“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

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Por: Jeovany Jienez Vega.

Confieso que, como a muchos, me sorprendió lo reñido de la contienda. Menos de 300000 votos de diferencia –y ambos candidatos con más de 7000000– es prácticamente un empate técnico que llama a una ingente reflexión: ¿cómo es posible que después de todos esas Misiones instrumentadas por el Gobierno de Hugo Chávez aún la mitad de los venezolanos voten por la alternativa de Capriles? ¿Serán así de ingratos los venezolanos o detrás de este giro se oculta la parte de la historia que escapa siempre que se mira a través de un monoprisma?
Como decía en mi antepenúltimo post, casi toda referencia sobre el asunto me ha llegado mediante colegas que regresan de Venezuela, trabajadores que partieron bajo condiciones que me abstengo de juzgar por no atizar a los demonios. Pero lo cierto es que ahora la evidencia nos llega incontestable: la mitad de los electores votaron por el proyecto que aboga a dar la marcha atrás a más de una década de Revolución Bolivariana y optan por el regreso al anterior esquema.
Sé bien, por experiencia propia, que las olas del mar suelen distorsionar la realidad que emiten las antenas; así se cuentan por cientos de millones los terrícolas que aún tienen una imagen distorsionada de la realidad cubana, por ejemplo, y por analogía pudiera suceder lo mismo en este caso. Especulo sobre la posibilidad de que detrás del discurso, incluso sincero, de Hugo Chávez, se cobijara ese elemento oportunista que nunca falta en estas coyunturas: toda una casta de funcionarios que en nombre del movimiento se llena los bolsillos y se posiciona mirando sólo cuánto lucrar en beneficio propio, algo que sí estaría viendo cada días toda esa masa de pueblo que votó por ambos bandos y que no transmitiría, presuntamente, Telesur.
Pero en lo personal, mi sexto sentido me hace dudar de la alternativa Capriles; sencillamente no le veo a éste el carisma necesario para conducir una nación. Con todo el sustento económico de la oligarquía como seguro apoyo logístico, sospecho que el dinero ha sido su única divisa. Puesto yo en la disyuntiva de elegir nunca hubiera optado por alguien tan carente de magnetismo.
Aunque opinar a más de mil kilómetros de tempestuoso Caribe siempre implica su lógico margen de error –sobre todo cuando se trata de realidades tan complejas– esto es algo que asumo en tanto no sea la mía más que una opinión entre millones. Deseo que cualquier camino que transite esa tierra hermana, sea cual sea, incluya la más absoluta independencia política y económica y la máxima justicia e inclusión social posible, y que todo llegue a través de sendas de paz porque es ese y no otro el sueño que deseo para mi propio pueblo. Pero tal como se ven las cosas, el Gobierno de Nicolás Maduro tendrá que hilar muy fino si quiere continuar con su ambicioso proyecto social, pues con total seguridad se seguirán tejiendo en su contra, desde dentro y desde fuera del país, poderosas y oscuras componendas.

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Por: Jeovany Jimenez Vega.

Porque, aunque una nación se desmorone, las montañas permanecen. Y, con las montañas, queda la eterna responsabilidad del hombre de preservar lo que es esencialmente suyo, que es su alma. Y con la responsabilidad queda la posibilidad de anhelar y esforzarse y la satisfacción que resulta de hacerlo. Hanama Tasaki.

Hace 54 años, el triunfo de la Revolución cubana fue paradigma de una época a punto de eclosión. Los graves problemas sociales que se propuso cercenar y el antagonismo frontal con el Gobierno de EE.UU. le imprimieron a sus primeros años una tónica tensa y radical. La justeza de aquella lucha, el inmenso júbilo de aquel mar de pueblo ante la victoria y hechos posteriores como la campaña de alfabetización, la batalla de Girón y la crisis de octubre matizarían entre laureles a aquellos barbudos carismáticos; romántica imagen que halló resonancia en todos los movimientos de izquierda a nivel mundial. Entonces, como suele acontecer en épocas de semejante fervor, todo parecía posible.

Como cabría suponer, para dar vida a aquellos sueños se precisaba de un hombre diferente, portador de las mejores virtudes de su especie, capaz de hacer grandes sacrificios sin pedir nada, sincero, cabal y consecuente con su verdad hasta el punto de ser capaz de morir por ella. Urgía forjar un ser altruista ajeno a las miserias del pasado, sin el menor atisbo de egoísmo; se necesitaba un hombre consciente de su momento y de la impronta que debía ser legada; se aspiraba a un ser ideal –esbozado en los discursos del Che Guevara– y llamado a ser el modelo del poetizado futuro; se soñaba, en fin, con el hombre nuevo.

Pero aquella promesa no encontraría los caminos allanados hacia el edén prometido. Si bien durante los años iniciales del proceso fueron nacionalizados los latifundios, los intereses extranjeros y los de la gran burguesía, con la llegada de la “ofensiva revolucionaria” de 1968, estas medidas gubernamentales se redirigieron contra el mismo cubano que menos de una década antes había apoyado con fervor a la Revolución y que, de repente, se vio despojado de su pequeña empresa familiar –fuera esta una sencilla tiendecita de barrio, un humilde puesto de viandas o un minúsculo cajón de limpiabotas. A esta medida, desacertada y extrema, le siguieron décadas de estancamiento económico y florecimiento burocrático que no hicieron más que demostrar lo improcedente de un paso asumido al carbón del modelo soviético. A esto se le sumarían lamentables estrategias económicas, políticas y culturales, que sembraron el germen que luego fermentaría la simiente del modelo primogénitamente soñado.

Con el paso de los años, a lo anterior se añadía la carencia de garantías civiles, la no división de poderes y la orfandad ética instaurada en una prensa finalmente subyugada bajo la censura, todo lo cual fomentó una atmósfera de hipocresía social que no haría más que crecer exponencialmente. La promesa inicial de pluralidad que necesitaba el pueblo que hizo una guerra para liberarse del tirano Batista –así como de su horda de asesinos de la calaña de los Ventura Novo y los Cañizares, de la hiena Pilar García y de los Manferrer– terminó degenerando en esta pobreza cívica y espiritual que hoy nos avergüenza reconocer.

Ahora, 54 años más tarde, me pregunto cuánto queda de aquel sueño. ¿Qué legamos los jóvenes de hoy de la utopía del hombre nuevo? La quimera murió en su cuna y en su lugar surgió un ser capaz de toda la gama posible de dobleces morales y que huye de la verdad como las alimañas de la luz. A la sombra del miedo fue engendrado un ser indolente y egoísta, incapaz de proyectarse cívicamente con principios ni de ocuparse de nada que no tenga que ver consigo mismo. Insensible al dolor ajeno y sin querer, ¿sin poder? ir más allá, asegura los linderos de su parcelita y allí, en su kafkiana dimensión de insecto, vegeta en su propia cosecha de miserias sin desvelarse jamás por la gran parcela común.

No me instiga un ánimo inquisitivo ni mi juicio se pretende infalible, ni deseo pasar tabla rasa sobre el asunto, pero mucho me angustia que conductas que deberían ser ya oscuras excepciones sean aún la vergonzosa norma: veo con tristeza reducida al mínimo la espiritualidad de esta juventud, afanada en modas y reggaetones pero demasiado inculta y superficial como para reparar en asuntos mayores. Elevados conceptos como patria, compromiso, deber o sacrificio le son tan ajenos a la media de la juventud de hoy como las fórmulas de la física cuántica. Y no es que esté mal vivir intensamente, vestir a la moda y bailar hasta el delirio –pues la juventud es una sola y es, a la vez que bella, fugaz– pero también se debería ser, a la vez que alegre, profundo… ¿no es así Guevara?

Tuvo muchísimo que ver en tal devastación moral el megaexperimento de los preuniversitarios en el campo, que durante décadas mantuvo a varias generaciones de cubanos lejos de su familia, en la fase más crítica de su adolescencia, mientras cristalizaba su personalidad. Si bien en las aulas de estas becas existía un clima docente bastante adecuado –y de alta calidad en no pocos casos– en los dormitorios se vivía muchas veces el código de las prisiones: el bueno tenía que acoplarse a la seña del malo, y nunca viceversa, si quería sobrevivir; allí aquel joven en ciernes podía descender hasta el más procaz inescrúpulo. A esto habría que añadir la insondable crisis de valores que llegó con la década de los 90’. El deterioro profundísimo de los estándares de vida del pueblo motivó un éxodo masivo de profesores del Sistema de Nacional de enseñanza con sus lógicas consecuencias, y mientras tanto en la calle se entronizó definitivamente la ley de la selva. Luego el libretazo de la década del 2000 –con sus nunca logrados Profesores Generales Integrales, sus videoconferencias y graduaciones masivas de maestros emergentes y volátiles– vino a dar el puntillazo final. El triste resultado lo palpamos hoy; es mi generación y la generación hija de la mía el producto de aquellos años: la insensibilidad, la pésima educación y la vulgaridad más árida son la norma y alcanzan, hace mucho tiempo, proporciones epidémicas. En fin, que hemos creado un Frankenstein y hoy no sabemos qué hacer con él.

Pero conservo la obstinada esperanza de que no todo esté perdido. A semejante desolación opongo aquella inconmovible fe martiana en el mejoramiento humano. Tengo la viva certeza de que mi pueblo extraerá de los ilustrísimos ejemplos de su Historia la fuerza necesaria para levantarse de sus ruinas; para que el hombre nuevo que soñamos un día, y que me resisto a colocar entre las quimeras imposibles, nazca al fin –hijo de valores universales y no de adoctrinamientos políticos– para el bien definitivo de la patria. No precisamos para ello de prefabricadas arengas: lo esencial sería rescatar al hombre del abismo moral cavado por la simulación y la mentira. Necesitamos, con urgencia, una Revolución del alma. ¡¿Con qué contamos…?! increparán los miopes escépticos, y quedará como respuesta el digno grito de Agramonte que estremeció aquella manigua insurrecta: ¡con la vergüenza, con eso contamos, con la vergüenza de todos los cubanos dignos!

Lectura del punto 1.

1Por: Jeovany Jimenez Vega.

Tal vez la preocupación que me dejó la reciente visita del Presidente ruso Dimitri A. Medvedev a Cuba se deba a mi natural impericia en cuestiones económicas, pero a decir verdad la lectura del primer punto de su agenda deja poco espacio para las dudas. El Primer Ministro ruso establece claramente, como el primordial objetivo de su visita, establecer un “Convenio sobre la regularización de la deuda de la República de Cuba ante la Federación de Rusia por los créditos otorgados en el período de la extinta URSS.” Creo que para verlo más claro habría que echarle agua. Cualquier malpensado pudiera llevarse la impresión de que el camarada Medvedev vino a pasarnos el cepillo, en todo lo que a Rusia se refiera, por las tres décadas de “cooperación” durante la era soviética. Por más que se adorne o se disimule el asunto con otros nueve puntos que tendrán una dudosa repercusión, queda claro que aquel tiempo de los sueños quedó definitivamente atrás para esta generación de políticos rusos que nos lanzó un mensaje muy claro y conciso: parecen dispuestos a cobrar hasta el último centavo que se les deba.

