“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para octubre, 2012

¿Actualización de la política migratoria cubana?

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Ya es un hecho: las esperadas “reformas migratorias”, anunciadas por Raúl Castro hace casi un año y medio, llegan con demasiado ruido y pocas nueces. Publicadas “casualmente” cinco días antes de las elecciones para delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, las modificaciones a la Ley No. 1312 “Ley de Migración”, de 20 de septiembre de 1976, fueron otra vez la zanahoria plástica colgada delante del arreo. Algún ingenuo pudiera creer llegada su oportunidad en la vida, pero el desengaño –sinceramente, quisiera equivocarme en este punto– más temprano que tarde develará la verdadera intención detrás de un decreto-ley donde se repiten demasiado el verbo “autorizar” que ha regido los destinos de un pueblo confinado a sus fronteras por más de medio siglo.

Según entendí del Decreto-Ley No. 302, emitido por el Presidente Raúl Castro el 11 de octubre de 2012 y publicado en Gaceta Oficial el pasado 16 de octubre, nada cambia para los profesionales cubanos –incluidos los de la Salud Pública, de más decirlo– que continuamos arrastrando esa cruz en que convirtió este gobierno el hecho de habernos consagrado al cultivo del conocimiento. Una vez más así se nos paga: dejándonos en franca desventaja, vulnerando nuestro derecho a viajar, privándosenos de toda oportunidad de confrontarnos con el mundo. Los Artículos 23 y 25, incisos f, lo dejan muy claro cuando excluyen de salir del país a todo aquel que carezca “…de la autorización establecida, en virtud de las normas dirigidas a preservar la fuerza de trabajo calificada…” con lo cual ya de golpe se deja fuera de juego a millones de cubanos.

No hay que ser demasiado listo para advertir que los artículos 23, 24 y 25, íntegramente añadidos a la antigua Ley de septiembre de 1976, le otorgan aún plena potestad a las autoridades cubanas para denegar el pasaporte, denegar la entrada e igual denegar la salida del país, respectivamente y según criterios subjetivos, a cualquier persona dentro o fuera de Cuba, todo lo cual basta para dejar al desnudo la verdadera naturaleza, hipócrita y engañosa, de esta ley. Demasiada ambigüedad deja abierta el Artículo 23, inciso h –y por extensión el mismo inciso del Artículo 25– cuando establecen que algún funcionario puede negar el otorgamiento del pasaporte y/o la salida del país a alguien “…Cuando por otras razones de interés público lo determinen las autoridades facultadas…”, ambigüedad que bastará para continuar reteniendo a millones de cubanos bajo este cielito azul cada vez que al Gobierno cubano le venga en ganas. Estos artículos e incisos estarán colgando, como espada de Damocles, sobre todos los cubanos.

La otra faceta denigrante del asunto: el Artículo 24, mediante sus incisos c, d y e establece como “…inadmisibles…” para su entrada al país –pues los encierra en la misma categoría que a los terroristas, los traficantes de personas y de armas, a los narcotraficantes y mafiosos internacionales del lavado de dinero– a todos aquellos acusados por el Gobierno cubano de “…Organizar, estimular, realizar o participar en acciones hostiles contra los fundamentos políticos, económicos y sociales del Estado cubano…”, “…Cuando razones de Defensa y Seguridad Nacional así lo aconsejen…” y además –esta es la joyita de la corona– a todo aquel que el Gobierno cubano considere que deba “…Tener prohibida su entrada al país, por estar declarado indeseable o expulsado.” Si lo quiere más claro, échele agua: se da por descontado que aquellos cubanos con criterios políticos divergentes con las líneas del Gobierno continuarán viéndose privados de viajar, y que en caso de que logren salir del país asumen un altísimo riesgo de que no se le permita regresar, y esto incluye, por supuesto, a los millones de cubanos y sus descendientes que viven fuera de su país.

