“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

!Abre la muralla!

Granma-informaba-migratoria-Habana-octubre_PREIMA20130114_0138_40Por: Jeovany Jimenez Vega.

La entrada en vigor, desde el pasado 14 de enero, de las reformas a la política migratoria cubana, ha generado una expectativa sin precedentes en más de 50 años para un pueblo que sufrió ya por demasiado tiempo la separación familiar y el luto por las terribles muertes en el mar. Se supone que a partir de este momento dejó de existir aquel engendro de la tarjeta blanca –equivalente al sacrosanto permiso de salida– y con él también la execrable figura de la salida definitiva, con lo cual se desterraba contra su voluntad a todo cubano que decidía salir de su país por determinado tiempo y que implicaba el encautamiento automático de todo cuanto dejaba, cosas realmente graves si se les mira desde una perspectiva correcta.

Si tengo hasta ahora una postura más bien escéptica con relación a todo esto nadie me debería culpar; téngase en cuenta mi condición de médico cubano que vive dentro de Cuba subordinado a un Ministerio que desde 1999 decidió que ninguno de los profesionales a él subordinados saldría de su país, ni siquiera temporalmente durante sus vacaciones, hasta pasados no menos de cinco años después de haber solicitado la “liberación” a su ministro.

Ahora se comenta que ha sido derogada la resolución ministerial fantasma que disponía esta extrema medida, de lo cual se han hecho eco muchos sitios digitales y medios de prensa extranjeros, así como medios alternativos cubanos, pero lo cierto es que mi ministerio y mi gobierno no han hecho declaración pública alguna que lo confirme oficialmente, de ahí que se desate alrededor del tema la ya acostumbrada ola de especulación y rumores.

En lo personal pienso que las autoridades cubanas pudieron haber razonado del siguiente modo: si ya la nueva Ley Migratoria, en los Artículos 23 y 25, mediante su inciso f, determina sin ambages que no se le permitirá viajar libremente a los profesionales “…en virtud de las normas dirigidas a preservar la fuerza de trabajo calificada…”, entonces ¿para qué mantener vigente aquella resolución diseñada exclusivamente para el personal subordinado al Ministerio de Salud Pública? ¿Para qué mantener dos herramientas cuando con una es suficiente? Después de todo, en términos prácticos, algo que antes afectaba sólo a los profesionales de mi sector ahora se hace extensivo al resto de los profesionales y técnicos del país.

Pero por no pecar de intransigente esperaré que sea el tiempo quien diga la última palabra. Ojalá a partir de hoy ningún cubano sea privado de su derecho a viajar; ojalá ningún cubano sea retenido contra su voluntad, bajo ningún pretexto, por ningún burócrata; ojalá no se condicione a nadie para ser autorizado a salir o entrar a su país. Por ahora, discúlpenme señores, me reservo el beneficio de la duda. Jamás como ahora había deseado tan intensamente estar equivocado.

Ver: Entre la verguenza y el orgullo.

cerrar-maleta

Sueños de paz.

enrisco 200

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Ofrezco mis manos abiertas a un amigo que de niño tuve, al amigo que conocí cuando la feria sólo ofrecía sueños lívidos, convulsos. Fue por aquel tiempo que mi amigo se empeñó en tejer esperanzas a contrapelo del tórrido viento que anunciaba tormentas arremolinado al fondo de la calle, el viento que en su ascenso parecía salpicarlo todo de colores vivos, caóticos, bellos matices que huían de la hojarasca fermentada que llegaba del naciente de la plaza. En mis sueños –nítidamente lo recuerdo– mi amigo se elevaba a una inconmensurable altura y allí, por encima del vuelo de las palomas, grababa en el cielo sus remotos signos. Entonces la plaza se inundaba de aquel olor a sueños nuevos.

Hoy confío a sus manos cálidas cuanta ternura, de la borrasca, salvaron las manos mías; mis manos adoloridas y cansadas debido a las historias que mi amigo me contaba. No aclaró en aquellos días –olvidando que un niño cree todo cuanto escucha– que la luz, como la verdad, tiene peligros si se la toma por asalto, y este niño fue en pos de la luz y ahora, por querer tocar el sol lleva quemadas las manos. Pero, aunque las llagas pusieron fin a la inocencia, no le culpa. De hecho aquel niño todavía se pregunta si aún espantaría con él las mariposas, si haría naufragar aquellos barcos de papel, si condenara bajo los torrenciales aguaceros a aquellos mismos papalotes altos como lianas; aunque sepa bien que hoy les bañaría la luz de crepúsculos muy distintos y dispares, más humanos y sublimes.

Cuando cae la tarde salgo al limpio de la plaza y lanzo una línea tricolor que la divide en dos mitades justas. La sorpresa agita a las palomas y al resto de las criaturas y hago notar a mi entrañable amigo que, además de palomas, la plaza abriga y aguarda gorriones, tórtolas, canarios, sinsontes, zunzunes, golondrinas y jilgueros, delicadas creaciones, todas de Dios, que habiendo nacido en la misma villa tienen el mismo derecho al vuelo, al espacio y al sol y que sólo piden un poco más de luz, algún rinconcito de paz para aliviar su vida, que es tan etérea y fugaz como los sueños. Espero que mi amigo comprenda que esa es la arista más bella de los pájaros que anidan en esta isla infinita: que con la libertad tienen bastante.

medico-cubano

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Llega la efeméride sin novedades en el frente. Hoy es el Día de la Medicina Latinoamericana y en algún que otro centro asistencial cubano se hará algún que otro acto político-cultural-recreativo-alegórico, en que algún que otro dirigente repetirá alguna que otra frase patriótica de ocasión oportunamente memorizada. Encima del entablado estarán aquellos que viven de hablar, de simular o de mentir, en tanto frente al mismo estaremos aquellos que simplemente trabajamos salvando vidas humanas. Cuando la puesta en escena termine aquellos partirán dejando atrás el mismo panorama de siempre: un profesional de la salud que se pregunta de qué sirven las palabras sin el respaldo de los hechos.

Por estos días se escuchan nuevamente rumores de un inminente “aumento salarial” que se realizaría a nuestro sector, incluso se precisa que sería de alrededor del 30 o 40% del salario básico. En lo personal lo dudo mucho –pues en uno de sus últimos discursos Raíl Castro definió que por ahora eso no sucedería. Crearse hoy expectativas sería como tomar los latidos del corazón por el galope del caballo que se espera, pero valdría la pena, acotación aparte, reflexionar sobre la valía de semejante “aumento” para un sector económico que está ingresando alrededor de 10000 millones de dólares anuales a este país. De ser cierto se tratarían de alrededor de $200.oo pesos (CUP) lo que se nos aumentaría –esto quiere decir hoy por hoy en Cuba $8.oo pesos convertibles (CUC), o lo que sería lo mismo 8.80 USD. O sea, que en tanto generamos miles de millones se destinarían 8 dólares mensuales para semejante “aumento salarial”.

Pero el Gobierno cubano asegura que no tiene más para destinar a sus trabajadores de la Salud Pública. Cierto es que tiene que priorizar el salario de aquellos policías que con estoicismo se sacrifican por mantener todo tan tranquilo como para que no se escuche a nadie gritar en medio de esta calle de revolucionarios que no le alcanza su salario para vivir, lo cual sería un paisaje demasiado ocre para la pupila de los turistas y reporteros extranjeros.

Lo que define la calidad de una dádiva es la postura, la dignidad de quien la recibe: si se recibe algo desde una postura de sumisión o sometimiento, con menoscabo de un solo ápice de dignidad, eso que se recibe será una limosna aunque consista en millones porque será recibido de un modo indigno; eso fue lo que se pretendió hacer con nosotros en 2005 y sería lo mismo ahora, en caso de ser cierto lo que se murmura. Creo que si algún sector en Cuba está holgadamente en condiciones de triplicar el salario básico de sus profesionales, ese sector es la Salud Pública; triplicar el salario básico –y desde ahí considerar en más menos $500.oo pesos cada especialidad que se haga o, de un modo a considerar por el estilo, cualquier diplomado o maestría– comenzaría a ser algo más respetuoso; lo demás sería puro simbolismo, pura vitrina.

Pero como todo será de momento pura especulación –y para que no se me acuse una vez más de estar “metalizado” por demandar un salario más decoroso– me plazco hoy en felicitar desde mi humilde sitio a aquellos que tengo en elevada estima, a aquellos que con modestísimos recursos trabajan, obviando sus carencias personales, para devolver a la salud y a la vida cuanto ser humano sea posible; a mi profesora, por la que siento una admiración y un respeto rayanos con el fanatismo, y una devoción similar a la que se profesa a los mártires y los santos; a aquel profesor que no conoce mi voz y al que, de no ser por los límites que la apostura y la gallardía imponen, igual que se besa a un padre, siempre que me lo topara le besaría sus limpias manos.

Ver: Día de la Medicina… 3/12/2011.

Una proposición indecente.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

A propósito del artículo publicado por Jean-Guy Allard en Granma el pasado 12 de noviembre en que se acusa a Yoanis Sánchez, por enésima vez, de “mercenaria al servicio de los Estados Unidos”.

Es evidente que el tema “Generación Y” se le ha ido de las manos a los responsables de serenar al ganado, y presumo que esto ha trastornado el sueño de un sinnúmero de oficiales operativos, reales y virtuales, a todos los niveles de la contrainteligencia cubana. Como en mi rol de médico estoy obligado a velar por la salud física, pero también mental, de cada cubano, hoy intento hacerle llegar al autor de este artículo y a la Seguridad del Estado –incluida la Sección 21, que mantiene con esta joven habanera una relación sentimental muy intensa– una duda que me asalta: si el Gobierno norteamericano y/o la CIA tienen contratada a esta “mercenaria” y está ella movida, asalariada al fin, sólo por mezquinos intereses, entonces la solución contra su insomnio es extremadamente simple: ¿por qué no sobornarla? ¿Por qué no pagarle más y punto?

Hay algo que la historia ha demostrado con creces, y es que los mercenarios, sin honor ni bandera, sirven al mejor postor; entonces la solución está expedita: si los del norte le han pagado unos miserables 500000 euros, páguesele digamos, un millón, o cinco, tal vez diez y seguramente se le saltarían los ojos de las órbitas ante tan irresistible oferta; después de todo en ese pecho vacío de principios no hay lugar más que para la codicia, así que ya sería hora de subirle la parada a esta desmadrada y verían cómo en el acto cambia de bando y se hunde en el mutismo absoluto que exigiría semejante contrato.