Hace poco reflexionaba yo acerca de la postguerra y sobre cuánto puede progresar una sociedad que orienta oportunamente sus esfuerzos. Poco más de una década después de la segunda guerra mundial Europa era definitivamente otra. Sobre aquellas ciudades allanadas por los bombardeos nazis se erigió el despreocupado desenfado de los 60 y así también lo hizo Japón una vez despojado del lastre del militarismo. El mundo vio cómo, a pesar de la secuela nuclear, la tierra del sol naciente se erigía a velocidad de vértigo en una potencia económica mundial y una comparable evolución siguió Alemania, con todo y sus ciudades bombardeadas por la RAF, incluida aquella Berlín hundida apenas 10 años antes bajo la artillería del Ejército Rojo. Sin embargo, tres décadas de amplio proteccionismo económico soviético –equivalente a un Plan Marshall diseñado exclusivamente para nosotros– no nos bastaron nunca para despegar el vuelo. Eso sí, dejábamos para la historia un elocuente ejemplo de cómo llegar a desperdiciar una oportunidad semejante.

Pero como fue antaño sigue siendo y Moscú aún no cree en lágrimas. Ahora llega el tabarich Medvedev a esta hora y con semejante recado y no pudo hacerlo en un momento más inoportuno –por más que se amortice una parte del monto por diferencias de valor del antiguo rublo y haya sido acordado que se page en una década. Ya lo presentía desde que vi en la prensa el gesto algo ¿altanero? del ruso y el rostro un tanto ¿preocupado? de nuestro Presidente Raúl. A decir verdad no sé de dónde iremos a sacar a estas alturas todo lo que necesitaremos para pagar 30 años de recursos dilapidados a manos llenas –me pregunto si esto sería posible– por aquella época en que nadie podía suponer –ni la KGB, ni la CIA, ni Dios– que habría glasnost, ni perestroika y que alguien llegaría a apostar algún día, para bien o para mal, por el fin aparente de la Historia.

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Réquiem.

Hugo-ChávezPor Jeovany Jimenez Vega.

Con el intento de golpe de estado de abril de 2002, la oligarquía venezolana intentó sustituir del poder, y/o asesinar, al Comandante Hugo Chávez, líder de la entonces naciente Revolución Bolivariana. Fueron momentos de un intenso dramatismo: a la incertidumbre de las primeras horas le sustituyó el tsunami de pueblo, las ardientes oleadas que bajaron de los cerros para restituir en Miraflores, a golpe de puro coraje, a su presidente electo. Aquella fue una reacción impresionante y espontánea; a partir de entonces el mundo tuvo la certeza de que en Venezuela se gestaba algo más trascendente que el simple ascenso de un caudillo: se estaba ante un pueblo con auténticas aspiraciones, que obraba un valientísimo acto de desagravio a su auténtico líder.

Hechos paralelos como la masacre del puente Llaguno, ampliamente manipulada por los medios golpistas –francotiradores que le destrozaron el cráneo a venezolanos de ambos bandos para no levantar suspicacias a la hora de acusar a los chavistas– y otros, como el asedio a la embajada cubana, el cierre violento del canal oficial de televisión y el reconocimiento precipitado de varios países a un “gobierno de transición” que duró lo que un cubo de hielo al sol, definieron en buena medida el decursar de América Latina durante la siguiente década y ya son Historia constituida quiéranlo o no los detractores de Hugo Chávez.

Nunca he visitado Venezuela, por lo que no puedo opinar con certeza completa sobre una realidad que nunca viví de cerca. Muchas de mis referencias me han llegado a través de médicos, enfermeras o técnicos cubanos que prestaron servicios allá durante diferentes etapas y que me cuentan sobre una desmedida violencia social –dolorosa herencia de décadas pasadas– con su delincuencia juvenil organizada, con seminiños de gatillo fácil perpetrando crímenes a sangre fría; me cuentan sobre constantes tensiones políticas, sobre la carestía ascendente de la vida y sobre una corrupción que muestra su rostro oportunista en ambos bandos de la contienda.

Si de algo estoy consciente es de que para el Gobierno de Hugo Chávez nada fue precisamente fácil. Pero estoy convencido –igual puedo estar equivocado al respecto– que en el caso venezolano la referida carestía tiene un elevadísimo componente especulativo, propiciado por los sectores pudientes opositores, pues no se me ocurre cómo sería de otro modo tratándose de un país tan rico, poseedor de la mayor reserva mundial reconocida de petróleo. Pero no se puede soslayar el hecho de que si aquella oligarquía aún conserva poder económico suficiente para boicotear si lo decide, es precisamente porque el Gobierno de Hugo Chávez –amén de su proyección socialista, pero a diferencia de la experiencia cubana– respetó en Venezuela la propiedad privada, agenciando al Estado el control de los renglones más estratégicos.

En estos días los cubanos vimos cómo Maduro pronunciaba su primer discurso como Presidente encargado –en el que inmediatamente convocó a elecciones– bajo el mismo techo, ante connotados opositores procapitalistas que escuchaban con respeto y con respeto eran tratados, y vimos cómo a través de Telesur, el canal que podríamos llamar “oficialista” del chavismo, el líder opositor Capriles emitía su torpe discurso con toda naturalidad, ante este y otros medios de prensa –lección de tolerancia de la que aquí deberíamos aprender.

En cuanto a las elecciones del próximo 14 de abril, me quedaron pocas dudas. Con su discurso ante el país, Capriles no hizo otra cosa que cavar su propia tumba. El líder opositor dio una lección magistral de torpeza política y de cómo atraerse animadversiones atacando incisivamente, más que a las instituciones, a la sensibilidad humana de gente que aún estaba en pleno duelo, enarbolando una diatriba que dejó un mal sabor de cara a elecciones demasiado cercanas como para tener tiempo de enmendar su error. Estoy convencido de que este desliz le costará a Capriles decenas o cientos de miles, quizás millones de votos. Auguro que estas elecciones, con el componente emocional a su favor, serán ganadas por Maduro con un margen mayor que las últimas ganadas por Chávez. A su favor dejó el comandante un legado de millones de alfabetizados, aliviados y propietarios de nuevas viviendas, mediante misiones como Robinson, Barrio Adentro, Hábitat y Gran Misión Vivienda, entre otras que completaron un total de 21 y que buscaron, ante todo, humanizar la vida del venezolano común.

El comandante Chávez murió después de una larga batalla durante la cual nunca le mintió a su pueblo con respecto a su salud. Doctor Honoris Causa en 10 Universidades, Premio Internacional “José Martí” de la UNESCO y merecedor de decenas de Reconocimientos, Ordenes y Condecoraciones internacionales, murió convencido de la justeza de su lucha, de la culpabilidad del capitalismo neoliberal en los graves problemas de América Latina y de la gran estafa tendida al tercer mundo por instituciones mundiales como el FMI y el Banco Mundial; murió convencido de que Bolívar nos lanzó una propuesta salvadora hace dos siglos, y en consecuencia abrazó aquel sueño hasta su postrer aliento. Media humanidad le honró, incluida la Asamblea General de la ONU, la OEA y prácticamente todos los organismos regionales. Medio centenar de Jefes de Estado y de Gobierno, así como cientos de personalidades mundiales asistieron a su sepelio y dejó una innegable impronta en la nueva dinámica de relaciones norte-sur. Todo esto me convence de que con Hugo Rafael Chávez Frías no seremos nosotros sino la Historia, y quizás no hoy sino mañana, quien emita el veredicto final.

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Por: Jeovany Jimenez Vega.

El cólera, también llamado morbo asiático porque desde La India y China ha asolado reiteradamente al mundo con mortíferas pandemias, es el resultado de la colonización del aparato digestivo por un bacilo llamado Vibrio cholerae –una bacteria de la familia Spirillaceae muy sensible al calor y a los ácidos, que la destruyen rápidamente– descubierto en 1893 por R. Koch, quien también descubriera en 1882 el bacilo de la tuberculosis. Se trata de una enfermedad infecciosa, muy contagiosa, transmitida por vía oral mediante el agua y los alimentos contaminados con las deyecciones o el vómito del hombre enfermo o portador –la orina rara vez contiene vibriones– así como por el contacto con objetos como vasos, platos o cubiertos de mesa contagiados por un colérico.

Esta enfermedad tiene un período de incubación muy breve –que puede ser de dos o tres horas, pero que generalmente oscila de diez horas a tres días– durante el cual el individuo, ya contagiado, aún no muestra síntomas. Siempre se debe tener en cuenta que el cólera puede ser asintomático (es el caso de los llamados portadores asintomáticos del germen) así como el hecho comprobado de que ésta, en una parte considerable de los casos, la mayoría para algunos autores, no transcurre con el cuadro típico y grave, sino con un cuadro coleriforme o como una diarrea vulgar que escapa fácilmente al diagnóstico. Pasado este el período de incubación sobreviene el período de estado, en el que el paciente realmente enferma. Se hace una distinción de cinco formas clínicas hacia las que puede evolucionar un enfermo.

Que el cólera irrumpiera en Cuba era sólo cuestión de tiempo. La afluencia de viajeros, estudiantes extranjeros y el personal de las Misiones Médicas cubanas y de otras áreas de colaboración procedentes de países en epidemia, ha sido durante años una potencial puerta para la entrada de enfermedades infectocontagiosas a nuestro país. Esta vez, comenzando por Santiago de Cuba, se extendió durante los últimos meses hasta el occidente del país, incluida la capital, en forma de brotes tratados con premura y éxito variables, pero sin alcanzar, hasta el momento, rango de gran epidemia.

En la capital cubana la situación epidemiológica no es homogénea, sino que hay municipios más afectados que otros, pero sería una irresponsabilidad especular aquí sobre datos que no domino plenamente. Así mismo no sería prudente, ni ético, intentar minimizar la situación por la que atraviesa el país, aun cuando no estemos ante una situación epidemiológica explosiva, aunque me consta que las autoridades sanitarias hacen un gran esfuerzo para tratar de resolver la situación y no dudo que para las autoridades de gobierno también el asunto tenga una alta prioridad. Conspiran contra ello las irregularidades en el abasto de agua potable, la lamentable situación de la red de distribución y el deterioro de los sistemas de drenaje de albañales en muchos lugares del país –cuya solución depende de inversiones millonarias a mediano y largo plazo– así como la baja percepción de riesgo que pueden llegar a tener algunos sectores poblacionales ante una enfermedad para ellos desconocida, que no existía en Cuba desde finales del siglo XIX.

Este es un problema que hay que asumir en su justa medida, que no debe ser subestimado –porque estamos ante una enfermedad potencialmente letal y que ha dejado fehacientes ejemplos a través de la historia de cuántas vidas puede costar– pero que tampoco hay que sobredimensionar, pues tengo absoluta confianza en la competencia de mis colegas para tratar adecuadamente cada caso. Eso sí, la sociedad cubana debe poner en tensión toda su capacidad organizativa para erradicar este flagelo y así evitar que se constituya en un patrón endémico. El sistema de la Salud Pública cubana está preparado para así lograrlo. Sin triunfalismos gratuitos, estoy convencido de que en pocos meses la situación quedará bajo control.

Los médicos cubanos estamos suficientemente sensibilizados y capacitados para aniquilar este peligro. Que nuestro gobierno tenga una deuda para con nosotros; que se nos pague un “salario” de risa que nos obliga a vivir en la insolvencia más absurda; que aún se le dispense una mala atención a mi sector, en fin, que persista la vieja rabia por la vindicación pendiente, ya será harina de otro costal aunque no sea este el post que se proponga amasarla; aunque a pesar de todo siga siendo la rabia mi más conspicua vocación.

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Por: Jeovany Jimenez Vega.