Algo va quedando claro: que mientras una autoridad prohíba que quienes vivimos en Cuba salgamos libremente de ella, e igual que cualquiera de los millones que viven fuera regresen al abrazo de su patria sin condicionamientos, nadie podrá hablar de libertad real para viajar; esta es una decisión privativa del individuo y jamás lo será de ningún funcionario pues, derecho al fin, es inalienable. Mientras se nos obligue a dejar aquí a nuestras familias de rehén como requisito para viajar al extranjero, se coarte la libertad de pensamiento con el chantaje de una salida, se excluya a un solo cubano de su derecho a salir o entrar libremente de su patria, nada habrá cambiado en Cuba. El tiempo dirá la última palabra, pero por ahora todo parece puro espejismo; de momento, en el balcón de La Habana, el cuartico está igualito…

Recordatorio necesario.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Releo la carta dirigida por médicos cirujanos del Hospital habanero “Calixto García” a Raúl Castro, que fuera publicada el pasado 20 de septiembre por Cubaencuentro de forma anónima y sin fecha. En el momento de publicar mi anterior post el 1 de octubre, desconocía yo que desde el 28 de septiembre otro sitio digital, Cubainformación, había publicado lo que asegura es la auténtica carta –esta vez respaldada por el nombre de 62 cirujanos de dicho hospital y fechada 15 de agosto de 2011– en un artículo que además acusaba a “Grandes medios internacionales y webs de la llamada disidencia cubana…” de manipular el documento. Al día siguiente, 29 de septiembre, Cubaencuentro reseñó la acusación y publicó íntegramente el texto referido por Cubainformación.

No creo que la carta hecha pública por uno de estos sitios difiera demasiado en su esencia de la publicada por el otro. Palabras más, palabras menos, pero la miseria, el atropello, la desatención y la desesperanza que describen son hechos incuestionables. Por lo mismo, hoy no centro mi atención en la presunta autenticidad de unos o de otros, sino en un hecho que aquí se desliza entretelones; este polémico documento cobra trascendencia sólo después de ser publicado por Cubaencuentro, y sin embargo fue enviado a la máxima dirección del país más de un año antes y es aquí donde pregunto: ¿estos médicos recibieron alguna respuesta de las autoridades políticas y de gobierno a sus justas preocupaciones? ¿O acaso trascendió a Internet porque jamás recibieron una respuesta a su carta? ¿Reaccionaron las autoridades con madurez y naturalidad o con su acostumbrada soberbia? ¿Hechos como este harán finalmente tomar conciencia a las autoridades cubanas de la inminente necesidad de atendernos con más respeto o se perpetuará eternamente esta indolencia?

Espero que por esta vez de la polémica broten buenos frutos. Ojalá esta intolerancia que nos ha corroído la vida no se cebe nunca más en aquellos que desde la vergüenza tienen la hidalguía de hablar en voz alta cuando otros por miedo callan. Ojalá que ningún otro cubano sufra lo que hube de sufrir por decir un día palabras parecidas, que aquí dejo como recordatorio de lo que debió cambiar, pero continúa siendo vergüenza de nuestra patria.

(*) Carta dirigida al entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, el 11 de noviembre de 2005, por los Dres. Jeovany Jimenez Vega y Rodolfo Martínez Vigoa. (Fragmento)

El trabajador subordinado a nuestro Ministerio tiene particularidades propias que se deben tener en cuenta para no caer en análisis simplistas… Quien se gradúa y luego se supera, como ineludible consecuencia humana, aspira a vivir decorosamente del fruto de su esfuerzo, pero hoy nuestra realidad particular es bien penosa y diferente: recibimos un salario evanescente que se agota a los 5 ó sumo 10 días, quedando pues en la agonía de la urgencia a expensas de esa especie de caridad pública, del gesto espontáneo del paciente agradecido que conoce nuestra imperiosa necesidad. Hablamos de profesionales talentosos y consagrados, de elevada calidad humana, trabajando con batas raídas y su único par de zapatos rotos, con muchas de sus necesidades más elementales sin cubrir, que han coexistido con esta lamentable situación durante más de una década, agobiados por carencias que llenarían estas cuartillas y que dejamos a su imaginación.