Aunque he estado muchas veces en su casa, de la vida de Yoanis sólo conozco lo públicamente visible. A pesar de la cordialidad con que trata a todos allí junto a su esposo –ese otro irremediable, Reynaldo Escobar– hay barreras que el respeto y la prudencia presuponen. Por eso no aspiro a que este post se erija en apología, pues además de no ser en lo personal mi estilo, sucede algo mucho más elemental: alguien que ha sabido alimentar una bitácora que recibe, según Wikipedia, 14 millones de visitas mensuales –convirtiéndola en la página más visitada de habla hispana en la red– no lo necesita. En cuanto a mí, tampoco lo necesito pues de Yoanis no busco nada en lo personal, y además, si nunca adulé ni me plegué ante un poder omnímodo y abrumador dueño de todo cuanto me rodea, capaz de arruinar mi vida con un chasquido de sus dedos, entonces ya no lo haré ante nadie. Pero terminó sulfatando mis circuitos que en la prensa oficial cubana, la que calla escandalosamente ante la alta corrupción instituida en mi país, se reduzca todo a la misma cantaleta del money catch money –lo demuestra el hecho de que absolutamente todo opositor político cubano, desde el más antiguo y recalcitrante hasta el último advenedizo, sin excepción, estén acusados como tal.

Pero bien, para no disgregar: pagarle más a esta “depravada” ¿no sería una solución? En caso de que, por azares del bloqueo, haya estrechez de presupuesto para actividades represivas, algo poco probable, 500001 euros bastarían; después de todo a estos desmadrados, según la acusación oficial, la diferencia de un solo dólar bastaría para derrumbarlos, babeantes, a los pies del nuevo amo. En un país donde millones callan y simulan por un puesto de dirección, por la asignación de un auto estatal o por una misioncita de trabajo en el extranjero, qué no haría esta “perdularia” ante semejante oferta. Creo, supongo, digo yo, a lo mejor con esta minucia –que valdría la pena extraer, con la debida prudencia, de la cuenta secreta de algún magnate que haya expoliado millones de este paisito– baste para librar a la plana mayor de semejante dolor testicular.

Quiero hacer constar, eso sí, que obré aquí únicamente desde el punto de vista profesional, por vocación analgésica, para aliviar las molestias causadas por esta chiquilla a testículos semejantes –sin dudas, los más grandes y congestivos de toda la isla, nadie lo cuestiona– y todo sería mantenido en el más hermético y riguroso secreto profesional. Después de todo, los médicos en Cuba trabajamos gratis, a mí nada se me debe, pero es increíble, me sigue inquietando, que a los genitales… digo, geniales estrategas de la SE no se les haya ocurrido nunca seguir una táctica tan elemental.

Ver: Cubanos y punto.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Hará dos semanas que Antonio Rodiles fue detenido por la Seguridad del Estado. Primero acusado de resistencia al arresto, luego llegó a formulársele el cargo de atentado contra la autoridad cuando casi una decena de testigos desmienten la acusación policial. No se trata ya de nada inusual, pues en Cuba las detenciones arbitrarias hace mucho forman parte de la praxis represiva. Esta vez se trata de alguien de innegable carisma y cuya autenticidad queda demostrada con hechos concretos: en poco tiempo Rodiles convirtió Estado de Sats –contra todas las banderas y con modestísimos recursos– en un importante espacio referencial cuando de sondear la realidad cubana se trata.

Varios factores contribuyen a que nuestra atmósfera transpire hoy aromas alternativos. En este sentido, a las extensas posibilidades de Internet, que abren una brecha digital al mundo por donde se asoma la mirada inquieta de los bloggers y twitteros de la isla, se suma la falta de una prensa oficial ética que denuncie la desvergüenza de los corruptos, la ineptitud de los dirigentes y las contantes vejaciones a nuestras libertades civiles, y en este contexto se han insertado alternativas como Voces Cubanas y Estado de Sats. Pero este último espacio tiene una particularidad no precisamente virtual: en el hogar de Rodiles, durante la presentación de los programas, con frecuencia confluyen asidua y físicamente cerca de un centenar de irreverentes, y ya sabemos lo que esto significa para el poder en Cuba. Esta modesta, pero evidente capacidad de convocatoria, terminó preocupando a la plana mayor; por eso cuando Rodiles se personó frente a la Sección 21 en la tarde del miércoles 7 de noviembre, el mando vio la esperada oportunidad de empapelarlo y decapitar su proyecto. Pero quienes así razonan subestiman a una sociedad civil que no está dispuesta a ceder una pulgada del espacio conquistado a fuerza de grandes riesgos.

Estamos ante un pueblo saturado de promesas que ya suenan a burla, palabras desmentidas por la demagogia de una élite aburguesada que nos exige austeridad desde una mesa rebosante; estamos ante un pueblo obligado a privaciones injustificables y carencias que generan una profunda inmoralidad social, que han convertido en “nimiedades” el robo, la simulación y la mentira, y lo que es peor, en un crimen la sinceridad y el civismo; estamos ante una juventud que definitivamente es otra, y quiere abrirse a un mundo que sospecha suyo y extenso, que se sabe prisionera, pero que ahora ya conoce el nombre, el santo y seña de su carcelero y cada vez le teme menos; él lo sabe, y por eso reprime cada nacimiento, intenta mutilar cada retoño nuevo, tapiza las hendijas para que no asomen a su celda los peligrosos rayos del sol.

Le acusan de atentado y sin embargo en Estado de Sats, el hogar de Rodiles, nunca vi ni por asomo un garrote o la punta de un gatillo, nunca oí tramar atentados ni sabotajes, nunca escuché una amenaza, ni un llamado a la violencia, allí no escuché más que ideas y argumentos, con razones o no, pero lanzados desde el presupuesto de la tolerancia, del respeto por el criterio ajeno. Hasta donde sé, ningún opositor cubano detuvo jamás a algún delegado de la Asamblea Nacional del Poder Popular en la entrada del Parlamento, ni a ningún militante comunista para impedirle que participara en el último Congreso de su Partido, ni organizó ningún “operativo” para boicotear su pasada Conferencia Nacional. Sin embargo, en sentido contrario el asunto cambia de rostro: los allanamientos y las detenciones arbitrarias perpetradas por la Seguridad del Estado contra cualquier disidente cuando, como y donde desee, sin garantías procesales y hasta sin formular cargos –incluidos muchos que se dirigían precisamente a Sats– son su práctica cotidiana, denunciada miles de veces por bloggers, twitteros y por el mismo proyecto que ahora quieren apagar.

Si a pesar de la sorda pujanza imprimida durante las últimas décadas por la disidencia ante el omnímodo poder estatal, este no ha hecho más que arreciar varias vueltas de rosca, cabría sólo imaginar el panorama si estos señores no se supieran emplazados por esa selecta parte de los cubanos que se atreven a hablar mientras el resto calla. Espacios alternativos como la presentación mensual de la Revista Voces y proyectos como Omni Zona Franca y el propio Estado de Sats, son en este instante tan necesarios para este pueblo como el milagro del pan y los peces y no deben desaparecer así simplemente porque unos gorilas consideren que este país sigue siendo la misma selva de los 60 y 70.

Pero tenían que prender a Rodiles porque cada valiente es un esclavo menos, porque cada frente levantada es un acto de vindicación, porque cada mascarada que cae es un triunfo de la dignidad humana, uno de esos milagros que son capaces de obrar únicamente los hombres cabales. Por todo esto, por auténticos y necesarios, se deben perseverar los espacios como Sats. Deben comprender los bárbaros, de una vez por todas, que de nada sirve encarcelar a un hombre cuando sus sueños quedan libres. Rodiles concibió este proyecto ya nuestro, le dedicó sus desvelos, asumió todos los riesgos y puso en él la misma esperanza y la misma fe que se ponen en un hijo. Por eso debemos cuidar de Estado de Sats –se lo debemos a él como a nosotros mismos– pues por adverso que parezca el horizonte ¡no se abandona jamás al hijo de un amigo!

El turno del ofendido.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

En marzo de 2007 la Fiscalía General de la República respondía por única vez a la primera de tres solicitudes que le hicieran llegar dos médicos injustamente inhabilitados. Más que el dictamen técnico emitido por un poder apolítico y autónomo a dos ciudadanos que consideraban gravemente vulnerados sus derechos, aquella respuesta antológica era una vendetta, una crucifixión escrita en un lenguaje parcializado y cargado políticamente.

Pero por misterios de esta vida, y aunque han pasado más de cinco años, hoy amanecí con un par de dudas retumbándome en esta cabecita dura. De esto se trata: en el hipotético caso en que los afectados decidiéramos ahora demandar ante un Tribunal Popular a las personas responsables de los graves daños sufridos ¿cuál sería el procedimiento a seguir? ¿Consideraría ahora procedente nuestra Fiscalía acusar a estos funcionarios –que, por cierto, aún ocupan cargos públicos– por habernos sometido públicamente a vejaciones morales y gravísimos perjuicios profesionales y familiares?

Después de todo, obligadas conclusiones se derivan de que fuéramos nuevamente habilitados en nuestra profesión y de que se nos restituyera íntegramente el salario de todo el tiempo que permanecimos sancionados: implica a las claras que todo fue una injusticia, que para empapelarnos se adulteró la verdad, se difamó al por mayor y que, obviamente, alguien fue responsable de todo esto. Hoy le preguntaría a nuestra “honorable” Fiscalía, la misma que hace cinco años desestimó cada evidencia a nuestro favor, si aún nos asiste el derecho de acusar a aquellas personas que, con potestad para ello, nunca hicieron nada.

Me pregunto si aún procedería acusar por perjurio y difamación al entonces Director Provincial de Salud de La Habana Dr. Wilfredo Lorenzo Felipe, hoy Director Municipal de Salud de Guanajay, y a su esposa la Dra. Beatriz Torres Pérez, entonces Decana de la Filial Oeste del Instituto de Ciencias Médicas de La Habana, al entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, actual jefe de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido, que desatendió las 10 cartas dirigidas a él y al actual Ministro Dr. Roberto Morales Ojeda que desatendió otras tantas; me pregunto si procedería acusar de prevaricación a Ricardo Alarcón de Quesada, aún Presidente del Parlamento, a Esteban Lazo, aún Vicepresidente del Consejo de Estado, a José Ramón Machado Ventura, aún Primer Vicepresidente del Consejo de Estado o a Raúl Castro, nuestro Presidente, al que llegué a dirigir cuatro cartas sin recibir respuesta, sólo pregunto. Todas estas personas, cuando no fueron responsables de nuestro drama, al menos conocieron durante años esta situación y nunca hicieron nada al respecto.