A las puertas del cielo se supone quien parte y en la agonía quien decide quedarse, pero cada cual desanda al final su propio camino al dolor común, cada cual hilvana su purgatorio. Estremecedora entrega de La Compañía del Cuartel la pasada semana en el Centro Cultural “Brecht”, del Vedado. “Peggy Pickit ve el rostro de Dios”, de Roland Schimmelpfenning, nos aboca a un sensible y polémico tema: cuánto de frustración o de realización personal puede implicar para un médico cubano partir a una colaboración de trabajo al extranjero o diluirse en la cotidianidad permaneciendo en Cuba.

Un argumento contenido y la actuación convincente de su joven elenco, logran abordar una realidad compleja y dolorosa, que tocó de cerca a este espectador por su propia condición de médico cubano, amigo de algunos que regresaron contando sus propias aventuras de Peggy Pickit y de otros tantos que no regresaron nunca.

Todo quiso decirse allí, todo quedó esbozado: asomarse a lo desconocido, a realidades también ardientes, a otra dimensión de la tragedia humana; saberse vehículo de un mensaje ajeno, ficha que se mueve al antojo o moneda de cambio; la mendicidad que compulsa a partir porque no sólo de pan se vive, porque los sueños también cuentan o porque el amor no basta; ese cruento desgarro de la pareja o la familia destruida en ciernes; hallarse mancillado por quien, te dijeron, sería tu hermano, encontrar que “…no siempre éramos bienvenidos, no”, en fin, que Peggy Pickit… nos asoma al lado penumbroso y humano de las misiones médicas cubanas, a su arista inconfesa, a esa que regresa con un velo de silencio dibujado en la mirada.

Se propone un acercamiento a uno de los puntos más polémicos y neurálgicos de la realidad que a mi sector atañe: la manera en que salir a una de esas misiones de trabajo puede afectar la vida de un profesional cubano que, al menos hasta el momento en que la obra fue escrita, no tenía permitido salir de su país sino bajo las condiciones exigidas por sus autoridades, y jamás por decisión propia; que una vez allá tenía –y tiene aún– que someterse a condiciones de vida en ocasiones extremas, expuesto a riesgos en su país impensables, que provienen de la naturaleza o de la hostilidad e ingratitud de los hombres, todo a sabiendas de que recibirá por ello un mínimo porciento de lo que entre países se pacta y entretanto permaneciendo alejado de su familia y de todo cuanto dejó.

Pero hoy, mientras aplaudo a La Compañía del Cuartel, me abstengo de emitir un juicio moral; nada más ajeno a mi ánimo que lanzar ataques capaces de herir susceptibilidades. Me sería muy difícil decir sinceramente lo que al respecto pienso sin que algún colega que estime se sienta aludido. A mi edad aprendí a ser tardo para opinar sobre realidades que no he vivido; a estas alturas intento, sobre todo, no juzgar. Por lo mismo decidí dejarlo a usted sacar sus propias conclusiones. Ya sabrán Carol y Martin sus razones para partir; ya sabrán Liz y Frank por qué eligieron quedarse. Quede cada cual –mejor así– a solas con su conciencia.

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Esperando la carroza…

IMG_0530Por: Jeovany Jimenez Vega.

La última vez que estuve en el mercado agropecuario, hace un par de días, encontré una variedad de ofertas que no recordaba desde mi niñez. Fue a mediados de la década de los 80´ que este mercado –al menos en Artemisa, donde vivo– tuvo su época de “esplendor”. Pero a los estrategas económicos les perturbó la prosperidad de los productores más emprendedores y consecuentes y aquello se acabó sin más ni más, de modo que lo que apenas unos años antes garantizaba en buena medida la demanda poblacional ya era, comenzada la siguiente década, historia pasada. Durante los años que le siguieron a aquel breve período, el sector campesino se ha visto, durante la mayor parte del tiempo, impedido de expandir su producción debido a leyes, ya bien limitantes a su productividad, ya bien amenazantes al fruto de su esfuerzo –hasta hoy siguen vigentes leyes que dan a la Fiscalía la potestad de confiscar, sin mucho miramiento, todo cuanto estime de un productor que florezca demasiado– y es obvio el efecto que esto ha tenido sobre el ánimo de aquellos que amanecen al pie del surco.

Diversos intentos de solución fueron emprendidos por el Estado –Plan Alimentario de los 90´ incluido– entre los que se destacaron las endebles Cooperativas de Créditos y Servicios –incluyendo su variante “fortalecida”– que nunca lograron garantizar un suministro constante y estable a la población, pues como norma fueron irrentables e inoperantes, dando lugar la mayoría de las veces a pérdidas económicas netas. Junto a la mala gestión de estas entidades a lo largo de todo el país, coexistió otro enorme obstáculo a la llegada de la producción hasta la mesa del cubano: la probada ineficacia y la irresponsabilidad de la empresa estatal de acopio. El Estado cubano monopolizó la actividad de acopio en una empresa única, y en su lucha contra los intermediarios eliminó toda la cadena de transporte de lo cosechado dejando esta actividad casi exclusivamente en manos de una entidad que, argumentando falta de combustible, de neumáticos, de cajas o de cualquier insumo, ha dejado pudrirse en el campo, año tras año, miles y miles de toneladas de alimento. Inexorablemente esto tuvo profundas consecuencias: los mercados continuaron desabastecidos y los precios por el techo, la producción fue desestimulada y el plato esperó ansioso por la comida que nunca llegó.

No se trata ahora de emprenderla nuevamente contra el intermediario que transporta la mercancía desde el campo –pues esa es sólo una actividad más, que no pueden asumir todos los productores precisamente por lo absorbente de su actividad. Para combatir la especulación se deben crear mecanismos que regulen, dinámicamente y con realismo, las políticas de precios. Pero antes que eso el Estado cubano tiene una grave cuenta pendiente con su pueblo: primero que todo debe predicar con el ejemplo y ajustar su política de precios irracional y hostil, perpetuada en el comercio minorista y que nos vacía el bolsillo a los dos días del cobro. ¡He aquí un excelente primer paso a dar para intentar normalizarlo todo! Solo en la medida que dejen de ser escandalosos los precios impuestos por el Estado irá teniendo el guajiro un incentivo para bajar los precios, tan escandalosos como aquellos, en la tarima de la feria.

Pero al parecer la política de Raúl Castro, un tanto más pragmática, ha brindado ya algunos frutos en cuanto a la oferta de alimentos, aunque no haya sucedido esto con toda la premura necesaria. Como no soy una voz autorizada, cabría escuchar el criterio de los productores al respecto pero, juzgando a primera vista, las circunstancias hoy parecen diferentes, aunque la situación no es homogénea a lo largo de todo el país y no todos los municipios tienen el “privilegio” de Artemisa –me lo confirma la gran afluencia de asiduos desde municipios colindantes a la feria de mi pueblo. Incluso, en la medida que nos alejamos de la capital, cuanto más se avanza hacia el oriente, más ostensible se hace el deterioro de nivel de vida y más merma la oferta agropecuaria.

Creo que aquí todo es, sobre todo, una cuestión de enfoque; el camino para satisfacer nuestras demandas pudiera ser mucho más corto de lo que se supone y el ejemplo de China lo demuestra: desde que Deng Xiao Ping determinó que más importante que el color del gato era que cazara ratones, pasaron muy pocos años para que se palparan resultados en la producción de alimentos. Así mismo Viet Nam –para confrontar esquemas de producción “análogos” al nuestro– aumentó sustancialmente su producción cuando abrió las puertas a la pequeña empresa familiar. ¡Ah! pero sucede en esos casos algo medularmente diferente al nuestro: un productor vietnamita puede salir al extranjero cuando necesita comprar sus propios insumos y un empresario chino puede, sin que nadie se escandalice por eso, amasar una fortuna personal si lo hace según medios legales y es que de eso se trata: sería mucho mejor que el Estado cubano, en lugar de intentar abastecer a todos nuestros productores –algo que hasta ahora no logra– les autorice a importar directamente cuanto necesiten cuando tengan los medios para hacerlo; sería mucho mejor aceptar que “…allegarse una fortuna es un deber, siempre que sea por medios lícitos…” –palabras de José Julián Martí, no mías– y siendo consecuentes con este pensamiento se reconforme nuestro cuerpo de leyes para que nadie más vea evaporarse, de la noche a la mañana, todo el fruto que cultivó durante años con el brío de sus manos.

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!Abre la muralla!

Granma-informaba-migratoria-Habana-octubre_PREIMA20130114_0138_40Por: Jeovany Jimenez Vega.

La entrada en vigor, desde el pasado 14 de enero, de las reformas a la política migratoria cubana, ha generado una expectativa sin precedentes en más de 50 años para un pueblo que sufrió ya por demasiado tiempo la separación familiar y el luto por las terribles muertes en el mar. Se supone que a partir de este momento dejó de existir aquel engendro de la tarjeta blanca –equivalente al sacrosanto permiso de salida– y con él también la execrable figura de la salida definitiva, con lo cual se desterraba contra su voluntad a todo cubano que decidía salir de su país por determinado tiempo y que implicaba el encautamiento automático de todo cuanto dejaba, cosas realmente graves si se les mira desde una perspectiva correcta.

Si tengo hasta ahora una postura más bien escéptica con relación a todo esto nadie me debería culpar; téngase en cuenta mi condición de médico cubano que vive dentro de Cuba subordinado a un Ministerio que desde 1999 decidió que ninguno de los profesionales a él subordinados saldría de su país, ni siquiera temporalmente durante sus vacaciones, hasta pasados no menos de cinco años después de haber solicitado la “liberación” a su ministro.

Ahora se comenta que ha sido derogada la resolución ministerial fantasma que disponía esta extrema medida, de lo cual se han hecho eco muchos sitios digitales y medios de prensa extranjeros, así como medios alternativos cubanos, pero lo cierto es que mi ministerio y mi gobierno no han hecho declaración pública alguna que lo confirme oficialmente, de ahí que se desate alrededor del tema la ya acostumbrada ola de especulación y rumores.

En lo personal pienso que las autoridades cubanas pudieron haber razonado del siguiente modo: si ya la nueva Ley Migratoria, en los Artículos 23 y 25, mediante su inciso f, determina sin ambages que no se le permitirá viajar libremente a los profesionales “…en virtud de las normas dirigidas a preservar la fuerza de trabajo calificada…”, entonces ¿para qué mantener vigente aquella resolución diseñada exclusivamente para el personal subordinado al Ministerio de Salud Pública? ¿Para qué mantener dos herramientas cuando con una es suficiente? Después de todo, en términos prácticos, algo que antes afectaba sólo a los profesionales de mi sector ahora se hace extensivo al resto de los profesionales y técnicos del país.

Pero por no pecar de intransigente esperaré que sea el tiempo quien diga la última palabra. Ojalá a partir de hoy ningún cubano sea privado de su derecho a viajar; ojalá ningún cubano sea retenido contra su voluntad, bajo ningún pretexto, por ningún burócrata; ojalá no se condicione a nadie para ser autorizado a salir o entrar a su país. Por ahora, discúlpenme señores, me reservo el beneficio de la duda. Jamás como ahora había deseado tan intensamente estar equivocado.

Ver: Entre la verguenza y el orgullo.

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Sueños de paz.

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Por: Jeovany Jimenez Vega.

