“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para noviembre, 2012

Una proposición indecente.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

A propósito del artículo publicado por Jean-Guy Allard en Granma el pasado 12 de noviembre en que se acusa a Yoanis Sánchez, por enésima vez, de “mercenaria al servicio de los Estados Unidos”.

Es evidente que el tema “Generación Y” se le ha ido de las manos a los responsables de serenar al ganado, y presumo que esto ha trastornado el sueño de un sinnúmero de oficiales operativos, reales y virtuales, a todos los niveles de la contrainteligencia cubana. Como en mi rol de médico estoy obligado a velar por la salud física, pero también mental, de cada cubano, hoy intento hacerle llegar al autor de este artículo y a la Seguridad del Estado –incluida la Sección 21, que mantiene con esta joven habanera una relación sentimental muy intensa– una duda que me asalta: si el Gobierno norteamericano y/o la CIA tienen contratada a esta “mercenaria” y está ella movida, asalariada al fin, sólo por mezquinos intereses, entonces la solución contra su insomnio es extremadamente simple: ¿por qué no sobornarla? ¿Por qué no pagarle más y punto?

Hay algo que la historia ha demostrado con creces, y es que los mercenarios, sin honor ni bandera, sirven al mejor postor; entonces la solución está expedita: si los del norte le han pagado unos miserables 500000 euros, páguesele digamos, un millón, o cinco, tal vez diez y seguramente se le saltarían los ojos de las órbitas ante tan irresistible oferta; después de todo en ese pecho vacío de principios no hay lugar más que para la codicia, así que ya sería hora de subirle la parada a esta desmadrada y verían cómo en el acto cambia de bando y se hunde en el mutismo absoluto que exigiría semejante contrato.

Aunque he estado muchas veces en su casa, de la vida de Yoanis sólo conozco lo públicamente visible. A pesar de la cordialidad con que trata a todos allí junto a su esposo –ese otro irremediable, Reynaldo Escobar– hay barreras que el respeto y la prudencia presuponen. Por eso no aspiro a que este post se erija en apología, pues además de no ser en lo personal mi estilo, sucede algo mucho más elemental: alguien que ha sabido alimentar una bitácora que recibe, según Wikipedia, 14 millones de visitas mensuales –convirtiéndola en la página más visitada de habla hispana en la red– no lo necesita. En cuanto a mí, tampoco lo necesito pues de Yoanis no busco nada en lo personal, y además, si nunca adulé ni me plegué ante un poder omnímodo y abrumador dueño de todo cuanto me rodea, capaz de arruinar mi vida con un chasquido de sus dedos, entonces ya no lo haré ante nadie. Pero terminó sulfatando mis circuitos que en la prensa oficial cubana, la que calla escandalosamente ante la alta corrupción instituida en mi país, se reduzca todo a la misma cantaleta del money catch money –lo demuestra el hecho de que absolutamente todo opositor político cubano, desde el más antiguo y recalcitrante hasta el último advenedizo, sin excepción, estén acusados como tal.

Pero bien, para no disgregar: pagarle más a esta “depravada” ¿no sería una solución? En caso de que, por azares del bloqueo, haya estrechez de presupuesto para actividades represivas, algo poco probable, 500001 euros bastarían; después de todo a estos desmadrados, según la acusación oficial, la diferencia de un solo dólar bastaría para derrumbarlos, babeantes, a los pies del nuevo amo. En un país donde millones callan y simulan por un puesto de dirección, por la asignación de un auto estatal o por una misioncita de trabajo en el extranjero, qué no haría esta “perdularia” ante semejante oferta. Creo, supongo, digo yo, a lo mejor con esta minucia –que valdría la pena extraer, con la debida prudencia, de la cuenta secreta de algún magnate que haya expoliado millones de este paisito– baste para librar a la plana mayor de semejante dolor testicular.

Quiero hacer constar, eso sí, que obré aquí únicamente desde el punto de vista profesional, por vocación analgésica, para aliviar las molestias causadas por esta chiquilla a testículos semejantes –sin dudas, los más grandes y congestivos de toda la isla, nadie lo cuestiona– y todo sería mantenido en el más hermético y riguroso secreto profesional. Después de todo, los médicos en Cuba trabajamos gratis, a mí nada se me debe, pero es increíble, me sigue inquietando, que a los genitales… digo, geniales estrategas de la SE no se les haya ocurrido nunca seguir una táctica tan elemental.

Ver: Cubanos y punto.

¿Por qué no debe morir Estado de Sats?