Si bien es cierto que algún paciente nuestro con apenas sexto grado percibe no menos de $3000.oo MN al mes vendiendo caramelos o maní y otros pueden ganarlo diariamente, sería absurda aquí la comparación con el sector que realiza trabajos por cuenta propia. Proponemos entonces llamar la atención sobre sectores estatales que interactúan a nuestro alrededor y que sí sería válido tomar como punto de comparación. Ejemplos: El agente SEPSA que incluyendo MN, CUC, alimentos, aseo personal, etc, percibe alrededor de $2000.oo MN mensualmente o la oficinista ETECSA que por conceptos parecidos percibe $ 1000.oo MN. El MINFAR y el MININT reciben salarios más altos que los nuestros y siguen hace años una sistemática política de estímulos. En todos los casos citados se otorga uniforme y calzado puntualmente al trabajador. La lista de sectores mejor remunerados sería muy larga. Entonces no encontramos respuesta para algunas preguntas: si se argumenta la no disponibilidad de recursos o presupuesto y siendo el Sistema Nacional de Salud una entidad única subordinada al estado centralizador de dichos recursos, ¿qué justifica que quien custodie la puerta del hospital reciba 3 veces más ingreso que un profesor de Medicina Interna que ha formado médicos durante décadas, e incluso que el propio director del hospital? ¿No es acaso un absurdo total que un curso de 1 mes reporte al individuo varias veces más utilidad que 12 años de estudios superiores? ¿Tiene algún sentido que esta sociedad que aspira a la igualdad plena retribuya varias veces más a un custodio que a un neurocirujano que ahora salva una vida? ¿Qué justifica que desde el especialista MGI o estomatólogo en el área hasta el último superespecialista del Instituto tengan insatisfechas sus necesidades básicas, y de no ser el caso, las satisfaga a expensas de cualquier oficio y nunca a partir de su salario como profesional?

A nuestro trabajador se le pide un espíritu altruista y desinteresado, capaz de altas dosis de sacrificio y que tenga una gran sensibilidad humana, cualidades todas que sin duda posee. Pero desgraciadamente, en la cadena de tiendas por divisas, donde es el Estado quien fija los precios y vende muy duro, donde terminan al final muchas diligencias cotidianas, las divisas que se nos cobran no son el altruismo, el sacrificio ni la dignidad (que fuera realmente conmovedor) sino llanamente el CUC… Entonces nuestro profesional, sin alternativa posible, sale a la calle a esa otra “lucha diaria” para no tener que prostituirse en su profesión vendiendo certificados, medicamentos o a cambio de prebenda alguna. Se trata de una situación tan agobiante que lo obliga a buscar una fuente alternativa de ingresos de formas tan exóticas y disímiles que lo llenarían de estupor: criando cerdos, planchando para la calle, vendiendo pizzas, jamón o huevos, como albañil, carpintero, zapatero o simplemente alquilando por un precio fijo mensual el auto que mereció en una misión internacionalista por no tener manera de costear la gasolina; actividades todas que tienen algo en común: le restan ánimo y tiempo para su superación profesional, lo sustraen de lo que debería ser su única preocupación, el estudio, que debería revertirse en una atención más exquisita a su paciente desde el punto de vista científico.

Si es posible que hoy se enarbole la bandera del internacionalismo a través de las misiones médicas en decenas de países, eso es gracias también al espíritu de entrega de cuantos permanecemos en Cuba. Nuestro trabajador ha debido asumir el trabajo de quienes salen a la misión y así un médico cubre el trabajo que antes realizaban 3 o 4 compañeros, existiendo incluso casos más dramáticos, todo esto tratando de entregar el mismo esmero al paciente y recibiendo a cambio la misma retribución de siempre mientras sabe que su colega internacionalista, muy merecidamente es cierto, recibe varios cientos de dólares al mes y a su regreso recibirá un estipendio mensual nada desdeñable bajo las circunstancias actuales…

Bajo este contexto nuestro personal se creó una expectativa mayor con respecto al aumento salarial del mes de junio de 2005, por lo que este fue recibido realmente con desilusión. Bajo estas circunstancias aumentar $ 48.oo MN al salario mensual de un médico fue poco menos que simbólico. En los pasillos de nuestros hospitales y policlínicos se escucharon duras palabras, cargadas de agravio y resentimiento, se murmuraron frases injuriosas que no repetiremos aquí por una cuestión de pudor elemental.