Ofrezco mis manos abiertas a un amigo que de niño tuve, al amigo que conocí cuando la feria sólo ofrecía sueños lívidos, convulsos. Fue por aquel tiempo que mi amigo se empeñó en tejer esperanzas a contrapelo del tórrido viento que anunciaba tormentas arremolinado al fondo de la calle, el viento que en su ascenso parecía salpicarlo todo de colores vivos, caóticos, bellos matices que huían de la hojarasca fermentada que llegaba del naciente de la plaza. En mis sueños –nítidamente lo recuerdo– mi amigo se elevaba a una inconmensurable altura y allí, por encima del vuelo de las palomas, grababa en el cielo sus remotos signos. Entonces la plaza se inundaba de aquel olor a sueños nuevos.

Hoy confío a sus manos cálidas cuanta ternura, de la borrasca, salvaron las manos mías; mis manos adoloridas y cansadas debido a las historias que mi amigo me contaba. No aclaró en aquellos días –olvidando que un niño cree todo cuanto escucha– que la luz, como la verdad, tiene peligros si se la toma por asalto, y este niño fue en pos de la luz y ahora, por querer tocar el sol lleva quemadas las manos. Pero, aunque las llagas pusieron fin a la inocencia, no le culpa. De hecho aquel niño todavía se pregunta si aún espantaría con él las mariposas, si haría naufragar aquellos barcos de papel, si condenara bajo los torrenciales aguaceros a aquellos mismos papalotes altos como lianas; aunque sepa bien que hoy les bañaría la luz de crepúsculos muy distintos y dispares, más humanos y sublimes.

Cuando cae la tarde salgo al limpio de la plaza y lanzo una línea tricolor que la divide en dos mitades justas. La sorpresa agita a las palomas y al resto de las criaturas y hago notar a mi entrañable amigo que, además de palomas, la plaza abriga y aguarda gorriones, tórtolas, canarios, sinsontes, zunzunes, golondrinas y jilgueros, delicadas creaciones, todas de Dios, que habiendo nacido en la misma villa tienen el mismo derecho al vuelo, al espacio y al sol y que sólo piden un poco más de luz, algún rinconcito de paz para aliviar su vida, que es tan etérea y fugaz como los sueños. Espero que mi amigo comprenda que esa es la arista más bella de los pájaros que anidan en esta isla infinita: que con la libertad tienen bastante.

medico-cubano

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Llega la efeméride sin novedades en el frente. Hoy es el Día de la Medicina Latinoamericana y en algún que otro centro asistencial cubano se hará algún que otro acto político-cultural-recreativo-alegórico, en que algún que otro dirigente repetirá alguna que otra frase patriótica de ocasión oportunamente memorizada. Encima del entablado estarán aquellos que viven de hablar, de simular o de mentir, en tanto frente al mismo estaremos aquellos que simplemente trabajamos salvando vidas humanas. Cuando la puesta en escena termine aquellos partirán dejando atrás el mismo panorama de siempre: un profesional de la salud que se pregunta de qué sirven las palabras sin el respaldo de los hechos.

Por estos días se escuchan nuevamente rumores de un inminente “aumento salarial” que se realizaría a nuestro sector, incluso se precisa que sería de alrededor del 30 o 40% del salario básico. En lo personal lo dudo mucho –pues en uno de sus últimos discursos Raíl Castro definió que por ahora eso no sucedería. Crearse hoy expectativas sería como tomar los latidos del corazón por el galope del caballo que se espera, pero valdría la pena, acotación aparte, reflexionar sobre la valía de semejante “aumento” para un sector económico que está ingresando alrededor de 10000 millones de dólares anuales a este país. De ser cierto se tratarían de alrededor de $200.oo pesos (CUP) lo que se nos aumentaría –esto quiere decir hoy por hoy en Cuba $8.oo pesos convertibles (CUC), o lo que sería lo mismo 8.80 USD. O sea, que en tanto generamos miles de millones se destinarían 8 dólares mensuales para semejante “aumento salarial”.

Pero el Gobierno cubano asegura que no tiene más para destinar a sus trabajadores de la Salud Pública. Cierto es que tiene que priorizar el salario de aquellos policías que con estoicismo se sacrifican por mantener todo tan tranquilo como para que no se escuche a nadie gritar en medio de esta calle de revolucionarios que no le alcanza su salario para vivir, lo cual sería un paisaje demasiado ocre para la pupila de los turistas y reporteros extranjeros.

Lo que define la calidad de una dádiva es la postura, la dignidad de quien la recibe: si se recibe algo desde una postura de sumisión o sometimiento, con menoscabo de un solo ápice de dignidad, eso que se recibe será una limosna aunque consista en millones porque será recibido de un modo indigno; eso fue lo que se pretendió hacer con nosotros en 2005 y sería lo mismo ahora, en caso de ser cierto lo que se murmura. Creo que si algún sector en Cuba está holgadamente en condiciones de triplicar el salario básico de sus profesionales, ese sector es la Salud Pública; triplicar el salario básico –y desde ahí considerar en más menos $500.oo pesos cada especialidad que se haga o, de un modo a considerar por el estilo, cualquier diplomado o maestría– comenzaría a ser algo más respetuoso; lo demás sería puro simbolismo, pura vitrina.

Pero como todo será de momento pura especulación –y para que no se me acuse una vez más de estar “metalizado” por demandar un salario más decoroso– me plazco hoy en felicitar desde mi humilde sitio a aquellos que tengo en elevada estima, a aquellos que con modestísimos recursos trabajan, obviando sus carencias personales, para devolver a la salud y a la vida cuanto ser humano sea posible; a mi profesora, por la que siento una admiración y un respeto rayanos con el fanatismo, y una devoción similar a la que se profesa a los mártires y los santos; a aquel profesor que no conoce mi voz y al que, de no ser por los límites que la apostura y la gallardía imponen, igual que se besa a un padre, siempre que me lo topara le besaría sus limpias manos.

Ver: Día de la Medicina… 3/12/2011.

Una proposición indecente.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

A propósito del artículo publicado por Jean-Guy Allard en Granma el pasado 12 de noviembre en que se acusa a Yoanis Sánchez, por enésima vez, de “mercenaria al servicio de los Estados Unidos”.

Es evidente que el tema “Generación Y” se le ha ido de las manos a los responsables de serenar al ganado, y presumo que esto ha trastornado el sueño de un sinnúmero de oficiales operativos, reales y virtuales, a todos los niveles de la contrainteligencia cubana. Como en mi rol de médico estoy obligado a velar por la salud física, pero también mental, de cada cubano, hoy intento hacerle llegar al autor de este artículo y a la Seguridad del Estado –incluida la Sección 21, que mantiene con esta joven habanera una relación sentimental muy intensa– una duda que me asalta: si el Gobierno norteamericano y/o la CIA tienen contratada a esta “mercenaria” y está ella movida, asalariada al fin, sólo por mezquinos intereses, entonces la solución contra su insomnio es extremadamente simple: ¿por qué no sobornarla? ¿Por qué no pagarle más y punto?

Hay algo que la historia ha demostrado con creces, y es que los mercenarios, sin honor ni bandera, sirven al mejor postor; entonces la solución está expedita: si los del norte le han pagado unos miserables 500000 euros, páguesele digamos, un millón, o cinco, tal vez diez y seguramente se le saltarían los ojos de las órbitas ante tan irresistible oferta; después de todo en ese pecho vacío de principios no hay lugar más que para la codicia, así que ya sería hora de subirle la parada a esta desmadrada y verían cómo en el acto cambia de bando y se hunde en el mutismo absoluto que exigiría semejante contrato.

Aunque he estado muchas veces en su casa, de la vida de Yoanis sólo conozco lo públicamente visible. A pesar de la cordialidad con que trata a todos allí junto a su esposo –ese otro irremediable, Reynaldo Escobar– hay barreras que el respeto y la prudencia presuponen. Por eso no aspiro a que este post se erija en apología, pues además de no ser en lo personal mi estilo, sucede algo mucho más elemental: alguien que ha sabido alimentar una bitácora que recibe, según Wikipedia, 14 millones de visitas mensuales –convirtiéndola en la página más visitada de habla hispana en la red– no lo necesita. En cuanto a mí, tampoco lo necesito pues de Yoanis no busco nada en lo personal, y además, si nunca adulé ni me plegué ante un poder omnímodo y abrumador dueño de todo cuanto me rodea, capaz de arruinar mi vida con un chasquido de sus dedos, entonces ya no lo haré ante nadie. Pero terminó sulfatando mis circuitos que en la prensa oficial cubana, la que calla escandalosamente ante la alta corrupción instituida en mi país, se reduzca todo a la misma cantaleta del money catch money –lo demuestra el hecho de que absolutamente todo opositor político cubano, desde el más antiguo y recalcitrante hasta el último advenedizo, sin excepción, estén acusados como tal.

Pero bien, para no disgregar: pagarle más a esta “depravada” ¿no sería una solución? En caso de que, por azares del bloqueo, haya estrechez de presupuesto para actividades represivas, algo poco probable, 500001 euros bastarían; después de todo a estos desmadrados, según la acusación oficial, la diferencia de un solo dólar bastaría para derrumbarlos, babeantes, a los pies del nuevo amo. En un país donde millones callan y simulan por un puesto de dirección, por la asignación de un auto estatal o por una misioncita de trabajo en el extranjero, qué no haría esta “perdularia” ante semejante oferta. Creo, supongo, digo yo, a lo mejor con esta minucia –que valdría la pena extraer, con la debida prudencia, de la cuenta secreta de algún magnate que haya expoliado millones de este paisito– baste para librar a la plana mayor de semejante dolor testicular.

Quiero hacer constar, eso sí, que obré aquí únicamente desde el punto de vista profesional, por vocación analgésica, para aliviar las molestias causadas por esta chiquilla a testículos semejantes –sin dudas, los más grandes y congestivos de toda la isla, nadie lo cuestiona– y todo sería mantenido en el más hermético y riguroso secreto profesional. Después de todo, los médicos en Cuba trabajamos gratis, a mí nada se me debe, pero es increíble, me sigue inquietando, que a los genitales… digo, geniales estrategas de la SE no se les haya ocurrido nunca seguir una táctica tan elemental.

Ver: Cubanos y punto.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Hará dos semanas que Antonio Rodiles fue detenido por la Seguridad del Estado. Primero acusado de resistencia al arresto, luego llegó a formulársele el cargo de atentado contra la autoridad cuando casi una decena de testigos desmienten la acusación policial. No se trata ya de nada inusual, pues en Cuba las detenciones arbitrarias hace mucho forman parte de la praxis represiva. Esta vez se trata de alguien de innegable carisma y cuya autenticidad queda demostrada con hechos concretos: en poco tiempo Rodiles convirtió Estado de Sats –contra todas las banderas y con modestísimos recursos– en un importante espacio referencial cuando de sondear la realidad cubana se trata.

Varios factores contribuyen a que nuestra atmósfera transpire hoy aromas alternativos. En este sentido, a las extensas posibilidades de Internet, que abren una brecha digital al mundo por donde se asoma la mirada inquieta de los bloggers y twitteros de la isla, se suma la falta de una prensa oficial ética que denuncie la desvergüenza de los corruptos, la ineptitud de los dirigentes y las contantes vejaciones a nuestras libertades civiles, y en este contexto se han insertado alternativas como Voces Cubanas y Estado de Sats. Pero este último espacio tiene una particularidad no precisamente virtual: en el hogar de Rodiles, durante la presentación de los programas, con frecuencia confluyen asidua y físicamente cerca de un centenar de irreverentes, y ya sabemos lo que esto significa para el poder en Cuba. Esta modesta, pero evidente capacidad de convocatoria, terminó preocupando a la plana mayor; por eso cuando Rodiles se personó frente a la Sección 21 en la tarde del miércoles 7 de noviembre, el mando vio la esperada oportunidad de empapelarlo y decapitar su proyecto. Pero quienes así razonan subestiman a una sociedad civil que no está dispuesta a ceder una pulgada del espacio conquistado a fuerza de grandes riesgos.

