un manotazo sobre la mesa se defecan los pantalones. Entonces ¿para qué reconocer que el partido en realidad les postula a todos?

Al final, este discurso deja en suspenso algunas preguntas básicas: ¿Se atrevería el Gobierno cubano a reconocer oficialmente a la oposición política ahora que el partido dice estar dispuesto a “promover la democracia”? Para decidirse a limitar la permanencia en los puestos de gobierno a dos períodos de cinco años – después de permanecer ellos mismos durante más de 50 – ¿se habrán convencido al fin de que el poder embriaga cuando se ejerce por demasiado tiempo?

También en este discurso – como también acostumbra a hacer Fidel Castro – a partir de las barbaries perpetradas por los bloques imperialistas, se pretende legitimar las cometidas por nuestro gobierno contra su propio pueblo, como si una cosa justificara la otra. Sí, está jodido el mundo, pero en este peñoncito que sufre bajo el cielo del Caribe son definitivamente masacrados, con la venia del Partido Comunista, los derechos civiles de 11 millones de cubanos.

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