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Hará dos semanas que Antonio Rodiles fue detenido por la Seguridad del Estado. Primero acusado de resistencia al arresto, luego llegó a formulársele el cargo de atentado contra la autoridad cuando casi una decena de testigos desmienten la acusación policial. No se trata ya de nada inusual, pues en Cuba las detenciones arbitrarias hace mucho forman parte de la praxis represiva. Esta vez se trata de alguien de innegable carisma y cuya autenticidad queda demostrada con hechos concretos: en poco tiempo Rodiles convirtió Estado de Sats –contra todas las banderas y con modestísimos recursos– en un importante espacio referencial cuando de sondear la realidad cubana se trata.

Varios factores contribuyen a que nuestra atmósfera transpire hoy aromas alternativos. En este sentido, a las extensas posibilidades de Internet, que abren una brecha digital al mundo por donde se asoma la mirada inquieta de los bloggers y twitteros de la isla, se suma la falta de una prensa oficial ética que denuncie la desvergüenza de los corruptos, la ineptitud de los dirigentes y las contantes vejaciones a nuestras libertades civiles, y en este contexto se han insertado alternativas como Voces Cubanas y Estado de Sats. Pero este último espacio tiene una particularidad no precisamente virtual: en el hogar de Rodiles, durante la presentación de los programas, con frecuencia confluyen asidua y físicamente cerca de un centenar de irreverentes, y ya sabemos lo que esto significa para el poder en Cuba. Esta modesta, pero evidente capacidad de convocatoria, terminó preocupando a la plana mayor; por eso cuando Rodiles se personó frente a la Sección 21 en la tarde del miércoles 7 de noviembre, el mando vio la esperada oportunidad de empapelarlo y decapitar su proyecto. Pero quienes así razonan subestiman a una sociedad civil que no está dispuesta a ceder una pulgada del espacio conquistado a fuerza de grandes riesgos.

Estamos ante un pueblo saturado de promesas que ya suenan a burla, palabras desmentidas por la demagogia de una élite aburguesada que nos exige austeridad desde una mesa rebosante; estamos ante un pueblo obligado a privaciones injustificables y carencias que generan una profunda inmoralidad social, que han convertido en “nimiedades” el robo, la simulación y la mentira, y lo que es peor, en un crimen la sinceridad y el civismo; estamos ante una juventud que definitivamente es otra, y quiere abrirse a un mundo que sospecha suyo y extenso, que se sabe prisionera, pero que ahora ya conoce el nombre, el santo y seña de su carcelero y cada vez le teme menos; él lo sabe, y por eso reprime cada nacimiento, intenta mutilar cada retoño nuevo, tapiza las hendijas para que no asomen a su celda los peligrosos rayos del sol.

Le acusan de atentado y sin embargo en Estado de Sats, el hogar de Rodiles, nunca vi ni por asomo un garrote o la punta de un gatillo, nunca oí tramar atentados ni sabotajes, nunca escuché una amenaza, ni un llamado a la violencia, allí no escuché más que ideas y argumentos, con razones o no, pero lanzados desde el presupuesto de la tolerancia, del respeto por el criterio ajeno. Hasta donde sé, ningún opositor cubano detuvo jamás a algún delegado de la Asamblea Nacional del Poder Popular en la entrada del Parlamento, ni a ningún militante comunista para impedirle que participara en el último Congreso de su Partido, ni organizó ningún “operativo” para boicotear su pasada Conferencia Nacional. Sin embargo, en sentido contrario el asunto cambia de rostro: los allanamientos y las detenciones arbitrarias perpetradas por la Seguridad del Estado contra cualquier disidente cuando, como y donde desee, sin garantías procesales y hasta sin formular cargos –incluidos muchos que se dirigían precisamente a Sats– son su práctica cotidiana, denunciada miles de veces por bloggers, twitteros y por el mismo proyecto que ahora quieren apagar.

Si a pesar de la sorda pujanza imprimida durante las últimas décadas por la disidencia ante el omnímodo poder estatal, este no ha hecho más que arreciar varias vueltas de rosca, cabría sólo imaginar el panorama si estos señores no se supieran emplazados por esa selecta parte de los cubanos que se atreven a hablar mientras el resto calla. Espacios alternativos como la presentación mensual de la Revista Voces y proyectos como Omni Zona Franca y el propio Estado de Sats, son en este instante tan necesarios para este pueblo como el milagro del pan y los peces y no deben desaparecer así simplemente porque unos gorilas consideren que este país sigue siendo la misma selva de los 60 y 70.

