“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para abril, 2012

Ábrete sésamo…

Por: Jeovany Jimenez Vega.

El viernes 20 de abril Ricardo Alarcón, Presidente del Parlamento cubano, en una entrevista con el diario digital World, del Huffingtonpost.com, reafirmó lo anunciado el año pasado por Raúl Castro: que Cuba pondrá en marcha “… una reforma migratoria radical y profunda en los próximos meses…” que eliminará restricciones que hemos tenido durante décadas los cubanos para viajar al exterior. Recordemos que hasta ahora para viajar al extranjero, los cubanos requieren un permiso de salida –al extorsivo costo de 150 dólares en el caso de EE.UU., por ejemplo– que se otorga por 30 días, prorrogable por 10 veces, luego de lo cual deben regresar o pierden el derecho a residir en su país.

Vigentes desde los albores del proceso revolucionario, las restricciones impuestas sobre los viajes de los cubanos hacia y desde el extranjero, han devenido en uno de los más graves estigmas arrastrados por este gobierno. Esta abusiva política ha sido la responsable de una incalculable dosis de sufrimiento para nuestro pueblo, pues ha separado durante décadas, y hasta definitivamente, a miles de familias.

Alarcón además asegura que “… existe también otra explicación a esas restricciones: la necesidad de proteger nuestro capital humano. La formación de médicos, técnicos, profesores, etc., cuesta muy caro al Estado cubano y Estados Unidos lo hace todo para privarnos de estas riquezas humanas”. Sustentada en la necesidad de evitar la fuga de cerebros, entre otros argumentos, esta política nos ha privado sistemáticamente de uno de los derechos más elementales del hombre: el derecho a su libre movimiento y a elegir dónde desea vivir. Pero a la hora de resolver este asunto, a nuestro gobierno le pareció mucho más simple retener por la fuerza a los profesionales que garantizarles un modo de sustento digno y esto, en términos médicos, sería el equivalente a amputarle el miembro a un paciente aquejado de linfangitis con lo cual es cierto, independientemente de las consecuencias, se “resolvería” su problema.

Alarcón dijo que la reforma favorecerá también a los cubanos emigrados que necesitan hasta hoy un permiso de ingreso, quienes no tienen ahora el mismo “perfil” que los que se marcharon en los primeros años. “Las cosas han cambiado mucho (…). Cerca de medio millón de cubanos instalados fuera de nuestras fronteras nos visitan cada año. La inmensa mayoría de la emigración cubana tiene una relación normal con su patria de origen…”, cuando nunca ha sido ni remotamente normal, sin embargo, la relación del Estado cubano con respecto a esa emigración. En cuanto al “perfil” de esos emigrados, el señor Alarcón sabe que eso cambió definitivamente después de aquella oleada del primer lustro revolucionario, constituida mayoritariamente por exbatistianos y oligarcas. Ya en tiempos de Camarioca, de los marielitos y del maleconazo de 1994, hacía mucho que la emigración cubana había sido suplantada por una maza como norma más joven, desesperada por haber perdido todas las expectativas en su país.

Alarcón también afirmó que “… la cuestión migratoria (…) siempre se ha usado como un arma de desestabilización contra Cuba desde 1959 y como un elemento de distorsión de la realidad cubana…”, y lo dice como si todo se tratara de un montaje más orquestado por los tanques pensantes yanquis, como si no fuera esta una auténtica aberración perpetrada sistemática y masivamente durante medio siglo por el Gobierno cubano contra la voluntad y el interés de su pueblo.