Estamos ante un pueblo saturado de promesas que ya suenan a burla, palabras desmentidas por la demagogia de una élite aburguesada que nos exige austeridad desde una mesa rebosante; estamos ante un pueblo obligado a privaciones injustificables y carencias que generan una profunda inmoralidad social, que han convertido en “nimiedades” el robo, la simulación y la mentira, y lo que es peor, en un crimen la sinceridad y el civismo; estamos ante una juventud que definitivamente es otra, y quiere abrirse a un mundo que sospecha suyo y extenso, que se sabe prisionera, pero que ahora ya conoce el nombre, el santo y seña de su carcelero y cada vez le teme menos; él lo sabe, y por eso reprime cada nacimiento, intenta mutilar cada retoño nuevo, tapiza las hendijas para que no asomen a su celda los peligrosos rayos del sol.

Le acusan de atentado y sin embargo en Estado de Sats, el hogar de Rodiles, nunca vi ni por asomo un garrote o la punta de un gatillo, nunca oí tramar atentados ni sabotajes, nunca escuché una amenaza, ni un llamado a la violencia, allí no escuché más que ideas y argumentos, con razones o no, pero lanzados desde el presupuesto de la tolerancia, del respeto por el criterio ajeno. Hasta donde sé, ningún opositor cubano detuvo jamás a algún delegado de la Asamblea Nacional del Poder Popular en la entrada del Parlamento, ni a ningún militante comunista para impedirle que participara en el último Congreso de su Partido, ni organizó ningún “operativo” para boicotear su pasada Conferencia Nacional. Sin embargo, en sentido contrario el asunto cambia de rostro: los allanamientos y las detenciones arbitrarias perpetradas por la Seguridad del Estado contra cualquier disidente cuando, como y donde desee, sin garantías procesales y hasta sin formular cargos –incluidos muchos que se dirigían precisamente a Sats– son su práctica cotidiana, denunciada miles de veces por bloggers, twitteros y por el mismo proyecto que ahora quieren apagar.

Si a pesar de la sorda pujanza imprimida durante las últimas décadas por la disidencia ante el omnímodo poder estatal, este no ha hecho más que arreciar varias vueltas de rosca, cabría sólo imaginar el panorama si estos señores no se supieran emplazados por esa selecta parte de los cubanos que se atreven a hablar mientras el resto calla. Espacios alternativos como la presentación mensual de la Revista Voces y proyectos como Omni Zona Franca y el propio Estado de Sats, son en este instante tan necesarios para este pueblo como el milagro del pan y los peces y no deben desaparecer así simplemente porque unos gorilas consideren que este país sigue siendo la misma selva de los 60 y 70.

Pero tenían que prender a Rodiles porque cada valiente es un esclavo menos, porque cada frente levantada es un acto de vindicación, porque cada mascarada que cae es un triunfo de la dignidad humana, uno de esos milagros que son capaces de obrar únicamente los hombres cabales. Por todo esto, por auténticos y necesarios, se deben perseverar los espacios como Sats. Deben comprender los bárbaros, de una vez por todas, que de nada sirve encarcelar a un hombre cuando sus sueños quedan libres. Rodiles concibió este proyecto ya nuestro, le dedicó sus desvelos, asumió todos los riesgos y puso en él la misma esperanza y la misma fe que se ponen en un hijo. Por eso debemos cuidar de Estado de Sats –se lo debemos a él como a nosotros mismos– pues por adverso que parezca el horizonte ¡no se abandona jamás al hijo de un amigo!

El turno del ofendido.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

En marzo de 2007 la Fiscalía General de la República respondía por única vez a la primera de tres solicitudes que le hicieran llegar dos médicos injustamente inhabilitados. Más que el dictamen técnico emitido por un poder apolítico y autónomo a dos ciudadanos que consideraban gravemente vulnerados sus derechos, aquella respuesta antológica era una vendetta, una crucifixión escrita en un lenguaje parcializado y cargado políticamente.

Pero por misterios de esta vida, y aunque han pasado más de cinco años, hoy amanecí con un par de dudas retumbándome en esta cabecita dura. De esto se trata: en el hipotético caso en que los afectados decidiéramos ahora demandar ante un Tribunal Popular a las personas responsables de los graves daños sufridos ¿cuál sería el procedimiento a seguir? ¿Consideraría ahora procedente nuestra Fiscalía acusar a estos funcionarios –que, por cierto, aún ocupan cargos públicos– por habernos sometido públicamente a vejaciones morales y gravísimos perjuicios profesionales y familiares?

Después de todo, obligadas conclusiones se derivan de que fuéramos nuevamente habilitados en nuestra profesión y de que se nos restituyera íntegramente el salario de todo el tiempo que permanecimos sancionados: implica a las claras que todo fue una injusticia, que para empapelarnos se adulteró la verdad, se difamó al por mayor y que, obviamente, alguien fue responsable de todo esto. Hoy le preguntaría a nuestra “honorable” Fiscalía, la misma que hace cinco años desestimó cada evidencia a nuestro favor, si aún nos asiste el derecho de acusar a aquellas personas que, con potestad para ello, nunca hicieron nada.

Me pregunto si aún procedería acusar por perjurio y difamación al entonces Director Provincial de Salud de La Habana Dr. Wilfredo Lorenzo Felipe, hoy Director Municipal de Salud de Guanajay, y a su esposa la Dra. Beatriz Torres Pérez, entonces Decana de la Filial Oeste del Instituto de Ciencias Médicas de La Habana, al entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, actual jefe de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido, que desatendió las 10 cartas dirigidas a él y al actual Ministro Dr. Roberto Morales Ojeda que desatendió otras tantas; me pregunto si procedería acusar de prevaricación a Ricardo Alarcón de Quesada, aún Presidente del Parlamento, a Esteban Lazo, aún Vicepresidente del Consejo de Estado, a José Ramón Machado Ventura, aún Primer Vicepresidente del Consejo de Estado o a Raúl Castro, nuestro Presidente, al que llegué a dirigir cuatro cartas sin recibir respuesta, sólo pregunto. Todas estas personas, cuando no fueron responsables de nuestro drama, al menos conocieron durante años esta situación y nunca hicieron nada al respecto.

Por ir un poco más allá: me pregunto si la Fiscalía General de la República consideraría procedente iniciar un proceso por prevaricación, contra ella misma como institución, por haber desestimado desde mediados de 2007 las evidencias que debieron derivar en nuestra inmediata habilitación, pues probaban que para castigarnos fueron adulterados los hechos por motivaciones políticas. Porque se supone que viva yo bajo un Estado de Derecho –asegura mi gobierno– que me otorga la potestad, como ciudadano común –¿acaso ciudadano cero?– de interponer ante las autoridades competentes cuantos recursos estime necesarios para garantizar mis libertades personales ¿o no?

No me propongo hurgar en el estiércol. La larga y paciente lucha que libré para regresar al ejercicio de mi profesión me hizo crecer y me purificó de miserias. Hoy sólo me anima la curiosidad, pues aunque tengo derecho a sentirme resentido aún, sin embargo, he decidido seguir aquel noble consejo de Reinaldo Escobar y Yoanis Sánchez, los malditos, los excomulgados que apenas horas después de habilitado me solicitaban que desde ese momento me concentrara en mi salud y lo perdonara todo; después de todo fueron estos “mal nacidos incendiarios” quienes me pidieron entonces ¡paradojas de esta vida! que tuviera el valor y la grandeza de olvidar.

Legaron estas sentidas palabras, nítidas, limpias y sinceras a nuestro correo, escritas por un colega que no conozco; nunca vi su rostro, nunca estreché su mano, ni siquiera sé si Eider existe, pero aquí quedan estas palabras íntegras.       /Jeovany Jimenez Vega.

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Días atrás tuve la oportunidad de leer una carta abierta emitida por el Servicio de Cirugía General del Hospital Calixto García denunciando las deplorables condiciones de trabajo a que se enfrentan cada día. La misiva aborda temas en extremo álgidos y alude textualmente: … “el gobierno es responsable de todo esto, y no solo de saberlo, sino también de resolverlo”, fin de la cita. Esta carta tiene altas cotas de audacia y creo que en su razón hace un llamado de alerta emergente para que se enfoquen de una vez por todas en el tildado disgusto del médico cubano. Debemos exigirle a nuestro gobierno que nos tiene que diferenciar  del resto del pueblo trabajador. Somos médicos y tenemos el don de manipular la vida y eso merece respeto. No podemos seguir siendo las ancas de este sistema donde cualquiera es digno por ganar una medalla o tocar una tumbadora. Los médicos cubanos queremos ser dignos en nuestro país y que el pueblo nos respete: la dignidad debe empezar en casa. Vamos deambulando el mundo para mostrar cuan digno somos de sentirnos médicos cubanos y cuando llegamos a Cuba nos ruborizamos por lo que somos pues nadie nos valora por lo que hacemos. Somos míseros en nuestro propio país y querubines en el mundo; somos dioses para el resto del mundo y ángeles caídos en nuestra hermosa patria. No solazamos a los turistas, pero los sanamos; no diseminamos cultura pero dictamos sentencias que salvan; no rompemos records mundiales pero descendemos porcientos y eso vale tanto y más como la vida misma porque eso es lo que hacemos a diario. No tenemos que esperar un ciclo olímpico, ni el concurso del año ni la oportuna invitación de un emigrante para llegar a la cumbre. No, nuestra competencia es el diario cumplimiento del deber; toda la artesanía que sale de nuestras manos para que los desdichados la disfruten; toda la energía que expelen nuestras ansias día a día para que terceros sean felices.  Proveemos felicidad, records, cantos y poesías, y eso es arte también. Por qué no recompensarnos si nuestros frutos son más dulces que los de los demás. Podemos hacer las dos cosas: ser dignos en el exterior y ser dignos en nuestro país. Podemos llevar la vida a las afueras  dejando garantía de vida a los nuestros. Queremos y exigimos brindarle atención a nuestro pueblo con la misma eficacia con que se brinda en el exterior; queremos y necesitamos que valoren y paguen nuestro trabajo con los mismos juicios con que valoran y pagan a los que están en misiones externas. ¿Cómo podemos  vivir en la penuria y contrariamente dar opulentas atenciones a nuestros pacientes? No es cuestión de conciencia y triviales concepciones. Es cuestión de lógica dialéctica. No es posible que los nuestros se ahoguen mientras salvamos a otros; no es posible que seamos incapaces de brindar sustento a nuestras familias  con nuestra labor y paradójicamente tenemos la obligación de apuntalar, en ocasiones con horcones viejos, otras familias. Somos médicos tanto como humanos, tanto como cubanos y las necesidades de muchos no deben ser la de todos. Sí que vivimos más en espíritus cuantas más almas salvamos pero el don de la sapiencia se rinde ante la inopia. No podemos alimentar a nuestros hijos con racimos de moral ni vestirlos con franelas del más fino regocijo.  Nuestro Presidente dijo el 26 de Julio de este año que sabía que los médicos ganaban poco pero que así estaban todos. Perdón Sr. Presidente pero con todo el respeto que Ud. se merece, así no estamos todos. Somos la especialidad de la casa en cuanto a desigualdad se refiere. En el centro de la crisis podemos ser la excepción de la regla y ganar un salario más justo y tener condiciones labores no solo más justas sino más dignas  en correspondencia a la labor humanitaria e inconmensurable que brindamos. Conocemos de las inversiones magnánimas que se realizan para sustentar el Sistema de Salud Cubano y sus Instituciones pero no se invierte en el ser humano, en el médico; es como obligar a un indigente que habite en un palacio. Tiene Cuba un ejército de batas blancas codiciado e insuperable pero ya el blanco se torna isabelino: la pureza… va cambiando de color.