Por ir un poco más allá: me pregunto si la Fiscalía General de la República consideraría procedente iniciar un proceso por prevaricación, contra ella misma como institución, por haber desestimado desde mediados de 2007 las evidencias que debieron derivar en nuestra inmediata habilitación, pues probaban que para castigarnos fueron adulterados los hechos por motivaciones políticas. Porque se supone que viva yo bajo un Estado de Derecho –asegura mi gobierno– que me otorga la potestad, como ciudadano común –¿acaso ciudadano cero?– de interponer ante las autoridades competentes cuantos recursos estime necesarios para garantizar mis libertades personales ¿o no?

No me propongo hurgar en el estiércol. La larga y paciente lucha que libré para regresar al ejercicio de mi profesión me hizo crecer y me purificó de miserias. Hoy sólo me anima la curiosidad, pues aunque tengo derecho a sentirme resentido aún, sin embargo, he decidido seguir aquel noble consejo de Reinaldo Escobar y Yoanis Sánchez, los malditos, los excomulgados que apenas horas después de habilitado me solicitaban que desde ese momento me concentrara en mi salud y lo perdonara todo; después de todo fueron estos “mal nacidos incendiarios” quienes me pidieron entonces ¡paradojas de esta vida! que tuviera el valor y la grandeza de olvidar.

Legaron estas sentidas palabras, nítidas, limpias y sinceras a nuestro correo, escritas por un colega que no conozco; nunca vi su rostro, nunca estreché su mano, ni siquiera sé si Eider existe, pero aquí quedan estas palabras íntegras.       /Jeovany Jimenez Vega.

————————————————————————————————————

Días atrás tuve la oportunidad de leer una carta abierta emitida por el Servicio de Cirugía General del Hospital Calixto García denunciando las deplorables condiciones de trabajo a que se enfrentan cada día. La misiva aborda temas en extremo álgidos y alude textualmente: … “el gobierno es responsable de todo esto, y no solo de saberlo, sino también de resolverlo”, fin de la cita. Esta carta tiene altas cotas de audacia y creo que en su razón hace un llamado de alerta emergente para que se enfoquen de una vez por todas en el tildado disgusto del médico cubano. Debemos exigirle a nuestro gobierno que nos tiene que diferenciar  del resto del pueblo trabajador. Somos médicos y tenemos el don de manipular la vida y eso merece respeto. No podemos seguir siendo las ancas de este sistema donde cualquiera es digno por ganar una medalla o tocar una tumbadora. Los médicos cubanos queremos ser dignos en nuestro país y que el pueblo nos respete: la dignidad debe empezar en casa. Vamos deambulando el mundo para mostrar cuan digno somos de sentirnos médicos cubanos y cuando llegamos a Cuba nos ruborizamos por lo que somos pues nadie nos valora por lo que hacemos. Somos míseros en nuestro propio país y querubines en el mundo; somos dioses para el resto del mundo y ángeles caídos en nuestra hermosa patria. No solazamos a los turistas, pero los sanamos; no diseminamos cultura pero dictamos sentencias que salvan; no rompemos records mundiales pero descendemos porcientos y eso vale tanto y más como la vida misma porque eso es lo que hacemos a diario. No tenemos que esperar un ciclo olímpico, ni el concurso del año ni la oportuna invitación de un emigrante para llegar a la cumbre. No, nuestra competencia es el diario cumplimiento del deber; toda la artesanía que sale de nuestras manos para que los desdichados la disfruten; toda la energía que expelen nuestras ansias día a día para que terceros sean felices.  Proveemos felicidad, records, cantos y poesías, y eso es arte también. Por qué no recompensarnos si nuestros frutos son más dulces que los de los demás. Podemos hacer las dos cosas: ser dignos en el exterior y ser dignos en nuestro país. Podemos llevar la vida a las afueras  dejando garantía de vida a los nuestros. Queremos y exigimos brindarle atención a nuestro pueblo con la misma eficacia con que se brinda en el exterior; queremos y necesitamos que valoren y paguen nuestro trabajo con los mismos juicios con que valoran y pagan a los que están en misiones externas. ¿Cómo podemos  vivir en la penuria y contrariamente dar opulentas atenciones a nuestros pacientes? No es cuestión de conciencia y triviales concepciones. Es cuestión de lógica dialéctica. No es posible que los nuestros se ahoguen mientras salvamos a otros; no es posible que seamos incapaces de brindar sustento a nuestras familias  con nuestra labor y paradójicamente tenemos la obligación de apuntalar, en ocasiones con horcones viejos, otras familias. Somos médicos tanto como humanos, tanto como cubanos y las necesidades de muchos no deben ser la de todos. Sí que vivimos más en espíritus cuantas más almas salvamos pero el don de la sapiencia se rinde ante la inopia. No podemos alimentar a nuestros hijos con racimos de moral ni vestirlos con franelas del más fino regocijo.  Nuestro Presidente dijo el 26 de Julio de este año que sabía que los médicos ganaban poco pero que así estaban todos. Perdón Sr. Presidente pero con todo el respeto que Ud. se merece, así no estamos todos. Somos la especialidad de la casa en cuanto a desigualdad se refiere. En el centro de la crisis podemos ser la excepción de la regla y ganar un salario más justo y tener condiciones labores no solo más justas sino más dignas  en correspondencia a la labor humanitaria e inconmensurable que brindamos. Conocemos de las inversiones magnánimas que se realizan para sustentar el Sistema de Salud Cubano y sus Instituciones pero no se invierte en el ser humano, en el médico; es como obligar a un indigente que habite en un palacio. Tiene Cuba un ejército de batas blancas codiciado e insuperable pero ya el blanco se torna isabelino: la pureza… va cambiando de color.

                                                                                          Eider Valdés

                                                                            24 de Septiembre 2012

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Ya es un hecho: las esperadas “reformas migratorias”, anunciadas por Raúl Castro hace casi un año y medio, llegan con demasiado ruido y pocas nueces. Publicadas “casualmente” cinco días antes de las elecciones para delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, las modificaciones a la Ley No. 1312 “Ley de Migración”, de 20 de septiembre de 1976, fueron otra vez la zanahoria plástica colgada delante del arreo. Algún ingenuo pudiera creer llegada su oportunidad en la vida, pero el desengaño –sinceramente, quisiera equivocarme en este punto– más temprano que tarde develará la verdadera intención detrás de un decreto-ley donde se repiten demasiado el verbo “autorizar” que ha regido los destinos de un pueblo confinado a sus fronteras por más de medio siglo.

Según entendí del Decreto-Ley No. 302, emitido por el Presidente Raúl Castro el 11 de octubre de 2012 y publicado en Gaceta Oficial el pasado 16 de octubre, nada cambia para los profesionales cubanos –incluidos los de la Salud Pública, de más decirlo– que continuamos arrastrando esa cruz en que convirtió este gobierno el hecho de habernos consagrado al cultivo del conocimiento. Una vez más así se nos paga: dejándonos en franca desventaja, vulnerando nuestro derecho a viajar, privándosenos de toda oportunidad de confrontarnos con el mundo. Los Artículos 23 y 25, incisos f, lo dejan muy claro cuando excluyen de salir del país a todo aquel que carezca “…de la autorización establecida, en virtud de las normas dirigidas a preservar la fuerza de trabajo calificada…” con lo cual ya de golpe se deja fuera de juego a millones de cubanos.

No hay que ser demasiado listo para advertir que los artículos 23, 24 y 25, íntegramente añadidos a la antigua Ley de septiembre de 1976, le otorgan aún plena potestad a las autoridades cubanas para denegar el pasaporte, denegar la entrada e igual denegar la salida del país, respectivamente y según criterios subjetivos, a cualquier persona dentro o fuera de Cuba, todo lo cual basta para dejar al desnudo la verdadera naturaleza, hipócrita y engañosa, de esta ley. Demasiada ambigüedad deja abierta el Artículo 23, inciso h –y por extensión el mismo inciso del Artículo 25– cuando establecen que algún funcionario puede negar el otorgamiento del pasaporte y/o la salida del país a alguien “…Cuando por otras razones de interés público lo determinen las autoridades facultadas…”, ambigüedad que bastará para continuar reteniendo a millones de cubanos bajo este cielito azul cada vez que al Gobierno cubano le venga en ganas. Estos artículos e incisos estarán colgando, como espada de Damocles, sobre todos los cubanos.

La otra faceta denigrante del asunto: el Artículo 24, mediante sus incisos c, d y e establece como “…inadmisibles…” para su entrada al país –pues los encierra en la misma categoría que a los terroristas, los traficantes de personas y de armas, a los narcotraficantes y mafiosos internacionales del lavado de dinero– a todos aquellos acusados por el Gobierno cubano de “…Organizar, estimular, realizar o participar en acciones hostiles contra los fundamentos políticos, económicos y sociales del Estado cubano…”, “…Cuando razones de Defensa y Seguridad Nacional así lo aconsejen…” y además –esta es la joyita de la corona– a todo aquel que el Gobierno cubano considere que deba “…Tener prohibida su entrada al país, por estar declarado indeseable o expulsado.” Si lo quiere más claro, échele agua: se da por descontado que aquellos cubanos con criterios políticos divergentes con las líneas del Gobierno continuarán viéndose privados de viajar, y que en caso de que logren salir del país asumen un altísimo riesgo de que no se le permita regresar, y esto incluye, por supuesto, a los millones de cubanos y sus descendientes que viven fuera de su país.

Algo va quedando claro: que mientras una autoridad prohíba que quienes vivimos en Cuba salgamos libremente de ella, e igual que cualquiera de los millones que viven fuera regresen al abrazo de su patria sin condicionamientos, nadie podrá hablar de libertad real para viajar; esta es una decisión privativa del individuo y jamás lo será de ningún funcionario pues, derecho al fin, es inalienable. Mientras se nos obligue a dejar aquí a nuestras familias de rehén como requisito para viajar al extranjero, se coarte la libertad de pensamiento con el chantaje de una salida, se excluya a un solo cubano de su derecho a salir o entrar libremente de su patria, nada habrá cambiado en Cuba. El tiempo dirá la última palabra, pero por ahora todo parece puro espejismo; de momento, en el balcón de La Habana, el cuartico está igualito…

Recordatorio necesario.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Releo la carta dirigida por médicos cirujanos del Hospital habanero “Calixto García” a Raúl Castro, que fuera publicada el pasado 20 de septiembre por Cubaencuentro de forma anónima y sin fecha. En el momento de publicar mi anterior post el 1 de octubre, desconocía yo que desde el 28 de septiembre otro sitio digital, Cubainformación, había publicado lo que asegura es la auténtica carta –esta vez respaldada por el nombre de 62 cirujanos de dicho hospital y fechada 15 de agosto de 2011– en un artículo que además acusaba a “Grandes medios internacionales y webs de la llamada disidencia cubana…” de manipular el documento. Al día siguiente, 29 de septiembre, Cubaencuentro reseñó la acusación y publicó íntegramente el texto referido por Cubainformación.