Pero tenían que prender a Rodiles porque cada valiente es un esclavo menos, porque cada frente levantada es un acto de vindicación, porque cada mascarada que cae es un triunfo de la dignidad humana, uno de esos milagros que son capaces de obrar únicamente los hombres cabales. Por todo esto, por auténticos y necesarios, se deben perseverar los espacios como Sats. Deben comprender los bárbaros, de una vez por todas, que de nada sirve encarcelar a un hombre cuando sus sueños quedan libres. Rodiles concibió este proyecto ya nuestro, le dedicó sus desvelos, asumió todos los riesgos y puso en él la misma esperanza y la misma fe que se ponen en un hijo. Por eso debemos cuidar de Estado de Sats –se lo debemos a él como a nosotros mismos– pues por adverso que parezca el horizonte ¡no se abandona jamás al hijo de un amigo!

El turno del ofendido.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

En marzo de 2007 la Fiscalía General de la República respondía por única vez a la primera de tres solicitudes que le hicieran llegar dos médicos injustamente inhabilitados. Más que el dictamen técnico emitido por un poder apolítico y autónomo a dos ciudadanos que consideraban gravemente vulnerados sus derechos, aquella respuesta antológica era una vendetta, una crucifixión escrita en un lenguaje parcializado y cargado políticamente.

Pero por misterios de esta vida, y aunque han pasado más de cinco años, hoy amanecí con un par de dudas retumbándome en esta cabecita dura. De esto se trata: en el hipotético caso en que los afectados decidiéramos ahora demandar ante un Tribunal Popular a las personas responsables de los graves daños sufridos ¿cuál sería el procedimiento a seguir? ¿Consideraría ahora procedente nuestra Fiscalía acusar a estos funcionarios –que, por cierto, aún ocupan cargos públicos– por habernos sometido públicamente a vejaciones morales y gravísimos perjuicios profesionales y familiares?

Después de todo, obligadas conclusiones se derivan de que fuéramos nuevamente habilitados en nuestra profesión y de que se nos restituyera íntegramente el salario de todo el tiempo que permanecimos sancionados: implica a las claras que todo fue una injusticia, que para empapelarnos se adulteró la verdad, se difamó al por mayor y que, obviamente, alguien fue responsable de todo esto. Hoy le preguntaría a nuestra “honorable” Fiscalía, la misma que hace cinco años desestimó cada evidencia a nuestro favor, si aún nos asiste el derecho de acusar a aquellas personas que, con potestad para ello, nunca hicieron nada.

Me pregunto si aún procedería acusar por perjurio y difamación al entonces Director Provincial de Salud de La Habana Dr. Wilfredo Lorenzo Felipe, hoy Director Municipal de Salud de Guanajay, y a su esposa la Dra. Beatriz Torres Pérez, entonces Decana de la Filial Oeste del Instituto de Ciencias Médicas de La Habana, al entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, actual jefe de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido, que desatendió las 10 cartas dirigidas a él y al actual Ministro Dr. Roberto Morales Ojeda que desatendió otras tantas; me pregunto si procedería acusar de prevaricación a Ricardo Alarcón de Quesada, aún Presidente del Parlamento, a Esteban Lazo, aún Vicepresidente del Consejo de Estado, a José Ramón Machado Ventura, aún Primer Vicepresidente del Consejo de Estado o a Raúl Castro, nuestro Presidente, al que llegué a dirigir cuatro cartas sin recibir respuesta, sólo pregunto. Todas estas personas, cuando no fueron responsables de nuestro drama, al menos conocieron durante años esta situación y nunca hicieron nada al respecto.

Por ir un poco más allá: me pregunto si la Fiscalía General de la República consideraría procedente iniciar un proceso por prevaricación, contra ella misma como institución, por haber desestimado desde mediados de 2007 las evidencias que debieron derivar en nuestra inmediata habilitación, pues probaban que para castigarnos fueron adulterados los hechos por motivaciones políticas. Porque se supone que viva yo bajo un Estado de Derecho –asegura mi gobierno– que me otorga la potestad, como ciudadano común –¿acaso ciudadano cero?– de interponer ante las autoridades competentes cuantos recursos estime necesarios para garantizar mis libertades personales ¿o no?

No me propongo hurgar en el estiércol. La larga y paciente lucha que libré para regresar al ejercicio de mi profesión me hizo crecer y me purificó de miserias. Hoy sólo me anima la curiosidad, pues aunque tengo derecho a sentirme resentido aún, sin embargo, he decidido seguir aquel noble consejo de Reinaldo Escobar y Yoanis Sánchez, los malditos, los excomulgados que apenas horas después de habilitado me solicitaban que desde ese momento me concentrara en mi salud y lo perdonara todo; después de todo fueron estos “mal nacidos incendiarios” quienes me pidieron entonces ¡paradojas de esta vida! que tuviera el valor y la grandeza de olvidar.