                                                                                          Eider Valdés

                                                                            24 de Septiembre 2012

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Ya es un hecho: las esperadas “reformas migratorias”, anunciadas por Raúl Castro hace casi un año y medio, llegan con demasiado ruido y pocas nueces. Publicadas “casualmente” cinco días antes de las elecciones para delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, las modificaciones a la Ley No. 1312 “Ley de Migración”, de 20 de septiembre de 1976, fueron otra vez la zanahoria plástica colgada delante del arreo. Algún ingenuo pudiera creer llegada su oportunidad en la vida, pero el desengaño –sinceramente, quisiera equivocarme en este punto– más temprano que tarde develará la verdadera intención detrás de un decreto-ley donde se repiten demasiado el verbo “autorizar” que ha regido los destinos de un pueblo confinado a sus fronteras por más de medio siglo.

Según entendí del Decreto-Ley No. 302, emitido por el Presidente Raúl Castro el 11 de octubre de 2012 y publicado en Gaceta Oficial el pasado 16 de octubre, nada cambia para los profesionales cubanos –incluidos los de la Salud Pública, de más decirlo– que continuamos arrastrando esa cruz en que convirtió este gobierno el hecho de habernos consagrado al cultivo del conocimiento. Una vez más así se nos paga: dejándonos en franca desventaja, vulnerando nuestro derecho a viajar, privándosenos de toda oportunidad de confrontarnos con el mundo. Los Artículos 23 y 25, incisos f, lo dejan muy claro cuando excluyen de salir del país a todo aquel que carezca “…de la autorización establecida, en virtud de las normas dirigidas a preservar la fuerza de trabajo calificada…” con lo cual ya de golpe se deja fuera de juego a millones de cubanos.

No hay que ser demasiado listo para advertir que los artículos 23, 24 y 25, íntegramente añadidos a la antigua Ley de septiembre de 1976, le otorgan aún plena potestad a las autoridades cubanas para denegar el pasaporte, denegar la entrada e igual denegar la salida del país, respectivamente y según criterios subjetivos, a cualquier persona dentro o fuera de Cuba, todo lo cual basta para dejar al desnudo la verdadera naturaleza, hipócrita y engañosa, de esta ley. Demasiada ambigüedad deja abierta el Artículo 23, inciso h –y por extensión el mismo inciso del Artículo 25– cuando establecen que algún funcionario puede negar el otorgamiento del pasaporte y/o la salida del país a alguien “…Cuando por otras razones de interés público lo determinen las autoridades facultadas…”, ambigüedad que bastará para continuar reteniendo a millones de cubanos bajo este cielito azul cada vez que al Gobierno cubano le venga en ganas. Estos artículos e incisos estarán colgando, como espada de Damocles, sobre todos los cubanos.

La otra faceta denigrante del asunto: el Artículo 24, mediante sus incisos c, d y e establece como “…inadmisibles…” para su entrada al país –pues los encierra en la misma categoría que a los terroristas, los traficantes de personas y de armas, a los narcotraficantes y mafiosos internacionales del lavado de dinero– a todos aquellos acusados por el Gobierno cubano de “…Organizar, estimular, realizar o participar en acciones hostiles contra los fundamentos políticos, económicos y sociales del Estado cubano…”, “…Cuando razones de Defensa y Seguridad Nacional así lo aconsejen…” y además –esta es la joyita de la corona– a todo aquel que el Gobierno cubano considere que deba “…Tener prohibida su entrada al país, por estar declarado indeseable o expulsado.” Si lo quiere más claro, échele agua: se da por descontado que aquellos cubanos con criterios políticos divergentes con las líneas del Gobierno continuarán viéndose privados de viajar, y que en caso de que logren salir del país asumen un altísimo riesgo de que no se le permita regresar, y esto incluye, por supuesto, a los millones de cubanos y sus descendientes que viven fuera de su país.

Algo va quedando claro: que mientras una autoridad prohíba que quienes vivimos en Cuba salgamos libremente de ella, e igual que cualquiera de los millones que viven fuera regresen al abrazo de su patria sin condicionamientos, nadie podrá hablar de libertad real para viajar; esta es una decisión privativa del individuo y jamás lo será de ningún funcionario pues, derecho al fin, es inalienable. Mientras se nos obligue a dejar aquí a nuestras familias de rehén como requisito para viajar al extranjero, se coarte la libertad de pensamiento con el chantaje de una salida, se excluya a un solo cubano de su derecho a salir o entrar libremente de su patria, nada habrá cambiado en Cuba. El tiempo dirá la última palabra, pero por ahora todo parece puro espejismo; de momento, en el balcón de La Habana, el cuartico está igualito…

Recordatorio necesario.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Releo la carta dirigida por médicos cirujanos del Hospital habanero “Calixto García” a Raúl Castro, que fuera publicada el pasado 20 de septiembre por Cubaencuentro de forma anónima y sin fecha. En el momento de publicar mi anterior post el 1 de octubre, desconocía yo que desde el 28 de septiembre otro sitio digital, Cubainformación, había publicado lo que asegura es la auténtica carta –esta vez respaldada por el nombre de 62 cirujanos de dicho hospital y fechada 15 de agosto de 2011– en un artículo que además acusaba a “Grandes medios internacionales y webs de la llamada disidencia cubana…” de manipular el documento. Al día siguiente, 29 de septiembre, Cubaencuentro reseñó la acusación y publicó íntegramente el texto referido por Cubainformación.

No creo que la carta hecha pública por uno de estos sitios difiera demasiado en su esencia de la publicada por el otro. Palabras más, palabras menos, pero la miseria, el atropello, la desatención y la desesperanza que describen son hechos incuestionables. Por lo mismo, hoy no centro mi atención en la presunta autenticidad de unos o de otros, sino en un hecho que aquí se desliza entretelones; este polémico documento cobra trascendencia sólo después de ser publicado por Cubaencuentro, y sin embargo fue enviado a la máxima dirección del país más de un año antes y es aquí donde pregunto: ¿estos médicos recibieron alguna respuesta de las autoridades políticas y de gobierno a sus justas preocupaciones? ¿O acaso trascendió a Internet porque jamás recibieron una respuesta a su carta? ¿Reaccionaron las autoridades con madurez y naturalidad o con su acostumbrada soberbia? ¿Hechos como este harán finalmente tomar conciencia a las autoridades cubanas de la inminente necesidad de atendernos con más respeto o se perpetuará eternamente esta indolencia?

Espero que por esta vez de la polémica broten buenos frutos. Ojalá esta intolerancia que nos ha corroído la vida no se cebe nunca más en aquellos que desde la vergüenza tienen la hidalguía de hablar en voz alta cuando otros por miedo callan. Ojalá que ningún otro cubano sufra lo que hube de sufrir por decir un día palabras parecidas, que aquí dejo como recordatorio de lo que debió cambiar, pero continúa siendo vergüenza de nuestra patria.

(*) Carta dirigida al entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, el 11 de noviembre de 2005, por los Dres. Jeovany Jimenez Vega y Rodolfo Martínez Vigoa. (Fragmento)

El trabajador subordinado a nuestro Ministerio tiene particularidades propias que se deben tener en cuenta para no caer en análisis simplistas… Quien se gradúa y luego se supera, como ineludible consecuencia humana, aspira a vivir decorosamente del fruto de su esfuerzo, pero hoy nuestra realidad particular es bien penosa y diferente: recibimos un salario evanescente que se agota a los 5 ó sumo 10 días, quedando pues en la agonía de la urgencia a expensas de esa especie de caridad pública, del gesto espontáneo del paciente agradecido que conoce nuestra imperiosa necesidad. Hablamos de profesionales talentosos y consagrados, de elevada calidad humana, trabajando con batas raídas y su único par de zapatos rotos, con muchas de sus necesidades más elementales sin cubrir, que han coexistido con esta lamentable situación durante más de una década, agobiados por carencias que llenarían estas cuartillas y que dejamos a su imaginación.

Si bien es cierto que algún paciente nuestro con apenas sexto grado percibe no menos de $3000.oo MN al mes vendiendo caramelos o maní y otros pueden ganarlo diariamente, sería absurda aquí la comparación con el sector que realiza trabajos por cuenta propia. Proponemos entonces llamar la atención sobre sectores estatales que interactúan a nuestro alrededor y que sí sería válido tomar como punto de comparación. Ejemplos: El agente SEPSA que incluyendo MN, CUC, alimentos, aseo personal, etc, percibe alrededor de $2000.oo MN mensualmente o la oficinista ETECSA que por conceptos parecidos percibe $ 1000.oo MN. El MINFAR y el MININT reciben salarios más altos que los nuestros y siguen hace años una sistemática política de estímulos. En todos los casos citados se otorga uniforme y calzado puntualmente al trabajador. La lista de sectores mejor remunerados sería muy larga. Entonces no encontramos respuesta para algunas preguntas: si se argumenta la no disponibilidad de recursos o presupuesto y siendo el Sistema Nacional de Salud una entidad única subordinada al estado centralizador de dichos recursos, ¿qué justifica que quien custodie la puerta del hospital reciba 3 veces más ingreso que un profesor de Medicina Interna que ha formado médicos durante décadas, e incluso que el propio director del hospital? ¿No es acaso un absurdo total que un curso de 1 mes reporte al individuo varias veces más utilidad que 12 años de estudios superiores? ¿Tiene algún sentido que esta sociedad que aspira a la igualdad plena retribuya varias veces más a un custodio que a un neurocirujano que ahora salva una vida? ¿Qué justifica que desde el especialista MGI o estomatólogo en el área hasta el último superespecialista del Instituto tengan insatisfechas sus necesidades básicas, y de no ser el caso, las satisfaga a expensas de cualquier oficio y nunca a partir de su salario como profesional?

A nuestro trabajador se le pide un espíritu altruista y desinteresado, capaz de altas dosis de sacrificio y que tenga una gran sensibilidad humana, cualidades todas que sin duda posee. Pero desgraciadamente, en la cadena de tiendas por divisas, donde es el Estado quien fija los precios y vende muy duro, donde terminan al final muchas diligencias cotidianas, las divisas que se nos cobran no son el altruismo, el sacrificio ni la dignidad (que fuera realmente conmovedor) sino llanamente el CUC… Entonces nuestro profesional, sin alternativa posible, sale a la calle a esa otra “lucha diaria” para no tener que prostituirse en su profesión vendiendo certificados, medicamentos o a cambio de prebenda alguna. Se trata de una situación tan agobiante que lo obliga a buscar una fuente alternativa de ingresos de formas tan exóticas y disímiles que lo llenarían de estupor: criando cerdos, planchando para la calle, vendiendo pizzas, jamón o huevos, como albañil, carpintero, zapatero o simplemente alquilando por un precio fijo mensual el auto que mereció en una misión internacionalista por no tener manera de costear la gasolina; actividades todas que tienen algo en común: le restan ánimo y tiempo para su superación profesional, lo sustraen de lo que debería ser su única preocupación, el estudio, que debería revertirse en una atención más exquisita a su paciente desde el punto de vista científico.