No creo que la carta hecha pública por uno de estos sitios difiera demasiado en su esencia de la publicada por el otro. Palabras más, palabras menos, pero la miseria, el atropello, la desatención y la desesperanza que describen son hechos incuestionables. Por lo mismo, hoy no centro mi atención en la presunta autenticidad de unos o de otros, sino en un hecho que aquí se desliza entretelones; este polémico documento cobra trascendencia sólo después de ser publicado por Cubaencuentro, y sin embargo fue enviado a la máxima dirección del país más de un año antes y es aquí donde pregunto: ¿estos médicos recibieron alguna respuesta de las autoridades políticas y de gobierno a sus justas preocupaciones? ¿O acaso trascendió a Internet porque jamás recibieron una respuesta a su carta? ¿Reaccionaron las autoridades con madurez y naturalidad o con su acostumbrada soberbia? ¿Hechos como este harán finalmente tomar conciencia a las autoridades cubanas de la inminente necesidad de atendernos con más respeto o se perpetuará eternamente esta indolencia?

Espero que por esta vez de la polémica broten buenos frutos. Ojalá esta intolerancia que nos ha corroído la vida no se cebe nunca más en aquellos que desde la vergüenza tienen la hidalguía de hablar en voz alta cuando otros por miedo callan. Ojalá que ningún otro cubano sufra lo que hube de sufrir por decir un día palabras parecidas, que aquí dejo como recordatorio de lo que debió cambiar, pero continúa siendo vergüenza de nuestra patria.

(*) Carta dirigida al entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, el 11 de noviembre de 2005, por los Dres. Jeovany Jimenez Vega y Rodolfo Martínez Vigoa. (Fragmento)

El trabajador subordinado a nuestro Ministerio tiene particularidades propias que se deben tener en cuenta para no caer en análisis simplistas… Quien se gradúa y luego se supera, como ineludible consecuencia humana, aspira a vivir decorosamente del fruto de su esfuerzo, pero hoy nuestra realidad particular es bien penosa y diferente: recibimos un salario evanescente que se agota a los 5 ó sumo 10 días, quedando pues en la agonía de la urgencia a expensas de esa especie de caridad pública, del gesto espontáneo del paciente agradecido que conoce nuestra imperiosa necesidad. Hablamos de profesionales talentosos y consagrados, de elevada calidad humana, trabajando con batas raídas y su único par de zapatos rotos, con muchas de sus necesidades más elementales sin cubrir, que han coexistido con esta lamentable situación durante más de una década, agobiados por carencias que llenarían estas cuartillas y que dejamos a su imaginación.

Si bien es cierto que algún paciente nuestro con apenas sexto grado percibe no menos de $3000.oo MN al mes vendiendo caramelos o maní y otros pueden ganarlo diariamente, sería absurda aquí la comparación con el sector que realiza trabajos por cuenta propia. Proponemos entonces llamar la atención sobre sectores estatales que interactúan a nuestro alrededor y que sí sería válido tomar como punto de comparación. Ejemplos: El agente SEPSA que incluyendo MN, CUC, alimentos, aseo personal, etc, percibe alrededor de $2000.oo MN mensualmente o la oficinista ETECSA que por conceptos parecidos percibe $ 1000.oo MN. El MINFAR y el MININT reciben salarios más altos que los nuestros y siguen hace años una sistemática política de estímulos. En todos los casos citados se otorga uniforme y calzado puntualmente al trabajador. La lista de sectores mejor remunerados sería muy larga. Entonces no encontramos respuesta para algunas preguntas: si se argumenta la no disponibilidad de recursos o presupuesto y siendo el Sistema Nacional de Salud una entidad única subordinada al estado centralizador de dichos recursos, ¿qué justifica que quien custodie la puerta del hospital reciba 3 veces más ingreso que un profesor de Medicina Interna que ha formado médicos durante décadas, e incluso que el propio director del hospital? ¿No es acaso un absurdo total que un curso de 1 mes reporte al individuo varias veces más utilidad que 12 años de estudios superiores? ¿Tiene algún sentido que esta sociedad que aspira a la igualdad plena retribuya varias veces más a un custodio que a un neurocirujano que ahora salva una vida? ¿Qué justifica que desde el especialista MGI o estomatólogo en el área hasta el último superespecialista del Instituto tengan insatisfechas sus necesidades básicas, y de no ser el caso, las satisfaga a expensas de cualquier oficio y nunca a partir de su salario como profesional?

A nuestro trabajador se le pide un espíritu altruista y desinteresado, capaz de altas dosis de sacrificio y que tenga una gran sensibilidad humana, cualidades todas que sin duda posee. Pero desgraciadamente, en la cadena de tiendas por divisas, donde es el Estado quien fija los precios y vende muy duro, donde terminan al final muchas diligencias cotidianas, las divisas que se nos cobran no son el altruismo, el sacrificio ni la dignidad (que fuera realmente conmovedor) sino llanamente el CUC… Entonces nuestro profesional, sin alternativa posible, sale a la calle a esa otra “lucha diaria” para no tener que prostituirse en su profesión vendiendo certificados, medicamentos o a cambio de prebenda alguna. Se trata de una situación tan agobiante que lo obliga a buscar una fuente alternativa de ingresos de formas tan exóticas y disímiles que lo llenarían de estupor: criando cerdos, planchando para la calle, vendiendo pizzas, jamón o huevos, como albañil, carpintero, zapatero o simplemente alquilando por un precio fijo mensual el auto que mereció en una misión internacionalista por no tener manera de costear la gasolina; actividades todas que tienen algo en común: le restan ánimo y tiempo para su superación profesional, lo sustraen de lo que debería ser su única preocupación, el estudio, que debería revertirse en una atención más exquisita a su paciente desde el punto de vista científico.

Si es posible que hoy se enarbole la bandera del internacionalismo a través de las misiones médicas en decenas de países, eso es gracias también al espíritu de entrega de cuantos permanecemos en Cuba. Nuestro trabajador ha debido asumir el trabajo de quienes salen a la misión y así un médico cubre el trabajo que antes realizaban 3 o 4 compañeros, existiendo incluso casos más dramáticos, todo esto tratando de entregar el mismo esmero al paciente y recibiendo a cambio la misma retribución de siempre mientras sabe que su colega internacionalista, muy merecidamente es cierto, recibe varios cientos de dólares al mes y a su regreso recibirá un estipendio mensual nada desdeñable bajo las circunstancias actuales…

Bajo este contexto nuestro personal se creó una expectativa mayor con respecto al aumento salarial del mes de junio de 2005, por lo que este fue recibido realmente con desilusión. Bajo estas circunstancias aumentar $ 48.oo MN al salario mensual de un médico fue poco menos que simbólico. En los pasillos de nuestros hospitales y policlínicos se escucharon duras palabras, cargadas de agravio y resentimiento, se murmuraron frases injuriosas que no repetiremos aquí por una cuestión de pudor elemental.

Nuestro Ministerio está en la obligación moral de dar una respuesta respetuosa a sus trabajadores dada la altísima sensibilidad del tema que aquí se trata, el mismo trabajador que en el momento más álgido y triste del período especial se mantuvo por $3.00 USD o menos al mes junto a su puesto de trabajo sosteniendo en pie la valía de esta obra y que merece saber que sus criterios son tenidos en cuenta… Todo aquí se dijo adecuadamente con total apego a la verdad, se dijo de modo mesurado y obedece a una razón muy simple: si bien es la justicia el ideal supremo de la Revolución no es justa ni proporcional, sin embargo, la retribución que actualmente recibe nuestro trabajador aún después de décadas de esfuerzo y consagración, mientras otro sectores estatales son retribuidos varias veces más, situación nada compatible con el principio marxista ¨…a cada cual según su trabajo.¨

el problema en sí es mucho más polémico y profundo y nunca será resuelto con remedios paliativos ni tímidos aumentos salariales. Solo podemos, humildemente, alertar; el que tiene oídos para oír, oiga. La realidad es mucho más dura que cualquier palabra y esa, aunque nos queme las manos, no cabe en ningún discurso. Son miles los trabajadores… que esperan su respuesta. Confiamos en que sea moderada y juiciosa, argumentada e inteligente, alejada de cualquier asomo de torpeza. La dureza de estos tiempos no nos ha hecho perder la ternura de nuestros corazones. Tenemos fe en que se tomarán decisiones consecuentes con el espíritu de esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.

-Fin del documento-.

P.D.: Once meses después de entregada esta carta en la sede del Ministerio de Salud Pública sus dos autores fuimos inhabilitados durante más de 5 años.

Hospital “Calixto García”.                             Por: Jeovany Jimenez Vega.

Cada día de este mundo, en uno u otro sitio, a las claras o solapadamente según la dignidad de cada cual, los profesionales de la Salud Pública cubana opinan sobre la calamitosa situación que viven. Pero esta vez no se trata de un comentario de pasillo más, sino que el pasado 20 de septiembre Cubaencuentro publicó una carta que circula ya por Intranet, vía emails o de mano en mano, donde presuntamente un grupo de cirujanos del Hospital Clínico Quirúrgico “Calixto García”, de la capital cubana, le exponen sin tapujos al Presidente Raúl Castro la deprimente situación estructural y funcional de esa institución.

Es cierto y lamentable que no está respaldado el documento por nombres concretos –lo cual lógicamente pone en dudas su autenticidad– aunque aparece adjudicado al Servicio de Cirugía de ese hospital. Siempre será mi precepto que respaldar con nombre y firma cuanto se escribe denota carácter y convicción de criterios, y evidencia además que se tiene el valor suficiente para defenderlos, por eso no desdeño el detalle del anonimato cuando se trata de algo tan peliagudo como el pésimo estándar de trabajo y de vida de los profesionales de mi sector.

Pero más allá de que el texto en cuestión haya salido de manos quirúrgicas o no, hay algo cierto que es más importante aún: que todo cuanto ahí se dice, dígalo quien lo diga, es una absoluta y dolorosa verdad, completamente extrapolable al resto de los centros asistenciales del sistema de la Salud Pública cubana. Aunque, sin dudas, siempre habrá casos peores; no olvidemos que hablamos aquí de uno de los hospitales más emblemáticos del país, el otrora Hospital Militar No. 1 fundado a finales del siglo XIX, así que pongamos las cosas en perspectiva: si el tronco desde el cual emergieron el resto de nuestras facultades de Medicina, y la meca de los hospitales capitalinos, ha perdurado durante décadas en el referido estado de deterioro, ya se podrá suponer la situación en los apartados hospitales municipales y en la red de policlínicos y oscuros consultorios desperdigados por la geografía cubana, constantemente elogiados con loas triunfalistas por una inescrupulosa prensa incapaz de decir la verdad.

