La última carta de la baraja.
Conversando hace unos meses con un amigo la polémica giró alrededor de las antológicas prohibiciones mantenidas por nuestro gobierno contra toda sensatez y que perjudican directamente al pueblo cubano. Entonces mi amigo sostenía que la última que sería levantada, a su juicio, sería la prohibición de viajar, pero yo sostuve entonces, y aún lo creo, que la última carta de la baraja que cederán será el libre acceso a Internet.
El estricto control mantenido durante la etapa revolucionaria sobre toda suerte de información, la férrea censura sobre todo tipo de prensa y el monopolio absoluto propugnado contra todas las banderas sobre cuanta emisora, editorial, poligráfico, concurso, revista, diario o folletín vieran la luz bajo este cielo, y finalmente la más reciente odisea sufrida por el fantasmal cable de fibra óptica lanzado desde Venezuela, sobre el que se ha cernido un denso manto de misterio –tema oficialmente excluido de nuestra prensa– son elementos que me convencen de esto.
El derecho a acceder libremente a información sin censura se encuentra entre los más inherentes a la libertad del hombre moderno y oponerse a ello es algo así como una confesión de culpabilidad de que un poder retrógrado se opone a las normas más elementales de la democracia. En el caso de Internet, eso de pulsar una tecla en la mañana y aún en pijamas tener ante tus ojos cuanta publicación haya sido lanzada en el mundo –un lujo impensable dentro de Cuba para el cubano promedio– es un asunto muy serio.
No caeré en la ingenuidad de afirmar que en el ciberespacio todo es color rosa y que reina la transparencia absoluta, libre de las impurezas de la prensa tendenciosa, pero sí es innegable que éste, como nunca antes, ofrece oportunidades a la sociedad civil para difundir verdades a contrapelo de los intereses de los poderes constituidos. Ahí quedan ejemplos como Twitter y Wikileaks para confirmarlo.
La censura sobre Internet se ha instituido en una de las joyas de la corona en lo que a limitación de nuestras libertades respecta. Oponerse ya en la segunda década del siglo XXI a lo que ha sido una de las creaciones más ingeniosas del hombre, la que ha devenido como ninguna otra en depositaria de su conocimiento y espiritualidad, es simple y llanamente un crimen. Es un deber del pueblo cubano exigir incansablemente este derecho porque desde el minuto exacto en que sea conquistado seremos mucho más libres.
Aunque al final la labor de censura sigue rindiendo sus frutos. Durante las últimas semanas he tenido, y tendré en las venideras, serias dificultades para actualizar mi página. Ciudadano Cero, como otros blogs, entrará en un breve silencio involuntario, todo por no contar con un sitio donde conectarnos. Esto me hace repetirme una vez más la gran pregunta: si el gobierno cubano dice estar en posesión de la verdad absoluta, entonces… ¿a qué le teme? Si la gran prensa mundial publica en la red sus versiones, que la nuestra, tan “ética y objetiva”, publique las suyas. Sucede que soy adulto, universitario y sé leer, quiero acceder a ambas con mis propios ojos y no le encuentro sentido, ya me satura, que un locutor del Noticiero Nacional se tome por mí la molestia de hacerlo.

