“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

El grito del doliente.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Ahora los artífices del empantanamiento de la economía cubana aseguran que el país no estará en condiciones de aumentar los salarios del trabajador mientras no venga primero, a modo de garantía, un aumento convincente de la productividad del trabajo. A primera vista pareciera sensato. Quien desconozca los vericuetos económicos de la isla pensaría ¡por supuesto señor!, pero quien le pregunte al cubano testigo durante décadas del caos empresarial, de las erráticas políticas seguidas en la conducción de un país que ha pasado de un maratón a otro según la veleidad de sus gobernantes, escuchará sin dudas respuestas esclarecedoras.

Aunque es tarea de académicos desentrañar aquí qué es causa y qué consecuencia, qué es el huevo y qué la gallina, sí queda en este tema algo tan claro como el agua de roca: el trabajo en Cuba ha mantenido una permanente tendencia a la baja o nula productividad debido precisamente a los mecanismos en exceso centralizadores impuestos durante 50 años, a pesar de su probada ineficacia, por esos mismos dirigentes históricos que ahora se preguntan por qué los cubanos de aquí abajo somos tan irresponsables y atorrantes. Bastaría para demostrarlo el clásico ejemplo de las cosechas pudriéndose en el campo por no llegar a tiempo el transporte de la empresa estatal de acopio, pues el Estado, en su guerra contra los intermediarios, monopolizó esta actividad, y esto es algo que está sucediendo aún en este minuto preciso después de miles de discursos, conferencias y congresos.

Aquellos dicen que no es posible aumentar los salarios pero yo digo más, digo que de momento no es necesario. Como no soy economista, sino un doliente más en este entierro, sólo alcanzo, a modo de humilde sugerencia, a proponer a mis autoridades que en su intento de resucitar al muerto comiencen por cambiar diametralmente el enfoque con respecto a la lucrativa política de precios fijada por el Ministerio de Finanzas y Precios para todo el comercio minorista, sobre todo en las cadenas de Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), operadas en CUC (moneda sobrevaluada 25 veces con relación al peso con que me pagan mi salario virtual).

Como no se ha hablado una palabra más sobre la unificación monetaria, nuestro gobierno debería asumir una actitud más responsable con respecto a los precios estrafalarios con que grava punitivamente la vida de mi pueblo implementando esta política inmisericorde que nos vende casi todo al 500 o al 1000% de su precio de compra, incluidos alimentos y artículos de primera necesidad. Por esto el PIB cubano creció un 10% anual durante una década, pero no lo hacía a expensas del aumento en la producción de bienes y servicios sino mediante una escalada exorbitante de precios extorsivos. Esto ocurrió desde siempre y al margen de la política de embargo norteamericano –baste recordar el aumento masivo de entre el 10 y el 30% de casi todos los precios a finales de 2004– pues en nuestras tiendas se vende, mala y cara, mercancía traída desde todos los confines del mundo.

Ahora bien, aquí lanzo la propuesta concreta: bajar sensiblemente los precios sería un buen primer paso para comenzar la anhelada recuperación y le daría al Gobierno cubano la potestad moral que hoy no tiene para exigir lo mismo al sector productivo por cuenta propia que también nos masacra en los mercados agropecuarios. Hasta ahora sólo vemos cómo la prensa oficial cubana ataca reiteradamente al productor que vende en la tarima mientras nadie cuestiona aquella otra masacre especulativa tras las vitrinas de la TRD.

Si se me encomendara la tarea –me permito este sano ejercicio mental– de entrada rebajaría absolutamente todos los precios fijados por el estado hasta la mitad para después, en un plan gradual que se me ocurre fijar entre 3 y 5 años, reducirlos de forma progresiva hasta niveles más ajustados a un salario que a la luz del panorama actual ha perdido por completo su sentido. Esto sería un indiscutible incentivo para la productividad del trabajo, le devolvería algo de sentido al salario y humanizaría bastante la vida de mi pueblo; todo esto, dicho sea de paso, entraría en consonancia con la línea de Raúl Castro de no aumentar un centavo al salario de nadie, lo cual, bajo esta nueva realidad sería, de momento, innecesario.

Pero como no soy yo quien toma estas decisiones, sino los indolentes a los que nada les importa el bienestar de mi pueblo, los que me venden a $10.00 pesos un refresco cuyo costo de producción es de sólo ¡30 centavos! todo señala a que esta situación persistirá mientras los que fijen semejantes precios no seamos los jodidos dolientes en el entierro.

PD: Este juguetito tiene como precio de venta 52.75 CUC, el salario íntegro de dos meses de trabajo de un médico cubano.

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Comentarios en: "El grito del doliente." (6)

  1. Angel Martinez dijo:

    Los Castros gobiernan porque los cubanos obedecemos.

  2. Excelente artículo, te felicito. Voy a difundir lo más que pueda este artículo. Tu propuesta merece ser difundida y meter ruido porque pone a los indolentes del régimen ante un dilema. Como escribió Camilo Fuentes en GY:” El sistema no puede aceptarla, pero al negarla deja claro que no quiere arreglar nada. En los dos casos, sí o no, el sistema pierde”. Es, además, un tipo de propuesta susceptible de movilizar a juan y a maría, todos esos “dolientes del entierro” que no participarían probablemente en una manifestación por los Derechos Humanos, pero sí en un reclamo masivo por el justo derecho al plato de comida y al salario que pueda pagarlo. Que es lo mismo, pero ¡¿cuántos juanes y marías aún no lo han comprendido?! Desde Canadá te envío un abrazo.

  3. No hay nada que se le proponga al castrismo sino la libertad total de Cuba con la desaparición de los tiranos.

  4. Entiendo tu posición, pero es ingenua. La única manera racional de alcanzar precios de equilibrio, que reflejen tanto los costos de producción como las necesidades de los consumidores, es la libre interacción de oferta y demanda.

    Pero tu país está a años luz de siquiera soñar con algo así, porque el socialismo desconfía de las personas y en cambio, confía en el estado. Esto constituye una contradicción monumental, porque al fin de cuentas, los estados son controlados por grupos de personas y, emn algún plazo, estos grupos que controlan los estados, solo se preocupan de sus propios intereses

  5. En Cuba no hay Socialismo.. En Cuba es Comunismo único… Pueblo se caga de hambre mientras el Estado “Los Castros” son dueños.. Cuba no es un país.. Cuba es una Isla privaba de la familia Castro..

    Saludos desde Argentina al gran pueblo cubano.

  6. […] ¿Vale la pena considerarlo como el estímulo que pretende ser mientras esté vigente la infame política de precios seguida por el Gobierno cubano, hace dos décadas, en toda la red de comercio minorista, y que nos grava la vida de forma bestial? […]

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