En este punto algunas preguntas se imponen: ¿por qué precisamente ahora y hasta dónde se atreverán a llegar? En círculos habaneros de pensamiento cuya opinión he podido sondear, se comenta que estas medidas pudieran estar orientadas previsoramente a abrir las puertas a una emigración cubana que hasta ahora se ha visto antinaturalmente excluida de invertir en su propio país de origen debido a la absurda política seguida por nuestro gobierno, que durante décadas ha preferido negociar con inversores extranjeros antes que ofrecer alguna oportunidad a sus propios emigrados ni a sus descendientes. Esta postura presumiblemente refleja un profundo temor a la influencia que pudieran ir ganando éstos dentro del entorno político interno. Si esto es o no consecuencia de la incertidumbre que hoy se cierne ante un Hugo Chávez cuya salud se percibe quebrantada a apenas unos meses de las inminentes elecciones venezolanas –pues perder este apoyo ahora sería letal– ya eso estará por ver, pero lo que sí no ofrecería demasiadas dudas es que esa emigración, aunque ávida de invertir en Cuba, pero con el traumático recuerdo de las expropiaciones del pasado, pudiera estar exigiendo una serie de garantías jurídicas que hagan segura esta vez sus inversiones, ante lo cual se impondría, primero que todo, cambiar radicalmente un status migratorio que hasta hoy les ha excluido por completo como ciudadanos cubanos.

Otra cara de la moneda convierte este momento en el más “oportuno” –para el Gobierno cubano– a la hora de tomar esta decisión, pues en caso de que al fin se decida a abrir las puertas de par en par, entonces serían las embajadas en La Habana las que posiblemente cierren las suyas y se muestren más reacias a expedir sus visados, amén de que acto seguido el Gobierno estadounidense derogaría la controvertida Ley de Ajuste Cubano. Aún así, quienes logren viajar finalmente, encontrarían en la mayoría de sus destinos un mundo sumido en la peor crisis económica desde el crack del 29 y que no ofrece en este momento demasiadas oportunidades a ningún recién llegado. Si a esto se le suma que a quien parte ya no le es confiscada su casa y puede dejar aquí hogar, familia e intereses concretos a los que regresar cando desee, entonces me atrevería a vaticinar que una vez producida una primera oleada de emigrados todo se estabilizaría en pocos años; en cambio las remesas aumentarían y la economía se oxigenaría considerablemente –en este sentido las inversiones de los emigrados, en caso de autorizarse, serían determinantes– y comenzaría este país a fluir de un modo mucho más natural.

Ahora bien, ¿hasta dónde se atreverán a llegar? ¿Se estará pensando ciertamente en grande o todo quedará entre medias tintas y cortapisas? Para que una reforma migratoria esté en hoy a la altura de lo que necesita el pueblo cubano, tienen que quedar atrás todos los rezagos de la política actual. Se impone entonces garantizar de modo inequívoco, mediante un oportuno cuerpo de leyes vinculantes, que todo ciudadano cubano pueda gozar de su derecho irrestricto a salir libremente de su país, e igual a entrar sin condicionamientos de ninguna índole incluidos, por supuesto, los de tipo político, por diferencias de opinión, con lo cual quedarían excluidos únicamente aquellos implicados en actos terroristas o que tengan pendiente cualquier deuda con la justicia, fuera de lo cual absolutamente ningún funcionario se atreva a vulnerar este derecho a un ciudadano cubano, pues sería emplazado jurídicamente ante un Tribunal Popular. Se precisa también, imperiosamente, eliminar para siempre la ominosa figura de “salida definitiva”, un engendro que ha desarraigado a generaciones enteras de cubanos, así como las polémicas “cartas de invitación” y por supuesto, se desprende por su propio peso, el odiadísimo permiso de salida o “carta blanca” que ya no pintaría nada en este entierro.

Pero un punto no puedo dejar de obviarse en este asunto por ser uno de los matices más controvertidos del tema, y es la solución que se le dará al problema de la liberación que están obligados a solicitar los trabajadores de mi sector en caso de desear salir definitiva o temporalmente del país. ¿Cómo olvidar a esos miles de excooperantes del sector de la Salud Pública cubana, que agobiados por un salario espurio y las penosas condiciones de vida, y no encontrando en absoluto otro medio de emigrar, decidieron abandonar alguna misión de trabajo y por eso reciben el sumario status de desertores y son condenados al destierro, no permitiéndoseles entrar a su propio país al menos durante 10 años? ¿Alguien se atrevería a catalogar de normal la relación con estos emigrados ante un tratamiento tan atroz? Sin ninguna duda, se puede asegurar los trabajadores del sector de la Salud Pública cubana hemos recibido el trato más denigrante en esta historia y hoy nuestro gobierno tiene la oportunidad de redimir su postura; esperemos que se obre con sabiduría.