Nuestro Ministerio está en la obligación moral de dar una respuesta respetuosa a sus trabajadores dada la altísima sensibilidad del tema que aquí se trata, el mismo trabajador que en el momento más álgido y triste del período especial se mantuvo por $3.00 USD o menos al mes junto a su puesto de trabajo sosteniendo en pie la valía de esta obra y que merece saber que sus criterios son tenidos en cuenta… Todo aquí se dijo adecuadamente con total apego a la verdad, se dijo de modo mesurado y obedece a una razón muy simple: si bien es la justicia el ideal supremo de la Revolución no es justa ni proporcional, sin embargo, la retribución que actualmente recibe nuestro trabajador aún después de décadas de esfuerzo y consagración, mientras otro sectores estatales son retribuidos varias veces más, situación nada compatible con el principio marxista ¨…a cada cual según su trabajo.¨

el problema en sí es mucho más polémico y profundo y nunca será resuelto con remedios paliativos ni tímidos aumentos salariales. Solo podemos, humildemente, alertar; el que tiene oídos para oír, oiga. La realidad es mucho más dura que cualquier palabra y esa, aunque nos queme las manos, no cabe en ningún discurso. Son miles los trabajadores… que esperan su respuesta. Confiamos en que sea moderada y juiciosa, argumentada e inteligente, alejada de cualquier asomo de torpeza. La dureza de estos tiempos no nos ha hecho perder la ternura de nuestros corazones. Tenemos fe en que se tomarán decisiones consecuentes con el espíritu de esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.

-Fin del documento-.

P.D.: Once meses después de entregada esta carta en la sede del Ministerio de Salud Pública sus dos autores fuimos inhabilitados durante más de 5 años.

A propósito de la carta de médicos cubanos a Raúl Castro.

Hospital “Calixto García”.                             Por: Jeovany Jimenez Vega.

Cada día de este mundo, en uno u otro sitio, a las claras o solapadamente según la dignidad de cada cual, los profesionales de la Salud Pública cubana opinan sobre la calamitosa situación que viven. Pero esta vez no se trata de un comentario de pasillo más, sino que el pasado 20 de septiembre Cubaencuentro publicó una carta que circula ya por Intranet, vía emails o de mano en mano, donde presuntamente un grupo de cirujanos del Hospital Clínico Quirúrgico “Calixto García”, de la capital cubana, le exponen sin tapujos al Presidente Raúl Castro la deprimente situación estructural y funcional de esa institución.

Es cierto y lamentable que no está respaldado el documento por nombres concretos –lo cual lógicamente pone en dudas su autenticidad– aunque aparece adjudicado al Servicio de Cirugía de ese hospital. Siempre será mi precepto que respaldar con nombre y firma cuanto se escribe denota carácter y convicción de criterios, y evidencia además que se tiene el valor suficiente para defenderlos, por eso no desdeño el detalle del anonimato cuando se trata de algo tan peliagudo como el pésimo estándar de trabajo y de vida de los profesionales de mi sector.

Pero más allá de que el texto en cuestión haya salido de manos quirúrgicas o no, hay algo cierto que es más importante aún: que todo cuanto ahí se dice, dígalo quien lo diga, es una absoluta y dolorosa verdad, completamente extrapolable al resto de los centros asistenciales del sistema de la Salud Pública cubana. Aunque, sin dudas, siempre habrá casos peores; no olvidemos que hablamos aquí de uno de los hospitales más emblemáticos del país, el otrora Hospital Militar No. 1 fundado a finales del siglo XIX, así que pongamos las cosas en perspectiva: si el tronco desde el cual emergieron el resto de nuestras facultades de Medicina, y la meca de los hospitales capitalinos, ha perdurado durante décadas en el referido estado de deterioro, ya se podrá suponer la situación en los apartados hospitales municipales y en la red de policlínicos y oscuros consultorios desperdigados por la geografía cubana, constantemente elogiados con loas triunfalistas por una inescrupulosa prensa incapaz de decir la verdad.