Si es posible que hoy se enarbole la bandera del internacionalismo a través de las misiones médicas en decenas de países, eso es gracias también al espíritu de entrega de cuantos permanecemos en Cuba. Nuestro trabajador ha debido asumir el trabajo de quienes salen a la misión y así un médico cubre el trabajo que antes realizaban 3 o 4 compañeros, existiendo incluso casos más dramáticos, todo esto tratando de entregar el mismo esmero al paciente y recibiendo a cambio la misma retribución de siempre mientras sabe que su colega internacionalista, muy merecidamente es cierto, recibe varios cientos de dólares al mes y a su regreso recibirá un estipendio mensual nada desdeñable bajo las circunstancias actuales…

Bajo este contexto nuestro personal se creó una expectativa mayor con respecto al aumento salarial del mes de junio de 2005, por lo que este fue recibido realmente con desilusión. Bajo estas circunstancias aumentar $ 48.oo MN al salario mensual de un médico fue poco menos que simbólico. En los pasillos de nuestros hospitales y policlínicos se escucharon duras palabras, cargadas de agravio y resentimiento, se murmuraron frases injuriosas que no repetiremos aquí por una cuestión de pudor elemental.

Nuestro Ministerio está en la obligación moral de dar una respuesta respetuosa a sus trabajadores dada la altísima sensibilidad del tema que aquí se trata, el mismo trabajador que en el momento más álgido y triste del período especial se mantuvo por $3.00 USD o menos al mes junto a su puesto de trabajo sosteniendo en pie la valía de esta obra y que merece saber que sus criterios son tenidos en cuenta… Todo aquí se dijo adecuadamente con total apego a la verdad, se dijo de modo mesurado y obedece a una razón muy simple: si bien es la justicia el ideal supremo de la Revolución no es justa ni proporcional, sin embargo, la retribución que actualmente recibe nuestro trabajador aún después de décadas de esfuerzo y consagración, mientras otro sectores estatales son retribuidos varias veces más, situación nada compatible con el principio marxista ¨…a cada cual según su trabajo.¨

el problema en sí es mucho más polémico y profundo y nunca será resuelto con remedios paliativos ni tímidos aumentos salariales. Solo podemos, humildemente, alertar; el que tiene oídos para oír, oiga. La realidad es mucho más dura que cualquier palabra y esa, aunque nos queme las manos, no cabe en ningún discurso. Son miles los trabajadores… que esperan su respuesta. Confiamos en que sea moderada y juiciosa, argumentada e inteligente, alejada de cualquier asomo de torpeza. La dureza de estos tiempos no nos ha hecho perder la ternura de nuestros corazones. Tenemos fe en que se tomarán decisiones consecuentes con el espíritu de esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.

-Fin del documento-.

P.D.: Once meses después de entregada esta carta en la sede del Ministerio de Salud Pública sus dos autores fuimos inhabilitados durante más de 5 años.

Hospital “Calixto García”.                             Por: Jeovany Jimenez Vega.

Cada día de este mundo, en uno u otro sitio, a las claras o solapadamente según la dignidad de cada cual, los profesionales de la Salud Pública cubana opinan sobre la calamitosa situación que viven. Pero esta vez no se trata de un comentario de pasillo más, sino que el pasado 20 de septiembre Cubaencuentro publicó una carta que circula ya por Intranet, vía emails o de mano en mano, donde presuntamente un grupo de cirujanos del Hospital Clínico Quirúrgico “Calixto García”, de la capital cubana, le exponen sin tapujos al Presidente Raúl Castro la deprimente situación estructural y funcional de esa institución.

Es cierto y lamentable que no está respaldado el documento por nombres concretos –lo cual lógicamente pone en dudas su autenticidad– aunque aparece adjudicado al Servicio de Cirugía de ese hospital. Siempre será mi precepto que respaldar con nombre y firma cuanto se escribe denota carácter y convicción de criterios, y evidencia además que se tiene el valor suficiente para defenderlos, por eso no desdeño el detalle del anonimato cuando se trata de algo tan peliagudo como el pésimo estándar de trabajo y de vida de los profesionales de mi sector.

Pero más allá de que el texto en cuestión haya salido de manos quirúrgicas o no, hay algo cierto que es más importante aún: que todo cuanto ahí se dice, dígalo quien lo diga, es una absoluta y dolorosa verdad, completamente extrapolable al resto de los centros asistenciales del sistema de la Salud Pública cubana. Aunque, sin dudas, siempre habrá casos peores; no olvidemos que hablamos aquí de uno de los hospitales más emblemáticos del país, el otrora Hospital Militar No. 1 fundado a finales del siglo XIX, así que pongamos las cosas en perspectiva: si el tronco desde el cual emergieron el resto de nuestras facultades de Medicina, y la meca de los hospitales capitalinos, ha perdurado durante décadas en el referido estado de deterioro, ya se podrá suponer la situación en los apartados hospitales municipales y en la red de policlínicos y oscuros consultorios desperdigados por la geografía cubana, constantemente elogiados con loas triunfalistas por una inescrupulosa prensa incapaz de decir la verdad.

La inatención crónica y el abandono a que estamos sometidos los profesionales de la Salud Pública; las pésimas condiciones de trabajo, de descanso y de alimentación; las guardias médicas de hasta más de 24 horas completamente gratuitas “… en un país donde las gratuidades se terminaron…”; el palpable deterioro de la mayoría de nuestros centros asistenciales; la escases, cuando no la falta constante de material usable, de medicamentos y de medios diagnósticos; la sobrecarga de trabajo no remunerado para suplantar a los colegas que parten a las misiones médicas en el extranjero; el salario miserable que se nos paga, el irrespeto que esto implica para un sector que importa más de 10000 millones de dólares constantes y sonantes cada año y la humillación que entraña que a pesar de esto se nos someta a la pobreza; el agotamiento mental y físico que genera mal alimentar a nuestras familias en medio de una economía caótica mientras sabemos bien que “…las destructoras huellas de la corrupción transitan con libertinaje singular…”; la archidemostrada indiferencia de los funcionarios ministeriales, partidistas y gubernamentales para escucharnos con respeto, la gran frustración que esto genera y la falta absoluta de objetividad de la prensa oficial para abordar con valentía y ética un problema que no se soluciona simple y llanamente por falta de voluntad política. Todo esto se dijo antes y se repite aquí, otras son las palabras y otras las manos que suscriben, pero la misma auténtica verdad es la que se escucha.

Tomando el toro por los cuernos, quienes escriben responsabilizan sin ambages al Gobierno cubano de esta situación y le exigen que sea resuelta. No se respira en el tono del documento sumisión, sino que está escrito con claridad, respeto y altivez –combinación que escasea en estos tiempos– presuntamente por profesionales en activo que cada día salvan nuevas vidas y que se sienten en extremo desatendidos, cuando no traicionados, por un gobierno, un partido y un Ministerio de Salud Pública que no hacen absolutamente nada para rescatarnos del abismo.

Haber permitido que un hospital tan prestigioso como el Calixto García se hundiera en semejante desidia hasta el punto de arriesgar seriamente su razón misma de ser, debió bastar para expulsar deshonrosamente de su cargo al Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, Ministro de Salud Pública durante la mayor parte del tiempo referido en la carta, y máximo responsable, por lo mismo, del escandaloso desastre del Hospital Psiquiátrico de La Habana a principios de 2010, en el cual murieron decenas de enfermos mentales. Pero en lugar de recibir su merecido castigo aquel señor fue trasladado, con honores incluidos, a dirigir el Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista. Aunque reconozcamos, en su defensa, que el Dr. Balaguer estaba bastante más ocupado en inhabilitar a los médicos que opinaban que en resolverle sus problemas, por lo que tal vez no oyó hablar nunca del dramático deterioro de las instituciones como el Calixto García.

A esta histórica Facultad de Medicina todavía me unen fuertes sentimientos, pues allí me formé a principios de la década del 90 bajo la tutela de eminentísimos profesores como la Dra. Mercedes Batule y el Dr. San Martín, cátedras vivientes que tuve el orgullo de conocer y que ya entonces ¡hace más de 20 años! sufrían hacía mucho ese ancestral abandono que le mencionan aún nuestros colegas a Raúl Castro. Recuerdo nítidamente que mi admiradísima profesora solía de vez en cuando acompañarnos al comedor central, y mientras nos hablaba afablemente sobre cualquier nimiedad, a mí se me estrujaba el alma de verla comer aquel cardumen insípido. Por desgracia aquellos profesores ya no están entre nosotros, pero vivo convencido de que hoy admirarían la dignidad de los valientes que no se resignan a bajar la frente ante la ignominia.

Ahora sólo resta ver cuál será la reacción del Ministerio de Salud Pública y del Gobierno cubano, acostumbrados a la furibunda intransigencia ante cualquier gesto que los cuestione. De repente, donde sólo hay un grupo de médicos que éticamente se dirigen a sus autoridades, algún tarúpido pudiera ver un “grupúsculo contrarrevolucionario”, o quizás una intentona de la CIA, o una facción de “mercenarios al servicio del imperio”; experiencias en cuanto esto tengo muchas, créame. Pero estos tiempos que corren ya no son los mismos. Sólo digo que en caso de que este documento fuera auténtico y se desatara una cacería más, esta vez mis colegas no estarían solos: Ciudadano Cero no se cruzaría de brazos y quien esto escribe correría cada riesgo hasta el final y lanzaría todas las batallas para redimirlos, porque es nuestro silencio el que nos mantiene en el fondo de este abismo; porque enfrentados a la indolencia cualquier polémica será mejor; porque vale todo intento para rescatar a la patria de los absurdos que “…van comprometiendo el futuro…” y porque cada paso adelante que se da, por más pequeño que sea, va mejorando definitivamente el mundo.

Ver: Crónicas de Esculapio en Cuba I

          Crónicas de Esculapio en Cuba II

Habría que hacer un puente.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

No es su mejor canción, pero el tema me cala hasta los huesos. Repaso el clip de Arjona y otra vez me estremezco, me levanto y castigo el teclado con un dolor que me doy pena, un dolor que intento poner en palabras que no bastan, porque 50 años ya parecen demasiado tiempo y hay demasiadas esperanzas rotas, dispersas, prometidas y pospuestas, que naufragaron hasta hoy en el estrecho.

Causa primera y medular de todas y cada una de las muertes sufridas por los balseros en el abismo del estrecho, la prohibición de viajar siempre fue una bofetada en la mejilla de este, mi único pueblo partido en dos, más que por la corriente del golfo, por las borrascas de la intolerancia. Debido a esta villanía ¨desertan¨ el profesional y el deportista; se sirven ciudadanías a la carta, española o mesopotámica, quienes de repente avalan su lejano pedigrí; trafican su cuerpo las jineteras que parten; venden su escupitajo de silencio los cobardes que simulan por migajas; veo como se prostituye la dignidad de buena parte de los cubanos.