Cualquier salida que en este momento se pretenda dar al asunto migratorio y no contemple de una vez todas las garantías a nuestro derecho de viajar, atentaría contra la libertad del pueblo cubano, y por lo tanto, contra la prosperidad de la patria.

Evolucionamos.

Foto: Orlando L. Pardo.                   Por: Jeovany Jimenez Vega.

Hace unos días un amigo me preguntaba si, en caso de haber realizado la huelga de hambre cinco años antes, nuestro caso habría tenido el mismo desenlace. Sin dudar le respondí que no y acto seguido me detuve a meditar sobre las diferencias, en cuanto a circunstancias políticas internas, entre aquel momento y el actual.

La Cuba de 2007 todavía se enfrentaba a la incertidumbre del traspaso de poder de Fidel a Raúl Castro, lo cual hizo conjeturar dentro y fuera del país sobre la posibilidad de que se produjera un vacío de poder y no dudo que esto hiciera entonces a la Dirección del país más propensa a tomar decisiones extremas; las calles de La Habana aún eran escenario de las marchas de las Damas de Blanco en pos de la libertad de los presos de la Primavera Negra; la blogosfera alternativa cubana no tenía aún la madurez que hoy exhibe; aún no existían iniciativas cívicas como las que emergieron después – la creación de la Asociación Jurídica de Cuba o proyectos como Estado de SATS, por ejemplo – y que imprimieron, con el decursar de estos años, una dinámica diferente al modo en que esta embrionaria sociedad civil se proyecta hacia sus autoridades, y viceversa. En la Cuba de 2007 aún no habían muerto Zapata, Wilfredo Soto, ni Wilmar Villar, no había llegado a su desenlace la huelga de hambre de Coco Fariñas, ni se había lanzado aun al exilio a los reos de aquella causa de 2003.

En el transcurso de estos cinco años, la sociedad cubana ha sufrido transformaciones, unas más evidentes, otras más subterráneas. Igual se han acumulado tensiones producto de la confrontación entre los sectores opositores y un poder que, aunque ha dado algunos pasos en el sentido de “legalizar” algunos trámites de propiedad y ha “flexibilizado” el acceso a la pequeña empresa familiar, sin embargo se resiste a abrir de modo definitivo e incondicional las puertas a los derechos civiles más trascendentales, como la libertad de viajes, el derecho a la libre asociación y el acceso a una prensa objetiva y sin censura, además de que continúa prohibiéndonos acérrimamente el acceso a Internet.

Pero a pesar de los pesares, la sociedad cubana hace mucho dejó de ser aquella campana de cristal aislada del mundo de los 70 y los 80. Sin dudas, ya no es lo mismo. La blogosfera alternativa, apoyada en redes sociales como Twitter, se labró sus propios caminos y hoy es una ventana abierta por donde el mundo mira a esa parte de Cuba que no se asoma a los telediarios; las Damas de Blanco no se detuvieron ante las escandalosas turbas organizadas por el Partido y la Seguridad del Estado; la muerte de Zapata marcó un punto de inflexión, evitó la muerte de Fariñas y fueron finalmente liberados los presos políticos del 2003 y posteriormente de otras causas; las ulteriores muertes de Soto y Villar terminaron atrayendo la atención sobre el tema de la represión en el centro y oriente del país, sin dudas más dramática que hacia el occidente y la capital. A todo esto ha estado atenta una sociedad civil que aún no encuentra sus derroteros definitivos, y que por momentos parece desarticulada por la reiteración de oleadas represivas y la sistemática labor de la contrainteligencia, pero que ha venido representando una tensión latente, una sorda resistencia ante el omnímodo gobierno de Raúl Castro, que por otra parte se ha mostrado algo más pragmático que su predecesor en la conducción económica del país.