La inatención crónica y el abandono a que estamos sometidos los profesionales de la Salud Pública; las pésimas condiciones de trabajo, de descanso y de alimentación; las guardias médicas de hasta más de 24 horas completamente gratuitas “… en un país donde las gratuidades se terminaron…”; el palpable deterioro de la mayoría de nuestros centros asistenciales; la escases, cuando no la falta constante de material usable, de medicamentos y de medios diagnósticos; la sobrecarga de trabajo no remunerado para suplantar a los colegas que parten a las misiones médicas en el extranjero; el salario miserable que se nos paga, el irrespeto que esto implica para un sector que importa más de 10000 millones de dólares constantes y sonantes cada año y la humillación que entraña que a pesar de esto se nos someta a la pobreza; el agotamiento mental y físico que genera mal alimentar a nuestras familias en medio de una economía caótica mientras sabemos bien que “…las destructoras huellas de la corrupción transitan con libertinaje singular…”; la archidemostrada indiferencia de los funcionarios ministeriales, partidistas y gubernamentales para escucharnos con respeto, la gran frustración que esto genera y la falta absoluta de objetividad de la prensa oficial para abordar con valentía y ética un problema que no se soluciona simple y llanamente por falta de voluntad política. Todo esto se dijo antes y se repite aquí, otras son las palabras y otras las manos que suscriben, pero la misma auténtica verdad es la que se escucha.

Tomando el toro por los cuernos, quienes escriben responsabilizan sin ambages al Gobierno cubano de esta situación y le exigen que sea resuelta. No se respira en el tono del documento sumisión, sino que está escrito con claridad, respeto y altivez –combinación que escasea en estos tiempos– presuntamente por profesionales en activo que cada día salvan nuevas vidas y que se sienten en extremo desatendidos, cuando no traicionados, por un gobierno, un partido y un Ministerio de Salud Pública que no hacen absolutamente nada para rescatarnos del abismo.

Haber permitido que un hospital tan prestigioso como el Calixto García se hundiera en semejante desidia hasta el punto de arriesgar seriamente su razón misma de ser, debió bastar para expulsar deshonrosamente de su cargo al Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, Ministro de Salud Pública durante la mayor parte del tiempo referido en la carta, y máximo responsable, por lo mismo, del escandaloso desastre del Hospital Psiquiátrico de La Habana a principios de 2010, en el cual murieron decenas de enfermos mentales. Pero en lugar de recibir su merecido castigo aquel señor fue trasladado, con honores incluidos, a dirigir el Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista. Aunque reconozcamos, en su defensa, que el Dr. Balaguer estaba bastante más ocupado en inhabilitar a los médicos que opinaban que en resolverle sus problemas, por lo que tal vez no oyó hablar nunca del dramático deterioro de las instituciones como el Calixto García.

A esta histórica Facultad de Medicina todavía me unen fuertes sentimientos, pues allí me formé a principios de la década del 90 bajo la tutela de eminentísimos profesores como la Dra. Mercedes Batule y el Dr. San Martín, cátedras vivientes que tuve el orgullo de conocer y que ya entonces ¡hace más de 20 años! sufrían hacía mucho ese ancestral abandono que le mencionan aún nuestros colegas a Raúl Castro. Recuerdo nítidamente que mi admiradísima profesora solía de vez en cuando acompañarnos al comedor central, y mientras nos hablaba afablemente sobre cualquier nimiedad, a mí se me estrujaba el alma de verla comer aquel cardumen insípido. Por desgracia aquellos profesores ya no están entre nosotros, pero vivo convencido de que hoy admirarían la dignidad de los valientes que no se resignan a bajar la frente ante la ignominia.

Ahora sólo resta ver cuál será la reacción del Ministerio de Salud Pública y del Gobierno cubano, acostumbrados a la furibunda intransigencia ante cualquier gesto que los cuestione. De repente, donde sólo hay un grupo de médicos que éticamente se dirigen a sus autoridades, algún tarúpido pudiera ver un “grupúsculo contrarrevolucionario”, o quizás una intentona de la CIA, o una facción de “mercenarios al servicio del imperio”; experiencias en cuanto esto tengo muchas, créame. Pero estos tiempos que corren ya no son los mismos. Sólo digo que en caso de que este documento fuera auténtico y se desatara una cacería más, esta vez mis colegas no estarían solos: Ciudadano Cero no se cruzaría de brazos y quien esto escribe correría cada riesgo hasta el final y lanzaría todas las batallas para redimirlos, porque es nuestro silencio el que nos mantiene en el fondo de este abismo; porque enfrentados a la indolencia cualquier polémica será mejor; porque vale todo intento para rescatar a la patria de los absurdos que “…van comprometiendo el futuro…” y porque cada paso adelante que se da, por más pequeño que sea, va mejorando definitivamente el mundo.

Ver: Crónicas de Esculapio en Cuba I

          Crónicas de Esculapio en Cuba II

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