La inatención crónica y el abandono a que estamos sometidos los profesionales de la Salud Pública; las pésimas condiciones de trabajo, de descanso y de alimentación; las guardias médicas de hasta más de 24 horas completamente gratuitas “… en un país donde las gratuidades se terminaron…”; el palpable deterioro de la mayoría de nuestros centros asistenciales; la escases, cuando no la falta constante de material usable, de medicamentos y de medios diagnósticos; la sobrecarga de trabajo no remunerado para suplantar a los colegas que parten a las misiones médicas en el extranjero; el salario miserable que se nos paga, el irrespeto que esto implica para un sector que importa más de 10000 millones de dólares constantes y sonantes cada año y la humillación que entraña que a pesar de esto se nos someta a la pobreza; el agotamiento mental y físico que genera mal alimentar a nuestras familias en medio de una economía caótica mientras sabemos bien que “…las destructoras huellas de la corrupción transitan con libertinaje singular…”; la archidemostrada indiferencia de los funcionarios ministeriales, partidistas y gubernamentales para escucharnos con respeto, la gran frustración que esto genera y la falta absoluta de objetividad de la prensa oficial para abordar con valentía y ética un problema que no se soluciona simple y llanamente por falta de voluntad política. Todo esto se dijo antes y se repite aquí, otras son las palabras y otras las manos que suscriben, pero la misma auténtica verdad es la que se escucha.

Tomando el toro por los cuernos, quienes escriben responsabilizan sin ambages al Gobierno cubano de esta situación y le exigen que sea resuelta. No se respira en el tono del documento sumisión, sino que está escrito con claridad, respeto y altivez –combinación que escasea en estos tiempos– presuntamente por profesionales en activo que cada día salvan nuevas vidas y que se sienten en extremo desatendidos, cuando no traicionados, por un gobierno, un partido y un Ministerio de Salud Pública que no hacen absolutamente nada para rescatarnos del abismo.

Haber permitido que un hospital tan prestigioso como el Calixto García se hundiera en semejante desidia hasta el punto de arriesgar seriamente su razón misma de ser, debió bastar para expulsar deshonrosamente de su cargo al Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, Ministro de Salud Pública durante la mayor parte del tiempo referido en la carta, y máximo responsable, por lo mismo, del escandaloso desastre del Hospital Psiquiátrico de La Habana a principios de 2010, en el cual murieron decenas de enfermos mentales. Pero en lugar de recibir su merecido castigo aquel señor fue trasladado, con honores incluidos, a dirigir el Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista. Aunque reconozcamos, en su defensa, que el Dr. Balaguer estaba bastante más ocupado en inhabilitar a los médicos que opinaban que en resolverle sus problemas, por lo que tal vez no oyó hablar nunca del dramático deterioro de las instituciones como el Calixto García.

A esta histórica Facultad de Medicina todavía me unen fuertes sentimientos, pues allí me formé a principios de la década del 90 bajo la tutela de eminentísimos profesores como la Dra. Mercedes Batule y el Dr. San Martín, cátedras vivientes que tuve el orgullo de conocer y que ya entonces ¡hace más de 20 años! sufrían hacía mucho ese ancestral abandono que le mencionan aún nuestros colegas a Raúl Castro. Recuerdo nítidamente que mi admiradísima profesora solía de vez en cuando acompañarnos al comedor central, y mientras nos hablaba afablemente sobre cualquier nimiedad, a mí se me estrujaba el alma de verla comer aquel cardumen insípido. Por desgracia aquellos profesores ya no están entre nosotros, pero vivo convencido de que hoy admirarían la dignidad de los valientes que no se resignan a bajar la frente ante la ignominia.

Ahora sólo resta ver cuál será la reacción del Ministerio de Salud Pública y del Gobierno cubano, acostumbrados a la furibunda intransigencia ante cualquier gesto que los cuestione. De repente, donde sólo hay un grupo de médicos que éticamente se dirigen a sus autoridades, algún tarúpido pudiera ver un “grupúsculo contrarrevolucionario”, o quizás una intentona de la CIA, o una facción de “mercenarios al servicio del imperio”; experiencias en cuanto esto tengo muchas, créame. Pero estos tiempos que corren ya no son los mismos. Sólo digo que en caso de que este documento fuera auténtico y se desatara una cacería más, esta vez mis colegas no estarían solos: Ciudadano Cero no se cruzaría de brazos y quien esto escribe correría cada riesgo hasta el final y lanzaría todas las batallas para redimirlos, porque es nuestro silencio el que nos mantiene en el fondo de este abismo; porque enfrentados a la indolencia cualquier polémica será mejor; porque vale todo intento para rescatar a la patria de los absurdos que “…van comprometiendo el futuro…” y porque cada paso adelante que se da, por más pequeño que sea, va mejorando definitivamente el mundo.

Ver: Crónicas de Esculapio en Cuba I

          Crónicas de Esculapio en Cuba II

Habría que hacer un puente.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

No es su mejor canción, pero el tema me cala hasta los huesos. Repaso el clip de Arjona y otra vez me estremezco, me levanto y castigo el teclado con un dolor que me doy pena, un dolor que intento poner en palabras que no bastan, porque 50 años ya parecen demasiado tiempo y hay demasiadas esperanzas rotas, dispersas, prometidas y pospuestas, que naufragaron hasta hoy en el estrecho.

Causa primera y medular de todas y cada una de las muertes sufridas por los balseros en el abismo del estrecho, la prohibición de viajar siempre fue una bofetada en la mejilla de este, mi único pueblo partido en dos, más que por la corriente del golfo, por las borrascas de la intolerancia. Debido a esta villanía ¨desertan¨ el profesional y el deportista; se sirven ciudadanías a la carta, española o mesopotámica, quienes de repente avalan su lejano pedigrí; trafican su cuerpo las jineteras que parten; venden su escupitajo de silencio los cobardes que simulan por migajas; veo como se prostituye la dignidad de buena parte de los cubanos.

La separación familiar provocada por la política migratoria que ha impuesto el Gobierno cubano durante más de medio siglo merece ser catalogada como un crimen de lesa humanidad en cualquier estrado que se respete. Ninguna otra arbitrariedad, entre las mantenidas por el Gobierno cubano durante este tiempo, ha sido tan traumática y nefasta para el pueblo que la sufre. Digo el pueblo, porque su naturaleza selectiva potencia su matiz más ultrajante: a la vez que privan al pueblo de su genuino derecho a viajar, los altos funcionarios políticos y de gobierno sí se pasean el mundo, y como ellos sus hijos, esposas y ¿por qué no? sus amantes; van y vienen sin tapujos bajo la coartada de misiones oficiales o como ¨gerentes¨ de firmas fantasmales que nadie sabe de qué van, y así aquellos disfrutan de sus becas en Europa mientras estas se dan su paseíto por Cancún, en tanto yo y los míos jamás hemos pasado de Matanzas.

Hace más de un año Raúl Castro anunció públicamente que su gobierno instrumentaría cambios, que no precisó, en los mecanismos migratorios, pero ya asoma nuestro sutil otoño y da la impresión de que no les importara, de que tuvieran aún toda una vida para apostar por la reunificación de la familia cubana. Cada día que pase sin que se abran las puertas será un día de vergüenza y una tentación nueva para las desgracias. Pocas veces un gobernante estuvo ante tal encrucijada teniendo en sus manos tan a las claras la potestad para remediarla; hoy descansa sobre sus hombros la responsabilidad por cada nueva muerte en el estrecho como hasta ayer fue responsable Fidel Castro de instrumentar y mantener intacta por medio siglo este engendro que tanto dolor provoca a mi pueblo, causante esencial de los éxodos más dramáticos de la Historia cubana. Ahí están para contarlo el luto de las madres y la ausencia y la mirada de los niños huérfanos y muertos. ¡Ya es hora de vindicar, de forma incondicional, este derecho del pueblo cubano! Todo aquel que se oponga en esta hora será juzgado ante la Historia, inexorablemente, como culpable por este lento genocidio.

Pero mientras el poder calcula en las sombras, yo vivo con un sueño recurrente: en medio de un mar extenso y apacible, sobre un puente sin fronteras ni peajes dos niños se miran a los limpios ojos, se regalan diáfanas sonrisas, se abrazan sin recelos y lo olvidan todo. Sentados sobre un montón de sueños nuevos contemplan en paz un cálido sol que nace al borde del estrecho sobre el horizonte común, ¡ya amanece hermano! se dicen… ¡ya amanece!…

Ver: Identidad cubana: entre la verguenza y el orgullo.

Ver: Ábrete sésamo.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Las nuevas Normas Aduaneras entradas en vigor desde el pasado 3 de septiembre obligarán al pueblo cubano, mediante una tarifa progresiva, a pagar 10 CUC –o sea, 240.00 pesos, según la tasa actual de cambio– por cada kilogramo de ¨misceláneas¨, alimentos incluidos, y entre el 100 y el 200%, en dependencia de su precio, de cualquier artículo electrodoméstico u otro equipo duradero que se reciba desde el extranjero.

Acostumbrados deberíamos estar a las medidas tomadas a Pepe Timbales, asumidas como nimiedades por quienes las dictan, pero sufridas como tremendos atropellos por quienes las sufren. Esta vez llegan las nuevas regulaciones –a poco más de un mes de la confesión pública de Raúl Castro de que no aumentará ningún salario– como antes llegaron las escaladas masivas de los precios estatales; los cientos de miles de ¨disponibles¨ expulsados a la calle con el consentimiento del sindicato; el exorbitante aumento de las tarifas eléctricas a la vez que se retiraba el servicio de gas licuado; la eliminación de las ¨gratuidades¨ destinadas a los trabajadores; las resoluciones que retienen a los profesionales de mi sector que desean viajar al extranjero, y otras que harían la lista muy larga.

Todas estas disposiciones tienen algo en común: son frontalmente opuestas a los intereses y al bienestar de mi pueblo. Emitidas por funcionarios que no carecen absolutamente de nada, estas medidas parecieran dictadas desde las mismísimas oficinas de la CIA, porque si persiguen fomentar el descontento, dificultarnos la vida y avivar la animadversión y el resquemor contra quienes las dictan y/o las permiten, ya lo han logrado con creces.