La separación familiar provocada por la política migratoria que ha impuesto el Gobierno cubano durante más de medio siglo merece ser catalogada como un crimen de lesa humanidad en cualquier estrado que se respete. Ninguna otra arbitrariedad, entre las mantenidas por el Gobierno cubano durante este tiempo, ha sido tan traumática y nefasta para el pueblo que la sufre. Digo el pueblo, porque su naturaleza selectiva potencia su matiz más ultrajante: a la vez que privan al pueblo de su genuino derecho a viajar, los altos funcionarios políticos y de gobierno sí se pasean el mundo, y como ellos sus hijos, esposas y ¿por qué no? sus amantes; van y vienen sin tapujos bajo la coartada de misiones oficiales o como ¨gerentes¨ de firmas fantasmales que nadie sabe de qué van, y así aquellos disfrutan de sus becas en Europa mientras estas se dan su paseíto por Cancún, en tanto yo y los míos jamás hemos pasado de Matanzas.

Hace más de un año Raúl Castro anunció públicamente que su gobierno instrumentaría cambios, que no precisó, en los mecanismos migratorios, pero ya asoma nuestro sutil otoño y da la impresión de que no les importara, de que tuvieran aún toda una vida para apostar por la reunificación de la familia cubana. Cada día que pase sin que se abran las puertas será un día de vergüenza y una tentación nueva para las desgracias. Pocas veces un gobernante estuvo ante tal encrucijada teniendo en sus manos tan a las claras la potestad para remediarla; hoy descansa sobre sus hombros la responsabilidad por cada nueva muerte en el estrecho como hasta ayer fue responsable Fidel Castro de instrumentar y mantener intacta por medio siglo este engendro que tanto dolor provoca a mi pueblo, causante esencial de los éxodos más dramáticos de la Historia cubana. Ahí están para contarlo el luto de las madres y la ausencia y la mirada de los niños huérfanos y muertos. ¡Ya es hora de vindicar, de forma incondicional, este derecho del pueblo cubano! Todo aquel que se oponga en esta hora será juzgado ante la Historia, inexorablemente, como culpable por este lento genocidio.

Pero mientras el poder calcula en las sombras, yo vivo con un sueño recurrente: en medio de un mar extenso y apacible, sobre un puente sin fronteras ni peajes dos niños se miran a los limpios ojos, se regalan diáfanas sonrisas, se abrazan sin recelos y lo olvidan todo. Sentados sobre un montón de sueños nuevos contemplan en paz un cálido sol que nace al borde del estrecho sobre el horizonte común, ¡ya amanece hermano! se dicen… ¡ya amanece!…

Ver: Identidad cubana: entre la verguenza y el orgullo.

Ver: Ábrete sésamo.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Las nuevas Normas Aduaneras entradas en vigor desde el pasado 3 de septiembre obligarán al pueblo cubano, mediante una tarifa progresiva, a pagar 10 CUC –o sea, 240.00 pesos, según la tasa actual de cambio– por cada kilogramo de ¨misceláneas¨, alimentos incluidos, y entre el 100 y el 200%, en dependencia de su precio, de cualquier artículo electrodoméstico u otro equipo duradero que se reciba desde el extranjero.

Acostumbrados deberíamos estar a las medidas tomadas a Pepe Timbales, asumidas como nimiedades por quienes las dictan, pero sufridas como tremendos atropellos por quienes las sufren. Esta vez llegan las nuevas regulaciones –a poco más de un mes de la confesión pública de Raúl Castro de que no aumentará ningún salario– como antes llegaron las escaladas masivas de los precios estatales; los cientos de miles de ¨disponibles¨ expulsados a la calle con el consentimiento del sindicato; el exorbitante aumento de las tarifas eléctricas a la vez que se retiraba el servicio de gas licuado; la eliminación de las ¨gratuidades¨ destinadas a los trabajadores; las resoluciones que retienen a los profesionales de mi sector que desean viajar al extranjero, y otras que harían la lista muy larga.

Todas estas disposiciones tienen algo en común: son frontalmente opuestas a los intereses y al bienestar de mi pueblo. Emitidas por funcionarios que no carecen absolutamente de nada, estas medidas parecieran dictadas desde las mismísimas oficinas de la CIA, porque si persiguen fomentar el descontento, dificultarnos la vida y avivar la animadversión y el resquemor contra quienes las dictan y/o las permiten, ya lo han logrado con creces.

Ahora aquella anciana que reciba algún envío, a la hora de retirarlo de la Aduana pagará una altísima cuota de extorsión a estas autoridades, pues tendrá que pagar en Cuba más del doble de lo que le costó a su hijo comprarlo y enviarlo. Entonces no habrá modo de persuadirles, y por extensión al pueblo cubano, de que esto no se trata de una abierta estafa concebida por las autoridades aduanales, ni de que el gobierno que las consiente se preocupa, ni siquiera mínimamente, por su bienestar. Después de semejante robo a mano armada –porque de otra cosa no se trata– cada palabra o discurso nos sabrá más a sal y a vinagre en el fondo de la herida.

Dirigidas contra un pueblo que agoniza en medio de inconcebibles carencias, estas medidas entran sospechosamente en consonancia con los intereses de la cúpula corrupta de las aduanas cubanas. No es un secreto para nadie que en la medida que se arrecia la tuerca, queda más expedito el camino para el robo, el chantaje, el soborno y la extorsión que enriquece a estos funcionarios, y que éstos, salvo contadísimas y honrosas excepciones, en pocos años terminan hechos millonarios. Historias, por miles, así lo confirman.

El pretendido argumento de que semejantes medidas se instrumentan para evitar que las mulas abastezcan al mercado ilegal se derrumbará ante la evidencia de los hechos. Sin duda las mulas seguirán su trasiego porque ya tienen contactos entre los corruptos de esta misma Aduana que dicta semejantes medidas para llevarse su tajada del pastel. Suponer que con esto detendrán el abasto al mercado negro sería tomar el rábano por las hojas pues, en última instancia, para evitarlo habría que hacer razonablemente accesibles los precios de las TRD y dejar de vender en ellas productos caros y podridos o de tercera calidad. Además, se supone que para contrarrestar a los que transgreden la ley exista una reglamentación legal y una Oficina de Administración Tributaria (ONAT) con su cuerpo de inspectores, que sumados a los Inspectores Integrales deberían atajar el hecho in situ y nunca generalizar, como ahora se hace, haciendo pagar a justos por pecadores.

Son medidas como estas las que evidencian que absolutamente no les importamos. Una vez más el tiro de gracia apunta a la nuca de mi pueblo, su única víctima. En nada perjudica esto a Obama ni a la fauna extremista de Miami, ni guarda la más absoluta relación con el embargo norteamericano ni con otra cosa que no sea el deseo exprofeso de las autoridades aduanales, en abierto contubernio con la dirección del país que se lo permite, de hacernos la vida cada día más difícil. Aquí no hay más vuelta de hoja: esto es una puñalada premeditada y alevosa asestada por la mano insana del gobierno cubano.

Ver: Preguntas a Vladimir.

El grito del doliente.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Ahora los artífices del empantanamiento de la economía cubana aseguran que el país no estará en condiciones de aumentar los salarios del trabajador mientras no venga primero, a modo de garantía, un aumento convincente de la productividad del trabajo. A primera vista pareciera sensato. Quien desconozca los vericuetos económicos de la isla pensaría ¡por supuesto señor!, pero quien le pregunte al cubano testigo durante décadas del caos empresarial, de las erráticas políticas seguidas en la conducción de un país que ha pasado de un maratón a otro según la veleidad de sus gobernantes, escuchará sin dudas respuestas esclarecedoras.

Aunque es tarea de académicos desentrañar aquí qué es causa y qué consecuencia, qué es el huevo y qué la gallina, sí queda en este tema algo tan claro como el agua de roca: el trabajo en Cuba ha mantenido una permanente tendencia a la baja o nula productividad debido precisamente a los mecanismos en exceso centralizadores impuestos durante 50 años, a pesar de su probada ineficacia, por esos mismos dirigentes históricos que ahora se preguntan por qué los cubanos de aquí abajo somos tan irresponsables y atorrantes. Bastaría para demostrarlo el clásico ejemplo de las cosechas pudriéndose en el campo por no llegar a tiempo el transporte de la empresa estatal de acopio, pues el Estado, en su guerra contra los intermediarios, monopolizó esta actividad, y esto es algo que está sucediendo aún en este minuto preciso después de miles de discursos, conferencias y congresos.

Aquellos dicen que no es posible aumentar los salarios pero yo digo más, digo que de momento no es necesario. Como no soy economista, sino un doliente más en este entierro, sólo alcanzo, a modo de humilde sugerencia, a proponer a mis autoridades que en su intento de resucitar al muerto comiencen por cambiar diametralmente el enfoque con respecto a la lucrativa política de precios fijada por el Ministerio de Finanzas y Precios para todo el comercio minorista, sobre todo en las cadenas de Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), operadas en CUC (moneda sobrevaluada 25 veces con relación al peso con que me pagan mi salario virtual).

Como no se ha hablado una palabra más sobre la unificación monetaria, nuestro gobierno debería asumir una actitud más responsable con respecto a los precios estrafalarios con que grava punitivamente la vida de mi pueblo implementando esta política inmisericorde que nos vende casi todo al 500 o al 1000% de su precio de compra, incluidos alimentos y artículos de primera necesidad. Por esto el PIB cubano creció un 10% anual durante una década, pero no lo hacía a expensas del aumento en la producción de bienes y servicios sino mediante una escalada exorbitante de precios extorsivos. Esto ocurrió desde siempre y al margen de la política de embargo norteamericano –baste recordar el aumento masivo de entre el 10 y el 30% de casi todos los precios a finales de 2004– pues en nuestras tiendas se vende, mala y cara, mercancía traída desde todos los confines del mundo.

Ahora bien, aquí lanzo la propuesta concreta: bajar sensiblemente los precios sería un buen primer paso para comenzar la anhelada recuperación y le daría al Gobierno cubano la potestad moral que hoy no tiene para exigir lo mismo al sector productivo por cuenta propia que también nos masacra en los mercados agropecuarios. Hasta ahora sólo vemos cómo la prensa oficial cubana ataca reiteradamente al productor que vende en la tarima mientras nadie cuestiona aquella otra masacre especulativa tras las vitrinas de la TRD.

Si se me encomendara la tarea –me permito este sano ejercicio mental– de entrada rebajaría absolutamente todos los precios fijados por el estado hasta la mitad para después, en un plan gradual que se me ocurre fijar entre 3 y 5 años, reducirlos de forma progresiva hasta niveles más ajustados a un salario que a la luz del panorama actual ha perdido por completo su sentido. Esto sería un indiscutible incentivo para la productividad del trabajo, le devolvería algo de sentido al salario y humanizaría bastante la vida de mi pueblo; todo esto, dicho sea de paso, entraría en consonancia con la línea de Raúl Castro de no aumentar un centavo al salario de nadie, lo cual, bajo esta nueva realidad sería, de momento, innecesario.

Pero como no soy yo quien toma estas decisiones, sino los indolentes a los que nada les importa el bienestar de mi pueblo, los que me venden a $10.00 pesos un refresco cuyo costo de producción es de sólo ¡30 centavos! todo señala a que esta situación persistirá mientras los que fijen semejantes precios no seamos los jodidos dolientes en el entierro.

PD: Este juguetito tiene como precio de venta 52.75 CUC, el salario íntegro de dos meses de trabajo de un médico cubano.

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