“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Este ha sido un año lluvioso en Cuba, y como para hacer justicia al vigor de esta temporada, en la tarde del pasado sábado en Artemisa llovió a cántaros incluido un concierto de truenos que daba espanto. Una hora después de haber escampado, sobre las 5:00 PM, llegó el invitado que faltaba y se veía venir: el apagón. Lo raro es que la presunta rotura demorara toda una hora, después del último rayo, para entrar en escena. Pasadas las horas, con la medianoche llegaba la terrible certeza: aquella sería una larga jornada, dormiríamos sin corriente eléctrica en medio de este pasmoso verano. No es que fuera la primera vez, ni el fin del mundo ni mucho menos, pero en este país de tímidos avances y graves retrocesos, no pude menos que estremecerme ante la sola idea de que estos apagones nocturnos volvieran a ser paisaje cotidiano.

Aunque si vamos a hablar con justicia se debe reconocer que hace años los apagones, al menos en el mío y los municipios colindantes, dejaron de ser habituales para convertirse prácticamente en noticia, pues la estrategia de lograr mayor autonomía en los territorios mediante la instalación de grupos electrógenos dio, al parecer, los resultados esperados. Hoy el apagón prácticamente llega sólo en caso de rotura y es generalmente breve, pero cuando llega lo hace con la agravante de encontrar a la mayoría de los hogares cubanos esclavizados al servicio eléctrico, pues junto a la sensatez de vendernos equipos eléctricos –debe tratarse de un problema idiosincrático– llegó también la insensatez de retirarnos el servicio de gas licuado, por lo que más de un artemiseño se las vio negras en la tarde-noche de este sábado.

Sin poder evitarlo, mi humor avinagrado por el intenso calor hizo volar los pensamiento atrás en el tiempo y recordé –¡¿cómo olvidarlo?!– aquellas noches de verano de 1993 y 1994, aquellas torturantes noches de vecinos durmiendo en los portales y a la intemperie de las azoteas, a merced de los mosquitos, para huir del sofocante calor. En aquellos días los ¨alumbrones¨ –pues los ¨apagones¨ diarios duraban entre 16 y 20 horas y hasta días enteros– eran, junto a la escases de alimentos y la virtual ausencia de transporte, la evidencia más palpable de que habíamos tocado fondo.

Aunque llegó la mañana, no fue hasta casi el mediodía del domingo, después de 17 horas que parecen demasiadas para reparar una rotura, que se restableció el servicio y suspiré aliviado. Sobre la cocina, como testigos de la involuntaria vigilia, quedaron el resto derretido de las velas y el recuerdo de esta pesadilla de una noche de verano.

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Comentarios en: "Pesadilla de una noche de verano." (1)

  1. Con todo respeto Doctor: Si soportan desde 50 años a un régimen que los depositó en el atraso y aislamiento económico…. soportar el corte de energía no es nada….

    Saludos desde Argentina!! – Y por aquí somos muchos los que lucharemos para que el gobierno actual no nos lleve a una Argentina Cubanizada…

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