Ahora aquella anciana que reciba algún envío, a la hora de retirarlo de la Aduana pagará una altísima cuota de extorsión a estas autoridades, pues tendrá que pagar en Cuba más del doble de lo que le costó a su hijo comprarlo y enviarlo. Entonces no habrá modo de persuadirles, y por extensión al pueblo cubano, de que esto no se trata de una abierta estafa concebida por las autoridades aduanales, ni de que el gobierno que las consiente se preocupa, ni siquiera mínimamente, por su bienestar. Después de semejante robo a mano armada –porque de otra cosa no se trata– cada palabra o discurso nos sabrá más a sal y a vinagre en el fondo de la herida.

Dirigidas contra un pueblo que agoniza en medio de inconcebibles carencias, estas medidas entran sospechosamente en consonancia con los intereses de la cúpula corrupta de las aduanas cubanas. No es un secreto para nadie que en la medida que se arrecia la tuerca, queda más expedito el camino para el robo, el chantaje, el soborno y la extorsión que enriquece a estos funcionarios, y que éstos, salvo contadísimas y honrosas excepciones, en pocos años terminan hechos millonarios. Historias, por miles, así lo confirman.

El pretendido argumento de que semejantes medidas se instrumentan para evitar que las mulas abastezcan al mercado ilegal se derrumbará ante la evidencia de los hechos. Sin duda las mulas seguirán su trasiego porque ya tienen contactos entre los corruptos de esta misma Aduana que dicta semejantes medidas para llevarse su tajada del pastel. Suponer que con esto detendrán el abasto al mercado negro sería tomar el rábano por las hojas pues, en última instancia, para evitarlo habría que hacer razonablemente accesibles los precios de las TRD y dejar de vender en ellas productos caros y podridos o de tercera calidad. Además, se supone que para contrarrestar a los que transgreden la ley exista una reglamentación legal y una Oficina de Administración Tributaria (ONAT) con su cuerpo de inspectores, que sumados a los Inspectores Integrales deberían atajar el hecho in situ y nunca generalizar, como ahora se hace, haciendo pagar a justos por pecadores.

Son medidas como estas las que evidencian que absolutamente no les importamos. Una vez más el tiro de gracia apunta a la nuca de mi pueblo, su única víctima. En nada perjudica esto a Obama ni a la fauna extremista de Miami, ni guarda la más absoluta relación con el embargo norteamericano ni con otra cosa que no sea el deseo exprofeso de las autoridades aduanales, en abierto contubernio con la dirección del país que se lo permite, de hacernos la vida cada día más difícil. Aquí no hay más vuelta de hoja: esto es una puñalada premeditada y alevosa asestada por la mano insana del gobierno cubano.

Ver: Preguntas a Vladimir.

El grito del doliente.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Ahora los artífices del empantanamiento de la economía cubana aseguran que el país no estará en condiciones de aumentar los salarios del trabajador mientras no venga primero, a modo de garantía, un aumento convincente de la productividad del trabajo. A primera vista pareciera sensato. Quien desconozca los vericuetos económicos de la isla pensaría ¡por supuesto señor!, pero quien le pregunte al cubano testigo durante décadas del caos empresarial, de las erráticas políticas seguidas en la conducción de un país que ha pasado de un maratón a otro según la veleidad de sus gobernantes, escuchará sin dudas respuestas esclarecedoras.

Aunque es tarea de académicos desentrañar aquí qué es causa y qué consecuencia, qué es el huevo y qué la gallina, sí queda en este tema algo tan claro como el agua de roca: el trabajo en Cuba ha mantenido una permanente tendencia a la baja o nula productividad debido precisamente a los mecanismos en exceso centralizadores impuestos durante 50 años, a pesar de su probada ineficacia, por esos mismos dirigentes históricos que ahora se preguntan por qué los cubanos de aquí abajo somos tan irresponsables y atorrantes. Bastaría para demostrarlo el clásico ejemplo de las cosechas pudriéndose en el campo por no llegar a tiempo el transporte de la empresa estatal de acopio, pues el Estado, en su guerra contra los intermediarios, monopolizó esta actividad, y esto es algo que está sucediendo aún en este minuto preciso después de miles de discursos, conferencias y congresos.

Aquellos dicen que no es posible aumentar los salarios pero yo digo más, digo que de momento no es necesario. Como no soy economista, sino un doliente más en este entierro, sólo alcanzo, a modo de humilde sugerencia, a proponer a mis autoridades que en su intento de resucitar al muerto comiencen por cambiar diametralmente el enfoque con respecto a la lucrativa política de precios fijada por el Ministerio de Finanzas y Precios para todo el comercio minorista, sobre todo en las cadenas de Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), operadas en CUC (moneda sobrevaluada 25 veces con relación al peso con que me pagan mi salario virtual).

Como no se ha hablado una palabra más sobre la unificación monetaria, nuestro gobierno debería asumir una actitud más responsable con respecto a los precios estrafalarios con que grava punitivamente la vida de mi pueblo implementando esta política inmisericorde que nos vende casi todo al 500 o al 1000% de su precio de compra, incluidos alimentos y artículos de primera necesidad. Por esto el PIB cubano creció un 10% anual durante una década, pero no lo hacía a expensas del aumento en la producción de bienes y servicios sino mediante una escalada exorbitante de precios extorsivos. Esto ocurrió desde siempre y al margen de la política de embargo norteamericano –baste recordar el aumento masivo de entre el 10 y el 30% de casi todos los precios a finales de 2004– pues en nuestras tiendas se vende, mala y cara, mercancía traída desde todos los confines del mundo.

Ahora bien, aquí lanzo la propuesta concreta: bajar sensiblemente los precios sería un buen primer paso para comenzar la anhelada recuperación y le daría al Gobierno cubano la potestad moral que hoy no tiene para exigir lo mismo al sector productivo por cuenta propia que también nos masacra en los mercados agropecuarios. Hasta ahora sólo vemos cómo la prensa oficial cubana ataca reiteradamente al productor que vende en la tarima mientras nadie cuestiona aquella otra masacre especulativa tras las vitrinas de la TRD.

Si se me encomendara la tarea –me permito este sano ejercicio mental– de entrada rebajaría absolutamente todos los precios fijados por el estado hasta la mitad para después, en un plan gradual que se me ocurre fijar entre 3 y 5 años, reducirlos de forma progresiva hasta niveles más ajustados a un salario que a la luz del panorama actual ha perdido por completo su sentido. Esto sería un indiscutible incentivo para la productividad del trabajo, le devolvería algo de sentido al salario y humanizaría bastante la vida de mi pueblo; todo esto, dicho sea de paso, entraría en consonancia con la línea de Raúl Castro de no aumentar un centavo al salario de nadie, lo cual, bajo esta nueva realidad sería, de momento, innecesario.

Pero como no soy yo quien toma estas decisiones, sino los indolentes a los que nada les importa el bienestar de mi pueblo, los que me venden a $10.00 pesos un refresco cuyo costo de producción es de sólo ¡30 centavos! todo señala a que esta situación persistirá mientras los que fijen semejantes precios no seamos los jodidos dolientes en el entierro.

PD: Este juguetito tiene como precio de venta 52.75 CUC, el salario íntegro de dos meses de trabajo de un médico cubano.

Este ha sido un año lluvioso en Cuba, y como para hacer justicia al vigor de esta temporada, en la tarde del pasado sábado en Artemisa llovió a cántaros incluido un concierto de truenos que daba espanto. Una hora después de haber escampado, sobre las 5:00 PM, llegó el invitado que faltaba y se veía venir: el apagón. Lo raro es que la presunta rotura demorara toda una hora, después del último rayo, para entrar en escena. Pasadas las horas, con la medianoche llegaba la terrible certeza: aquella sería una larga jornada, dormiríamos sin corriente eléctrica en medio de este pasmoso verano. No es que fuera la primera vez, ni el fin del mundo ni mucho menos, pero en este país de tímidos avances y graves retrocesos, no pude menos que estremecerme ante la sola idea de que estos apagones nocturnos volvieran a ser paisaje cotidiano.

Aunque si vamos a hablar con justicia se debe reconocer que hace años los apagones, al menos en el mío y los municipios colindantes, dejaron de ser habituales para convertirse prácticamente en noticia, pues la estrategia de lograr mayor autonomía en los territorios mediante la instalación de grupos electrógenos dio, al parecer, los resultados esperados. Hoy el apagón prácticamente llega sólo en caso de rotura y es generalmente breve, pero cuando llega lo hace con la agravante de encontrar a la mayoría de los hogares cubanos esclavizados al servicio eléctrico, pues junto a la sensatez de vendernos equipos eléctricos –debe tratarse de un problema idiosincrático– llegó también la insensatez de retirarnos el servicio de gas licuado, por lo que más de un artemiseño se las vio negras en la tarde-noche de este sábado.

Sin poder evitarlo, mi humor avinagrado por el intenso calor hizo volar los pensamiento atrás en el tiempo y recordé –¡¿cómo olvidarlo?!– aquellas noches de verano de 1993 y 1994, aquellas torturantes noches de vecinos durmiendo en los portales y a la intemperie de las azoteas, a merced de los mosquitos, para huir del sofocante calor. En aquellos días los ¨alumbrones¨ –pues los ¨apagones¨ diarios duraban entre 16 y 20 horas y hasta días enteros– eran, junto a la escases de alimentos y la virtual ausencia de transporte, la evidencia más palpable de que habíamos tocado fondo.

Aunque llegó la mañana, no fue hasta casi el mediodía del domingo, después de 17 horas que parecen demasiadas para reparar una rotura, que se restableció el servicio y suspiré aliviado. Sobre la cocina, como testigos de la involuntaria vigilia, quedaron el resto derretido de las velas y el recuerdo de esta pesadilla de una noche de verano.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Releo la versión en la prensa y queda prendido el diario de notas al pie, cual meditaciones desperdigadas al margen de esta realidad que habito y que tan poco tiene que ver con los discursos. En sus breves palabras durante el pasado acto central conmemorativo al 26 de julio, en Guantánamo, nuestro Presidente Raúl Castro hablaba como de soslayo sobre temas medulares mientras omitía otros por completo, lo cual resulta inexplicable dada la importancia que tienen hoy por hoy y la alta expectativa que generaron desde el momento mismo en que fueran anunciados públicamente por el mismo Raúl que en este momento parece eludirlos.

