“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para agosto, 2012

Pesadilla de una noche de verano.

Este ha sido un año lluvioso en Cuba, y como para hacer justicia al vigor de esta temporada, en la tarde del pasado sábado en Artemisa llovió a cántaros incluido un concierto de truenos que daba espanto. Una hora después de haber escampado, sobre las 5:00 PM, llegó el invitado que faltaba y se veía venir: el apagón. Lo raro es que la presunta rotura demorara toda una hora, después del último rayo, para entrar en escena. Pasadas las horas, con la medianoche llegaba la terrible certeza: aquella sería una larga jornada, dormiríamos sin corriente eléctrica en medio de este pasmoso verano. No es que fuera la primera vez, ni el fin del mundo ni mucho menos, pero en este país de tímidos avances y graves retrocesos, no pude menos que estremecerme ante la sola idea de que estos apagones nocturnos volvieran a ser paisaje cotidiano.

Aunque si vamos a hablar con justicia se debe reconocer que hace años los apagones, al menos en el mío y los municipios colindantes, dejaron de ser habituales para convertirse prácticamente en noticia, pues la estrategia de lograr mayor autonomía en los territorios mediante la instalación de grupos electrógenos dio, al parecer, los resultados esperados. Hoy el apagón prácticamente llega sólo en caso de rotura y es generalmente breve, pero cuando llega lo hace con la agravante de encontrar a la mayoría de los hogares cubanos esclavizados al servicio eléctrico, pues junto a la sensatez de vendernos equipos eléctricos –debe tratarse de un problema idiosincrático– llegó también la insensatez de retirarnos el servicio de gas licuado, por lo que más de un artemiseño se las vio negras en la tarde-noche de este sábado.

Sin poder evitarlo, mi humor avinagrado por el intenso calor hizo volar los pensamiento atrás en el tiempo y recordé –¡¿cómo olvidarlo?!– aquellas noches de verano de 1993 y 1994, aquellas torturantes noches de vecinos durmiendo en los portales y a la intemperie de las azoteas, a merced de los mosquitos, para huir del sofocante calor. En aquellos días los ¨alumbrones¨ –pues los ¨apagones¨ diarios duraban entre 16 y 20 horas y hasta días enteros– eran, junto a la escases de alimentos y la virtual ausencia de transporte, la evidencia más palpable de que habíamos tocado fondo.

Aunque llegó la mañana, no fue hasta casi el mediodía del domingo, después de 17 horas que parecen demasiadas para reparar una rotura, que se restableció el servicio y suspiré aliviado. Sobre la cocina, como testigos de la involuntaria vigilia, quedaron el resto derretido de las velas y el recuerdo de esta pesadilla de una noche de verano.

Notas al pie de un discurso.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Releo la versión en la prensa y queda prendido el diario de notas al pie, cual meditaciones desperdigadas al margen de esta realidad que habito y que tan poco tiene que ver con los discursos. En sus breves palabras durante el pasado acto central conmemorativo al 26 de julio, en Guantánamo, nuestro Presidente Raúl Castro hablaba como de soslayo sobre temas medulares mientras omitía otros por completo, lo cual resulta inexplicable dada la importancia que tienen hoy por hoy y la alta expectativa que generaron desde el momento mismo en que fueran anunciados públicamente por el mismo Raúl que en este momento parece eludirlos.

Habló someramente sobre los salarios, pero lo hizo sólo para dejar claro que a pesar de que son bajos y espurios, por ahora ni en sueños se aumentará un centavo a nadie. El Presidente sabe bien que los maestros y los médicos –en Cuba los eslabones últimos de la cadena alimenticia– ganamos ¨… muy poco…¨, pero un punto y seguido después yerra escandalosamente cuando afirma que ¨… así estamos todos…¨ Habría que indagar en los altos círculos gerenciales, en las firmas y empresas mixtas, en los hoteles y circuitos privilegiados con el manejo en vivo de las divisas convertibles, preguntar a los ladrones legalizados en la Aduana de los aeropuertos cubanos, a las mafias político-financieras que ya acomodaron su botín, a buen resguardo en seguros y discretos bancos extranjeros, a los dirigentes corruptos, a los generales que nunca han carecido absolutamente de nada, indolentes que durante los años más oscuros del período especial alimentaban con buena carne a sus perros mientras mis padres hacían una única y frugal comida al día con sopa de arroz y pan. Habría que pedirle a mi Presidente que indague a ver cuál de estos tipos intenta alimentar, vestir, calzar y educar a su familia e hijos con un salario como el mío, equivalente a $25.oo USD mensuales. Definitivamente, así no estamos todos y sería muy bueno que mi Presidente, si no lo sabe, por fin se entere.

El Presidente Raúl esta vez eludió completamente mencionar temas trascendentales para nuestro pueblo, como la anunciada ¨actualización¨ de la política migratoria del país, o el muy necesario acceso libre a Internet ¿cuándo se nos concederá?, ¿en qué consistirán las también anunciadas reformas constitucionales a realizarse próximamente o en qué momento están?, ¿en qué derivaron por fin las investigaciones que develaron –según palabras usadas por él mismo al referirse a la malversación en las altas finanzas– varios escandalosos casos de ¨delitos de cuello blanco¨?

Son preguntas que de momento mi Presidente dejó sin respuesta. Esto no hace otra cosa que estimular la imaginación de la gente en la calle, que en ausencia de seriedad en la prensa oficial cubana para informar claramente o para denunciar algo aunque sea un secreto a voces, no puede hacer otra cosa que especular y formar rumores, lo cual termina siendo más nocivo para todos. Mientras tanto, hoy quedan estas notas al pie, esperando con paciencia a ver si en el próximo discurso se devela alguno de estos misterios; después de todo terminé acostumbrándome a que en este país los cambios se produzcan ¨… sin prisa… poco a poco, poco a poco¨.

Ver: Carta a Raúl Castro.

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