En medio de esta agitada dinámica ambas partes van reacomodando sus fuerzas, aprenden sus propias lecciones y van evolucionando cada cual a su modo. La sociedad civil posee hoy mecanismos que rompieron definitivamente con el monopolio informativo que detentaba el Estado décadas atrás y que ahora tienen que ser tenidos en cuenta por éste a la hora de tomar sus decisiones. A esta Cuba compleja llegó recientemente el Papa Benedicto XVI y fue en ese contexto que se produjo el desenlace de nuestro caso después de 5 años de reclamaciones infructuosas. Definitivamente, hechos como este no habrían sucedido nunca en la Cuba de 2007; entonces serían impensables, y esto demuestra que, de algún modo, evolucionamos. En esta espiral dialéctica de contradicciones se está gestando el futuro de Cuba; quizás no al ritmo que necesitamos o deseamos pero, estoy seguro, ya no somos exactamente los mismos, ni de un lado ni del otro.

Una reflexión necesaria.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Han pasado dos semanas de terminada mi huelga de hambre gracias a la sensata decisión del Ministro de Salud Pública Dr. Roberto Morales Ojeda de rehabilitarnos al Dr. Rodolfo Martínez y a quien escribe en el ejercicio de nuestra profesión. Ya con la mente más despejada llegan en tropel los recuerdos, aún frescos, de personas que desde las posiciones más disímiles, con las intenciones más variadas y casi siempre desde la buena fe, intentaron disuadirme de mi propósito de continuar en aquella postura. Lo hacían, estoy convencido, porque me aprecian y consideraban que era algo que no conduciría a nada. Pero algo sí me llamó la atención y me alarmó al punto de compartir esta reflexión con quienes aquí me siguen y es el argumento que mayoritariamente esgrimían: “… deja eso que te van a dejar morir, porque a esta gente no les importa nada, son unos… a los que no les importa que tú mueras…”, entre otras barbaridades irrepetibles aquí, me decían.

Resumida, en esencia, esa era la idea que me transmitía la mayoría de esas personas: que viven profundamente convencidas de estar ante un poder absoluto e inamovible, indolente ante el dolor humano, inmisericorde y capaz de dejarme morir aun enfrentado a la evidencia más absoluta de que era justo lo reclamado por mí. Esos consejos no me a dibujaban a alguien puesto en el gobierno para servir a su pueblo, sino que me perfilaban a monstruos capaces de pasar incluso sobre la vida humana cuando de detentar su poder se trata y que no se detendrían ante nada, sino que llegarían a mentir o matar de ser necesario para lograrlo.

Sin embargo ahora llega una certeza diferente, al menos en nuestro caso: cuando se decidió solucionar el asunto no se dejaba nada en medias tintas, sino que fue reparado todo de golpe incluida la habilitación de ambos, la reincorporación a nuestros originales puestos de trabajo, la remuneración íntegra de los salarios dejados de percibir durante 66 meses, el reconocimiento de ese tiempo como trabajado en los expedientes laborales y la autorización para que yo concluya mi Especialidad en Medicina Interna a partir de su tercer año. O sea, que pareciera que nos regresaron a abril de 2006, y aunque la dosis de sufrimiento personal es irrecuperable y más de un culpable permanece aún impune, es mi deber reconocer que por esta vez, finalmente, se consumó una parte sustancial de la justicia para bien de todos.

Ahora bien, si todo no fue más que una salida inevitable ante la presión que suponía el caso en este contexto concreto – que por supuesto no me es en absoluto ajeno – y todo se resumió a una llana salida táctica, o si se trató de una solución realmente ética debida al convencimiento final de estar ante una auténtica injusticia; si se trató de una cuestión de mero pragmatismo político o si se determinó hacer lo humanamente correcto, esto es algo que sólo saben las personas que colegiaron la solución del asunto, y aunque en lo personal me gustaría mucho pensar que se trata de esta última posibilidad, ya esto es algo que queda por ahora en terreno especulativo.