Habló someramente sobre los salarios, pero lo hizo sólo para dejar claro que a pesar de que son bajos y espurios, por ahora ni en sueños se aumentará un centavo a nadie. El Presidente sabe bien que los maestros y los médicos –en Cuba los eslabones últimos de la cadena alimenticia– ganamos ¨… muy poco…¨, pero un punto y seguido después yerra escandalosamente cuando afirma que ¨… así estamos todos…¨ Habría que indagar en los altos círculos gerenciales, en las firmas y empresas mixtas, en los hoteles y circuitos privilegiados con el manejo en vivo de las divisas convertibles, preguntar a los ladrones legalizados en la Aduana de los aeropuertos cubanos, a las mafias político-financieras que ya acomodaron su botín, a buen resguardo en seguros y discretos bancos extranjeros, a los dirigentes corruptos, a los generales que nunca han carecido absolutamente de nada, indolentes que durante los años más oscuros del período especial alimentaban con buena carne a sus perros mientras mis padres hacían una única y frugal comida al día con sopa de arroz y pan. Habría que pedirle a mi Presidente que indague a ver cuál de estos tipos intenta alimentar, vestir, calzar y educar a su familia e hijos con un salario como el mío, equivalente a $25.oo USD mensuales. Definitivamente, así no estamos todos y sería muy bueno que mi Presidente, si no lo sabe, por fin se entere.

El Presidente Raúl esta vez eludió completamente mencionar temas trascendentales para nuestro pueblo, como la anunciada ¨actualización¨ de la política migratoria del país, o el muy necesario acceso libre a Internet ¿cuándo se nos concederá?, ¿en qué consistirán las también anunciadas reformas constitucionales a realizarse próximamente o en qué momento están?, ¿en qué derivaron por fin las investigaciones que develaron –según palabras usadas por él mismo al referirse a la malversación en las altas finanzas– varios escandalosos casos de ¨delitos de cuello blanco¨?

Son preguntas que de momento mi Presidente dejó sin respuesta. Esto no hace otra cosa que estimular la imaginación de la gente en la calle, que en ausencia de seriedad en la prensa oficial cubana para informar claramente o para denunciar algo aunque sea un secreto a voces, no puede hacer otra cosa que especular y formar rumores, lo cual termina siendo más nocivo para todos. Mientras tanto, hoy quedan estas notas al pie, esperando con paciencia a ver si en el próximo discurso se devela alguno de estos misterios; después de todo terminé acostumbrándome a que en este país los cambios se produzcan ¨… sin prisa… poco a poco, poco a poco¨.

Ver: Carta a Raúl Castro.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

No por emprenderla contra Granma pero sucede que es la única publicación a que estoy suscrito y yo, como millones de cubanos, tampoco dispongo de Internet de modo que aquí va mi desquite. No pude evitar leer en la sección de internacionales de su edición del pasado 6 de julio el lamentable modo en que la Agencia Prensa Latina se anota otra pifia, esta vez mediante declaraciones de su presidente Luis Enrique González, quien en medio de una cumbre mundial sobre medios de difusión acaba de afirmar que en Cuba ¨… más del 30% de la población tiene acceso a Internet, y otro 30 a las nuevas tecnologías, a través de servicios sociales que existen ahora en la red de redes

No salgo de mi asombro con tipos como Luis Enrique, que al decir esto mienten públicamente del modo más burdo. Al escuchar esto cualquiera supondría que Cuba tiene una tasa de conectividad comparable a cualquier otro país del área, cuando la realidad es bien diferente. Este señor sabe que las autoridades políticas y de gobierno cubanas han hecho hasta ahora todo cuanto humanamente les ha sido posible por mantener a su pueblo en el más absoluto oscurantismo cibernético; que en mi país sólo acceden a Internet unos cuantos privilegiados, y esto, con la amenazante daga de la censura amenazando con defenestrar al temerario que se atreva a colocar cualquier comentario ¨inapropiado¨, pues un partido que todo lo fiscaliza, no iba a hacer la excepción precisamente con algo tan estratégico como la información.

Si los selectos periodistas, rancios panelistas de mesas redondas, directores gerenciales y de firmas extranjeras, personal diplomático, altos funcionarios o excepcionales figuras públicas afines ideológicamente con el Gobierno cubano a los que este les permite conectarse desde su casa, o bien los estudiantes que conforman las patéticas brigadas de respuesta cibernéticas desde la UCI llegan a contabilizar ese 30%, eso sería una estadística que este cubano duda muchísimo, pero siempre habrá que tomar en cuenta, no obstante, que para mantenerse on line la condición sino cuo non siempre será la sumisión absoluta a lo normado por los inquisidores.

Espero que el Señor Director de Prensa Latina, cuando habla del otro 30% que tiene ¨acceso¨ a las nuevas tecnologías, no se esté refiriendo a la declinante red de ¨Joven Clubs¨ o a las mal llamadas ¨salas de navegación¨ existentes en algunas oficinas municipales de correo, lugares desde lo que, con mucha suerte, se puede apenas revisar un Email y a donde inexorablemente llega también el ojo revisor del partido, y llegado el caso, de la policía política, lo cual no es secreto para nadie. Igual espero que tampoco se refiera a ese más selecto aún sector que tiene la holgura económica necesaria para pagar en un hotel la extorsiva tarifa de entre 6.00 y 12.00 CUC por hora de conexión (entre $6.60 y $13.20 USD, o sea, de $150.00 a $300.00 pesos de un salario de $400.00 pesos mensuales) fijada por la Resolución No. 146/2012 del pasado 27 de abril, que establece el Ministerio de Finanzas y Precios para nuestro trabajador, todo lo cual movería a la risa si no se tratara de un asunto tan serio.

Independientemente de lo que afirme este obnubilado director sí sé algo muy concreto: será por pura fatalidad ¿? pero no conozco a un solo médico cubano de todo mi círculo de relaciones que se conecte a Internet, ni a uno sólo de mis vecinos en muchas calles a la redonda, ni uno sólo de mis familiares, ningún amigo, que lo haga libremente desde su casa e igual me pasa a mí y a cada blogger que conozco.

Este asunto no admite más vuelta de hoja: el Gobierno cubano mantiene a su pueblo privado deliberadamente del acceso a Internet porque le teme al libre flujo de información y necesita imperiosamente mantener el más absoluto monopolio sobre ésta para conservar su poder sin sobresaltos. Más de una vez lo he dicho: mantengo la más absoluta certeza de que si el poder en La Habana lo considerara conveniente para conservar su status, nuestro pueblo accediera a la red por encima de cualquier obstáculo económico o político, incluyendo el embargo estadounidense. Por todo esto le sugeriría al Señor Luis Enrique, todo un profesional de la prensa, que al menos aprenda a mentir con más sutileza por el bien de la flamante agencia que representa.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Después de la huelga de hambre que protagonizara el pasado mes de marzo, que derivó en nuestra habilitación para el ejercicio de la Medicina, nuevamente ejerzo mi profesión en Guanajay desde el 7 de mayo. Ahora bien, a más de 2 meses de haber comenzado a trabajar aún persisten un par de cabos sueltos: si bien es cierto que se nos restituyó todo el salario dejado de percibir durante aquellos 66 meses y se me permitirá reanudar desde tercer año mi especialidad en Medicina Interna a partir de septiembre, también es muy cierto que todavía no existe constancia alguna en nuestro expediente laboral de que se nos pagó aquella suma y de lo cual se deriva que estos 5 años y medio se contemplan como trabajados, que fue lo que se nos comunicó se haría y lo legalmente estipulado en el Decreto Ley 268-2009 (Modificativo del régimen laboral) en su Capítulo V.

Igualmente este Decreto Ley establece que en caso de ser revocada una sanción administrativa injusta, el trabajador que sufrió dicho prejuicio debe ser públicamente vindicado ante la asamblea de asociados de su centro de trabajo y esto es, en nuestro caso, una reunión igualmente convocada por la administración, el partido y el sindicato, tan pública como aquellas que se realizaron en 2006 para vilipendiarnos gratuitamente, donde se exponga por qué fue un error habernos sancionado y por qué se decidió ahora revocar aquel fallo. Esta reunión, aún no convocada –que no tiene que derivar en el Harakiri de nadie pues, en lo particular, no lo necesito– me encontraría más maduro que entonces y también creo, espero, un poco más sabio, por lo que nadie debe esperar que de esta boca salte una sola palabra manchada de odio o resentimiento, pero creo que esto sería un ejercicio muy saludable para todos y hablaría más a las claras sobre la verdadera posición de las entidades políticas ante este caso.

Una reunión de este tipo, realizada con mis compañeros en un clima de sosegado respeto, diría mucho sobre la tolerancia que hoy propugna públicamente nuestro gobierno, pero un gesto en cualquier otro sentido no haría más que denunciar exactamente lo contrario, pues la falta de humildad para reconocer los errores ha sido uno de sus grandes lastres y esto dejaría abierta la puerta para que historias como la nuestra se repitan una y otra vez en cualquier momento y lugar de esta islita nuestra. Este sería un acto que nos vindicaría a todos. Mientras este momento llega Ciudadano Cero, con paciencia, espera.

Este mundo alucinante.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

El diario Granma, en su edición del 22 de junio y bajo el título “ONU destaca desempeño de Cuba en materia de libertad de reunión”, publica un reporte de Prensa Latina que refleja que Cuba expresó “… su satisfacción por haber sido mencionada como ejemplo de buenas prácticas en materia de libertad de reunión y asociación pacíficas en el informe del Relator de Derechos Humanos de la ONU en esa materia, Maina Kivi.” Según Granma, el delegado cubano Juan Antonio Quintanilla añadió que “… en nuestro país existen amplias libertades para el ejercicio de este derecho, lo cual se ejemplifica en la existencia de más de 2200 organizaciones no gubernamentales en las más diversas esferas.”

Que lo afirme aquel relator, que puede haber escrito su informe en una confortable oficina de Ginebra o bajo alguna fresca arboleda de Central Park, se comprende. Después de todo la ONU ya nos tiene acostumbrados a estos deslices, y así más de un informe o alguna que otra resolución dictada en sus asépticos estrados no merecieron mejor suerte que convertirse en papel higiénico. Después de todo, no es la primera vez que se le ve hacer la vista gorda ante situaciones similares. Por esto no sorprende que el relator ahora divague cuanto desee sobre el tema Cuba-libertad de asociación, pero escuchar lo mismo de boca de un cubano siempre causa una dosis variable de estupor.