Carta de ¿un? médico cubano.

Legaron estas sentidas palabras, nítidas, limpias y sinceras a nuestro correo, escritas por un colega que no conozco; nunca vi su rostro, nunca estreché su mano, ni siquiera sé si Eider existe, pero aquí quedan estas palabras íntegras.       /Jeovany Jimenez Vega.

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Días atrás tuve la oportunidad de leer una carta abierta emitida por el Servicio de Cirugía General del Hospital Calixto García denunciando las deplorables condiciones de trabajo a que se enfrentan cada día. La misiva aborda temas en extremo álgidos y alude textualmente: … “el gobierno es responsable de todo esto, y no solo de saberlo, sino también de resolverlo”, fin de la cita. Esta carta tiene altas cotas de audacia y creo que en su razón hace un llamado de alerta emergente para que se enfoquen de una vez por todas en el tildado disgusto del médico cubano. Debemos exigirle a nuestro gobierno que nos tiene que diferenciar  del resto del pueblo trabajador. Somos médicos y tenemos el don de manipular la vida y eso merece respeto. No podemos seguir siendo las ancas de este sistema donde cualquiera es digno por ganar una medalla o tocar una tumbadora. Los médicos cubanos queremos ser dignos en nuestro país y que el pueblo nos respete: la dignidad debe empezar en casa. Vamos deambulando el mundo para mostrar cuan digno somos de sentirnos médicos cubanos y cuando llegamos a Cuba nos ruborizamos por lo que somos pues nadie nos valora por lo que hacemos. Somos míseros en nuestro propio país y querubines en el mundo; somos dioses para el resto del mundo y ángeles caídos en nuestra hermosa patria. No solazamos a los turistas, pero los sanamos; no diseminamos cultura pero dictamos sentencias que salvan; no rompemos records mundiales pero descendemos porcientos y eso vale tanto y más como la vida misma porque eso es lo que hacemos a diario. No tenemos que esperar un ciclo olímpico, ni el concurso del año ni la oportuna invitación de un emigrante para llegar a la cumbre. No, nuestra competencia es el diario cumplimiento del deber; toda la artesanía que sale de nuestras manos para que los desdichados la disfruten; toda la energía que expelen nuestras ansias día a día para que terceros sean felices.  Proveemos felicidad, records, cantos y poesías, y eso es arte también. Por qué no recompensarnos si nuestros frutos son más dulces que los de los demás. Podemos hacer las dos cosas: ser dignos en el exterior y ser dignos en nuestro país. Podemos llevar la vida a las afueras  dejando garantía de vida a los nuestros. Queremos y exigimos brindarle atención a nuestro pueblo con la misma eficacia con que se brinda en el exterior; queremos y necesitamos que valoren y paguen nuestro trabajo con los mismos juicios con que valoran y pagan a los que están en misiones externas. ¿Cómo podemos  vivir en la penuria y contrariamente dar opulentas atenciones a nuestros pacientes? No es cuestión de conciencia y triviales concepciones. Es cuestión de lógica dialéctica. No es posible que los nuestros se ahoguen mientras salvamos a otros; no es posible que seamos incapaces de brindar sustento a nuestras familias  con nuestra labor y paradójicamente tenemos la obligación de apuntalar, en ocasiones con horcones viejos, otras familias. Somos médicos tanto como humanos, tanto como cubanos y las necesidades de muchos no deben ser la de todos. Sí que vivimos más en espíritus cuantas más almas salvamos pero el don de la sapiencia se rinde ante la inopia. No podemos alimentar a nuestros hijos con racimos de moral ni vestirlos con franelas del más fino regocijo.  Nuestro Presidente dijo el 26 de Julio de este año que sabía que los médicos ganaban poco pero que así estaban todos. Perdón Sr. Presidente pero con todo el respeto que Ud. se merece, así no estamos todos. Somos la especialidad de la casa en cuanto a desigualdad se refiere. En el centro de la crisis podemos ser la excepción de la regla y ganar un salario más justo y tener condiciones labores no solo más justas sino más dignas  en correspondencia a la labor humanitaria e inconmensurable que brindamos. Conocemos de las inversiones magnánimas que se realizan para sustentar el Sistema de Salud Cubano y sus Instituciones pero no se invierte en el ser humano, en el médico; es como obligar a un indigente que habite en un palacio. Tiene Cuba un ejército de batas blancas codiciado e insuperable pero ya el blanco se torna isabelino: la pureza… va cambiando de color.

                                                                                          Eider Valdés

                                                                            24 de Septiembre 2012

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