Eso sí, cierro estas líneas con una invitación a nuestros gobernantes a que mediten profundamente sobre aquellas palabras que no son mías, sino que arriba las transcribo de boca de personas comunes, que reflejan todo un miedo secular a sus autoridades y que deben llamar a una profunda introspección para explicar por qué una parte considerable del pueblo tiene ese concepto tan siniestro de su gestión o de lo que potencialmente son capaces de llegar a hacer para mantenerse en el poder. Ojalá que de ese ejercicio interior brote lo mejor y más humano de cada cual. Será mejor así para continuar siendo consecuentes, de momento, con la fe que debemos tener en el mejoramiento humano.

Huelga de hambre. Bitácora 3 (Final)

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Debido a la archiconocida imposibilidad de los cubanos para conectarnos a Internet a voluntad – y por no haberme sentido en condiciones durante la primera semana de abril para viajar a La Habana – no es hasta hoy que puedo actualizar mi página. Resulta que al final la censura rinde sus frutos y no me fue posible llevar cada noticia sobre la marcha como la situación demandaba. Pero más vale tarde que nunca y aquí describo los últimos días de mi huelga de hambre, que durara desde el 5 hasta el 31 de marzo, aunque su fin se anunciara oficialmente el 1 de abril, una vez en mis manos la Resolución Ministerial 185.

La última semana de huelga comenzaba con un signo distintivo: el silencio absoluto guardado, después de 21 días, por las autoridades gubernamentales cubanas y del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) con relación al caso y a mi situación de salud – ya en ese momento de conocimiento ampliamente público – y que no haría otra cosa que agravarse durante los siguientes días. Esto provocó que desde el lunes 26 de marzo yo tomara la decisión de presentarme personalmente en la sede del MINSAP al día siguiente a solicitar una entrevista con el Ministro, lo cual anuncié por Twitter y mediante llamadas telefónicas a varios medios de prensa internacionales acreditados en La Habana y al diario Granma, Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba, así como a varios periodistas independientes y bloggers habaneros. Tenía la intención en ese momento, además, de asistir a la misa que oficiaría el Papa Benedicto XVI en La Habana el miércoles 28 de marzo, lo cual también fue debidamente anunciado por Twitter.

Nada de esto llegó a ser pues en la mañana del martes 27, al salir de la Iglesia Católica de Guanajay, donde dormía, fui compulsado a entrar en una ambulancia de los Servicios Médicos del MININT, bajo custodia de un oficial de la Seguridad del Estado y en presencia del Jefe de los Servicios Médicos del MININT en la Provincia de Artemisa, siendo trasladado a una casa de descanso en las afueras del vecino municipio de Caimito, donde se me retuvo contra mi voluntad durante todo ese día y hasta la tarde-noche del miércoles 28. Una vez levantado el vuelo de Benedicto XVI hacia Roma, se me “liberó” en el Cuerpo de Guardia del Hospital “Ciro Redondo”, de Artemisa. Durante todo el tiempo en que la Seguridad del Estado me tuvo bajo custodia, nunca – ni en esta ni en las tentativas anteriores – se ejerció contra mí ningún tipo de violencia física. Se me trató cortésmente, se me ofreció comida, que siempre rechacé, y se permitió la permanencia junto a mí, durante todo ese tiempo, de mi esposa y mi madre siempre que lo quisieron. Eso sí, quedaba retenido allí contra mi voluntad y se me ocupó mientras tanto mi móvil, lo cual me desconectó durante día y medio del mundo exterior.

En la noche del miércoles 28, una vez rehidratado por vía parenteral en el Hospital de Artemisa, regresé por mis medios a Guanajay, donde pasé la noche, pero al mediodía del jueves 29, sintiéndome ya el peso de 24 días de ayuno y a punto de que mi cuerpo claudicara, me convencí de que había llegado la hora de mi ingreso hospitalario por lo que, persuadido por el Dr. Rodolfo y mi esposa, me trasladé hasta el Hospital de Artemisa, donde fui ingresado en el Servicio de Emergencias y se me rehidrató nuevamente, realizándose exámenes complementarios y constatándose una severa cetosis de ayuno. Durante las primeras horas del viernes 30, una caída de la diuresis hizo temer por un compromiso agudo de la función renal, pero no pasó de ahí pues una vez mejorado mi estado de hidratación la diuresis se normalizó.

