“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

El turno del ofendido.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

En marzo de 2007 la Fiscalía General de la República respondía por única vez a la primera de tres solicitudes que le hicieran llegar dos médicos injustamente inhabilitados. Más que el dictamen técnico emitido por un poder apolítico y autónomo a dos ciudadanos que consideraban gravemente vulnerados sus derechos, aquella respuesta antológica era una vendetta, una crucifixión escrita en un lenguaje parcializado y cargado políticamente.

Pero por misterios de esta vida, y aunque han pasado más de cinco años, hoy amanecí con un par de dudas retumbándome en esta cabecita dura. De esto se trata: en el hipotético caso en que los afectados decidiéramos ahora demandar ante un Tribunal Popular a las personas responsables de los graves daños sufridos ¿cuál sería el procedimiento a seguir? ¿Consideraría ahora procedente nuestra Fiscalía acusar a estos funcionarios –que, por cierto, aún ocupan cargos públicos– por habernos sometido públicamente a vejaciones morales y gravísimos perjuicios profesionales y familiares?

Después de todo, obligadas conclusiones se derivan de que fuéramos nuevamente habilitados en nuestra profesión y de que se nos restituyera íntegramente el salario de todo el tiempo que permanecimos sancionados: implica a las claras que todo fue una injusticia, que para empapelarnos se adulteró la verdad, se difamó al por mayor y que, obviamente, alguien fue responsable de todo esto. Hoy le preguntaría a nuestra “honorable” Fiscalía, la misma que hace cinco años desestimó cada evidencia a nuestro favor, si aún nos asiste el derecho de acusar a aquellas personas que, con potestad para ello, nunca hicieron nada.

Me pregunto si aún procedería acusar por perjurio y difamación al entonces Director Provincial de Salud de La Habana Dr. Wilfredo Lorenzo Felipe, hoy Director Municipal de Salud de Guanajay, y a su esposa la Dra. Beatriz Torres Pérez, entonces Decana de la Filial Oeste del Instituto de Ciencias Médicas de La Habana, al entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, actual jefe de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido, que desatendió las 10 cartas dirigidas a él y al actual Ministro Dr. Roberto Morales Ojeda que desatendió otras tantas; me pregunto si procedería acusar de prevaricación a Ricardo Alarcón de Quesada, aún Presidente del Parlamento, a Esteban Lazo, aún Vicepresidente del Consejo de Estado, a José Ramón Machado Ventura, aún Primer Vicepresidente del Consejo de Estado o a Raúl Castro, nuestro Presidente, al que llegué a dirigir cuatro cartas sin recibir respuesta, sólo pregunto. Todas estas personas, cuando no fueron responsables de nuestro drama, al menos conocieron durante años esta situación y nunca hicieron nada al respecto.

Por ir un poco más allá: me pregunto si la Fiscalía General de la República consideraría procedente iniciar un proceso por prevaricación, contra ella misma como institución, por haber desestimado desde mediados de 2007 las evidencias que debieron derivar en nuestra inmediata habilitación, pues probaban que para castigarnos fueron adulterados los hechos por motivaciones políticas. Porque se supone que viva yo bajo un Estado de Derecho –asegura mi gobierno– que me otorga la potestad, como ciudadano común –¿acaso ciudadano cero?– de interponer ante las autoridades competentes cuantos recursos estime necesarios para garantizar mis libertades personales ¿o no?

No me propongo hurgar en el estiércol. La larga y paciente lucha que libré para regresar al ejercicio de mi profesión me hizo crecer y me purificó de miserias. Hoy sólo me anima la curiosidad, pues aunque tengo derecho a sentirme resentido aún, sin embargo, he decidido seguir aquel noble consejo de Reinaldo Escobar y Yoanis Sánchez, los malditos, los excomulgados que apenas horas después de habilitado me solicitaban que desde ese momento me concentrara en mi salud y lo perdonara todo; después de todo fueron estos “mal nacidos incendiarios” quienes me pidieron entonces ¡paradojas de esta vida! que tuviera el valor y la grandeza de olvidar.

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Comentarios en: "El turno del ofendido." (3)

  1. Si, hipotéticamente, un caso semejante al que usted ha protagonizado, hubiere ocurrido en un país donde imperase un estado de derecho, entonces le diría que indudablemente “se echaría tremendo billete en el bolsillo.”
    No olvide, no es bueno olvidar sobre todo cuando le han ocurrido cosas semejantes; pero piense positivamente al respecto. Hágase a la idea de que lo sucedido le servirá porque lo convierte en un individuo más sabio y tolerante. No se aferre a la “sed de justicia” que muchas veces nos agobia hasta por sucesos ajenos a nuestra persona. No obtendrá nada bueno. Comprendo que le pido mucho pero lo cierto es que le deseo lo mejor después de lo que ha vivido. Créame.

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