Aunque para no pecar de injustos, se debe tomar en cuenta que la vida de un funcionario de nuestro emblemático MINREX, en medio de viajes y misiones diplomáticas, puede llegar a ser tan agitada que es posible que el Señor Quintanilla no esté informado sobre la suerte corrida por más de un opositor cubano cuando ha deseado hacer patente su derecho a asociarse libremente, o tal vez no habrá escuchado nada sobre esas turbas que golpean a damas que se defienden con frágiles gladiolos, o sobre los escandalosos mítines de repudio organizados por el partido y la seguridad del estado ante –y hasta dentro– del hogar de muchos disidentes cubanos.

Es cierto que aquí no existe un movimiento visible de indignados como los que menciona el delegado cubano cuando se refiere a los apostados en Wall Street o a través de Europa y que han sido presa de aquellas oleadas represivas, de las cuales sabemos, dicho sea de paso, gracias a los reportes de la prensa de sus mismos países. Pero lo que bien sabe y oculta este delegado cubano es que aquí se resuelve el asunto de un modo mucho más pragmático y simple: si Usted pretende armar un lío semejante sencillamente será detenido en la puerta misma de su casa, no se le permitirá salir a la calle y encima tendrá que soportar que le digan que esto es para protegerlo a Usted de la ira del “pueblo enardecido”.

En cuanto a las miles de ONGs mencionadas en el comentario de Quintanilla, bastará una rápida ojeada para advertir que todas tienen un elemento en común: ninguna tendrá un perfil político, ninguna, ni por asomo, tiene entre sus propósitos cuestionar de ningún modo al sistema de gobierno regente en Cuba. A estas alturas muy pocos enajenados se atreverían a negar que la verdadera sociedad civil cubana existe en forma semiclandestina y no es reconocida oficialmente por nuestro gobierno que continúa negado a establecer cualquier tipo de diálogo. El perfil de todas y cada una de esas “ONG” ha sido diseñado a priori y finalmente aprobado con el visto bueno del Partido Comunista, que desestimará cada propuesta incómoda. Como se comprenderá, hablar así de libertad de asociación y de una auténtica sociedad civil que goza de “… amplias libertades para el ejercicio de este derecho…” en este país de un solo partido, es alucinante.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Conversando hace unos meses con un amigo la polémica giró alrededor de las antológicas prohibiciones mantenidas por nuestro gobierno contra toda sensatez y que perjudican directamente al pueblo cubano. Entonces mi amigo sostenía que la última que sería levantada, a su juicio, sería la prohibición de viajar, pero yo sostuve entonces, y aún lo creo, que la última carta de la baraja que cederán será el libre acceso a Internet.

El estricto control mantenido durante la etapa revolucionaria sobre toda suerte de información, la férrea censura sobre todo tipo de prensa y el monopolio absoluto propugnado contra todas las banderas sobre cuanta emisora, editorial, poligráfico, concurso, revista, diario o folletín vieran la luz bajo este cielo, y finalmente la más reciente odisea sufrida por el fantasmal cable de fibra óptica lanzado desde Venezuela, sobre el que se ha cernido un denso manto de misterio –tema oficialmente excluido de nuestra prensa– son elementos que me convencen de esto.

El derecho a acceder libremente a información sin censura se encuentra entre los más inherentes a la libertad del hombre moderno y oponerse a ello es algo así como una confesión de culpabilidad de que un poder retrógrado se opone a las normas más elementales de la democracia. En el caso de Internet, eso de pulsar una tecla en la mañana y aún en pijamas tener ante tus ojos cuanta publicación haya sido lanzada en el mundo –un lujo impensable dentro de Cuba para el cubano promedio– es un asunto muy serio.

No caeré en la ingenuidad de afirmar que en el ciberespacio todo es color rosa y que reina la transparencia absoluta, libre de las impurezas de la prensa tendenciosa, pero sí es innegable que éste, como nunca antes, ofrece oportunidades a la sociedad civil para difundir verdades a contrapelo de los intereses de los poderes constituidos. Ahí quedan ejemplos como Twitter y Wikileaks para confirmarlo.

La censura sobre Internet se ha instituido en una de las joyas de la corona en lo que a limitación de nuestras libertades respecta. Oponerse ya en la segunda década del siglo XXI a lo que ha sido una de las creaciones más ingeniosas del hombre, la que ha devenido como ninguna otra en depositaria de su conocimiento y espiritualidad, es simple y llanamente un crimen. Es un deber del pueblo cubano exigir incansablemente este derecho porque desde el minuto exacto en que sea conquistado seremos mucho más libres.

Aunque al final la labor de censura sigue rindiendo sus frutos. Durante las últimas semanas he tenido, y tendré en las venideras, serias dificultades para actualizar mi página. Ciudadano Cero, como otros blogs, entrará en un breve silencio involuntario, todo por no contar con un sitio donde conectarnos. Esto me hace repetirme una vez más la gran pregunta: si el gobierno cubano dice estar en posesión de la verdad absoluta, entonces… ¿a qué le teme? Si la gran prensa mundial publica en la red sus versiones, que la nuestra, tan “ética y objetiva”, publique las suyas. Sucede que soy adulto, universitario y sé leer, quiero acceder a ambas con mis propios ojos y no le encuentro sentido, ya me satura, que un locutor del Noticiero Nacional se tome por mí la molestia de hacerlo.

Ver: La ciberguerra y la censura.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

En mi pasado post hablaba sobre el tema migratorio, pero no mencionaba entonces lo que considero su peor secuela, que es la falta de identidad de algunos que parten. Sin pretender, como en todo asunto humano, que todos transitan los mismos derroteros pues cada persona es un mundo, sí he visto con dolor como una parte nada desdeñable de los que emigran lo hacen renegando de todo cuanto aquí dejaron; confunden la cáscara con el boniato y lo mezclan todo en un entuerto de maldiciones y blasfemias que confina al mismo fardo La bayamesa, el chivato del barrio, el son de Matamoros, la cola del pan, el Himno Nacional y Los zapaticos de rosa.

Aunque dependiendo de su personalidad y cultura, con demasiada frecuencia quien parte y regresa en cuestión de pocos meses, ya trae en la valija un acento extranjero más auténtico que el de los nativos que allá dejó, en un patético intento de dejar constancia de su nuevo swing, y muchas veces junto al mal gusto de las gruesas cadenas doradas –no pocas veces alquiladas para la ocasión– muestran con ridícula jactancia todo un despliegue de artificios que clama a gritos esa vergüenza por su pasado.

Todo aquí parece consecuencia de lo que en uno de mis recurrentes talleres mentales he terminado llamando “psicología de la prisión”, y así veo las cosas, que quien se halla así confinado, o sea en prisión, saca rápidamente dos ineludibles conclusiones: la primera, que está ante un poder inmutable que establece rígidas y amenazantes normas que lo sobrepasan hasta límites insuperables, normas que tendrá que acatar sin remedio y que de nada valdría cuestionar; la segunda conclusión, que ante una realidad así sólo resta, como único recurso, huir. Y es siguiendo esta lógica de pensamiento que el ciudadano promedio en Cuba, para evadirse de esta crudísima realidad que mal vive casi siempre posa su mirada sobre el horizonte.

Hasta aquí todo pareciera razonable, pues pretender ampliar nuestros horizontes o mejorar nuestro nivel de vida es algo más que natural. Precisamente esto convirtió al hombre en lo que es hoy. Fue este ir y venir de vivencias y mercaderías, y nunca el enclaustramiento dentro de límites geográficos locales, lo que impulsó a la prosperidad a las grandes culturas. Pero de esto a tomarse la Coca Cola del olvido y hacer un batido desechable con todo lo que huela a cubano, va una abismal diferencia.

Todos los grandes hombres han tenido como norma –habiendo pocas excepciones al estilo de nuestro Lezama– el saludable hábito de viajar. Es cierto que cada cual tiene derecho a constituir su propio concepto de patria y a cargar con ella a su modo donde quiera que esté, pero no es más que esa nostalgia por todo lo bello y loable que aquí dejó, ese sano orgullo por lo más genuino de esta Cuba, atesorado en pudoroso silencio en lo más tibio del pecho, lo que distingue sustancialmente a este cubano de aquel; hablo de esa Cuba que nos pertenece a todos, que será siempre nuestra donde pongamos el pie, una Cuba que no gusta de consignas ni de colores políticos salvo los de su bandera, por la que vive y muere, donde quiera que esté, un buen cubano. Se trata, en esencia, de discernir entre la caricatura y la patria.

Aunque vivo orgulloso de esto, igual agonizo cuando veo una considerable parte de nuestra juventud –¿algunos, la media, la mayoría?– que fija sus ojos en otras latitudes por sentir que no tendrá aquí la más mínima oportunidad de labrarse un futuro. Esto lastima por ser sintomático de graves males acumulados por décadas y que no parecen, al menos hasta el sol de hoy, con solución a corto o mediano plazo. La suerte corrida por decenas de miles de jóvenes que hace unos años formaron parte del ejército de trabajadores sociales y que terminaron embaucados en todo el país cuando terminó la sustitución de ollas y bombillos –luego derivados hacia las filas de la PNR o del DTI– o la suspensión masiva de sus carreras, hace un par de cursos y sin mediar muchas explicaciones, de la mayoría de los estudiantes que habían vencido hasta tercer año tecnologías de la salud pública, son elocuentes ejemplos de cómo la mala planificación y el mal cálculo de las necesidades del país han frustrado a generaciones de jóvenes.

A consecuencia de esto vemos a no pocos cubanos hurgando su árbol genealógico para resucitar algún ancestro canario, pero que de no lograr la ciudadanía española, de repente les da igual italiana, irlandesa, panameña o marciana, “… les da lo mismo Tokio, Barcelona que Moscú…”, cualquier cosa para cambiar su status “maldito” de ciudadanos cubanos –el asunto es huir a como dé lugar– pues terminaron considerándolo una desgracia y una vergüenza gracias a políticas seguidas por nuestro gobierno que privan a sus ciudadanos de derechos.

Reconozco que esta falta de identidad puede no ser privativa de quien parte, sino igual de quien se queda, aunque viva en la Rampa habanera, si en su corazón ya renegó de todo lo nuestro. Aquí no pretendo juzgar, pues cada cual cargará con sus razones. También me cuento entre los que piensan que patria es humanidad y después de todo, ya lo cantó el poeta, se hace camino al andar, pero sí me lamento y me duelo de que aquellos, cuando parten, lo hagan sin desearse cubanos porque creo que este terruño bello y sufrido tiene en sus días pasados y presentes suficiente gloria para ser honrada por todos sus hijos. En todo esto deben pensar nuestros gobernantes a la hora de instrumentar las anunciadas reformas migratorias. Ojalá que lo que ha sido hasta hoy un doloroso estigma sea mañana fuente de prosperidad para la patria de todos.

Nube de etiquetas

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 769 seguidores