En la tarde del sábado 31, a los 26 días de ayuno, el MINSAP rompía finalmente el silencio: en horas de la tarde se presentaron en el Servicio de Emergencia del Hospital altos funcionarios del Ministerio que me informaron que ya el Ministro de Salud Pública tenía dispuesto que se nos rehabilitara a ambos y que se me permitiría terminar la Especialidad en Medicina Interna según lo reclamado por mí. Ante las serias garantías ofrecidas, decidí comenzar a ingerir jugos naturales a partir de ese momento, lo cual fue inmediatamente informado por Twitter. En la mañana del domingo 1 de abril, ya estabilizada mi situación metabólica y añorando la compañía de mis niños – sumamente tensos por mi ausencia – decido regresar a mi casa, donde fui visitado en la tarde por los mismos funcionarios del Ministerio de Salud Pública que me entregaron una copia de la Resolución Ministerial 185, emitida el 31 de marzo por el Ministro, Dr. Roberto T. Morales Ojeda, y que me rehabilita para el ejercicio de la Medicina en todo el territorio nacional, lo cual fue dado a conocer a través de Twitter. La noticia que fue amplificada inmediatamente por la blogosfera alternativa de La Habana y alegró a muchas personas que desde muchos lugares seguían los detalles de la historia. Otro twitts publicado unos minutos después daba por concluida oficialmente, desde ese momento, mi huelga de hambre.

El vienes 6 de abril era citado, junto al Dr. Rodolfo, a la Dirección Provincial de Salud de Artemisa, donde el Director del Departamento Jurídico del Ministerio de Salud Pública nos entregaba a ambos la Resolución Ministerial No. 185 y la Resolución Ministerial No. 251, ya oficialmente certificadas, que nos rehabilitan a ambos para el ejercicio de nuestra profesión en todo el territorio nacional. Además se nos pagó íntegramente el salario dejado de percibir durante todo el tiempo que estuvimos inhabilitados (66 meses) correspondiente al último trimestre de 2006, del 2007 a 2011, y al primer trimestre de 2012; incluso en mi caso, al inferirse que en 2006 concluiría sin contratiempos la Residencia, este saldo se me pagó según la escala salarial del Especialista en Medicina Interna y no como Especialista en Medicina General Integral, que aún era mi salario en el momento de ser inhabilitado. Así mismo se nos dio a elegir dónde deseábamos ser ubicados: en Guanajay, respondimos, y se nos comunicó entonces que podríamos comenzar a trabajar, luego de 2 o 3 semanas de rotar por un consultorio médico del área, en el Hospital “José R. Martínez” de ese municipio, donde trabajábamos en el momento de ser inhabilitados. Ese día también se ratificó la decisión de permitírseme reanudar el estudio de mi especialidad en Medicina Interna, desde su tercer año, en cuanto comience en septiembre el próximo curso docente.

Mientras tanto, el Dr. Alfredo Felipe Valdés, mi colega y amigo, exiliado en España, días antes ya me había actualizado sobre las gestiones pendientes con respecto a su título profesional – la tercera de mis demandas – y me informaba que el documento está en Madrid y que ya esto es algo que depende de las autoridades de aquel país. Según el procedimiento establecido para estos casos, esta gestión demorará unos meses más por lo que, de ser así, queda exenta de responsabilidad sobre esta situación la parte cubana.

Una vez pasada la tormenta y mientras me empeño en recuperar lo más rápidamente posible los 12 kg perdidos en la contienda, llega el tiempo de recapitular y meditar sobre lo ocurrido – porque ya esto es algo que bien merece su propio post – para lo cual desde hoy, estimados amigos, quedan invitados.

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